Antes de empezar, me gustaría responder a ciertas de sus preguntas:

Viento-cortante: Bueno, si leíste el capi anterior habrás descubierto ya la razón por la que Haruka renació como hombre, que era básicamente hacer realidad el deseo de Michiru (aunque ver si lo logrará será punto y aparte, pues aún le falta cocerse a ese arroz). La razón por la que Darien no está interesado de momento en Serena se debe a un suceso que ocurrió durante Tokyo de Cristal que a continuación semi-narraré, ése recuerdo es el único que permanece claro en los recuerdos de Darien. El sabe que volverá a encontrarse con ella, pero no quiere arrastrarse por el pasado al igual que Setsuna. Ellos dos en esta vida se supone que son primos; pero ya ahondaré en su relación más adelante. Lo mismo con Jadeite, a quien necesitaba vincular con la Tierra (al haber nacido en ésta), la Luna (al ser hermano de Serena y Haruka), Ilusión (al ser hijo de ojo de tigre) y La Luna Negra (al ser hijo de Kalaberite); como siempre, hay una razón detrás de ello, jojojojo.

Yuuki Miaka chan: De Mina sólo te puedo decir que no. No es igual al live action pero sí algo parecido, créeme, ya lo tengo bien pensado y el final que le toca te gustará, sólo que tendrás que ser valiente y aguantar hasta el final de la historia; pues vienen tiempos difíciles para la líder de las sailors. Eos, efectivamente es Seiya, dentro de dos capis más éste recuperará esos recuerdos por algo que ocurrirá, jejejeje.

Tamat: Si te encantaron las voces de Mina y Seiya, espérate a las de Taiki, Yaten y Serena! Prometo no defraudar.

Princessnerak: Sorry! Me tardé en responderte! =( De momento costará algo de trabajo el que todos vuelvan a trabajar como un equipo igual que lo hacían en sus otras vidas, pero te prometo que lo lograrán. Si bien no como se esperaría, el final vale bastante la pena, lo juro. Y no te preocupes, que prometo cumplir lo de capítulos largos y buenos jijijiji.

Disclaimer: Sailor Moon pasó a ser propiedad de Kodansha cuando se hizo el anime y las regalías, osease los juguetes. xD


"Día nueve: Inner Senshis."

-Aún es muy flojo el golpe.

Yaten jadeaba pesadamente, mientras intentaba recobrar el aliento; con las palmas recargadas en sus rodillas. El sudor le resbalaba de la frente hasta la arena bajo sus pies. Y las ropas se le pegaban al cuerpo. Ese entrenamiento estaba desgastándolo mucho más rápido de lo que había pensado.

-Necesitas guardar la fuerza y soltarla hasta que hagas contacto.

Artemis estaba de pie frente a él, impecable, como si no hubiese estado peleando contra el platino a pesar de haber sido así. Su mirada serena se perdía por encima de la figura del chico, hacia el mar y la brisa le mecía lentamente la melena. Luna estaba pronta a atender al chico, sosteniendo una toalla con la que se disponía a limpiar el rostro del mismo.

-Es suficiente por hoy. -Dijo ella con una sonrisa.

Su compañero sin embargo la detuvo antes de que pudiera ofrecerle la toalla al platino.

-Aún no.

-Artemis. -Contestó airada -Dijimos que entrenarían hasta el amanecer y el sol ya se ha puesto en el cielo. Mina no tardará en despertar también. -Le reclamó con las manos en la cintura, de manera protectora con el muchacho. -Los chicos deben de seguir con el ritmo de su vida de estrellas o se empezarán a crear sospechas.

-Pero aún no es suficiente. -Respondió Artemis con los ojos cerrados e inspirando con fuerza. Era evidente que no quería tener que discutir con Luna, quien por supuesto estaba decidida a no perder ante él.

-Míralo!, está agotado. Seguir así no le servirá para ser mejor sólo lo desgastará.

-¿Qué diría Mina al respecto? -Presionó de nuevo el hombre, tratando de dar a entender que la rubia estaba muy por encima del joven y que por tanto su orgullo no aprobaría de él.

-¡Precisamente por eso! -Pero Luna apeló hacia el lado sentimental de la chica.

Lo cierto era que ambos tenían razón, pensó Yaten. Quien en ese momento decidió que la decisión debía tomarla él.

-Está bien. -Dijo irguiéndose al fin, el aire había vuelto a sus pulmones. -De verdad Luna, te lo agradezco. Pero... -le dijo tranquilizándola al poner su mano sobre el hombro de ésta. Y luego miró con determinación y algo de derrota en sus ojos hacia Artemis. -Aún estoy muy lejos de alcanzarla, ¿cierto?

-No durarías más allá de un par de minutos contra ella si es lo que preguntas. -Fue la respuesta de él.

Yaten suspiró.

-Lo sé. Aquél enfrentamiento se prolongó sólo porque ella quería lograr el que me transformara. -Explicó, a sabiendas de que eso era algo que aquella pareja había sabido desde un principio. Y haber descubierto aquello sólo lo apenaba aún más. -Y me acabó en tan sólo un golpe. -Se quejó avergonzado. -No es suficiente y debo seguir.

Artemis sonrió.

-Era lo que esperaba que dijeras.

-No. -Declaro la morena.

-Luna!

-No! -exigió. -Ya has cumplido con tu parte del entrenamiento, ahora me corresponde a mí.

Yaten la miró desconcertado.

-¿A tí? Luna tú también...

-Yo también soy una sailor senshi del Imperio Lunar -le dijo interrumpiéndolo -Mi fuerte es la sabiduría y vaya que a ambos les hace falta.-Declaró mirando con reproche a Artemis -Yaten, ven conmigo.

-Significa que no lucharemos. -Inquirió el aludido.

-Pelear contra tí en este momento sería abusar, además, la lección más dura es aprender cuándo desistir.

Viendo el rumbo que había tomado aquél momento y sabiéndose vencido, Artemis suspiró con pesadez y paso de largo de ambos.

-Volveré a la habitación a tomar una ducha. -Dijo sin ver a Luna.

-Te hará bien. -Declaró ella devolviendo el gesto, mirando al frente.

Yaten miró detenidamente a Luna entonces. Le dejaba perplejo la interacción que esos dos tenían. Personalmente creía que Artemis era alguien muy difícil para haber sido gato en la otra vida, o al menos eso era lo que creía que había sido. Bueno, eso era lo que se decía; lo cierto era que le tenía cierta adversión por los sentimientos que sentía hacia Mina. Aunque ahora estaba seguro de que no debía preocuparse, a veces le resultaba difícil no detestarlo. Pero ver a Luna tan fuerte y tan llena de determinación, tan indomable, lo maravillaba. Y aún más el que pudiese dominar a alguien como Artemis.

-¿Qué ocurre? -Luna se percató entonces de que el muchacho la miraba con una sonrisa burlona.

-Sólo me admira lo bien que lo manejas -confesó éste.

-Bueno no es la primera vida que compartimos juntos y probablemente no sea la última. -Le explicó comenzando a avanzar por delante de él. En su voz no había ninguna otra emoción más que un recelo distante.

Eso extraño sobremanera al platino, quien creyó que Luna quizá pensaba lo mismo que él pensaba sobre Artemis.

-¿Eso te molesta? -cuestionó comenzando a seguirla.

-No -negó segura, permitiéndole al corazón saltar en su pecho. -Lo que me molesta es no poder compartir la misma historia vida tras vida. -Confesó con tristeza. Yaten quizá la habría seguido cuestionando, pero Luna fue más rápida y desvió el tema hacia lo importante. -Dijiste que querías alcanzar a Mina

El efecto fue inmediato. El semblante de Yaten cambió al instante.

-Justo como soy ahora... -comenzó, sin saber muy bien cómo explicarlo -a pesar de haber peleado con ella en los otros enfrentamientos de estos días, la verdad es que me he sentido más como un estorbo que como un apoyo.

La morena sonrió comprensiva, deteniéndose al llegar al muelle. Yaten y Mina habían estado luchando los días anteriores contra múltiples Youma que habían aparecido en el pueblo y en una ocasión lo siguieron a las afueras en dirección a la ciudad. Mina no había tenido mucho problema con ello, pero Yaten se cansaba demasiado rápido en comparación con la rubia y eso creaba una cierta distancia entre ambos. Luna pensó que tal vez, lo que le molestaba era que la chica no le reconociera.

-Eso es normal, acabas de despertar. -Le dijo tratando de hacerlo sentir mejor, aunque sin éxito.

-Sí pero ella, lo hace parecer tan fácil. -Se quejó desviando la vista.

-No en vano es la líder. -Trató de razonar con él. -Está en sus venas.

Yaten bufó.

-No la recuerdo tan centrada en la vida anterior.

-Eso fue culpa de Usagi. -El platino miró directamente a Luna tras el tono en el que había dicho esas palabras. Mucho muy a la defensiva pero con un atisbo de agradecimiento. -Ella le dió más vida a Minako de la que le dio a Venus. Nos hizo olvidarnos del pasado y concentrarnos en el presente por el bien de nuestro futuro. Nos recordó que no estábamos obligados a ser lo mismo que habíamos sido.

-¿Pero no era ésa su esencia?.

-Quizá. -Reflexionó Luna. -Pero entonces no teníamos la oportunidad de una vida común ocultos del resto del mundo. Aquella reencarnación nos permitió experimentar eso. Mina se volvió madura y centrada después de que Artemis la encontró. -Le explicó. -Lo suficiente como para hacernos creer a nosotros y al enemigo que ella era la verdadera princesa de la Luna y de esa forma proteger a Usagi. Pero una vez esa batalla terminó, ella y Serena se permitieron ser simples chicas normales.

Luna se permitió un momento para recordar aquella época. Mirar hacia el pasado ahora era casi un suplicio y no porque no lo atesorara o no lo amara, sino porque ahora precisamente ahora, de nuevo estaban perdidas aquellas memorias, aquellos lazos y aquellas viejas peleas habían vuelto a acecharlas. Recordaba claramente a ambas "Venus", la del Milenio de Plata y la del siglo XX, pero también estaba su versión madura en el siglo XXX; aquella que casi se se destruye a sí misma cuando el foco de su existencia se marchitó... La morena sacudió la cabeza tratando de alejar aquel último recuerdo y concentrarse en lo que el platino le había cuestionado.

-Cuando tú la conociste, era ya un espíritu libre. -Le dijo al fin después de un instante de silencio.

Esta vez fue Yaten el que suspiró, tras sentir de nuevo aquella sensación de estrujamiento en su pecho.

-Me da la impresión de que la conocí desde mucho antes. -Confesó agachando la mirada.

-Tal vez... -Luna le miró un instante dubitativa. ¿Debería hablarle del pasado? ¿O dejar que lo recordara por sí mismo? Habría elegido lo segundo quizá, si tan sólo no recordara su fascinación con el chico de su vida pasada. -La vida de Venus, nunca fue sencilla. A decir verdad, la de ninguna de las chicas lo fue.

MINA SAILOR VENUS

Tears and Rainbows - Olivia Lufkin

La luz del sol se coló por el ventanal y bañó de matices dorados la cama recién tendida. El aroma a sal proveniente del mar se había instalado en la habitación tras haber entrado por la misma ventana por la que se colaba la luz y la brisa cargada de humedad. Todo en la habitación estaba en orden y Mina recién salía de su ducha, completamente vestida en un conjunto short-straple de tono azul marino con pequeñas margaritas difuminadas por toda la tela. Llevaba el pelo suelto y unas sencillas sandalias blancas. Se veía como alguien que cuidaba de su aspecto, de verse siempre bien vestida y a la moda, pero lo cierto era que elegía sus ropas en automático. Claro que no siempre había sido así, pero desde que había despertado como sailor Venus, muchas cosas en ella habían cambiado.

Tomó la tarjeta de la habitación y se la metió en el bolsillo. Justo antes de salir se puso un sombrero macetero y miró por última vez la habitación arreglada, una constante que la había acompañado vida con vida. Cerró la puerta y salió al pasillo. Se dirigía hacia el lobby, había quedado de verse ahí con Yaten antes de que los demás se levantaran. Eran las 7 en punto de la mañana y el hotel estaba flojo de movimiento. Estaba cansada pero su cansancio no se reflejaba en su rostro, durante los últimos años había perfeccionado esa técnica de lucir siempre viva y amena.

Cantar era lo único que la liberaba. Y saber que pronto bajaría del escenario le daba más peso a su cansancio. Kunzite era otro tipo de peso. No lo había vuelto a ver después de aquél encuentro y más que darle tranquilidad a su corazón lo atormentaba.

Mina se detuvo en su andar. Necesitaba un minuto para sí. Giró a su derecha y se topó con la terraza que daba hacia la playa y se animó a ir hacia ella. Se recargó en el barandal y miró sin mirar el mar en la distancia. A esas horas el cielo estaba precioso, oscuro e iluminado, todo al mismo tiempo. Y sus ojos se perdieron...

¿Cuánto tiempo llevaba peleando? Parecían siglos y sabía que en cierta forma era así. ¿Cómo había empezado todo? y ¿cómo habría de acabar? Venus era la fuerza del planeta mismo. Un planeta hermoso incapaz de tener una población viva dentro de él. Su cercanía al Sol se lo impedía. De modo que a diferencia de las demás toda la energía del planeta estaba dentro de ella. Y era por eso que su poder la había hecho líder. No tenía a nadie a quién proteger. Hasta que apareció ella...

En aquella época su semilla estelar había brillado con fuerza, con un tono color naranja. Y salió disparada hacia el planeta que había reclamado su nombre. El resto lo hizo la energía del mismo. El mismo que requería de una guardiana, de su princesa y su reina. Y así fue como Sailor Venus se creó. De un planeta cálido nació la diosa del amor y la belleza. Porque Venus era hermoso en sí.

Pero estaba sola... Contenta pero insatisfecha. Y anhelando siempre por las noches el poder ver el brillo de la Luna, bendecida con un resplandor fino y etéreo, mucho más que el de ella.

-Venus -le había llamado aquella luz, aquella luz que pronto pudo identificar como la figura de una hermosa mujer, cuyos cabellos blancos resplandecían con tonos morados.

Se sintió halagada de que la Reina misma de la Luna fuera a buscarla. Maravillada por aquel poder se quedó quieta observándola. Aún era una niña cuando la conoció y la tomó bajo su protección.

-Bienvenida otra vez pequeña. -Ella le sonreía y para Venus, que no había visto nunca la sonrisa de alguien más que la de ella misma, aquél gesto era el más hermoso que jamás había visto en su vida.

Hablaron durante horas aquella noche y ella durmió en el regazo de aquella mujer que le cantó canciones de cuna mientras le acariciaba el rostro y los cabellos. Y al final, Venus, ya conquistada, había accedido a ir al Palacio Lunar.

-Ella es Serenity, mi hija,

Allí conoció a quien sería por siempre el gran amor de su vida. Su única princesa. A quien temió repudiar por sentir que ganaría sobre la atención de la reina y con justa razón. Pero al verla, ningún mal sentimiento la envolvió. Por el contrario, su pecho se sintió cálido al ver su sonrisa.

-Wow, somos casi iguales -exclamó la niña de coletas frente a ella. Tenía la expresión más viva y hermosa en todo el reino y sospechaba que también de todo el sistema solar. -Pero lo cierto es que tú eres mucho más hermosa -declaró acariciándole el rostro y mirándola con verdadera admiración.

-¿Hermosa? -preguntó Venus perpleja y lejanamente emocionada

-Sí. Como una diosa. -Exclamó la pequeña pricesa sonriendo más ampliamente.

Y el corazón de Venus se encendió. Tenía la misma sonrisa que su compañera, pero el sentimiento mucho más enardecido que el de ella.

En ese momento, se entregó enteramente a ella. Y así siguió siendo. Pronto ella despertó como senshi, su planeta natal la protegía con su poder a través de su broche de transformación y esto le permitió proteger y defender a aquella niña que la había conquistado cuando la luna oscura atacó. La Reina Serenity como siempre había logrado detener aquél mal y tras el descanso propio de la batalla hizo llamar a Venus a su presencia.

No hubo necesidad de cuestionarla ni de empezar la conversación, Venus misma lo hizo; siempre madura para su edad y directa con las palabras.

-Hubo una sailor antes de mí -declaró con la seguridad de que era cierto pero dejando el espacio para una afirmativa o negativa por parte de su reina, quien sonrió al instante.

-Sí, pero su tiempo ha terminado. -Declaró, sabía que la chica entendía que la anterior sailor había sido compañera de ella durante sus días de princesa y que tras su muerte, sailor Venus había nacido.

-Hay otras sailors antes de nosotras. -Volvió a inquirir la rubia.

La Reina no perdió su sonrisa.

-Sí, pero se encuentran en las afueras del sistema solar, previniendo cualquier daño externo. -Explicó, dejando en claro que las outers jamás entrarían al palacio a menos que la amenaza sobrepasara sus barreras y que dicha amenaza fuera externa. Lo cual explicaba porqué necesitaba de un grupo nuevo de sailor para la princesa.

Venus abandonó de pronto el aire de suficiencia y lo reemplazó con uno de humildad.

-Me he enamorado de su hija. -Confesó.

-Es irresistible, lo sé. -La sonrisa de la Reina se amplió con ternura, dejándole entender a Venus que aquello la contentaba más de lo que pudiera llegar a preocuparle -Confiaba en que eso pasaría.

Ante esa confianza Venus decidió dejar en claro que había aceptado la verdadera propuesta de la Reina hacia ella, la razón por la que había ido a buscarla.

