Salvada por la Campana

Como Alec dijo que yo aun no podía salir de la casa; hice una lista de víveres para que las comprara en el supermercado, así como una escoba, trapeador y una cubeta.

Tenia mi computadora, internet, una pantalla plana y televisión por satelite, pero estaba aburrida. Después de estar casi una semana encerrada en una casa que aun no sentía como mía y con Alec fuera de la casa casi todo el día haciendo no se que cosa... terminaría por extrañar mi trabajo en Cullen's y regresando a casa.
Una tarde me quede dormida en el sofá, después de que prepare lasaña y la metí en el horno; sentí un cosquilleo molesto en la nariz, después de un rato solté un manotazo, al creer que era un insecto, pero escuche unas risitas. Abrí los ojos y el estaba frente a mi.
-Despierta Bella Durmiente! Te traje un regalo y me vas a amar tanto, que vamos a tener que hacer algo al respecto.
Lo mire confusa incorporándome y me sonrió.
-Esta en la bolsa - señalo con la cabeza.
Abrí la bolsa de regalo para ver su contenido y era cabello.
-Que es esto?
-Una peluca y al fondo están unos lentes de contacto. Son seis pares.
-Y para que es? Es una de tus fantasías sexuales? - pregunte con sarcasmo y al mismo tiempo con esperanza en mi interior.
-Bueno... no lo era hasta que lo mencionaste. Pontela para ver como te queda - me animo.
-Y para que?
-Para que puedas salir y no te reconozcan.
La idea de poder salir me hizo sonreír.
Tenia mis dudas sobre la peluca, pero de todos modos me dirigí al dormitorio y frente al espejo del peinador, recogí mi cabello castaño cobrizo. La peluca tenia un color rubio dorado y reflejos rubios cenizos y platinados. Me llegaba a media espalda, su textura era suave y lacia y tenia un moderno flequillo peinado hacia el lado derecho.
Escogí unos lentes de contato azules. Batalle un poco para ponermelos, nunca antes los había utilizado. En la caja venían dos pares en color azul, dos pares verdes y dos pares de un lindo color miel.
Me vi en el espejo y me veía muy diferente; pero algo extraña con las cejas oscuras. Trate de aclararlas un poco con el maquillaje que tenia a la mano. Esa apariencia me parecía familiar, pero no recordaba a quien había visto así.
Cuando regrese a la sala, ya caracterizada, Alec me sonrió.
-Me veo ridicula, Alec Vulturi!
-No! Te ves preciosa. Pareces... otra persona.
Me vi en uno de los espejos que había como parte de la decoración de la sala y recorde a quien me parecía.
-Parezco una mala imitadora de Hannah Montana, Alec!
Se rió de mi.
-Pero una muy sexy. No boba e inocentona como se veía al principio. Te ves muy bien de rubia.
Lo dijo de una manera que me hizo enrojecer. Decidí jugar con el y lo mire la misma forma que el a mi. Me acerque a el de manera provocativa. Con mi pierna junte sus rodillas para poderme sentar en su regazo y quedar frente a el.
-Como me veo señor Wolfe? - pregunte en voz baja muy cerca de su boca.
Se humedeció los labios.
-Me veo bonita? - me acerque aun mas.
Sus fuertes manos se posaron en mis caderas y me presiono contra el. Nuestra respiración era rapida, acelerada. Roce sus labios con los mios y sentí su cálido aliento.
Yo había iniciado el juego y ahora me daba miedo continuar, pero a mismo tiempo lo deseaba. Y al parecer iba a ser muy bien correspondida.
Su mano derecha subió lentamente por mi espalda y me presiono contra su pecho. Mis manos descanzaban en sus hombros y con un ligero temblor subieron por su cuello, para acercarlo a mi y besarlo con todo el deseo y la pasión y que había contenido dentro de mi, durante todos los años de nuestra amistad.
Sonó la campanilla del horno, avisando que la cena estaba lista. Sonreí contra sus labios y me aleje de el.
-La cena esta lista!
Mientras me dirigía a la cocina, para sacar la lasaña del horno, lo escuche decir:
-Estas bromeando verdad?