Casi un Hogar

No regresamos e inmediato a la nueva casa. Nos detuvimos en una muebleria a comprar una cama. Elegimos una muy sencilla, con una maciza base de madera tamano King y un cómodo y enorme colchón. Dormiríamos juntos y necesitaba espacio para poner una almohadas a la mitad de la cama.
Como no teníamos almohadas, ni sabanas también fuimos a una tienda por departamentos. No estaba de humor para hacer compras y Alec eligió un juego de sabanas, fundas para las almohadas y una linda colcha azul oscuro, para que combinara con la habitación. Luego pasamos a comprar cosas básicas al supermercado.
Quince minutos después de que llegamos a casa, llegaron los de la muebleria con la gran cama y la instalaron el la habitación azul.
-Que la disfruten - dijo el repartidor en doble sentido, cuando Alec firmo la hoja de recibido.
-Lo haremos, gracias - contesto con seriedad, pero sus ojos brillaban de manera extraña.
Mi mente viajo a los sueños y fantasías que tenia con el. No quise que mi cara me delatara, por lo que me fui al cuarto de lavado. Mas bien era una lavadora y una secadora escondidas en un conveniente espacio, tras unas delgadas puertas de madera. Metí las sabanas y las fundas a la lavadora.
Tenia esa manía de lavar las cosas que fueran nuevas. Ya sea ropa, trastes, cepillos para el cabello, brochas y esponjas aplicadoras de maquillaje... cualquier cosa que se pudiera lavar.
-Te queda bien el papel de esposa. Podría acostumbrarme - me aparto el cabello del hombro y sus dedos rozaron mi cuello.
No conteste, ni lo voltee a ver.
El interpreto mi silencio como enfado y no como precaución de mi parte. Lo deseaba tanto, que estaba a punto de lazarme sobre el y hacerle todas y cada una de las cosas con las que solo había soñado hacerle durante años.
-Quieres que ordene comida china para cenar? - pregunto de forma conciliadora.
-Pato almendrado por favor - conteste sin mirarlo.
Me tomo por la cintura y subió mi rostro para que lo viera a los ojos.
-Por favor confía en mi, Renesmee. Cuando estoy contigo todo sale bien, hago cosas buenas y todo sale bien. Pero por favor... confía en mi.
Me sonrió y beso mi frente.

Me puse una pijama linda, pero no muy reveladora, como otras que había metido en la maleta. Ya me habia bañado y secado el pelo. No me importaba ya que Alec me viera sin maquillaje; ya me había visto en peores ocasiones. Por ejemplo la vez que me dio una terrible gripe y mis ojos estaban hinchados. Ni hablar de mi nariz y de los delirios que tuve a causa de la fiebre.
Alec tambien se baño y salio solo con el pantalón de la pijama puesto, dejando al descubierto su perfecto cuerpo atlético y marcado abdomen.
Me acosté en mi lado de la cama -el lado derecho- y puse una de las almohadas a la mitad de la cama, para que cada quien tuviera su espacio.
-No seas ridícula, Renesmee! - aventó la almohada, me jalo por las caderas y me acerco a el.
Sentí su respiración en mi nuca.
-Eres como mi osito de peluche -bromeo-, solo que sin pelo. Eres muy suave.
Acaricio mi brazo con la punta de sus dedos de arriba a abajo. Mi respiración era rapida y superficial. Quería darme la vuelta para verlo a los ojos. Tocar con la punta de mis dedos sus labios. Entrelazar mis manos una vez hundidas en su cabello, besarlo y besarlo toda la noche...
Pero me acobarde como siempre.
-Ya duermete Alec, fue un día muy largo.
-Lo que usted diga señora Wolfe.
No era mi apellido, ni el de el. Pero me gusto como sonó. Y al parecer ese seria mi nombre al menos durante dos meses.