-He decidido consagrar mi vida a ella.

-Necesitarás un nuevo senshi -le aconsejó la mujer. -Y conozco a la persona adecuada

-¿Es alguien de Ceres?

-Eres muy lista -exclamó Serenity, genuinamente asombrada de la capacidad de deducción de la chica, sin duda haría una excelente líder. Venus dedujo que la respuesta era una afirmativa, pero aquello la confundió en lugar de aclararle las cosas.

-¿No hay una sailor allí?

-Sí, se trata de su hermana mayor, ambos son muy parecidos físicamente. -Asintió la Reina.

Sabía que Mina creía que aquellos dos serían compañeros y por eso trató de informarle que al igual que ella, cada soberano tiene su séquito y nada más. Sailor Mars tenía dos a su cargo y Júpiter tenía nueve, pero eso no significaba que ambas sailors no pudieran seguir al resplandor de la Luna.

-Trátalo bien -fue la última petición de la Reina antes de que Venus partiera de regreso a su planeta, donde su senshi le esperaba para el encuentro.

Pero el susodicho había resultado ser todo menos lo que ella había tenido en mente.

-Puede que seas hermosa, pero no hay nada de especial en tí -fue la declaración arrogante de Adonis, el guardián y futuro soberano de Ceres, tras haber conocido a la, en su opinión, petulante princesa venusiana.

Sailor Healer saltó de inmediato ante su hermano, tratando desesperadamente de evitar un malentendido entre ambos.

-Le ruego lo disculpe su alteza, mi hermano aún es muy pequeño para saber que es grosero -declaró, dirigiéndole una mirada de reproche al platino que éste ignoró al instante con gesto altanero.

-Sólo estoy diciendo la verdad -refutó éste

-Adonis! -le gritó su hermana a punto de darle un puntapie.

-Peleemos -pero la voz de la pequeña Venus de diez años la detuvo de hacerlo.

Ambos se detuvieron en sus actos para mirarla directamente. La rubia tenía fuego en la mirada, un fuego naranja de determinación bastante intimidante según la opinión de Healer, aunque a su hermano solo parecía molestarlo aún más, a pesar de prestar atención a sus palabras.

-Así te demostraré lo especial que hay en mí -declaró con firmeza.

De regreso al presente, aquél recuerdo le otorgó una sonrisa al rostro de Mina, cuya mirada lucía nostálgica. ¡Cómo olvidar aquél encuentro! Después de todo lo había ganado y con creces. Saber que aún ahora estaba por encima de él la llenaba de orgullo e inflaba su ego, como si no lo tuviera ya lo suficientemente grande, pensó para sí. Pero había que darle una lección a aquél niño arrogante por subestimarla, sin importar lo guapo que pudiese estar, ella no le permitiría que le faltara el respeto de aquella manera.

Y él desde luego, al ser tan arrogante y en cierta forma del género masculino, según Mina, no podía quedarse así. Y se había dedicado a entrenarse para vencerla o al menos para lograr alcanzarla. Tras aquél encuentro, Adonis había aceptado seguir a la chica al Reino Lunar y entrenarse para ser su compañero, pero en algún punto aquello cambió.

-¿Has decidido formar parte de la guardia?

Tenían doce años entonces y un par de batallas de experiencia cuando Venus le había hecho aquella pregunta. Estaban en el palacio de Ceres, que llevaba un rato abandonado del heredero que entonces había regresado sólo para decidirse a tomar un cargo. Un puesto en la guardia lunar, el ejército que defendía la paz fuera y dentro del sistema solar.

-Ha sido mi obsesión desde que me venciste aquella primera vez -respondió Adonis descansando sentado en las escaleras que bajaban al jardín. Venus estaba a su lado, recargada sobre el pilar sentada a su vez en esas mismas escaleras, de frente a él. Pero él miraba al jardín y no pudo notar la añoranza en los ojos del platino. -Ahora que he ganado incontables batallas puedo salir del sistema.

Y eso era cierto. Se había vuelto muy fuerte y todos en su planeta le admiraban por su fuerza y su dedicación en la preservación de la paz. Él sonreía y ella lo veía, pero no por eso estaba de acuerdo. Que él se volviera oficialmente un guardián lo alejaría de ella para siempre y aún no estaba lista para eso, incluso si él no era el gran amor de su vida. O al menos eso creía. No lo sabía, pero necesitaba averiguarlo y por eso, tras llenarse de determinación sólo pudo recurrir a aquello que mejor sabía hacer para retenerlo.

-Lucha conmigo otra vez -le pidió y el platino la miró al fin -si me vences te dejaré ir

-¿Dejarme? -los ojos de él se abrieron perplejos e incrédulos -¿De dónde sacas que te pertenezco? -se quejó, sintiéndose que lo había tomado por sorpresa. -Deberías darte cuenta por lo largo de mi cabello que no soy el mismo enclenque de hace cinco años.

De nuevo tenía que darle la razón en esto. Era tradición entre los reclutas para la guardia pelear un cierto número de batallas para estar verdaderamente listos para entrar como soldados. Era sencillo, el cabello largo significaba el número de victorias que había tenido, si perdía, debía cortar una cierta parte y así en lo sucesivo.

Adonis no había perdido ni una sola vez. Y era evidente que él presumía de ello. Pero Adonis no había peleado con ella en mucho tiempo y era obvio que ella también se había fortalecido.

-Eso está por verse. -le declaró poniéndose de pie.

El chico sonrió y de inmediato se prepararon para pelear.

Mina volvió a suspirar intentando separarse un poco de aquél recuerdo, aquella sonrisa se había perdido tras recordar lo que había venido después. Aquél empate se desentendió con el consentimiento de la Reina Serenity y Adonis había entrado en la guardia. Por fortuna no había habido mayores problemas y por lo general sus batallas también la envolvían a ella. Así que en cierta forma seguían juntos. Pero hubo un mal que terminó separándolos por siempre.

-¿Es el caos?

Venus le miraba atenta y preocupada, con el corazón pendiéndole de un hilo, pero aún renuente a aceptar lo que sentía por y frente al platino.

-La Reina Serenity no puede abandonar la Luna, no ahora -le respondió Adonis, sin necesidad de afirmar la pregunta de ella, en su opinión el que callaba otorgaba, así de sencillo y se enfocó en explicar sólo lo verdaderamente importante, al menos para él. -Y tú debes quedarte a cuidar a la princesa. Las outers y los guardianes nos haremos cargo. Eos y Hermes estarán conmigo, así que no te preocupes. -Le sonrió, decidiéndose a mirarla al fin tras haber terminado de prepararse. -Volveré para patearte el trasero esta vez.

Venus se contagió de aquella sonrisa, sincera pero triste, incapaz de llegar hasta sus ojos.

-Más te vale, porque no te dejaré empatar de nuevo.

-Yo también estaré con él Venus, así que no te preocupes. -Healer estaba de pie frente a ambos, lista para la batalla.

-Te lo encargo mucho Healer.

Adonis refutó un tanto molesto de que su hermana se considerara su niñera.

-Hey, soy más fuerte que tú, recuérdalo.

-Sí, pero eres mucho más imprudente. -le respondió su hermana. -Yo evitaré que cometas alguna locura.

Los ojos de Mina se nublaron de nuevo. No tenía caso pensar en el tiempo que llevó terminar aquella ardua batalla, ni tampoco en lo que sucedió mientras tanto. Sólo lo que ocurrió al final. Cuando la galaxia volvió a estabilizarse y las semillas se perdieron.

Lo recordaba a la perfección y aún dolía a pesar de haber renacido. Dolía mucho el recordar lo que se siente perder a alguien. La imagen de la Reina Serenity diciéndole lo inevitable. Tenía quince años entonces.

-Sailor Galaxia ha controlado el caos de nuevo y le ha dado resguarde a las semillas caídas. -Fue su mensaje, pero su sonrisa se desvaneció cuando se giró hacia ella. -Venus,

"No", gritaba su subconsiente, a sabiendas de que si él no estaba allí sólo podía significar una cosa. Había dado un paso al frente y miraba directamente a su soberana.

-Lamento decirte que...

"No", su corazón se estrujó, pues conocía la respuesta.

-Healer y Adonis...

"No"

-Lo lamento mucho, ambos se perdieron.

"Venus" , su imagen, la imagen de él aquella última tarde, cuando le había dicho que la amaba la persiguió durante mucho tiempo, en sueños que se volvían pesadillas.

"¡No!" y siempre gritaba intentando deshacer aquél maleficio.

-¡Venus!

Incluso cuando debía estar de guardia. Había pasado todo un año.

-uh! -Venus se giró hacia su agitada compañera, que la miraba como si el cielo se estuviese cayendo -¿qué ocurre Mercury?

-Es la princesa otra vez -exclamó ésta.

Y ella sabía a lo que se refería. Serenity había ido de nuevo a la Tierra. Un gesto de exasperación surcó su rostro; a pesar de entender el porqué, no concebía el que la princesa estuviese por segunda vez enamorada y esta vez de alguien ajeno a su estirpe, nada más.

La encontró cerca de los palacios de la Tierra, esos que conectaban con la tierra mística llamada Ilusión. Como lo suponía de nuevo con él. Y tan pronto aterrizó, envolvió a su princesa en sus brazos.

-Princesa, ¿otra vez aquí! -le reprendió. -Es tiempo de regresar

La princesa Serenity suspiró.

-Ay Venus, tú no entiendes lo que es estar enamorada -le dijo a modo de reclamo, aunque sin afán de hacerla sentir mal.

-No me des sermones ahora -refutó molesta la líder de las sailors.

-Vaya romance tan recelado, príncipe; lo compadezco.

-Kunzite! -gritó Endymion ligeramente apenado.

Aquél hombre se hizo presente con ese comentario, logrando atraer hacia él la atención de los presentes, pero particularmente la de la líder de las sailors; quien no podía despegar los ojos de éste y miraba incrédula y fascinada aquella fina melena plateada, tan parecida a la de su amigo perdido en batalla.

Kunzite le sonrió caminando hacia ella y le extendió la mano en un gesto de paz.

-Tal vez, por esta vez, podríamos pasarlo por alto -le dijo guiñándole el ojo.

Venus se lo pensó un instante antes de estrechar su mano con la de él. Aún recordaba las palabras de Adonis antes de partir rumbo a la guerra.

"Si yo desapareciera, me gustaría mucho que tú siguieras buscando tu felicidad hasta encontrarla. Y sé que tal vez podría ayudarte a dar con ella, aunque fuese tan sólo en espíritu. Sé que te darías cuenta."

Y ella creyó que la señal había sido aquél color tan peculiar; ingenua y tontamente, ahora que sabía la verdad. Pero entonces entendía lo que Eos había deseado para Serenity y el porqué ella debía seguir con su vida aún a costa de sus recuerdos.

-Te amo -no tardó mucho en escuchar esas palabras por parte del líder de la guardia real del príncipe de la Tierra. Aunque ella nunca fue capaz de decírselas a él.

Aún sentía que le estaba traicionando a su antiguo guardián sin saber exactamente el porqué.

Pero la traición vino más bien por parte de este nuevo amante...

-Acabaremos con el Reino Lunar -era el grito de guerra del ejército terrícola -La princesa de la Luna debe morir -a voz de su líder.

Metalia los atacaba ahora en el lugar de la Tierra. Y Venus ya estaba lista, espada en mano, para defender a su princesa. La batalla fue dura pero no imposible para ella y pronto se supo ganadora del combate.

-No debiste decir esas palabras tan absurdas. -le dijo con fiereza, con enojo en cada fibra de su ser. -En esta vida ella es lo que yo más amo. Estás demente si crees que te permitiré tocarla siquiera, mucho menos hacerle daño. -Declaró, apuntando el filo de su espada hacia él, por encima de su pecho -Di tus últimas palabras Kunzite.

Pero no dio tiempo a decir nada. La cólera había dominado su cuerpo y sin más le atravesó con la espada, pero al hacerlo...

-Venus -él volvió a mirarla como lo había hecho antes, durante todas esas visitas nocturnas. -Liberaste mi espíritu, Metalia nos controló. -Confesó.

Y todo se volvió negro después de eso.

Murió y renació en el siglo xx y la pelea se repitió aunque con ligeros cambios, ganaron esta vez y en lo sucesivo pelearon día con día hasta lograr la paz de Tokyo de Cristal.

Pero entonces, justo entonces, cuando ya todo se creía controlado; cuando estaba lista para ceder su lugar a Seres Seres. Lo inimaginable ocurrió, justo bajo sus narices... Lucharon, pero al final todo fue en vano.

-¡Venus! -Sailor Mars corría desesperada hacia ella, quien la recibió con los brazos para mantenerla de pie.

-¿Qué ocurre? -preguntó alarmada tan pronto la envolvió.

-La Neo-reina Serenity -le dijo en llanto -¡está muerta!

-¡!

Y la locura la envolvió entonces...

...como nunca antes lo había hecho.

Y de nuevo en el presente, Mina volvió a afligirse mientras seguía viendo el ir y venir de las olas del mar. El sol ya se estaba posando en lo alto pero aún la claridad era muy tenue.

"Si entonces, hubiese sabido lo que sé ahora. Tal vez..." -pensó para sí, con las manos cerradas en puños.

Se habría perdido sin duda en esa impotencia. Pero su suerte giró en lado opuesto de la moneda.

-Ah, allí estás. Te he estado buscando por todas partes.

La rubia giró hacia su izquierda, Yaten subía por las escaleras, en pantalones flojos y una camiseta gris sin mangas, una toalla descansaba colgada de su cuello y el fino cabello blanco brillaba con la sal que se le había pegado gracias a la brisa. Mina se recompuso en un instante.

-Luces bastante bien para haber estado entrenando con Artemis. -Se burló, con la sonrisa torcida, pues sabía lo mucho que a Yaten le desagradaba su pequeño guardián.

-Veo que aún me subestimas -concluyó Yaten con gesto molesto.

-Mas bien me doy cuenta de que descansaste con Luna -declaró ésta, con el asomo de una sonrisa honesta en sus labios.

Él se dejó caer sobre el barandal de espaldas, sosteniéndose por los codos y estirando las piernas frente así, con las puntas de los pies apuntando al cielo.

-A tí no hay cómo engañarte -se quejó y en un instante le arrojó la toalla a la cara de la rubia.

-Ah, oye! -se quejó ésta, tomando la toalla en sus manos tras quitársela del rostro.

-Ya quítate ese gesto de la cara, te vas a arrugar -le advirtió él en tono molesto -Además el papel de arrogante siempre ha sido mío

Mina cortó su creciente enojo al oír aquello, tan propio de su viejo amigo.

-Es la primera vez que te escucho admitirlo -dijo incrédula.

-Ah si? -Yaten levantó las cejas -Entonces, ¿qué te parece si lo celebramos? -le ofreció poniéndose de pie de nuevo -Te invitaré a desayunar en el pueblo, ¿qué te parece?

Ella lo miró con incredulidad.

-¿de verdad?

-¿Por qué no me sigues para que lo compruebes por tí misma? -le dijo dándose la vuelta para salir por el pasillo o entrar en su defecto.

-¿Tratas de que baje la guardia para ganarme en un encuentro? Te advierto que no soy tan ingenua. -Refutó ella caminando por detrás de él.

-Y yo te advierto que la próxima vez no te será tan sencillo derrotarme.

Mina al fin sonrió jactanciosa.

-Osea que admites que te derrotaré

-Admito que te dejaré ganar, ahora vámonos ya niña enfadosa -refutó irritado -Antes de que cambie de parecer.

-Sí -esta vez la sonrisa fue honesta. -Pero te advierto que te saldrá caro el desayuno

-Descuida ya sabía que eras una glotona

-Oye!

Sus figuras se perdieron en el fondo del pasillo, pero sus voces hicieron eco en los muros antes de desaparecer.

-Si no te cuidas engordarás

-Eso no me pasará

-Ya veremos.


Taiki oprimió el botón de enviar tras haber terminado de escribir el mensaje. No estaba seguro de que aquello fuese a dar resultado pero al menos sentía que debía intentarlo. El mensaje desde luego, había sido para Amy.

-Ya está, lo hice, contenta?

La voz al otro lado de la línea telefónica dejó escapar una sonora carcajada y el tono rojo en las mejillas del chico terminó por invadir el resto de su rostro.

-Y mucho! -exclamó nada más y nada menos que la hermana del castaño, Lita. -Ahora sólo faltará esperar la reacción de ella.

Aquella situación realmente divertía a la chica, quien llevaba bastante tiempo tratando de hacer que Taiki se decidiera a hacer una movida con Amy. En su opinión los dos eran muy parecidos, salvo que su valentía se encontraba en puntos opuestos. Donde la peliazul era una apasionada romanticista incansable, Taiki era algo más como un gruñón; mientras que para hablar de sentimientos lo cierto era que Amy quedaba muy por detrás de la carrera, pues era mucho más dispersa que el chico.

Por eso había sido que durante aquella semana, Lita se había dedicado a lograr el que los dos no perdieran la comunicación, aún si tenía que resumirse sólo al internet. Pero sabía que no podía pedir mucho de su hermano, en esos aspectos era mucho más necio que ella misma.

-Aún no entiendo cómo es que estás segura de que ella me corresponde -fue la respuesta de Taiki, que tras haber enviado aquella declaración demasiado directa en su opinión, comenzaba a arrepentirse de haberlo hecho.

-¿Qué no puedes confiar en tu hermana y ya? -refutó Lita, con la risa aún colgándole en las palabras. -Además tengo mis razones, para saber lo que sucederá

El chico frunció el seño irritado después de esto.

