Rachel's POV
No se cuanto tiempo llevamos haciendo todos los arreglos, pero se que fueron muchas horas. Estando aquí dentro perdí la noción del tiempo, mi mente piensa que estamos a veintitrés de diciembre, pero yo se bien que no es así.
-¡Rachel! ¡¿Podrías venir un momento?!
La voz de Norte me distrajo de mis intentos por convencer a mi subconsciente de que era otro día. Dejé a un lado el pequeño tren que estaba pintando, y unas hadas de Naty se encargaron de terminar el trabajo. Norte estaba junto al Globo, y yo volé junto a él.
-Ven, Cupido, -Me dijo poniendo un brazo sobre mis hombros y dirigiéndome hacia su oficina- quiero mostrarte algo.
La verdad odiaba que me llamaran así, prefería simplemente mi nombre... pero preferí no decir nada. cuando llegamos a su oficina, el cerró la puerta y se dirigió a la pequeña sala que yo identifiqué como la sala en la que me había entregado los materiales para mis flechas hace unos cuantos años. Yo no me movía, había una escultura de hielo en una esquina. Parecía un hermoso castillo de hielo. Me acerqué, y era definitivamente un castillo de hielo, estaba delicadamente hecho; se veía tan... real. Acerqué mi mano a uno de los banderines de hielo que coronaba una de las torres y cuando mis dedos lo rozaron, sentí que Norte volvía a entrar y alejé mi mano y me giré. Él tenía en sus manos un hermoso carcaj y un arco hermoso, también. Yo los miré desde mi posición.
-¿Qué esperas? -Me dijo Norte con una gran sonrisa y tendiéndome el carcaj y el arco- Son tuyos. pensábamos regalartelos entre todos para cuando cumplieras quinientos años. Pero supongo que la ocasión y los problemas nos llevan a adelantarnos un par de años.
Tomé el carcaj, tenía una cantidad de flechas, pero esas flechas no se parecían en nada a las que yo tenía; más bien: eran idénticas a las que había encontrado cuando llegamos. Las flechas eran diferenciadas por el color del material, como aquella. Pero ninguna parecía tener el mismo tono de la que había encontrado. Pero había algo que sí tenía el mismo tono que la flecha: el arco.
-Gracias. -Fue lo único que llegué a decir.
-De nada, Cupido. Ahora, puedes volver al trabajo. -Me dijo él muy feliz y cruzándose de brazos.
Yo le devolví una sonrisa y salí del lugar con dos arcos, dos carcaj y aproximadamente de treinta y cinco a cuarenta flechas. Los arcos los tenía en un hombro, por lo tanto solo cargaba en mis manos un carcaj. Subí al primer piso, donde seguían trabajando y Jack estaba mirando, otra vez. No le puedo decir algo como: "¡No has hecho nada!", por que sí había hecho algunas cosas. Así que tuve que buscar otra cosa.
-Volviendo a hacer nada, ¿no? -Él, que estaba mirando a unas haditas pintar una casita de madera, giró su cabeza hacia mi.
Me quité mi antiguo carcaj y lo dejé sobre la mesa. Al no tenerlo en mi cintura sentía un espacio vacío. Tomé el otro, y cuando me lo iba a poner, unas manos me rodearon por atrás y tomaron mis manos que sostenían el nuevo carcaj.
-¿Te ayudo? -Dijo una voz en mi oído.
Yo dejé que las manos de Jack tomaran mi carcaj y me lo ajustaran en la cintura. Después sus manos quedaron en mi cintura, abrazándome. Segundos después había corrido mi cabello a un lado y sentí sus fríos labios en mi cuello. Me giré hacia él y le di un suave beso en sus labios, llevando mis manos hacia su cuello. Él me hizo dar unos pasos hacia atrás y consiguió apresarme contra la baranda, y sacó sus manos de mi cintura y las colocó en la baranda. Nos miramos a los ojos un momento, para después darme un beso profundo y largo. Cuando nos separamos, vi sobre su hombro las haditas que se habían volteado para ver la escena.
-¿No te sientes observado? -Le pregunté murmurando.
