Buenas!

Como están?

Bueno, como la semana que viene puede llegar a complicarse el hecho de escribir y, por lo tanto, subir, decidí subirles el segundo hoy, y ver si puedo adelantar un poco la historia.

En éste capítulo bueno...ya lo van a leer, pero todavía no se relaciona con el título. Es, en el siguiente.

Gracias por los favorites, reviews y las alerts.

Respondo ahora las que no tuve ocasión de responder por privado y hablando de eso, si a alguien le molesta esa costumbre mía de responder las reviews por mensaje privado, les pido disculpas y, si fueran tan ambles, me avisen así las respondo por acá. :D

eli: Gracias por la review! Gracias por lo de genia también, pero es muy grande esa palabra para mi. :D Espero que la historia te siga atrapando, aunque si hay pezberry, estoy segura que si. A mi me atrapa escribirlas. :P

Ah, otra cosa, (perdón si hago esto muy largo) pero voy a dejar la interacción Finchel al mínimo, seguramente en el próximo capítulo va a empezar a quedar claro. Y las interacciones de Finn también (no me simpatiza) y me olvidé de decir que está ubicado en la primer temporada de Glee, antes de las seccionales.

Disculpen mi tanto hablar, Saludos!

Lore.


Capítulo 2 : Remember me, please, and love me

Santana despertó nuevamente como si estuviera en el paraíso. No sabía donde Berry había conseguido esos colchones pero quería uno cuando volvieran a su casa, si es que algún día volvían. Ya era domingo a la mañana y desde la noche anterior, la casa estaba silenciosa. Decidió bajar a desayunar y pensar como hacer para enfrentar lo que tenía que decirle a Rachel ese día. Pero mientras bajaba las escaleras, se encontró con su madre hablando con la diva en la cocina, con una voz un poco más alta que la normal.

"No entiendo porque lo hicieron" dijo Lucía

"Leroy estaba tan mal como vos en esa época, y cuando le contaste que te había dejado con esa hipoteca, él decidió pagarla y contratar una empresa de seguros. No quería que te quedaras sin nada. Sabes que Hiram no se lo hubiera permitido" dijo Rachel

"¿Y tú como lo sabes?" preguntó Lucía

"Un día abrí la caja fuerte, cuando él estaba en casa y vi los papeles."

"Rachel ni siquiera es mi casa ahora. No lo fue en todos estos años" dijo Lucía. Santana la escuchó como derrotada.

"Sabes que no es así. La casa siempre estuvo a tu nombre y al de Santana. Leroy se encargó de eso. Cuando pagó la hipoteca, dijo que sacaran a ese hombre de los papeles y solo te dejaran a vos. Como debían poner a alguien por las dudas que algo sucediera, él decidió poner a Santana. Siempre fue tu casa y lo seguirá siendo, Lucía" dijo Rachel y Santana levantó las cejas sorprendida.

"No sé como organizar todo esto" dijo Lucía

"No lo organices. ¿Por qué tienes que hacerlo? Sabes bien que papá hizo eso porque estás siempre conmigo, cuidándome. ¿No puedes aceptar un regalo por tu trabajo duro conmigo?" dijo Rachel con la voz un poco quebrada.

"Pero con lo que mi hija ha hecho contigo en estos años..." comenzó a decir Lucía y Santana decidía si aparecer o no por la cocina.

"Eso no tiene nada que ver" dijo la diva y la latina más joven se sorprendió por la firmeza en la voz.

"Esta bien, lo acepto, aunque cuando venga Leroy voy a tener que hablar con él" dijo Lucía unos segundos después.

"Si, mejor, esas cosas no son para que me involucren a mi o a Santana en el medio" dijo Rachel.

"¿Qué quieres desayunar?" preguntó Lucía y Santana decidió que era el mejor momento para entrar en la cocina.

"Buenos días" dijo mirando como Rachel estaba sentada en la mesada cerca de su madre.

"Buenos días, Santana" respondió la diva y Lucía se acercó y le dio un beso en la frente.

"¿Cómo dormiste hija?" preguntó mientras volvía a la cocina

"Muy bien, gracias" dijo Santana sin dejar de mirar a Rachel.

