Rachel's POV
Cuando Jack me devolvió el abrazo, sentí una enorme fuerza en mí. Casi podía volar, casi. Cuando nos separamos, aún tenía esa fuerza.
-Bueno, ¿Que haces por aquí? -Pregunté yo. Ninguno apartaba la vista del otro, estábamos con un poco de distancia, pero podría acortarse...
-Dando algunas vueltas... ¿Y tú? -él acercó su cabeza un poco a la mía.
-Haciendo lo de siempre, mi trabajo... -acerqué también la cabeza a la de él. Pero pensamos que era mala idea, después de tanto tiempo encontrarnos así y nos separamos. Yo carraspeé un poco, cruzándome de brazos y mirando hacia otro lado.- Me han dicho que no eres más la lista negra.
-Si... -él se recostó contra una pared- pero es posible que la vuelva a abrir, quién sabe.
-Por nsupuesto que la volverás abrir, seguro que es lo mejor que sabes hacer. -Yo reí un poco. Bien, la energía que me había llegado cuando abracé a Jack me daba hasta para eso. Eso es más que bueno.
Sin POV
Mientras tanto, en el Polo Norte.
Norte salía para inspeccionar el trabajo de los yetis, se encontró con un yeti que hacia muñecas rubias con vestidos rosas.
-Ya todas las muñecas que hay son así; -Le dijo Norte mientras pasaba por enfrente del Yeti- que sean morochas o pelirrojas, y con vestidos azules o con remera y pantalón.
El yeti miró al centenar de muñecas que ya había hecho, todas rubias y con vestidos rosados. Lanzó la que tenía en la mano y comenzó a hacer de nuevo una por una. Después, Norte se detuvo a observar el Globo, le gustaba ver cuantos niños y niñas creían en la magia. Todo iba normalmente, cuando se iba a voltear para volver a inspeccionar el trabajo de los yetis, una sombra gigante lo cubrió a él y a varios yetis. Todos se detuvieron, y miraron el globo: una sombra negra y opaca lo cubrió, como había pasado hace cincuenta años. Después se escuchó una macabra sonrisa de mujer, cuando aparecía una sombra del mismo género, que ondeaba una melena hacia un costado, y unos perforantes ojos amarillos, y después desapareció.
-No otra vez... -Dijo Norte, y corrió a activar la alarma.
En la casa de Rachel.
-Entonces, ahora eres un Guardián -dijo ella, dando unos pasos hacia él, mirando en otra dirección. Jack seguía recostado contra la pared.
-Si, no era tan difícil como pensaba... -Él se incorporó y también se acercó a ella, de nuevo.- en realidad, si lo fue al principio. Pero desde entonces, no he tenido muchos problemas.
Ella asintió, estaban cerca de vuelta, muy cerca. Jack desvió su mirada hacia la ventana, y vio la aurora boreal, la alarma de Norte.
-Me tengo que ir, -dijo, alejándose de Rachel, dirigiéndose a la ventana.
-¿A dónde vas? -Le preguntó ella, siguiéndolo hasta el alféizar de la ventana, donde él se había arrodillado, dispuesto a salir por ahí.
-Volveré lo antes posible, lo prometo, -él iba a saltar, pero se volteó y miró a Rachel- No te muevas, seguro no tardaré mucho.
Y salió volando por la ventana. Rachel, se asomó y lo vio hasta que desapareció entre los edificios más altos que el suyo. Después se sentó y empezó a hacer más flechas. Pero minutos después, sintió algo que la atravesaba de punta a punta, que la derribaba. Intentó ponerse de pie, pero calló pesadamente sobre el colchón. Ya no podía ponerse de pie, y se sentía desvanecerse.
"Volveré lo antes posible, lo prometo..."
Volviendo al Polo Norte.
Todos ya estaban reunidos, Faltaba Jack, hasta que llegó.
-¿Que ha pasado ahora? -Preguntó cuando entró.
-¿Pitch volvió? -Preguntó Tooth.
-Si volvió, no tendremos problema, ya lo hemos derrotado. -Dijo Conejo.
-No es Pitch, es alguien más. -Les dijo Norte- y... Necesitaremos otro Guardián, lo siento en mi panza.
Sandy apuntó a la ventana que había en el techo para que entrara la luz de la luna, esta vez, como nadie peleaba, todos miraron hacia allí. La luz entraba, y se enfocó en la placa de los Guardianes e hizo emerger un enorme cristal.
-¡Un nuevo Guardián! -Dijo felizmente Tooth.
Sobre el cristal se hizo la silueta de una muchacha alada, con un carcaj en la cintura y un arco en su mano, con un largo cabello, y en la silueta se mostraba que llevaba un short, un saco y una remera; y unas zapatillas con tiras que se ataban en sus piernas.
-Almenos me sigo salvando de la marmota. -Dijo Conejo.
-Rachel... -Susurró Jack.
-¡Nada más y nada menos que Rachel Love! -exclamó Norte.- ¿Quién irá a buscarla?
-Yo iré, -Se paresuró a decir Jack- Le prometí volver lo antes posible, no tardaré.
Jack se fue, dejando a todos atrás.
Cuándo llegó, no vio a Rachel a simple vista, la encontró tirada en su colchón boca arriba, con sus ojos violetas mirando hacia un punto perdido en el techo.
-Jack... ¿Eres tú? -Murmuró ella.
-¡¿Rachel?! -él corrió hacia donde se hallaba Rachel, y se arrodilló junto a ella.
-Jack... no puedo moverme... ayúdame. -Dijo ella, lo único que lograba mover era la boca.
Él la tomó entre sus brazos, y la enviaría al Polo Norte.
-¿A dónde me llevas? -Preguntó ella, ahora sus ojos se cerraban débilmente contra el pecho de Jack.
-Al Polo Norte, fuiste elegida como Guardiana. -Le contó él, preocupado por lo que le estaba pasando.
Ella no respondió, ya estaba desmayada. Eso hizo que Jack se apresurara aún más.
Cuando llegó al Polo, Rachel seguía desvanecida, ni se había movido.
-Ya la traje... -Dijo Jack cuando llegó con Rachel en brazos- Yo no le he hecho nada. Estaba casi en este estado cuando llegué.
-Ven, -Le dijo Norte, y dirigió a Jack hacia donde sería su "oficina" y le indicó que dejara a Rachel en el sofá. Cuando la dejó ahí, notó como su cabello, se empezaba a tornar de violáceo a cobrizo, la iba a dejar, pero sintió como una mano tomaba la suya.
-No te vayas... -Le dijo débilmente y su cabello se tornó violáceo de vuelta- no te he visto en trecientos cincuenta años...
No sabía si lo decía por el estado en el que estaba o por qué, pero se hizo un lugar en el sofá y se recostó junto a ella. Rachel apoyó su cabeza sobre el pecho de Jack, estaba frío como el hielo, pero no le importaba por como se sentía. Jack la sintió cálida, y tenía olor a algo suave y dulce. La abrazó más fuertemente, y en ese abrazo, Rachel abrió los ojos, sentía que podía moverse, como si nada hubiera pasado ese día, como se sentía esta mañana.
