Estuve ausente debido a que me pasó algo mucho muy increíblemente hermoso: ME EMBARACÉ Y DI A LUZ A UN HERMOSO BEBÉ VARÓN. Y apenas me estoy ajustando a esto de ser madre a mis 25 añitos =3 pero me deja muy cansada =S so... porfis, porfis! Ténganme paciencia y les prometo una buena historia ;)
Disclaimer: Sailor Moon no me pertenece, pero si lo hiciera, estaría llena de un montón de guapérrimos que le darían un toque mucho más picante a la serie, pues es una pena que tan sólo en dos temporadas (la primera y la última) pudiésemos disfrutar de lo emocionante del flirteo.
"Día ocho: amores del pasado."
El sueño comenzó con un cielo estrellado, bañado en distintos matices de colores, todos revueltos, todos brillantes. Aún a pesar del aire de guerra que había quedado impregnado en el aire, en ese entonces el mundo palpitaba vivo, con fuerza y los habitantes rebosantes de energía daban todo de sí para mantener esa frágil paz que era con era se desvanecía por periodos. Periodos en los que las sailor y los guardianes luchaban incansables por defender el bien del mal.
El pequeño joven miraba, sin embargo, más allá de la belleza de las estrellas; su mirada estaba clavada en aquellos astros opacos que rondaban los planetas brillantes. Y se cuestionaba porqué le llamarían tanto la atención.
-Son planetas vacíos -fue la voz de su compañero, un hombre de mediana estatura con el cabello casi tan blanco como el suyo.
El pequeño no apartó la vista de aquellos astros y por el contrario cuestionó:
-¿Por qué?
-Debido a la última guerra, aunque afortunadamente no todos los astros sufrieron la misma suerte. La Luna es un ejemplo de ello. -le dijo el hombre mirando también aquellas estrellas apagadas. -Antes los tres planetas enanos eran uno solo, ahora la Luna es apenas un satélite. Pero eso también ha creado nuevos reinos, nuevos paraísos. Tal es el caso de Eris y tú eres su soberano.
Era toda una escena, el pequeño pensó. ¿Quién diría que tanto caos daría lugar a tanto orden, a tanta vida? No hacía mucho de la última guerra, pero tampoco hacía poco, él aún no nacía cuando el enano planeta en el que se encontraba se creó tras aquella explosión; pero agradecía (si bien malamente) el que aquello hubiese ocurrido y le permitiese tener la vida que tenía. Era arrogante y quizá hasta altanero, pero se sentía con el derecho por ser futuro rey, sin importar lo pequeño que pudiese ser su reino, eso no lo hacía menos esplendoroso. Y el pequeño estaba determinado a hacerlo brillar tan intensamente como la Luna.
-Adonis -ambos llevaron su atención hacia la sailor que aguardaba de pie a la entrada del salón, con el semblante agachado en señal de reverencia -La Reina Serenity ha dado órdenes, es momento de ir a ver a Venus.
...
El sueño terminó.
...
-¡Rayo creciente de Venus!
La energía del ataque comenzó a juntarse en el dedo índice de aquella senshi y Yaten salió corriendo justo tras ver esto sin dirección fija, simplemente sabiendo que tenía que correr, y mientras lo hacía aún escuchaba las voces y entreveía aquél recuerdo.
-¿Venus? ¿Quién es ella? -había preguntado el pequeño príncipe
-Ella es vuestra compañera -fue la respuesta del hombre a su lado.
-¡Fulmina!
La energía salió disparada en su dirección a una velocidad tan increíble que Yaten apenas y tuvo chance de esquivar el ataque saltando por el barandal hacia la playa. Cayó de boca sobre esa sin evitar el tragar una tanta. Tosió con fuerza recordándose que debía ponerse de pie cuanto antes, sin molestarse en mirar atrás, era evidente que el barandal había sido destruído allí donde antes se encontraba. La verdad es que no sabía de qué iba todo aquello. ¿Mina Sailor Venus? ¿Y encima atacándolo¡?, pero lo importante ¿cómo era que había descubierto su secreto? aquél que ni él mismo entendía. Logró ponerse de pie como pudo pero al intentar volver a correr, Mina, no, sailor venus, se recordó, le bloqueo el paso tras saltar frente a él.
-¿Por qué no peleas? -le cuestionó molesta y hasta cierto punto confundida, él sólo se alteró aún más.
-¿Estás loca! -le gritó.
Consiguiendo con ella molestar aún más a su compañera.
-La próxima vez no fallaré, más te vale que reacciones. -le advirtió, tomando de nuevo una posición de ataque.
-¡Estás demente! -volvió a gritarle él, dando pasos hacia atrás, listo para correr en cuanto la rubia se dispusiera a atacarle otra vez.
-Dime que me equivoco entonces -le incitó -Dime que no eres Healer -le exigió. Yaten sólo se quedó callado, apretando los dientes y mirándola con el deseo de salir corriendo -¿Verdad que no puedes? -se rió ella.
-No sé de qué hablas -negó el platino sin despegarle la mirada.
-Ah, padeces de amnesia entonces -volvió a burlarse ella y esta vez dio un paso al frente que el chico dio a su vez pero hacia atrás. -En ese caso tendré que recordártelo a golpes -Yaten preparó el talón derecho -Cascada de Venus
...para girar sobre éste y volver a echarse a correr.
Los dos estaban descansando de todo el ajetreo que había sido ese día. Los dos habían estado esperando por poder compartir un tiempo a solas. Pero los dos sabían que esa libertad no sería tan fácil debido a los "chaperones" que tenían. Por eso, los dos habían estado sorprendidos cuando dichos chaperones desaparecieron y fue sólo cuestión de una mirada el que se entendieran para armar una pequeña convivencia. Ambos estaban en el cuarto de ella.
-Anoche tuve un sueño
Serena descansaba sobre la orilla de la cama, con la cabeza apoyada en el regazo de él. Tenía la mirada perdida más allá de las paredes color lila de la habitación. La verdad era que estaba agotada. Su participación había sido tan sólo en uno de los videos musicales, el de los chicos por supuesto, pero había sido suficiente para acabar con su energía; en especial porque su rol tenía muchísimas más escenas que los otros tres. Eso, sumado a que estaba desvelada y al paseo que habían tenido cuando el sol estaba por ocultarse. La cena había sido caótica también y tanta tensión se le había acumulado en los hombros. Por eso, compartir ese momento con él la llenaba de enrgías.
-¿Fue algo malo?
