Primero que nada una gran disculpa por el terrible retraso. Casi más de dos años! Pasaron muchas cosas (trabajo, bebé, casa, amigos, eventos, cumpleaños, pañales, nuevo trabajo, nuevo bebé, falta de inspiración...), demasiadas, en realidad; al grado de que cuando quise escribir, ya no tenía inspiración y nunca me ha gustado forzar las cosas, pero al final me reencontró la voluble musa y aquí está el sig, capi. De verdad espero que lo disfruten tanto como yo. =)

Disclaimer: Garden of everything pertenece a Steve Conte y Maaya sakamoto.


"Día 13: Espejo de dos caras."

La lluvia había arreciado durante las últimas horas. Aquello era normal en Londres, en especial durante el verano. Pero para aquél joven de melena plateada, en ese momento, se sentía como una verdadera tormenta; única e inigualable con ninguna otra anterior. La piel aún ardía, punzando bajo el escozor de las heridas hechas durante la pelea. La sangre manaba aún de algunas de ellas. Llevaba un rato caminando sin rumbo, simplemente alejándose del lugar en el que se había peleado. Su famosa escuela de maleantes, como le gustaba decirle.

Había dejado en total un grupo de cinco jóvenes más inconscientes sobre el pavimento del patio principal de la escuela y se había decidido a marcharse antes de que alguien más llegase a reprenderle.

Se desmoronó al llegar a uno de los jardines que rodeaban el edificio principal de su escuela, aquél que conectaba con la galería de la ciudad.

Jadeando.

Herido.

Y con el corazón hecho nudo.

La corteza del árbol estaba húmeda y rasposa, la tela mojada de la playera de su uniforme se le pegaba a la piel y en donde tenía heridas abiertas el dolor se hacía más insoportable.

Pero trató de contenerse, dejándose lavar por la lluvia.

Hasta que de pronto ésta paro.

Saito levantó el rostro confunso, parpadeando en perplejidad al notar que una sombrilla impedía el que la lluvia siguiese mojándole; pero más allá de eso, la joven que sostenía dicho artefacto en su mano.

-¿Por qué lloras?

¿Llorar? ¿Lo hacía?

Sólo entonces, se atrevió a tocarse el rostro, descubriendo que las palabras de ella eran ciertas.

Estaba llorando.

...

Volvió a mirarla y algo en su interior se quebró.

...

-Kunzite, Kunzite!

Kunzite abrió los ojos de golpe. Se había quedado dormido.

Lo recibió la imagen de sus tres hermanos, mirándolo con aprehensión, cada uno a su manera; y de pronto recordó el peso de su existencia. Aquella habitación le resultó incluso más pequeña.

Nephrite le miró enarcando una ceja, al notar algo raro en la expresión de éste.

-Es extraño verte tan holgazán.

Kunzite hizo una mueca.

-Incluso yo soy humano.

-¿Recordando tiempos mejores? -Provocó.

El platino frunció el gesto. Estaba acostumbrado a las provocaciones del moreno, pero le quedaba claro que aquél provocamiento le había salido forzado, y luego reparó en que sus otros dos hermanos, también se veían tensos.

-Ésa es una pregunta capciosa. ¿Qué sucede ahora?

El más pequeño de ellos fue el que respondió.

-Sucede que estamos listos para llevar a cabo el plan hoy

Kunzite resistió el impulso de soltar un comentario mordaz, Jadeite siempre había resultado ser el más inestable emocionalmente de los cuatro y su impaciencia iba ligada a sus emociones.

-No se ha juntado toda la energía

-No hará falta. -Le cortó, inquieto. -Esta noche él cantará para ella.

Kunzite le miró incrédulo.

-¿Lo has convencido tan pronto?

-No fue tan difícil como creí.

Los ojos del platino se abrieron en sorpresa.

-Sabías desde un principio quién era. -Declaró, entendiéndolo al fin. -¿Por qué lo retrasaste tanto?

-Por lo mismo que tú. -Nephrite respiró una risa. -No hace falta que finjas, todos sabemos que hablaste con ella.

-Bien, no sería el único. ¿No es así Neflyte? -Pero la sonrisa cayó cuando Jadeite le atacó. -¿Cómo está "Molly"?

