IRRECONOCIBLE

Unas luces tenues se encendieron en el techo e iluminaron la gran cama que me llegaba a la cintura. Era muy alta. Me sentí como una doncella que estaba a punto de ser desvirgada por un rey. Pero gracias al cielo, ya no era virgen.
Sentí a Jacob a mi espalda y pronto lo tuve frente a mi, traspasándome con la mirada. Sus ojos negros me miraban brillantes y muy desconcertantes. Trató de quitarme el bolso plateado pegado a mi pecho, pero yo me resistí como si aquel pequeñísimo accesorio fuera un escudo. Al final del forcejeo el ganó con unas risitas, en lugar de enfadarse. Se alejó de mi y puso la bolsita plateada en la mesa en la cual descansaba una botella de champan, que se estaba enfriando en una enorme cubeta dorada.
Mi mirada estaba perdida, no enfoqué nada en aquella habitación, ni la hermosa vista con la cual me había impresionado en un principio, ni en la temible cama, ni mucho menos en la ancha espalda de Jacob cubierta por el suave saco de su esmoquin negro.
Estaba temblando de pies a cabeza y fue vergonzosamente evidente cuando Jacob me ofreció una burbujeante copa de champan; la cual me tomé de un solo trago causando la gracia de mi captor.
Sin decir una palabra se acercó a mi y besó mi cuello, mi hombro descubierto. Trató de que le correspondiera a sus caricias, pero yo era una estatua a punto de romper a llorar.
Sus caricias no eran del todo desagradables, él sabía lo que hacía, pero yo no debía corresponderle.
Jacob se deshizo de su saco y se quitó el corbatín negro, regresó conmigo desabotonando su camisa. Trató de besarme en los labios pero yo me resistí. No quería que me besara, no quería corresponderle. La ultima vez que sus labios se posaron en los míos, le correspondí de una manera desconcertante. Si no fuera por que Heidi nos interrumpió tomada del brazo de "Matthew", no tengo idea de si me hubiera detenido. No volvió a insistir en besar mis labios, pero los suyos no se despegaron de mi piel.
Cerré los ojos y dejé que sus manos recorrieran mi cuerpo sobre el vestido purpura. De rato en rato se detenía y escuché como comenzó a desvestirse. Yo aun estaba vestida y de pie a media habitación, esperando a que todo aquello acabara para poder largarme de ahí.
Di un respingo cuando lo sentí a mi espalda, besando mi cuello con la respiración agitada bajando el cierre de mi vestido, el cual se deslizó hasta el suelo en un segundo.
-Quítate los zapatos - ordenó en un susurro y una pequeña lagrima salió de mis ojos, aun cerrados.
Lo obedecí y quedé diez centímetros mas baja de estatura.
Pegué un grito cuando el piso se desvaneció debajo de mis pies, por que Jacob me tomó en brazos para llevarme a la enorme y alta cama.
En el momento en que mi cabeza tocó las almohadas pachoncitas, lo vi gatear hacia mi solo en boxer negros, luciendo su trabajado cuerpo, mirándome profundamente con sus ojos de onix liquido... algo... algo paso en mi. Sentí el peso de Jacob sobre mi cuerpo, así como su erección restregándose contra mi pelvis y mis manos viajaron por su espalda...
Acepté gustosa las caricias de Jacob Black, que minutos antes repudié. Recibí sus besos profundos durante tantos minutos, que por un momento pensé que me desmayaría por la falta de aire.
Sus manos se deshicieron de mi lencería y de su propia ropa interior, con lentitud y sensualidad.
Aquella vorágine que me había poseído, no cesaba. Que me estaba ocurriendo? Por que me estaba comportando así?
Un suave y agudo gemido salio de mis labios -contra mi voluntad-, cuando un dedo de Jacob se deslizo en mi mas que húmedo centro. En cambio el gruño muy bajito en mi oído, mientras su otra mano trataba mis senos con maestría.
Me entregué a Jacob, dejándome llevar por sus caricias expertas, por sus besos húmedos y apasionados. Me deje envolver por sus brazos fuertes, murmurando su nombre. Acepté sus besos como si hubiera estado esperándolos por años. Sus manos no dejaron de recorrer mi cuerpo ni por un segundo, moldeandome a su gusto, haciéndome gemir como nunca pensé que lo haría en su lecho.
Mis manos también exploraron su cuerpo, sus brazos, sus hombros, su rostro, su espalda ancha. Bese su cuello, mordí sus labios, enrede mis dedos en su lustroso cabello negro, mientras mi cuerpo se arqueaba contra el suyo de manera casi dolorosa. Me retorcía de placer en esa cama, como si fuera una víbora en un terreno salvaje.