Seiya estaba sentado a la orilla de la cama, con el rostro de ella sobre sus piernas. Le acariciaba el rostro y los cabellos mientras admiraba la belleza de sus facciones. Él también estaba agotado. Aunque había más de una faceta de aquél cansancio. Un cansancio que no terminaba desde que supiera de la presencia de "ese sujeto".
-Dije un sueño no una pesadilla -bufó ella cerrando los ojos, dejándose envolver por la esencia del chico.
Él compartió su sonrisa.
-Ya. ¿Y de qué iba?
-Eras un príncipe -respondió ella como si fuera lo más normal del mundo -aunque apenas un niño.
La sonrisa de él se esfumó y su corazón dio un vuelco.
-¿Estás segura de que era yo?
-No puedo equivocarme, tenía tus mismos ojos -le dijo ella, aún relajada en la caricia de él.
Hubiera deseado poder creerle, pero tenía marcados los recuerdos de un mundo en el que ella no estaba... Había sido feliz al saber que ella era feliz y al estar siempre con su princesa; pero había quedado un hueco en su corazón que nunca consiguió llenarse. Y ahora al saberse con la posibilidad de llenarlo. las ganas de conseguirlo y el miedo a perderla hacían que le entrara la paranoia y dudara incluso de lo que tenía justo por delante de sí.
Serena se dejó envolver por el silencio que los rodeó entonces. Estaba demasiado sumida en sus propios pensamientos que no era plenamente consiente de la presencia del chico, mucho menos de lo que sentía. Unicamente se concentraba en la felicidad de saberse libre de estar con él y en la posibilidad de que las cosas cambiaran en una nueva vida. Una vida en la que tenía otros padres y otros hermanos. Una vida en la que podía obtener un destino diferente, justo como sus padres lo habían hecho. Se sentía tan feliz de haber podido hablar con su madre aquella tarde, de haberse desahogado de todos sus pesares con una sola llamada.
-Esta tarde he hablado con mamá -le dijo a Seiya, deseosa de compartirse con él -se ha emocionado mucho con lo del video, me pidió incluso que le mandara la canción para escucharla cuanto antes. Dice que tú compones poesía y que eso la hace recordar su pasado; ha vuelto a hablarme de sus años en el Cirque du Solei
Él sonrió con ternura.
-No debe de ser fácil abandonar el escenario
-No. No lo es. -asintió ella, a sabiendas de la nostalgia de sus padres -Pero lo bueno es que los abandonó junto con papá
Esta vez ambos compartieron la misma sonrisa.
-Siempre he pensado que tus padres vivieron un romance de película.
Y era verdad. Los padres de Serena habían sido dos famosos artistas del maravilloso Cirque Du Solei, conocidos bajo los nombres de "Ojo de Tigre" y "Kalaberite"; quienes en un principio habían rivalizado al grado de jugarse bromas pesadas y de muy mal gusto, por lo que el director los había obligado a trabajar en un mismo acto para que aprendieran a trabajar en equipo, sin saber que al final, esto provocaría el que se enamoraran perdidamente. Tras el casamiento permanecieron en el circo hasta el nacimiento de su último bebé, Serena. Kala fue la primera en abandonar el escenario y tan sólo un año después su esposo Tyler la acompañó para instalarse en la ciudad londinense. A Serena siempre le intrigó el porqué habían dejado su sueño tras su nacimiento y ahora que se sabía la reencarnación de la princesa de la Luna, le molestaba pensar que ella hubiese sido la razón.
-Yo he pensado lo mismo aún a pesar de que tuvieran que renunciar a la actuación -le dijo, sintiendose de pronto triste, irritada del malestar que aquellos pensamientos le producían. Y fue por eso que decidió cambiar el tema antes de que terminara por encerrarse sola de nuevo. -Estaremos en la misma escuela de nuevo, ¿sabes? Lita también estará allí.
Seiya sonrió tras ver la sonrisa de nuevo en los labios de ella y a sabiendas de que el anterior tema le había molestado, decidió no presionar en la herida que sabía tenía, y seguir aquél nuevo tema con algo de risa.
-No creo que esté muy contenta de ver a Taiki -inquirió
-Ow, ya se acostumbrará -rió.
-Sí, es cierto -asintió él -No pasará de que se haga la desentendida con él. No puedo imaginar a Taiki siendo ignorado por su adorada hermana por primera vez. Después de todo se quejó mucho cuando ella decidió cambiar de colegio para ya no estar con él.
-¡Quién diría que el dependiente era Taiki!
Ambos chicos soltaron la risa. Y entonces ella le miró a él, girando su cuerpo hacia éste.
-Seiya -le habló, él la miró sonriente tras descubrir el sonrojo en sus mejillas -¿Puedes dormir conmigo hoy?
La sonrisa de él subió más de un lado, pero sus ojos seguían sosteniendo un sentimiento de ternura más allá de malicia.
-¿No tenías la noche apartada con Mina?
-Ha dicho que tenía algo importante que hacer con Artemis -respondió y sus propias palabras la hicieron inquirir en otro asunto, se levantó de pronto sentándose sobre la cama con lo ojos abiertos en sorpresa -¿tú crees que tengan algo esos dos?
-Mina y Artemis? lo dudo! -respondió el moreno, aprovechando el que ella se levantara de su regazo para descansar su cuerpo en sus brazos apoyados por los codos sobre el colchón -Aunque me apetecen mucho este tipo de intrigas bombón, no me agrada saberme plato de segunda mesa
-Sabes que no lo eres -le dijo rodando los ojos -Y si lo fueras te lo tienes bien merecido por cambiarme por Michiru
Esta vez fue él quien torció los ojos.
-Y vuelta con el tema, es que no vas a perdonarme?
Serena se cruzó de brazos alzando la barbilla mientras hablaba.
-Lo haré, tan pronto hayas pagado lo suficiente
-Oh su alteza, dígame ¿cómo puede terminar de pagarle este sirviente?
La rubia aprovechó el giro de la plática para sentarse inmediatamente sobre el regazo de él a horcajadas, descansando sus manos en los hombros de éste y juntando su nariz con la de él.
-Pasa la noche conmigo -le susurró -pero primero, bésame.
Y así lo hizo.
Se dejaron caer sobre la cama.
No había pasado mucho desde la última vez que habían estado en esa situación, pero para ellos parecían haber pasado años desde su última caricia. Así que el contacto fue algo agresivo al principio, como si todas las emociones les estallarán en ese beso. Ella estaba arriba de él, con sus manos enterradas en su cabello.
Seiya dejó salir un suspiro y tan pronto el beso terminó dirigió su boca a la base del cuello de ella. Sus manos se deslizaban por la espalda de la rubia y luego se perdían en las piernas de ésta.
