MI MAS FERVIENTE Y EXTRAÑO DESEO
Desperté de golpe con las lagrimas saliendo de mis ojos y sollozando en voz alta.
-No te tocó, tranquila - unos fuertes brazos me rodearon repitiendo una y otra vez esas palabras, como una letanía.
Mire a mi alrededor siendo sacudida por los fuertes sollozos. Estaba en mi habitación.
-Tranquila, Nessie. No te tocó, calma.
Mire a la persona que me estaba consolando y tratando de calmarme y sus ojos eran la replica de la mujer del cuadro. Jacob había heredado los ojos de su madre.
Sus manos cálidas limpiaban mis lagrimas, pero estas no dejaban de derramarse. Quería morirme, ya no quería seguir en esa casa. Tampoco quería estar de nuevo a lado de Alec, ya no podía mas con mi vida y las consecuencias de amar como una estúpida. El intento de violación había sido la gota que derramo el vaso.
Había podido asimilar muchas cosas, había podido vivir de algún modo con ellas. Por ejemplo que Alec fuera un ladrón de arte y un estafador; que la persona a quien Alec había "traicionado" me tomara como rehén para conseguir que Alec le consiguiera unas pinturas; que Jacob me tratara como títere pero sin ser agresivo; incluso que Alec estuviera con alguien mas... Pero ser casi violada...? Eso era un ataque directamente contra mi persona. No era algo indirecto. Samuel me atacó, el me iba a violar en la biblioteca de su penthouse.
Para que alargar algo que sabia que iba a ocurrir de todas formas? En cuatro semanas mi vida acabaría. Para que seguir en este mundo si solo iba a sufrir y estar atemorizada estas cuatro semanas? No iba a poder llevar una vida larga, ni mucho menos la disfrutaría como había planeado al lado de Alec. Tampoco iba a poder vivir esas cuatro semanas cómodamente... Ya para que?
-Jacob - solloce aferrándome a su camisa de seda rosa pálido.
-Dime - sus ojos se mostraban sumamente preocupados.
-Podrías... adelantar estas cuatro semanas? Ambos sabemos que lo harás si Alec cumple con el trato o no.
A pesar de las lagrimas que brotaban de mis ojos y no me dejaban ver con mucha claridad, en sus ojos pude ver que sabia de que hablaba.
-Renesmee...
-No tengo siquiera de por que enterarme. Podrías poner algo en mi jugo de naranja de la mañana, en el vino de la comida... Solo... ya hazlo. Ambos sabemos que lo harás. Ya no sigas mas con el juego. Te lo suplico - me aferre aun mas a su camisa arruinándola con mis lagrimas.
-Renesmee...
-Hazlo! Ya acaba con esto, ya estoy harta. Que acaso tengo que pedírtelo de rodillas?!
-Estas en shock, Renesmee. No sabes de lo que hablas - me sacudió ligeramente por los hombros.
-Se muy bien de lo que hablo y tu también. Ya no sigas con los juegos que te gustan... Ya no puedo... Por favor - mis lagrimas habían hecho una gran mancha en su pecho.
-Lo lamento tanto, Renesmee. En verdad hubiera querido que las cosas fueran muy diferentes. Totalmente diferentes.
Sus manos no dejaban de subir y bajar por mis brazos a modo de consuelo.
-Lo harás?
-Si es lo que tu quieres.
Me aferre de nuevo a el, sollozando. En verdad no podía estar hablando de esa manera, no podía estar rogando por que Jacob me matara... pero eso estaba haciendo.
-Solo deja me despido de mi madre... Después hazlo como tu quieras.
-De acuerdo.
Con facilidad deshizo mi abrazo levantándose de la cama y se marcho dejándome sola en mi habitación.
Cada mañana que pasaba, bebía el jugo de naranja como si mi vida dependería de ello. Pero era todo lo contrario, quería buscar mi muerte. Ya había hablado con mi madre y con ciertas palabras le di a entender que esa seria nuestra ultima conversación. Le mentí diciendo que me iría a Europa con Alec. Que la empresa donde trabajaba le había ofrecido la gerencia en la Irlanda.
Cada vez que tomaba el jugo de naranja aun en la cama de mi habitación, me llevaba tremenda desilusión al ver que nada pasaba. No salia espuma de mi boca, no se me retorcían las entrañas... Nada pasaba. Mi bebida no tenia veneno y tampoco había visto a Jacob en una semana.
Cada mañana me levantaba me duchaba, me ponía pijama limpia y desayunaba en la cama, comía en la cama y cenaba en la cama.
El siguiente lunes, al despertar Leah me dijo que Jacob quería que bajara a desayunar con el. Yo no deseaba hacerlo, pero tal vez el me diría que el mismo concedería mi deseo. Que sus manos se apretarían en mi cuello después del desayuno, así que me levante de la cama y tome un largo y reconfortante ultimo baño.
Al salir de la ducha, me esperaba un vestido negro con lunares blancos grandes desde abajo, haciéndose mas pequeños conforme subían al pecho. La prenda tenia un simpático listón negro que delimitaba mi cintura, el escote era tipo halter. Era muy bonito, iba a morir con un vestido bonito. En el alajero busque el collar de perlas, los aretes y el brazalete de las mismas gemas. Antes de salir de la habitación me puse los altos zapatos negros despuntados y le sonreí al reflejo de mi rostro impecablemente maquillado.
-Fue un gusto conocerte, Renesmee - me dije a mi misma evitando llorar. Yo lo había elegido, había elegido morir y no me arrepentía de haberlo hecho.