-¿Por qué no simplemente me dices todo directamente?

-Porque no puedo traicionar esa confianza

-¿Qué confianza?

La castaña suspiró. A veces olvidaba lo testarudo que era su hermano. La confianza a la que se refería desde luego, era la de Amy; quien le había confesado lo que sentía por su hermano justo después de la fiesta tras el primer concierto de los chicos, hacía ya una semana. Pero también le había dicho que estaba insegura de no ser él la persona que ella había estado buscando. Lita no sabía si se refería a su vida del siglo XX o la del Milenio de Plata, pero en todo caso Lita creía que no tenía sentido pensar en el pasado sino mirar lo que se tenía de frente. Siempre había pensado así y siempre lo haría. Para ella las cosas resultaban de esa manera. De otro modo su relación con Andrew no habría funcionado, o al menos eso pensaba.

-No importa, sólo concéntrate en que es mejor que las cosas sucedan de a poco a que tengas que seguir un guión no? -trató de convencerlo. Ella quería que ese romance floreciera porque de verdad terminarían enamorándose por ellos mismos y no por un destino escrito. -Es mejor si la decisión es tuya.

Taiki se dejó caer sobre el respaldo de la silla.

-Estás loca hermanita... No tiene sentido lo que dices -se quejó, pero en su rostro se había dibujado una sonrisa.

-Descuida, lo tendrá. -Le aseguró antes de cortar la llamada. -Pronto lo tendrá. -Se convenció, echando una mirada fugaz a su transformador sobre el escritorio.

Era cierto que no recordaba todo. Pero sus mayores recuerdos se concentraban en lo que había sido el Milenio de Plata, su primera misión en el siglo XX y la catástrofe del siglo XXX. Por eso sabía que Taiki sí era la persona que Amy estaba buscando, pero sabía que no debía decirle nada. La peliazul debía ser capaz de descubrirlo por sí misma, antes de que fuera demasiado tarde. Y para evitar el que fuera demasiado tarde en caso de que su amiga nunca despertara, se aseguraría de que su hermano se plantara en la vida de la misma de un modo en que fuera imposible el separarse.

Y por Júpiter, esperaba que diera resultado. Amy siempre había sido la compañera con la que más identificada se había sentido, después de Usagi, por supuesto.

AMY SAILOR MERCURY

Kodoku - Maaya Sakamoto

Su computadora había hecho un sonido de 'bip' cuando ya se había metido en la ducha, razón por la cual no notaría el mensaje recién llegado sino hasta ya entrada la noche. De momento estaba por terminar de vestirse cuando la puerta de su habitación se abrió de golpe con un estrepitante...

-¡AMY!

La aludida saltó entre asustada y sorprendida, subiendo torpemente el cierre de la falda tras la exaltación de la entrada de nada más y nada menos que su hermana mayor.

-Beri, ¿qué haces aquí? -fue la pegrunta incrédula que salió de su boca tras unos instantes de mirar a la muchacha de cabellos también azules, aunque mucho más claros que los de ella.

-Oh Amy qué pregunta! -exclamó ésta con una amplia sonrisa en su rostro y se apresuró a acercarse a la otra peliazul, tomándola de las manos. -He venido a darte una mano.

-¿Una mano? -inquirió confusa, al sentir cómo ella le acomodaba el cierre. -¡Pero si cruzaste el océano! -exclamó exaltada.

Berenice dejó salir una risa cantarina.

-Y con una justa razón, mi querida sailor Mercury.

Los ojos de Amy se abrieron como platos.

-¿Cómo lo supiste?

-Aw eso no importa ahora, tan pronto te ayude lo entenderás todo mejor -le dijo y puso su dedo índice en los labios de la chica cortando cualquier palabra que ella pudiera decir para retrasar aquél momento. -vamos, dame tus manos -le pidió sonriente extendiendo sus manos hacia ella con las palmas hacia arriba, pero la aludida la veía aún con desconfianza y quizá miedo. -Confía en mí -insistió esta vez un tanto molesta u ofendida según quien lo viera. Después de todo era su hermana y no una extraña.

Amy finalmente cedió, reprochándose lo mismo que Berenice le decía a través de sus ojos. Puso sus manos sobre las de su hermana, palmas abajo. Y tan pronto lo hizo su mente se iluminó con los recuerdos que habitaban en la memoria de su compañera. Todo pasó en apenas un instante y en ese instante los recuerdos de su hermana terminaron trayendo otros recuerdos propios olvidados a su ser. Cuando aquello terminó abrió los ojos en un gesto de pura sorpresa, de verdadero asombro, mirando directamente el rostro de su hermana.

-No puede ser, Berjerite!

Su hermana le sonrió con ternura.

-La misma.

-Pero, cómo!

-Bueno a diferencia tuya tengo la ventaja de haber tenido sólo una vida antes de ésta. -Explicó coquetonamente mientras echaba una mirada al cuarto en el que se encontraba, muy al estilo académico, pensó para sí. -Además, gracias a tí me liberé de aquella prisión, lo menos que podía hacer era liberarte de la tuya ahora. -Concluyó mirando el botoncito verde de la computadora sobre la cama parpadear intermitentemente y se preguntó si debía interrumpir aquél encuentro para decirle a su hermana que tenía un mensaje.

Pero Amy acabó con aquél pensamiento en cuanto la tomó de sorpresa por los hombros.

-Pero tienes más recuerdos, no? -inquirió en un tono lejanamente desesperado. -Muéstrame más recuerdos, ¡por favor! Necesito saber qué fue lo que...

-Oye, sshh, tranquila -Ésta vez fue el turno de Bere de estrujarla por los hombros, logrando calmarla un poco. -Yo sólo puedo ayudarte con los recuerdos que tengo -le dijo, agravando la desesperanza en los ojos de su compañera. -No puedo ver nada más que no haya visto antes.

Amy suspiró con tristeza. Ya sabía que aquella búsqueda sería casi imposible.

-Lo sé, lo entiendo.

Bere tomó el rostro de su hermana por la barbilla, levantándolo ligeramente para que le mirara a los ojos.

-Pero estoy segura de que le encontrarás -le afirmó sonriente. -Dame tus manos de nuevo, te daré lo poco que sé.

Sobra decir, lo que pasó después.

Pero aquél día, Amy Mizuno, por primera vez en su vida había faltado a clases... Esa era la parte buena de vivir lejos de la custodia de sus padres, que seguramente la obligarían a ir al instituto si estuvieran ahí o mínimo indagado en el porqué de pronto, tan ajeno a su carácter, la chica quería encerrarse en su habitación.

Amy estaba sentada frente a su escritorio, con la cabeza en sus manos, sus ojos cerrados y sus labios apretados en un gesto de congoja. Su hermana Berenice dormía plácidamente sobre su cama, completamente ajena a su hermana que se encontraba ahora en el pequeño estudio de aquel departamento. Aún no podía creer que la misma hubiese viajado semejante distancia sólo para transmitirle aquella información. Sabía que había algo más, pero también sabía que Bere al igual que ella, sabía guardar muy bien los secretos que aún no deben de salir.

Respiró pesadamente antes de volver a abrir los ojos. Mirando sin mirar la superficie de madera sobre la que descansaban sus codos. El mismo gesto de angustia reflejado en sus orbes agua marina.

Internamente se preguntó, ¿por qué su esencia, su semilla de sailor no fue capaz de decirle más? Y su mente viajó a aquella primera noche dos años atrás en su antigua habitación en Sydney, su ciudad natal. Había esperado toda una estación para poder ver el cielo que se le ofrecía esa noche. Esa noche en la que el planeta que más amaba podría verse claramente con ayuda del telescopio que ella y su hermana habían construído meses atrás.

-Ha llegado el momento -se había dicho emocionada, buscando las coordenadas en el estorboso aparato apesar de que su habitación era bastante grande -Sí, ahí está! -exclamó al encontrarlo y su pecho se llenó de paz. -Es hermoso -El rastro resplandecía con un brillo azul marino claro. Un brillo que de pronto avanzaba con prisa hacia el frente -ah? -hacia ella -¡Ah! -gritó cuando la luz chocó contra su ventana, pensando ligeramente ¿cómo era posible que nadie en su casa se hubiese percatado de su grito?

Cuando el choque de luz se terminó, tras haber caído al suelo de sentón, Amy abrió los ojos con cautela y se asombró al ver la figura que bailaba delante de ella; sus brazos bajaron de su posición protectora para permitirle admirar aún más al ente que flotaba en el aire nocturno.

-"Qué hermosa es", se dijo mentalmente.

Y la sonrisa del ente se amplió como si le hubiese escuchado decir aquello.

-Sailor Mercury -inquirió la peliazul tras un instante de haber analizado la apariencia de la joven.

-Me da gusto el que te reconozcas a tí misma -fue la respuesta de la sailor, que hablaba sin necesidad de mover los labios, como si sus pensamientos entraran en la mente de ella.

Amy parpadeó perpleja.

-¿qué, a mí misma?

Sailor Mercury levantó su mano a la altura de la frente de la chica, posando su dedo índice sobre ésta.

-Yo soy la sailor que habita en tí y ha llegado el momento de tu despertar -declaró.

-¿En mí? Pero...

-No tenemos mucho tiempo -le interrumpió la senshi, como si supiera exactamente de ante mano lo que la chica estaba pensando -¿estás lista?

Amy, que siempre sabía valorar la importancia de un momento por encima de sus emociones, asintió.

-Sí, lo estoy.

La senshi de la sabiduría sonrió ampliamente, satisfecha de sí misma.

-Hemos sido convocadas de nuevo, debemos proteger a la heredera al trono lunar. -Le dijo. Y una luz brillo de su dedo índice y se instaló en la piel de su imagen hasta que la insignia de Mercurio se dibujó en ésta. -Debes buscarla. Ésa será tu misión.

De vuelta al presente, el rostro de Amy descansaba por el costado izquierdo sobre la lisa madera de su escritorio, con sus manos y su pecho extendidos también sobre éste y miraba sin mirar la computadora que tenía al lado.

Claro que recordaba aquella misión. Y su minilap le había servido para buscar los resplandores de sus antiguas compañeras, aunque sólo había dado con el resplandor de Júpiter. Podía entender aquello, dada su antigua relación con dicha compañera en sus otras vidas. Pero en cierta forma decepcionada de que no hubiese sido 'Usagi' quien la encontrara primero. ¡Oh, como extrañaba a su princesa! Sí, princesa, porque había vuelto a nacer y aún no era de nuevo coronada. Y era su misión encontrarla...

Pero ¿por dónde empezar a buscarla? Incluso en su anterior vida había sido su misma princesa quien la había encontrado. Y también en la vida del Milenio de Plata había sido lo mismo... Aquellos recuerdos iban arraigados en su mente, desde que había sido el inicio de su existencia.

Siendo como era Mercurio, un planeta pequeño y tan cercano al Sol; también era carente de albergar vida humana por sí solo. Pero era un astro con el suficiente poder de defensa para resistir la cercanía a dicha estrella. Su campo de fuerza era imposible de igualar por alguno otro en toda la vía láctea. Y su guardiana estaba orgullosa de ello. Era un espíritu pacífico, demasiado tranquilo quizá. Y demasiado solitario. Hasta que él llegó.

-Hermes, volviste! -exclamó Mercury sonriendo ampliamente a su compañero guardián que en ese momento llegaba a su palacio.

-Lamento la tardanza -se disculpó éste, abrazando a la pequeña figura en cuanto la tuvo en frente -Pero tuve que hacer una parada en el reino lunar

Mercury le miró confusa.

-El reino lunar, ¿por qué?

-Has recibido una invitación por parte de la Reina Serenity -le respondió sonriente, a sabiendas de que aquello la haría inmensamente feliz.

Hermes, el mensajero de los dioses, con la habilidad de viajar de aquí a allá. Había sido en principio satélite de Mercurio, pero su curiosidad era inmensa y al poseer el escudo de protección de su planeta viajaba libre por todo el sistema solar, nunca demasiado lejos de su compañera, su soberana princesa. Quien era demasiado tímida como para abandonar el planeta por cuenta propia, demasiado insegura como para sentirse deseada en alguna otra parte. Para Hermes eso era ridículo, pero entendía la esencia misma de su compañera y por eso había ido al Reino Lunar, aquél lugar cálido que sin duda aceptaría de brazos abiertos a la peliazul que tenía en frente.

Y para su suerte, no se había equivocado. El buen corazón de la reina Serenity descrito por todos quienes le conocían en la Vía Láctea había resultado ser cierto. Y aún mejor, había sido ella misma quien le había pedido al chico llevara a Mercury a su presencia.

El viaje duró poco, gracias a la habilidad que había desarrollado el senshi durante todos los años anteriores de expediciones. Y fueron bien recibidos cuando llegaron a Palacio. Durante todo el trayecto, la pequeña niña temblaba insegura de si sería del agrado de la Reina. Los habían conducido al salón principal y había una figura de pie 'sobre' el trono (como si estuviese buscando algo), una figura demasiado pequeña y joven como para ser la Reina, pensó Mercury. Pero como nunca antes la había visto no pudo por más que suponer que sería ella.

-Su majestad?

La pequeña figura saltó al sentirse descubierta y casi se cae de bruces contra el suelo sino fuera porque la otra figura que estaba con ella (y que apenas había reparado en ella), la sostuvo antes de caerse.

-Ten cuidado Serenity -le pidió el chico de ojos azules casi tan intensos como los de la niña frente a ellos.

De coletas rubias e inocente figura. Serenity, tenía que ser la Reina, pensó Mercury. Pero la niña la miró entonces antes de que ella pudiese concluír aquella suposición.

-¿buscabas a mi madre? -le cuestionó sonriendo, bajando de un salto del trono para dirigirse hacia ella y la senshi se miró confundida por un momento '¿madre?', pensaba, 'entonces ella no es la Reina?' -Ella aún no se desocupa, pero yo puedo jugar contigo mientras tanto

-¿jugar?, ¿conmigo?

-¡Sí! -fue la respuesta de la pequeña, con esa sonrisa ancha que conquistaba a cualquiera, incluso a ella. -Eres muy bonita, ¿sabes?

Era la primera vez que la invitaban a jugar, sin cuestionar quién era o porqué estaba ahí. Era la primera vez que se sentía considerada por alguien ajeno a su planeta. Y era la primera vez que sonreía por ello.

Pasaron todo el día juntas. Y en todo momento la pequeña princesa sostuvo su mano con la suya propia, siempre sonriendo. Y a cada instante el corazón de la peliazul se entibiaba. Sentía que debía protegerla con ese poder del que nunca había hecho uso.

-Has conocido a mi hija.

Al día siguiente, tras haber dormido en la habitación de la misma princesa, por mandato mismo de ella, la Reina Serenity la había llamado a su alcoba. Sailor Venus estaba al lado derecho de ésta y la miraba sonriente. Mercury se preguntó si ella también terminaría con esa admiración en sus ojos.

-Sí -asintió con sonrisa tímida.

Esa sonrisa se reflejó más ampliamente en el rostro de la Reina quien de inmediato le explicó lo mismo que le había dicho a Venus semanas atrás.

-¿Y qué opinas? -le cuestionó al final esperando la respuesta de la chica. Esta vez la mirada de Venus estaba fija en ella.

Mercury se lo pensó un instante. No porque dudara sino porque aún era lo suficientemente tímida como para responder de inmediato con valentía y sin balbucear. Cuando juntó suficiente coraje, tras haber visualizado aquella niña de coletas rubias y ojos azules, respondió con determinación.

-Quiero seguirla.

Por el rabillo del ojo pudo ver cómo Venus soltaba el aire con alivio, como si hubiese temido el que su respuesta fuera negativa, aunque Mercury no entendía cómo alguien podría negarse ante un resplandor tan cálido como el de la princesa que había conocido un día atrás. Mientras que la Reina sonreía satisfecha.

-Eso pensé.

Venus dio un paso al frente y le entregó a su nueva compañera un pequeño cetro azul. Mercury lo tomó al instante.

-Eres el escudo que protege a la princesa -le dijo la senshi del amor y la belleza. Al juicio de Mercury esa chica poseía una increíble semejanza con la princesa de la Luna, pero su belleza estaba mucho más despierta, aunque su resplandor no era tan fuerte como el de Serenity.

Y como un escudo había protegido a su princesa.

El tiempo en el Milenio de Plata había transcurrido rápido. La pequeña princesa casi las había alcanzado en edad y ellas no habían envejecido tan rápido como deberían haberlo hecho. Suponía que el Cristal de Plata tendría algo que ver con aquello. Pero todo lo bello es asediado con envidias y no tardaron en generarse las primeras batallas. Batallas que pelearon al lado de su Reina.

Batallas en las que había terminado perdiendo a su compañero... Su mensajero... Su Hermes.

El Caos se lo había llevado con él. Del mismo modo en el que se había llevado a su estrella gemela, Sailor Maker; a quien reencontraran tras la batalla contra la Luna Oscura. Una de las pocas que se había convertido al bando bueno, tan sólo para perder su vida tiempo después. No había sido la única que había perdido a alguien en aquél entonces, y siendo como era no se dejó deprimir.

Madura o testaruda. Realmente no importaba. Su principal esperanza, su princesa aún estaba con vida; joven, fuerte y hermosa, pero principalmente cálida, justo como la quería. Y lo importante, no tenía recuerdos que la acecharan. Pero en su opinión eso sólo había complicado las cosas, a sabiendas también de que aún con todo terminaba siendo una opción mucho más favorable que lo que hubiese podido sucederle de no haberla obligado a seguir adelante.