Giraron en la cama, entre besos, suspiros y caricias. Se abrazaron a través de las telas, pegándose el cuerpo de uno al otro queriendo fusionarse en uno solo. Ella terminó debajo de él, con las muñecas atrapadas por sus manos, a cada lado de su cabeza. Y él la besó. Con ternura. Desde la frente hasta las clavículas.
Compartieron la noche y ella volvió a soñar con él.
El último ataque casi lo alcanza por detrás. Pero si bien no lo golpeó directamente sí lo hizo de forma indirecta, estuvo casi al contacto y salió volando hacia el frente. Parte de la energía le quemó la piel, pero no lo suficiente como para considerarse una verdadera herida.
-Demonios... -maldijo Yaten en el suelo, apretando las manos con fuerza.
Venus ya se encontraba detrás de él a escasos pasos de distancia.
-Levántate -le ordenó.
El platino apenas y logró sostenerse a "cuatro patas", por decirlo de alguna manera, limpiándose la arena que le había cubierto el rostro.
-¿Ahora me das órdenes? -bufó irónico.
La senshi entrecerró los ojos con molestia.
-Levántate, si no es que quieres que mi siguiente ataque te mate -le advirtió.
Ante esto el enojo le siguió rápidamente a la sorpresa en el pecho del chico, quien se giró de golpe hacia ella pero sin conseguir levantarse aún.
-¡Estás loca!
Ella lo miró apenas dos segundos, antes de llamar su siguiente ataque.
-Cadena de amor de Venus -habló bajo y pausado.
La cadena que descansaba en sus caderas brillo un instante y luego se soltó hasta enredarse en el brazo derecho de su portadora, con la punta elevada en la dirección del platino, cuyos oídos aún percibían las palabras del viejo recuerdo.
-¿Cómo es ella? ¿Es tan hermosa como dicen? -cuestionó el joven a su sailor senshi que lo guiaba de la mano a través del pasillo.
-Eso depende del gusto de cada quien. -Respondió ella -Pero sí, es muy hermosa. -Sonrió.
-¡Ah!
Yaten saltó tras ver la cadena dirigirse hacia él en cuanto la rubia la hubo lanzado en su dirección, moviéndose como si tuviese vida propia, se giró tan pronto como pudo sobre sus rodillas para salir corriendo de nuevo, pero tan pronto consiguió ponerse de pie la cadena lo alcanzó por el tobillo izquierdo y se afianzó a éste con fuerza; para elevarlo después por los aires y lanzarlo sin piedad de nuevo sobre la arena. Una y dos veces hasta que al final lo liberó de golpe.
El platino se quejaba de espaldas sobre la arena, con los dientes apretados y los ojos cerrados. Esta vez el daño había sido con toda la intención de herirlo y así lo había conseguido. Sailor Venus ya caminaba hacia él casi con solemnidad, sino fuera por la mirada de fastidio que le dirigía.
-Levántate y pelea -volvió a ordenarle escupiendo cada palabra mientras la pronunciaba.
Era noche de luna llena. Y el astro lucía tan brillante como el sol durante el día, claro que su luz no te cegaba. Brillaba como una perla recién pulida, flotando entre las olas del cielo nocturno. Kala se detuvo un momento a admirar aquella vista. Estaba de pie en el balcón que perteneciera a su única hija y se preguntó porqué en otra vida había deseado fervientemente terminar con un astro tan hermoso. Era fácil descubrir la razón detrás de aquél ataque por parte de la luna oscura. La envidia. Y se estremeció al pensar que alguien más pudiera intentar destruírlo y aún más ahora que la soberana de dicho astro era nada menos que su hija. ¿Por qué la vida tendría que ser siempre tan complicada?
-¿Kala?
Tyler estaba de pie en la puerta corrediza del balcón, mirando preocupado a su esposa. La mujer sin embargo, no dejó de mirar el cielo y por el contrario comenzó una conversación con él como si hubiesen estado hablando desde hacía rato.
-Estuve hablando con Serena, está muy emocionada por el avance de los chicos
El hombre sonrió.
-Por lo que veo tú también lo estás -le dijo abrazándola por la espalda.
-No puedo negar que me gusta la dirección de la vida de mis hijos. -Admitió, dejándose envolver por sus brazos. -Todos son artistas igual que lo éramos nosotros.
La sonrisa en el hombre se tensó un poco. Era verdad que ambos poseían la pasión por la actuación, en distinta forma, y que se habían esmerado en que sus hijos compartieran el interés por las artes. Curiosamente la que menos esperaban que se interesara tanto había sido la más apasionada de los tres y aquél que había sido su primer hijo y por tanto su primera esperanza, había sido el primero en renunciar.
-Es cierto, aunque Daniel era otro tipo de artista. -Comentó, haciendo énfasis en que creía que él aún compartía ese interés, pero que el arte que admiraban diferenciaba en un mero concepto.
-Tyler no... -Kala se giró de inmediato tomándole el rostro en las manos en el acto, era evidente la tristeza y la culpa que bailaban en los ojos del hombre, y la pena y preocupación en los de ella. -No te atormentes de nuevo con eso.
-No puedo evitarlo Kala, tengo miedo de fallar. -Confesó. -¿Qué tal si Daniel no reacciona? ¿Y si termina muerto como la última vez?
-¡No digas eso! -le advirtió, soltándose de su abrazo -Pasado o futuro, ¡no me importa! Tenemos nuestras vidas ahora, y él es nuestro hijo y por tanto sé que será capaz de darse cuenta -refutó, en sus ojos brillaba la determinación de una inquebrantable fe. -En realidad la que me preocupa es Serena.
-Ah, Serena. -Ahora fue él el que se apartó de ella. -Esa niña sigue siendo una tonta, aunque de forma diferente. -Rió.
-Y eso es la prueba de que no somos lo mismo que éramos. -le aseguró sonriendo -La primera princesa no tenía ni una sola pizca de tontez y sin embargo Usagi Tsukino sí.
-Es cierto y nuestra Serena sin duda es un término medio. -Asintió. Tras recordar que la anterior Serenity alias Usagi, había sido una niña muchísimo más atolondrada que su hija. Logró sonreír de nuevo tras decir eso, extendiendo los brazos hacia su esposa -Perdona mi nostalgia.
-Esta bien siempre y cuando no bebas. -Le advirtió, perdiéndose de nuevo en el abrazo de él.
-¿Y entonces qué tomaré para ahogar mis penas mujer?
Ella lo miró con ternura y amor.
-Puedes tomarme a mí.
