Primero lo primero, aclaremos algunas dudas:
diana patricia de kou: Una disculpa ENORME. Sí, lo sé, di a entender que Eos estaba enamorado de Helena. Pero no. Digo NO, no lo está, ni lo estará... espero xD Efectivamente Endymion tuvo lo que en inglés se diría un "crush" en Helena, que pudo haber sido algo más de haber despertado a tiempo o si de menos ésta tuviera su cristal sailor, o de que en el mejor de los casos, Serenity no hubiese ido a la Tierra u.u so sad. Por cierto, me di a la tarea de leer tu fic y quedé en shock o.o pero bueno, ya te rendiré cuentas del lado de tu historia jejeje.
Rossy Kou: Ése amor pasional que describo, es un amor intenso y puro. Aclaro, no digo que Mina vea a Serena como una pareja, sino como a alguien a quien ama tan intensamente que no le haría falta tener a alguien consigo misma, sólo con verla feliz le es suficiente. Ya ahondaré en ello más adelante.
U Raggie: La historia de Seiya, hasta qué punto de sus vidas pasadas recuerda Serena, si Mina logrará quedarse con algún amor, cómo defenderá Molly a Sere y conservar a Neflyte... te diré un secreto, cada una de tus dudas equivale a un capítulo, osease te daré un capítulo por cada una de tus dudas jejeje.
Talantia: Descuida, Darien no se queda con Serena xD
Yuuki Miaka Chan: Llevas algo de razón en lo referente al charco de sangre, sin embargo, "there's more than mist the eye", o dicho de otra forma, no todo es lo que parece. Puede que Darien no haya sido precisamente el culpable... jojojojo. Oh! Y una disculpa si de verdad te fue muy desagradable el cap anterior, lo cierto es que tuve problema con las descripciones, pero tomé tu consejo de seguir con la historia, ya luego ahondaremos en el pasado.
Princess nerak: Qué te puedo decir!, sí, Serena es más lista y astuta en esta vida, pero de que lo sea a saber cuándo debe serlo dependerá mucho de su entorno y de lo que sienta. (Y de yo su escritora, claro está xD).
Vannity Kou: Nueva lectora, bienvenida! Claro que también atenderé tus dudas sobre Tokyo de Cristal, aunque lamento decir que será dentro de exactamente 3 capis más. sorry! pero prometo ya no tardar tanto entre uno y otro. Ando ajustando mi tiempo.
Regina Natsu: Eres la primera que me felicita por mi reciente maternidad! y no tienes idea de lo feliz que me hiciste. Así que este capi va dedicado a tí, jejeje.
Cualquier otra duda o aclaración, no duden en pedirla. Ahora sí, prosigamos.
Disclaimer: Sailor Moon no es mía, si lo fuera el Milenio de Plata habría sido una serie de ovas, he dicho.
"Día once: El príncipe del Sol."
Eos estaba recostado en el alfeizar de aquella pequeña casa. Un pequeño templo de descanso hecho exclusivo para su persona, en Ceres. Llevaba un rato observando atentamente aquél astro que resplandecía con un tono azul. El planeta al que llamaban Tierra. El lugar en el que los primeros humanos vivían, seres parecidos a los guardianes mismos, pero bastante alejados de ser como ellos.
Su tío Helios, salió de pronto a su encuentro, tras haber considerado que el chico llevaba ya bastante tiempo contemplando a su parecer la nada.
-No conseguirás nada bueno, de perder el tiempo en ver, sin animarte a investigar. -Le dijo, sonriente.
Eos permaneció impasible sin embargo, sin ánimos de ser partícipe de una conversación en ese momento. Al ver la actitud de su sobrino, el hombre suspiró con cansancio, para luego sentarse al lado de él.
-Eos. Sé que lo que menos deseas es regresar a la Luna. -Comenzó, a sabiendas de que aquél fruncir de cejas en el rostro del chico, significaba que había capturado su atención. -Pero créeme cuando te digo que me lo agradecerás más adelante.
-¿Qué hay con la Tierra? -refutó al fin el moreno tras un instante de silencio.
-Seguirás siendo el guardián de ésta. -Le indicó. -Pero deberás designar a quien siga la línea real. Ilusión estará a salvo en el centro del planeta mismo, Pegaso pronto nacerá y los cuatro guardianes del Cielo ya han empezado a tomar forma física.
Ambas presencias miraban a lo lejos aquél extraordinario planeta, custodiado por las deidades mismas. Su propio jardín de semillas. Seres a los cuales proteger. En opinión de Eos, habían sido creados como mera distracción de los guardianes, probablemente para marcar una línea entre lo bueno y lo malo, para dejar en claro quién estaba arriba de quién en una jerarquía. El sistema solar en el que se encontraban era El Sistema Solar, el único Olimpo, tierra de dioses. Mientras que los otros sistemas solares eran apenas tierra de semidioses.
Y volviendo al punto de partida original, siendo quien era, el más fuerte de todos los guardianes, descendiente mismo de Apolo (por no decir su reencarnación), el muchacho se sentía con el derecho de gobernar aquél planeta. Y estaba en lo cierto. Pero también era verdad que no era humano y que su lugar estaba en la Luna, en Ceres o en Eris. Eso no significaba sin embargo, que no pudiera decidir desistir de su posición de dios y bajar a gobernar la Tierra. Pero eso significaría abandonar a Serenity...
...Y eso era mucho más inconcebible que el hecho de dejar que los humanos se gobernaran a ellos mismos. Porque si bien la única vez que había visto a dicha princesa era cuando ésta era apenas una bebé, lo cierto era que había sentido un lazo demasiado fuerte entre ambos como para ignorarlo, había quedado maravillado por ella. Sin embargo, no era alguien a quien le gustase dirigirse por el pasado; de modo que lo último que esperaba era responder a ese compromiso sólo porque era su destino. Y decidido estaba a buscar una salida diferente.
-Su eminencia
-Kunzite
Eos parpadeó fuera de sus pensamientos, al ver la interacción entre el guardián del cielo y su tío, el guardián del sol. Y no pudo por más que pensar, quejosamente, porqué él si que podía vivir en la Tierra a pesar de no ser humano tampoco. Consideró que aquello era injusto pero ni qué hacerle... Se puso de pie, bajando las escalerillas para estar a la altura de dichos individuos. Cierto era que a penas era un niño, pero su persona era mucho más madura y sabia, por tanto, que no le despacharían sin importar que el tema no tuviera que ver consigo.
-La familia real de la Tierra está lista para ser valorada. -Informó el comandante de la Tierra.
Helios asintió y luego volvió la vista a su sobrino.
-Eos, depende de ti el que des tu consentimiento al primogénito de dicha familia -le dijo.
Eos arrugó el gesto. No le agradaba aquello, pero no había remedio alguno.
-Tan pronto regresemos del Reino Lunar, visitaré la Tierra en tu compañía -respondió mirando a Kunzite, que en ese momento era un crío un poco más grande que él mismo. El platino asintió, adivinando que el moreno tenía intención de retrasar aquél asunto lo más que pudiera.
Y, aún estando de acuerdo con el mismo, Kunzite era fiel a sus deberes, así que le advirtió.
-Entendido su eminencia, pero recuerde que el tiempo de los hombres es más rápido y también más corto que el de los seres celestiales.
Helios sonrió de lado, en espera de la respuesta que seguramente el chico le daría.
-Descuida, no lo he olvidado. -le dijo sonriendo de igual manera que su tío. -Aunque también recuerdo que les gusta reproducirse cual conejos, sino gobierna el primogénito, tendrá que ser el que esté en turno cuando yo llegue.
-Seiya despierta. Ya llegamos.
Seiya soltó un quejido antes de abrir los ojos entre parpadeos. Volver a la ciudad en plena madrugada no era algo que agradeciera, si bien disfrutaba de trasnocharse, lo hacía al menos durmiendo en una cama y no en el asiento trasero de una van. Dejó salir un gran bostezo, ganándose una risilla de su rubia novia de coletas, cuyos rebeldes cabellos se salían de los chonguitos.
-Anda, date prisa, ya todos se bajaron -le dijo apartándose de él y sólo entonces el chico se percató de que estaban solos en aquél transporte.
Eso lo acabó de despertar al instante, olvidándose por completo de aquel sueño; al menos de momento. Justo antes de que la rubia alcanzara a salir por la puertecilla de lado, el moreno la jaló rodeándola por la cintura. Tan rápido y tan de improviso que ella apenas y tuvo tiempo de soltar un pequeño grito ahogado. Cayó en el regazo de él, quien tan pronto la tuvo a salvo entre sus brazos, recargó su rostro en la curva del cuello y hombro de la chica. Depositó un beso antes de susurrarle al oído.
-Prefiero quedarme a perder el tiempo aquí contigo bombón.
Las mejillas de ella se encendieron y su pulso se volvió tenue y marcado, entreabriendo los labios.
-Seiya... -murmuró, dejándose envolver por el contacto, por la calidez de sus besos mariposa en su cuello.
Cerró los ojos, respirando entrecortadamente; sintiendo cómo el calor le inundaba el cuerpo. Era por esto que ella lo adoraba. Aquella explosión de pasión a la que siempre estaba expuesta en su compañía, la manera en la que la seducía invitándola a negarse tan sólo para terminar rendida ante él. Podían seguir por horas y horas, simplemente alimentando el calor previo al sexo. Pero no era el momento ni el lugar mucho menos.
Haciendo un increíble esfuerzo de voluntad, Serena posó sus manos sobre las de Seiya, las cuales habían resbalado de sus caderas a la parte alta de sus piernas, la derecha peligrosamente cercana a su sexo.
-Para Seiya, tenemos que irnos.
-Sólo un segundo Sere -replicó éste, intentando convencerla, para su mala suerte la chica se mantuvo firme.
-Seiya, no.
Y ahí estaba la otra razón por la que le quería a él. Tan pronto escuchar el tono de aquella negativa, él se detuvo y le sonrió con genuina ternura.
-Perdón bombón, me dejé llevar -se disculpó, besando las manos de la rubia en una clara disculpa -pero es que, estoy tan loco por tí.
Su corazón dio un salto de nuevo y sus mejillas estaban pintadas de rosa, esta vez por ternura y no por excitación. Serena le sonrió ampliamente antes de revolverle el cabello con las manos.
-Anda ya. Vamos adentro.
Y adentro fueron. El moreno siguió a la rubia al interior de aquél hotel perteneciente a la disquera. De nuevo una suite, se dijo, silbando para sus adentros. Tan pronto entraron, se toparon con la escena de sus compañeros en pleno ajetreo. Faltaban pocas horas para ir a la escuela, después de todo.
-Qué tedio, tener que volver en plena madrugada -se quejó Yaten arrojando la maleta sobre uno de los sillones del lobby.
Taiki fue quien respondió.
-No hay remedio, tenemos que aprovechar el tiempo hasta el último segundo.
Mientras Mina no perdía el tiempo y se dirigió a Serena en cuanto ésta hubo entrado. hablando al tiempo que el castaño, ya tenía las ropas que ambas necesitarían en sus brazos.
-Serena, nuestra habitación es la contigua, dejaremos este cuarto para los chicos
La de coletas asintió presurosa.
-De acuerdo, sólo tomaré mi mochila -respondió Serena al mismo tiempo en que Yaten le refutaba a Taiki con las mejillas hinchadas en un puchero de molestia.
-No te enojes, pero me parece que somos el único grupo que se es tan estricto.
Serena se detuvo al oír esto y fue incapaz de no caer en la tentación. Se volvió al platino con gesto burlón.
-Grupo sí, artista no -le hizo notar, obviamente refiriéndose a Mina.
-Grrr -Yaten hizo gesto de querer morder a la rubia. Por lo que fue el turno de Seiya de intervenir, que ya estaba a medio camino de desvestirse, sólo le quedaba el pantalón puesto.
-¿Por qué no admites que lo que te molesta es el no poder ver a Andrea?
La respuesta de Yaten fue inmediata.
-Entonces tú admitirás que quieres llegar a ver a tu padre? -atacó, a sabiendas de los problemas familiares que tenía el moreno.
Serena dio un brinco al oír aquello, temerosa de haber provocado sin quererlo, un pleito mayor. Por suerte Seiya ni siquiera se inmutó.
-No realmente, dado que partió a Japón para ver a mamá -respondió hundiendo los hombros y se dispuso a quitarse el cinturón.
Los ojos de Serena se abrieron como platos, aquello la desconcertó.
-¿Y eso? -cuestionó preocupada.
Pero Seiya sonrió de medio lado al tenerla tan cerca otra vez.
-Es un secreto -le dijo tocándole la nariz con el dedo índice para luego volver a la tarea de desvestirse y, al ver que la chica de pronto se había quedado quieta observándolo (aún a sabiendas de que no le estaba prestando precisamente atención a él), decidió jugar un poco, con sus manos apenas sobre el cierre, listas para descender aquella correa -¿Te quedas para el show?
Aquello sin duda la acabó de despertar y tras sentirse observada por los otros dos, el rojo de su cara casi podía igualar al rojo de los tomates. Deseó que la tierra se la tragara en ese mismo instante.
-¡Pervertido! -le gritó antes de salir corriendo toda abochornada a la habitación en la que estaba Mina.
-Hmm, tú te lo pierdes -Se burló Seiya.
-No deberías hacer eso cuando estás en presencia de los demás Seiya -le recriminó Taiki
-¿Por qué? ¿Te da envidia acaso?
