TERRITORIO ENEMIGO

Desperté llamando a Alec a gritos. No me consoló no dijo que todo aquello era una pesadilla, por que el no estaba ahí. Y yo tampoco estaba en el suelo del baño. Alguien me había llevado a la mullida y suave cama.
Supongo que me dormí de nuevo, por que no recuerdo nada mas hasta que Leah me despertó.
-Señorita, despierte! -me sacudió con suavidad-. Tiene que bajar a desayunar con los señores, en menos de una hora.
-Sus señores pueden irse al infierno - murmure dándole la espalda y limpiando mis lagrimas.
-No lo haga enojar, señorita. Es por su bien. Mire, le tengo ropa bonita - camino alrededor de la cama para verme de frente.
Me mostró un lindo vestido lila, con cinturón rosa suave.
-No quiero nada. Por favor, váyase.
Continué llorando por Alec, hasta que me dormí de nuevo.
-Nadie me deja plantado en mi propia casa! -grito Jacob entrando a la habitación, despertándome de golpe-. Por que no bajaste?
Me tomo del brazo, en el lugar exacto donde tenia las marcas de la mano de Sam.
-Suéltame! -le pegue en el pecho con mi puño-. Me lastimas! Suéltame!
No fui una rival digna, con facilidad me inmovilizo y me levanto de la cama como si fuera un bebe.
-Suéltame! - no sabia que mas gritarle.
Quería decirle hasta de lo que se iba a morir, pero nunca tuve facilidad de palabra con las groserías.
Jacob me llevo cargada hasta la puerta del baño, pero me las arregle para detenerme en el marco de la puerta.
-No! Bájame! Cavernicola! -Ja! Patético-. Bájame!
-Una niña como tu, debe de ser educada y obediente.
-Y un imbécil como tu, debería estar muerto! -continué forcejeando con el en la puerta-. Esta es la única manera en que puedes conseguir mujeres? Robandoselas a tu sirvientes?
Me dejo en el piso.
-Crees que yo quiero algo... contigo? - se burlo.
Esa fue la gota que derramo el vaso.
Primero, destrozo y aplasto mi hermoso cuento de hadas. Segundo, me separo de Alec. Tercero, hiere mi ego.
Le lance un golpe perfecto en su agraciado rostro bronceado, pegandole directamente en la nariz.
Lo siguiente, no lo vi venir.
Me cruzo el rostro con una bofetada. Fue tan fuerte que di la vuelta como el los dibujos animados y me pegue en la cabeza con el marco de la puerta.
Caí al piso... riéndome.
Por que demonios me reía? Dolía! Me dolía el golpe en mis riñones del día anterior, las marcas en mis brazos, la mano por el puñetazo, la mejilla por la bofetada, la cabeza por el golpe, y el corazón. Sobre todo el corazón.
Tal vez me reía de histeria o locura.
-Vez lo que me hiciste hacer?! -Jacob grito enfadado-. Fue tu culpa.
Parecía una linea que diría un hombre que maltrata a su mujer.
Se acuclillo a mi lado y trato de tomar mi mentón, para mirarme. Le di un manotazo y me aleje.
Me tomo con fuerza de la mandíbula y no me soltó ni cuando mire sus ojos fríos.
-El desayuno es a las nueve y la comida a las dos. Estarás lista temprano, te vestirás adecuadamente y te comportaras.
Soltó mi rostro. Se alejo acomodando su ropa cara.
-Que no te fue suficiente? Yo que te he hecho? - murmure aun sentada en el piso.
-No te sientas tan especial -saco un pañuelo de su saco y limpio su ensangrentada nariz-. Solo eres un daño colateral... Una garantía, solo eso.
Dio un portazo y solloce en voz alta.
Hubiera preferido morir en aquella casita, junto a Alec que vivir y convivir con Jacob Black.
-Mire nada mas, señorita Renesmee- Leah se hinco a mi lado.
Me lance a sus brazos, me recordó a mi madre.
-Ayúdeme por favor, sáqueme de aquí.
-No haga las cosas difíciles -acaricio mi pelo-. El señor es bueno por las buenas. Yo le dije que no lo hiciera enojar.