-Oh Kala... -Suspiró conmovido. -No sabes cuánto me alegra ser humano ahora. -Le confesó acariciándole el rostro antes de besarla.
Era cierto, al final Pegaso había logrado cumplir su sueño. El de ambos en realidad. Y había una razón por la que habían corrido con la suerte de ser los padres de la princesa. Debían pagar su deuda.
Haruka lo sabía, lo entendía ahora. Ajeno a sus padres, había escuchado la conversación permaneciendo oculto de éstos. Y si lo que pensaba era lo correcto, Daniel era en realidad un antiguo aliado que terminó siendo enemigo y con un triste final. Un enemigo que no había conocido y por tanto la única opción posible:
Uno de los cuatro reyes del cielo...
"Es muy hermosa."
Yacía debajo de un montón de arena y restos de la madera que alguna vez había conformado el barandal de la avenida de la playa. Completamente fuera de la visión de ella, apesar de que ella sabía que él estaba allí (después de todo ella había tenido la culpa de que fuera así). Podría decirse que ganaría una oportunidad de escaparse si era lo suficientemente inteligente como para salir sin ser visto por una vía que él hiciera. Pero estaba tan molesto tras recordar aquella escena que lo único que deseaba era regresar el golpe.
-¿Hermosa? -bufó.
Por fuera el montón de escombro tembló y Venus se detuvo precavida.
-¿Hmm?
Por dentro Yaten había encontrado su broche.
-¡Es horrible! -gritó molesto cerrando las manos en puño -Poder de curación estelar, transformación! -gritó y el broche le envolvió con su energía.
-¡ah! -Venus saltó hacia atrás tras ver la luz sobresalir entre las grietas para luego lanzar todo el escombro en todas direcciones; dejando una sola figura en medio de aquél punto.
Sailo Healer le miraba furiosa.
-Me hiciste enfadar -le gruñó -¿quieres pelear? pues peleemos! -le retó.
Venus reconoció al instante el ataque e inmediatamente preparó el suyo propio para contra atacarle.
-Infierno estelar de Healer! / ¡Beso de amor y belleza de Venus!
Ambas atacaron al mismo tiempo. Y la energía bien podría seguir luchando sin fin aparente. Pero Venus llevaba más tiempo peleando y por tanto tenía más experiencia...
-¡Rayo creciente de Venus!
...y mucha más fuerza.
-¿Qué! -Healer la miró confundida, ¿cómo podía invocar otro ataque al tiempo en que llevaba ya uno en acción?
-¡Fulmina!
La energía se unió al ataque anterior y pronto healer fue golpeada por ésta. Su transformación se esfumó. Y aunque cansada y sin fuerzas...
...sailor Venus se mantuvo de pie victoriosa.
Jadeite había decidido regresar a su santuario en Japón después de que había sido físicamente curado. La energía que había reunido hacía ya dos días apenas y conseguiría abrir la puerta a Ilusión pero sería aún ineficiente para transportarlos a salvo de ida y vuelta y él necesitaba llegar hasta el corazón del mismo. En donde la reina Rini descansaba junto con Pegaso. Sabía que el cristal dorado ya no se encontraba allí y que su gente estaba revuelta en la Tierra junto con las reencarnaciones de la gente de la Luna.
-Mars...-suspiró aquél nombre que aún ahora le dolía con la nostalgia que traía consigo.
Nephyte había estado en lo cierto. Aún amaba a Mars y había sido por eso que ésta había conseguido herirle. Pero aceptarlo a decirlo en voz alta, era algo que de momento no podría hacer y sinceramente dudaba de que algún día pudiera hacerlo; en especial desde el final de sus vidas pasadas. Por mucho que lo intentara, lo cierto era que no podía olvidar lo sucedido y mucho menos el perdonarla o el perdonarse a sí mismo. Porque aunque en su primera vida hubiese estado bajo un hechizo, durante la segunda ninguno de los dos había sido capaz de recordarse.
Y eso lo cabreaba... Durante el Milenio de Plata había estado tan seguro de lo que sentía. Pero también estaba seguro de los sentimientos de ella y, a diferencia de cualquier otra persona, ella jamás titubearía en asesinarlo si éste levantaba la mano en contra de su princesa. Y así había sucedido.
Y entonces todo se resumía a ella. La princesa de la Luna, Serenity... la que llegó a ocasionar el desastre aún si ella nunca fue consciente de ello. Pero ésa era una historia que sólo Kunzite conocía, pues fue el único partícipe de la primera batalla contra el caos cuando era tan sólo un niño.
Suspiró con cansancio y se dejó caer sobre la arboleda de la jardinera con la plena intención de dormir una siesta, eran tempranas horas de la mañana después de todo.
-¿Quién está ahí? -Pero aquella voz había conseguido levantarle de golpe.
Se giró para ver a la dueña de la voz, una chica de cabellos negros y ojos amatistas, la sacerdotisa del templo dedujo de acuerdo al traje que vestía, estaba frente a él con una mirada entre fiera y asustada. ...Y quizá hasta confundida.
Por un momento sólo se le quedó mirando. O admirando sería más correcto decir.
Para su buena suerte, la chica, que no era otra más que Rei hizo lo mismo que él.
"Esos ojos parecen de hielo"., pensó la morena al fijar su mirada en la de él. Le resultaba familiar; muy familiar de hecho, pero no podía situarlo en ningún recuerdo. Tal vez en su vida pasada... pero aún carecía de la mayoría de sus recuerdos.
Jadeite fue el primero en reaccionar.
-Lo siento, no quise importunar. -Se disculpó poniéndose de pie -No debería estar en la jardinera -se reprimió a sí mismo saliendo de ésta para pararse en las escaleras, aquellas que llevaban hasta el templo.
Las mejillas de Rei se sonrojaron al tenerlo tan cerca.
-No, no, para nada; es sólo que no suelo ver a gente tan temprano en el templo. -Resumió quitándole importancia y aferrándose aún más a la escoba que sostenía con sus manos.
Al parecer había estado limpiando el templo, inquirió el rubio.
-Es la primera vez que vengo, tal vez eso lo explicaría -le dijo sonriente -"Esta chica, es idéntica" -Pero en su mente no podía más que admirar las facciones del rostro de ella, tan parecidos a los de su amor perdido. Con la diferencia quizá de que el cabello de ésta chica no era tan largo como el de su antigua amante, apenas le llegaba por debajo de los hombros.
-¿Eres un turista? -preguntó ella curiosa despertándolo de su ensoñación.
-Puedo ser uno si eso te parece más comprensible -sonrió coqueto y las cejas de Rei se juntaron en un gesto confundido, aquella táctica no le funcionaría al parecer.