La pelea de miradas estaba más que clara. Y no porque uno fuese más fuerte o débil que el otro, pero al final quien terminó cediendo fue el castaño, que con un gesto molesto, salió de la habitación sin dar explicaciones. Esta vez fue el turno de Yaten de recriminar al moreno.
-Eres un tremendo idiota, ¿lo sabes verdad?
Y no hubo necesidad de responderle. Porque no tenía cómo negar aquello. Seiya se recriminó mentalmente antes de limitarse a seguir vistiéndose.
El limbo en el que se encontraba Beryl no era precisamente una prisión. Sino más bien una bóveda de hielo. Un refugio para su cuerpo en estado comatoso, que se encontraba nada más y nada menos que a poca distancia del santuario de Jadeite. El mismo estaba de pie frente aquella figura que dormía sobre una roca de superficie plana de hielo, cuando Nephrite se apareció en el lugar.
-Debí saber que tendría que supervisarte -fueron las palabras de reproche que dirigió el pelirojo a su hermano. Quien no se inmutó ante la presencia del mismo, por el contrario, lo miró con arrogancia.
-Pierdes tu tiempo. Ya lo encontré. -le dijo.
Nephrite sonrió con burla.
-Sabía que lo harías -confesó, dejando perplejo al rubio que se volvió violentamente hacia él al oír aquello.
-¿Y entonces por qué estás aquí? -reclamó, más allá de preguntar.
-¿Por qué estás tú aquí?-refutó el pelirojo consiguiendo callar a su compañero. -Ya fue suficiente con que una vez metieras la pata. No te atrevas a estropearlo de nuevo. Si la despiertas antes de tiempo...
-No lo haré. -le cortó Jadeite con gesto irritado. -Estoy plenamente consciente del daño que puedo causar.
La forma en la que dijo aquello, sin embargo, denotaba que deseaba provocar ese mismo daño del que hablaba, por lo que su hermano por primera vez desde que llegara, sintió un punzón de enojo en el pecho.
-¿Acaso intentas sabotearte?
Aquello terminó soltando la ira del rubio.
-¡Claro que no! -le gritó. -Estoy impaciente que es diferente -replicó.
-Hmm -Nephrite lo analizó entonces.
Cierto era que el menor de los hermanos era el más impulsivo, pero también el más noble de los cuatro. Sin mencionar el lazo tan fuerte de amistad que había tenido con Beryl antes de que Metalia se entrometiera. Pero había un cambio en el semblante del chico, un brillo en sus ojos que no estaba ahí la última vez que le había visto, cuando se había vuelto a enfrentar con sailor Mars... ¿Sería posible que hubiese superado ya aquellos sentimientos?, se cuestionó, ¿o quizá habría encontrado algún reemplazo? De otro modo le era imposible justificar aquél cambio y sobre todo aquella impaciencia. Durante ése análisis, el rubio le mantuvo la mirada fiera y determinada; por lo que era imposible dudar de lo comprometido que estaba el chico con la misión que llevaban a cabo. Así pues, decidió dejarlo pasar de momento, ya tendría oportunidad de interrogar a su hermano. Por lo pronto había otros asuntos de mayor importancia a tratar.
-Kunzite ya ha enviado el primer sueño -le informó.
Jadeite enarcó una ceja, un tanto inseguro del giro de la conversación.
-Y tú enviarás el segundo, ¿cierto?
Nephrite sonrió.
-Ya lo he hecho.
-Haruka
El aludido se detuvo de golpe al escuchar su nombre, pero fue la visión de la chica que tenía en frente lo que hizo que su cara se petrificara junto con sus piernas. Se sentía nervioso, con el corazón latiendole desbocado mientras veía aquella joven acercarse a él, meneando elegantemente las caderas.
-Michiru -le dijo a modo de saludo, tan pronto la tuvo enfrente. Admirándose de la vida que refulgía en la pura sonrisa de la joven de cabellos aguamarina. Tan confiada y tan segura como para colgarse del brazo de él sin ninguna pena ni rubor en sus mejillas.
A diferencia clara de él.
-Por un momento pensé que no te alcanzaría -le confesó sonriendo, incitándolo a caminar con ella rumbo a las vías.
-¿Estuviste esperándome?
Esta vez sí que se pintaron de un tenue rojo las mejillas de la joven, que agachó la mirada un poco apenada. Cuando llegaron al andén y se hubieron detenido, fue que ella finalmente se animó a contestarle dándole la cara.
-Quería verte. -Le dijo. Y a Haruka el corazón le dio un salto. -Además, prometiste ser mi escolta, ¿recuerdas? -Señaló recuperándose de inmediato.
-Michiru -él quería indagar un poco más en aquello.
-Mira! Justo llega el tren -Pero ella fue más rápida para eludir el tema. Como lo dijo el tren se detuvo frente a ellos, que abordaron tan pronto las puertas se deslizaron abiertas.
Tomaron sus asientos y guardaron las maletas. Contrario a lo que Haruka esperaba, Michiru decidió tomar el asiento del pasillo, dejándole la ventana. Y suspiró tan pronto se hubo sentado, cerrando los ojos para poder descansar el cuerpo. Él le miró atento, atraído por la belleza de ese rostro de facciones casi perfectas. En otro tiempo le amaba, se dijo. Pero ahora sin duda, estaba cayendo lentamente ante los avances de la chica, si bien no podía afirmar que su corazón sintiese el mismo amor que antes, tenía que admitir que era algo parecido a un fuerte enamoramiento.
-Menos mal que compartiremos hospedaje -dijo de pronto el objeto de su afecto.
Y los ojos del chico se abrieron como platos, completamente estupefacto a lo que había oído.
-¿Cómo dices? -cuestionó, casi ahogándose con su propia saliva.
-¿No te lo mencioné? -Ella le miró inocentemente, aunque el rubio sabía que ella de inocente no tenía nada. -Compartiremos habitación -le declaró sonriente y esta vez el chico comenzó a palidecer ante el posible escenario. Fue demasiada la tentación y la joven de cabellos aguamarina no pudo por más que rendirse a su lado burlón y posando una mano sobre la entrepierna del chico, le dijo... -Descuida, no pasará nada que no quieras que pase.
Haruka pasó saliva con pesadez. Iba a ser un laaargo viaje.
...
El viaje en realidad no duraría mucho, a veces era tanto lo que había avanzado la tecnología en los últimos años que a Haruka le parecía sencillamente ridículo. El tren de Francia a España era uno de los más rápidos, por no decir económicos. Y se recordó que Serena había deseado viajar con él justo a ese mismo campeonato hacia exactamente un año atrás. Rió ante la ironía de seguirla llamando "koneko" aún a pesar de la falta de sus anteriores recuerdos. Estaba tan sumido en sus pensamientos, mirando el paisaje a través de la ventanilla, que el hecho de escuchar de pronto la voz de su compañera casi le provoca un susto.
-Recuperaste todos tus recuerdos, ¿no es así? -Haruka le miró al instante. La chica a su lado seguía con los ojos cerrados, igual que antes, sólo que ya no estaba dormida. Y el chico se maravilló aún más de cómo ella adivinaba su pensamiento antes incluso de que lo dijera en voz alta. -Recuerda que tu esencia es prácticamente el reflejo de la mía. Somos como gemelos. -le dijo, explicando con ello el cómo había sido capaz de descubrir aquél secreto del rubio. -Tu planeta no fue el único que brilló con fuerza hace dos noches.
Las orbes aguamarinas de la chica se abrieron por fin, fijándose en el rostro de él haciendo juego con la sonrisa ladina que ahora adornaba el rostro de ella. El muchacho se enserió al instante.
-Debí suponer que esto no era un encuentro fortuito.
-A partir de ahora aprenderás que no existen las coincidencias -fue la respuesta de ella, con el semblante serio igual que él -¿Lo notaste? Ahora que recuperamos nuestros recuerdos es más fácil detectar tanto a nuestros aliados como a nuestros enemigos. -Explicó y él asintió con la cabeza. Pero lo siguiente que dijo su compañera le provocó un punzón en el pecho. -Asumo además que ya encontraste a la princesa.
Él no quería responder aquello. Principalmente a ella. Princesa o no, Serena seguía siendo su hermana.
-Puede que esa suposición no sea tan acertada.
Michiru le miró atenta, juntando las cejas.
-No vas a delatarla.
-Porque no estoy seguro de que sea ella -le dijo elevando la voz una octava, otro empujón y seguramente se encolerizaría -Sé que tuve una resolución en el pasado, pero si algo aprendí de aquellas experiencias es que no puedo estarlas repitiendo por un sólo objetivo. No voy a forzar las cosas ni a esperar nada del comportamiento de ella.
La joven se mantuvo callada. No porque no supiera qué contestar, sino porque sin quererlo el chico le había dado mucha más información de la que necesitaba. Concluyó que dicha princesa no había despertado, al menos no del todo y quizá no precisamente porque no pudiera hacerlo, sino porque no quería tener que hacerlo.
-Comprendo -le dijo tras un instante de silencio. Le sintió soltar el aire con fuerza al chico al tiempo en que se relajaba de nuevo y eso sirvió para motivarla a abandonar aquél aire tenso y volver a las andadas. -Entonces por lo pronto, sólo me concentraré en conquistar tu corazón de nuevo.
La reacción fue inmediata en el rostro del muchacho, que volvió a palidecer con un pequeño sonroje en las mejillas. Había recordado que compartiría estancia con ella. Y si era igual que como la recordaba, estaba 100% seguro de que dicha habitación sólo tendría una cama... ¡Oh, cómo deseaba retrasar aquello!
Lástima que el viaje, no sería tan largo.
Serena no entendía porqué no podía ir con sus habituales coletas a su primer día de escuela, pero no se negó a la invitación de su rubia amiga de que le dejara peinarle el cabello dorado. Mina después de todo, era una experta debido a las exigencias de su carrera. La chica había tomado la mitad del cabello para hacer dos trenzas que se fundían en una sola por el medio, decidiéndose a hacerle rulos a las puntas de los mechones que quedaron sueltos. No era mucho, pero sí lo suficiente para desorientar un poco a quien la estuviese buscando. Era una forma de protegerla, se dijo, aunque eso no se lo informara a ella. La verdad era que ambas eran muy parecidas, por lo que Mina era casi capaz de seguir el pensamiento de Serena.
Sabía que ella ya estaba despierta, pues de otro modo la energía del cristal de plata no podría esconderse. Serena estaba suprimiendo dicho brillo a propósito, apagando casi por completo el brillo de su propia estrella. Y si había alguien más tan viva como Mina, de seguro la acabarían descubriendo por lo mismo. Además de que últimamente Serena era descuidada, suponía que aquello se debía a Seiya y no podía realmente decir que estaba de acuerdo por eso.
Cuando se dio cuenta, ya había terminado de arreglarla. La chica se veía si bien gustosa por su nuevo aspecto, no muy convencida; Mina sabía el porqué de ello, pero desde luego que eso tampoco se lo diría.
-Has quedado perfecta.
-Muchas gracias Mina -le sonrió, pero luego la sonrisa se tiñó de un tono de tristeza, y dejó caer su rostro entre sus manos, apoyadas por los codos sobre el mueble. -Haaa... fueron unas largas vacaciones, pero ya se terminaron -se quejó.
Mina dejó el enrulador (A/N: tendrán que disculparme, no sé cómo se llama la cosa que hace rulos xS), sobre la coqueta.
-Podemos quedarnos si lo deseas Serena.
La aludida sonrió de medio lado.
-Mina como siempre me consientes demasiado. -Le contestó, sintiéndo a su prima apoyársele sobre los hombros.
-Antes no te quejabas -le recordó, con ese tono divertido en sus palabras.
-Mentiría si te dijera que no tengo mis razones para ir, a pesar del tedio que me representa la escuela. -Confesó y su compañera supo de inmediato cuál era su razón.
-Seiya, ¿no?
Las mejillas de Serena se tiñeron de rojo antes de contestar.
-Mm
Se estaban mirando la una a la otra a través de sus reflejos en el espejo, por lo que Mina era capaz de ver todas y cada una de las reacciones en el rostro de su compañera. El corazón le latía con pesadez. Estaba tratando demasiado de no sobrepasar la línea, pero le era imposible el no preocuparse.
-Dime Serena, ¿lo amas?
-¿Eh? -los ojos de la aludida parpadearon con sorpresa, quizá fuera por el tono en el que se lo había preguntado, pero Serena sentía que estaba en medio de un interrogatorio del que no estaba segura de querer responder.
-¿Estás enamorada de él? -presionó.
-Sí -respondió al instante, aunque demasiado asustada como para reparar en la gravedad de lo que había confesado.
Mina la giró hacia ella para verla de frente.
-¿Qué tanto? -exigió saber.
-¿Cómo que qué tanto? -balbuceó nerviosa, al tener a la chica tan cerca como quien busca algún signo de duda en su rostro.
-Sí, ¿qué tanto? -siguió sin ceder. -¿lo suficiente como para renunciar a todo por él?
Aquello ya era demasiado, se dijo Serena.
-Mina me estás asustando!
Sólo entonces reaccionó. Y la soltó rápidamente alejándose un poco. Desvió la vista intentando calmarse mientras se reprendía internamente. Por poco y lo arruinaba todo.
-Perdona, es sólo que no me gusta compartirte -se disculpó y luego se abrazó a ella. -En especial ahora que he vuelto por ti
Serena volvió a sonreír. Sólo ella, se dijo Mina, sería tan ingenua como para pasar por alto aquel incidente.