No me arrepentía de nada en mi vida. No vale la pena arrepentirse de nada cuando uno esta a punto de morir, no se evita la muerte ni se regresa el tiempo arrepintiéndose, solo hay que darle gracias a Dios o cualquier otra deidad por haber vivido.
Baje las escaleras y los tacones hicieron eco contra la superficie de mármol pulido, al llegar a comedor Jacob se levanto y me miro como los últimos días en que lo había visto. El hielo de sus ojos se había derretido.
-Como estas? - pregunto separando la silla de la mesa con caballerosidad.
-Bien, gracias - me senté viendo el liquido que tal vez seria mi ultima bebida.
-Quieres jugo? - señalo una gran jarra de cristal llena de liquido fresco y probablemente envenenado.
Suspire audiblemente.
-Si, gracias.
El desayuno ocurrió en silencio, como siempre. El jugo... no tenia veneno. Simplemente era jugo de naranja.
-Señor disculpe la molestia - murmuro Leah entrando al comedor.
-Dime, Leah.
-Acaba de llegar -le entrego una carpeta negra de cuero con letras doradas que rezaban Lamborghini, en la mesa dejo una caja negra pequeña.
La sonrisa de Jacob me deslumbro, jamas lo había visto tan contento.
-Ve a alistarte, daremos un paseo - murmuro leyendo lo que venia en la carpeta de cuero.
Me levante de mi asiento triste y desilusionada obedeciendo a su orden.
Subí a mi habitación y me cepille los dientes. Leah me dio un pequeño bolso negro Dior y me ayudo a retocar mi maquillaje.
Baje de nuevo y Jacob me esperaba con la impaciencia de un niño de cinco años, con juguete nuevo. No hablamos para nada durante nuestro trayecto al sótano del edificio que era el estacionamiento.
En un lugar reservado para los Black estaba un flamante auto deportivo blanco. Sonreí al ver como Jacob se alejo de mi y salio corriendo -casi brincando de alegría- en dirección a su nuevo juguete.
-No es hermoso? Mira la pintura -paso sus manos por la longitud del auto, pero sin llegar a tocarlo.
Abrió la puerta del piloto -hacia arriba por supuesto- e inhalo el olor a nuevo de su auto.
-No te quedes ahí, vamos!
Jacob subió a su auto y yo camine hacia este para subirme.
-Vamos a dar un paseo, espero que sea de tu agrado.
Asentí sin mucha convicción, poniéndome el cinturón de seguridad.
Puso el auto en reversa y las llantas chillaron al frenar con brusquedad. Salimos del estacionamiento subterráneo y arranco con velocidad una vez que estuvimos en la calle. Pensé que su diversión terminaría muy rápido por el tradicional trafico neoyorkino, pero el conocía la ciudad mejor que yo y tomo las calles mas vacías. Pronto me vi sobre el puente rumbo a Broklyn, siendo despeinada por el viento que entraba por las ventanillas.
Sabiamente mire hacia atrás y pude ver la impresionante vista de el centro de Nueva York, con sus rascacielos imponentes y preciosos. Claro que iba aferrada al asiento y al cinturón de seguridad, me aterraba la forma de conducir de Jacob.
Al bajar del puente Jacob sonrió complacido de que su nuevo auto fuera tan potente y veloz. Condujo un poco mas despacio entre unos edificios antiguos que parecían ser departamentos. Los edificios eran de ladrillo con ventanas grandes y enrejadas, otros con escaleras para incendios como fachada y puertas negras de hierro corredizas y otras puertas de entrada mas convencionales para peatones. En la mayoría de los edificios la planta baja era un negocio. Había locales de comida china, abarrotes, librerías de segunda mano...
Nos detuvimos en uno de tantos edificios. Este era gris, con unos cuantos escalones hacia la puerta principal de doble hoja.
-Renesmee, sube al tercer piso y toca tres veces en el numero cinco. Quédate ahí hasta que te respondan - murmuro ofreciéndome un sobre blanco sellado.
-De acuerdo. Que hay ahí?
-Lo que mas quieres en la vida -contesto con acidez y una mueca casi de repulsión.
La sangre huyo de mi rostro. Por eso no me había matado en su casa, no quería tener un cadáver del cual deshacerse. Me había traído a Broklyn donde alguien mas lo haría.
Mi respiración se acelero y la garganta se me cerro por completo.
Asentí y baje del auto con piernas temblorosas. Sentía las piernas como de chicle. Subí los escalones y abrí la puerta sin mirar atrás. El vestíbulo del edificio era simple, color beige. Las escaleras estaban frente a la puerta y las subí agarrándome del pasamanos, ayudándome a subir cada paso como si fuera una tullida. No se escuchaba nada por cada puerta que pasaba. Era como si nadie viviera en ese edificio. Todas las paredes estaban pintadas de beige y las puertas eran cafes con un numero dorado.
Por fin llegue al tercer piso y respire profundo, estaba a punto de ver a mi posible asesino. Deslice el sobre debajo de la puerta y toque con mis nudillos tres veces. Me recargue en la pared junto a la puerta, no quería que leyeran las instrucciones en la carta y apuntaran una pistola a la puerta y ahí quedar destrozada en el pasillo. Al menos quería morir de forma mas decente.
Las manos me temblaron cuando vi que desapareció la esquina blanca del sobre que quedo fuera. Trate de respirar con regularidad sin lograrlo.
Esto querías, no? Pues aquí estas, Renesmee. Tu lo pediste. Tu tomaste la salida fácil...
Escuche como se abrían las cerraduras de la puerta cafe con el numero cinco y alguien salio a toda prisa al pasillo, rumbo a las escaleras. Voltee a mirar a mi asesino, este giro hacia mi sintiendo mi presencia y unos ojos azules me devolvieron la mirada...
