La canción del capítulo anterior se llama Stay away y pertenece a Larc en ciel, para aquellos que no lo sabían. Sí, elegí la voz de Hide para Seiya =)

Disclaimer: Sailor Moon en mi opinión no debió haber sido princesa, con que fuera una guerrera simplemente me habría bastado. Tal vez así, se hubiera podido haber escapado con una estrella fugaz. Aaww. 3

Disclaimer 2: Los nombres de las sailors del planeta Kinmoku son propiedad de Bansheeyris


"Día siete: la princesa de la Luna."

-Aaah...

El cuerpo le dolía. Avanzaba con paso lento hasta que por fin llegó al pequeño baño de la estancia en la que estaba. Un departamento en el centro de la ciudad, planeado así para poder moverse más rápidamente de un lado a otro. Se detuvo frente al espejo, sosteniéndose del lavabo de porcelana; el sudor le escurría por la frente y en el rostro se le dejaba ver el cansancio de recientes batallas y noches sin sueño. Jedaite lo había herido, aunque no de gravidez, la falta de descanso le hacía sentir que se desvanecería en cualquier momento.

Excepto en ese. Había sentido una presencia, un nuevo resplandor que no se había mostrado el resto de la noche. Su cuerpo se puso rígido de golpe, atento, escuchando. Pudo sentir el aire frío que entraba sin duda por el balcón de la sala, era evidente que por ahí se había colado esta nueva presencia que sin duda pretendía hacerse notar al dejar las puertas corredizas abiertas.

"Pues bien, no la haré esperar." Se dijo mentalmente el moreno, mientras hacía un esfuerzo por mantenerse firme mientras avanzaba hacia la sala, sin que se notase que no estaba en condiciones de estar de pie. Y era gracias a su gran dominio de sí mismo que lo consiguió sin problemas. Se detuvo justo al final del pasillo, tan pronto notó la silueta de una sailor en medio de la sala. El semblante de él se enserió, tomando una actitud defensiva.

-Tranquilo, sólo he venido a hablar -le aseguró la figura femenina -Endymion.

-¿¡Ah! -Ante la mención de su nombre los ojos del joven se abrieron en asombro. Nadie lo llamaba así, ni siquiera Setsuna lo hacía y ella era la única que conocía su verdadera identidad.

Darien miró con más atención y cuidado a la joven frente a sí. El lugar estaba en penumbras y no podía verla claramente, pero podía distinguir su traje de Sailor, y el característico peinado de coletas coronados por chonguitos.

-Sailor... Moon? -cuestionó incrédulo.

-No exactamente pero sí. -Fue la respuesta de ella. Darien intuyó que estaba sonriendo por el tono en el que hablaba. Y entonces fue el turno de ella para verlo más detenidamente -Estás herido -declaró y él casi sintió cómo ella había perdido la sonrisa pero no por preocupación sino confusa, casi hasta disgustada.

-No es nada. -Aseguró él, irguiéndose aún más como si el gesto le diera valor a sus palabras, pero ella sólo lo miró aún más incómoda, así que decidió cambiar el tema e ir directo a lo importante -¿A qué has venido?

Hubo un pequeño instante de silencio entre ambos, como si ella no le hubiese oído o como si estuviese aún más inmersa en pensar otras cosas, pues en lugar de responder a la pregunta, decidió hacerle otra a él.

-¿Qué tanto es lo que recuerdas?

-¿Por qué debería decírtelo? -fue la respuesta inmediata de él, con molestia.

-Ya te dije que no soy el enemigo

-¿Y por qué habría de creerte? -le cortó.

La sailor se quedó callada de nuevo, esta vez realmente concentrada en la figura de él y decidiendo cómo ordenar sus palabras.

-Soy la princesa de la Luna -declaró.

-Prince...? ¡Tonterías! -El asombro pasó a confusión y luego a enojo, no habría forma alguna de que él creería aquello -El reino lunar desapareció hace milenios

-¿De verdad? -le cuestionó interrumpiendo su alegato y había de nuevo el matiz de la risa en sus palabras. -¿O ha sido eso lo que les han hecho creer?

El moreno no sabía cómo responder ante esto y dándose cuenta que no llegarían a ningún lado discutiendo el pasado, decidió hacer lo mismo que ella había hecho y obviar su pregunta con una nueva. Una que realmente le interesaba.

-¿Cómo es que sabes quien soy?

-De la misma forma en que reconozco a un enemigo, por tu resplandor -La sonrisa se dibujó de inmediato en el rostro de ella e incluso en la oscuridad se podía apreciar el fino gesto; parecía realmente divertida con la perplejidad que mostraba el rostro del chico. -El brillo del cristal dorado te rodea -le dijo señalándolo, -pero no basta con tenerlo, se necesita ser descendiente de los protectores de la Tierra para poder usarlo. -Explicó cruzándose de brazos. -Por lo que puedo ver has estado usando el poder del cristal dorado, aunque de forma incorrecta.

Aquello ya le había sonado como un regaño. Un sermón bastante bien merecido y quizá era por eso que le había molestado lo suficiente como para evitar el demostrarlo en su semblante. Así que se negó a seguir dando rodeos.

-¿qué es lo que quieres realmente? -cuestionó entre dientes.

La sonrisa de la sailor se hizo aún más grande.


Luna y Artemis descansaban en el interior de una Van, cuando Mina llegó tras haber terminado una de sus ya tantas misiones, metiéndose con ellos por la puerta de atrás. Con gesto elegante y desentendido jaló de las cintas que ataban su cabello mientras la transformación desaparecía, sus finos hilos dorados le rodearon la espalda cual si fueran una cascada. Luna se levantó de su asiento en cuanto ésta entró y le acercó una silla en la que la rubia se sentó casi con prisa y pesadez.