Y era por eso que no se enojaba ni siquiera se molestaba, cuando tenía que bajar a la Tierra, día con día a traerla de regreso a la Luna.

Amy tenía ahora el rostro sobre el escritorio con sus brazos cruzados por debajo de éste. Se había ahorrado los recuerdos dolorosos más que nada porque sólo recordaba las batallas y no podía recordar el rostro de su amigo perdido apesar de eso. Sus piernas estaban cruzadas por los tobillos pegadas a la silla, lo que le daba más libertad de recostarse sobre la superficie de madera.

Podía oír roncar a su hermana en su habitación y sonrió mentalmente pues era incapaz de hacerlo en la superficie. Aún tenía recuerdos que hurgar, en especial después de haber obtenido los resultados de aquella piedra que había encontrado.

-Zyosite -murmuró el nombre de aquél mineral.

No le había dicho a Lita la verdad. Sobre que ella había tenido la piedra dentro de su cuerpo cuando nació y que ésta había sido expulsada cuando se transformó en Sailor Mercury por primera vez en su hogar en Sydney. Y aún no estaba segura de querer decirle toda la verdad. La verdad de aquella época en la que aún negándolo, seguía buscando por un viejo amor mientras se perdía de el del presente.

-Mercury, no pensé encontrarte aquí -fue la expresión de sorpresa por parte del chico de larga melena rubia ondulada, sujetada en una coleta baja. De los cuatro Reyes Celestiales, sin duda era el más vanidoso, pensó la senshi.

-Estoy buscando a la princesa Serenity -confesó esto, con un ligero atisbo de reproche en su voz.

Nadie podía culparla, era la quinta vez esa semana que se escapaba del ojo de sus guardianas. Zyosite por su parte soltó una tenue carcajada.

-Tú y toda la Luna -se burló.

-No es gracioso -refutó Mercury juntando las cejas en gesto molesto.

-Tranquila, está con nuestro príncipe -le dijo, aunque eso sólo provocó el que la peliazul soltara un exasperado "otra vez" de sus labios. -Te llevaré con ella si quieres.

-Por favor, te lo agradecería mucho.

Y sin más comenzaron a andar. Para el chico aquello era demasiado, si bien eran reinos distintos no eran enemigos y no entendía porqué tanto alboroto por un romance que en su parecer, no debía ser secreto a voces, sí, secreto a voces porque todos lo sabían pero nadie se atrevía a decirlo en voz alta.

-¿Por qué están tan aprehensivas con ella?

-Porque las cosas pudieron haber sido diferentes -respondió Mercury al instante sin darse cuenta de lo que había dicho sino hasta después de haber soltado las palabras.

Debía cuidar su lengua, se reprendió a sí misma.

-Diferentes, ¿cómo? -cuestionó curioso el rubio.

A lo que su compañera suspiró. Igual era mejor decirlo, pensó.

-Ella ya tenía un prometido, murió en la batalla contra el caos -le explicó.

-No hace mucho de eso, cómo es que...? -el rostro del hombre se nubló un momento entre confundido y avergonzado de estar preguntando aquello al saber de quién se trataba -quiero decir...

Mercury le cortó al instante.

-Sólo dilo. Yo también lo pensaría, no hay problema en verdad y para responder a tu pregunta... -se detuvo al decir aquello y se dio un instante para decidirse a decir lo siguiente sin entristecerse. -Ése mismo prometido usó el poder de su estrella para borrarse permanentemente de los recuerdos de ella.

-¿Qué? -los ojos de Zyosite estaban tan abiertos como platos. Y se cuestionaba porqué alguien haría eso?.

-Era como si supiera que iba a morir -dijo ella como si pudiese entender la pregunta del chico a su lado. -Él quería que ella no detuviera su vida. Y créeme, lo habría hecho. -Aseguró. -Durante el tiempo en que tardó en funcionar el hechizo, casi pierde la cordura. Es apenas una niña.

El rubio no tuvo que hacer un esfuerzo, era fácil ver que si no fuera por la gran madurez y dominio de sí misma que tenía la chica a su lado, ella también habría perdido la cordura, sino es que la estaba perdiendo aunque a un ritmo mucho más lento.

-Tú también perdiste a alguien importante, ¿cierto?

-Ah!... -Mercury saltó verdaderamente tomada por sorpresa, nadie más señalado aquello -todos perdimos a alguien. -Se apresuró a responder, intentando restarle importancia. -No se puede evitar. -Concluyó echándose a andar de nuevo.

El chico la observó un instante más antes de inquirir...

-Sería más fácil si supieras exactamente lo que ocurrió, verdad? -Mercury se detuvo de nuevo, esta vez mirándolo verdaderamente perpleja. -En la prisión de la Luna oscura, puede que encuentres tus respuestas

-¿Cómo?

-Ellos estuvieron más cerca de aquella última batalla.-Le explicó. -Saber quizá cómo fue que acabó, tal vez te traiga paz. -Antes de que pudiera pensarlo si quiera su mano había terminado acariciando el rostro de la chica. -La necesitas. -Le sonrió.

Mercury compartió su sonrisa.

-Gracias.

-No lo agradezcas, cualquier amigo se tomaría el tiempo de decírtelo.

Mercury posó su mano sobre la de él, que había terminado en su nuca.

-Eso es lo que agradezco, tu amistad.

Pero aquello sólo logró el que él rompiera el contacto.

-No es precisamente mi amistad lo que quiero darte. -Murmuró resignado pero tan bajo que ella no pudo entender sus palabras.

-¿cómo?

-Nada. -Agitó una mano restándole importancia. -Ustedes los del Reino Lunar son tan emotivos. -Le dijo -Mira, allá está tu princesa.

A pesar de dar con la persona a la que había estado buscando, Mercury no apartó su mirada del chico.

Amy tenía la barbilla sobre sus brazos cruzados, con el rostro mirando al frente. Sobraba decir que aquellas palaras le habían desconcertado sobremanera, pues nunca se había creído lo suficientemente agraciada como para ser especial para alguien más. Siempre los sentimientos habían sido más un misterio que algo propiamente que sintiera. Ésa había sido sin duda la razón por la que no había dado mayor importancia a aquél encuentro y se había dedicado a su problema principal en aquél entonces.

-¿Saldrás?

Júpiter había estado a su lado aquella noche. Aquella noche en la que la Reina Serenity le había concedido el permiso de salir en busca de sus respuestas.

-Necesito desvanecer esta incertidumbre, lo entiendes ¿verdad?

Su compañera la miró comprensiva.

-Sí, por supuesto -Asintió. -Yo misma quisiera aprovechar para ver a mi hermana.

Y era verdad, por supuesto. Júpiter al igual que las demás había terminado dejando su planeta natal, junto con la gente qu la había seguido desde su nacimiento. Por eso era fácil darse apoyo, pero incluso si no fuera así, lo tendría.

Tal vez, si tal sólo la princesa Serenity no hubiese ido a la Tierra; si tal sólo no se hubiese vuelto a enamorar, esta vez del príncipe terrícola. Tal vez, entonces, Beryl no se habría dejado dominar por Metalia. Y aquella pelea probablemente no habría sucedido...

Tal vez.

-¿Qué fue eso?

Había sido un estruendo, un fuerte estruendo que acabó con aquél momento y con el viaje que la peliazul apenas estaba por iniciar. Los gritos no se hicieron esperar y muchos menos los terribles sonidos que acompañaban a los ataques.

-La Luna está bajo ataque!

-¿Qué?

-¡La princesa!

Habían corrido esa noche. Sin detenerse hasta llegar hasta su Reina, listas las cuatro guardianas para pelear en nombre de ella; para defender su hogar, el Milenio de Plata.

Pero al final habían sido derrotadas, pensó Amy, finalmente sentada derecha en la silla, con la mirada baja hacia el escritorio, sin mirarlo realmente. Hasta hacía unas horas había pensado realmente que aquél había sido el peor y más triste recuerdo que poseía su semilla estelar de Sailor; pero ahora que su hermana, que había resultado ser nada más y nada menos que su contraparte de la Luna oscura, Berjerate, le había ayudado a dar con sus últimos recuerdos sumados a los suyos propios, era que en realidad tenía un recuerdo que la lastimaba en lo profundo de su alma...

Un recuerdo que se obligaba a recordar una y otra vez para intentar visualizar algo nuevo que hubiese pasado por alto. Algo que le dijera, porqué es que habían vuelto a fracasar en la misión de su vida.

En aquel entonces, Rini ya había sido coronada reina de Tokyo de Cristal, e incluso había unido su destino con el de Elliot, quien hubiese sido el anterior Pegaso de Ilusión. Las 4 Sailors del Amazonas las habían reemplazado en sus puestos de guardia real, y el heredero tenía poco de haber nacido. Habían sido tiempos de relativa paz, pues ninguno de sus recientes enemigos habían sido tan peligrosos o difíciles como lo habían sido los que ellas habían tenido que combatir. y por tanto, el único problema era que no había sido niña aquél bebé que heredaría el trono.

No había una nueva Sailor Moon, tal vez con el tiempo... pero aún así.

Y de nuevo habían sido tomadas por sorpresa. Una nueva amenaza por parte del Caos se había desatado. Una legión de zombies atacaba la Tierra y el resto de la galaxia.

Y la antigua Reina de Tokyo de Cristal no se le veía por ninguna parte.

-¡No puede ser! -gritó asustada Para Para -¡Son demasiados!

Sailor Mercury que estaba instruyendo a la sailor amazónica, se apresuró a llegar hasta donde estaba la actual reina -Su majestad, dese prisa, escape cuanto antes -suplicó.

Rini la miró airada.

-¿Qué dices Mercury? ¡yo también soy una sailor! -bufó molesta, decidiéndose a sacar su broche lunar.

Pero la actitud de la sailor la cortaron al instante.

-Hazme caso! -Ordenó y había una amenaza escrita en sus ojos que detuvo a Rini en su lugar de hacer cualquier cosa. -Ve y reúnete con el resto del grupo del Amazonas -Instruyó y luego giró la vista hacia su compañera -Para Para, lleva de inmediato a su Majestad con tus compañeras, deben huír hacia Ilusión

-Sí -Asintió seria la joven sailor que tomó de la mano a su Reina saliendo presurosa al centro del Palacio.

-Pero -Rini apenas y tuvo tiempo de reclamar algo cuando su sailor la tomó de las manos.

Al instante de su partida, Mercury abrió su comunicador.

-Eliot -le habló al chico tan pronto vio el rostro de éste en la mini pantalla -Debes abrir las puertas a Ilusión, no hay tiempo que perder. Sailor Plut está con Sailor Saturn, ellas deben de ser capaces de mantenerlas a salvo si lo peor ocurre.

-Entendido.

La Sailor cortó la comunicación y corrió hacia los jardines para contener el ataque. Su barrera había conseguido mantenerlos alejados y con la ayuda de Sailor Júpiter habían aniquilado la mayor parte de la amenaza. Pero esa área no era la única que poseía un acceso al Palacio.

-Mercury -escuchó a Para Para en su intercomunicador -¡Ayúdanos, entraron al castillo! ¡Están en los aposentos de la Reina Madre y no puedo entrar ahí!

-Oh no... Serena!

Corrió con fuerza hasta alcanzar a su compañera de las manos y usar la fuerza de ambas para teletransportarse... Pero al llegar a la habitación.

Ya era tarde.

-Debo encontrar a Hermes -habló para sí Amy, de vuelta al presente -Debo encontrarlo antes de que la historia se vuelva a repetir...

Hermes, el mensajero, sería el único que pudiese prevenir con sus noticias que aquello pasara. Sería el único que pudiera visualizar si acaso, el próximo movimiento del Caos. Ésa había sido la razón por la que Mercury, junto con Venus, había roto la prisión de la Luna Oscura. Indirectamente, ellas mismas habían causado aquella catástrofe.

Tan sumida estaba en este pensamiento, que el pequeño resplandor intermitente que emitía su minilap pasó desapercibido. Y permanecería así, al menos hasta el día siguiente.


Seiya estaba descansando detrás del recién montado escenario cerca de la playa. El festival había dado comienzo y la gente se amotinaba por todas partes, repartiéndose entre jugar en el mar y vagar por estantes de puestos que se habían instalado desde la madrugada. No cantarían sino hasta caer la tarde, pero había querido adelantarse para asegurarse de que todo estuviera en orden. Y también porque había estado intentando contactarse con su hermana durante toda la semana que llevaban ahí aunque sin éxito. Normalmente no se preocuparía, sino fuera porque el regreso a la escuela estaba cerca junto con el campeonato de NASCAR, evento al que sin duda Serena asistiría para acompañar a su hermano y no sabía si debía inmiscuirse en dicho evento o no. Después de todo recientemente había tenido un enfrentamiento y se había cuestionado si Rei también estaría luchando de vuelta a Japón.

Algo en su interior le gritaba que estaba por suceder algo terrible, pero no estaba seguro de qué.

Miró la pantalla una última vez, con el mensaje de 'imposible conectarse' escrito en ésta, antes de resignarse. Tal vez tuviera que ver con la mala señal del lugar en el que se encontraban... Tal vez, Rei había bloqueado su número, quién podía realmente saberlo!, bufó para sí y se dispuso a continuar con el chequeo del lugar.

Después de todo, REi era la Sailor del Fuego, si llegase a tener problemas (cosa que dudaba) estaba seguro de que ella sería capaz de arreglárselas sin problemas. O al menos eso quería creer.

REI SAILOR MARS

Cherish - Ai Otsuka

-Pase una noche increíble -fue la expresión sincera y sonriente de la chica de ojos amatistas.

Su compañero rubio a su lado poseía el mismo semblante.

-Yo también.

Rei por un instante se dejó perder en aquellos ojos azules, tan gélidos y a la vez tan cálidos. "¡Qué dilema!", pensó para sí. Quién diría que Rei Hino se encontraría con un caballero como él, que parecía mostrar el mismo interés en ella y que la hacía tocar el cielo con cada sonrisa que le dedicaba.

Habían estado saliendo desde que se conocieran exactamente una semana atrás. El encuentro en el templo se había convertido en una salida a desayunar, el desayuno en un picnic en el parque, el picnic en una salida al cine, el cine en un café y finalmente el café a una cena, en un fino y hermoso restaurante además. Rei estaba que no cabía en sí de felicidad. Y algo en su centro le aseguraba que él sentía las mismas mariposas por ella, que ella misma sentía con una sola mirada.

Ello habría sido un romance perfecto.

Sino fuera porque desde el día anterior, cada que le miraba como ahora (con detalle y deleite) otra imagen se sobreponía a la que tenía enfrente. La imagen nada más y nada menos que del general de la Tierra que los había atacado en el City Hall.

De inmediato desvió la vista luciendo ligeramente alterada.

-¿Qué ocurre? -hecho que no pasó desapercibido por el chico, cuyo semblante se había tornado preocupado. -Has estado muy distante -inquirió, queriendo que ella confesara, pero sin éxito.

Rei se giró un poco más en dirección al templo, negándose a verlo a la cara.

-No, no es nada. Es sólo que he pensado en que pronto te irás y yo...

-Te he dicho que volveré -le interrumpió él de pronto.

No estaba molesto, ella lo sabía, él lo sabía. Estaba un tanto desesperado y eso era todo. Desde un principio él había sido relativamente honesto con ella. Relativamente honesto pues jamás le reveló su verdadera identidad y ella tampoco consideró decirle la suya. Así que podría decirse que la verdad a medias consistía en que él sólo era un viajero de paso que al final de la semana volvería a su ciudad natal en Inglaterra.

Era una sencilla y absurda manera de decir "no te ilusiones", pero lo irónico era que era él el ilusionado. Y ella también. Por eso, contrario a lo que estaba en sus planes le había hecho la promesa de volver tan pronto terminara con lo que tenía que hacer. Aunque no especificaba cuándo ni cómo, aunque era una petición egoísta, le había pedido que le esperara.

Y ella había accedido.

Y justo después había visto el rostro de él en el de su reciente amante.

-Lo sé, pero... -luchó con las palabras antes de decidirse que no podía decir nada y en vez de eso optó por salir corriendo sin volver a hacer contacto visual con él -Tengo que irme.

-Rei!

Él la sujetó antes de que ella diera si quiera el primer paso, pero ni aún así se digno a mirarlo.

-Está bien Kaido, estoy bien -le aseguró. Si sus cabellos negros no le estuviesen cubriendo el rostro, él habría visto que ella estaba todo menos bien, habría visto que sus ojos bailaban deseosos de mojarse en lágrimas. Pero desde luego no pudo ver nada de eso. -Nos veremos después, está bien.

-Oye.

Ella forcejeó hasta romper su agarre en ella.

-Adiós.

-¡Rei!

En un instante ella había corrido escaleras arriba, lejos de él. Y sin realmente quererlo el corazón del muchacho se oprimió por un segundo muy largo para su gusto. Jadeite jamás había sido deshonesto con respecto a sus sentimientos. De modo que estaba consciente de que se había enamorado de aquella chiquilla que era un claro reflejo de la jovencita que alguna vez amó en su anterior vida, hasta que ésta había acabado con la suya.

-¿Y ahora qué hice? -se cuestionó, sin saber si se refería a sus sentimientos o a la chica en cuestión que había huído de él.

Por su parte Rei había llegado corriendo al templo y no se había detenido sino hasta estar en la seguridad de la habitación del fuego sagrado. Aquél fuego que ardía sin apagarse. Cayó incada frente a éste mientras se limpiaba las lágrimas de los ojos, con esa delicadeza que sólo una doncella posee.