-Descuida, eres irreemplazable para mí, Mina.
Y la rubia deseó que aquellas palabras siempre fuesen ciertas. Salieron rumbo a la escuela y durante todo el trayecto, Mina no volvió a dirigirle la palabra a su compañera, para su fortuna, la muchacha no lo notó al ser absorbida toda su atención por Seiya.
"¿Qué estaba haciendo?", se reprendió mentalmente la sailor del amor y la belleza. Debía concentrarse, ése día después de todo, las inners volverían a reunirse en el mismo lugar y debía estar lista para enfrentarlas.
-No es tan sencillo como lo pintas Rei.
-Pero mamá
El día pudo haber sido mucho muy hermoso en el templo Hikawa, en especial con la radiante vista de la ciudad que poseía, sin mencionar el claro azul del firmamento con los fuertes rayos del sol iluminando cada espacio bajo sí. Pero las voces que discutían en ese momento arruinaban un poco la escena. Los cuervos salían volando de las ramas de los árboles a cada grito que daba la sacerdotisa en turno. Y graznaban cuando la anterior sacerdotisa contestaba a los comentarios de la primera.
Se podría decir que era una pelea justa. Pero lo cierto era que era todo menos eso. Rei, después de todo, era tan sólo una chiquilla y Lady, su madre, toda una mujer llena de experiencia.
-Ya te dije que no. Tú lugar está aquí. -Fueron las reacias palabras de la mujer de negros cabellos, con ese brillo púrpura que su hija había heredado. Sus brazos cruzados, demostraban que no estaba dispuesta a ceder. -El templo te necesita. -Recalcó.
Rei rodó los ojos.
-Tienes muchas aprendices para tomar mi lugar. -Refutó, con las manos cerradas en puño, dispuesta a no rendirse hasta ganar.
Lástima que su madre, pensara lo mismo.
-Ninguna es tan bonita como tú Rei, ninguna tiene tu fuerza -le dijo, abogando esta vez por el lado de los elogios para convencerla.
-Tú sí
Aunque sin éxito.
Lady, estaba que echaba humo por las orejas.
-No empieces con eso, hace mucho que me retiré -refutó, elevando la voz una octava. -Es mi última palabra Rei, no te daré ni mi consentimiento ni el dinero que necesitas.
-Te recuerdo que hace un mes cumplí los 17 y en cuanto termine este ciclo escolar estaré más cerca de los 18 -le recordó Rei, siendo ahora ella la que cruzaba los brazos sobre su pecho. -Tengo el permiso de mi padre, además -sonrió de medio lado, viendo cómo el enojo se elevaba en el rostro de su madre. -Y en cuanto al dinero, no te preocupes, ya lo financié. -Concluyó, remarcando la última palabra, como si intentara con ello una ligera bofetada.
-¿A si?
Una vez más su madre echaba humo por las orejas.
-¡Sí!
Y una vez más Rei respondía como toda una malcriada.
-Pues entonces vete -bufó Lady, elevando los brazos en un gesto de desentendida derrota. -Pero te vas con esta advertencia, ¿no has pensado que tal vez no quiero que vayas por tu bienestar?
Había una verdadera advertencia en las palabras de su madre, una ligera súplica de que no se fuera de su lado. Pero su hija estaba tan metida en su propio sentir que fue incapaz de notar aquello.
-Sé cuidarme sola, además Seiya estará allá -le recordó. -Y él también es tu hijo, ¿o qué él no te preocupa?
-Me preocupas más tú -recalcó, olvidándose en un instante de su preocupación y enfocándose en poner en su lugar a su hija. -Seiya es mucho más indomable, pero por la fuerza que tiene. Tú en cambio, eres demasiado pasional.
-¡No sabes nada sobre mí! -Ahora era Rei la que echaba humo por las orejas. -Es más me iré ahora mismo. -Declaró.
Y zancadas, grandes zancadas, salió de la habitación, escaleras arriba; siempre procurando mantener el porte refinado de una sacerdotisa, por supuesto. Aquello no era más que una pelea que había terminado con un berrinche, por parte de ambas.
-Has lo que quieras niña malcriada, no voy a seguirte. -Respondió Lady, desplomándose sobre el suelo frente al kotatsu de la habitación con las mejillas infladas.
Sólo hasta entonces, Koan (su amiga de toda la vida), se hizo presente en la escena. Después de todo, había estado muy ocupada bebiendo su té y sabía, que era mejor no intervenir sino hasta el momento justo. El cual venía una vez terminada la discusión. Se permitió así pues, lucir preocupada.
-Lady, ¿estás segura?
Pero ni toda la preocupación de su amiga, podría acabar con la rabieta que Lady estaba haciendo en ese momento.
-Ya la escuchaste ¿o no Koan? -le dijo, con la voz elevada una octava. -Tiene todo listo para ir por su cuenta. -Se quejó, haciendo gesto con las manos.
-Lady -presionó Koan, como si estuviese jalándole las orejas con la mención de su nombre.
Lady sólo bufó entre resignada y molesta.
-Lo bueno de esto es que no tendré que gastar ni un solo yen en el asunto.
La fuerza con la que salió el té fuera de la boca de su compañera, evidenciaba lo cerca que había estado de atragantarse al oír aquél comentario. Para su suerte, Lady fue más rápida, y ya había bloqueado dicho acto con la manta del kotatsu, tras levantarla con un rápido movimiento. Pero con todo, la cara de fastidio de su rostro siguió ahí incluso a pesar del reclamo que provino de Koan después.
-No puedes ser tan tacaña, ¿todo era por el dinero? -le reclamó atónita.
Lady la miró con los ojos abiertos, soltando las palabras como queja, de la misma manera en la que alguien te da a entender que no entiende el porqué haces tanto alboroto por algo a su ver, tan simple.
-¿Qué? Lo que me manda su padre no me alcanza -se justificó, desviando la mirada. -Además ,¿tienes idea de cómo decaerá la popularidad del templo?, los fans de mi Rei se irán desolados y quizá no vuelvan, ¿qué haré sin esos ingresos? -se quejó.
Koan rodó los ojos.
-Básicamente eres rica, no sé de qué te quejas mujer. Y yo que creí que te preocupabas por su bienestar.
-Claro que me preocupo -refutó al instante Lady, para luego perder aquél gesto indignado por uno de verdadera preocupación y pena. -Por eso justamente, tengo que dejarla ir.
Koan la miró entonces sin saber exactamente qué decir. Se hizo el silencio entre ellas. Y la mujer de melena azul ondulada no pudo por más que compadecerse de la mujer de negra cabellera que tenía en frente. En cierta forma ambas eran iguales. Sólo en cierta forma. Aunque Koan ignoraba el porqué su amiga fue a dar como madre de Sailor Mars, lo cierto es que creía en su corazón que no pudo ser nadie mejor. La mujer, a pesar de haber sido en otro tiempo el temible "enviado del mal" conocida como "Black Lady", a final de cuentas había resultado ser una mujer de buenos sentimientos. Sí, era demasiado emotiva, pero por eso mismo creía que era perfecta para alguien tan voluble como los hijos que le había tocado tener.
Además de que todo era exageradamente nuevo para ella. Le había concedido el amor y al mismo tiempo el ser madre. Pero con ello también le habían llegado "castigos" a modo de enseñanzas. Al final no había podido permanecer al lado de la persona con la que había decidido atar su vida e incluso había tenido que renunciar a la crianza de uno de sus hijos; uno que adoraba además, uno con el que soñaba volverse loca de felicidad y drama cuando se volviera un rompecorazones. Pero con todo lo había dejado ir. Porque tenía que dejarlo ir. Y ahora, justo ahora, tenía que renunciar a la hija que siempre había recelado. A la princesa marciana que había decidido seguir, porque de nuevo, tenía que hacerlo.
Y nada ni nadie podía darle la seguridad de que su pequeña, estuviera bien sin la protección de ella.
Koan se animó entonces, poniendo su mano sobre la de su amiga, a hablarle.
-Descuida, el fuego de Mars no puede apagarse.
Lady suspiró, evidentemente tocada por aquellas palabras.
-Odio tener que estar en deuda con Artemisa, pero así es esto. -Le dijo, recordando el porqué le había sido concedida aquella vida.
-Volverás a tu posición de sacerdotisa, ¿cierto? -inquirió Koan, logrando sin quererlo, enseriar aquella conversación.
-Sí. Es cierto que me deprimiré sin su compañía, pero eso es sólo una fachada para poder cerrar el templo. -Explicó. -Así podré preparar las cosas para cuando ella despierte.
Koan mantuvo sus manos alrededor de su taza, mirando lo que le quedaba de líquido y viendo en éste su tenue reflejo propio.
-Hay cuatro bandos, ¿cuál de ellos crees que sea el ganador? -le preguntó sin despegar la vista de su te.
Lady hizo lo mismo que ella.
-Si te digo la verdad, creo que ninguno.
...
Es justo decir que ni Rei ni su madre tenían algo en contra de la otra. A decir verdad se querían demasiado, se tenían una confianza poco usual entre madres e hijas y disfrutaban siempre de la compañía de la otra. Cuando el divorcio se presentó y fue necesario elegir, Rei no había tenido que pensar con quién quería quedarse; sí, amaba a su padre, pero era su hermano quien tenía más conexión con él y la chica sentía que había una atracción entre su madre y ella que no podía romper. Además, en una etapa tan sensible, quería estar allí para ella.
Pero ahora había asuntos mucho más importantes que el lazo que compartía con su madre. No era que sus recuerdos cambiaran las cosas: su vida, su personalidad, sus pensamientos, sus creencias, su sentir... Pero en cierta forma sí que lo hacían. Cambiaban toda la perspectiva que tenía de su vida. Y había llegado alguien más, además.
Jadeite.
Y había vuelto para quedarse. O al menos eso era lo que le gustaría creer, porque estaba decidida a hacerlo funcionar, aun a pesar de no saber cómo o por dónde abordar el tema de que eran enemigos. No se lo había dicho aquella noche por temor a perderlo, pero sabía que más pronto que tarde tendría que hacerlo. Es sólo que le da miedo pensar en las posibilidades de un final aún más catastrófico que el del siglo XXX.
Estaba tan sumida en todo esto, que había hecho todo en automático: el hacer maletas, el cambiarse, el pedir el taxi, el llegar al aeropuerto y disponerse a pagar el boleto...
-Rei
Que al escuchar su nombre en labios de una voz conocida la había hecho despertar como si le hubiesen arrojado un balde de agua fría. Menos mal que siempre había sido bendecida con los dotes de una sacerdotisa, de otro modo se habría quedado en shock permanente tras ver la figura que se acercaba a ella.
-¡Papá!
Aunque sí estaba atónita de verlo ahí, en Japón, frente a ella. Con su porte elegante y su traje de cachemir, mirándola con gesto reprobatorio y aún a pesar del gesto fruncido, luciendo endomoniadamente atractivo, con esos ojos zafiro que su hermano Seiya había heredado. Cuando menos acordó ya lo tenía a tan sólo un paso de distancia.
-¿Se puede saber qué pretendes al viajar en clase turística? -fue lo primero que le dijo. Y la mente de la morena tuvo que trabajar a la velocidad de la luz para registrar la pregunta, salir de la sorpresa y responderle coherentemente.
-Bueno... -empezó, queriendo decir lo siguiente: "no quería abusar de la generosidad de Michiru..." , pero conciente de que no podría decirlo.
Su padre se impacientó.
-¿Y bien?
Entonces Rei parpadeo, tras descubrir a su tío por detrás de su padre con gesto divertido, cayendo en cuenta de que aquél encuentro no era fortuito y de que aquella pregunta no era realmente la que hubiese esperado al verle tras su pequeña fuga de su casa.
-¿No estás molesto porque me voy del templo? -le cuestionó a tientas.
El hombre arrugó aún más el gesto.
-Molesto estaba cuando decidiste quedarte con tu madre -contestó con la voz golpeada. -Esto para mí es como la revancha. -Le dijo, señalándola con la mano haciendo referencia a la situación de ella.
Lo que terminó de dejarle en claro que él sabía de su huída incluso desde antes de hacerla.
-No engañas a nadie papá, ninguno de los dos lo hace -le respondió rodando los ojos. -Sino fuera por la diferencia del lugar de origen, tú y mamá seguirían juntos -inquirió, decidiendose a dispersar la tensión del aire.
-No blasfemes Rei -respondió molesto.
Ella se cruzó de brazos con gesto enfadado.
-No lo hago, de otro modo alguno de los dos ya tendría otra pareja
-¿Y qué te hace pensar que no la tengo ya?
-Porque al menos que te hayas vuelto gay, dudo mucho que sea el tío Diamante
Su padre torció la boca y el aludido recién nombrado soltó la carcajada.
-Te dió ahí hermano -se burló su compañero de melena blanca.
Zafiro se pasó la mano por la fina melena negra completamente irritado. Y luego tomó a su hija de la mano, obligándola a deshacer la cruz que había formado con sus brazos.
-Olvida eso. Vendrás conmigo.
Rei se sintió airada.
-¿Y si no quiero?
Zafiro aseveró el gesto.
-Ni lo intentes, no soy igual que tu madre -le advirtió.
-Tienes razón, a ella le encanta alegar y a tí imponer -respondió de vuelta.