-¿Sigue siendo el mismo?

-Lo es -afirmó la rubia y parecía que hubiese lanzado el aire con fuerza al responder aquello -Con peor carácter, pero lo es -se quejó.

Artemis la miró a través del espejo retrovisor desde su posición al volante.

-¿Y el cristal dorado?

-Está en su poder, pero aún no sabe cómo usarlo -le dijo, mientras dejaba que Luna tomara el broche lunar con un pañuelo para cuidadosamente guardarlo.

-Eso significa que aún no ha recuperado sus recuerdos -concluyó el platino, mientras maquinaba otro plan en su mente.

El fastidio de Mina se hizo evidente entonces ante aquél comentario.

-Y no entiendo por qué. Siendo el soberano uno esperaría más de éste.

Luna sonrió comprensiva, mientras que Artemis se dedicó a reprocharle.

-Mina, sabes bien que es deber de los líderes el proteger al soberano, que no conozca su identidad él mismo es parte de una ventaja para mantenerlo oculto del enemigo

-Se piensa eso pero en realidad es peor -le interrumpió ella -Podría morir en un enfrentamiento por no saber quién es.

Esta vez fue Luna la que habló, sin dejar un momento de sonreírle comprensiva. Interiormente ella pensaba igual que Mina.

-Por eso es que están los guardianes para protegerlos, como tú Mina.

Sin embargo a la rubia no se le acababan los argumentos y al instante refutó mientras se cepillaba el cabello.

-Pero eso es diferente, yo he consagrado mi vida a ella, mientras que los cuatro reyes del cielo por segunda vez intentan destruir a su Máster, ¡qué patético es eso!

"Los cuatro Reyes del Cielo", la sonrisa cayó del rostro de Luna, quien había tenido que vivir de cerca la antigua batalla en el Milenio de Plata y quien mejor había conocido a los generales de la Tierra. Sabía lo fácil que habían sido engañados la primera vez y lo imposible que había sido recuperarlos la segunda, salvo quizá por Neflyte, quien se enamorara de Molly y eso lo hiciera cambiar. Su siguiente pensamiento fue aún más triste al recordar el amor que no había sido lo suficientemente fuerte con Jedaite...

-No sabemos bien qué es lo que pasó Mina -refutó Artemis y su voz destruyó la ensoñación de los recuerdos de Luna -por eso es que necesitamos las memorias de Usagi y Mamoru

-Serena y Darien -le corrigió la rubia -así es como se llaman ahora. De cualquier forma ninguno de los dos recuerda nada importante. -se quejó inflando los cachetes.

-Y es por eso que hemos de cuestionar a alguien más -le recordó el platino, no sin cierto reproche en su voz, Mina fue lo suficientemente inteligente como para ya no refutar.

Luna aprovechó para intentar reanimar el tema viendo la dirección que había tomado la conversación.

-Cuesta creer que pertenecían al Milenio de Plata -exclamó sonriente -¿cómo fue que terminaron en el planeta de las flores de fuego?

-Olvídate de eso -le interrumpió Mina un tanto escandalizada -¿cómo fue que terminaron siendo mujeres?

-¡Mina! -Le reprocharon ambos guardianes.

-Ya, ya, lo entiendo. -aceptó haciendo gesto con las manos como intentando contenerlos -De igual forma el enfrentamiento tendrá que esperar hasta después -declaró más animada, decidiéndose a tomar el vestido azul que colgaba en el respaldo del asiento -todavía tengo una fiesta a la que asistir.


El éxito del concierto había sido evidente. Los espectadores bailaron las dos horas que duró aquél show, tarareando incluso las canciones de los Three Lights aún a pesar de no conocerlas. La magia del ritmo y las letras habían cautivado al público que quedó deseoso de oír aún más.

Incluso para Haruka, que había decidido abandonar la escena, recordar que su hermana estaba en el escenario siendo relativamente responsable de los acordes que escuchaba, le fue imposible retirarse al final. Y sin embargo, no fue capaz de acercarse a su koneko debido al temor de tener que reencontrarse con Michiru. Todavía no estaba listo para salir del trance en el que había entrado tras la lucha anterior. En especial por la persona que había reconocido.

-¡Haruka!-la voz de Serena lo hizo reventar aquella burbuja en la que se encontraba. Su hermana había corrido hacia él en cuanto lo había visto entrar al salón en el que celebraban el éxito del concierto. -¿Dónde has estado? No te vi en los camerinos ¿Qué te pareció el concierto? -le atacó ésta con preguntas, mas se detuvo al percatarse de que su hermano la miraba con el semblante demasiado serio -¿Haruka?, ¿está todo bien?

-Koneko... -le llamó él.

Ella lo miró con timidez, temiendo que hubiese ocurrido algo malo como que se hubiese dado cuenta de que Seiya había pasado la noche con ella. Y habría cruzado los dedos sino fuera porque tenía las manos al frente, cruzadas sobre el pecho.

-¡Ah!

Y como siempre y para su suerte, su hermano había terminado sorprendiéndola haciendo lo inesperado. La había abrazado con fuerza, sin previo aviso y, posicionando su boca en su oído, le dijo...

-Tal vez no deba decirte esto pero...Creo que encontré a Daniel

-¡! -los ojos de Serena se abrieron en asombro.