-No puedo. Cada que estoy con él sigo viendo su rostro, ¿por qué? -Se lamentó. Recuperándose tan sólo para disponerse a hacer lo que había resuelto tan pronto sus pasos la había llevado a ese lugar del templo. -No son la misma persona. Es imposible que sean la misma persona. -Trató de convencerse, como si se reprochara la sola idea de poder pensar diferente. Y luego miró a las vivas llamas frente a ella. -Sólo tú puedes responderme, por favor.

Se acomodó en la posición que debía, con la espalda recta y las manos juntas a modo de oración. Cerró sus ojos y se concentró en divisar a la figura que estaba intentando contactar dentro de sí misma.

-Fuego sagrado, esta vez te pediré algo fuera de mí. -le habló en tono solemne, sin abrir los ojos aún. -Trae la esencia de Sailor Mars en tus llamas, extraela de mi cuerpo para que pueda hablar con ella.

Echó tierra al fuego y éste bramó con furia, avivando sus llamas hasta envolverla.

...

De aquello hacía apenas un día. Era sábado. Caluroso pero extrañamente nublado. Rei suspiró al mirar el calendario. Mañana sería domingo y él sin duda se marcharía, pero ya no estaba tan deseosa de querer verle. Una lucha interna se había desatado en su interior desde su anterior charla nocturna con su sailor interna y hasta el momento no sabía si alguna de las dos partes ganaría antes de que fuera demasiado tarde para poder hacer algo.

Su celular sonó de pronto matando sus pensamientos. Lo tomó de inmediato, sabiendo de antemano quién la llamaba.

-Kaido -dijo su nombre a modo de saludo.

-Hola, como no respondías mis mensajes decidí llamar -fue la respuesta del otro lado de la línea y en su voz ella pudo darse cuenta de que aquello había sido una excusa para intentar no sonar tan desesperado. Sin quererlo aquello le había entibiado el pecho. -Espero no molestarte

-No, está bien. -Se apresuró a negar, tratando de evitar el que él pensara que a ella él no le agradaba. Y ese pensamiento la confundió aún más.

-¿Estás bien?

¿Que si estaba bien? No. No lo estaba, pero no podía decirle eso. No cuando su corazón pedía a gritos que él la abrazara y le negara todo lo que ella había descubierto la noche anterior. Pero tampoco podía pedirle eso, así que de inmediato (y tras ver los libros sobre su escritorio) se inventó una excusa creíble.

-Sí, es sólo que he tenido que estudiar mucho, esta semana es de exámenes

-Ya veo -suspiró él y por un segundo ella creyó que sonaba aliviado. Eso sólo consiguió oprimirle aún más el corazón. ¿Sabría él quien era ella? -Rei -le habló de pronto serio, cortando el hilo de sus suposiciones.

-¿Sí?

-Mañana será el último día que esté aquí, ¿puedo pasar a verte?

¿Qué podía decirle? ¿Quería verlo? ¡No estaba segura!

-Yo... -balbuceo, largamente, sin saber a ciencia cierta que decir, él cortó aquella posible negativa con una súplica impresa en sus palabras.

-Sólo quiero despedirme en persona, si no te molesta. Después te dejaré en paz.

Los ojos de ella se abrieron con desconcierto y tristeza. En ese instante supo que no quería que la dejara en paz. Pero se deshizo de aquél sentimiento y a pesar de que el aire se le comprimió en los pulmones y el gesto en su rostro era oprimido, respondió tranquilamente.

-Sí, está bien.

Aquella mañana se debatió entre huír o quedarse a hacerle frente. Pero lo cierto era que ninguna de las opciones le agradaban. Si tan sólo no se hubiese precipitado a obtener respuestas, se reprendió. La noche anterior había conseguido su objetivo. El fuego sagrado había sacado su sailor interna y la había proyectado frente a ella, ligeras líneas de fuego la mantenía conectada aún con su cuerpo; demostrando que eran la misma persona, pero con diferentes recuerdos.

-Sailor Mars -le nombró tan pronto la tuvo en frente.

El rostro de la sailor se iluminó con una lacónica sonrisa.

-Vaya, esto es inusual. -Exclamó divertida -¿Por qué has sacado tu propia esencia? ¿Qué te tiene tan alterada?

La morena arrugó el gesto antes de responder.

-He tenido visiones, tú has visto lo que yo. -Acusó, sintiéndose avergonzada de que su yo misma se hiciera la desentendida.

-Sí, lo he hecho. -Admitió sonriendo más ampliamente. -El amor siempre viene a ser pasional en nuestro caso.

La chica dio un respingo, verdaderamente tomada por sorpresa.

-Amor?! No estoy segura de que sea eso. -Negó con fuerza.

Sailor Mars dejó salir una sonora carcajada.

-Es el pasado a lo que le temes. Y aún así quieres respuestas. -Se burló, consiguiendo que su otra yo inflara los cachetes molesta. -No las encontrarás con ese espíritu tan débil.

Rei estalló.

-¿Y qué se supone que haga? -le cuestionó subiendo la voz una octava. -No puedo estar con él, esa imagen se sobrepone -le dijo cruzándose de brazos, el aire en sus cachetes aún estaba ahí, mucho más notorio que antes.

La sailor suspiró, compadeciéndose de sí misma y reprendiéndose su propio caracter temperamental que a veces, como en esa, terminaban reduciéndola a una niña.

-Hasta que no te resuelvas no puedo ayudarte. -La advirtió, logrando que Rei le mirara por fin atenta y sin puchero. Aunque era evidente su desconcierto y angustia. -Tienes que querer liberar ese sentimiento tú sola.

La Sailor le había señalado el pecho con su dedo índice. Y aunque ella entendía perfectamente bien a lo que se refería, no se sentía del todo lista, ni segura de querer hacerlo; aún apesar de haberlo pedido. Por eso había pasado la tarde confusa, dedicándose a hacer las tareas del templo. Tan sumida estaba que no se dio cuenta de cuándo había llegado el atardecer.

-Rei, vinieron a verte. -Le avisó una de sus ayudantes.

La aludida saltó junto con su corazón en dirección a la chica aspirante a doncella. Y dando una larga bocanada de aire le respondió.

-Dile que enseguida voy. -La chica asintió y se alejó de su vista, rumbo a la entrada del templo en donde seguramente él la estaría esperando. -No puedo ocultarme por siempre... -se dijo, entre reproche y resignada.

Así que avanzó a la entrada del templo, vestida en su traje de doncella y con los cabellos negros al viento. Él estaba allí, de pie, luciendo magnífico como siempre. Lo que la hizo arrepentirse internamente de haberle tratado con tanta indiferencia fue quizá el dolor que sus ojos mostraban, lo rígido que se había puesto de pronto al mirarla, evidentemente nervioso; o quizá fuera la roja escarlata que sostenía en su mano con tanta delicadeza como si ésta le estuviera quemando. Rei no lo sabía, pero realmente no importaba.

Porque ella también se sentía igual que él. Tanto así que se quedó callada tan pronto él le indicó que le dejara hablar antes de que pudiera decirle cualquier cosa para echarlo de ahí. Quiso aclararle que ella jamás podría correrlo, pero el recuerdo de un enfrentamiento le impidió el que le mintiera.

-No sé qué hice para ofenderte, pero supongo que independientemente de eso lo correcto es disculparme -fueron las palabras del muchacho que verdaderamente lucía contrito, dejando a una Rei completamente perpleja y con la expresión desencajada.

-Pero si no has hecho nada malo! -exclamó, queriendo agregar 'a diferencia mía', pero incapaz de hacerlo,

-Tu comportamiento hacia mí me dice lo contrario -refutó sin sonar molesto.

Y ella agachó la mirada avergonzada. No tenía argumentos para negar aquello. Kaido observó su reacción, la cual confirmó su temor de que ella le rechazaría, pero para él no había peor intento que aquél que no se hacía. Y viendo que ella no diría nada más, se decidió a dar el primer paso antes de decirle adiós para siempre a esa chiquilla que en el lapso de una semana le había conquistado.

-Escucha Rei, quiero decirte que... -su voz se ahogó un momento, el momento en el que ella le había mirado de nuevo a los ojos en cuanto éste pronunció su nombre. Y él tuvo que desviar la vista para poder decirle lo siguiente. -Me he enamorado de tí.

-¡! -El corazón de ella, así desconcertada como estaba, salto de gusto y de llanto. Quería llorar justo ahí sin saber qué emoción la dominaba más, si la felicidad, la tristeza, la angustia o el rencor.

-Y lamento el que tengamos que despedirnos. Sé que probablemente no sientas lo mismo, pero quería decírtelo. -Aquello la abofeteó de regreso a la realidad del momento. E internamente se cuestionaba gritando cómo era posible que ella pudiera no sentir lo mismo, ¿cómo era que él no se daba cuenta cuando estaba segura que era más que obvia? -Y también quería decirte que... quizá, si el destino me lo permite, me gustaría regresar para conquistarte.

Ésa última declaración iba en contra de lo que el rubio se había propuesto en un principio. Pero al estar allí confesando a viva voz lo que sentía, no pudo evitar llenarse de esperanza. Si ella no le quería, entonces la conquistaría hasta que sintiera por él lo mismo que él sentía por ella. Lo que no sabía era que sus palabras habían enturbiado las aguas del corazón de la joven. Cuya advertencia dada la noche anterior le martilleaba los oídos.

-¿Es duro ese pasado? -Le había cuestionado a su sailor interna, después de un corto tiempo de negarse a aceptar lo que sentía.

Sailor Mars la miró con cariño.

-Nada es insufrible, lo sabes. -Le dijo, queriendo decir con ésto que no había nada que ella no pudiera soportar pero ante todo superar, por muy duro que fuera.

Rei agachó la vista angustiada.

-Me da miedo lo que pueda ver -confesó -pero... -Su semblante se estrujó un poco en clara angustia.

Así que su otro yo completó por ella.

-Quieres estar con él.

Las mejillas de ambas se encendieron. Después de todo eran la misma persona y sentían lo mismo.

-Necesito estar bien para poder estar con él. -Aseguró.

Cuando ella recobró la noción del tiempo en el que estaba, él ya se había dado la vuelta y avanzaba a paso firme hacia la salida, ya había bajado los primeros escalones. Y como a alguien a quien le echan encima un balde de agua fría, la morena salió corriendo detrás suyo.

-¡Espera Kaido! -justo hasta alcanzarle.

Él se detuvo al instante. Sobresaltado y ansioso. Deseoso, esperanzado de que ella no lo hubiese detenido tan sólo para despedirle. Se quedó quieto esperando y justo cuando creía que nada pasaría y se decidió a girarse hacia ella, ésta le detuvo.

-¡No voltees! -le ordenó -Déjame decírtelo así...

Su cuerpo temblaba, sacudiéndose en pequeños temblores, sus cabellos habían caído cual cortina cubriéndole el rostro, sus manos se afianzaban a la camisa de él por la espalda. Sus labios bailaban, forcejeando por dejar salir las palabras al tiempo en que recordaba lo que su yo interna le había mostrado la noche anterior

-Si ésa es tu resolución, dame tu mano y te lo mostraré -Acto seguido le tendió la mano derecha hacia ella

Rei la miró desde su posición incada en el suelo, con temor en sus ojos. Levantando lentamente la mano hacia ella.

-Rei... -murmuró Kaido, rompiendo a momentos los recuerdos de la chica.

-Quiero decirte que... -La morena apretó con más fuerza la tela de la camisa de él antes de inspirar aire para poder gritar lo siguiente, bajo el cielo nocturno -¡Yo también me enamoré de ti!

El corazón de él dio un saltó de felicidad.

-Rei...

Y tras un instante de vacilación se giró en dirección a la doncella, tomándole tiernamente las manos, con cuidado, para que le soltara. Ella tenía las mejillas encendidas y miraba a todas partes, menos hacia él. Kaido sonrió conmovido y tras levantar con su mano derecha el rostro de la chica sujetándola por la barbilla, se inclinó sobre ella. Quien al sentirle tan cerca le miró al fin sellando sus orbes con las de él. Esta vez viéndolo como lo que realmente era. Su enemigo y su amante.

Ambos se sonrieron. Y luego se besaron bajo el cielo estrellado...

Mientras ella derramaba lágrimas...

Incapaz de olvidar todo lo que vio cuando tomó la mano de su senshi interna la noche anterior. Recordando cómo al tomarla el fuego se había hecho mucho más intenso y los recuerdos le llegaban como remolinos de llamas ardientes que le quemaban el cuerpo. Sus ojos desorbitados vieron y revivieron uno a uno aquellos recuerdos.

Recuerdos del siglo XX primero. Recuerdos del Milenio de plata después. La primera ocasión en la que había acompañado a su princesa a la Tierra y se habían topado con uno de los guardianes de la misma, justo después de que su susodicha princesa se le escapara tras tocar el suelo.

-Soy Sailor Mars -se había presentado, con la urgencia de adoptar una posición de ataque en cualquier momento, pues habían ido a dicho planeta sin invitación alguna.

-Eres escolta de la princesa de la Luna, ¿cierto?

Recuerdos de cuando se habían conocido por vez primera.

-Soy Jadeite, primer general del Cielo.

Recuerdos de cómo ese primer encuentro había dado el inicio a un romance que se celebraba cada que acompañaba a su princesa a la Tierra, siendo sin haberlo querido realmente cómplice de la una a la otra.

Pero también...

-Qué esperas! Ataca!

Recuerdos de cuando se habían vuelto enemigos...

-Pensé que te amaría por siempre y que jamás soltaría tu mano -le había dicho ella entonces, verdaderamente triste y angustiada, cuando después de una ardua batalla había conseguido vencerle. -Cuánto lo siento -lloró y sus lágrimas cayeron al suelo justo al momento en que le ataco con su implacable fuego.

Dentro de aquél ataque, él sin embargo había conseguido liberarse del hechizo de Metalia

-Sailor Mars -y aunque el corazón se le estrujo en una alegría envuelta en pánico, ya era demasiado tarde para apagar las llamas. Y aún así, él sonreía. -Gracias

-¡Jadeite!

Su mismo fuego le había arrebatado la vida.

-¡AH! -ella cayó de frente al suelo pero sin llegar a tocarlo realmente -no puede ser... -sollozó y lo siguió haciendo toda la noche. Su sailor interna se había desvanecido tan pronto ella había recobrado la conciencia.

Y sólo quedaron ella y su fiel fuego iluminando la oscuridad de la noche, mientras ella lloraba desconsoladamente; con una mano cubriendo su boca y la otra sobre su pecho. Con las orbes amatistas tan abiertas como platos. Y con el corazón destrozado.

Justo como en esa nueva noche ella lloró mientras se abrazaba y se dejaba abrazar por él, que ingenuamente creía que sólo había felicidad en las lágrimas de la chica. Y tal vez era mejor así, pensó ella.

Porque estaba segura que volverían a combatir. Ya que aquella visión había terminado con un desconcertante último recuerdo del siglo XXX. Cuando contra todo pronóstico, Tokyo de Cristal se sumió en las penumbras y ni siquiera su fuego fue capaz de revivirlo.


-¿Vas a ir a verla?

Molly estaba a medio vestir sobre la cama, lo burdo de su atuendo era una clara evidencia de lo que había estado haciendo con el chico que tenía en frente igual de semi vestido que ella.

-No hará falta, ella vendrá en dos semanas -Fue la respuesta de Neprhyte que acariciaba el rostro de la peliroja con cariño, aunque su vista estaba en un punto lejano de la habitación.

-¿Tan pronto? -cuestionó la chica, sin moverse ni un centímetro, pues estaba bastante cómoda en los brazos de él. -Cierto, la competencia de NASCAR -cayó en cuenta tras un instante, respondiendo a su propia pregunta. -Será interesante verlos a todos. Envidio tu habilidad para vislumbrar el futuro -le sonrió.

El chico por su parte hizo una mueca, un gesto de molestia aunque no para con ella.

-No es tan exacto como piensas -confesó. -No me resultó contigo.

Molly dejó salir una risa cantarina.

-Lo que sucedió es que entonces interferí y como mi energía es la de un cristal sailor, era normal que el cristal negro te revelara mi forma -confesó ella con la risa aún bailándole en las palabras.

Amaba esos recuerdos. El chico a su lado había sido su propio cuento trágico de hadas en su anterior vida y ninguna otra experiencia por muy buena que fuera podía comparársele.

Él también atesoraba esos recuerdos, pero lo cierto era que sentía un poco dañado su ego y su orgullo por cómo habían ocurrido las cosas.

-Aún así pienso que hiciste trampa -musitó en un gesto de casi puchero.

Molly dibujó corazones en el pecho desnudo de él con su dedo índice, en una actitud inocentemente coqueta.

-Tal vez, la trampa la hizo alguien más.

Hubo un silencio cómodo tras eso. Ella aún sonreía y por primera vez desde que se hubiesen acurrucado, él la miró.

-¿Qué se siente tener los recuerdos de dos vidas tan distintas? -le cuestionó verdaderamente curioso, inquieto e interesado en lo que ella pudiese responderle. Ya que él sólo había vivido una antes de la presente.

Molly parpadeo varias veces pensando cómo responderle.

-¿Te refieres a si se superponen? -inquirió sin verle y le sintió asentir. -No es tan difícil, a diferencia de mi hermana no tuve una vida tan caótica como pudiera pensarse. -le dijo con actitud despreocupada. -Lo irónico fue el haber terminado cerca de Usagi.