Mi sexo húmedo y excitado, se amoldaba perfectamente al suyo grueso y endurecido... como si fueran dos piezas que encajaban. No había dolor, solo placer. Un placer indescriptible que nunca en mi vida imaginé. Recordaba vagamente encuentros en los que llegué a las nubes, pero siempre había un pequeño dolor de por medio. Esa noche no había habido dolor, solo placer... y miedo. Pero ese miedo se había ido y no tenia ni idea de a donde.
Durante nuestro largo, candente y prohibido encuentro no hubo palabras de amor, solo sonidos que delataban el placer y deseo por nuestros cuerpos unidos. No esperaba que aquellos gemidos fueran a salir de mi boca. Así como tampoco esperaba arrumacos post coito. Aquello solo era sexo para salvar mi vida y la de Alec. Básicamente era una prostituta. Al final de todo eso... obtendría algo a cambio. No era dinero... pero era mas valioso. Obtendría mi felicidad.

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Cuando desperté, lo hice muy desorientada. Estaba hecha bolita en el extremo izquierdo de la cama, dándole la espalda a la pared de cristal de la habitación blanca. Por un momento no supe donde estaba y no recordaba en su totalidad la noche anterior. Pero en en segundo siguiente todo vino a mi cabeza, como un torbellino, lleno de imágenes que no quería volver a recordar en toda mi vida..
Me removí un poco en la cama y supe que estaba completamente desnuda. Traté de moverme con cuidado para no despertar a Jacob cuando me fuera de su habitación, pero fue inútil. El ya estaba despierto y muy cerca de mi.
Me armé de valor incorporándome en la enorme y alta cama de sabanas blancas y me cubrí con ellas antes de hablar, dándole la espalda.
-Puedo... puedo irme hoy?
-Irte? A donde?
Lo sentí moverse tras de mi.
-A... a Boston... Con Alec.
Jacob soltó una carcajada suave. Voltee a verlo indignada.
-Tu... no vas a ir a ningún lado - murmuró con una sonrisita petulante, dejándome helada.
-Que?! Pero tu dijiste que si tenia... sexo contigo... yo podría irme - el enorme nudo en mi garganta quebró mi voz irremediablemente.
-Exacto. Sexo - tuvo la osadía de besarme el hombro.
Me quité gruñendo, asqueada.
-Y que fue lo que hice anoche?! Un espectáculo con marionetas?!
-Me encanta cuando me gritas. Pero mas cuando dices mi nombre en susurros agitados.
Hice un sonido de desagrado. Estaba a punto de ponerme a llorar, asesinarlo y aventarme por la ventana.
-Te odio - mi respiración se agitó.
-Ya ni tu misma te crees eso - se acercó a mi jalando la sabana que me envolvía.
-Déjame ir! Tu lo prometiste. Tu dijiste que...
-Yo dije que si tenias sexo conmigo salvarías la vida de Alec y la tuya. Pero tu y yo no tuvimos sexo -susurró muy cerca de mis labios, dejándome paralizada, con la espalda pegada a la cabecera acolchada de esa cama de proporciones ridículas-. Tu y yo hicimos el amor.
Ni tiempo me dio de replicar a su comentario tan repulsivo. Estampó sus labios en los míos y metió su suave lengua en mi boca.
Sus besos me recordaron completamente la noche anterior, de cabo a rabo y con una gran tristeza, casi suicida... supe que Jacob no mentía. Si me hubiera quedado quietecita, sin hacer nada y presa del miedo... si hubiera sido sexo.
Pero no.
Me entregué a Jacob Black. Disfruté cada instante... Me perdí en la profundidad de sus ojos... Sus caricias me habían enloquecido... Me había entregado completamente a el.
Jacob terminó el beso sacando su lengua casi de mi garganta y me miró... raro. Unió sus labios a los míos un instante mas y las palabras que salieron de sus enrojecidos labios, jamas las vi venir.
-Quédate aquí... unos días... No te vayas aun - me pidió tomando mi cara entre sus manos.
Si no vi venir esas palabras... muchísimo menos mi respuesta.
Solo asentí totalmente indefensa, viendo sus profundos ojos cálidos. No había ni siquiera una ligera capa de hielo.
El hombre que tenia frente a mi, no se parecía en nada al que conocí en Boston cuando me apartó de Alec... y definitivamente... yo tampoco era ya aquella chica locamente enamorada. No me reconocía a mi misma...
En que momento me perdí?
En que monstruo me había convertido?