-Bueno pues le estás haciendo mérito en este momento
Aquello acabó por terminar la riña. Siendo su padre el ganador tras haberla puesto en evidencia, Rei suspiró resignada, dejando el que su padre la guiara mientras compraba los boletos en primera clase. Sin decir nada mientras tanto. Su tío se había ido a terminar de arreglar todo lo necesario para su partida, mientras que padre e hija, descansaban en los cómodos sillones de uno de los cafés del aeropuerto. Frente a frente, sin nada realmente qué decir. Cada uno concentrado en la taza de café que tenían en sus manos.
Zafiro le dio un sorbo al suyo, antes de animarse a mirar a su hija. Suspiró.
-Rei... -Ella siguió sin mirarle a pesar de que él le hablara. Así que decidió ir en contra de lo acordado con su ex-esposa. -No tienes que seguir pretendiendo que no sabes nada.
Contrario a lo que esperó, el semblante de ella pareció entristecerse.
-Lo sabes, ¿verdad? -habló por fin, mirando sin mirar su reflejo en el negruzco líquido. -Asumo que mamá también lo sabe. -Él no contestó. Haciendo evidente que la respuesta era afirmativa. Y eso sólo la enfureció. -¿Qué se siente tener una sailor como tu hija? -le retó, mirándolo al fin. Pero eso sólo provocó que se arrepintiera de hacerlo, al ver la pena en los ojos de él -Después de...
-Después de haber sido enemigos y haber perdido la vida a manos de tu princesa, quieres decir? -completó él cuando ella desistió de hacerlo.
El rostro de la morena se llenó de vergüenza y se atoró con sus palabras.
-No! Bueno... -suspiró derrotada y le miró apenada -sí.
Su padre inspiró aire con fuerza, como si le costara trabajo el responder aquello y bajó la mirada. Irónicamente lo primero que vieron sus ojos fue el anillo dorado aún en su dedo anular de su mano izquierda. Podía apostar lo que fuera a que Lady seguía usando también el suyo y aquello confirmó el que sus hijos tenían razón después de todo. En cierta forma hasta ese momento logró entender el porqué sus hijos habían tomado tan bien aquella separación. Y no pudo evitar el sonreír.
-Se siente maravilloso poder ser padre Rei, en especial de ti y de tu hermano. -Le dijo, desconcertándola de la mejor manera para ella sin quererlo -Sé porqué estás haciendo el viaje. Y aunque no apruebo a tu novio -Recalcó, logrando el que ella se sonrojara por un instante -te dejaré que le sigas persiguiendo, pero bajo mi cuidado.
-Ya lo tenías todo preparado. -Le acusó sin pelear, aún a pesar de apenas haberlo descubierto -¿Cómo es que se lo guardaron hasta ahora? Ni siquiera mamá quiso decirme la verdad. ¿Por qué ustedes sí sabían del pasado?
-Porque no somos iguales. -Le cortó él. -Nosotros no sólo reencarnamos Rei, renacimos bajo el poder del cristal de plata de la Neo Reina Serena, conscientes de este hecho. Igual que Artemis y Luna, encarnamos bajo una misión.
-Todos nuestros enemigos -empezó a suponer.
-No. No todos.-Pero él la detuvo.
-¿Por qué sólo ellos entonces? -cuestionó, refiriéndose al shitennou.
-Porque ésta es la tierra prometida. Y hay un vacío en la historia, un bache que debe arreglarse antes de que sea demasiado tarde.
-¿A qué te refieres con eso?
-Si no se corrige la historia. Este Sistema Solar volverá al punto de inicio. Y las vidas que conocemos ahora no sólo quedarán interrumpidas, sino que se desvanecerán para siempre. -Le dijo con apremiación. -Incluyendo la mía y la de tu madre. No tendremos oportunidad de volver a nacer.
Los ojos de ella se abrieron como platos, tan lentamente como la imagen de una posible muerte de sus padres se abrió paso en su mente. Pero aquel desconcierto nada se comparaba con el miedo que sintió después, pues sabía que aquello era posible; recordaba, después de todo, recordaba lo que había ocurrido y el porqué había ocurrido la tragedia del siglo XXX. Pero si aquello sucedía entonces qué pasaría con las sailors?, se cuestionó.
-Sólo los guardianes sobrevivirán. -Respondió Zafiro a la pregunta que los ojos de su hija le habían dirigido al sellar la mirada con los suyos.
-Pero entonces, el shitennou está haciendo lo correcto.
-No puedes asegurarlo. -Le interrumpió, cortando la oleada de desesperación que había empezado a inundar el ser de su hija. -Esta vez no conocemos cómo terminará la historia Rei. Nos estamos moviendo a ciegas y cada bando está haciendo sus apuestas. -le dijo.
Rei se encogió, evidentemente asustada. Era la primera vez que él le hablaba en ese tono, como si la reprendiera. Y, al darse cuenta de aquello, el semblante del hombre se suavizó. Lo que menos quería era que su propia hija desconfiara de él -Ven. Ven aquí pequeña. -le habló extendiéndole los brazos y no tuvo que decírselo dos veces. La morena cruzó el espacio sentándose al lado de su padre para permitirse refugiarse en los brazos de éste. -Aférrate a lo que conoces Rei y sé que estarás bien.
-¿Y tú? ¿Y mamá? -cuestionó ella con la voz temblorosa. No quería perderlos, a ninguno de los dos. Ni a Seiya.
Y le asustaba lo posible que aquello era.
-Nosotros estaremos bien sabiendo que ustedes lo están. -Le aseguró. Y luego por el bien de ambos, decidió cambiar el tema. -Tan pronto lleguemos a Londres le devolverás el dinero a tu amiga.
-Sí papá. -Respondió ella cerrando los ojos y sonriendo a pesar de las lágrimas que caían por sus mejillas.
Estaba asustada. Pero no sólo por la posibilidad de perder a su familia. Sino porque ahora le quedaba claro que no podía confiar en Jadeite por mucho que lo amara.
Faltaban escasos quince minutos para el comienzo del primer periodo, pero Lita parecía que ya estaba por el quinto, pensó Amy tras ver la cara de frustración en el rostro de su amiga.
-Te ves deprimida -le dijo.
-No me digas, ¿tanto se me nota? -se quejó, con la vista hacia el techo en un claro gesto de fastidio y resignación, aquello sin duda era un lamento.
Amy supuso que sólo había una persona que podía poner a su amiga de aquella manera.
-Es por Taiki, ¿verdad?
-¿Y para qué te digo que no? -fue la respuesta cínica de Lita, que comentario tras comentario, daba rienda suelta a su dramatismo. -El Holocausto empezará dentro de poco -se quejó con la mano sobre la frente.
Amy sintió ganas de reír.
-No seas exagerada Lita, después de todo controlas muy bien a tu hermano.
La castaña dejó momentáneamente su actuación, admitiendo con ello el que la peliazul no estaba tan equivocada.
-Sí, pero porque en casa no le queda más remedio, papá es muy receloso de mí, pero aquí en la escuela... -explicó, haciendo una pausa dramática agachando el rostro, para luego levantarlo envuelto entre las manos haciendo una representación casi exacta de la pintura 'El grito'-Será el regreso de los hermanos Hércules!
-¿Qué? ¿Hermanos Hércules? -aquello ya no le causaba tanta gracia, ni siquiera las caras que hacía su amiga con los ojos cerrados, aparentemente perdida en imaginar los posibles escenarios en donde sería presa del brazo protector de su hermano.
Lita, ahogada en sus lamentaciones, no tardó en hilar un pensamiento tras otro, todos envolviendo a su hermano. No queriendo creer que a tan sólo un año de haber conseguido separársele, tuviera de nuevo que compartir escuela y además el aula; lo bueno era que ahora tenía a Amy consigo. Sin duda su amiga sería un buen escudo contra las sobreprotecciones de Taiki y quién sabe, hasta una distracción, considerando que el castaño se había declarado a la peliazul...
Y fue éste último pensamiento lo que logró sacarla de sus lamentaciones.
-A propósito Amy, quería preguntarte... sobre el mensaje que Taiki te envió -para dar pase a la casamentera, o bueno, quizá sólo a la amiga cupido.
-¿Mensaje? ¿Qué mensaje? -Pero a pesar de lo que Lita hubiese querido ver en la reacción de su amiga, lo único que encontró fue una clara confusión. ¿Dónde estaba aquel sonrojo que siempre le venía a las mejillas cuando la tuteaba con respecto a Taiki? -O mejor dicho... ¿Cuál de todos?
-Am... el último por supuesto. -¿De verdad habían sido tantos?, se cuestionó Lita, quizá los dos al ser tan racionales, no tendrían las mismas respuestas vergonzosas que el resto de los simples mortales, supuso.
Amy volvió a parpadear confusa.
-Pues no decía mucho -contestó.
-¿Cómo que no decía mucho? -cuestionó perpleja, esto ya no tenía ninguna pinta de ser algo bueno, se dijo.
-Bueno, sólo me preguntó lo básico sobre la escuela y yo le respondí de inmediato, ¿acaso hice mal?
Aquello fue como si de pronto se rayara un disco que se está escuchando, para Lita, quien necesitaba aclarar que había entendido bien lo que Amy trataba de decirle; sin hacer por supuesto, una metida de pata...
-Espera Amy, yo habló del mensaje que te mandó hace dos días.
-Taiki no me envió ningún mensaje después del viernes. -Confesó, preguntándose de qué iba aquello.
-¿Qué? -respondió elevando la voz una octava. -¿Estás segura? Porque juraría que sí lo hizo. -Insistió.
-De haberlo hecho no te lo ocultaría. -Le dijo, sintiendo de pronto la necesidad de defenderse. -Además de que con lo último que pasó me la pasé pegada a la computadora, lo habría visto de habérmelo él enviado. -Eso no era del todo cierto, pero Amy pensó que Lita no necesitaba saber de aquello y mentalmente dudó si de verdad no lo había recibido. Se recordó mentalmente correr a revisar la computadora tan pronto terminara de hablar con ella.
"Ése cobarde" -Lita por su parte golpeaba a su hermano en su mente, mientras por fuera su expresión delataba todo lo que sentía: la mano cerrada en puño levantándose lentamente, los ojos cerrados y las cejas juntas, con la vena del enojo saltándole en la frente y ni qué decir del rechinar de los dientes. A este punto no Taiki no tardaría en caer muerto en la loca imaginación de la castaña.
-¿Qué ocurre Lita? -cuestionó Amy preocupada, cada vez más conciente de que había un peso de importancia en aquella acción que su amiga le había cuestionado. -¿Acaso era algo muy importante?
-Lita!
Pero la aludida fue incapaz de responder, corriendo por el pasillo venía Serena con una sonrisa inmensa y no tardó en alcanzarles. El efecto de la voz melodiosa de la chica fue instantáneo y Lita pasó de exageradamente enojada a maravillosamente contenta.
-Serena! -la saludó en cuanto las alcanzó.
"¿Ella es Serena?" -Amy por su parte la miró confusa. La vez anterior, en el concierto, no había tenido la oportunidad de acercarse a ella; aún a pesar de querer disipar la duda de si era ella la persona que estaba buscando. -"Luce algo diferente... creí que... ¿me habré equivocado?" -Pero aquél peinado tan diferente del de su princesa la destanteaba, ella ignorante a la culpable, no sabía que Mina estaba tratando de ocultarla...
-Tiempo sin verte, ¿dónde está Mina? -le preguntó tan pronto deshicieron el abrazo.
-Fue a recoger los horarios de todos. -Respondió la rubia sin dejar de sonreír. -Ah, y no te preocupes, Taiki me prometió no cruzarse contigo, al menos por hoy.
-Eres mi salvadora. -Lita tenía estrellas en los ojos mientras le tomaba de las manos. Y al hacerlo Serena notó por primera vez la presencia de la peliazul.
-Tú eres...? -le cuestionó curiosa.
La aludida sonrió al instante.
-Soy Amy, mucho gusto.
-Ay pero qué maleducada soy. -Se reprendió Lita. -Serena ella es Amy, la chica de la que te hablé que proviene de Sydney.
Aquello extrañó a Amy, que no se imaginaba el ser tan importante en la vida de su amiga.
-¿Le has hablado sobre mí?
Lita le miró contrita.
-Espero que no te moleste, es sólo que es imposible no compartir todo con alguien como Serena -se explicó.
Pero Serena infló las mejillas.
-Me haces sonar como si fuera una chismosa Lita! -Se quejó.
La castaña rió con fuerza.
-¿Y no es cierto?
-Lita! -se quejó la rubia, recibiendo más risas por parte de su amiga. -Una más y le diré a Taiki que venga a fastidiarte -le advirtió, aún molesta.
Amy sabía que aquello era un juego entre amigas, un fastidio por pura diversión que demostraba el cariño que se tenían. Lo supo por la manera en la que el semblante de la castaña cambió en un segundo, rogando casi a los pies de esa rubia que brillaba con su mera presencia.
-No por favor, prometo que me callaré -fue la respuesta de Lita.
Y Amy se halló sonriendo sin darse cuenta.
-Debes llevarte muy bien con Taiki si puedes controlarlo mejor que Lita -Y hablando en voz alta también, cayendo en cuenta cuando las otras dos la miraron de pronto sorprendidas de sus palabras. Amy se sonrojó al instante avergonzada. -Perdón! Dije algo que no debía.
-No, está bien. -Le sonrió Serena. -Y sobre lo que decías, es de esperarse si consideramos que somos amigos desde pequeños, somos un cuarteto inseparable.
-¿Un cuarteto? -Amy enarcó una ceja, quizá ella sí era a quien buscaba...