Aquello llamó la atención del chico, no por el nombre en sí, sino por la sonrisa honesta y llena de cariño en el rostro de su amante.

-¿La extrañas? -preguntó con un atisbo de culpa en su pecho.

-Mentiría si dijera que no -aceptó ella y pronto su semblante cambió cuando entendió el porqué de aquel repentino cambio. Se irguió de golpe, decidiéndose a mirar a su acompañante -¿Cuándo...

-Es mejor que no lo sepas -le interrumpió él.

Y ella no pudo más que aceptar lo que él le pedía aún apesar del angustiado palpitar de su corazón.

-Sí. De acuerdo. -Aceptó volviendo a recargarse en él.

Lo que Neprhyte no sabía, era que Molly tenía su propio plan para salvaguardar a su amiga. Un plan que empezaba con reunirse con su anterior hermana.

LITA SAILOR JUPITER

Akai Hana - Nana Kitade

-Al fin terminé.

Esa noche por fin Lita había conseguido terminar de tejer aquél suéter verde, un pequeño regalo que le daría a Andrew. Las vacaciones tenían tiempo de haber terminado y el otoño estaba por llegar. Durante las dos últimas estaciones del año, Londre era un lugar frío. Por eso había pensado que un suéter sería un perfecto detalle de despedida. Andrew volvería a América a finales del mes.

-No veo porqué te tomó tanto tiempo -Lita saltó asustada en cuanto sintió la voz y la presencia del chico en su habitación -Al final está mal hecho, ¿ves? -le dijo señalando un punto inexistente tras haberle arrebatado la prenda de las manos.

Ella saltó entre avergonzada y molesta por las actitudes del chico pelirosa que estaba ahí aparentemente con la misión de fastidiarla.

-No es verdad, y dame acá -le gruñó, consiguiendo recuperar el suéter. -Que estés de visita no significa que tengas derecho sobre mis cosas Glenn

El chico sonrió lacónicamente y se irguió. Lita era una chica bastante alta, pero éste muchacho le sacaba dos cabezas, media cabeza más de la que le sacaba su hermano. Sin duda eran familia.

-Vaya, te has puesto toda roja -se burló -¿tiene que ver acaso con ese tal Andrew?

El corazón de Lita dio un vuelco toda abochornada.

-N, No, ¿cómo dices eso?

-Osea que sí -se rió él con fuerza.

Ésa fue la gota que colmó el vaso

-Ay ya déjame, fuera de aquí!

-Wah! -Glenn cayó de bruses al suelo, fuera de la habitación de ella, quien le había empujado con fuerza. -Ya verás Lita -se quejó en vano.

Pues Lita le cerró la puerta de golpe. Caminó de regreso al banquillo en el que había estado sentada, y se dejó caer en él con fuerza. Suspiró mirando la prenda que tenía en sus manos.

-Espero que Andrew no piense lo mismo -Se dijo. Y luego sacudió la cabeza de un lado a otro. -No. ¡Qué digo! Él sigue siendo el mismo no importa la era. -Sonrió para sí.

Y entonces, sin quererlo, se halló a sí misma pensando en el pasado, en esas dos vidas en las que lo había tenido también a su lado. Quizá no como ahora pero sí como un amigo al menos. Miró una vez más la prenda y luego a su pluma de transformación que yacía sobre la almohada de su cama a su derecha. Se dejó caer boca abajo en el blanco colchón. Tomando la pluma en su caída. La miró detenidamente, recordando lo que era, lo que sería. Pero sobre todo, lo que había sido.

-¿Cómo es el Reino Lunar? -La sailor del resplandor verde miraba con anhelo aquél astro tan brillante.

Júpiter. Un planeta relativamente solitario. Relativamente pues poseía dos vidas, la principal era la fuerza del planeta mismo, Zeus, la segunda era su guardiana, su princesa y su hija, Júpiter. Poseía su fuerza y tenía el resguardo de un padre que la volvió fuerte y magnífica. Pero por lo mismo se pintaba tan exótica que a su pesar, todos pasaban de ella por temor. Sin embargo, el tiempo y el daño, le habían permitido brindar protección y cobijo bajo su sombra; consiguiendo el que varias existencias le siguieran, al igual que Mars. Entre ellas, su hermana, Metis, quien al igual que ella había sido bendecida por Zeus pero en menor medida, por lo que también poseía un cristal sailor.

Pero aún con todo, se sentía sola.

-Aún si tengo la fuerza más grande, no tengo la fuerza que se necesita para proteger -se dijo.

-¡Eso no es verdad!

Era la imagen más hermosa que había tenido en frente. Serenity era su nombre, la Reina Serenity de la Luna. E iba acompañada de dos sailor, Venus y Mercury. Sailor Júpiter las miró con asombro, perpleja y maravillada. Aquella ensoñación se quedó ella por mucho más de aquél encuentro, fue una sensación que en lugar de apagarse y/o superarse, se hacía más y más grande con el tiempo. Fue invitada al palacio y ella agradeció inmensamente el gesto. Se le habló del Reino, se le atendió como a toda una princesa y se le informó del grupo de sailors que se estaba formando para protección de la pequeña princesa de la Luna.

Ella quería ser invitada a formar parte del grupo, confiaba en su fuerza y sabía que sería un gran apoyo, pero en ningún momento de aquella visita se le hizo la invitación para aquello. Cuando llegaron a Palacio inmediatamente la llevaron con la princesa y su corazón latía con temor de no ser del agrado de ésta. Deseaba quedarse en ése lugar tan cálido.

La hallaron en el salón de entrenamiento, en donde un niño un poco más grande que ella al parecer la estaba molestando. No supo exactamente cómo ni qué la dominó para hacerlo, pero en un instante había salido en defensa de aquella pequeña, aún sin saber a ciencia cierta si ella era o no la princesa. Pero resultó que al chico al que atacó era también de la realeza lunar y que aquella escena era tan común entre ellos que nadie interfería. Probablemente alguien diferente se habría enojado de que ella interfiriera, en especial porque no ganó la pelea. Pero el chico le ofreció la mano cuando ella cayó de sentón al suelo y le dedicó una sonrisa ladina honesta, dándole a entender que se había ganado su respeto.

Mientras que la pequeña...

-Wow, eres muy fuerte y también eres muy alta

La miraba con los ojos muy abiertos, con el cuerpo rebosante de la alegría y vida, sonriente. Le miraba con genuina admiración. Tanta que ella sintió cómo se le calentaban las mejillas y bajaba la vista al suelo apenada.

-Sí bueno, es por mi planeta natal -explicó con los pelos de punta.

La pequeña Serenity de pronto tenía estrellas en los ojos de lo emocionada que estaba.

-Lucías hermosa mientras luchabas

Aquello le llenó el pecho de un sentimiento cálido y si acaso fuera posible, su rostro se pintó aún más de rojo. En ese instante su ser fue atraído hacia el de la princesa. Totalmente conquistada.

-¡Princesa Serenity! -Pero por su parte Venus, había saltado airada desde su posición a la entrada -No más que yo, ¿cierto? -cuestionó o lo correcto sería decir que pedía que no fuera así y que la princesa le diera la razón. Ella temblaba por dejar de ser la favorita de su princesa.

La aludida por su parte, ajena a los pensamientos y temores de la misma giró hacia ella con la misma expresión sublime que le había dedicado a la castaña.

-Venus, tu belleza no tiene comparación

-Fiu -La rubia dejó salir el aire en alivio, una mano sobre su pecho.

-Pero no puedes negar que Júpiter tiene una belleza extraña -continuó la rubia de coletas, atrayendo la atención de todos -como una flor que florece en la adversidad -se dijo pensando, buscando hasta dar con la respuesta. -Como una rosa

-¿Una rosa? -cuestionó Jupiter, Mercury fue la única en recordar que en Júpiter no había tales flores, ya se lo recordaría después a su princesa.

Pues ni ella ni Lita podían seguir el ritmo de la chica cuando estaba así de emocionada.

-Dime, ¿quiere ser mi amiga? -cuestionó con sus manos sosteniendo los de la castaña, que no sabía en qué momento se las había tomado. -Si somos más, será mucho más divertido jugar.

Un día después, Sailor Jupiter paseaba por los jardines, recordando lo sucedido y deseando volver a encontrarse con aquella niña. Había sido la primera vez que alguien la recibía de esa forma. Sus guardianas la seguían tras haber conocido su fuerza al salvarlas. Pero Serenity la había aceptado sin saber quién era. Iba tan absorta en estos pensamientos, que encontrar aquellos jardines de rosas no le tomó tiempo a su parecer. Pues se sorprendió al verlas.

Eran rojas, azules, blancas, rosas y amarillas. Y eran hermosas. Extrañas, con esos tallos llenos de espinas. Las rosas no eran originarias de la Luna, le había dicho Mercury, pero a la Reina Serenity le gustaban tanto que el anterior rey de la Tierra le había obsequiado aquél jardín. Ese rey había sido un anciano cuando la reina apenas era una niña. Lamentablemente con el pasar de los años, aquellas relaciones se habían reducido hasta casi desaparecer, sin importar los intentos de la Reina de coincidir con ellos.

-Eres nueva aquí

La senshi dio un respingo al sentirse descubierta y giró de espaldas a las flores como si quisiese ocultar que las había estado observando. Miró con cierta cautela al joven rubio que tenía delante de ella.

-Vine porque la Reina Serenity me invitó -fue su respuesta, tosca y directa. Lo cierto es que no confiaba en nadie.

-¿Y te quedarás?

Por segunda vez la chica se vio sorprendida por la actitud serena del chico, que le sacaba una cabeza de estatura y ya caminaba hacia ella con esa sonrisa amplia en el rostro. No estaba nada mal, se dijo. E inmediatamente después se reprendió a sí misma por haberlo hecho. Sus mejillas se volvieron a teñir de rojo.

-Aún no sé si sí soy requerida.

-Descuida -le dijo sonriendo más ampliamente y logrando el que ella le mirara de nuevo con esa ensoñación en los ojos. -Debes de ser muy importante si la misma Reina fue a buscarte.

Oh cuánta razón había tenido, se dijo Lita. Ahora completamente recostada en la cama, mirando el techo mientras se aferraba a la almohada como si se le fuera la vida en ello. Aquellos recuerdos eran saltados, había partes que le faltaban, cosas que no recordaba. Cosas que necesitaba recuperar para cumplir la misión que ahora tenía.

Pero no podía evitar pensar en aquél pacto hecho tantos eones atrás.

Estaba de pie frente a la Reina, que tenía a Sailor Mercury a su izquierda y a Sailor Venus a su derecha.

-Mi hija desea estar contigo -le dijo, logrando traer una sonrisa entusiasmada al rostro de la castaña, tan sólo para cambiarle la emoción con lo siguiente que le dijo -pero no quiere obligarte a que abandones tu planeta natal -Jupiter lo pensó, por primera vez recordó que ella ya tenía un hogar aparte de éste. -Por eso quiero escuchar qué es lo que tú deseas.

Se tomó su tiempo para pensarlo. Pero después de aquél mes en compañía de la princesa, ella era lo único en lo que podía pensar y en el hecho de que nunca antes se había sentido tan viva y tan admirada. No tuvo que pensarlo mucho tiempo. Levanto la vista decidida.

-Deseo quedarme con ella -espetó.

La Reina sonrió complacida al igual que sus sailors.

-Entonces, ¿no volverás?

Había usado su comunicador para entablar una conversación con su hermana, Metis, a quien había dejado en su lugar en el Palacio de su planeta natal. La chica en cuestión lucía un poco deprimida pero no del todo, había más una curiosidad bailarina en sus ojos.

-No es eso exactamente, pero deseo seguirla, deseo seguir su resplandor -le confesó con ese brillo de ensoñación en su rostro. -lo entiendes verdad?

Metis sonrió con ternura comprensiva.

-Sí, pues es así como me siento con respecto a tí.

Jupiter sonrió de la misma manera.

-Metis, volveremos a vernos ya lo verás -le prometió. -Esto no es una despedida sino un hasta pronto. -Le aseguró. -Cuida del Palacio de Júpiter por mí, éste será ahora tu reino.

-Hermana -esta vez la pequeña tenía un par de lágrimas en sus ojos -Sólo quiero que seas feliz.

Lita suspiró con nostalgia y quizá también algo de culpa o tristeza, no estaba segura. Haber sabido después que Naru era la reencarnación de su hermana la hizo sentir tonta por no haberlo descubierto desde un principio. Pero la intrigaba el pensar qué pudo haber ocurrido como para que ella reencarnara. ¿Qué o quién la había asesinado? Y ¿cómo había terminado en la Tierra?

Pero incluso ahora, los recuerdos de él sobresalían por encima de los suyos.

-Así que al final decidiste quedarte.

Ella estaba de vuelta en aquel jardín de rosas.

-Sí -le sonrió, con las manos ocultas a su espalda.

-Te ves muy contenta

-Lo estoy! -exclamó.

Pasó mucho tiempo con él, en su compañía. Pero no el suficiente como para que su relación pudiera prosperar a algo más. Aunque realmente no importaba, ella sentía que tenía todo lo que necesitaba para ser feliz. Sin importar qué otros pretendientes estuvieran por ahí.

-Júpiter debemos ir a la Tierra, ¿podrás acompañarnos? -Era Venus quien le hablaba, acompañada de Hermes y Adonis.

-Desde luego -asintió, sintiendo aquél cargo de importancia en el aire.

Habían ido a unir fuerzas para reparar el daño en ambos reinos por la última batalla contra el Caos, por lo que no duraron mucho en la Tierra y tan sólo uno de los generales estuvo presente además del Rey en turno.

-Júpiter él es uno de los generales de la Tierra Neprhyte

El hombre era bastante apuesto, tenía que admitirlo. Pero...

-¿Te gusta?

Otra vez estaba hablando con Metis, tras haber tenido aquél encuentro durante la tarde. La noche ya había dominado la Luna.

-No en realidad, es atractivo pero a mí me gusta alguien más -confesó.

El rostro de Metis se iluminó al oír aquello.

-¿Cómo es? -preguntó curiosa.

Su hermana sonrió.

-Pronto lo conocerás, te haremos una visita.

Y Metis no cabía de felicidad en sí misma.

-¿De verdad?

-Sí.

Pero aquella visita jamás se llevó a cabo...

-Tengo que irme, la Reina me pidió que asistiera a Mercury.

-De acuerdo.

Lita tenía un brazo cubriendo su rostro para ocultar la expresión de abandono en éste. Recordar aquello aún le dolía. Aún más porque no pudieron rescatar a sus amigos de entonces del hechizo de Metalia, sino hasta que ya había sido demasiado tarde. Lo que era peor, no recordaba qué había sido de Andrew ni cómo exactamente había perdido la vida.

Pero su siguiente recuerdo era de cuando renació como Sailor Jupiter al lado de Usagi, todo recuerdo antes de éste había desaparecido y sólo tenía la certeza de que una vez más Usagi la había encontrado para darle ese amor que el resto del mundo no parecía querer darle.

-Ahora eres una de nosotras -le había dicho Luna -Sailor Júpiter, bienvenida al equipo.

Curiosamente de esas batallas recordaba muy poco. Sólo recordaba a la perfección la pelea contra sailor galaxia, razón por la cual quizá había redescubierto a Taiki en su hermano; y ya fuera por el hecho de que ahora eran familia sanguínea, había sido al único al que había podido encontrar.

Hermes... Si tan sólo en el siglo XXX le hubiese sabido identificar, se lamentó, mordiéndose el labio inferior tras evocar aquellos últimos recuerdos de Tokyo de Cristal.

Ella estaba en la antesala del salón junto con su Reina. Habían estado conversando animadamente cuando de pronto ésta, se había casi caído de golpe al suelo, alcanzándose a sostener de la pequeña mesita circular de la entrada; tirando el jarrón que estaba encima de ésta en el acto.

-Su alteza! -exclamó asustada la sailor, corriendo para ayudar a levantarla, pero ella estaba con la mirada perdida y tan abierta como dos platos. -¿Qué sucede? ¡Alteza!

-Dime porqué -murmuró su reina, con una voz llena de una emoción que no supo identificar.

-¿Eh? -le miró confusa, instintivamente retrocediendo.

-¿Porque me robaron esos recuerdos? -continuó la rubia con el reclamo en su voz, mientras la angustia comenzó a dominarla -Seiya... él. -Se dijo de pronto, irguiéndose tan rápido como pudo. -Tengo que verlo.

En este punto Jupiter ya entendía lo que estaba pasando.

-Espere, su alteza -Y al instante la detuvo.

Pero contrario a sus supocisiones, la neo reina Serenity le rechazó el gesto, golpeando la mano con la suya hasta alejarla.

-¡No me llames así! -gritó furiosa, con las mejillas encendidas y los ojos llenos de lágrimas -¡Me mentiste!

Era la primera vez que ella le hablaba de aquella manera, y la primera vez que deseó estar tan lejos de ella con tal de que no la mirara de aquella forma, tan llena de rencor.

-¿De qué estás hablando? -trató de fingir a sabiendas de que era inútil.

Usagi fue más hábil y obvio la discusión con la que probablemente ella intentaría distraerla y hacerla desistir de aquél tema.

-Llévame -le ordenó, simple, callada y directa.

-¿Qué? -Jupiter le veía perpleja.

-¡Llévame! -espetó, gritando tan fuerte como sus pulmones se lo permitían -Sólo así te perdonaré

-Pero, a dónde...

