EL TRATO

-No lo mates a el, matame a mi - pedí de nuevo.
-Cállate, Renesmee! Ella no tiene nada que ver en esto, Jacob! - suplico Alec.
-Oh, al contrario, tiene mucho que ver - Jacob se acuclillo a mi lado y me jalo del falso cabello rubio. La peluca estaba sujeta a mi cabello con broches así que jalo con fuerza mi verdadero cabello.
Lleve mis manos a mi cabeza rozando su mano con mis dedos.
Paso con suavidad el arma helada por mi rostro, como un verdadero y maldito psicótico y apunto a mi sien.
-Tienes seis semanas de plazo, Alec -se levanto de nuevo, soltándome y escondió el arma en su espalda.
Que clase de millonario de Nueva York era ese? Se cree mafioso al traer una arma así? O tal vez si este involucrado en eso. Dios!
-Para asegurarme de que no me traicionaras de nuevo o bien tómalo como un... incentivo... la Barbie Ama de Casa, viene conmigo - Jacob hablo con suavidad, como si estuviera hablando de cualquier otra cosa y no amenazando a Alec.
-No! - rugió Alec levantándose del piso, pero Sam pateo su pierna haciendo que se cayera de rodillas al suelo.
-Bueno entonces mato a la barbie.
-Alec, no - susurre llorando. Prefería morir que irme con los sádicos Black.
Alec lo pensó un momento.
-Prométeme que la dejaras ir, que no le harás daño - murmuro muy serio, luego de que paso saliva.
-Alec, no!
-Lo prometo. Pero si en seis semanas no tengo lo que quiero... - Jacob me levanto del piso.
-Suéltame! Alec, no!
No se como le hice pero logre zafarme de agarre de Jacob y corrí con Alec.
-No me dejes ir -lo abrace-. Prefiero morir ahora que estar lejos de ti. Por favor, te lo suplico, no me hagas esto.
-Todo va a estar bien amor. Te lo prometo - limpio mis lagrimas y beso mis labios un instante.
Al segundo siguiente, Sam me alejo de el. Sentí como dejaba la mitad de mi ser con el pobre maltrecho y golpeado Alec.
Yo no me podía ir así.
-Suéltame! - pise el pie derecho de Sam y con mi puño le pegue en la entrepierna, como había aprendido en clase de defensa personal.
Quería que Alec viera a Renesmee y no a Vanessa, antes de irme. Lo vi directamente a los ojos, me quite la peluca rubia y solte los broches haciendo que mi risos cayeran en cascada por mis hombros; me las arregle para quitarme los lentes de contacto azules. Ademas ya no tenia caso que escondiera mi identidad, si de quienes nos ocultábamos, nos habían encontrado ya.
-Te amo - susurre antes de darme la media vuelta.
Alec seguía de rodillas en el suelo de nuestra sala, con el rostro ensangrentado y ojos llenos de terror.
Me encamine a la puerta donde me esperaba Jacob, quien me miro con ojos muy abiertos, parpadeo repetidamente y desvió la mirada un segundo después.
Camine como un zombie por la acera, siendo guiada por uno de ellos, hasta una lujosa camioneta negra.