El aludido apretó los dientes listo para atacar mientras q el rubio estaba listo a recibirle y devolver el golpe.

-Ya está bien. -Pero Kunzite tenía otros planes al respecto. -Es natural dado que todos tenemos asuntos pendientes. Pero cada uno sabe hacia dónde se inclina su lealtad. Y no tengo que cuestionarlos. -Les reprendió con la mirada. Al final se detuvo con Jadeite. -¿Estás seguro de que serán las palabras correctas?

-Es una disculpa hacia ella y una petición a que despierte. -Explicó. -Además se trata de él. Sin duda cantará.

-¿Y qué hay de Serenity?

A Jadeite se le estrujó el pecho, más su rostro no dio señas del temor que le invadía.

-Seguimos sin encontrarla.

Kunzite suspiró, demasiado cansado para notar la tensión en los hombros de su hermano o la mirada que le dedicaba su hermano Zoisite al más chico. Tras un instante de duda, se irguió dando órdenes al respecto.

-Neflyte y Jadeite, estarán allí para recibirla. -Dijo. -Zoisite, tú vendrás conmigo.

El aludido miró una última vez al mas chico de sus hermanos, habiendo sido capaz de leer la duda en el corazón del mismo. Suspiró con pesar.

-De verdad espero que no te equivoques. -Susurró por lo bajo, tan sólo para sí mismo.


Los televisores en todas partes del mundo parpadeaban dando la misma noticia desde distintos puntos de vista.

"Un nuevo ataque se presentó, esta vez en Barcelona. Aunque no se pudo observar con claridad, debido a lo intenso del ataque, muchos aseguran que las sailor senshi han vuelto a la Tierra."

La gente se arremolinaba a ver en los televisores de las calles.

"Atacaron durante la inauguración del Recorrido de Cataluña por parte de Formula 1"

Algunos, ya sabían el significado de aquello. Los tres chicos estaban viendo las noticias con el resto del grupo de producción cuando Mina llegó a la sala de ensayo.

"La gente asegura haber visto a dos sujetos usando energía similar a la del negaverso. Aunque aún no se ha confirmado nada..."

-Taiki... Seiya... Yaten... -Les habló, los tres se giraron a verla, había premura en las irises azules de su compañera. -Vengan conmigo.

Yaten fue el primero en percibir aquél cambio.

-¿Qué paso con eso de no revelar identidades antes de tiempo? -cuestionó.

Mina le miró con enfado.

-¿Quién dijo que no era tiempo ya?

Los tres hicieron como les pidió y escucharon atentos al mensaje de ella. Ajenos al resto de los demás que seguían pendientes de las noticias. Pero pronto, tras escuchar el plan que ella proponía, las quejas escalaron en respuesta, mientras las alarmas seguían desplegándose en las pantallas.

"¿Volveremos a entrar en un estado de guerra?"

-¡Estás loca?! -Gritó Yaten. -Es un suicidio lo que pretendes hacer

-Claro que no. Se llama "desviación", y lo necesitamos ahora. -Refutó.

-Lo que pretendes es ponernos al frente de las noticias, mientras tú sales a pelear sola. -Debatió el platino. Mina contuvo el impulso de rodar los ojos.

Los otros chicos permanecieron en silencio.

-No pelearé sola, lo haré con el resto de las chicas.

-¿Y por qué no están ellas aquí?

-No han despertado del todo. Hay cosas que no puedo soltarles de golpe. -Contestó elevando la voz.

Yaten iba a refutar de nuevo, pero Taiki se adelantó.

-Bien. Es posible hacerlo. -Asintió sereno. A su lado, Seiya asintió con él.

Yaten los miró aún más escandalizado.

-¿Acaso perdierpn la cabeza? -reclamó mirando a uno y a otro. -¿Cómo pueden confiar en sus amigas, que ni siquiera pueden protegerse a sí mismas? ¿O tengo que recordarles lo que sucedió el siglo pasado?

-¡Yaten! -Gruñó la rubia con los puños apretados y la mandíbula dura.

-¿No lo recuerdas? -Inquirió mordaz. -Parece que no pensaste bien esto después de todo. Aunque era de esperarse que no nos tuvieras la misma consideración a nosotros.

-Trato de hacer lo mejor. Que es más de lo que tú haces.