-A Kinmoku, tengo que ver a Seiya, tengo que verlo! -se dijo más para sí y comenzó a avanzar hacia el pasillo.

Jupiter le detuvo al instante rodeándola con ambos brazos, mientras ella forcejeaba con zafarce.

-Usagi! -estaba desesperada, sin saber cómo la rubia lo había descubierto. -Detente un momento a pensar por favor! -pero ella no parecía querer escucharla por más que lo intentaba, así que recurrió a lo único que sabía, la haría reaccionar. -¿Qué hay del Rey Endymion? ¿Qué hay de Rini?

Y lo consiguió. Poco a poco ella comenzó a calmarse, Makoto fue haciendo más débil su abrazo y cuando Usagi se sintió libre, volvió a arrojarla fuera de sí.

Mako golpeó el suelo pero se levantó al instante.

-¡Usagi!

Y luego se detuvo en seco.

-Todo está mal... -murmuró su reina, sosteniéndose la cabeza con las manos, con los ojos comenzado a humedecérsele, con las rodillas sobre el suelo. -Esto no debió de ser así... -con el corazón destrozado... Y finalmente al cerrar los ojos con fuerza, las lágrimas salieron sin detenerse. -¡No tenía que ser así!

Golpeó el suelo, rasgó las cortinas, tiró la mesa y el resto de los jarrones, rompió una ventana con uno de éstos. Y volvió a caer al suelo con el rostro entre las manos. Llorando, sollozando y maldiciendo.

No pudo por más que mirarla. No estaba en ella el consolarla.

-Lo lamento.

Aún ahora Lita lloraba al recordar aquello, preguntándose una y otra vez si lo que había hecho entonces había sido verdaderamente lo correcto. A pesar de que era absurdo lamentarse aún ahora por ello. Especialmente porque ella había vuelto a renacer.

-Tiempo sin vernos, Maker.

Sailor Maker se sorprendió de recibir un llamado desde la Tierra, y se sorprendió aún más al ver a la sailor que la saludaba.

-SAilor Jupiter, ¿a qué debo el gusto de saludarte?

La sailor del trueno sonrió con tristeza antes de volver a hablarle.

-Necesito que me hagas un favor.

Lo había hecho. Aún a sabiendas de que lo mejor (aunque quizá no lo correcto) era ayudar a su reina a olvidar aquello, o al menos a superarlo pero nunca a resignarse o las consecuencias serían aún peores. Lo cierto era que había recordado todo en cuanto Tokyo de Cristal fue creado, pero jamás hasta ese momento, había considerado hablar del tema y sabía que no era la única que también recordaba ese pasado.

-Makoto chan

Pues desde hacía unos años atrás, la reencarnación de su propia hermana, Metis, le había estado pidiendo ayudara a su amiga Usagi.

-Naru -le saludó sonriendole, aunque sin verdadera alegría a pesar de haber sido ella quien le había mandado llamar.

Molly sin embargo, la entendía a la perfección.

-Por tu mirada puedo darme cuenta de que al igual que yo contigo, ya me has recordado -le sonrió.

-Sí, lo he hecho -aceptó y deshizo su transformación por primera vez en mucho tiempo. -Quiero preguntarte, ¿por qué sólo nosotras?

La peliroja caviló la respuesta antes de dársela.

-Hay una razón, pero no te gustará.

-¿Importa en este punto? -preguntó con ironía -He hecho lo que me aconsejaste.

-ES lo menos que podemos hacer ahora. -Le convenció como si quisiera recordarle que aquello estaba lejos de ser una sátira.

-Sí -y sin poder oponerse ella lo entendió.

Se lo debía a Usagi... Se lo debía a Serenity...

Por eso, cuando finalmente tuvo todo listo y seguro de que nadie más se daría cuenta del encuentro que planeó. Volvió a buscar a su reina, de la que se había alejado modestamente, para no incomodarla. Aquél día la encontró en compañía de su pequeña familia y las outers.

-Alteza, venga conmigo, por favor -le pidió mirando a nadie más que no fuera ella. -Sólo será un momento, necesito que me asista -recalcó cuando notó que ella dudaba.

Finalmente la rubia asintió.

-Está bien, con permiso.

Aquello había salido a pedir de boca. Especialmente por la compañía que en ese momento había rodeado a la reina, queriendo decir Rini. Ella era la única que podía brillar igual que su madre, lo suficiente como para mantener a los demás ajenos de lo que ocurría fuera de ella. Caminó por delante de ella sin dirigirle una sola palabra, sin siquiera voltear a verla para comprobar que la estaba siguiendo, no era necesario. Usagi siempre sería Usagi, sin importar el honorífico de su grado en sociedad.

-Jupiter, ¿a dónde me llevas? -Y por lo mismo sabía que ella en algún punto, ciertamente el más alejado, comenzaría a preocuparse -¿Por qué nos hemos alejado de Palacio? -cuestionó cuando se hubieron detenido.

La luz del sol estaba abandonando por completo la escena y por un instante la rubia fue incapaz de distinguir la tercera silueta que los acompañaba hasta que ésta misma le habló.

-Veo que algunos hábitos nunca cambian, ¿verdad bombón?

"Bombón", eso la hizo reaccionar mucho más rápido que la impresión de oír su voz.

-¿Seiya!

Él estaba delante de ella, tan espléndido como le recordaba. Con esa arrogante sonrisa en su rostro y por un instante quiso soltarse a llorar ahí mismo.

-En persona, perdona la falta de formalidades.-Y ni qué decir de su odiosa personalidad. -Es que me han dicho que estabas deseosa de verme, pero no entiendo porqué esto debe de ser un secreto.

Eso logró cambiar el semblante de la joven mujer y fue la señal para que Jupiter interviniera.

-No dudes ahora Usagi -le alentó -querías respuestas y por Zeus mereces tenerlas, ambos merecen tenerlas

Seiya enarcó una ceja.

-¿De qué se trata todo esto bombón?

Usagi respiró hondo lográndose componer tras hacerlo.

-Dame tus manos y te lo mostraré.

Lita giró sobre su cuerpo para descansar de lado sobre la cama, la almohada olvidada en el suelo. Jamás previó lo que podría ocurrir tras haber hecho aquello. En ese momento lo único que quería era recuperar el cariño de su reina que no pensó en las consecuencias, o más bien no le importaron en lo absoluto.

Pero pronto aquello se había transformado en algo que había podido controlar. Incapaz de razonar con ella.

-Hemos creado un desequilibrio -le dijo, ligeramente desesperada, tratando de lograr aunque en vano, el que ella le hiciese caso.

-¡El desequilibrio ya existía desde antes! -se quejó la Neo Reina Serenity, que a pesar de elevar la voz aquello sonaba más como la respuesta de una niña caprichosa que de una mujer enardecida.

Jupite juntó las cejas en un gesto de congoja.

-¿De verdad piensas huír tan pronto Rini sea coronada? -cuestionó, logrando cambiar el humor de su compañera hasta deprimirla en cierto grado. Había sido su confidente, por tanto sabía lo que había estado tramando. -No está en tí hacer algo indebido Usagi, sé que lo sabes y por eso estás sufriendo

-No voy a huír -refutó molesta, irritada sería más correcto decir.

Pero Mako no se rendiría en aquél tema tan fácilmente.

-No, porque será él quien te secuestre, ¿no es así?

Usagi se sintió arrinconada al instante.

-Mako chan yo...

Sin embargo Jupiter, la amaba demasiado como para contradecirla del todo.

-A mí sólo me importa tu felicidad -le aseguró sonriendole con todo el cariño y el amor que sentía por ella. -Es sólo que no quisiera que tu brillo se viese manchado por algo que no estás segura de hacer. -Le explicó, logrando el efecto que quería en su reina. -No quiero que termines arrepintiéndote.

El rostro se le llenó de congoja a su compañera.

-¿Y qué puedo hacer? ¿Qué debría hacer entonces? -cuestionó al borde del llanto de nuevo haciendo que Mako volviera a sentirse culpable. -Conmigo no es nada más que drama, incluso la razón por la que bajé a la Tierra! -se quejó. -Maldición, ¡maldición!

Esa noche Jupiter había salido al jardín, para mirar la luna llena que iluminaba el cielo nocturno. Pues realmente deseaba que la respuesta le llegara de ésta misma.

-Reina Serenity, ¿qué habría deseado usted para su hija?

Pero aquella reina, la joven mujer que la despertó como sailor, hacía mucho que ya no existía.

Y sin saber exactamente cómo la respuesta le llegó de otra parte.

-Jupiter!

-Taiki ¿eres tú?

Tan sólo tres días después.

-No. Hermes -concluyó la senshi al ver la vestimenta del chico en lugar de su transformación de sailor.

-No hay tiempo, hay que correr a palacio, de prisa! -fue la advertencia desesperada de éste en cuanto la tuvo frente a sí.

Había sido una terrible batalla, en cierta forma mucho más terrible que todas las anteriores. Por fortuna había acabado.

Por desgracia, se había llevado la vida de a quien más atesoraba en su corazón.

-El cristal de Plata... -Jupiter no daba cábida a la escena que veía en los aposentos de su reina. No quería creer que fuera ella. Pero el dolor era tanto que en vez de enfadarse, había caído al suelo de rodillas, confundida y derrotada. -Rey Endimion, ¿por qué...?

La sangre resbalaba por la espada de éste. Que lucía con el temple sereno, carente de emoción alguna.

-Ella renacerá, igual que todos nosotros. -Fue su respuesta, aún mirando fijamente a la mujer que yacía en el suelo al lado de su compañero.

Lloró aquella noche. Lloró por el sueño que se había convertido en pesadilla. Lloró porque aquél reino había acabado, porque Rini partiría con su pequeña nueva familia a Ilusión.

Pero principalmente lloró porque la había perdido.

-Mako chan.

Ella no se giró, sabía bien quién estaba detrás de ella. Aquél rubio y alto chico que la había conquistado desde el Milenio de Plata.

-Motoki, tú también eras de la Luna ¿verdad?

Motoki no respondió, no había que ser un genio para entender que aquello no era una pregunta. El rostro de ella estaba seco de lágrimas, estaba tan triste que después de dos días de lamentos, ya no podía llorar.

-Una unión generalmente es buena, pero éste no era el caso -Comenzó él a hablarle, caminando hasta alcanzarla. -Llegó la hora de marcar una diferencia, esta fusión no se dió como debió haber sido -le aseguró, en cierta forma tratando de convencer a la castaña de que aquello no había sido su culpa.

-Debí escuchar a Usagi -volvió a lamentarse.

Motoki la tomó de las manos con fuerza, logrando el que ella le mirase.

-Sólo deberás escucharme a mí una vez volvamos a despertar.

-Espero que la próxima vida sea diferente -rogó.

Lita, de nuevo en el presente, miraba aquél suéter recién tejido. Ciertamente no importaba el cuerpo ni el nombre, siempre y cuando el alma fuera la misma. Y aún así...

-Me dijiste eso, pero desde que te volví a encontrar no has dado señas de reconocerme -habló en voz alta, como si él de algún modo pudiese escucharle. -¿Por qué Andrew? Necesito encontrar a Serenity antes de que algo más suceda. Necesito encontrarla.

Y aquél semblante de tristeza volvió a inundar su rostro, hasta hacerla llorar.


Darien caminaba con extrema precaución a través de del terreno rocoso de aquellos túneles. Había dado con un puente de conexión entre la Tierra Media y la Tierra Mística, es decir, Ilusión. TRas su encuentro con la supuesta princesa de la Luna (sí, supuesta, porque había algo que no le dejaba creerle totalmente), su deseo de obtener respuestas se hizo mucho más fuerte.

Pero justo cuando estaba cerca de llegar al pasaje, una figura le hizo detenerse con su sola presencia. Y una sonrisa lacónica se posó en los labios del moreno.

-Creí que no querías saber nada del pasado.

-No es el pasado lo que me preocupa -fue la respuesta de la sailor -Sino lo que se avecina.

La Sailor del Tiempo lucía esplendorosa delante del chico, con su cetro en mano y su expresión seria. Era toda una imagen, demasiado metida en su papel para alguien que había dicho en más de una vez que no deseaba ser una senshi de nuevo.

-Así que has seguido viendo lo que hay tras esas puertas. -El rostro del chico también se había enseriado al escuchar la respuesta de ella, pues sabía leer entre líneas y le era fácil deducir que la chica seguía observando el curso del tiempo. -Karen sin duda tu anterior existencia era mucho más propia -bufó con burla.

-Pensé que no volverías a llamarme de esa forma -inquirió ella con el gesto arrugado en molestia.

-Lo hago sólo para fastidiarte. -Confesó él justamente lograndolo.

-Elige sólo uno, sólo un nombre y déjame en paz -le ordenó con una ligera advertencia en aquellas palabras.

-Está bien, está bien -respondió conciliador, volviendo de pronto su sonrisa más amable -Entonces me acompañarás a Ilusión?

La morena posó una mano sobre sus caderas, denotando molestia y una clara negativa.

-No podemos entrar -se quejó

-Eh? -él le miró extrañado.

-Sin importar lo que te haya dicho Sailor Moon, es imposible que entres de momento -declaró con arrogancia.

-¿Cómo sabes-? -Darien lucía perplejo hasta que finalmente entendió el motivo -Lo viste, lo sabías desde antes. -La acusó, señalando que ella sabía del encuentro que él había tenido con la sailor de la luna.

-Traté de advertírtelo. -Musitó remarcando cada palabra con fastidio.

-¡Maldición! -exclamó el chico golpeando la pared a su derecha, frustrado. -¡Necesito entrar ahí! ¡Necesito saber...!

-No puedo llevarte allá -le cortó elevando la voz como él lo había hecho, logrando callarlo de momento, -pero sí puedo llevarte con alguien que te conteste esas preguntas -Darien la miró completamente confundido, inseguro de que fueran a viajar en el tiempo. -Aunque aún no soy tan fuerte como para poder interferir en el curso del tiempo.

De pronto el enojo de él se había desvanecido tan rápido como le había llegado y ella lucía genuinamente contrita.

-¿A quién te refieres exactamente?

-A la última Sailor Moon del siglo XXX -Declaró y él abrió los ojos en sorpresa. -Antes de que el ciclo se rompiera.

RINI SAILOR MOON

Hesistation - Megumi Hayashibara

Tokyo de Cristal brillaba aquella tarde en la que el sol ya había iniciado su camino a esconderse. La Neo Reina Serenity estaba afuera en los jardines centrales del Palacio, de pie al lado de la inmensa y esplendorosa fuente, su mirada estaba perdida en la inmensidad del cielo en el que poco a poco las estrellas comenzaban a instalarse.

-Madre.

Rini, a sus veinte años había desarrollado una belleza que era solo suya, del mismo modo en que cada princesa de la Luna reflejaba a su reina pero con caracteres diferentes. Habían pasado seis años desde la última vez que había viajado al siglo XX. Y en cierta forma ese siglo ya había terminado y no había mucho a lo que volver. La Tierra estaba sumisa en su letargo tras la batalla contra el caos. Sailor Moon y sus sailors junto con Tuxedo Mask regeneraban sus semillas estelares, brindando la energía suficiente para que la princesa Serenity se volviera lo suficientemente fuerte para despertar el planeta a la vida en el siglo XXX e iniciar Tokyo de Cristal. Por lo tanto, sabía que ya no debía interferir, Usagi ya no tendría tiempo para jugarretas con ella.

No era que quisiera tenerlas, sus propias senshi, las sailors del amazonas, habían despertado y se habían vuelto su círculo principal de amigos. Pero lo cierto era que extrañaba ser la pequeña dama, la chibi usa del siglo XX.

Durante los últimos años quizá se hubiera podido olvidar del pasado, pero su madre se lo hacía imposible. Por alguna razón, evento o persona (Rini no lo sabía) sus padres habían comenzado a distanciarse, o lo correcto sería decir que era La Reina la que se alejaba encerrándose en sus paseos en soledad, alejada incluso de sus sailors. ¿Qué había cambiado? Se cuestionaba. Y sin entender porqué su línea de pensamiento había terminado en ella, la otra chibi del siglo XX.

Y mientras más pensaba en ella más descubría que no había sido en realidad una niña. No. Quizá no había estado hasta el final de la pelea, pero había visto a Sailor Cosmos y por una punzada en su pecho, sospechaba que ya conocía a aquella senshi. ¿Dónde había quedado la pequeña chibi chibi Moon?

-Mañana serás coronada Reina.

Rini salió de su ensoñación cuando fue descubierta por su madre, quien la miraba con una sonrisa honesta pero melancólica en su rostro. Sus ojos, sin embargo, denotaban que había mucho más detrás de aquella fachada.

La pelirosa sólo pudo asentir incapaz de articular palabra. Si tan sólo su madre guardara algo de su anterior ser. Porque había una gran diferencia entre Usagi Tsukino, su madre y su mejor amiga, y la Neo Reina Serenity, su madre y la mujer que admiraba.

El recuerdo saltó a otro, Darien no puso objeción a pesar de no estar seguro de entender porqué habían comenzado a ver a partir de ahí, después de todo sus últimos recuerdos eran los más claros. Supuso que la diferencia estaba en la perspectiva y en cualquier cosa que su antigua hija hubiera podido descubrir por él.

La escena cambió de nuevo a los aposentos de la princesa, donde la sailor del tiempo miraba con reproche a la muchacha de cabellos rosados.

-¡Por favor Sailor Plut! -suplicaba ésta sentada en el banquillo de su tocador, el espejo reflejaba la larga espalda de la chica.