Después de un rato en el que trato de consolarme, se levanto y lleno la tina de baño.
-Le daré un poco de privacidad - murmuro antes de dejarme de nuevo sola.
De pronto recordé mi cumpleaños, cuando Alec me dio un baño con burbujas.
Alec!
Son solo unas semanas, Renesmee. Solo son seis semanas, tal vez menos. Alec va a sacarnos de esto - me repetí una y otra vez. Claro que no pude convencerme y continué llorando.
Cuando salí de bañarme envuelta en una cómoda bata pachoncita, Leah me recibió con una sonrisa.
-El señor Jacob me dijo que usted es mi prioridad. Siéntese - separo la silla del peinador.
Al sentarme comenzó a cepillar mi cabello húmedo.
Suspire y ver mis ojeras tan horrendas. Jamas en mi vida me había visto tan fea.
-Tiene suerte señorita Renesmee, si hubiera sido otro... usted ya no estaría aquí.
En verdad que prefería esa opción.
-Ya vio la hermosa vista? - Leah dejo el cepillo y corrió las cortinas de la habitación.
Solo una vez había estado en Nueva York y me había enamorado por completo de la vista de sus rascacielos. Ahora era prisionera en uno.
Tocaron a la puerta y Leah abrió. Una de las sirvientas le entrego varias bolsas de una tienda cara, pronto las olvide.
Mi reflejo en el espejo no era mio, era de otra persona. Parecía una estatua, quieta, pálida, sin vida.
Mi carcelera de lujo trato de animarme con las compras que había mandado hacer para mi. Había maquillajes, cremas, perfumes... En otras circunstancias aquello me hubiera parecido fascinante, era algo así como una fanática de los productos de belleza; pero eso de debía a que lo hacia para que Alec se fijara en mi.
Pero en ese instante, el no estaba ahí.
-Se va a ver bonita. Cubriremos esto... - murmuro mi carcelaria muy animada, tomando con mucho cuidado mi brazo con moretones para maquillarlos.
El vestido lila era de manga corta y se veían mas marcas moradas de los largos y fuertes dedos de Sam.
La mujer hizo milagros con mi semblante.
Me preguntaba a cuantas chicas como yo, Leah había tenido que arreglar en aquella casa.
No desperté de mi letargo hasta que realmente me vi con aquel lindo vestido, frente al espejo. La prenda parecía que estaba hecha a la medida. Y los zapatos color nude también.
Espere en la habitación, hasta que llego la hora de la comida.
-Debe bajar ya - Leah me dio un ligero empujoncito, encaminadome a la puerta.
Me condujo al comedor, ahí ya estaban Jacob y Sam sentados. El primero en la cabecera de la mesa y el segundo a su derecha. El tercer lugar en la mesa -a la izquierda- era para mi.
Ambos me miraron de arriba a abajo, apreciativamente. Quise cortarles la garganta con el afilado cuchillo de la carne.
Ellos charlaron animadamente, mientras yo "comía" en silencio.
Repare en el enorme y lujoso lugar, paredes claras, una pintura enorme estaba detrás de Sam, y otra detrás de mi. A mi derecha, detrás de Jacob teníamos una impresionante vista de Central Park y mas allá los rascacielos.
Lo admito, aquello era precioso.
-Estas muy callada - murmuro Sam interrumpiendo la conversación con su hermano mayor.
Lo mire de mala gana y me imagine tomando el cuchillo, cruzando la mesa por encima y enterrando el arma justo en su corazón.
-Te gusto la comida? -pregunto Jacob con voz amable-. Puedo hacer que hagan algo especial para ti. No eres vegetariana o si?
Negué con la cabeza.
-Quieres tomar el postre aquí o en el salón?
Me encogí de hombros, desviando la mirada de sus ojos negros.
-En verdad aprecio que no seas una parlanchina de voz chillona, pero tampoco me agradan las mudas, Renesmee.
-Depende de que sea el postre, querido - lo tome de la mano con una sonrisa amable y coqueta.
Mi expresión y frase estaban cargados de sarcasmo.
Jacob me miro con los ojos muy abiertos y Sam se burlo.


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