-Suficiente. -Interrumpió Taiki entonces, aquella discusión no iba a llevarlos a ninguna parte. -Haremos esta distracción porque es un plan seguro. -Recalcó, dedicando una mirada intencionada al platino. -Principalmente para Serena.

Yaten se sobresaltó al escuchar aquello, y Seiya miró con aprehensión al castaño; quien sólo sacudió los hombros restando importancia. -No tiene caso seguir fingiendo que no lo sabemos. -Recalcó.

Seiya inspiró con pesadez antes de volver a hablar.

-De acuerdo. El cierre de este evento, también es el cierre de este grupo con la brillante Mina Aino.

La aludida intentó con todas sus fuerzas el que aquella declaración no le rompiera el corazón por completo.

"Era lo mejor" Se repitió una y otra vez, incluso si aquellas palabras le sonaban huecas.


Pronto las noticias cambiaron...

"Es sorprendente el gran avance que han tenido estos chicos."

La presentación del grupo había resultado en la perfecta distracción que representaba el reciente ataque del reconstruido Negaverso. Pronto las noticias que cubrían a las sailor senshi iban disminuyendo y más aún cuando el festival de fórmula 1 comenzó y siguió hasta llegar a su final.

Durante aquellas semanas, el video Sailing Free había salido al aire como el intro del torneo de carreras y se había convertido en un hit al instante. El grupo se había presentado además en varias plazas comerciales dando pequeños espectáculos sorpresa.

"Haruka Tenou ha conseguido obtener el segundo puesto en la carrera de Cataluña y su pase para la carrera en Nueva York."

Era el último día tras dos semanas de competiciones. La premiación se había llevado a cabo el día anterior y esa noche sería el cierre del torneo.

"Poco se sabe del incidente en el gran salón. Los expertos creen que se trata del regreso de las senshi..-"

Serena apagó la televisión.

Ya eran contados con los dedos de las manos, los noticieros que aún hacían eco de lo ocurrido hacía ya dos semanas. Desde su reencuentro con Tuxido Mask, había estado portando una máscara que la dejaba exhausta la mayor parte del día. Pero era un peso que debía de cargar. Se masajeó las sienes en un intento de reducir el dolor de cabeza.

No todo había sido una mentira, se recordó. Había estado extasiada con las victorias de su hermano y se había regocijado en las presentaciones de Mina, Yaten, Taiki y Seiya. Pero el corazón le dolía cuando se concentraba en éste último.

No había podido decirle la verdad. Sin importar lo mucho que había intentado. No quería traicionarle, y realmente no sabía si podía decir que eso estaba haciendo. Pero no tenía el valor de hablar de un pasado que ambos habían acordado ignorar. Y entonces, cada vez que lo pensaba, se daba cuenta de que se le estaba acabando el tiempo.

Seguía comportándose como una niña. Se mofó de sí misma, incluso su anterior versión había tenido más resolución, se dijo.

-Serena.

El corazón se le detuvo un instante, reconociendo aquella voz.

-¿Qué haces aquí? -cuestionó sin emoción en su voz y negándose a mirar de frente al recién llegado.

Por detrás de ella, Darien bufó con molestia.

-Haz negado todos mis intentos por hablar contigo, no me dejaste otra opción que colarme de esta manera -declaró, dejándose entrar por completo en la habitación, pero negándose a cerrar la ventana por la que había entrado.

Ella maldijo, el que aquella posada sólo tuviera una planta.

-Podría hacer que te arrestaran por esto -contestó todavía monótona.

Él inspiró con fuerza y caminó hasta ella, jalando la silla frente a la misma y sentándose en ésta. Pero aún así Serena no le miró, mantuvo la vista fija en sus manos enlazadas sobre su regazo.

-No lo harías. -Respondió tras un instante de silencio. -De otro modo Seiya estaría aquí o habría redoblado la seguridad a tu alrededor para evitar el que me acercara a tí -Serena frunció el gesto al oír aquello, sus manos cerrándose en puños -O mejor aún -continuó con sorna -te llevaría a todo lugar al que fuera y no despegaría la vista de ti ni un segundo, ni siquiera para ir al baño -bufó.

Ella al fin le miró molesta, sus ojos relucían como el hielo. Darien sonrió con sorna.