Él giró su cabeza, y al mismo tiempo, todas las haditas volvieron a sus trabajos, pero mirándonos de reojo. Está es una fuerza aún mayor que las otras veces. parece que cuanto más grandes son las "muestras de afecto" más fuerza tengo. Jack me dejó ir, la verdad es que no quería que se fuera, pero era incómodo que las hadas de Naty nos miraran tanto. De los millones y millones de hadas, seguramente las que ella nos mandó son las más románticas. Pasaron más horas, y seguíamos trabajando; y Jack seguía rondándome. Teníamos todo el tiempo del mundo, ¿Por qué ahora?
Faltaban muy poquitos juguetes, lo estábamos por lograr. Una hada-clavel estaba terminando de pintar el techo de un trensito, y el resto de las hadas miraban esperando que terminara. Esa era una pintura que secaba enseguida, por lo tanto, nadie intentó distraer al hada. Cuando termino todas parecieron aplaudir, y la que estaba pintando, levantó los brazos.
-¡Ya terminamos por aquí! -Gritó Naty desde el cuarto piso.
-¡Nosotros también! -Grité yo.
Sandman y Grim se asomaron a la baranda y levantaron los pulgares, también habían terminado.
-Por aquí tampoco hay nada más que hacer. -Dijo Norte, acompañado por Tooth- ¡Creo que es hora de repartir!
-¿Ya es la noche del veinticuatro? -Le pregunté a Jack.
-Si, -Respondió él- es por eso que no debes trabajar tan duro, si hasta pierdes la noción del tiempo.
Levanté una ceja, ¿de verdad, enserio? ¿Jack Frost diciéndome eso? Si, estoy más que enterada que él no hace demasiadas cosas... pero que me dijiera algo así nunca lo esperé. Todos bajamos a la planta principal, Norte nos dio las gracias por todo lo que hicimos por él, y que sin nosotros no hubiera habido Navidad, y otras cosas más.
-... Y creo que sería mejor que nos dividamos el trabajo, terminaremos antes en la noche. -Decía Norte- Naty, Conejo; ustedes irán a Europa y a Oceanía. -Ambos asintieron- Jack, Rachel; ustedes a América. -Nosotros nos miramos y nos sonreímos- Grim, Sandy, a ustedes les toca Asia. Tooth y yo iremos a África.

En la Guarida de Hit y Pitch...
Sin POV
-El portal no se abre. -Dijo Pitch de forma amenazante hacia Hit a través del espejo- ¿Qué sentido tiene que tengas esa cosa si no se abre?
-Tranquilo. -Dijo ella examinando la esfera- Ya veré como hacerla funcionar. Es una pena que no veas como esta vez no hay Navidad.
Ella se recostó sobre uno de sus brazos contra el Globo que tenían, y con su mano libre empezó a lanzar hacia arriba la bola de nieve y a volver a atraparla.
-Sabes, sigo teniendo progresos, -Dijo ella, blandiendo el cayado de Jack- ¿Tú cuanto estuviste para hacer esto?
Pitch gruñó por lo bajo, su aprendiz acababa de superarlo. Hit sonrió triunfalmente.
-Te recuerdo, Hit, querida: una de tus principales misiones es sacarme de aquí. -Pitch intentaba hacer que Hit bajara de sus nubes negras.
-Sí, es verdad -respondió con toda la tranquilidad del mundo- Pero aún debo encontrar la manera de que esto funcione.
-Recuerda que no tengo todo el tiempo del mundo.
-Lo tomaré en cuenta. -Dijo ella en un tono despreocupado.
La verdad no le importaba cuanto tiempo tuviera Pitch. Mientras dejara de molestarla, estaría bien para ella.
-Ah, y... Hit... -Le dijo Pitch, ella estaba de espaldas a él, dispuesta a cerrar el espejo con la mano en alto, pero giró su cabeza- Me harías un gran favor si no dañas a la Madre Naturaleza, ella me recuerda a alguien; y los está ayudando.
-¿Y tú me pides que no la mate? -Ella bajo su mano y el espejo se cerró.

MUCHAS Horas después... Y en alguna parte de América Latina
Jack y Rachel daban vueltas entre los tejados de las casas. Recién habían terminado de pasar por México y las islas centroamericanas, y Rachel andaba con suerte, por que tenía mucha energía, la suficiente para poder cargar con la mayoría de las cosas. Aunque había algo que le sorprendía enormemente: Jack hacía como si nada hubiera pasado. Y la verdad eso le preocupaba, lo vigilaba bien de cerca por si algo le pasaba en cualquier momento.