Daniel era el hermano mayor de ambos y que actualmente estaba perdido. Perdido porque no querían tener que admitir que sin razón aparente los había abandonado, no sólo a ellos sino también a sus padres. Daniel, que tenía la habilidad de molestar a Haruka como éste molestaba a Serena y que la había consentido con creces cuando niña.

Daniel, por el que su padre había vuelto a la bebida...

La rubia movió sus labios una y dos veces, pero no salió sonido alguno de ellos. Estaba conmocionada y su hermano se dio cuenta al instante.

-No te preocupes, lo hablaremos mañana -le dijo, plantando un beso en la frente de ella -Procura no llegar tarde

-¿Tarde? -La voz chillona por detrás de ellos los sacó de la escena que estaban compartiendo y ambos giraron para ver a la recién llegada.

-¡Mina!

La aludida sonreía de oreja a oreja mientras posaba sus manos sobre sus caderas en un modo coqueto y dando saltitos se acercó al rubio.

-Querrás decir temprano, la fiesta termina a las 6 de la mañana -le dijo burlonamente, conciente de que al chico no le gustaba dejarlas salir de fiesta sin su compañía -Sigues siendo un aguafiestas Haruka

El chico sonrió al instante. ¡Cómo había extrañado a esa chiquilla!

-Y tú sigues igual de hermosa y exquisita -le dijo, tomando uno de sus mechones para plantar un beso en éste.

-Dado que eres mi primo no haré caso de tu comentario -respondió sonrojada apesar de saber que no era mas un juego aquel coqueteo.

-Me hieres pequeña -fue la respuesta de él que se apartó al instante.

-Más tarde prometo curarte la herida -le dijo, dibujando un corazón sobre su pecho.

Acto que no pasó desapercibido por ciertos presentes, en especial un platino el cual Haruka había sido capaz de visualizar de inmediato, su sonrisa se estiró de un lado.

-Parece que te están mirando -le dijo a Mina sin despegar la vista de la mirada del otro sujeto.

-¿No lo hacen siempre? -se bufó ella quitándole importancia.

Haruka rió por lo bajo.

-Diviértanse pequeñas -fue lo último que les dijo antes de salir y perderse de vista tras la puerta de entrada.

Mina avanzó hacia el centro del salón, hacia la pista de baile en donde la mayoría de su equipo se encontraba.

-Pensé que no vendrías -le dijo Serena tan pronto la alcanzó.

-¿Y perderme mi propia fiesta? ¡Imposible! -se bufó ella robándole el trago a su amiga y devolviéndose una vez lo hubo vaciado.

-Hagamos un brindis ahora que estamos todos -les habló Taiki y todos respondieron alzando su bebida.

Yaten se acercó entonces bebida en mano y el ceño fruncido.

-¿qué sucedió con tu lapa blanca?

La aludida lo miró un segundo antes de entender de quién estaba hablando.

-¿No te referirás a Artemis? -inquirió relativamente asombrada.

-¿Así es como se llama?

-¡Yaten!-se escandalizó -¿Acaso percibo celos en ti? -le acusó de forma coqueta y él, apesar de su sonroje, respondió con molestia

-¡Ni en tus sueños niña malcriada! -le dijo dándole la espalda para irse lejos de ella.

Mina sonrió de forma maliciosa, en primera porque había conseguido arrebatarle la bebida al platino cuando éste se quejo siendo incapaz de darse cuenta y en segunda...

"Dices eso pero serás el primero en caer", pensó para sí. Especialmente tras recordar que en unas horas más se enfrentaría a él.


Se decía que Ilusión era el lugar desde el que el soberano de la Tierra observaba todo lo que ocurría en esta y era capaz de ubicarse en el lugar que deseara debido a la magia que la tierra representaba, se decía que era su hogar. Pero también se decía que había una tierra media entre el hogar del rey y el hogar de su pueblo... Era donde sus cuatro generales descansaban. Cinco puntos en concreto, cuatro de ellos conectados con distintas regiones de la Tierra y el último punto era el puente que conectaba a Ilusión.

Pero lo que en un tiempo había sido un santuario, ahora parecía más bien una cueva abandonada, un jardín sin cuidar desde hacía décadas, un lugar carente de calor.

Jedaite descansaba sobre el suelo húmedo, jadeante, aspirando a sorbos el aire del lugar para poder curarse las heridas. Así estaba cuando su hermano lo encontró.

-Es deprimente verte en este estado hermano.

El rubio dirigió la vista al recién llegado y le reconoció al instante a pesar de lo mal que se encontraba como para mantener la vista fija.

-Nephrite

-Esperaba algo más de ti -le dijo el pelirojo, tomando asiento en una roca cerca de él -Bueno, al menos no eres un pelele como Kunzite -se burló sin sonreír.

-Hn -jedaite desvió la vista con molestia y quizá algo de verguenza, era difícil de decir pues ocultaba su rostro -Es por culpa del cristal dorado que Mars logró atacarme - se excusó.

-¿De verdad? ¿No habrá sido por algo más?

-Ya te dije que esa época terminó -gruñó. Y las manos se le cerraron en puño tras el esfuerzo de mantenerse sereno.

Nephrite suspiró.

-Parece que sólo el romance de los príncipes era verdadero -concluyó

-¡Una maldición es lo que era! -refutó Jedaite ya incapaz de contener su rabia -Nos abandonó a nosotros, pudo habernos dicho la verdad, le habríamos seguido, ¡pero decidió hacernos a un lado! -se quejó mirando al fin a su hermano que lo miraba atento pero sin emoción alguna más allá del brillo cauteloso en su mirada -No se lo perdonaré. Incluso nos dejó morir, sin siquiera recordarnos.