-Bien, al menos conseguí tu atención.

Ella sólo se limitó a seguir mirándole con algo parecido al odio y Darien hizo su mejor esfuerzo por contener el escalofrío que le recorrió la espalda. Su semblante se suavizó de pronto.

-Usako, no soy el enemigo.

Serena inspiró con fuerza y su respiración se tornó laboriosa a partir de ahí; odiaba el que él la llamara de aquella forma tan íntima, con un nombre que ya no era el suyo. Pero aún así no respondió. Darien titubeó sólo un segundo.

-Mira, sé porqué crees que es mejor estar lejos de mí y tomar esta postura tan defensiva. Pero sé que estás consciente que no debes hacerlo -suspiró verdaderamente cansado, la mirada de ella bien podría ya haberlo matado -Sabes que hemos renacido bajo un propósito, siempre es bajo un propósito -se quejó, riendo a la vez de dicha ironía -pero esta pelea es demasiado grande como para que decidas hacerte a un lado sólo porque sí. -Gruñó.

Y Serena sintió la fuerza de aquél regaño, los labios le temblaron pero los mantuvo juntos, conteniendo la emoción que le borboteaba desde el pecho.

Hacía dos semanas, cuando se habían encontrado bajo aquél cielo estrellado, había estado tan segura de que podían ser amigos y aquella idea se había hecho pedazos cuando él se había revelado delante de ella al sujetarle la mano en un intento por evitar el que se fuera. La voz de Seiya a la distancia había quebrado aquella esfera y había sido el valor suficiente para zafarse del agarre de él y abofetearle el rostro, consiguiendo el dejarlo tan sobrecogido como para poder reaccionar a tiempo de volver a alcanzarla. Ella había salido corriendo de vuelta a la salida y no se había detenido sino hasta que había chocado con el mismo Seiya, escondiéndose en los brazos del mismo.

Los días siguientes había hecho de todo con tal de no volver a cruzarse con Darien, incluso si tenía que pasar de su propio hermano Haruka en un momento que él quería compartir con ella. Para su suerte Haruka había entendido y no la había presionado. Seiya había sido diferente al principio, pero Serena había sido lo suficientemente lista para convencerlo de que sus inseguridades tenían más que ver por su propio poder que por uno ajeno.

Y sin embargo, ahora, no podía negar lo que Darien le estaba exigiendo...

-Tienes que asumir tu papel. -Sostuvo y sus palabras pronto se volvieron desesperadas -Sé que entiendes a lo que me refiero. El mundo como lo conocemos podría desvanecerse y miles de resplandores con él si no hacemos algo al respecto. Hay cuatro bandos Serena -elevó la voz, reflejando cuánto le inquietaba aquello -y cada uno cree que su camino es el correcto. No hay un líder y temo que cuando haya uno...

-No voy a dejarlo.

Darien se detuvo a mirarla tomado por sorpresa. Por fin Serena había hablado, pero la seguridad con la que había dicho aquello y lo sostenía al tiempo lo descolocaba de tal manera, que por un instante sintió que el suelo se desvanecía bajo sus pies. El moreno pasó saliva con dificultad sin despegar la vista de la rubia. El odio se había desvanecido y en su lugar había una dolorosa plegaria.

-No puedes hacerlo -contestó al fin encontrando la voz.

Serena frunció el gesto.

-Sí que puedo. Todo esto sucedió precisamente porque me separé de él. No voy a separarme de él ahora.

-¡No puedes ser tan egoísta! Si no tomas partido, miles de vidas se perderán en la batalla.

-No es mi batalla -repuso con igual fuerza.

Ambos se miraron el uno al otro, ninguno negándose a ceder ante el otro. El cuerpo de Darien temblaba de ira. Jamás había conocido a una Serenity tan necia. O quizá nunca la había conocido de verdad, se recordó que el recuerdo que tenía era apenas un resquicio de la mujer que pudo haber sido.

-Y ahora vete de aquí, antes de que llame a seguridad y te acuse de intentar hacerme una atrocidad.

La desconocía, se dio cuenta al fin.