La diva se movía incómoda bajo la mirada de Santana mientras Lucía preparaba el desayuno.

"Ah" dijo recordando algo y corriendo hacia las escaleras, para volver a bajar segundos después con un paquete en las manos, que estiró al frente de una sorprendida Santana. "Feliz cumpleaños." dijo poniéndose un poco colorada "Te lo iba a dejar anonimamente en tu casillero, aunque no sé como iba a meterlo porque no le iba a poder pedir ayuda a Noah. Espero que te guste."

"Niña, no era necesario" dijo Lucía mirando emocionada el acto de Rachel.

"En los cumpleaños de Santana siempre compré algo para regalarle. Esta vez había juntado el coraje para entregárselo pero el viernes no había clases." dijo Rachel, sin buscar la mirada de las López.

Santana, mientras tanto, no podía dejar de mirar el paquete y a Rachel, de forma intermitente.

"Gracias" dijo después cuando notó el silencio a su alrededor.

"Abrelo, hija" dijo Lucía y Santana asintió.

"Oh, no es necesario que lo abra ahora. Puede esperar que termine de desayunar y lo abre cuando yo me vaya" dijo Rachel

"No, no, que lo abra ahora" dijo Lucía y Rachel asintió.

Santana ubicó el paquete en la mesa y con todo cuidado desarmó el regalo. Era una caja roja, que contenía un paquete grande y otro más chico. La latina se decidió por el paquete más chico primero y lo abrió, con el mismo cuidado. El paquete contenía una pulsera de dijes. Uno de los dijes era una S y una L, después había un pequeño pompón de plata, un micrófono, una pelota de fútbol y espacios vacíos para más dijes. Agradeció a Rachel antes de seguir con el siguiente paquete. Su madre, se sorprendió al oír la risa de Santana cuando abrió el paquete y resultaron ser unos libros.

"¿Cómo se te ocurrió?" preguntó Santana riendo todavía, mientras observaba los libros.

"Bueno, es que supuse que ya que una de las formas favoritas que tienes para decirme es hobbit, Frodo, Bilbo, e incluso aquella insultante vez que me dijiste Gollum, decidí que lo mejor era comprártelos." dijo Rachel con una sonrisa sincera. Los libros eran "El Hobbit" y los tres tomos de "El Señor de los Anillos"

"Bueno, basta de esto y desayunene" dijo Lucía dando media vuelta para que su hija y Rachel no viera que tenía los ojos llenos de lágrimas.

Las dos chicas se sentaron, y mientras Santana daba pequeños tragos al café, miraba a Rachel.

"Puedes dejar de mirarla así" dijo su madre en el oído de la latina, cuando descubrió que la diva se ponía a mirar la mesa porque su hija la miraba atentamente.

"Me voy a ir a pasear a los perros, rumbo al lago." anunció Rachel mientras se ponía de pie y dejaba lo que usó en la pileta.

"¿Puedo ir contigo?" preguntó Santana sorprendiendo a las otras dos personas, quienes se quedaron observándola.

"¿Estás segura?" preguntó la diva.

"Si" dijo Santana y se levantó para pararse al lado de ella.

"Hermes, Atenea, vamos" dijo Rachel dándole un beso a Lucía y saliendo por la puerta trasera de la casa, seguida por los perros quienes habían anunciado su presencia en la cocina con un ladrido después de las palabras de su dueña. Santana se quedó un momento observando a la diva caminar y antes de salir miró a su madre.

"Compórtate" le dijo Lucía y Santana sonrió antes de trotar hacia Rachel que estaba entrando en el bosque que había detrás de la casa por un pequeño camino.


"Por ahí se va al pequeño arroyo en el que sabíamos jugar" dijo Santana. La caminata llevaba 10 minutos, mientras los perros daban vuelta alrededor de ellas dos. No habían pronunciado palabras desde que entraron en el bosque.

"¿Recuerdas eso?" preguntó Rachel frenándose de golpe y mirando a la latina, con los ojos abiertos y brillantes.