-Eres muy extraño
-No eres la primera que me lo dice -se lamentó él con algo de fastidio, recordando a sus hermanos.
Tras ése gesto, la sacerdotisa reaccionó.
-Dios mío, pero qué maleducada soy! por favor entra.
-¿Está bien? Después de todo dijiste que aún está cerrado.
-Bueno ahora está abierto -le dijo ella extendiendo los brazos para enmarcar el camino hacia el templo -Soy la doncella del templo yo decido a qué hora abrimos
-De acuerdo. -Asintió él sonriendo y le tendió la mano. -Mi nombre es Kaido.
Rei dudó un instante. Aquél nombre le sonaba también.
-¿Kaido? Tienes un nombre japonés. -Señaló aún sin aceptarle la mano.
-¿Y en esta era eso es raro? -inquirió él divertido.
La chica suspiró, hacia años que había diferencias en el mundo, siglos antes de Tokyo de Cristal para ser exactos, cuando la Tierra se unió con una sola soberana.
-No, supongo que no -Aceptó al fin devolviéndole el gesto. Y la mano de él le pasó una corriente eléctrica a través de la suya propia. -Mi nombre es Hino Rei y soy la responsable de este templo.
Él, sintió exactamente lo mismo.
-Mucho gusto -sonrió.
Y por un instante se olvidó de todo el rencor.
Yaten, literalmente, descansaba sobre la arena, cerca del muelle. La marea había llegado a su punto más alto y las olas iban y venían en un ritmo más acelerado que por la tarde. La transformación se había deshecho y el broche apenas tenía energía para curarle las heridas. Sentía que la cabeza le daba vueltas además de punzarle un poco. Cuando abrió los ojos, le costó trabajo el enfocar y el sonido poco a poco era percibido de nuevo por sus oídos.
Lo primero que vió fue a la rubia sentada sobre el barandal mirándole con gesto alegre, sus dos manos a sus lados y aún en su transformación de sailor venus.
-Vaya, eso fue bastante bueno, tengo que darte el crédito. -Le dijo tan pronto notó la mirada del platino en ella.
Tan pronto como la visión se aclaró la reacción inmediata del platino fue alejarse lo más posible de ella, temiendo el que le atacase. Pero la condición en la que estaba apenas le permitió sentarse antes de que el mareo lo tumbara.
Venus saltó al instante sujetándole la mano.
-Tranquilo, no soy tu enemiga
El semblante de Yaten se frunció al instante.
-¿Y si no lo eres por qué demonios me atacaste?! -Le reclamó soltándose del agarre de la rubia de forma brusca, ella se levantó entonces dejándole espacio al chico para que se tranquilizara.
-Ya te lo dije, necesitaba ver la fortaleza de tu estrella -le explicó, Yaten gruñó por lo bajo en desconfianza y su gesto se vio más huraño, mientras que la sonrisa de ella se ensanchó -no pongas esa cara sé que entiendes a lo que me refiero
¡Por supuesto que entendía a lo que se refería!, fue la respuesta inmediata de Yaten, aunque sólo la haya dicho en su mente, Venus fue capaz de entender su pensamiento y de inmediato dejó salir una risa cantarina.
Milagrosamente ese gesto fue lo que logró tranquilizarlo. Cuando ella lo notó volvió a hablarle, portando la misma sonrisa.
-También sé que no sabes exactamente cómo o porqué es que entiendes de lo que hablo, aún a pesar de no compartir memorias pasadas.
Yaten inspiró pesadamente, aquello ya le daba dolor de cabeza mucho más grande que los golpes de la reciente batalla. Pero asintió de buena gana después de todo, era absurdo negar que la rubia tenía razón y lo sabía. Así que siguió directo a lo importante.
-Eres Sailor Venus entonces -declaró.
-'The one and only' -canturreó ésta, haciendo la seña de la victoria.
Yaten estuvo apunto de sonreír, pero no lo consiguió. Tan pronto la sailor había hecho ese gesto uno de dolor vino a reemplazarlo y cayó de rodillas agarrándose el pecho.
-¿Qué ocurre? -cuestionó el platino preocupado, al ver que la transformación se desvanecía, pero fue capaz de sostener a la chica antes de que terminara cayendo sobre el suelo.
Venus, ahora Mina, aprovechó el gesto para apoyarse en éste y recuperar energías del broche del muchacho sin que éste se diera cuenta.
-Es sólo cansancio, he estado peleado durante el último mes, es todo -le dijo sonriente una vez fue capaz de absorber la suficiente energía para levantarse, pero fue entonces que el chico descubrió la mano de ella sobre el broche, de modo que Mina se adelantó -¿Ése es tu broche?
-supongo que lo es. -Fue la respuesta insegura de él y ella se sintió aliviada al notar que aunque fuese descubierta en pleno acto él sería incapaz de reconocer el pecado en la acción.
-De verdad no sabes nada... -rió ella
-No... -Y Yaten sentía que se le escapaba el aliento al tener su rostro tan cerca.
Quizá la habría besado...
-Debí suponer que no eras el líder -concluyó ella.
Pero la rubia se alejó antes de que él terminara de procesar la idea.
-No importa, sólo habrá que entrenarte desde el principio. -le dijo sacudiéndose las ropas -Y conozco justo a la persona que puede ayudarte.
Yaten se le quedó mirando, en espera de que ella completara la frase. La rubia le miró desde arriba y luego rió gustosa señalando al hombre que se acercaba por detrás de ella y luego lo presentó:
-¡Artemis!
Literalmente, el platino quería que la tierra se lo tragara justo en ese momento.
-Debes estar bromeando.
Después de haber escuchado la conversación de sus padres, Haruka se sentía más inclinado a escuchar el llamado que su senshi interna le estaba haciendo. Y esa era una de las razones por las que había tomado la decisión de buscar a la chica de cabellos color agua marina. Aceptaba que le gustaba y que sentía una atracción muy fuerte hacia ella, pero en cierta lamentaba que fuera sólo por un pasado que era incapaz de recordar del todo. Además del hecho de que hubiese nacido como hombre y no como mujer.
"Espero que en esta vida también me elijas", fue lo que le había dicho ella totalmente entregada a él aún a pesar de apenas conocerle. ¿Qué tan grande había sido ese amor como para que aún le eligiera?
Lo cierto era que había estado soñando con ella.
-Michiru -suspiró el nombre a la noche, recargado en el balcón de su propio cuarto.
No podía seguir fingiendo. Entendía la complejidad de su propio personaje.