-Sí, Taiki, Yaten, Seiya y yo. -Explicó.
O quizá no... Pero valía la pena averiguarlo.
-Oye Serena, Lita me comentó que te gusta la música. Mi hermana acaba de venir de Sydney y siempre le ha fascinado la idea de aprender a tocar el piano...
Lita saltó a la conversación de nuevo sonriente.
-Ya entiendo, quieres que ella le enseñe -inquirió.
-Sí, si no es mucha molestia. -Concluyó sonriendo mirando a Serena con tono algo suplicante.
La rubia sonrió más ampliamente.
-Me encantaría hacerlo -respondió -pero primero veré a mis padres, hace una semana que muero de ganas de abrazar a mi mamá.
-¿Te molesta si las acompaño? -preguntó Lita.
-Para nada, me encantaría que vinieras -respondió Amy.
-Está decidido entonces. -Concluyó la rubia.
Más adelante, se dijo Amy, hablaría con Lita sobre sus sospechas sobre Serena. Pero de momento deseaba primero reunir un poco más de pruebas. Después de todo, tanto en esta vida como en la anterior, Amy siempre había sido la más precavida de todas. Y, por otro lado, aquella calidez al estar las tres juntas, entrando al salón tras oír el sonido de la campana, era tan familiar y tan libre de tensiones que no quería separarse, no ahora.
Y eso la ponía en una contradicción... entre querer que la rubia fuese su princesa y querer que no lo fuera.
Y sin quererlo, una vez más, aquél mensaje quedó olvidado.
Mina caminaba lado a lado con Taiki, regresando de la dirección tras haber obtenido los horarios de cada uno. Cierto era que hubiera preferido hacer aquello con Yaten, pero mientras más tiempo pasaba con él parecía que menos se aguantaban, y debía admitir que ese tipo de cosas, si bien eran atendidas por el platino, no le eran precisamente importantes.
-Muy amable de tu parte al acompañarme -le dijo a su compañero tras entregarle sus horarios.
-No tenía opción, se lo prometí a Serena -sonrió éste.
-Además de que peleaste con Seiya -completó Mina con autosuficiencia, sonriendo además.
-Nada se te escapa, ¿no? -El castaño sonreía de la misma manera que ella.
-A estas alturas me sorprende que no lo sepas. -Respondió con una risa dibujada en cada una de sus palabras. -Pero está bien, sirve que atajo un asunto pendiente. -Concluyó deteniéndose a pasos de llegar al salón que le correspondía.
Taiki por su parte le miró con interés.
-¿De qué hablas?
-¿No te gustaría incluír a Serena como parte de su grupo?
El castaño reprimió las ganas de querer rodar los ojos.
-Serena ya es parte del grupo -le dijo.
Y fue Mina la que terminó rodándole los ojos a él.
-Me refiero a que cante con ustedes. -Le dijo, como si aquello fuese lo más obvio del mundo.
-Debí suponer que no sería el único que lo pensaría.
La sonrisa de la rubia se curvó por un lado.
-Entonces, estás interesado.
-Por supuesto que lo estoy. -Refutó él casi a la defensiva. -Incluso tenía una idea sobre cómo incluirla. -Confesó.
-Te escucho -le animó a continuar.
Por un momento Taiki se quedó callado. Lo cierto era que deseaba haber hecho aquello sin la intrusión de la rubia, pero sabiendo quién y cómo era ella debió haber previsto el que se le adelantaría. Ni qué hacerle, se convenció al final. Para él lo importante era compartir aquella melodía con su fiel amiga.
-Hay una canción en la que ambos hemos trabajado. -Le dijo. -Planeaba pedirle que la cantáramos en el festival de bienvenida del evento de carreras.
-Es una buena idea. -Asintió ella y luego se dio la vuelta para concluír -Está decidido entonces.
Taiki parpadeo perplejo, qué se creía ella! y en un instante la tenía detenida del brazo. Pero ella ni siquiera se inmutó.
-Un momento, primero tendrías que hablarlo con los demás.
-Taiki. -le dijo en tono conciliador, como una madre con su hijo, poniendo su mano sobre la de él -Confío en que serás capaz de convencerlos. -consiguiendo zafarse de su agarre. -Además, Seiya no puede decir que no después de lo ocurrido. Y en cuanto a Yaten, déjamelo a mí. -Le dijo guiñándole el ojo.
Y sin más entró al salón, lejos del alcance del chico, quien acabó suspirando.
-Sailor Venus. -Dijo en voz alta, sonriendo ampliamente. -A veces me das miedo.
Si tan sólo Mina supiera, que Taiki era sin duda uno de los más despiertos...
...quizá desistiría de Yaten.
El sueño que estaba teniendo entonces parecía ser una película vieja, de esas que vas a ver al cementerio en un especial de San Valentín, o quizá en el cine de la cuadra que sólo pasa viejos hits. Pero ya fuera uno o fuera otro, las imágenes de aquella historia lo tenían atrapado, incapaz de apartar la mirada de algo que le erizaba la piel aún al sentirse fuera de sí mismo.
-Hay alguien abajo que está esperando hablar contigo.
Su voz, su presencia, su rostro, su perfume... todo en ella era sublime y perfecto. La luz de su estrella era tan intensa. Le gustaba tanto aquél resplandor... Tanto... Y siempre supo quién era.
-Por mí puede esperar un ciclo -respondió Eos, aprovechando la cercanía y el descuido de la joven para atraparla entre sus brazos por la cintura, deseaba besarla... deseaba hacerla suya. -Ahora que te tengo en mi habitación, no deseo perder la oportunidad de-
-Eos.
Pero aquella escena se vio interrumpida, quizá también como muchas otras. Su tío, Helios se encontraba de pie en el umbral de la puerta, de la entrada de aquella habitación que en algún tiempo le había pertenecido a él también, aunque ahora tuviera un nuevo dueño.
Eos le dedicó una sonrisa ladina, ocultando sin problemas el fastidio que sentía, Serenity había quedado por detrás de él, avergonzada al sentirse descubiertos.
-Tú sí que sabes cómo arruinar la diversión, tío.
Helios arrugó el gesto.
-Mira nada más cómo la has hecho sonrojar -Observó, logrando que el rostro de la aludida se pintara aún más. -Serenity -le habló con voz grave y ella le miró inmediatamente -Vuelve con tu madre. Ahora -le ordenó.
-Sí -fue la débil respuesta de ésta. Saliendo de la pieza sin siquiera mirar a Eos, quien ya no sonreía. Tenía la vista clavada en su tío y esta vez era clara la molestia.
Una vez Serenity se fue, dio comienzo aquella discusión.
-No me digas. Kunzite otra vez -inquirió a modo de burla.
-Zyosite en realidad -le corrigió aquél hombre que estaba lejos de hallarle lo divertido a aquello. -Pero sólo porque Nephrite aún tiene que cuidar de Jadeite -Agregó logrando sobresaltar al chico, quien se quedó perplejo al oír aquello; ésa era justa la reacción que el hombre buscaba provocar en su sobrino. -Sí. Ya ha pasado tanto tiempo. -le dijo respondiendo a la pregunta muda que los ojos índigo de Eos habían hecho -Es hora de que vuelvas.
Pero aquella última orden sólo consiguió regresar la molestia al muchacho, que lo miró con enojo.
-¿Y si me rehuso? No tengo deseos de abandonar la Luna. ¿No dijiste que aquí es donde debo estar, además?
-Sí, lo hice. Y lo mantengo -le respondió sin inmutarse. -¿Qué hay de ti? Tú dijiste que sólo querías regresar a la Tierra. Bien, pues ésta es tu oportunidad.
Eos le dio la espalda, sintiéndose de pronto incómodo.
-Aún no ha llegado el momento.
-¿Y cuándo será? ¿Cuándo la princesa Serenity herede el trono una vez la desposes?
Los ojos de Eos se abrieron en asombro y temor.
-¿Cómo lo...?
-No me subestimes Eos, te conozco más de lo que te conoces a tí mismo pues te he criado como mi hijo. -Le dijo interrumpiéndolo. -Y también conozco a tu prometida y sé cuando te digo que ella no irá a la Tierra, no abandonará la Luna
-Lo hará si yo se lo pido! -Refutó elevando la voz una octava.
-¿Por qué no abandonas esta obsesión? -Le cuestionó con cansancio. -No es tu lugar y mucho menos el de ella.
-Ella merece algo mejor. -Le dijo con sinceridad, aún a pesar de no sentirse convencido de aquellas palabras. -La oportunidad de una vida diferente de ésta.
-Ella la merece dices. -Helios le miró analizándolo, no se creía aquél cuento. -Ella... ¿o tú? -inquirió para molestia de Eos, quien respondió a aquello con la pura expresión de su rostro. Al final seguía siendo egoísta, pensó aquél hombre. -Creaste un caos al dejar una semilla libre, les diste el fuego y han creado incendios. Así que irás a consumirlos ahora mismo de ser necesario.
-¿Ahora? -Se burló el chico, aún a pesar de no estar en posición para hacerlo.
-Helena te necesita -le recordó. La sonrisa en el rostro del muchacho se borró al oír aquello. -Devuélvele lo que le robaste, págale lo que le debes y olvídate de vivir en la Tierra para siempre.
Era Helios, perteneciente a la dinastía del Sol mismo. El tío que había sido como su padre, que siempre había estado ahí para él... Pero él era la reencarnación misma de Apolo, dios del Sol, y sí, era mucho más orgulloso que noble, ¿por qué rebajarse? Si estaa tan cerca de conseguir lo que deseaba, no se detendría, no ahora.
-Grandes palabras de un vasallo hacia su rey, ¿no te parece? -rió con sorna, para asombro y decepción de aquél hombre tan parecido a él mismo. -Lo siento, es sólo que creo que ya va siendo hora de que conozcas tu lugar en la jerarquía tío. -Se burló.
Y sin embargo, fue Eos quien terminó contra la pared.
-No. Ya va siendo hora de que tú conozcas tu lugar. -Gruñó entre dientes, mientras lo sostenía por el cuello de la camisa; el muchacho apenas y podía respirar de lo fuerte de aquél agarre. -¿Te piensas que eres el único dios? No he sido tu tío sólo en esta vida Apolo. A diferencia tuya yo no tengo la necesidad de reencarnar. -Le advirtió, dejándole en claro que no sería oponente para él. -Ahora, te daré un ciclo más. Sólo uno para que acabes con esta ridiculez de soberbias y berrinches. -Volvió a advertirle, escupiendo cada palabra con enojo. -Un ciclo para que madures y hagas lo que de verdad necesita Serenity para ser feliz.
Eos cayó al suelo con un sordo sonido cuando Helios le soltó. Apenas y fue capaz de recobrar el aliento tras toser un poco; tenía una mano en el cuello, intentando respirar como debía. Pero su mente jamás dejó de trabajar y le obligó a olvidarse de aquél dolor infringido.
-Es por ella que lo hago! -le gritó, consiguiendo que su tío se detuviera justo antes de salir de la pieza.
-Lo sé. -Suspiró con fuerza. -Pero hacerlo por ella no es suficiente. -le dijo mirándolo por encima del hombro, había tristeza en sus ojos. -Tal vez la clave está en que logres hacerla feliz aún si no es contigo.
...
Se despertó cuando el molesto ruido de su celular llegó al tope del timbre. Aún en su desorientación, se lamentaba de haberle puesto ese molesto ringtone a las llamadas, demasiado escandaloso, se dijo. Giró el rostro a su derecha para toparse con el causante de aquella molestia y lo tomó al instante. Parpadeaba para ajustar la visión, mientras intentaba salir por completo de aquél sueño.
Seiya quizá habría estirado los brazos, quizá se habría sentado sobre el sofá, habría bostezado con fuerza y quizá hasta sonreírse de aquella forma tan simplona de despertar; pero aquella luz roja parpadeante en la pantalla de su touch, señalaba que tenía un mensaje de voz tras haber sido incapaz de contestar a tiempo. La inercia lo movió a marcar al buzón de voz, llevándose el aparatito a su oreja.
Y aguardó.
"Tienes un nuevo mensaje -le dijo la voz de la contestadora -mensaje recibido a las 16 con 5 horas:
"¡¿Dónde demonios estás?!" -Seiya tuvo que apartarse el teléfono de golpe, aquel nivel estaba por encima de los decibeles que un hombre somnoliento tiene tolerancia a escuchar, por suerte cambió al instante. "Me dejaste sola. Espero que tengas una buena razón para esto. Taiki también está hecho una furia y ni qué decir de Yaten." -Conocía esa voz y al saber de quién se trataba, cada vez estaba más despierto "Hmmm..." -La chica, que no era otra mas que Serena, parecía hacer un gran esfuerzo por contener su enojo. "Sólo te aviso que no estaré en casa hasta tarde, no hace falta que vayas. Y... al menos llama para decir que estás bien! Detesto que haya tenido que enterarme por Mina." Y de nuevo estaba ese enojo ahí, latente, marcado en lo elevado del tono al decir aquellas palabras; quedaba claro lo ofendida que se sentía. "¡Eres un idiota!."
Sí. Quedaba más que claro.
Por segundos el moreno suspiró, mirando sin mirar el techo por encima de él. Y sólo luego fue capaz de reaccionar.
