Como dije hace tiempo (parece que pasaron años), el AI del grupo del whatsapp tenía que sufrir. Estrellita de mi vida de mi corazón, no lo tomes a mal, pero tenía que "regalarte" un dramón para que sufrieras. Mañana seguiré subiendo (esta vez sí), tus diferentes regalos, a ver si me da tiempo a uno por día.


25 de diciembre. Día en el que millones de muggles hablaban de paz y amor a los demás. Día en el que niños de todo el mundo, emocionados, recibían sus regalos de Navidad.

Tonterías.

Para Draco el 25 de diciembre era diferente, fue el día en el que volvió a verla y, por primera vez, la vio como ella era realmente.

¿Pelo tan enredado que parecía un arbusto marrón y medio muerto pegado a la cabeza de alguien? Por supuesto. ¿Dientes ridículamente perfectos después de que Mandame Pomfrey se los acortara mágicamente? Obvio. ¿Estúpida aura de los típicos héroes trágicos que provoca que todo el mundo la adore? No podía faltar.

Y lo que pensó después casi consiguió que se golpeara. Sin duda, se golpeó mentalmente. Su cabello era único, haciendo que él se fijará en ella incluso antes de saber que era ella. Sonreía a una niña (de cabello tan horrendo como el propio y de un rojo zanahoria horrible), su sonrisa era tan cálida que se le encogió un poco el corazón al verla.

La nieve caía mientras él recordaba.

Primero ella se había vuelto hacia toda la gente que los rodeaba en pleno callejón Diagon, buscando a quién fuera que la estaba observando. Después se fijo en él. Supo el momento exacto en el que lo reconoció. Sus ojos se agradaron y un brillo de reconocimiento pasó por ellos. Luego lo miró como hacía años que no lo miraba nadie, sin odio ni rencor. La odió por no temerle, la odió porque no lo odiara a él.

Después se odió a sí mismo al descubrir que necesitaba esa sonrisa.

Draco creía recordar que estaba en el London Bridge, era un puente hermoso. Ella se lo había mostrado cuando, poco a poco, habían dejado la relación cortés de dos viejos compañeros de colegio a dos colegas que pasan tiempo juntos porque están cómodos con el otro.

Nunca pensó que llegaría a estar alguna vez cómodo con ella. Nunca pensó que ella arriesgaría su vida para salvarlo a él, dejando a una pequeña niña de horrible pelo rojizo y a un pequeño bebé de ojos castaños atrás. Nunca creyó que lloraría mientras era testigo de cómo la vida abandonaba sus ojos. Tampoco imaginó que él pensaría en acabar con su propia vida, nunca se creyó tan cobarde.

Ahora, mientra caía al vacío, tenía la certeza de que la felicidad jamás fue hecha para alguien como él.