-Fue la energía de Metalia la que no permitió que recordáramos en aquella época -le recordó sin estar seguro de si estaba justificando a su maestro -ni siquiera Kunzite fue capaz de escapar de la maldición.

-¡No importa! -negó el rubio -A su princesita no tuvo problema en recordarla

-Ciertamente -aceptó Nephrite pero aún muy lejos de darle enteramente la razón -Pero nosotros también fallamos como comandantes, ni siquiera pudimos rescatar a Beryl

Jedaite desvió la vista al escuchar el nombre de quien fuera su mejor amiga y a quien dos ocasiones había sido incapaz de salvar.

-Así tengamos que revivir al Negaverso, recuperaremos su vida, por el bien de este planeta -aseguró, la rabia se había visto desplazada por la determinación -Fuimos nosotros quienes destruimos el Milenio de Plata y esta vez tendremos el control sobre Metalia, nuestro único obstáculo

-El cristal de plata.

Ambos hermanos giraron la vista hacia el tercero en posición, el segundo hermano más grande.

-Hasta que decides aparecer, Zoycite -le dijo el rubio, como esperando que el aludido se justificase aún a pesar de saber que no lo haría.

Nephrite por su parte lo miró peresozamente, como si reparara en su persona más que en su presencia.

-"El que lo oye todo", ¿qué te han dicho ahora esos vientos del Norte?

El aludido respondió con esa tranquilidad característica de él.

-He escuchado que todas las sailors de este Sistema Solar, salvo Sailor Plut, se encuentran aquí en Londres

-Eso podría complicarnos las cosas -inquirió el rubio con un cierto deje de preocupación.

-O facilitárnoslas -pero su hermano como siempre iba un paso por delante.

-¿qué tienes en mente Nephrite?

Zoycite lo miró entonces, compartiendo el mismo deje peresozo al analizarlo.

-Nephrite "el que lo ve todo", ¿acaso las estrellas te han revelado el camino?

-Podría decirse -aceptó éste, mientras se ponía de pie y empezaba a caminar hacia su propio santuario sin revelar nada más que aquella respuesta. Dejando a sus hermanos atrás, abrió de nuevo los ojos concentrándose en un sólo pensamiento. Un único recuerdo que lo había atormentado desde su lecho de muerte.

"Molly"

...murmuró a la oscuridad.


Serena estaba de pie recargada en el balcón del salón del hotel en el que se llevaba acabo la 'after-party', como le decía Mina, perdida en la inmensidad del cielo nocturno que albergaba una luna tan clara como el agua de un río, pero difusa tras casi confundirse con el oscuro del cielo. Había bailado, cenado y bebido quizá un poco más de la cuenta, pero no lo suficiente como para olvidar. Tras sentir que la cabeza le daba vueltas había decidido salir a tomar aire y perderse en aquella vocecita que le picoteaba hasta el alma con sus constantes inquisiciones.

-¿Disfrutando de la noche?

Serena sonrió al instante en que oyó la voz de Seiya detrás de ella y respondió sin necesidad de voltearse. Encajaban tan bien su esencia con la de él que nunca conseguía sobresaltarle... al menos no en una mala manera.

-Puede decirse

Seiya deslizó sus brazos por la cintura de ella y Serena aprovechó su cercanía para recostar su cuerpo sobre el de él.

-Has estado muy callada desde que Haruka se fue, ¿ocurre algo?

Claro que ocurría algo, pensó Serena, siempre ocurría algo. Pero cómo era él capaz de darse cuenta era algo que la tenía completamente perdida. Se giró de frente a él en un intento de desviar el tema, acercando su rostro con el de su compañero.

-Mejor bésame -le dijo

Pero Seiya le tomó las manos con las que pretendía rodearle el rostro antes de que llegaran a su destino.

-¿Qué pasa? -le cuestionó mirándola a los ojos, con la clara preocupación en ellos.

-Nada -ella le desvió la mirada.

-Sere -y él le atrajo el rostro al suyo al tomarla gentilmente por la barbilla.

La rubia suspiró, tras saberse vencida pensó que quizá no le haría ningún mal compartir sus preocupaciones con él, después de todo era su novio.

-¿Recuerdas a Daniel?

-Claro que lo recuerdo, es imposible olvidar al más rebelde de tus hermanos -bromeó verdaderamente contento, había sido el único de los hermanos de Serena con el que él había conjeniado. Tenían casi la misma edad, apenas medio año de diferencia y solían pasar el tiempo juntos fastidiando a la pobre Serena, a escondidas claro de Haruka. Pero luego la sonrisa se desdibujó. -Es por culpa de él que tu padre aún bebe.

-Sí -Serena bajó la mirada automáticamente tras aquél comentario. No era secreto los constantes enfrentamientos entre su hermano y su padre, quien tras la desaparición del mismo se culpaba constantemente de ello.

-¿Qué pasa con él?

-Haruka me dijo que tal vez lo haya encontrado

-¿En serio? -los ojos de Seiya se abrieron en asombro, pero también tenía la esperanza de poder reencontrar a un viejo amigo -Eso es bueno, ¿no?

-Supongo -fue la respuesta de ella desviando la vista.

Se habría mordido el labio si no fuera porque estaba delante de Seiya y eso podría delatarla. Delatar el hecho de que ella sabía muy bien la verdadera razón por la que su hermano había desaparecido y que lo que menos quería era encontrarlo. Pero no podía decirle eso.

Ni a él. Ni a nadie.