-He dicho que no -contestó la morena -No entiendo porqué me pides esto.

-Sé que te suena extraño, pero... -Rini suspiró, ordenando las ideas antes de decirlas -He pensado mucho en chibi chibi, nadie sabía realmente quién era. -Comenzó creyendo que lo mejor era explicar las cosas directamente y sin rodeos. -Se lo pregunté después a mi madre y sólo sonrió de forma enigmática -se quejó juntando las cejas. -pensé que tal vez

-Pequeña dama -sailor plut la interrumpió antes de que ésta pudiera continuar, había algo de molestia o fastidio (no supo definirlo Darien) en su actuar -yo no puedo abrir de nuevo esas puertas, lo lamento mucho.

El rostro de la chica se afligió al sentirse derrotada.

-Sí, eso pensé.

De nuevo se mostraba otro lugar, otro recuerdo. Parecía como que saltaban a través de la memoria de la pelirosa, de adelante hacia atrás y viceversa; justo a los momentos hilados entre sí, los que se enfocaban en la historia que querían, una que no tenía rellenos sin sentido.

Ves Ves miró confundida a su princesa desde su posición boca abajo sobre la cama de ésta.

-¿Por qué te preocupa? -le cuestionó.

Rini levantó la vista entonces hacia sus guardianas.

-¿No la recuerdan? -fue su respuesta y su semblante lucía preocupado. -No parecía alguien que viniera a ayudar a la victoria, sino como a asegurarse de que algo no sucediera...

Esta vez fue el turno de Seres Seres de cuestionarla, mientras balanceaba las piernas a la orilla de la cama, a un lado de Ves Ves.

-¿Te refieres a que no nos permitió interferir en la última pelea?

Rini arrugó el gesto, sumiendose en el recuerdo.

-Era más que eso, era como si quisiera convencer a Sailor Moon de...

-Destruír el Caldero -concluyó Jun Jun por ella, de brazos cruzados, al parecer era la única que le daba la misma seriedad que su princesa a aquél tema.

-Sí -asintó la pelirosa.

Para Para flotaba como era su costumbre, sobre su esfera azul y sonreía ampliamente cuando inquirió lo siguiente.

-Yo insisto en que tenía mucho parecido contigo, tal vez demasiado -le dijo. -Pero lo cierto es que si le tiñeras el cabello de rubio, sería idéntica a tu madre, la Neo Reina Serenity

Los ojos de Rini se abrieron de golpe, ampliamente como dos platos y saltó del banquillo en el que estaba sentada.

-¡Ah! ¡Eso es! -giró la vista a lo alto del techo. -Para para, busca en tu bola mágica qué semilla estelar era.

Estaba a punto de hacer eso, pero la voz de su madre a la entrada de su habitación la previno.

-Pequeña Dama

Las cinco chicas desviaron la vista sobresaltadas hacia su Reina.

-Madre!

El semblante de la aludida tenía una expresión indescifrable y las cinco chicas se cuestionaban temerosas si las había escuchado toda la conversación. Rogando internamente que no.

-Será mejor que vayas a descansar, mañana será un largo día - le dijo y luego miró a las sailors que de inmediato dieron sus excusas para retirarse.

-Sí madre -Rini asintió aún sintiéndose como una niña a pesar de que era ya casi una mujer adulta.

La noche dominó por completo aquella escena y pronto las figuras de las cinco chicas al pie del balcón de la habitación de Rini, se vieron desveladas. Todas estaban formando un círculo hacia el centro y se miraban de manera cómplice.

-¿A dónde exactamente vamos? -cuestionó Ves Ves

Rini respondió con seriedad.

-A Ilusión

-¡Qué! -y las chicas saltaron perplejas

-Para Para ya lo dijo, la semilla estelar era lunar, de modo que Sailor Cosmos era proveniente de la Luna -le recordó la pelirosa. -Pero eso no nos dice aún nada del porqué estaba ahí.

-Ya entiendo, piensas preguntarle a Pegaso si la ha visto en el Reino de los Sueños -concluyó Seres Seres a lo que su princesa en su traje de Sailor Moon asintió.

Ilusión, pensó Darien. Tal vez no podía entrar aún, pero saber que podría tener un atisbo a lo que estaba buscando en aquél mundo lo hizo sentir satisfecho, de que aquel viaje no sería después de todo en vano; y esperó paciente a que el recuerdo se dibujara delante de sí.

-Pegaso!

La visión de aquella tierra mística era todo un poema, pensó Darien. Asemejaba a uno de los tantos jardines celestiales, durante años plasmados en lienzos por infinidad de sublimes pintores. Parecía que ahí también era de noche, pues el cielo estaba en su tono azul marino más profundo, pero aún así se podía ver dentro de aquella oscuridad, muy contrario al resto del planeta.

Las cinco sailors corrieron al centro de aquél jardín, que era una laguna cuya superficie brillara como si de una pista de hielo se tratase. El ser mítico al ver a su princesa de inmediato se transmutó a su versión humana.

-Eliot! -Gritó Rini mientras se lanzaba a sus brazos.

-Pequeña princesa -él la recibió al instante.

Por detrás de ellos las sailors se acercaban

-ya no tan pequeña -se burló Yun Yun

-Yun, Yun! -y Seres Seres la reprendió.

-¿Qué? -pero ella no pareció dar señas de entender, por lo que la pelirosa suspiró resignada.

Rini ajena a los comentarios fue directo a lo que le ocupaba.

-Eliot, tú tienes la habilidad de sentir las semillas estelares verdad?

Por suerte para ella, él no la cuestionaría jamás y por el contrario haría todo cuanto ella le pidiera.

-A través de los sueños puedo hacerlo, ¿por qué?

La pelirosa sonrió ampliamente.

-Puede que haya una manera, de que no estés atado a este mundo

Sobra de decir que la sorpresa del platino fue inmensa, sus ojos denotaban esperanza.

El recuerdo saltó hacia delante, hacia el momento en el que la pequeña dama ascendería al trono. La sala estaba llena por distintos personajes, todos ellos importantes, pero ninguno tanto como los anfitriones de dicho evento. Rini inspiró aire nerviosa, mientras todos los demás sonreían.

Su madre avanzó a ella con la corona en sus manos.

-En este día tan especial, mi hija Usagi recibirá su corona.

-Siento tener que romper con la tradición -habló la aludida interrumpiendo el avance de la corona hacia su cabeza, su madre la miró curiosa -pero me gusta más el pequeño nombre de Rini -sonrió.

Y su madre compartió su sonrisa.

-Está bien. Que así sea, nuestra Reina Rini.

Ése era un recuerdo que Darien conservaba casi por completo. El ver a su anterior yo dirigirse a la recién coronada reina no hacía más que confirmar que toda su historia había sido cierta. Lo hubiese querido o no. Se limitó a observar, esperando paciente por aquello que buscaba.

En el recuerdo él se había acercado a su hija con una ligera preocupación en el pecho, relacionada con el pegaso de Ilusión, extrañamente su presencia le inquietaba al grado de pensar que pudiese estar ocurriendo algo malo. Y al ver que su propia hija estaba tan tranquila cuando ella mejor que nadie sabía lo que habitaba en la mente del chico, se decidió finalmente a interrogarla.

-Hija -la llamó tocándole el hombro y ella volteó al instante, interrumpiendo su conversación con sus guardianas -¿puedes decirme, por qué es que Eliot no ha regresado a Ilusión?

La chica en lugar de extrañarse y/o asombrarse como él lo hubiera esperado, sonrió con ternura y con una mirada llena de amor.

-Lo entenderás más adelante padre -fue todo lo que le dijo.

Dejaba en claro que no daría más explicaciones, sino que esperaba que con el tiempo las explicaciones se revelaran por sí solas. Y así había sido, pensó Darien, tras recordar que al final el chico estaba para cortejar a la princesa; sin saber exactamente cómo sus vidas se habían enredado con la del otro y ese lazo era ya imposible de romperse.

Tres años después se celebraría la boda. Pero antes de llegar ahí, si es que llegaban, Darien vió de nuevo la imagen del jardín central y a Eliot de pie dentro de la fuente, con el agua cubriéndole hasta la cintura. Rini había salido a su encuentro.

-Eliot, ¿qué ocurre? -La pelirosa saltó con él a las aguas de la fuente.

La expresión del chico era indescifrable.

-Descubrí a nuestra pequeña intrusa -le informó y al instante la superficie del agua comenzó a brillar, Rini intercalaba su mirada del agua al rostro de él y viceversa.

-¿Y quién era?

-Era la única nacida del poder mismo de la Luna

-¿La única? -cuestionó confusa y luego algo entendió su mente. -¿La única Sailor Moon quieres decir?

Un par de segundos pasaron antes de que el chico se animara a responder.

-Era tu madre Rini.

-¡! -El corazón le dio un vuelco y sus ojos se abrieron como platos, para luego dejarse dominar por el enfado -¡Mi madre no tendría un espíritu tan débil!

-Ciertamente no -Aceptó él sin inmutarse ante el desplante de la chica. -A menos que algo terrible hubiese ocurrido -le explicó.

Logrando que ella cambiara de sentir y le mirara interesada.

-¿De qué hablas? ¿Qué pudo ser tan terrible como para que ella quisiera destruir las semillas sailor?

-Perdió a una hija. -El rostro de él se desvió hacia las aguas de la fuente que empezaban a mostrar imágenes. -Y la oportunidad de un futuro con alguien a quien amaba, alguien a quien recientemente volvió a ver en el siglo XX.

Rini parpadeó varias veces, antes de entender a quién se refería su prometido.

-Las estrellas fugaces, pero ellas...!

-No eran las sailor originales -le cortó él interrumpiéndola, sin decidirse a mirarla aún -el orden se rompió desde mucho antes de que las sailors reencarnaran. Pero ese mismo orden se reestablecerá dentro de poco. Y he de suponer que para lograrlo ese futuro se bloqueó. -Concluyó, Rini le escuchaba atenta, armando el rompecabezas en su mente. -Tu madre viajó al pasado para liberarlas a todas de este destino. Para convencerse a sí misma de que era lo que debió haber hecho desde un principio, la decisión que no había tomado correctamente antes. Estando sola. Viajó al pasado en la forma de la hija que perdió.

'La hija que perdió', ella seguía con vida y estaba segura de que su madre no había tenido otra hija.

-Pero mi madre no ha...

-No la de este siglo... -volvió a interrumpirle, esta vez decidiendose a mirarla a los ojos, había aprehensión en ellos. -Pero sí lo hará en los tiempos que siguen

-¿Hablas de una nueva reencarnación?

-No propiamente una reencarnación sino un renacimiento. Pero sí.

La mirada de ella se angustió.

-¿Cuándo será que ocurrirá esto? ¿Y por qué? ¿Mi padre también estará allí?

Tenía la esperanza de que él dijera que sí. Que incluso si era otra sailor diferente de ella misma, estaría bien. Siempre y cuando el amor de cuentos de hadas que siempre vio en sus padres siguiese en su final feliz. Pero él no le mentiría en algo así y ella lo sabía.

-No puedo ver más allá de lo que me permite el mundo de los sueños. -Respondió evasivo. -Pero eso me permite también ver el pasado. Y Rini -la llamó con una advertencia, pidiéndole que fuera capaz de decirle que parara sino se sentía lo suficientemente fuerte para seguir con aquello -Puede que no sigas creyendo en el destino, después de lo que te mostraré.

Pero siendo tan necia como era, claro que diría que sí aún si la respuesta debía ser un no. El agua mostró la historia a los futuros novios, pero ni Darien ni Plut fueron capaces de ver lo que en ellos se dibujaba. Tal vez Eliot sabía que serían espiados en lo subsecuente y había tomado la precaución de no revelar nada que pudiera alterar ese flujo del tiempo.

La Luna cedía en su dominio del cielo cuando el nuevo paisaje se dibujó.

Y el llanto de un bebé se escuchó por toda la habitación.

-Felicidades mi amor, es un niño hermoso

-Déjame verlo -fue la súplica exhausta de la madre del niño, que no era otra más que Rini.

Tomó al bebé en sus brazos y en cuanto lo sostuvo lo supo. Más allá de confirmar el amor que sentía por él, confirmó también lo que ya se venía temiendo con anterioridad.

El ciclo de la Luna se había roto. Tal vez pudieran tener otro bebé, pero estaba segura de que ocurriría lo mismo.

¿Cuándo volvería a renacer sailor Moon?

Darien escuchó a Sailor Plut soltar un contenido quejido. La miró por el rabillo del ojo y pudo comprobar que la morena estaba molesta, sus manos apretaban con fuerza su bácula, mientras que sus cejas estaban ceñidas y los dientes rechinando. Entendía porqué, pero extrañamente él sentía lo opuesto. Aquél nacimiento le había hecho feliz, mucho más de lo que lo había hecho sentir el de su propia hija y lo perturbador era que aquello no le avergonzaba.

La imagen de Rini cayó entonces, perturbada sosteniéndose con ambos manos de la mesa que tenía en frente. Su frente estaba bañada en sudor y sus ojos bailaban desesperados.

-Sentí un resplandor, mi madre ha ido... -levantó la vista lo suficientemente rápido para ganar un mareo al tratar de ver el resplandor de su madre brillar mientras se alejaba, através del cristal de la ventana. Pero ya se había desvanecido. -¿Por qué me siento tan furiosa?! -Exclamó tirando la mesa al suelo y todo lo que había sobre de ella en un brusco movimiento de sus manos.

Eliot por detrás de ella le miraba compungido.

-Porque él ha despertado también y ambos sienten culpa -le contestó mientras avanzaba hacia ella hasta tomarla por los hombros. El cuerpo de ella se estremeció al tacto. -Y es esa misma culpa la que les causa tanto dolor y a tí te enfurece -Rini lloraba, con la mandíbula y las manos apretadas. Se dejó envolver tratando vanamente de ocultar sus sollozos -porque temes que tu madre hubiera podido haber sido mucho más feliz de lo que lo es ahora. -Le dijo, acariciando tierna y protectoramente la cabeza de la chica, que se giró para abrazarse con él -Eso es lo que realmente te duele...

La primera vez que la Neo Reina Serenity desapareció, pensó Darien, fue la primera vez que ellos dos habían discutido. La primera al menos en la que él había perdido los estribos y la había lastimado aún sin quererlo. Esa había sido la razón por la que no la había seguido. Ingenuamente, sí, ingenuamente había creído que ella habría ido a la Luna; grande fue su sorpresa cuando las outers le informaron que se encontraba en Kinmoku.

Pero aún así no quiso ver la relación sino hasta que fue demasiado tarde...

Cuando aquél último episodio terminó, no había más descendiente lunar, al menos no de la realeza. Si renacía una sailor Moon, que seguramente lo haría, no sería de cuna noble, es decir, sería una mezcla de razas. Y su poder tendría que ser adquirido desde el principio, igual que su reencarnación del siglo XX. Lo siguiente que vio por ende, fue a la joven pareja de ex reyes (pues el reino había sido destruído), de pie a las afueras de la ciudad con su hijo en brazos de su madre.

-Fue una ardua batalla, pero al final logramos controlarla. -Dijo Rini mirando tristemente lo que quedaba de su antiguo hogar.

-Ése sello volverá a romperse -señaló Eliot, que ya dibujaba runas en el suelo. -Debo volver a Ilusión

Rini le detuvo por el brazo.

-Volveremos juntos. -Le dijo sonriendo. -La Luna y la Tierra, jamás debieron juntarse.

Él la miró con seriedad.

-Eso significa que tomas este lado -le advirtió.

Y ella asintió en un instante, llenando su mirada de determinación y dejando que su espíritu altivo la dominara.

-Soy la Reina de la Tierra Mística, las soberanas del Amazonas me rinden culto. Lo que demuestra que mi hogar ahora, mi reino es Ilusión.

El muchacho sonrió.

-Ya ha llegado la hora de hacer las cosas bien -dijo tomándola de la cintura. -Levantaremos a los cuatro Reyes Celestiales

-Sí -asintió ella clavando su vista en el bebé que dormía cerca de su pecho. -Y la Tierra quedará en paz hasta que su anterior soberano se levante.

No hizo falta ver nada más. Aquél anterior soberano del que hablaban era él mismo. Y entendió que en ese tiempo él había dejado de existir. Aún quedaba un hueco en aquél recuerdo, pero sintió que no hacía falta ver ni saber más.

-¿Ahora lo entiendes? -fue el reproche de su compañera.

Y él asintió contrito.

-Tengo que encontrarla -respondió más para sí que para ella

-¡Darien!

-No Setsuna, se lo debo -le refutó y ella se quedó sin argumentos ante lo obvio. -Tengo que encontrar a Sailor Moon y protegerla hasta que ella regrese a la Luna.

La chica asintió, aceptando al fin su misión de Sailor.

¿Pero, por cuánto tiempo sería así?


A/N: Las canciones escritas son las que me dieron la inspiración necesaria para escribir la historia de cada una de las chicas. Si la historia fuese hecha estilo doujinshi y subida a Youtube (todo mundo puede soñar no?), ésas serían las canciones con las que subiría cada capítulo. Dicho esto les recomiendo el buscarlas tras haber leído este capi, e imaginar lo ya leído cuando las escuchen. Creanme cuando les digo que se vuelve algo así como mezmeraizing (no sé si lo escribí bien xD ) Anyway... espero que lo largo del capítulo haya compensado la larga espera en calidad de lectura, jejeje.

Saludos y hasta la próxima.

Por cierto, ¿quién quiere que esta historia sea larga?