-No será la última vez que nos veamos -advirtió él, poniéndose de pie, decidiéndose esta vez a salir por la puerta en vez de la ventana. Serena no se molestó en mirarlo. -Y lo digo enserio. -repusó en un último intento -El Seiya que murió entonces lo hizo por una razón. Si permaneces con el Seiya de ahora, no dejarás que sea libre. Y tienes, que dejarle libre, te guste o no.

Cuando la puerta se cerró al fin, la postura rígida de Serena se desvaneció y se dejó caer sobre la mesa, escondiendo el rostro entre los brazos. Mientras más pronto pudiera regresar a Londres, mejor. Haruka, Mina y Seiya tendrían que perdonarla por decidir abandonarlos; especialmente si la excusa que les daría sería el querer regresar a la escuela (algo muy poco probable en su caso).

Se levantó entonces y desesperada levantó la bocina del teléfono de aquella habitación, marcando de memoria un número. Tras dos tonos la línea conectó.

-Seiya -sollozó, perdiendo la voz tras decir su nombre.

Y supo que el chico ya corría hacia ella.


Mina se dejó caer con fuerza sobre el sillón de la oficina de Artemis, dejando escapar un largo suspiro. El platino, Luna y Amy ya estaban ahí cuando llegó, enfrascados aparentemente en una conversación. El hombre tenía el ceño fruncido notó Mina, admirando la tensión también de sus hombros.

-Necesitamos organizarnos, esto es un caos. -Declaró, dejando caer todo su peso en la silla reclinable.

Mina enarcó una ceja con burla. Ella misma le había advertido que no podía seguir haciendo todo bajo tanto secretismo, pero no había querido hacerle caso. Ahora todo lo estaban haciendo de forma acelerada.

-¿Y al fin lo admites?

Artemis le devolvió la mirada, listo para discutir, cuando Luna los interrumpió.

-Basta ustedes dos, no tiene caso empezar una discusión.

Ahora ambos parecían querer reprocharle a la mujer, pero la puerta se abrió entonces de golpe. Rei apareció tras ésta y cerró la puerta casi al instante después de haber entrado.

-Perdón por llegar tarde, me encontré con mi papá y eso hizo que me demorara más de la cuenta. -Se excusó, sentándose en un banco cercano al escritorio de Artemis y quedando en medio de éste y el resto de las chicas. Luna seguía de pie al lado de su compañero.

-Está bien, Lita aún no ha regresado.

Rei parpadeó ligeramente confundida, Lita desaparecía mucho últimamente.

-¿Sigue con Andrew? -inquirió, deseosa de equivocarse.

Mina suspiró.

-Me temo que sí, mi hermano es un dolor en el trasero.

-¡Mina! -le reprochó Luna, algo escandalizada.

La rubia sólo atinó a cruzar los brazos y asentir varias veces con la cabeza.

-Tienes razón, no es su culpa si no lo sabe.

Tanto Artemis como Rei y Luna rodaron los ojos.

-¿Esperamos hasta que llegue?

-No, puedes decirle después tú, Amy. -Mina se enderezó. -Vayamos a lo importante, ¿qué información tienen?

Las miradas se enseriaron entonces. Artemis las había mandado a recolectar información tras el incidente durante la apertura del evento. Aquella noche habían logrado derrotar a todos los youmas que habían sido liberados, pero habían sido demasiados para el gusto de Artemis, que había concluido que al igual que ellos, el enemigo contaba con poco tiempo.

-Son cuatro bandos, como lo sospechabas -Informó la peliazul.

Rei prosiguió después de ella,

-Por un lado estamos nosotras, con el apoyo de los renacidos de la luna oscura. Por otro lado el Shitennou con su ridículo plan de revivir el Negaverso. -Se quejó. Llevaba días sin poder hablar con Kaido y no tenía el valor para buscarlo ella y si su suposición era cierta, el mismo muchacho estaba tan aterrado como ella misma. Y en cierta forma la distancia era necesaria.

-Llegamos a la conclusión de que tiene que ser por Beryl -continuó Amy.

Luna negó con la cabeza, sin comprender realmente aquello.

-Es muy arriesgado como para que sea sólo por ella.

Fue Artemis quien respondió.

-Beryl era de alta cuna, si planean reestructurar Ilusión en la superficie de la Tierra, es la perfecta heredera al trono. -Explicó, consciente de lo que implicaba aquél movimiento. -Pero Beryl murió con la energía del Negaverso dentro de su cuerpo, para recuperar su alma deben vencer a ese mal primero.