"La esencia de sailor Uranus posee la fuerza de un hombre" -Ésa había sido la explicación que sailor Neptune le había dado a la renacida princesa Serenity del siglo XX, cuando se presentaron ante ésta y las guardianas de los planetas del Sistema Solar interno.
Había sido bajo esa imagen que había logrado engañar a los Death Busters para infiltrarse en sus cuarteles. Pero ésa no había sido la verdadera razón por la que había nacido con ése género.
No. Había sido por el deseo de satisfacer la felicidad de alguien más. Alguien a quien amaba más allá de toda comprensión.
"Me habría gustado tener una familia. Ya sabes, ser madre."
Y eran esas palabras las que realmente habían contado. La voz de la antigua Michiru que había querido satisfacer. Según el recuerdo, aquello había ocurrido cuando habían tenido que cuidar de Hotaru, después de que Sailor Moon la rescatara, haciéndola renacer...
Marcó el número tras ese pensamiento.
-¿Diga? -respondió la voz del otro lado del teléfono.
-Es Haruka.
-...
El rubio sabía que ella estaba conmocionada y como no deseaba dar explicaciones aún fue directo a lo que le importaba.
-Sé que en dos días regresas a Francia, antes de que lo hagas me gustaría poder hablar contigo.
-Sí, claro. -Respondió ella de prisa, el rubio sonrió.
-Mañana al medio día en los palacios de Buckingham, entrada principal
-Allí estaré.
-Michiru
-¿Sí?
-Te recuerdo...
Del otro lado de la línea, la joven sollozó de alegría.
Eran horas tempranas del día. De madrugada podría decirse. Después de todo no había mucha diferencia de horario entre Munich y Londres. Por otro lado, era común siempre, en todas partes, el que hubiese gente en movimiento sin importar la hora que fuera. Tal era el caso de Molly que, sentada en el taburete del piano, había pasado la mayor parte de la noche tocando melodías en éste. Pero tan pronto la última nota fue tocada, mantuvo el dedo sobre de ésta, mirando lejanamente por encima de la tapa del piano. Aquella nostalgia que brillaba en sus ojos se iluminó cuando sus mejillas se sonrosaron y el corazón le palpitaba en un ritmo suave pero nervioso.
-Estaba esperándote. -Habló entonces sin moverse de su actual postura.
Un suspiro se escuchó tras sus palabras y el hombre que estaba de pie al lado del ventanal del salón, decidió salir de su escondite entonces y dejar que la luz de las farolas que penetraba por el cristal le iluminara el rostro.
-No pensé que esta vez estuvieras tan despierta, Naru. -Le dijo él sonriendo.
Molly tomó aire pesadamente, como si el pecho se le hubiese oprimido de pronto y no pudiera respirar por una gran tristeza.
-Pasé toda una vida extrañándote, desde que te perdí hasta el día de mi muerte -confesó la peliroja y en su voz había un atisbo de nostalgia -Es natural que ese sentimiento haya renacido aún más fuerte en esta vida, señor Sanjoi -concluyó, decidiéndose al fin a girarse en dirección al hombre que estaba de pie detrás de ella.
Nephrite le miró con la misma emoción en sus ojos.
-No creí que me esperarías... -susurró.
-Y yo no creí que me elegirías por sobre mi hermana -intentó bromear ella.
-Antigua hermana si no me equivoco -y él respondió al mismo gesto, el ambiente se había aligerado de pronto. -Sólo durante el milenio de plata fueron familiares -recordó éste.
-Es cierto, pero no se puede negar la esencia. Aunque mi nombre haya cambiado a Molly -refutó ella con una sonrisa. -Mi planeta regente sigue siendo Júpiter. Eso nunca cambió.
El silencio reinó entonces tras aquellas palabras, mientras se miraban fijamente el uno al otro. Ambos pensando en lo que podía pasar por la mente de cada uno y considerando al tiempo las diferencias entre ellos que tras siglos aún brillaban como una barrera entre ambos.
No pertenecían al mismo mundo. Ésta era su tercer vida. Durante la primera sólo habían oído hablar del otro de boca de nada menos que Sailor Júpiter, quien fuera la hermana mayor de Naru. Durante su segunda vida habían conseguido conocerse y ésta vez si la ayuda de la senshi, aunque en un principio las mentiras fueran lo que los hizo relacionarse, al final habían logrado ver la verdad de cada uno y enamorarse. Ésta era su tercera vida y, a diferencia de las anteriores, se esperaban mutuamente, se buscaban mutuamente; silenciosamente esperando e intentando crear el momento de su reencuentro.
El pelirojo fue el primero en caer en cuenta de aquello... De cuánta fuerza habían tomado los recuerdos, como si fueran almas distintas tratando de gobernar el cuerpo, de enviar mensajes para poder despertar y salir de nuevo.
-Es extraño que todos recordemos atisbos.
-No todos. -Le interrumpió ella, a sabiendas de que era probable que aún quedaran almas sin despertar; más que nada, porque conocía a una de ellas. -Pero supongo que tiene que ver con el reino lunar.
-Sí -Asintió él
-Nephrite -El semblante de Molly se nubló con preocupación entonces -De verdad... ¿De verdad piensan liberar a Metalia de nuevo?
-...
El pelirojo sintió una punzada de culpabilidad en su pecho, podía entender porqué era que a ella le afectaba tanto aquello; pero también era cierto que aún a pesar de sus sentimientos era algo que necesitaba hacer precisamente por ella, aún si en el proceso tuviera que volver a tomar el papel del villano.
-Después de todas las vidas que se sacrificaron... incluyendo la tuya, ¿por qué? -le reclamó ella, subiendo la voz una octava.
Nephrite suspiró.
-Precisamente por esas vidas -le dijo. -Sabes tan bien como yo que este mundo está en desequilibrio -le recordó y el semblante de Molly cambió ante aquello -También sabes que la Luna, con cada era que pasa va perdiendo brillo.
-Pero Serenity ha reencarnado una vez más -le interrumpió, intentando en el proceso disuadirlo.
-Sí, es cierto. ¿Y por qué crees que fue?
Ella se quedó callada un momento, hasta que su mente fue capaz de seguir la línea de pensamiento del chico.
-No me dirás que... el imperio Lunar -resumió alarmada, incapaz de dar coherencia a aquél pensamiento.
-Sí, fue devuelto a su esplendor cuando Metalia fue vencida por segunda vez -explicó caminando de nuevo hacia el ventanal para mirar a través de éste la Luna que brillaba cada vez menos en el firmamento -Pero permanece vacía. Su gente aún está en la Tierra, es un reino sin propósito.