"Recuerdo todo" dijo Santana bajando la mirada. Sabía que quizás ahora vendría el momento de explicar el porque de su comportamiento durante todos estos años, pero quería hacerlo. Más allá de lo que Rachel había hecho por ellas el día anterior, ella quería quizás recuperar a su amiga.

La diva solo asintió y siguió caminando, tenía que ordenar sus pensamientos. Si Santana recordaba todo, porque el trato al que la había impuesto desde que volvieron a la escuela después de ese mes, era una de las tantas preguntas que en ese momento estaba dando vueltas en su cabeza.

"Cuando te volví a ver, estábamos en la escuela media e inmediatamente me dijeron que no debía acercarme a vos. Quise hacerlo, muchas veces, pero me dio miedo, pensé que si lo hacía iban a comenzar a decirme y hacerme cosas. Y averiguar sobre mi. No quería que nadie supiera que mi mamá trabajaba para otras personas así podía mantenerme. No quería que supieran que mi mamá trabajaba para tu papa. Y después me hice amiga de Quinn y Brittany, que venían como combo." Santana iba hablando mientras seguían caminando "Y Quinn tenía ese extraño comportamiento hacia vos y, para ese entonces, según yo, lo mejor era ser popular. Fue ahí cuando entramos al secundario y me comencé a comportar de la forma en que lo hice. Hace un tiempo atrás, me di cuenta de que quizás no era lo mejor, y estaba pensando la forma en acercarme de nuevo a vos, cuando surgió lo del glee club y su nueva obsesión de Quinn en tu persona. Me dije que quizás si me unía al club podía protegerte de alguna forma, pero esa rubia tiene algo en contra tuya. Y no sabía como hacer. Después, me enteré que estaba embarazada y me dije que eventualmente la capitanía iba a ser mía y desde ahí iba a poder ayudarte más."

"Por favor..." dijo Rachel girandose a mirarla. "No digas más. No ahora"

Santana vio la mirada suplicante de la diva y asintió. Quizás Rachel ahora solo tenía que pensar. Pero antes, ella tenía que decir algo más.

"Entiendo lo que me pediste, solo quiero decir algo más. Sé que mi explicación es muy estúpida, y que fui una estúpida todos estos años, pero realmente lo siento. Nunca me sentí tan mal como todos estos años en los que te lastimé. Realmente lo siento."

Rachel la había mirado ante esas últimas palabras y asintió, para seguir la caminata en silencio.


Habían llegado la lago hacía media hora y, mientras Santana estaba en la orilla, mirando la danza de las aguas, Rachel se había alejado y ahora jugaba con los perros. Cuando intentaría más tarde, contarle a su madre lo que había pasado, no encontraría las palabras. Pero, de pronto, se giró hacia donde escuchaba a Rachel reír y la vio parada en el medio de los dos perros, sonriendo y mirándola. De pronto, cuando sus ojos se encontraron, Rachel sonrió mucho más ampliamente, si es que eso fuera posible. Santana, quien tenía los brazos cruzados, por alguna razón los abrió y esperó. Porque Rachel se había lanzado corriendo hacia ella, con los ojos llenos de lágrimas pero aún así sonriendo y Santana también había comenzado a llorar.

Cuando Rachel llegó hasta ella, se fundió en un abrazo con el cuerpo de Santana mientras le decía lo mucho que la había extrañado y Santana le pedía perdón. Ambas entre lágrimas. Ambas, cayeron al piso de rodillas pero sin romper el abrazo ni el llanto. Hasta segundos después, que los dos perros comenzaron a lamer las lágrimas de las dos morenas abrazadas en la playa.


Volvieron caminando y riendo, ante la mirada escrutadora de Lucía, quien cuando escuchó a su hija reír se asomó para ver que sucedía. Probablemente, tendría que hablar con Santana, pero no era el momento ahora que la podía ver tan bien a pesar de lo que les había pasado con la casa de ellas en Lima Heights y el problema de la ropa de su hija.

Por lo menos en la escuela debía usar el uniforme de las porristas. Pero le preocupaba el resto de los días. Además de lo que estaba usando la noche del incendio, Santana había logrado salvar muy poca ropa.

Lucía suspiró y espero que las adolescentes se acercaran a su lado.