-Bien, -Dijo él, agotado sentándose sobre un tejado- Eso fue Norteamérica, todavía nos queda medio continente.
-Es menos que antes. -Le respondió Rachel, comenzando a sentir el calor del verano.- ¿No te preocupa que sea verano en la otra mitad?
-Estaré bien. -Él se puso de pie, y ambos siguieron con su travesía.
Rachel era la que llevaba la bolsa, por si acaso. Y veinte países, apenas unas lluvias y cuarenta grados de calor después, Rachel sentía que el calor la mataba. Tampoco andar de chaqueta era una de las mejores ideas, por suerte usaba shorts. Por fin, el último país. Solo unos regalos más...
-Ese era el último. -Dijo Jack. Y fue como la liberación más grande para Rachel.
-¡Al fin! -Dijo Rachel levantando los brazos.
Se giró para ver un reloj, las tres de la mañana. Se paró en frente de un ventilador, y dejó que el viento de la máquina la refrescara un poco. Pero había algo todavía más frío, un cuerpo que se posicionó detrás de ella, ¿Cómo podía seguir tan frío con este calor?
-¿Podemos darnos una última vuelta por Latinoamérica? -Le pidió, con muy pocas ganas de moverse de su posición.
-Claro, ¿Para qué? -Le preguntó rodeándola por la cintura.
-Por que estoy muriendo por el calor, y quisiera darme un baño en uno de los tantos ríos que tiene este continente.
-Entonces, vamos.

Jack's POV
Estábamos en un lugar bastante suburbano, no sería tan difícil encontrar algún pequeño lago. Encontramos uno unos cuántos kilómetros más adelante un lago rodeado por una cantidad de plantas y árboles, Rachel se acercó a la orilla, dejó el arco en el suelo y se estaba sacando el carcaj cuando me miró como esperando algo.
-¿Qué? -Le pregunté, la verdad no sabía que me quería decir.
-¿Es que piensas quedarte mirando? ¡Voltéate! -Me dijo. Claro, soy un idiota.
Me di vuelta, pero después de un momento me entró uno duda: ¿Cómo se sacaba la chaqueta y la camiseta con esas alas? Estuve un par de segundos entre la duda de si girarme a mirar, pero mandé todo al diablo y giré mi cabeza. No sabía si arrepentirme por lo que veía... pero definitivamente cambié de opinión un segundo después: La chaqueta y la camiseta de Rachel estaban en el suelo, junto a su arco, su carcaj y sus zapatos. Solo tenía puesto su sostén y sus shorts negros. Me quedé mirándola mientras veía que se bajaba los shorts, tenía un cuerpo hermoso, se había puesto el cabello a un lado, por lo tanto veía totalmente su espalda... se veía tan suave. Además, ¿Por qué nunca noté que tenía tantas curvas? Sus piernas se veían tan largas... sus brazos fueron hacia su espalda, para desabrochar sus sostén. Me quedé de piedra; cuando se lo estaba por quitar, su cabeza se giró apenas, y antes de que me viera con las manos en la masa y terminara metido en un problema del que me costaría salir, me giré, y no me moví hasta que escuché que se sumergía en el agua. Cuando salió del agua, tenía la suerte de que siguiera dándome la espalda. La seguí mirando, la verdad, nunca me había sonrojado pero supuse que en ese momento estaría más rojo que un tomate. Pero cometí un error, grave... y me di cuenta cuando la escuché gritándome y sumergiéndose en el agua rodeada con sus brazos.
-¡JACK FROST! ¡¿QUÉ DEMONIOS ESTÁS HACIENDO?! ¡DATE VUELTA, MALDITO PERVERTIDO, AHORA!
Nunca la había escuchado tan enfadada, así que mejor me di vuelta. La escuché salir del agua, y otra vez su voz:
-¡No te gires!
En mi defensa, levanté mis brazos.
-Perdón... -Le dije, en un intento de disculpa momentos después.
-Cállate, -Dijo ella pasando junto a mí, y esta vez solo tenía la camiseta que llevaba debajo de la chaqueta, una camiseta gris con mangas hasta los codos y algo desgarrada en la parte de abajo- nunca pensé que fuera tan pervertido como para espiarme.
Definitivamente, no vería a Rachel con los mismos ojos nunca más.