Molly le había seguido con la mirada, pero tras aquello la tristeza que sintió le hizo bajar el semblante.
-Pensé que los príncipes volverían a estar juntos.
-Tal vez... -Aceptó él inseguro -...pero si lo hicieran su lugar estaría en la Luna, ¿entiendes el porqué?
Esta vez ella no necesitó de un momento para pensarlo, conocía la respuesta.
-La Reina Rini. -Concluyó. -Ella es la soberana de Ilusión y su descendencia tiene derecho al trono de la Tierra
-Especialmente porque su descendencia fue un varón -le interrumpió él y los ojos de ella se abrieron como platos, conmocionada.
-Insinúas que la razón por la que abandonó Tokyo de Cristal fue debido a eso?
-No hubo una nueva Sailor Moon, el ciclo se rompió. -Le dijo con algo de irritación en su voz, había creído que la chica lo sabría y darse cuenta de lo contrario lo decepcionaba un poco. -Rini es una mezcla de la Tierra y la Luna y al elegir a Eliot que era incapaz de abandonar este planeta terminó por desprenderse por completo de su lado lunar. Por eso nunca pudo heredar el cristal de plata, su cristal es una piedra terrestre. Igual que nosotros, los cuatro generales del Cielo.
-Pero el joven príncipe... -volvió a intentar ella
-Se convirtió en el nuevo Pegaso -pero él volvió a refutar en su contra -No puede gobernar. Sólo Endymion puede y debe ocupar ese lugar hasta que genere otro heredero. Por el bien de éste planeta. Pero eso no pasará si él asciende a la Luna.
La peliroja lo entendió y por un instante habría deseado no hacerlo, pues sabía lo que los generales del cielo tendrían que hacer para lograr que el príncipe permaneciera en la Tierra...
-Usagi... -concluyó para sí y luego le miró con súplica -Dime algo, ¿le harás daño?
Nephrite suspiró.
-Quisiera no tener que hacerlo
-Entonces déjame ayudarte. -Fue la respuesta de ella poniéndose de pie y mirándolo con determinación, a lo que él reaccionó girándose a su vez hacia ella -Y antes de que digas cualquier otra cosa, recuerda nuestra última vida. Fue la primera en la que nos conocimos personalmente, pero también fue donde fallaste en no dejarme ayudarte. -le recordó cortando las palabras de éste. -Permíteme hacerlo. En aquél entonces nunca recuperé mis recuerdos sino hasta Tokyo de Cristal y para entonces ya era tarde. Tal vez no tenga la fuerza de mi hermana, pero sigo teniendo la energía de un cristal sailor. Puedo ayudarte -le dijo firme y luego sus cejas se juntaron en un gesto de súplica al tomar las manos de éste. -Déjame ayudarte.
Él la miró un instante, tratando de definir si aquello era correcto, pero demasiado conmovido para pensarlo en serio. Lo cierto era que la quería consigo, incluso si en el proceso terminaba condenándola a sufrir el mismo destino que él.
Así de egoísta era.
-Está bien. -Asintió rendido a lo que la sonrisa se asomó al rostro de ambos -Bajo una condición. Déjame llevarte a esa cita que nunca pudimos hacer realidad entonces.
-¿Cita? -preguntó confundida.
-¿Qué era lo que querías? ¿Un postre de chocolate? -Le preguntó sonriente, pero era más una declaración que una pregunta en sí. Y ella fue capaz de recordar aquello, obviando por completo el final de la escena y concentrándose en el hecho de que ahora tenían la oportunidad de un futuro juntos.
-Sí, sí por supuesto. -contestó lanzándose a sus brazos.
Mina se había transformado en Sailor Venus para poder regresar al hotel del mismo modo en que se había salido sin crear sospechas. Artemis había desaparecido con Yaten y Luna. A Serena la había mandado a dormir sola, de modo que tenía la habitación completa para sí. A lo que suspiró tras ver la enorme cama. La verdad era que había estado deseando tener una noche de chicas, pero cuando eres la líder de las sailors scout es imposible tener un tiempo libre que no uses para cumplir tu misión como senshi.
Se sentó al tocador y se miró fijamente en el espejo, recordando una época en la que aquél traje de senshi había sido como su segunda piel, su trabajo de todas las horas. Una época en la que había poseído una habitación tan espléndida como ésta e incluso más dado que era más grande; que también poseía una pequeña terraza por la que entraba siempre un fiel amante.
-Venus...
Ah!, y allí estaba él, igual que hacía eras atrás. De pie a la entrada de la terraza, con el viento revolviendole los blancos cabellos y ondeandole la capa. Con ese aire seguro y majestuoso que había perdido en su segunda vida. Y lejanamente se preguntó la rubia al sentir la sensación de deja vú, si siempre vivirían la historia para repetirla. Sino bien de una manera, de otra.
-Kunzite -Dijo su nombre a modo de saludo, sin levantarse de su asiento, podía verle claramente a través del espejo del tocador.
-Mira nada más cómo quedaste -fue la expresión de él al notar la baja energía que tenía el broche y el cansancio que lucía en sus rostro, principalmente en sus ojos.
-No deberías estar aquí -fue la respuesta de ella, sin sonar agresiva ni molesta. Se había decidido a deshacer la transformación justo en ese momento, en buena parte porque no deseaba que siguiera analizando su poder (no se lo permitiría a nadie que no fuera su princesa) y en otra porque deseaba provocar al platino al dejarle ver su cuerpo desnudo tras el pequeño instante en el que los listones de su poder abandonan su cuerpo.
Y lo había conseguido. Kunzite la miraba detenidamente, admirando cómo sólo ella, la sailor del amor y la belleza, lograba que un simple gesto sin intención de coqueteo, resultase atractivo, sexy...
-No puedo evitarlo, tienes mi piedra. -Refutó. -Además...
Su voz se perdió un instante remarcando la gravedad del tema que lo había llevado a verla y consiguió el que ella se girase en el asiento para verlo directamente. La curiosidad y la preocupación bailaban en los ojos de la rubia.
-He venido a advertirte -le dijo al fin.
Mina sonrió con tristeza y resignación, soltando al tiempo el aire que había retenido sin darse cuenta.
-Volveremos a enfrentarnos, ¿no es cierto? -concluyó, sin perder la sonrisa cargada de angustia.
El rostro de él reflejaba exactamente lo mismo.
-Desearía decirte que todo se resumirá a estas visitas, iguales a las que mantuvimos durante el Milenio de Plata; pero sería mentir y hace mucho que dejé ese mal hábito -le dijo intentando levantar el ambiente, cosa que consiguió sin problema, después de todo tenía un efecto en ella que fue lo que logró el que le amase en otra época, en otro lugar distinto de ese que compartían ahora.
