CAMBIO DE AIRES

Durante toda la semana, acompañe a Jacob a su oficina. Después del desayuno subía a mi habitación, por el bolso que complementaba mi fabuloso atuendo y me encontraba con Jacob en el ascensor.
El la oficina lo veía revisar contratos, firmar unos papeles, hablar por teléfono en varios idiomas...
El jueves, fue el ultimo día que fuimos y no nos quedamos mas de dos horas. Al regresar a casa, Leah y una de las sirvientas ya nos esperaban con las maletas listas.
-Que es esto? Vas a ir a un lugar? - pregunte esperanzada.
-Vamos a The Hamptons - respondió Jacob.
-Vamos?
-Si, vamos - replico cortante.
El le dio unas cuantas instrucciones a Leah en un cuchicheo que no entendí. Luego ella se me acerco mientras su jefe hablaba por teléfono.
-En la maleta lleva instrucciones de como combinar el guardarropa - me dedico una gran sonrisa.
-Gracias - lo dije a manera de pregunta.
Espera... ella no va? No! Por que?

Mientras el chofer subía nuestro equipaje a la camioneta negra, me atreví a perturbar a Jacob.
Me aclare la garganta.
-Que? - Jacob despego los ojos de su celular.
-Viajaremos en carretera verdad?
-Si.
-Yo... Estee... Me mareo en la carretera.
Me miro de nuevo y soltó una sonora carcajada.
No era algo gracioso!
-Toma -Jacob abrió un compartimiento entre nosotros y me dio una cajita de pastillas contra el mareo y una botellita de agua-. Siempre traigo una de esas en cada auto. Me mareo si voy leyendo mientras Seth conduce.
-Ah -me tome la diminuta pastilla amarilla-. Gracias.
-De nada. Debiste haberme dicho antes... Pero cuando venimos de Boston, no dijiste nada...
Me encogí internamente.
-Yo... estaba - me encogí de hombros.

Jacob me entretuvo durante el camino, hablándome sobre su madre. Era una mujer con mucha clase y ayudaba a la comunidad. No con sus amigos en recaudaciones de fondos con grandes fiestas, sino yendo directamente a los albergues en Broklyn y el Bronx. Llevaba comida, ropa, dinero... Ayudo a construir un albergue para mujeres maltratadas y llevo a los mejores doctores y psicólogos de Manhattan. Siempre llevaba a Jacob y Sam con ella, para que se dieran cuenta que no todas las personas eran tan privilegiados como ellos.
Al regresar a su vida llena de lujos y comodidades, ella misma les cocinaba y horneaba galletitas a sus hijos.
-He tratado de seguir con su legado, pero... tuve que hacerme cargo de los negocios cuando papa murió - susurro Jacob con ojos tristes.
-Y Sam? Por que el no te ayuda?
-El... No se. Sam siempre le han gustado las fiestas... Ser el hijo de Sarah y William Black. Le hubiera dado toda su herencia cuando cumplió los veinticinco años, pero ahora ya estaría en la ruina. Por eso hice un trato con el: que se siga manteniendo con la "mesada" que le doy y tendrá acceso a toda su herencia cuando nazca su primer hijo o hija.

La casa de los Black en The Hamptons era enorme. Como era de suponerse, estaba decorada con piezas de arte invaluables y muy hermosas.
La habitación que me asignaron tenia vista al océano. La habitación de Jacob era contigua a la mía.
-No interrumpo? - pregunto mientras veía atónita la ropa que me había empacado Leah.
-No, pero... De donde sale esta ropa? Es decir... Como saben mi talla, mis gustos? Y por que tiene que ser tan cara? - por que diablos me quejo?!
-Que no sabes quien soy yo? Que diría la sociedad si me viera del brazo de una harapienta? - Jacob pregunto con burla.
-De acuerdo, eso lo entiendo. Pero... quien la compra?
-Leah - una sonrisa cruzo por su rostro mientras se recostaba en mi cama.
Me sentí extraña con su mirada pendiente de mi mientras vaciaba las maletas y acomodaba todo en el armario.
-Querías decirme algo mas? - cuestione cerrando de golpe la maleta cuando metió la mano, para husmear la atrevida ropa interior que Leah había empacado.
-Quieres ir a la playa? Comer? Salir a cenar? Ver una película?
-Puedo cocinar? - extraño cocinar.
-No.
-Por que no? - me puse la mano derecha en la cadera.
-No quiero morir envenenado, gracias.
-No te voy a envenenar, Jacob - aunque ganas no me faltan.
Mi captor sopeso la idea unos segundos.
-Por que no cocinas tu? - sugerí, según el me había dicho que su mama lo había enseñado.
-Yo?!
-Después tus uñas se arruinan verdad? Como pude pedirte eso?
-Ja, ja - me aventó un cojín de la cama.

Terminamos cenando pizza y pasta, acompañada con el mejor vino tinto que he probado en mi vida, frente al gran televisor -casi pantalla de cine-, viendo Thor.


En los próximos capítulos, habrá paseo en yate, compras y una fiesta... ah y una sorpresa :D
(nada que ver con embarazos, de acuerdo...? Jesus Christ! jejejeje)