Huida

-Vayamos a tu casa por tus cosas, Renesmee. Y a que te despidas de tu mama.
Alec me había tomado de la mano y arrastrado fuera de la libreria. Me detuve en seco cuando hablo de despedirme de mi mama.
-Que ocurre?
-Mi mama...
-Soy un idiota! Lo lamento. Nunca debí haber venido por ti. Tu mama esta enferma y tu la cuidas. En que estaba pensando?
-Alec... yo...
-Vayamos a tu tu casa, me gustaría despedirme de tu mama de todas formas.
-Claro - respondí sin animo.
Mi corazón se rompió en mil pedazos. Esos eran los últimos momentos que compartiría con el. Lo tome de nuevo de la mano y camine por la acera, rumbo a mi auto. El sol me quemaba, era un día muy caliente, pero sentí escalofrios.
-Renesmee, a donde vas?! - grito mi padre desde la puerta de su negocio.
-Tengo que irme - grite subiéndome a toda prisa a mi auto.
-Alec, alejate de mi hija! - le grito desde mi ventanilla.
Maldición, lo reconoció.
Hacia tanto tiempo que Alec no traia una apariecia tan pulcra, que me parecio extraño que se acordara de el.
-Adiós, papa.
Me aleje de el y me perdí en el trafico de la ciudad.
La malditas lagrimas traicioneras, rodaron por mis mejillas. Las limpie con el dorso de mi mano. Tímidamente voltee a ver a Alec, supuse que me estaría mirando llorar. Patético. Pero no era así. Casi me daba la espalda y lo vi limpiarse tambien una lagrima que salio de sus ojos azules.
No dije nada.
Cuando llegamos por fin a mi casa, entramos en silencio sin decir nada aun.
-Ire a buscar a mi mama - dije por fin.
-Estaré en tu habitación - me dio un dulce y rapido beso en la mejilla.

-Se va a ir mama - me arrodille a su lado cuando entre en su habitación.
En sus manos tenia un libro de juegos mentales, una sopa de letras. Era su pasatiempo favorito. Lo dejo a un lado y se quito sus lentes de ver.
-Me pidió que me fuera con el, pero no puedo - solloce contra sus piernas.
-Tranquila, que pasa? Explicame desde un principio que no te entiendo, princesa.
-Alec, se va de la ciudad. Me pidió que vaya con el pero no puedo.
-Por que? Que no son novios?
-No. No me puedo ir por que aquí tengo una vida, amigos, empleo y tengo que cuidar de ti - le explique.
-Cual vida? Cuales amigos? Todo lo que haces es trabajar con tu padre y cuidar de mi. Y el unico amigo que tienes es Alec. Vete con el!
-Que? No! Estas enferma, te tengo que cuidar!
-Te dejo que me cuides. Pero no lo necesito. Ve y has tu vida -no le entendí-. Lo quieres no?
Como sabia ella eso? Yo nunca le dije nada. Tan obvia era?
Me acaricio desde la coronilla hasta la mejilla.
-Ve, no lo dejes ir.
-Gracias, mama. Te amo! - le di un fuerte abrazo y salí de su habitación.
Entre a mi dormitorio y Alec estaba sentado en la orilla de mi cama. Tenia entre sus manos a Matt. Matt era un pequeño murcielago negro de felpa, con el interior de sus alas hechas de satin purpura. Lo gano para mi en la feria que organizaron en la preparatoria a la que yo asistia cuando lo conocí.
-Te importaría que me lo lleve? Quiero algo tangible que me recuerde... a ti - me sonrió sin alegría.
-Como tu quieras, de todas formas planeaba llevármelo.
Me miro confuso.
-Quieres decir...?
-Voy contigo.
Me abrazo tan fuerte que casi no podía respirar.
Quince minutos mas tarde subí mi ultima maleta -llevaba tres- a la cajuela del Camaro azul.
-Que demonios esta pasando?! -me grito mi padre cuando se bajo de su camioneta-. No estaras pensando irte con ese delincuente! - me tomo del brazo con rudeza.
-Suéltame, Edward! Nunca he hecho nada bueno en mi vida. Nunca he hecho nada malo. Nunca he hecho nada! Siempre he hecho lo que tu o mama han querido -era tan liberador decírselo en su cara-. Por una vez haré lo que yo quiero. Amo a ese hombre sin importar lo que sea. Es lo único que he hecho bien y no me arrepiento.
-Renesmee! - Alec salio preocupado de mi casa junto a mi madre, al escuchar nuestros gritos-. Que ocurre?
-Nada, tu conduce -le avente las llaves-. Mami pronto te llamare. Te amo.
La abrace con fuerza y me subí al auto ante la mirada atónita e iracunda de papa.