-Al menos ésta vez, no estás bajo el encantamiento de una mala mujer -bromeó ella.
Kunzite sólo le miró con picardía.
-Te tienes en muy alta estima, ¿o no? -le dijo, confesando que él aún se sentía atraído por ella.
Mina rió por lo bajo, entre conmovida y triste.
-No te hagas ilusiones Kunzite -le advirtió. -Recuerda que soy incapaz de obviar el amor. Me he enamorado muchas veces y he tenido más de un amante.
-Aunque para mi suerte ninguno al mismo tiempo -le interrumpió sonriendo.
Había amor en su mirada, nostalgia de aquellos días y ése gesto fue capaz de despertar en ella aquél viejo sentimiento compartido. Pero tan pronto llegó la tristeza de un amor no cumplido dominó aquella emoción.
-Habrías sido el único. -Le confesó ella, la voz tenue, tersa y herida. -Si no te hubieses dejado vencer. -Completó dejando en claro que le culpaba de aquello.
-No fue tan sencillo y lo sabes. -Refutó él, dejándose envolver también por la molestia de aquél enfrentamiento y rompiendo el contacto con ella y elevando la voz mientras se defendía. -Nuestro príncipe estaba en la Luna cuando eso sucedió. Sin el poder del cristal dorado era imposible defendernos del engaño de Metalia. Ustedes lo consiguieron por la protección del cristal de plata. Además...
Mina había empezado a sentir la superficie de un enojo. Habría estado a punto de refutarle a la defensiva igual que él sino fuera por la forma en la que él la miraba tras haber perdido la voz tras su última palabra. Había añoranza en esos ojos, pero sobre todo dolor y pena. Los mismos sentimientos que ella alguna vez sintió por él pero que gustosamente reprimió al ver en peligro a su princesa.
-Tu tenías mi piedra. -Completó él en un susurro apenas.
Mina bajó la mirada al suelo. Conmocionada.
-Aún la tengo... -confesó, con las cejas casi juntas en su gesto de nostalgia.
Kunzite la habría abrazado, habría terminado aquella pelea sino fuera porque el final de su historia en el Milenio de Plata le había demostrado que no era y que nunca sería la persona más importante de ella.
-Sin embargo, algo más es cierto. -Le llamó con ese tono de voz de nuevo grave y en cierta manera acusatorio. Mina le miró curiosa y con temor, incapaz de definir el tono de aquél asunto, primero la elogiaba y luego la repudiaba y repetía el ciclo. -Tú has consagrado tu vida a ella. Puede que hayas tenido muchos amores, pero sólo la devoción que sientes por tu princesa consigue llenarte. -Declaró.
Y la voz se le atoró en la garganta a Mina, quien apretaba los labios intentando controlar el remolino de emociones que sentía. Claro que aquella declaración era cierta, pero le molestaba la forma en la que se lo reclamaba, como si debiese sentirse culpable de aquello. Y ella sabía que no debía ser así. Que jamás sería así sin importar el desfile de hombres que pudiese ofrecérsele. Su primera prioridad siempre sería ella... Y al comprenderlo, se sabía culpable de haberle traicionado como él justamente le reclamaba ahora.
-Tu gran amor siempre ha sido ella... -siguió él -y en cierta forma, me da gusto que haya sido así. -los ojos de Mina se abrieron en sorpresa, no esperaba escuchar aquello. -No habría soportado ser tan ruin en contra de mi voluntad.
Y entonces lo entendió y no pudo evitar sentirse herida y furiosa.
-Lo dices porque logré matarte sin verdadero problema. -Inquirió ella con voz fría, de nuevo a la defensiva, diciendo lo que él sin duda no se atrevía aún a decir en voz alta. Acusándola de nuevo de hacer lo que tenía que hacer desde un principio.
-Por eso eres la líder. -Le dijo sonriendo de nuevo, en cierta forma aceptando como ciertas las palabras que ella le había dicho. -Porque amas pasionalmente a tu princesa, algo en lo que ninguna de las otras sailors puede igualarte. Y eso es algo que siempre he admirado. Fue la razón por la que me enamoré de tí.
El enojo cedió un poco en el corazón de ella. Pero sólo consiguió apagarse cuando ella comprendió la verdadera intención de él al buscarla. Esta vez no despegó la mirada de los ojos de él. Se sentía entre honorada y destrozada, pero contradictoriamente feliz de poder seguir siendo ella, de cumplir con su misión por encima de él...
-Lo que vienes a decirme, es que esperas que la vuelva a proteger de la misma manera, ¿cierto?
La sonrisa se hizo más amplia en el rostro de él pero no concordaba con la tristeza y el sentimiento de angustia que brillaba en sus ojos.
-Sí. -Asintió, extendiendo su capa. -Eso justamente. -Dijo más para sí que para ella, mientras se envolvía en la fina tela.
Y luego simplemente desapareció, dejando a Mina con un dolor agudo en su pecho.
Amy suspiró una vez más tras no conseguir conciliar el sueño. Cerca de las dos de la mañana y no podía dejar de pensar en el fragmento que había encontrado. Quería respuestas. Pero la razón que la había dado a Lita para buscarlas no era la principal en su corazón.
-Hermes -susurró la peliazul mirando con tristeza el techo.
Lo malo de haber recuperado sus recuerdos a medias era que no podía despertar su poder completo ni saber en qué orden debía de proceder como senshi en la nueva batalla. Pero también estaba el hecho de recordar personajes a medias, personajes que habían sido importantes para ella.
Personajes que alguna vez amó. O más claramente un personaje que amó. El dueño del nombre que había susurrado, el chico de ojos amatistas tan iguales a los de Taiki. Pero no podía ser así, se reprendió. Ella recordaba que Hermes había quedado atrapado en Ilusión...
Y por eso era que necesitaba descubrir de dónde provenía el fragmento. Tal vez y sólo tal vez, su antiguo amante se había liberado...
Suspiró de nuevo y se limitó a intentar dormir, ésta vez consiguiéndolo. Mañana sin duda podría seguir investigando hasta encontrarlo, siempre que él no la encontrara primero.
A/N: Como se darán cuenta los capis ahora son más largos y esto como resultado de que no tengo mucho tiempo para escribir y creo que más vale leer un buen capítulo que leer capis cortos que nos dejen a medias de quedar satisfechos por la espera. Sin embargo acepto cualquier sugerencia. En el próximo capítulo responderé a sus reviews, para que no piensen que me olvido de ustedes.
Xoxo.