"Veo que la pasaron bien" dijo la mujer y las dos chicas asintieron, mientras los perros respiraban agitados. "Eso es bueno, espero que hayan hablado"

"Si, lo hice" dijo Santana. Sabía que su madre se refería a ella y no iba a negarlo. Ya estaba cansada de negar las cosas sobre Rachel.

"Me alegro. Ahora, vayan a lavarse." dijo Lucía, viendo como las dos chicas pasaban ante los perros que tomaban agua sedientos.

La primera en volver fue Rachel y se encontró a Lucía mirando por la ventana, mientras tenía una taza de te.

"¿Qué ocurre?" preguntó la diva sentándose y esperando.

"Nada" dijo Lucía. Sabía que si le contaba de sus preocupaciones a Rachel, la niña iba a querer ayudar y ya sentía que era demasiado con lo que había hecho.

"Por cierto, le dije a Santana que si necesitaba ropa busque en mi armario. Primero dijo que no pretendía ponerse nada de lana o esas medias que uso, pero después cuando lo vio, se quedó sorprendida. Todavía lo está mirando. Igualmente, creo que va a necesitar cosas" dijo Rachel. Conocía a esa mujer y sabía que algo la tenía preocupada. "¿Necesitas un adelanto del sueldo para comprar ropa para vos y Santana?"

"Si te digo que si, vas a hacer como que es un adelanto de sueldo y me vas a terminar pagando el sueldo completo al finalizar la semana" dijo Lucía.

"Puede ser" dijo Rachel sonriendo

"Si, pero no puedo dejar que sigas haciendo eso" dijo Lucía.

"¿Por qué?" preguntó Rachel

"Porque no, va a pasar lo mismo que pasó con el regalo de Santana"

"¿Se lo diste al final?"

"No tuve ocasión. Iba a venir a buscarlo ayer"

"Entonces ¿por qué no se lo das ahora?"

"¿Ahora?"

"Si, ella está acá, el regalo está acá."

"Quizás necesite venderlo"

"¿Por qué? Trabajaste muy duro para poder comprárselo. Lo que sucedió con la casa no es tu culpa y puedes esperar el dinero de la aseguradora."

"Vaya uno a saber que excusa van a poner esos para no pagar"

"No van a poner ninguna excusa porque el incendio no fue tu culpa"

"Más allá de eso, necesito el dinero para los gastos que podamos acarrear Santana y yo"

"Acepta mi propuesta de adelanto de sueldo"

"No puedo Rachel."

"Vamos, sabes que lo hago en agradecimiento."

"Rachel."

"Por favor"

Lucía miró a la diva, quien prácticamente suplicaba porque aceptara su propuesta. Pero no alcanzó a responder cuando Santana entró en la cocina y se sentó al lado de Rachel.

"¿De qué hablaban?" preguntó

"Nada" dijo Rachel

Lucía, miró a su hija y, aunque no sabía de que habían hablado, pudo notar el cambio en ella. Sabía que las, incontables, veces que Santana había hablado de Rachel lo había hecho con alguna intención. No sabía cual.

"Tengo tu regalo de cumpleaños" dijo Lucía y Santana la miró sorprendida.

"Pensé que tu regalo era pasar la noche conmigo" dijo la latina

"No" dijo Lucía y se levantó. Agarró unas llaves que estaban colgadas al lado de la puerta y caminó hacia algún lugar que Santana todavía no había explorado.

"¿Por qué no la sigues?" preguntó Rachel mientras la latina la miraba

"¿Vienes con nosotras?"

"No creo que sea conveniente"

"Ven" dijo Santana agarrando su mano y arrastrándola mientras seguía a su madre por otra puerta y entraban en el garage. Ahí solo había dos autos. Uno, Santana reconoció como el que Rachel usaba. El otro, un poco más viejo pero en buenas condiciones, y de un rojo fuerte, no lo reconoció.

Lucía, se dio vuelta y le entregó unas llaves.

"Feliz Cumpleaños" le dijo sonriendo a Santana que no sabía si mirar a su madre, las llaves o qué.

"¿El auto rojo?" preguntó Santana

"Si" dijo Lucía, quien se había comenzado a emocionar al ver el rostro de su hija, sus ojos brillantes de emoción, y su sonrisa.