-¿Mina? -cuestionó confuso enarcando las cejas en direcciones contrarias la una de la otra. -¿Cómo llegué... aquí? -se cuestionó tras sentarse al fin, sobre el sillón en el que aparentemente había estado durmiendo. Sin duda alguna, estaba en su casa. -Cada vez entiendo menos. -Se dijo masajeándose las sienes, mientras hurgaba en sus recuerdos por las respuestas a sus preguntas. Pero el visualizar su último recuerdo antes de perder la conciencia sólo le trajo más preguntas. "¿Por qué, se habrá interrumpido la transformación?", se preguntó mentalmente, aún con los ojos cerrados y el rostro entre las manos.
Eso era lo último que recordaba. Había faltado a clases tras haberse encontrado con él, el hermano de Serena, o al menos alguien que lucía como él. Pero tan pronto había estado cerca de alcanzarle, un youma se había atravesado en su camino. Y cuando giró la vista en dirección en la que estaba aquél antiguo amigo, ya había desaparecido sin dejar rastro alguno. El youma lo atacó entonces y él, sin pensárselo dos veces, se había transformado en Sailor Star Fighter tan pronto había tenido la oportunidad para hacerlo.
¡Láser de estrella fugaz! -había gritado al atacarle. Pero éste youma era diferente... lograba escapar a cada ataque que le lanzaba e incluso le había enfrentado en un combate cuerpo a cuerpo. La pelea estaba pareja, tenía que hallar el modo de vencer a aquél youma con figura de hombre, uno que extrañamente le recordaba muchísimo a Yaten.
Pero cuando a penas iba a poner en marcha su plan, apareció ese otro sujeto, también de melena plateada. Había murmurado algo, algo que no había alcanzado a escuchar, pero que sí le había afectado de alguna manera; pues tras aquello su transformación desapareció y el golpe que recibió del youma lo mandó a la inconciencia.
-Pensé que tenía todas mis memorias de mi vida pasada. -Gruñó para sí, recordardo los límites de aquél sueño en el que se veía a sí mismo; diferente... Más seguro de sí mismo, más arrogante también, pero mucho más fuerte. Y mucho más importante. -Pensé que sólo había tenido una vida antes de ésta. ¿Será que me equivoqué?
Sus recuerdos, después de todo, no estaban completos concluyó. Pues sólo tras aquellos sueños había caído en cuenta de que los recuerdos que tenía de Seiya Kou terminaban tras su regreso a Kinmoku... ¿Habría pasado algo más?, se cuestionó, ¿algo que le respondería aquella incógnita y el porqué no recordaba haber vivido más allá de su anterior pasado?
Y luego estaba Mina. Aquella chica que resplandecía con el fuerte cristal de una estrella. Algo hizo click en su mente entonces.
-Pero claro, cómo no me di cuenta antes -se reprochó.
Y se prometió que a partir de ése instante prestaría mucha más atención a su habilidad para detectar estrellas... sin darse cuenta se estaba rodeando de sailor senshis; pero sólo había identificado a aquellas que habían sido incapaces de despertar, o eso creía. Pues el resplandor de Mina no estaba en su máximo y a diferencia de Yaten, Taiki o la misma Serena, estaba muy bien camuflado.
Otra pieza embonó en aquél rompecabezas... Sus otros tres compañeros, también estaban ocultando algo.
Principalmente Serena.
-Rei -dijo de pronto, con las manos cerradas en puño -Tengo que ver a Rei.
Debía rodearse de aliados...
...y pronto!
-Eso estuvo bastante cerca -exclamó Sailor Healer antes de que su transformación desapareciera por completo. -Es una lástima que no hayamos conseguido atraparle -se lamentó Yaten.
-Al final sólo era un Youma menor -concluyó Mina también con la misma pena dibujada en su rostro.
Desde horas tempranas de la tarde de ése día habían estado persiguiendo a aquél Youma con apariencia de un hombre joven de melena plateada, tan parecida a la de Yaten. Desde luego que la rubia sabía perfectamente bien quién era, pero eso era algo que no le diría a su compañero desde luego. Quizá no habrían dado con él de no ser porque habían salido durante el inicio del penúltimo periodo de clases en busca de Seiya. Aún recordaba a Serena preocupada por la reciente ausencia del mismo y eso había bastado para que Mina arrastrara consigo al platino fuera de las aulas de clase.
Después de todo, eran estrellas similares, y como lo predijo Yaten le facilitó la búsqueda, encontrando el moreno a cinco cuadras de distancia de la escuela. En plena transformación sailor peleando contra aquél Youma tan conocido por ella. En un principio se dedicaron a observar, a pesar de las quejas de Yaten; pero cuando la sailor había caído tras la aparición de nada menos que Kunzite, habían salido de inmediato a su rescate.
El platino había sido el encargado de regresar a Seiya a su casa, antes de volver en auxilio de su compañera en la pelea contra aquél maligno. Pero al final éste había logrado escapar...
-Lo cual no explica porqué su transformación dejó de funcionar.
Mina salió de sus cavilaciones tras escuchar las palabras de Yaten, al parecer el platino también estaba haciendo sus propias teorías sobre lo sucedido. La rubia parpadeo para despertar por completo a la escena frente a ella.
-Pensé que estarías más sorprendido de ver a Seiya transformarse -inquirió con un deje de sorpresa, deseando desviar un poco el pensamiento del muchacho. Como siempre ella ya sabía la respuesta a aquella duda, pero no se la daría.
-Hace una semana tal vez eso hubiera pasado. -Yaten se encogió de hombros. -Pero desde que me obligaste a despertar, lo he estado deseando. El volver a luchar a su lado. -le dijo sonriendo -Es una pena que se haya desmayado, de verdad tenía deseos de hablar sobre esto con él, como en los viejos tiempos.
Aquello alarmó por completo a Mina, cuyos ojos se abrieron como platos.
-Ni se te ocurra decirle algo al respecto! -le ordenó sonando desesperada y encarándolo.
Yaten le miró estupefacto, confundido además.
-¿Qué tiene de malo? Después de todo es nuestro líder.
-Yo soy tu líder ahora -Le interrumpió elevando la voz sin realmente quererlo, dominada por sus emociones.
Yaten arrugó el gesto con molestia.
-Jamás recuerdo haber accedido a tal cosa.
Pero lo que Mina sentía era algo mucho más fuerte que una sencilla molestia. Era un enojo alimentado por el miedo. Y en un instante ya había aprisionado el cuello de la camisa del chico.
-Escúchame bien Yaten, si tienes la fuerza que tienes ahora es gracias a mí -le recordó, consiguiendo que él sintiera una punzada en su pecho. -He sido yo quien te ha guiado en este camino, aún a pesar de que no eres nada más que una carga. Así que lo mínimo que puedes hacer para agradecérmelo es hacer exactamente lo que te pido que hagas.
Sus palabras sin embargo, más allá de conseguir hacerle entenderla lo habían herido, tan profundamente que Yaten difícilmente pudo salir del estupor en el que había caído. El recelo que sintió era parecido a una decepcionante traición.
-Debí saber que acabarías cobrando el favor -inquirió con voz grave.
-Debí saber que serías un malagradecido -pero Mina respondió con la misma emoción que él le mostraba en sus ojos, quizá hasta más enardecida.
-No te preocupes, no arruinaré tus planes -le dijo, logrando deshacer el agarre de ella en él, con sus manos en un movimiento brusco. -Pero tampoco seguiré bajo tu tutela. -Declaró.
Y Mina supo que estaba a punto de perderlo en ese momento, en especial si lo dejaba atravesar el umbral de la puerta de su casa. Esa sola noción fue suficiente para hacerla reaccionar.
-¡Detente Yaten! -le pidió corriendo hacia él, alcanzándolo en a penas tres pasos.
Estuvo a punto de volver a tomarle del brazo, pero él se volvió hacia ella antes de que pudiera hacerlo.
-Siempre quieres quedarte con la última palabra -musitó molesto.
-No se trata de eso -le aseguró ella, intentando evitar el que el enojo anterior volviera a dominarle.
-Entonces de qué? -le exigió elevando la voz. -Anda, dímelo. Porque ya estoy harto de seguirte el juego en tus caprichos.
Mina torció la boca molesta otra vez. ¡Al diablo el control!
-Eres un cretino -le acusó entre dientes.
-Y tú una malcriada, pero no me ves señalando tus peores defectos como si de verdad te despreciara!
Aquello la dejó temporalmente en silencio. Ambos mirándose a los ojos y decididos a no apartar la mirada, tratando de ver quién resistía más aquél encuentro. Pero la rubia sabía que el chico llevaba la razón en ese punto al menos. Era verdad que ella era malcriada con él la mayor parte del tiempo, así que al final fue ella quien cedió.
-Muy bien, te concedo eso.
-Al menos -respondió con sorna.
Mina hizo un enorme esfuerzo por no volver a pelear.
-Quieres por una vez dejar de alegar?! -le pidió exasperada. -Me alteras!
-Ya me di cuenta -respondió él a medio burla.
-Y ahí vas de nuevo! -se quejó ella por fin desviando la vista de él.
Y esta vez, fue el turno de Yaten de ceder, quien por primera vez lucía contrito.
-Está bien, lo siento...
Mina suspiró pesadamente.
-Tan sólo quiero que confíes en mí. -Le dijo. -Necesitas... -se detuvo a tiempo de volver a mandarle -Necesito que lo hagas. -Se corrigió. -Ya habrá tiempo de que te reencuentres con tus hermanos, pero de momento, créeme cuando te digo que no es conveniente hacerlo; no todavía al menos.
Yaten miró entonces sus manos entrelazadas con las de ella, ¿en qué momento le había tomado las manos?, se cuestionó ligeramente movido por la mirada suplicante de la chica que tenía en frente. Ésa niña que no recordaba que ambos se había conocido ya hacía seis años. Y dudó un instante. Buscando por todos los medios el no ceder tan fácilmente, en hacerla sufrir un poquito. Pero el palpitar constante de su corazón en su pecho al mirar aquél rostro angelical, no se lo permitió.
-Confío en ti -le dijo al fin, tras un instante de silencio. -Lo hago. -Trató de convencerla, cerrando sus manos alrededor de las de ella, aceptando aquél contacto que le había ofrecido. -Pero no me gusta cuando eres autoritaria conmigo. Sé que no soy precisamente un digno compañero en cuanto a fuerza se refiere. Pero de verdad me gustaría creer que esperas que llegue a serlo.
Una ligera sonrisa se abrió paso en los labios de ella.
-Lo espero. -Le dijo. -Ésa siempre ha sido la razón de tenerte bajo mi tutela. -Le explicó. -¿Me perdonas? -le pidió con gesto coqueto.
Aquél aire tenso se había disipado sin que ambos se dieran cuenta y pronto el platino se halló a sí mismo sonriendo igual que ella.
-Sí. ¿Por qué no? -aceptó, envolviéndola en sus brazos.
Ella se dejó abrazar por él, rodeandole el torso con los suyos propios, aferrando con fuerza la tela de la camisa de éste. A veces pensaba que sería muy fácil volver a enamorarse de él...
...sino era claro, que ya lo estaba.
Andrew Aino nunca había sido del tipo que planeaba sobre el tiempo de otras personas, o mejor dicho, que se dedicara a manipular las situaciones y la gente a su conveniencia. Ni siquiera cuando sus recuerdos de sus dos vidas pasadas se hicieron presentes, estuvo tentado a hacer algo y para su buena suerte se había enamorado de Lita mucho antes de recordar quiénes habían sido en sus vidas pasadas. Las cosas cambiaron cuando fue Mina la que despertó. En ese entonces otros recuerdos se hicieron presentes y sumado a su amor por ser su hermana pequeña sintió el deseo de protegerla; en especial desde que la semilla estelar de la rubia se encontrase fragmentada.
Quizá se hubiese unido al bando de las sailors, pero si se dedicaba a eso, su hermana pasaría a ser a penas un segundo término, siendo más importante la princesa de la Luna y mucho temía que cuando aquello sucediera, Mina ya no tendría tiempo.
-¡Hey Andrew!
-Molly!
Las cosas cambiaron cuando conoció a Molly en una de las giras de su hermana. La peliroja le reconoció al instante de su anterior vida en la Tierra y le habló directamente sin tapujos. Siendo Andrew como era aquello resultó siendo un alivio, pues estaba cansado de tener que esconderse, hasta el grado de revelar su papel durante el milenio de plata. Pensó que Molly se mostraría sorprendida, pero el que terminó sorprendiéndose fue él al escuchar de labios de la misma que ella era nada más y nada menos que Metis, la hermana menor de sailor Jupiter y que ya sabía de él por historias que dicha hermana le contara en aquella época.
Ambos compartían la desesperación de salvar a una persona importante, en formas que nada tenían que ver con la tradición lunar. Así que al final, habían decidido trabajar juntos. Fue en una visita a Londres que Andrew le presentó a Serena y la peliroja la descubrió al instante. A partir de ahí lo que tenían que hacer resultaba evidente.
-¡Qué gusto verte! Por un momento no creí que fueras tú. -le dijo al separarse de ella tras abrazarse.
Molly sonrió ampliamente. No había planeado llegar a Londres tan pronto, pero Nephrite había adelantado sus movimientos en cuanto Zyosite le informara el haber encontrado a Beryl; así que no podía retardarse más tiempo y menos ahora que habían hecho una nueva aliada.
-Lo sé, te dije que vendría hasta mañana, pero me vi libre un poco antes -le explicó, dirigiendo después la vista hacia la chica morena que estaba por detrás del rubio. -Te llamas Karen, ¿cierto?
La aludida sólo arrugó el gesto, en señal de duda y desconfianza, era la primera vez que se veían frente a frente después de todo.