Durante el camino, no hice mas que llorar, recordando cada beso de Alec, cada te amo, cada vez que estuve en sus brazos. Pedí en silencio una y otra vez para que todo se resolviera, para que Alec encontrara aquello que Jacob quería y me rescatara de sus garras.
-Deja ya de llorar, quieres? - mascullo Jacob lanzándome un pañuelo blanco y suave desde el asiento del copiloto.
Le dirigí una mirada envenenada.
No me fije en el camino, ni su duración, hasta que vi los rascacielos de Nueva York con sus diminutas ventanitas encendidas, frente a mi.
-A donde me llevan? -ninguno contesto-. A donde me llevas?! -golpe con mis punos en el asiento de Jacob.
Sam siguió conduciendo y Jacob haciendo no se que cosa con su ipad, ignorándome por completo.
Pensé que me llevarían a una bodega vieja y abandonada en el peor callejón del Bronx, o algo así, pero no. La camioneta se detuvo en una bonita y tranquila calle de Manhattan.
Sam abrió mi puerta.
-Trata de comportarte y no gritar, tenemos vecinos - lo mire aterrada.
Trastabille un poco al cruzar el umbral de las grandes puertas de cristal del edificio para entrar a un gran vestíbulo de techos altos, paredes beige con espejos y cuadros dorados, mesas con jarrones negros llenos de gladiolas blancas.
-Buenas noches, señores Black - saludo el guardia con amabilidad y caminando alrededor de un alto escritorio de piedra negra pulida.
El hombre vestía pantalón y saco gris, camisa blanca, corbata negra y sombrero también gris con banda negra. Tenia el cabello negro azabache y rasgos hispanos, no se veía que pasara de los cincuenta años.
-Buenas noches, Eleazar -saludo con una cordial sonrisa el mayor de los hermanos, mientras Sam le daba las llaves de camioneta a un joven vestido de forma similar al hombre que ellos saludaron-. Ella es mi amiga Renesmee -mintió señalándome-, se quedara con nosotros unas semanas.
-Bienvenida al edificio Masen, señorita - me miro de arriba a abajo apreciativamente.
Jacob le murmuro algo al oído, Eleazar asintió y me miro con lastima.
Que le habrá dicho?
-Vamos cielo, te espera una cómoda cama - Jacob me tomo de la mano y me sonrió con ternura.
Odie que mis ojos lo vieran guapo. Lo odiaba con toda mi alma, por haber arruinado mi hermoso cuento de hadas, pero no podía negar que era muy guapo. Luego quise asesinarlo, sacarle los ojos, y torturarlo como en esa horrenda película Hostal.
Quise correr con Eleazar y pedirle ayuda, pero no lo hice, solo camine a su lado con nuestras manos juntas. Tal vez mi instinto de supervivencia me decía como actuar, sabia que si algo no le parecía a Jacob, me mataría sin dudarlo.
Entramos al ultimo ascensor en silencio y Jacob oprimió el botón que decía PH en letras doradas y mayúsculas. Si el vestíbulo era hermoso y decorado con un gusto impecable, me preguntaba como seria el Pent House en el piso cincuenta.
Las puertas se abrieron y me quede paralizada, justo como una de las estatuas que me dieron la bienvenida. Los Black salieron del elevador, pero yo no me moví. Sam regreso y me jalo del brazo.
-Buenas noches, señores - saludo una mujer morena. Supuse que seria el ama de llaves, por su vestimenta.
-Buenas noches, Leah. Te dije que no tardaríamos. Ella es Renesmee, se quedara unas semanas, llévala a la habitación que tiene el decorado rosa, en el segundo piso - ordeno Jacob.
-Si, señor. Venga conmigo señorita
Sam me soltó y casi me empujo con la pobre mujer.
Seguí a Leah por aquel inmenso lugar lleno de pinturas invaluables, esculturas y demás piezas de arte que los Black habían coleccionado a través de los años. Subimos unas imponentes escaleras de mármol pulido, con pasamanos dorado. No dude que fuera oro solido y no solo pintura.
Leah tendría unos sesenta años, se veía muy agradable. Su cabello castaño oscuro tenia algunas canas y lo llevaba recogido elegantemente en la nuca. Vestía un traje sastre azul marino. Las dos sirvientas que vi en el largo camino a mi celda asignada, traían uniforme azul claro con delantal blanco.
La ama de llaves, saco una llave maestra y abrió la habitación.
-Espero que se sienta cómoda aquí - encendió las luces y vi la hermosa habitación.
También parecía un museo como el resto de la casa y claro que no estaría cómoda. Primero por que era algo así como una rehén segundo el lugar era muy impersonal, frío y estático, como un museo y tercero... ahí no estaba Alec.
Alec!
-En el armario esta una pijama. Quiere algo de cenar? - pregunto Leah regresando de lo que supuse seria el armario.
Negué con la cabeza.
-Si necesita algo, solo oprima el botón que esta junto a la cama y aquí estaré. Buenas noches.
Me quede igual que en el ascensor: paralizada, sin pensar, razonar o siquiera respirar.
Escuche como Leah cerro la puerta con llave.
-No! -logre moverme-. Ábrame! -le pegue a la puerta-. Leah, ábrame! LEAH!
No me abrió ni me respondió.
Me recargue contra la puerta blanca y me deje caer al piso llorando.
Llore hasta que fui al baño a vomitar; claro que tuve que aguantar hasta que lo encontré La habitación era casi del tamaño de la casita que compartía con Alec y parecía un laberinto.
Me quede dormida en el piso helado del baño, llamando a Alec en susurros.


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