Rachel's POV
Un sentimiento de culpa me invadió por lo que había hecho Jack. Dar gran parte de su poder a cambio de mí y de Grim. Me incliné al borde del trineo, y observé el bosque muy pocas veces lo había visto desde arriba. Algo pasó como una ráfaga entre las copas de los árboles. Seguramente era Naty, la Madre Naturaleza. La he visto una cantidad de veces, su forma de correr me hacía acordar a mi hermana, sin mencionar que era un pan de Dios. Volví mi mirada dentro del trineo, Jack estaba en la otra punta abrazando sus piernas y con la cabeza apoyada sobre sus rodillas. Me senté junto a él, pero no quería mirarle a los ojos. Me recriminé por cobarde y busqué su mirada.
-Lo siento. -Le susurré- Me ayudaste hace más de trescientos años; después volviste cuando estaba en mi casa y no me podía mover; luego me salvaste dándome la energía necesaria... -Él no me devolvía la mirada, entonces yo miré hacia adelante- y así es como que lo pago.
-Rachel... -Escuché el susurro de su voz.
Me volteé hacia él, pero antes de que pudiera reaccionar, sus manos tomaron mi cara y guiaron mis labios a los suyos, dándome un suave beso, que hizo que me sintiera mucho mejor. Cuando nos separamos nos miramos a los ojos.
-Aún así, ¿Y tu cayado? -Le pregunté sin separar mis ojos de los suyos.
-Ya lo encontraremos. -La voz de Tooth venía de detrás de mí, me volteé y allí estaba ella, con su mano en mi hombro.
Después de eso, nadie dijo nada más. Estábamos llegando al Polo, pero algo parecía andar bastante mal. Desde afuera se veían extrañas sombras en las ventanas. Todos nos apresuramos a entrar, nunca había visto tantos destrozos en mi vida. Las mesas dadas vueltas, juguetes desparramados, sillas, hasta tramos de las barandas de los pisos superiores estaban rotos. El lugar no parecía tener el mismo color que antes. Se mirara por donde se mirara, había ese desastre por todas partes. No quería ni imaginarme la expresión de los demás, pero temblorosa, me volteé hacia los demás. Todos debían hacer la misma cara que yo, como si nadie creyera lo que estaba pasando. La expresión de Norte definitivamente era la peor, no podría describirla, pero podría decirse que nunca habría sufrido tanto. Pero también parecía faltar otra cosa: el sonido irritante de los cascabeles. Norte pareció notarlo y gritó algo tembloroso:
-¡Busquen a los yetis y los elfos!
Ninguno dudó, y yo volé al segundo piso. Caminé entre las mesas dadas vuelta y los juguetes desparramados. Vi una mesa que se movía detrás de mí, y corrí hacia esa y la levanté. Había unos elfos, parecía que no les había pasado nada.
-¡Eh! ¡Encontré unos elfos! -Grité, me siguió la voz de Tooth, pisos arriba.
-¡Yo encontré Yetis! -Del tercer piso se asomaron una cantidad de yetis.
-¡Y yo más elfos! -Gritó Jack.
Encontré todavía más elfos al quitar una mesa de una esquina. Y encontré un peluche destrozado, un osito de peluche, lo tomé... Michelle tenía uno, ella misma lo había hecho. Recuerdo la felicidad que tenía el día que lo terminó, nunca se había sentido tan orgullosa. Un brillo me distrajo, aparté el osito de peluche y vi una flecha. No era como mis flechas, las mías podían estar muy bien construidas, pero esta era diferente. Estaba totalmente hecha del metal que vendría hacer la punta. Dejé el osito en una mesa y tome la flecha. Tenía elegantes garabatos en todas partes, pero no conocía este metal. Parecía plata, pero yo sabía que no lo era, era algo más claro. La punta era afilada y tenía forma triangular.
-¡Rachel! -Me llamaron desde abajo.
-¡Ya voy! -Guardé esa flecha en mi carcaj, y salté hacia el piso de abajo.
Estaban todos los elfos, yetis y los Guardianes.
-¿Y que haremos ahora? -Preguntó Conejo.
-No podremos hacer nada, Mañana es Nochebuena. -Dijo Norte girándose y llendo hacia lo que sería su oficina.