-No pareces muy contenta -como lo había presentido Seiya notó el 'algo' que la incomodaba y no se quedaría callado tras verlo.

Así que ella decidió darle la excusa que se esperaría escuchar de alguien a quien ha perdido a un hermano.

-No quiero ilusionarme es todo, ha pasado casi un año

-Comprendo -asintió él y de inmediato la envolvió en sus brazos -Hey, todo va a estar bien, estoy contigo ¿recuerdas?

-Sí -La rubia sonrió, esta vez en serio. Esa era la única verdad que no quería que desapareciera.

Y no era la única que albergaba este pensamiento. Su compañero deseaba lo mismo y así se lo hizo saber.

-Ahora, ¿dónde estábamos?

Tras colocar sus manos en las pompas de ella.

-¡Seiya! -gritó ella escandalizada y tratando de alejarse de él en vano, la tenía bien agarrada.

-¿Qué? Nadie está mirando y tengo derecho a toquetearme con mi novia o no? -le cuestionó coqueto, subiendo sus manos por la espalda de ella.

Serena se ruborizó.

-Sí pero Haruka te matará si se entera -refutó intentando de nuevo alejarse, mientras dirigía la mirada al interior del salón, preocupada de que alguien los viera.

Él volvió a atrapar la mirada de la rubia pegando su frente con la de ella.

-Pero Haruka no está aquí y tú no vas a decirle nada, ¿a que no?

-Eres un...

-Encanto, lo sé -le interrumpió él al instante, a sabiendas de que ella sonreía por debajo del rechinar de los dientes -yo también te quiero bombón.

Y tras aquellas palabras ella fue incapaz de resistirse, se entregó a sus brazos y dejó que le envolviera el cuerpo en caricias y besos. Recordándose a sí misma que no podría escapar por siempre de su destino y que más le valdría disfrutar ahora mientras aún le tenía.

¡Oh!, si sólo Seiya supiera lo que ella sabía...


-Apenas y puedo sentir mi cabeza -fue la queja de Yaten mientras se frotaba las sienes una y otra vez con cansancio.

Como Mina había predicho, la fiesta había terminado alrededor de las seis de la mañana y la mayoría de los invitados ya se habían desvanecido para entonces. Yaten había intentado seguirle el ritmo a la rubia en un infantil intento de no perder ante ésta. Pero era evidente que la práctica hacía al maestro y que en este caso el maestro había sido la chica, después de todo llevaba mucho más tiempo que él viviendo esa vida y como consecuencia toda la odisea pasaba a cobrarle factura justo ahora.

-Mejor que te sobrepongas, tenemos que rodar -le dijo Taiki, quien tenía una mucho mejor pinta que su compañero, lo cual era algo lógico considerando que la madurez del mismo le había detenido de sobrepasarse; incluso recordaba el que se había ido a la habitación temprano entre comillas, bueno al menos tres horas antes que él, ¿y a qué hora se había ido él?

-¿Estás de broma no? -refutó Seiya, que en ese momento acababa de levantarse del suelo donde había estado recostado.

A pesar de haber rentado la habitación tipo lobby con camas individuales para cada uno, el moreno había llegado tan cansado, que apenas y había logrado recostarse sobre uno de los mullidos sillones y durante la noche al parecer, había caído fuera de éste.

Taiki quizá había sido el único que había dormido decentemente en su habitación, quien le dirigió una mirada seria al moreno.

-¿Parece que estoy bromeando?

-No, por supuesto que no -respondió Seiya resignado y algo divertido de ver que tanto en la vida anterior como en esta, Taiki seguía siendo el mismo.

Yaten por su parte había tomado una toalla y se disponía a dirigirse al baño cuando cayó en cuenta de que la habitación perteneciente a Serena estaba vacía y presentable, muy opuesto a la chica en cuestión, así que se giró a sus compañeros para preguntar por ella.

-¿Y Serena?

-Se fue con Mina tan pronto se apagaron las luces -fue Seiya el que respondió y en su tono se notaba que aquello le había disgustado -Vaya manera de arruinarme la fiesta

Yaten enarcó una ceja con sospecha.

-¿Pretendías dormir con ella?

-Al menos iba a intentarlo -confesó el otro

-Me repugnas

-Cuando menos él es honesto -interrumpió Taiki que ya estaba listo para salir.

El platino lo miró con molestia.

-¿Qué insinuas? -preguntó y el castaño no pudo por más que sonreír ladinamente.

-Justo a eso me refiero -le dijo y le lanzó la playera al rostro.

-Wah, oye! -se quejó Yaten.

-Ahora vístete que es tarde. -le ordenó.

-¿Pues qué hora es? -preguntó Seiya buscando su celular mientras lo hacía.

-La una en punto. -Declaró el castaño.

Tras haber dicho aquello ambos chicos comenzaron una carrera contra el tiempo, maldiciendo cada uno el haberse quedado dormidos de más y el que Taiki no los hubiese levantado más temprano, después de todo se suponía estaban en el mismo equipo. Y sólo podían agradecer el que la grabación fuera hasta las cuatro en punto o de lo contrario seguro era que ya habrían perdido su contrato.

Una hora después los tres chicos estaban en la van rumbo al East Sussex, la famosa playa de Brighton en donde permanecerían cerca de una semana; atenderían uno de los festibales como banda invitada, grabarían dos videos musicales (uno con Mina y otro exclusivo de Three Lights). Volverían a la escuela después de eso, la transferencia ya había sido hecha. Ahora sólo dependía de ellos, de su música más que nada, para seguir viviendo ese sueño.