-El detalle es que no es un mal en sí, al menos ya no. -Dijo Amy.

Mina asintió considerando todas las posibles resoluciones a un acto tan temerario como aquél, por no decir estúpido. Al final, decidió que sin más variables aquello sólo le daría un inútil dolor de cabeza.

-¿Y los otros dos bandos?

Amy desplegó la información en la pantalla de su mini lap, y se la pasó a Luna. Mina se inclinó para ver la información, igual que Artemis.

-Uno es guiado por la gente lunar. Es un grupo pequeño pero influyente, no sabemos quién es su líder, sólo que se hace llamar Aeris. Su propósito es regresar a la Luna, reinstalar el Milenio de Plata.

Artemis suspiró.

-Era de esperarse, miles de almas que no han podido recuperar su esencia deben de sentirse tan atrapados como nosotros en nuestra forma gatuna. Me imagino que buscan a Serenity -inquirió.

-Sí. Y mucho me temo que pretenden controlarla en vez de apoyarla como tal. -Declaró Rei, aquello lo había averiguado por su padre.

Ella no había estado presente durante el último ataque del shintennou, se había ido a buscar sus propias respuestas y Yaten había estado con ella, aunque eso era un secreto entre ambos.

-El último grupo... -Amy titubeó con las palabras. -No estamos seguras. No parece ser un grupo como tal, sino más bien una sola persona. Pero al mismo tiempo no tiene sentido. -Gruñó.

Y aquello era tan impropio de ella, que Mina sintió un escalofrío.

Le dedicó una mirada a Artemis, su eterno consejero.

-¿Quién crees que pueda ser?

El aludido se quedó en silencio un instante, leyendo y analizando la información que Amy había reunido. Había algo extraño en la manera en la que dicha energía se había hecho notar en los constantes ataques por parte del Shitennou; a veces apoyaba al mismo en su empresa de juntar energía y en otras ocasiones se oponía a dicha empresa. Parecía como si estuviese jugando un juego de azar, pero el hombre sabía que no era así. Durante el Milenio de Plata, sólo había habido una persona que actuaba de aquella manera tan selectiva además del mismo Apolo.

-Me parece que los guardianes están volviendo a levantarse y de ser así...

-Los Titanes con ellos... -Luna completó por él, y todos compartieron los escalofríos que siguieron a aquella declaración.

Rei miró a Luna. La mujer le devolvió la mirada y hubo un intercambio de información a través de aquél gesto. Luego concentró su mirada en Mina.

-Debemos encontrar a Serenity antes que el shitennou y la gente lunar.

La rubia entendía la amenaza que envolvía las palabras de Rei, pero se negó a inclinarse ante algo que obviamente era un reclamo.

-Eso ya lo tengo cubierto, no debes preocuparte por eso -contestó, ignorando la expresión molesta que le dedicó su compañera. Se puso de pie entonces. -Ocúpate de mantener a raya al shitennou junto con Lita. Amy, tú trabaja junto con Luna para ubicar a cada miembro de la gente lunar, debemos mantenerlos monitoreados también -La aludida asintió. -Artemis, ocúpate de los Three Lights. Debe de haber una manera en la que podamos separar sus almas.

-Ya estoy trabajando en eso -fue la respuesta que dio.

-¿Qué harás tú Mina?

La rubia suspiró, pasando por alto la irritación en la voz de Rei.

-Voy a reunir a las outer senshis, empezando por Michiru. -Declaró, dedicándole una mirada que dejó helada a la morena, justo antes de abandonar la sala.

Rei se mordió la lengua. "¡Por supuesto que Mina lo sabía!", se reprochó.

Ella era la única que recordaba todo.

Amy se levantó excusandose y abandonando el lugar junto con Luna, Artemis se puso de pie y les siguió de cerca. Rei fue la última en abandonar la sala.

Seguía pensando en Jadeite.


Andrew la besó jalándola por el cuello, mientras Lita bajaba las caderas sobre él hasta sentir su miembro enterrarse por completo en ella.