Al parecer Sandy tuvo una idea, por que empezó a dibujar cosas con arena sobre su cabeza, haciendo que a Grim se le dibujara una enorme sonrisa en la cara y después asintiera.
-¡Que buena idea! -Dijo Tooth- Podríamos hacer los juguetes a partir de lo que nos queda y después repartirlos.
-¿Y cómo haremos eso? -Preguntó Jack- no podremos hacer todo eso en un día.
-Bueno, tenemos mis haditas, los yetis, Grim y Sandman pueden hacer bastantes cosas a la vez. -Le respondió ella.
-Pero de todos modos necesitaremos más que eso, -dije yo- Necesitaremos más ayuda.
-¿Qué les parece Naty? -Preguntó Conejo.
-Eso sería solo una más. -Dijo Jack.
Sandy hizo una flore de arena, de la cual emergió algo como un hada, dejando a la flor sin pétalos, solo con un tallo.
-Te lo dije, -Le dijo Conejo a Jack, triunfante- Yo la iré a buscar.
Hizo un agujero debajo de sus pies y desapareció. Tooth se volteó hacia un yeti y le dijo que le avisara a Norte sobre la noticia. Momentos después, Norte salió como estaba antes (bastante antes): totalmente feliz.
-¿Qué esperamos? -Dijo él abrazando a Grim y Sandy- ¡Manos a la obra!
Todos subimos a distintos pisos y empezamos a arreglar las cosas; las mesas, los juguetes. Separamos los juguetes en las mesas, tenía muñecas robots, trenes, peluches, y todo tipo de juguetes que pasaran por la mente de cualquiera. En ese momento se abrió un agujero en el piso y salió Conejo, y una muchacha que debería tener unos veinte años, con un vestido de plantas, la piel tostada, ojos verdes y cabello marrón decorado con flores y una corona de flores blancas. Ella era la Madre Naturaleza.
-¡Naty! -La saludó Norte- ¿Que te trae por aquí?
-Un Conejo, -Respondió ella sonriendo- ¿Dónde empezamos?
-Por el principio, -Le dije yo inclinada en una de las barandas- Tenemos que arreglar este lugar y los juguetes. Espero que traigas compañía.
Ella sonrió y de las miles flores de su vestido y de su cabello salieron pequeñas haditas, con la forma y el color acorde a sus flores. Yo volví a lo que estaba haciendo, pero desde donde estaba se escuchaba la voz de Naty dándoles órdenes simples a sus "hadas-flores".
-Claveles y rosas, al primer piso, ayuden a Rachel y Jack. Elobarias, lavandas, con Grim y Sandy, tercer piso. Jazmines y Pilularias, el cuarto piso, con Norte. El resto, conmigo y Conejo.
La forma en la que daba órdenes no era agresiva, pero con la seguridad con la que las dictaba, parecía haber estado en un batallón. Cuando las hadas que Naty había dicho que vinieran, llegaron vieron a Jack y todas lanzaron chillidos y se escondieron. Jack comenzó a reír.
-Parece que hasta estoy en la lista negra de Naty. -Dijo él, yo puse mis ojos en blanco.
-Y siempre sostienes el récord. -Le dije yo cargando unos juguetes hacia una mesa- ¿No piensas hacer nada? Esto es importante.
-Dile eso a ellas. -El apuntó son su cayado hacia la baranda, donde todas las hadas se ocultaban tenebrosas.
-Sería inútil pedirle a Naty otras hadas, -Dije tomando más juguetes- tú maltratas a las flores como a mis alas en los inviernos.
-Bueno, perdón. -Dijo él con tono de irritación.
-Cállate y ayuda. -Le respondí igualmente irritada- No necesitas poderes para eso.
Naty apareció asomada en la baranda, y atravesando con la mirada a Jack.
-Frost... -Dijo ella, sentándose en la baranda.
-Nature... -Respondió Jack, sin moverse.
-¿No congelarás a nadie esta vez, verdad? -Preguntó Naty mientras se cruzaba de brazos.
-Claro que no... -Dijo, con un poco de dolor en su voz, recordando que no podía congelar nada por su falta de poderes.
Naty se relajó, notando lo que pasaba.
-Perdón... no quise... -Se disculpó ella.
-No hay problema, Naty. -Le respondió Jack.
Naty les hizo una señal a las hadas, con una sonrisa triste, y las hadas empezaron a ayudar, igual que Jack.