Taiki se dedicaba a trabajar en la computadora, aunque los otros dos no estaban seguros de en qué exactamente. Yaten escuchaba música de su Ipod a un volumen nada considerado, por lo que sus audífonos colgaban de su cuello en lugar de estar en sus oídos. Seiya por su parte no despegaba el ojo de su celular, hasta que tuvo necesidad de estirar los brazos.

-Apenas y dormí las seis horas -se quejó a medio bostezo.

-Has estado muy al pendiente del teléfono, ¿algo en especial? -le preguntó Yaten que no había dejado de observar a sus compañeros.

-Por si no lo has notado, bombón no está con nosotros -respondió Seiya como si eso explicara todo y en cierta forma lo hacía.

-Cierto -asintió el platino a sabiendas de que esos dos andaban juntos. Pero intrigado de la preocupación que bailaba en los ojos de Seiya cada tanto que veía la pantalla de su celular y se preguntó si habría algo más de por medio.

Y no estaba tan equivocado. Por enésima vez, Seiya revocaba el mensaje que Rei le había mandado, apesar de haberlo borrado tan pronto como lo había leído, podía imaginar las letras en la pantalla en blanco del buzón de entrada.

'Él ya está aquí.'

No era tonto y sabía sin problemas a quién se refería el Él que Rei había escrito. Mamoru Chiba también había reencarnado al parecer y era de esperarse. Así como también era de esperar el que volviera a aparecer cerca de la reencarnación de la princesa Serenity. Y eso significaba que debía apresurarse a hacer mucho más fuerte su lazo con Serena.

Justo había vislumbrado este pensamiento cuando la van se detuvo. Habían llegado al lugar de grabación. Entre comentarios sin importancia bajaron del vehículo para dirigirse al set en donde Mina los recibió con una amplia sonrisa. Internamente los tres chicos se cuestionaron de dónde demonios sacaba tanta energía esa niña.

-Pensé que no lo lograrían -se mofó la aludida.

Taiki fue el primero en saludarla.

-No podíamos defraudar a la artista número uno

-Como siempre Taiki es el más dedicado -respondió la rubia quien al igual que Seiya se admiraba de que ciertas esencias nunca cambian.

-¿Dónde está mi bombón?

-Está durmiendo en el remolque -le informó Mina, complacida de que él hubiese preguntado por ella -Parece que ella tampoco aguantó el ritmo -se burló.

Seiya sonrió con ternura.

-Iré a despertarla

-Sé gentil, de acuerdo -le murmuró Mina tan pronto él hubo pasado de ella.

-¿Qué no lo soy siempre? -se burló el moreno mientras corría.

Tanto Mina como los chicos movieron la cabeza de un lado a otro como si pensaran 'no tiene remedio'.

-Mina -fue entonces que la voz de Artemis se hizo presente, la aludida giró en dirección al hombre que estaba frente a un pequeño monitor junto con otros dos técnicos -Será mejor que revisemos la última parte

-De acuerdo, enseguida voy -le gritó caminando hacia allá sin molestarse en dirigir otra palabra a los dos chicos detrás de ella.

El semblante de Yaten se oscureció tras el gesto fruncido de sus cejas.

-¿Otra vez ese tipo?

-No deberías de expresarte de él de esa manera, especialmente ahora que lo veremos más seguido -le advirtió Taiki

Ambos chicos habían comenzado a caminar en dirección a los remolques.

-¿Y eso por qué?

-Es el sustito del manager de Mina -le explicó.

Yaten se detuvo de golpe.

-¿Y qué pasó con Andrew?


-¿Mmm?

Lita Kino había estado encargándose de las plantas del invernadero de la escuela, cuando sintió de pronto una presencia familiar. Siempre había tenido la habilidad de detectar a las personas que le eran importantes de esa manera, así que curioso por ver quién podría ser el visitante había salido en dirección a la reja, cuando el rostro se le iluminó al ver al chico detrás de ésta.

-¡Andrew! -gritó emocionada corriendo hacia él quien le devolvió la sonrisa -¿Qué haces aquí?

-Pensé en darte una visita, espero no haber sido muy imprudente -respondió éste.

-Para nada, tengo una hora libre

-Lo sabía -rió triunfal -Tienes el mismo horario de Mina

-¿Mina? -Lita le miró confusa -¿Qué va a entrar a esta escuela?

-Síp -fue la respuesta de él haciendo énfasis en la p.

-Pero pensé que con la gira

-Entrará justo después de terminar -le interrumpió él -pero los trámites tenían que hacerse desde ahora

-Ah, vaya, pensé que entraría a la misma escuela que Serena -exclamó algo aliviada.

Andrew sabía perfectamente porqué y fue debido a eso que le dijo lo siguiente con algo de pena.

-En realidad, Serena y los chicos se transferirán aquí

Lita se escandalizó de inmediato.

-¿Qué! ¡No es justo! Finalmente logré separarme de Taiki!

Andrew sonrió comprensivo.

-Lo lamento, pero ahora que serán famosos necesitan estudiar en un lugar donde no se les acose... tanto.

-Aw -se quejó ella agachando la mirada.

-Por cierto -le llamó él y ella le miró al instante -Feliz cumpleaños Lita

El rostro de ella volvió a iluminarse tras ver la rosa cristalizada en la fina caja de cristral.

-Te acordaste!

-Aunque con unas horas de atraso, preferí evitar las recargas al teléfono con tal de venir a felicitarte en persona -expicó -Pero lamento si te hice pensar que se me olvidó

-Es perfecto -respondió ella tomándo el regalo en el acto. -Es muy hermosa

-Me alegra que te gustara -sonrió aliviado -Escucha, tengo el día libre hoy; ¿qué te parece si te invito a comer?