Si se lo hubieran planteado antes, le habría costado imaginar que perdería la virginidad a sus 16 años. Pero dadas las circunstancias no podía esperarse que fuese de otra manera. Andrew después de todo era seis años más grande que ella; sin mencionar que la lejanía de casa y de la supervisión de sus padres le daban puntos extras en el asunto.

Las embestidas fueron aumentando el ritmo, hasta llegar al punto culminante del acto. Tanto Lita como Andrew, terminaron jadeantes, abrazados al uno al otro.

-¿Estás bien? -cuestionó él, todavía sonriendo como un tonto.

Lita sólo pudo asentir, con el cuerpo todavía tembloroso. Andrew le besó la frente. Y el silencio los envolvió entonces. Por instantes todo era bliss. Lita estaba contenta de que por fin Andrew se hubiese revelado delante de ella. Aquella tarde era la última del descanso del rubio, volvería a su trabajo de director ejecutivo y regresaría a América; sin saber cuándo volverían a verse, aquella cita probablemente sería la última. O eso había pensado la castaña.

Pero cuando Andrew pasó por ella a la habitación que compartía con las chicas, le pidió que se fueran a la habitación de él, tenía algo que confesarle. Decir que estaba nerviosa era poco. Y tan pronto llegaron a la habitación el muchacho le confesó que la recordaba de otra vida y que la promesa que le había hecho seguía en pie. A ella las lágrimas se le escaparon y el resto ya era algo confuso... Pero tras instantes de intercambiar secretos y anécdotas de vidas pasadas, se encontró enredada con el cuerpo de él entre las sábanas de la cama.

Tras pensar en eso, Lita recordó dónde se suponía que debía estar a esa hora.

-Oh no, Mina va a matarme -se quejó, llevándose una mano a la frente pero permaneciendo en la cama con él.

-¿Tenían planes?

-Algo así -contestó dispersa, reprochándose al instante después. Habían prometido que no habría más secretos y sin embargo, había algo en la mirada del chico que no le permitía revelar todo lo que envolvía a sus compañeras. -Era mero entrenamiento.

Andrew sonrió comprensivo. Entendía la situación de su hermana.

-Lita debo confesarte algo más.

Los dos se sentaron hasta adoptar una postura más cómoda. A Lita todavía le temblaban las piernas, pero ya tenía el pulso calmado. Esperó a que él hablara. Andrew parecía estar intentando encontrar las palabras adecuadas, pero la preocupación se reflejaba tan clara en su rostro, que Lita comenzó a dudar de que aquello fuera algo bueno.

Al final el muchacho cerró los ojos, respirando profundamente antes de volver a mirarla.

-Lita, sé que has estado investigando con Amy sobre los grupos involucrados en esta batalla -comenzó, ella asintió con la cabeza. -Pero lo que no sabes es que yo ya pertenezco a uno de esos grupos -Lita apretó los puños sobre el agarre de las sábanas, dentro de sí misma ya había resuelto lo que él quería decirle.

-No estás en el mío -le interrumpió tajante.

Él se atropelló con las palabras, quizá debió terminar de contarle todo antes de acostarse con ella, se reprochó; pero ya era tarde para corregir aquello.

-No soy tu enemigo -soltó de pronto, sonando demasiado desesperado para su gusto.

Lita sonrió con gesto amargo.

-No -asintió, -no lo eres -dijo, y él no pudo estar seguro de si lo decía en serio o de si era mero sarcasmo.

-Lita -trató de acercarse, consiguiendo tomarla de las manos -créeme que lo que menos quiero es tener que enfrentarme contigo, y no voy a hacerlo si puedo evitarlo.

Ella rodó los ojos irritada.

-¿Y qué? ¿Piensas jalarme a tu grupo? -cuestionó irónica.

Cuando el chico no contestó y la miró con gesto contrito, Lita abrió los ojos escandalizada y se zafó al instante del contacto del muchacho.

-Oh por Zeus, piensas hacerlo.

La chica se levantó casi de golpe y comenzó a buscar las prendas que constituían su atuendo y comenzó a vestirse en el acto. Andrew se levantó al instante, siguiéndola, con la sábana rodeandole la cintura.

-Lita, no es que pretenda ponerte en contra de tus amigas, recuerda que mi hermana está en ese grupo.