"Pero ahora...con la casa" comenzó a decir Santana y Lucía comenzó a notar lágrimas por sus mejillas.

"Yo ya arreglé con tu mamá sobre eso, San" dijo Rachel y la latina la miró, antes de volver a mirar a su madre, quien asintió. La menor de las latinas, saltó sobre su madre y la abrazó, mientras ésta lloraba con su hija.

"Gracias" dijo Santana en su oído y Lucía asintió antes de soltarla.

"Pero no sé manejar" dijo Santana y Rachel sonrío ampliamente.

Después del almuerzo, Rachel pasaría el resto de la tarde intentando enseñarle a Santana a manejar.


Lucía, se había tirado a leer nuevamente, cuando vio a su hija pasar por la puerta de su habitación y la llamó.

"¿Si, Mami?" preguntó Santana

"¿Qué ocurre?" preguntó Lucía, Santana había pasado 3 veces por la puerta de su habitación.

"Rachel se fue a bañar y no sé que hacer" dijo Santana

"Podrías ir a bañarte vos también" dijo Lucía

"Muy graciosa"

"No, podrías aprovechar"

"No tengo más ropa limpia"

"Lo sé."

"Pero estoy segura que Rachel me permitirá usar uno de esos horrendos sweaters cuando estemos dentro de la casa"

"Veo que mejoró la relación con ella"

"Le pedí perdón, por todo. Y le dije que recordaba ese mes. ¿Puedes conocer en un mes a la persona que puede llegar a ser lo más importante en tu vida, durante el resto de la misma?" preguntó Santana.

Lucía la miró, sabía que no se había dado cuenta de lo que había dicho y no iba a corregirla. Probablemente, si le decía algo con respecto a eso, Santana entraría en una crisis y el avance que hizo el día de la fecha, pidiéndole perdón a Rachel volvería a ser un retroceso. Como madre, Lucía sabía que su hija no se sentía demasiado atraída por los hombres, y que había estado una vez con Puckerman y también había experimentado, una vez, con Brittany. Desde entonces, Santana mantenía en alto una reputación promiscua, la cual no era para nada verdad. Ella sabía que Santana era la que tenía que darse cuenta de las cosas.

"Puede suceder" dijo Lucía entonces, pensando detenidamente su respuesta.

"Gracias por el regalo. Y por traerme a esta casa, en donde puedo estar con mis dos personas favoritas." dijo Santana abrazando nuevamente a su madre "Y vos y Rachel, por supuesto" agregó riendo antes de salir de la habitación.


Después de esperar que Rachel terminara de bañarse, Santana entró en la habitación de la diva casi sin golpear. Inconscientemente (no tanto) quizás deseaba verla semidesnuda. Pero Rachel ya estaba vestida, con un pantalón de gimnasia y una remera. La miró sorprendida y esperó que la latina decidiera hablar.

"¿Es probable que hasta que pueda comprarme algo de ropa me prestes?" preguntó Santana sintiéndose de pronto tímida. Quizás fue por el pensamiento que se le metió en la cabeza cuando se dio cuenta de que Rachel no solo las había recibido en la casa sin esperar nada a cambio, sino que de cierta había arreglado con su madre para que Santana pudiera quedarse con el auto a pesar de lo que había sucedido con la casa anterior.

"Si, no hay problema" dijo Rachel mirándola y caminando hacia una puerta, que Santana supuso que era el armario. "Lo de la derecha es lo que uso generalmente en la escuela. Lo de atrás y lo de la izquierda es todo lo que no uso en la escuela" explicó y cuando Santana observó se quedó abriendo y cerrando la boca, como un pez fuera del agua, tratando de formular palabras. "No suelo usar la ropa que me gusta en McKinley." agregó Rachel, divertida ante la cara de la latina. "El granizado arruina todo"

"No lo puedo creer." fue lo único que alcanzó a decir Santana, antes de que el timbre anunciara un visitante y los perros se pusieran a ladrar en la planta baja.

"Ya vuelvo" dijo Rachel saliendo de su cuarto y dejando a Santana perdida entre las perchas.