-¡Me encantaría! -saltó la castaña.

-De acuerdo pasaré por ti después de que termines, hoy tienes club, ¿cierto?

-Sí, estaré libre a las seis

Andrew estaba por volver a hablar cuando de pronto la muñeca derecha de Lita comenzó a brillar con un pequeño resplandor verde mientras sonaba una alarma parecida a la de un despertador de bolsillo. Ambos miraron el artefacto que parecía un reloj de bolsillo aunque carecía de manecillas.

-¿Y eso? -cuestionó el rubio sin poder quitarle la vista de encima, por alguna razón la lucecita parpadeante le resultaba familiar.

-Es mi alarma, tengo que irme. -respondió Lita apresurada, dandose la vuelta sin darle oportunidad al otro de despedirse o de decir algo más -Nos vemos después -gritó mientras se alejaba

-¡Lita!

La voz de Andrew quedó atrás. Y tan pronto se perdió de vista la chica levantó la tapa de lo que no era otra cosa que un comunicador. En la pequeña pantalla se vio la imagen de su otra amiga sailor.

-¿Qué sucede Amy?

-Tal vez quieras venir a ver esto, estoy en el laboratorio de química -le informó.

-¿Es algo malo? -cuestionó sin detenerse, esta vez dirigiendo sus pasos justamente al lugar que le había dicho la peliazul.

-Eso lo decidirás cuando lo veas.

La comunicación terminó. Y Lita sabía que si Amy no había querido explicar de qué iba aquello era probablemente a que no había forma de entenderlo a menos que lo viera. Subió las escaleras a prisa logrando deslizar la puerta del laboratorio justo cuando Amy ajustaba el microscopio. Tan pronto la vio fue directo a lo importante.

-Es apenas un fragmento, pero es lo suficientemente fuerte como para revelar su origen -le dijo ofreciéndole ol objeto a la recién llegada.

Lita echó un vistazo a través del lente, aunque no hacía falta realmente, podía sentir la energía que se desprendía de él. Era un trozo apenas del tamaño de un botón, pero desprendía un brillo tenue que se sentía en forma de calor al acercarse.

-Amy si lo que dices es cierto, entonces este fragmento proviene de Ilusión -le dijo atreviéndose a tomarlo entre sus dedos, Amy sabía lo que inquirían los ojos de la castaña.

Ambas desearían que la presencia de su antiguo soberano fuera a reconfortarlas de alguna manera. Pero las cosas no habían salido tan bien la primera vez y ni siquiera ellas conservaban todas sus memorias, de modo que ¿por qué el soberano de la Tierra debería tenerlas intactas?

-Aunque la energía está algo alterada, como si llevara mucho tiempo en la Tierra -refutó Amy, volviendo a ver los resultados de sus análisis en la pantalla de su minilap

Los ojos de Lita se abrieron preocupada.

-Eso significa

-Que el enemigo es alguien a quien ya conocíamos -completó -Y no sólo eso. Es originario de Ilusión. -declaró.

Lita bajó la mirada considerando quién de todos sus anteriores enemigos podría ser el renacido y la entristeció un poco el saber que habían tenido tantas batallas cuando de pronto Amy la sacó de sus pensamientos.

-Oh! por cierto

-Sí?

-Feliz cumpleaños

-...

Por un instante había sido incapaz de responder.

-eh, gracias.

Había sonado tan fuera de lugar...


El remolque una ventana corrida sin cortinas que dejaba entrar la luz del sol direcctamente sobre la mesa en la que se recargaba la chica de rubias coletas cuando Seiya la encontró.

-Serena.

Caminó hasta posicionarse frente a ella y la miró sonriente. La chica descansaba su cabeza sobre sus brazos cruzados por debajo de ésta. Tenía los conguitos hechos por debajo de la altura a la que solía peinarlos y estaban algo disparejos, el moreno podía adivinar que también se había levantado tarde y más de a fuerza que de ganas. sin darse cuenta su mano ya le estaba acariciando el rostro y acto seguido depositó un beso sobre la sien de la chica.

La rubia suspiró pero siguió dormida. Seiya se sentó frente a ella preguntándose qué estaría soñando que lucía tan tranquila...

Ojalá hubiese sido un sueño placentero... pero para Serena, el sueño estaba lejos de serlo. Se soñaba así misma distante y correcta, aunque aún más joven de lo que era, apenas una niña...

...

-Serenity

La aludida levantó el rostro sabiendo que su madre le hablaba y salió presurosa a su encuentro en la antesala.

La reina Serenity lucía espléndida rodeada al parecer de tres sailor y otra niña de la misma edad que ella, cuyo peinado carecía de los chonguitos pero no de las coletas, con su cabello rojo como el fuego.

-Serenity quiero presentarte a nuestras visitas, Sailor Alpinia, Sailor Costus, y Sailor Strelizia -le habló su madre, señalando a cada sailor conforme la nombraba, cada una de ellas le hacían una reverencia -Y su futura soberana, la princesa Kakkyu

-Un placer -le habló la niña.

Serenity estaba apunto de contestar cuando otra presencia la interrumpió.

-vaya, pensé que no llegarían sino hasta mañana

Todos los presentes se voltearon para ver al hombre que había hablado, acompañado de una guardia real y un niño que caminaba a su lado derecho.

-Helios, estábamos esperándote -le saludó la reina.

