Sr. y Sra. Wolfe
Alec doblo la esquina de la calle donde había vivido toda mi vida. Me miro a los ojos por un momento y me sonrió de manera deslumbrante.
Pensé que papa me seguiría, por lo que mire hacia atrás por el espejo retrovisor lateral y la calle estaba desierta.
Perfecto.
Solo lo siento por mi mama, ya que con el caracter de mi padre, seguro le estaría gritando: "Como es posible que la hayas dejaro ir, Isabella!"
-Excelente! - musito Alec con alegría y estaciono el auto frente a una casa verde claro con cerca de madera blanca.
Frente a la casa había un enorme árbol que le daba sombra al jardín frontal. Una señora rubia vestida con un traje sastre color rosa pálido, salio de la casa acompañada por una pareja joven.
No me había dado cuenta de que estaban rentando la casa de los Denali. La rubia tenia aspecto de ser una vendedora de bienes y raíces.
-Que haces? - le pregunte a mi acompañante al ver que se bajaba del auto.
No me respondió.
Se dirigió a la señora rubia, con una sonrisa. La saludo de mano y luego me señalo.
-Baja del auto cariño, nos mostraran la casa - musito Alec muy contento.
Caballerosamente abrió la puerta y me tendió la mano, para ayudarme a bajar.
Cariño? Que mosco le pico?
Tomados de la mano, me condujo hacia el interior de la familiar casa. Solía pasar las tardes de los viernes junto a mi mama y los señores Denali en aquella casa. No había entrado desde que la señora Carmen murio de cancer cinco años atrás.
-La casa es algo pequeña para una familia, tiene dos recamaras, un baño y medio, cuarto de lavado, un jardin trasero, cochera. Es perfecta para una pareja recién casada como ustedes. Y mas por que dice que se acaban de mudar a la ciudad y no piensan quedarse mucho. Donde dijo que trabaja, señor Wolfe?
-Soy abogado, estoy llevando las negociaciones de compra de una empresa de la ciudad -mintió con naturalidad el "señor Wolfe".
Lo mire con incredulidad y me guiño el ojo.
Que no se suponía que huiríamos? Que deberíamos salir corriendo, por que lo estaban buscando? Y el quiere rentar una casa a tres calles de la mía?!
Me aleje de el y camine hacia la recamara principal, la cual estaba casi vacía y recién pintada de un color azul suave. Me plante en medio de la habitación y cruze los brazos.
Estaba enfadada con Alec.
-Que le parece la casa, Señora Wolfe? - pregunto en mi oído abrazándome por la espalda.
Me acerco a el, cuando enrosco su brazo alrededor de mi cintura. Beso mi cuello y suspiro. Mi corazón estaba a punto de salirse de mi pecho.
-A que estas jugando Alec? - mi voz apenas era un susurro.
-No estoy jugando a nada.
-Ya decidieron los tortolitos? - nos interrumpió la rubia.
-Luego te lo explico -susurro-. Si, rentaremos el lugar por dos meses, gracias - contesto sin siquiera consultarme.
Alec firmo unos papales, junto con el contrato de renta y pago en efectivo. Cuando por fin, se fue la exasperante y abrumadora rubia, lo confronte.
-Alec, puedes explicarme que demonios esta pasando? Me abandonas, sales en las noticias, no se nada de ti por tres semanas, me buscas y me pides que huya contigo. Y ahora me traes a vivir a tres calles de mi casa?
-Has visto en los noticieros que tardan meses en encontrar a una persona secuestrada y cuando por fin lo encuentran, resulta que estaba muy cerca de casa? Bueno... aquí estamos, cerca de casa!
-No me digas -replique con sarcasmo-. Espera, me estas secuestrando? - mi voz subió de tono.
-Quieres ser secuestrada? - me miro de arriba a abajo con una mirada lasciva.
-No estoy jugando, Alec.
Cruce los brazos en señal de enojo.
Por primera vez, no le seguí el juego, ni me sentí alagada por esa mirada.
-Ire por tus cosas - salio de la casa y regreso con dos de mis maletas.
Salio por la restante y las llevo todas a la recamara principal.
-Voy a mi casa, por mis cosas. Regresare pronto - me anuncio.
-Voy contigo -subí al auto sin decir nada.
El tampoco hablo. Se limito a conducir en silencio.
Durante el camino, recordé que jamas había estado en su casa. Ni siquiera sabia donde vivía. Ni mucho menos en que problemas estaba metido. La desconfianza me invadió. No conocía verdaderamente a la persona que tenia a mi lado y por la cual había abandonado todo unas horas atrás. La estúpida fantasía, de que el me amaba como yo a el, me había cegado por años. Hasta tal punto de huir con el, sin saber en que me estaba metiendo.
Entramos a un estacionamiento subterraneo, casi vacío. Nos dirigimos al asensor y presiono el boton numero cuatro. No habíamos dicho una sola palabra durante el trayecto y tampoco hablamos en el ascensor. Caminamos por un estrecho corredor. Al final de este estaba su departamento. Abrió la puerta y encendió las luces y entramos. Sus maletas estaban junto a la puerta, eran tres y dos maletines. Uno negro de cuero y uno plateado.
El lugar era sencillo. No había fotografías, plantas o mascotas. Era un lugar muy impersonal, como una habitación de hotel. Bonito, cómodo, pero sin personalidad. Justo como la casa que acabábamos de rentar. Con muebles nuevos que combinaban con la decoración, pero sin un toque personal. Y aun mas el dormitorio que no tenia cama.
-Me ayudas con esto? - me ofreció ambos maletines.
-Que llevas aquí?
-Algo que nos hará falta y algo que necesitaras.
Vaya, eso resolvió mis dudas.
Cerro la puerta con llave y nos marchamos.
En lugar de subir al viejo Camaro azul, subimos a un Ford Focus plateado.
-Y mi auto?
-Se encargaran de el. Ya deje instrucciones.
-Pero... por que?
-Estamos de incógnito. Este auto esta a nombre de Paul Wolfe -se señalo-. Suba al auto señora Wolfe -pronuncio con una sonrisa.
Abrió la puerta y me subí al auto plateado. No sin antes dedicarle una mirada envenenada.
No había resuelto ninguna de mis dudas. Al contrario, en mi interior se formularon cientos de preguntas mas.