-Al final ella también accedió venir. -le dijo Andrew compartiendo la misma sonrisa de la chica.
La morena seguía sin decir una palabra.
-Vaya, mucho más seria de lo que la recuerdo. -Inquirió Molly algo sorprendida -Anda, que no muerdo. -Se burló, intentando provocar una reacción en ella aunque sin éxito.
Andrew salió en rescate de Karen.
-Dale un respiro Molly, después de todo es prima menor de Darien -le explicó
Y pareciera como si una luz se hubiera encendido en los ojos de la morena, que saltó al instante en defensa de su primo.
-¿Y eso qué tiene que ver?
Molly sonrió complacida.
-Vaya, finalmente habló
-Te lo dije. -Rió Andrew.
-Sigo sin entender -bufó la chica, sintiendose entre molesta y avergonzada sin saber el porqué.
Molly la miró en serio entonces y pensó que lo mejor era ser gentil con ella, después de todo la chica estaba decidiendo ir en contra de sus compañeras por ayudarlos a ellos.
-Se refiere a que probablemente hayas desarrollado a la par tu carácter con el de su viejo amigo en su antigua vida -le dijo. -Todos sabemos lo "recio" que podía llegar a ser Mamoru y me imagino que su esencia no ha cambiado del todo.
-Hablas como si de verdad le conocieras -le respondió perpleja.
-Oh créeme, le conocí -le aseguró, había un deje de divertido en su voz. -ambos lo hicimos
-Por el lado de la reina...?
-Así es, por Usagi -respondió el rubio. -Aunque en mi caso, los conocí a ambos casi a la par.
-Vayamos a un lugar donde podamos hablar esto mejor -sugirió Molly.
Setsuna no estaba segura de estar haciendo lo correcto, aunque quizá tuviera que ver más con el hecho de sentir que sobraba en aquella escena. Los dos chicos caminaban delante de ella, sonriendo y enfrascados en una conversación que para nada la incluía; dejando en claro que seguía siendo una extraña. Cierto era que no había tratado lo suficiente con ellos como para sentirse cómoda o llamarse siquiera su amiga, pero a final había decidido confiar en ellos, creerles. Todo empezó cuando conoció a Molly durante su año de intercambio en Nuremberg. Al principio la había tomado por sorpresa el que la chica fuera capaz de reconocerla, especialmente porque no recordaba que ella fuera una senshi; pero tan pronto la investigó lo supo...
...esa fue la primera vez que ella abrió aquellas puertas del tiempo y quizá hubiera sido mejor haberlas dejado cerradas pues justo después de aquello Darien había despertado también y las batallas comenzaron. Pero la sailor del cambio sabía que no importaba realmente si las abría o no, no era ese hecho lo que los había llevado a pelear, sino el destino mismo. Ellas debían despertar ante cualquier amenaza. Así que sin puertas o no, igual habría tenido que enfrentar aquellos ataques.
y entonces Molly la ayudó y todo cobró sentido en una retorcida manera... Al principio no quiso seguirla, no quería tener que exponer a su primo favorito a tanta angustia, pero al final había recordado a quién le debía realmente su lealtad.
Y aquí estaba.
-Ah, ya extrañaba este lugar
Molly se dejó caer sobre el mullido sofá con una sonrisa enorme en los labios. El apartamento de Andrew siempre había sido un amplio espacio de grandes ventanales, que permitían que la luz penetrara en cada rincón del mismo. Era por tanto un lugar fresco y agradable, bastante diferente de la casa clásica en la que Molly vivía. Desde que se conocieran, la peliroja había adorado aquél piso de un antiguo edificio de bomberos, y había convencido a su amigo de comprarlo.
-Siéntete como en tu casa, por favor. -le dijo el rubio a Setsuna.
-Gracias -respondió ésta, tomando la limonada que le diera el chico. -Aunque si no es mucha molestia, me gustaría ir al grano.
Molly sonrió de lado.
-Un poco ansiosa, ¿no te parece? -le dijo.
-Pensé que te tomarías esto más enserio -respondió un tanto irritada por la actitud despreocupada de la chica.
-Y lo hago -le aseguró ella. -No en vano duermo con el enemigo
-¿Qué? -Setsuna estaba perpleja.
Pero fue incapaz de preguntar algo más en cuanto el chico volvió a entrar en la habitación, sosteniendo un plato lleno de papas fritas.
-A propósito Molly, logré convencer a Mina de participar en las carreras como artista invitada -le dijo sonriendo, mientras de sentaba en el taburete junto al sillón en el que ella estaba sentada. -Ya había rechazado esa invitación, de modo que fue algo difícil el volver a introducirla; pero dado que los Three lights están con ella fue mucho más fácil lograr el cambio por ahí.
-Me da gusto, te dije que ella accedería si se les involucraba a ellos -le dijo, sonriendo satisfecha. Aquél plan después de todo, había sido idea de ella. -Además de los ataques del shitennou por supuesto -completó.
Y ese dato terminó atrayendo la plena atención de la morena.
-¿Están al tanto de eso?
-Oh, pero qué mal educada soy -se reprimió Molly -Déjame que te ponga al tanto de la situación. El plan es muy sencillo: juntaremos a Endymion con Serenity
Setsuna frunció el gesto.
-Eso no es un plan, es más una misión imposible! -recalcó.
Andrew a pesar de aquello sonreía, secretamente recordando que él había pensado en su momento lo mismo que ella; y se dedicó a tomar su limonada para refrescarse.
-No del todo. -Como era de esperarse, la peliroja no perdió su sonrisa ganadora y confiada, mientras continuó explicando sus planes. -Ninguno de nosotros conoce a Darien, excepto tú por supuesto -señaló. -Tú le convencerás de participar, con el pase que nosotros te daremos claro está.
-Pero aún falta encontrar a la Neo Reina Serenity -refutó Setsuna, ligeramente dejándose convencer por aquello; pero su duda se volvió asombro al notar como ambos chicos sonreían confiadamente, significando sólo una cosa. -¡No puede ser! ¿la encontraron?
-Hemos sabido su identidad desde que Mina despertara, aunque ella ignora el que sabemos todo esto -le explicó el chico. -Pero no consideramos conveniente movernos sin antes encontrar a Endimion primero. Tú nos facilitaste eso.
Setsuna asimiló aquella información y decidió que ambos habían sido racionales al decidir aquello; pero al mirar a Molly sólo podía pensar en una pregunta que le estaba carcomiendo de curiosidad y seleccionó con cuidado sus palabras para evitar exponer a la peliroja delante de su compañero, pues no estaba segura de que él estuviese al tanto de su situación.
-¿A qué te referías cuando mencionaste al enemigo?
Pero contrario a lo que esperó, la chica no parecía tener intenciones de esconder nada.
-Como ya lo sabes, hay cuatro bandos. -Le dijo. -Y digamos que mi novio, no pertenece al nuestro. -Concluyó, había un deje de broma en su voz que combinaba perfectamente con su sonrisa ladina y ese brillo juguetón en sus ojos azules.
Después de aquello, le fue mucho más fácil hacer exactamente como se esperaba de ella.
...
-Explícame de nuevo qué es lo que quieres que haga?
El dolor de cabeza que Darien había comenzado al día siguiente de su conversación con el doctor Tomoe, parecía querer intensificarse con la llamada de su adorada prima. Adorada en el sentido sarcástico, por supuesto, al menos en ese momento.
-¿Por qué habría de participar en algo como eso? -cuestionó irritado. Había pensado que la chica le habría llamado tan sólo para saber cómo estaba. Pero de pronto, la conversación había dado un giro cuando la morena le había pedido que entrara en el festival de Fórmula 1. Y después, dicha irritación se vio momentáneamente olvidada cuando ella le explicara el que la Princesa de la Luna estaría presente en dicho evento. -En todo caso tendría que ser en motocicleta, no soy experto en autos de fórmula 1 y lo sabes Setsuna -le recordó, a sabiendas de que ya estaba cediendo al juego de la misma. -Agh, de acuerdo. Ahí estaré. Sólo espero que no te equivoques. -Le advirtió terminando con la llamada.
No tenía intenciones de escuchar nada más. Temía que su mal genio volviera a la superficie si seguía cuestionándola sobre el tema; aún tenía frescos en la mente los recuerdos de sus fortuitos encuentros con quien fuera el padre de la Sailor de la Destrucción y el Renacimiento. Al final, aquél hombre había aceptado a ayudarlo a recuperar sus memorias pasadas siempre y cuando Setsuna no se acercara a Hotaru y él había accedido. A pesar de que dudaba el que fuera tan sencillo el mantener alejadas a dos sailors que desde el principio de su concepción habían sido hermanas.
Darien miró el celular en su mano con un deje de confusión.
"¿Por qué de pronto quiere ayudarme?" -se cuestionó.
Y algo en su pecho le decía, que si bien no podía confiar plenamente en ella, igual podría sacarle provecho.
...
-Está hecho. -Les informó la morena a sus dos nuevos aliados en aquella misión, una vez terminara con la llamada.
Molly sonrió satisfecha.
-Bien, ahora sólo tenemos que procurar que todo vaya de acuerdo al plan -recalcó.
Andrew sonreía de igual manera.
Excepto ella, que sentía un retortijón en su pecho. Agachó la mirada a su regazo y se cuestionó una y otra vez aquello.
"¿Habré elegido el bando correcto?"
Recién acababa de salir de la ducha y ya se estaba arrepintiendo de haberlo hecho. ¿La razón? Luna estaba en su habitación. Y no sólo eso. Estaba sentada al escritorio frente a la computadora, con la imagen de Artemis del otro lado. La mujer se había levantado al instante tras ver a la rubia, en una señal de que le cedía aquél puesto; pero Mina lo rechazó al instante pasando de largo hacia el tocador, tomando el cepillo para comenzar a pasar sus cabellos por dichas hebras.
-Mina -le llamó la imagen de Artemis desde la pantalla.
-No me digas, acaba de aterrizar -le interrumpió ella, con un deje de ironía y fastidio en su voz.
-Justo acaba de hacerlo. -Confirmó éste. -Y según la información que tengo pronto habrá un ataque cerca de la carretera que lleva al aeropuerto.
Luna entró en la conversación tratando de dirigirla de un modo en el que la rubia se sintiese interesada. Era demasiado empática para notar el aparente mal humor de la chica.
-La pregunta es, ¿cómo llevaremos al resto de las chicas hasta ahí? -cuestionó.
Sólo entonces Mina decidió dar respuesta.
-No podemos, Serena está con ellas. No voy a exponerla. -Declaró tajante, sin dejar de cepillarse el cabello.
Artemis arrugó el gesto.
-Mina entiendo tu sentir, pero éste no es el momento para ponerte sentimentalista. -Le advirtió con tono desaprobatorio. -Sin mencionar que no podrás esconderla por siempre.
-Sólo observame Artemis -le retó la chica, mirándolo por fin de forma directa.
-Luna, razona con ella por favor. -Urgió el hombre, a sabiendas de que, tras haber tocado un punto sensible para ella, sería incapaz de conseguir que le escuchara.
-Rei no podrá enfrentar sola a este Youma -le recordó Luna, tratando de apelar a la razón con una mezcla de sentimiento.
-Y no lo hará -pero Mina probó otra vez estar un paso adelante de ellos.
-¿Piensas ayudarla entonces? -inquirió Luna, un tanto sorprendida de aquella respuesta.
-Más o menos. -Respondió en son de broma, con esa sonrisa ladina. -Pienso en traer al Youma hacia acá.
-¿Qué? -cuestionaron ambos guardianes.
-Una vez Serena regrese a casa, soltaré el Youma delante del resto de las chicas. -Les explicó.
Artemis fue el primero en dudar aquello.
-Y explícame cómo pretendes hacer eso?
-Oh Artemis! ¿Ya lo olvidaste? -Rió ella. -Kaito fue la primera reencarnación de Adonis, aunque no compartían la misma alma sí los mismos gustos -explicó con sorna, aquello evidentemente la divertía más allá de lo que la disgustara.
Los ojos de Luna se abrieron como platos al comprender lo que pretendía la rubia.
-Vas a hechizarlo!
-No por nada soy la diosa del amor y la belleza -volvió a reír. -Por cierto Luna -se volvió a ella después de tomar aquél broche lunar y lo depositó en las manos de aquella mujer. -Hoy no necesitaré esto.
-¿Pero estás segura? -cuestionó alarmada. -¿Qué pasará si...?
-Todo estará bien -Le interrumpió, intentando calmarla al tomarla por las manos. -Además, no contamos con el tiempo para seguir retrasando ésto. Necesito a las chicas conmigo.
Y ahí estaba de nuevo ese resplandor serio de determinación. La líder de las sailor scouts estaba tomando en serio su papel y sólo entonces Artemis cedió ante el plan de su protegida. No sin antes soltar el aire que estaba conteniendo en un hosco suspiro.
-Acepta el broche Luna. Ya habrá tiempo para usarlo otra vez -le pidió. -Y Mina tiene razón al suponer que el mismo truco no funciona dos veces, o mejor dicho, dos vidas.
-Está bien. -Asintió Luna tras pensárselo un segundo. -Pero informaré a Yaten por si acaso algo sale mal.
¡Oh Yaten!, pensó Mina. ¡Cómo deseaba besar la esencia del chico!, se permitió a sí misma confesar... Su sonrisa se había vuelto más ancha al pensar en él. Era como si la anterior conversación con el platino hubiese permitido el que la barrera entre ellos comenzara a desboronarse.