El hombre era alto y de cabellos negros salpicados de un tono plateado, debía tener alrededor de unos cuarenta años pero su físico era fornido. Sus azules ojos eran los mismos que los del niño a su lado.

-Lamento la demora Serenity -le habló -He traído a mi sobrino conmigo, justo como lo prometimos.

El niño en cuestión miraba directamente al frente, era difícil definir en cuál de las presentes tenia fijada su atención, pero aquello dejó de importar cuando la pequeña Serenity posó sus orbes azules en él.

-En horabuena -respondió la reina -nuestras últimas invitadas han llegado. Me temo que el rey del planeta de las flores de fuego no ha podido venir, pero en su nombre ha enviado a su pequeña hija, resguardada por sus sailors. Sólo falta invitar a los soberanos de la Tierra.

El hombre rió con sorna.

-Pierdes tu tiempo -le dijo -celebran su propio encuentro, las soberanas del Amazonas han decidido ubicarse en ilusión, al igual que el resto de los planetas de tierra media.

La reina suspiró.

-Supongo que volvimos a coincidir en un pequeño desafortuno.

-Dejemos eso de lado -le dijo sonriente de nuevo -Eos -le habló al chico -es un honor para mí presentarte ante estas dos futuras soberanas, muestra tus respetos hacia ellas.

Eos dio un paso al frente y se inclinó al instante en una pequeña reverencia hacia las dos niñas.

-Es un placer el conocerlas -les dijo.

Kakyuu fue la primera en inclinarse, pero Serenity seguía prendada de la imagen del chico frente a ella; hasta ese entonces sólo la gente de la Luna poseía la tez tan clara, jamás imaginó que las personas de Ceres fueran tan parecidas a las de su pueblo. Los ojos azul profundo igual a los de ella, aunque con un brillo negro distinto la habían hipnotizado desde el momento en el que había entrado en la sala.

-Serenity -le habló su madre y sólo hasta entonces despertó del trance en el que estaba.

Inmediatamente se inclinó al igual que su compañera.

-El gusto es mío príncipe Eos, bienvenido a la Luna.

Volvió la vista hacia él y él ya la miraba de nuevo, pero esta vez había una sonrisa en su rostro y pronto las líneas dejaron de ser infantiles para volverse maduras, varoniles; las líneas de un muchacho al que conocía bastante bien.

-Sere.

El sueño terminó cuando Mina golpeó en la ventana para indicarles que era su turno, Serena abrió los ojos para encontrarse con un irritado Seiya peleándose con la rubia a través del cristal. Y suspiró.

"Quizá no exista el destino después de todo", se dijo.


Esa noche cenaron cangrejo y un montón de mariscos cuyo nombre Yaten no recordaba, se habían perdido el pescado por haber paseado de más por la costa llegando tarde para la cena. Mina había sido la única que había llegado a tiempo junto con el insoportable de Artemis, se recordó el platino. Si no hubiese sido por Seiya que había fastidiado con que tenían que conocer la costa para elegir mejores lugares para la grabación él habría estado a tiempo y habría podido cenar con la rubia, aunque también con el otro enfadoso, pensó.

Y luego suspiró. La pareja se había ido en cuanto los otros cuatro habían llegado y no tenía la menor idea de si estaría paseando por la ciudad o descansando en su habitación, en ambos casos acompañada del otro sujeto y entonces su pensamiento murió. Para ser honestos no sabía lo que sentía por la rubia, auqnue estaba claro que lograba con facilidad el fastidiarlo; pero no quería tener que pensar en eso ahora, su carrera estaba primero, además de aquella imagen bizarra de Sailor Venus impuesta en la figura de Mina.

Volvió a suspirar, decidiéndose a mirar el mar. La avenida estaba desolada, aún faltaban un par de días para el festival y era bien sabido que el lugar no era muy frecuentado fuera de esas fechas. Hundió los pies sobre la arena y se preguntó cómo estarían su padre y su hermana, ésta última de seguro estaría muriéndose de la envidia, se recordó que debía comprarle un souvenir y marcarle temprano por la mañana.

Pensar en ella hizo que una sonrisa se le asomara al rostro y luego dicha sonrisa se fue difuminando poco a poco al ir visualizando la silueta de alguien que caminaba en su dirección desde la orilla de la playa; instintivamente se recargó en el barandal tratando de verla más de cerca, hasta que ésta se posicionó cerca de la farola fue que pudo verle el rostro y sus ojos se abrieron aún más en asombro.

-Pensé que nunca llegarías, Yaten.

-¿Mina? ¿Qué estás haciendo aquí?

La rubia le miraba con una sonrisa, una sonrisa que alcanzaba hasta sus ojos y que era la de alguien que mira a un oponente.

-He venido a retarte -le dijo

-¿Qué? -Yaten la miró en extremo confundido, mientras que la rubia tomó una posición de ataque.

-Sailor Star Healer

-¿De qué está hablando? -inquirió él intentando lucir confundido pero era obvio que tenía el aspecto de alguien que se ve acorralado contra la pared.

Y Mina lo sabía.

Por eso fue que no perdió el tiempo en explicaciones.

-¡Por el poder del planeta Venus! ¡Transformación!

Se transformó delante de él, como alguien que presume su identidad más que protegerla. Y esta vez Yaten no pudo ignorar aquella imagen, tan resplandeciente por delante de él, en tan sólo un instante la sailor del amor y la belleza estaba delante de él con una actitud fiera.

-Demuéstrame qué tan fuerte es el resplandor de tu estrella -le exigió

Y al instante siguiente...

lo atacó.


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