-Claro, tú has eso. Y de paso dale un beso por mí. -Bromeó ella, todo en sus movimientos gritaba que aquello no era más que una burla, pero el salto que su corazón daba en su pecho cada que pensaba en el chico, era todo menos una farsa.
Luna estuvo a punto de reprenderla, pues sólo alcanzó a ver la superficie de los actos de ella. Pero Mina fue más rápida, tras deshacerse de la bata de baño y sacar su pluma de transformación...
-¡Por el poder del planeta Venus! -gritó -¡Transformación!
Cuando la luz de su resplandor se difuminó, no quedaba rastro de ella. Tanto Artemis como Luna suspiraron con preocupación, a veces, la chica parecía hacer todo sino bien con ligereza, con resignación. Como si se supiese vencida.
El vuelo había sido bastante relajado, como una siesta algo larga que te deja entre cansada y renovada, pensó Rei. Habían aterrizado hacia cerca de media hora y por fin estaban listos para marcharse. En ocasiones, Rei agradecía el ser parte de una familia adinerada y no tener que sufrir de la incomodidad de los asientos de clase turística. Se recordó que debía llamar a su madre tan pronto llegara a casa de su padre, aunque conociendo a ambos, se dijo, lo más probable era que la mujer ya estuviera al tanto de sus acciones y su situación y sospechaba además que aquello era de boca de su mismísimo padre.
El único que quedaba ajeno a todo entonces sería Seiya. Aquél pensamiento le sacó una sonrisa, deseaba verlo, deseaba sorprenderlo con la noticia de que vivirían juntos de nuevo. Y también quería poder hablarle de Jadeite, suspiró. Su padre había dicho que le permitiría seguirlo siempre y cuando fuese bajo su cuidado, pero ¿qué diría Seiya?
Sin embargo, no tuvo tiempo para seguir reflexionando en aquello, fue arrancada de aquél pensamiento al chocar de frente con la dura espalda de su padre.
-¿Pasa algo papá? -le cuestionó al darse cuenta de su brusca parada. Pero entonces notó cómo intentaba mantenerla protegida bajo su figura, con su brazo en su dirección y sólo entonces Rei notó como todas las personas del recinto estaban inconscientes en el suelo.
-Rei pase lo que pase no te apartes de mí -le dijo su padre, con la mirada clavada al frente, a unos pasos de distancia.
La morena siguió su mirada y sus ojos se abrieron con sorpresa y miedo al ver al hombre frente a ellos.
-¡! "Kunzite"...
El líder del shitennou les miraba con expresión divertida, su capa ondeaba en el frío aire de la noche y sus cabellos resplandecían bajo la luz amarillenta de la sala de espera del aeropuerto. No iba solo, desde luego, el chico a su lado podría haber sido una década más joven que él, pero su semblante era igual de serio y maduro que él; su atuendo era parecido, salvo por el antifaz que cubría sus ojos. Pero el cabello poseía el mismo tono plateado.
Kunzite dio un paso al frente, con gesto amistoso, obviamente como una falsedad.
-Tanto tiempo sin vernos Zafiro -saludó. -Es bueno volver a verte.
El aludido arrugó el gesto.
-No puedo opinar lo mismo. -Contestó molesto.
Sólo entonces, el platino se dio cuenta de la presencia de la muchacha que acompañaba al moreno. Era clara la diferencia de edades y muy fácil el inquirir la respuesta.
-Vaya, así que los dioses te han bendecido con la vida familiar -murmuró divertido. -Un poco nada acorde contigo, ¿no lo crees?
Zafiro lo ignoró, limitándose a hablarle a su hija por encima de su hombro.
-Rei, escúchame bien -le habló, la morena se acercó más a él al escucharle. -Sin importar lo que pase, sin importar con quién te cruces, no te transformes en Sailor Mars
-¿Qué? -aquello la dejó perpleja. -Pero papá -trató de razonar.
Pero él la interrumpió al instante.
-Acabas de llegar a la ciudad del caos, no puedes revelar tu identidad desde el principio de la guerra -le dijo con aprensión en la voz. -Deja que yo me encargue -le pidió, sin dejar de mirar a su oponente.
Por su parte Kunzite elevó la sonrisa de lado. Aquello de ser el malo, tenía que admitirlo, le divertía bastante. Casi tanto como el hecho de pelear por una causa justa. Era una contradicción andante y sin embargo, nada podía hacer para evitar ser como era. Se giró a su compañero y le dijo:
-Kaito, yo me encargaré de este encuentro, tú dedícate a reunir energía.
-Como digas. -Asintió éste, dando la vuelta con gesto elegante para salir en dirección contraria.
Zafiro no perdió nota de aquello y presionando el brazo de su hija le ordenó.
-Haz como que huyes y persíguelo.
-Pero, ¿y tú?
-Descuida -le dedicó una sonrisa -todavía poseo mis viejos poderes
-Ten cuidado.
Muy a regañadientes, Rei aceptó, girando en la dirección contraria para simular como su padre le había dicho que lo hiciera. Conocía aquellas instalaciones por las tantas visitas que le hubiese hecho a su hermano cuando niños. Pero más que nada por las dos batallas que había tenido en su última visita, cuando había ido junto con Michiru.
Giró por un pasillo y salió por una puerta lateral al estacionamiento. Cual fue su sorpresa al ver al chico de pie, quieto, de espaldas a ella mirando nada más y nada menos a la sailor que estaba de pie sobre una de las farolas. Sintió el impulso de esconderse, no sabía porqué, pero lo sentía.
-¿Sailor... Venus? -susurró.
Y como si ésta le hubiese escuchado, su rostro se elevó como si mirara por encima del chico, hacia su dirección. Pero no podía ser. Debía ser imposible, se dijo aún sin salir de su estupor. Era una sensación de deja vú aquél encuentro. Con el ligero cambio de enemigos y aliados.
-Venus -le saludó el platino, sonriente. -No creí volver a verte
La sailor compartió la sonrisa ladina que el chico le ofecía.
-Kaito Ace -respondió al saludo -¿Me extrañaste amor? -se burló.
Todo lo que pasó después fue a penas una visión borrosa para Rei. Kaito Ace había atacado a Sailor Venus y ésta había bloqueado el ataque. Aquellas cartas siguieron siendo lanzadas en dirección a la rubia, quien las esquivaba saltando de farola en farola. Los ojos violetas de la morena se movían de un lado a otro intentando seguir la escena y su cuerpo ya se balanceaba sobre sus piernas con el impulso de querer soltarse a correr.
En algún momento estuvo a punto de ser descubierta por el chico, que había retrocedido demasiado cerca de ella, para su buena suerte lo había hecho de espaldas, sin quitar ni un momento la mirada en la rubia. Quien para ésas alturas ya había lanzado su primer ataque (razón por la que el muchacho había retrocedido en un principio) y que sin dudarlo lanzó su segundo en cuanto éste le esquivó.
-¡Cadena de amor de Venus!
El muchacho volvió a saltar, pero contrario a lo que él y Rei pensaban, la rubia no le siguió a él, sino que en realidad había dirigido dicha cadena en dirección de la morena.
-Pero qué?! -gritó alarmada.
Aunque demasiado tarde...
-Aaaahh!
La cadena dorada de corazones la sujetó firmemente de la cintura, elevándola por los aires. Sailor Venus tuvo que usar más de su energía estelar para controlar a la muchacha que ahora gritaba aterrada, mientras salía corriendo lejos de aquél luegar con Kaito Ace corriendo a su vez detrás de ella. El platino maldecía por lo bajo el no haber detectado la presencia de la de ojos violetas, pero al tiempo aquella persecusión le erizaba la piel. Mas justo cuando estaba por alcanzar a la rubia con una de sus filosas cartas, un hoyo negro se abrió delante de la sailor que no dudó en lanzar a su protegida dentro de éste, para después introducirse ella misma también con un salto; desapareciendo justo delante de él. Kaito Ace aceleró el paso y logró atravesar aquél portal antes de que éste se cerrara.
-¡Por qué no te has transformado?
Dentro de aquél espacio negro Rei abrió los ojos perpleja, hallándose con el rostro de una enfurecida Venus y cuestionándose en algún lugar recóndito de su mente, cómo era que sabía de su identidad secreta.
"Sin importar lo que pase, sin importar con quién te cruces, no te transformes en Sailor Mars." , le había dicho su padre. Y por alguna razón, a pesar de que ésta era la líder de las sailors, SU líder, decidió por una vez, hacerle caso a su padre.
-Eh, es que no puedo hacerlo, olvidé mi transformador... en mi maleta! -se excusó rápidamente.
Venus sintió un terrible deseo de jalarse el cabello en señal de frustración.
-Por qué de todas tenías que ser ahora tú la atolondrada! -se quejó -suficiente tengo con Serena!
Rei quizá habría prestado atención a sus palabras una vez la verguenza que sentía se hubiese difuminado por la realización de lo que había dicho la rubia, pero Kaito Ace lanzó en ese momento uno de sus Ases y cerca estuvo de alcanzarlas.
-Maldición -masculló Venus
-¿Por qué huyes pequeña? -se burló el platino, flotando con prisa en dirección a ella.
La sailor no tuvo opción más que adelantar la salida de aquél agujero, sólo podía rezar porque tanto Lita como Amy tuvieran sus plumas de transformación consigo o aquello iba a resultar todo un verdadero caos...
Seiya acababa de salir de la ducha cuando se disponía a llamar a la rubia. Antes de hacer aquello había llamado a su madre con la esperanza de saber si su padre seguía en Japón con ella y con Rei. Pero Lady siempre desvió el tema y colgó antes de decirle cualquier cosa. Aquello era nuevo. Su madre nunca había pasado de él. Aún se sentía con el cuerpo cortado por lo que había decidido el relajarse en la ducha; pero el calor del agua sólo le había hecho recordar la ausencia de su bombón esa noche. Ya no podrían dormir juntos...
Miró el reloj por encima de su cómoda y se preguntó si ya habría regresado. "No te molestes en llamarme", había dicho ella en aquél mensaje. Bien, no le llamaría, se dijo sonriendo de lado y con la mirada de pillo en los ojos.
"¿Irás a verla?", se escuchó una voz femenina dentro de su cabeza.
"Tengo que verla.", respondió mentalmente a aquella voz, la misma que pertenecía a su subconsciente como Fighter.
Se vistió en cuestión de segundos usando la chaqueta de cuero negra que tanto le gustaba y aprovechando la ausencia de adultos en la casa, salió por primera vez por la puerta de en frente rumbo a la casa de la rubia. Además, se dijo, tenía una oportunidad que rara vez se presentaba en aquella escena tan familiar: Haruka estaba ausente. Su sonrisa se ensanchó aún más. Ya se preocuparía después por sus recuerdos y el misterioso encuentro que había tenido por la tarde. De momento, tenía que seguir clavándose en el corazón de la rubia.
Sintió entonces una excitación que hacía mucho no sentía. Muchísimo tiempo, quizá vidas. Si hubiese tenido un espejo a la mano, quizá habría visto cómo su cabello brillaba de pronto en colores plateados bordeados de tonos violeta, tan parecidos a los de la primera reina Serenity. Quizá habría notado también cómo su sombra lucía diferente junto con su manera de caminar. Habría visto cómo de pronto había adquirido el porte de un rey. Un rey tan luminoso como el Sol.
Pero sólo podía sentir la promesa de una oportunidad eones atrás negada. El peligro se olía en el aire.
Iba a ser sin duda, una noche interesante...
Si tuviera que decir la verdad, diría que lo que menos deseaba en ese momento era contestar el ruidoso aparato que tenía por celular en ese momento, aún a pesar de saber que el ringtone que sonaba indicaba que era una situación seria; era el timbre que había elegido para Luna después de todo. Y si bien era cierto que él mismo había dicho que deseaba entrenar sin descanso en su intento de alcanzar a su rubia compañera, lo cierto era que en ese momento ya había pasado el límite del cansancio.
Y sin embargo, se sabía incapaz de dejar colgada a la mujer que tanto cariño le profesaba. Así que, con toda la molestia de su cuerpo, alma, corazón y mente, tomó el celular en sus manos y deslizó peresozamente su dedo sobre la pantalla digital para contestar.
-Yaten al habla, ¿qué ocurre Luna? ¿Más entrenamiento? -musitó con deje cansado, sin molestarse en levantarse de su posición boca abajo sobre el sofá. Aún no se acostumbraba a las peleas intensas y sobre todo continuas.
-Se trata de Mina. -Declaró la voz de Luna del otro lado de la línea con tono solemne.
Pero claro, tendría que empezar a acostumbrarse a pelear una y otra vez, cuantas veces fuera necesario. Se levantó de golpe al escuchar el nombre de su compañera con ese tono aprensivo de la mujer de melena morada. Aquello prometía ser serio.
-Dime qué tengo que hacer -le dijo. Todo el cansancio y la irritación anterior habían desaparecido por completo de su persona.
Un par de minutos después, sailor Healer saltaba de techo en techo en dirección a la casa de Serena, decidida a cumplir su papel de sailor senshi.
A/N: Aaaahhh! Por favor síganme la corriente en el desastre que estoy haciendo con la mitología griega! Es mi favorita y algo me duele al retorcerla de esta manera; pero era necesario para que esta historia funcionara. A partir del sig. capítulo tendremos un poco más de acción. Y de nuevo gracias por leer este proyecto, que si bien será largo, espero que no demasiado.
Ja ne!