-¿Y qué quieres entonces? -refutó molesta, colocándose el brassiere -¿Es que crees que no sé lo que tu grupo pretende? ¡Quieren manipular a Serenity!

-No es así -refutó, intentando no subir la voz -Estamos haciendo lo que es mejor para ella y para el Reino.

-Un Reino que ha estado desierto por milenios -le recordó ella -Si quieren regresar a la Luna, pueden hacerlo sin tener que obligar a Serenity a hacer nada. La Reina Rini dejó el camino trazado.

Andrew inspiró con fuerza, intentando contener la rabia que sentía de repente.

-Si fuera así, ¿no crees que ya estaríamos allá?

Lita se quedó en silencio, sin saber cómo responder ante esa pregunta. Ella misma se lo había preguntado muchas veces, ¿por qué renacían siempre en la Tierra? La primera vez, había creído justificada la acción dado el enfrentamiento con el Negaverso; pero una vez el Reino se reinstauró, ¿por qué permanecieron allí? ¿Y no había sido esa la razón por la que el caos se había liberado al final durante el reinado del siglo XXX?

-Sólo te pido que lo consideres Lita -prosiguió él, con la súplica escrita en sus ojos azules, tan parecidos a los de Mina -podemos reducir los bandos a dos si comenzamos a trabajar juntos por el bien común.

La mirada esmeralda de la joven se ensombreció al escuchar aquello, una vez más se alejó del toque de él.

-Lo que me pides es traicionar a mis amigas -refutó -y jamás serás alguien a quien le jure lealtad.

Se dio la vuelta para abandonar la sala, pero las siguientes palabras de Andrew la detuvieron un instante.

-El poder de Mina se está desvaneciendo.

Ella no se giró a mirarlo de nuevo. El corazón le latía con pesadez en el pecho y el aire se había vuelto demasiado denso.

-Sólo me interesa acabar esto lo antes posible, para asegurar el bienestar de mi hermana.

Lita se mordió el labio, antes de decidir dejarle una última respuesta a su declaración.

-Mina no necesita que la cuiden -respondió -si realmente fuera su hermano, lo sabrías. Sabrías que ella tiene un plan para terminar con todo esto antes de que sea demasiado tarde para cualquiera de nosotros.

-No puedes asegurarlo.

-¡Sí que puedo! -gritó furiosa, consiguiendo callarlo en el acto pero negándose a verle de frente. -Estás subestimando el amor que Venus le ha tenido desde siempre a Serenity. Venus no se desvanecerá mientras su princesa la necesite. -Andrew apretó los puños, el resto de su cuerpo tenso, había una gran verdad en las palabras de Lita -Y si éste era tu gran plan... -continuó, haciendo referencia a la promesa de su vida pasada. -Me decepcionas.

Abandonó la habitación justo entonces, con el corazón latiendo desbocado y la cabeza ligera; debía hablar con las chicas de inmediato. Ahora ya no tenía dudas, Rei había estado en lo cierto, Mina sabía quién era Serenity. Y por alguna absurda y egoísta razón la estaba escondiendo de sus propias guardianas. Aquello necesitaba corregirse y pronto.

...

Andrew suspiró una vez la puerta se cerró detrás de Lita. La había cagado y en grande. Tomó el celular de la cómoda y empezó a escribir un mensaje a Molly, acto seguido se vistió y salió de la habitación hecho una fiera.

Esa noche era Luna nueva. Y Aeris les había advertido del peligro que les acechaba bajo aquella luz lunar. Suspiró con cansancio.

Si tan sólo Lita hubiese sido más flexible, se lamentó.


La lluvia había arreciado durante las horas siguientes. El constante clap, clap del agua sobre las ventanas fue lo primero que registraron sus sentidos. Todo el cuerpo le dolía, principalmente los nudillos de su mano derecha. Aquél dolor le recordó que había sido partícipe de otra pelea estudiantil.

Saito abrió los ojos y se descubrió tendido sobre una cama bastante mullida y un techo lleno de pegatinas de estrellas.

-¿Dónde estoy?

-Estás a salvo, es todo lo que necesitas saber.

Sobresaltado por la voz femenina, intentó levantarse de la cama, mas unas manos lo detuvieron en el acto.

-No te muevas, algunas de tus heridas podrían abrirse otra vez.

Su rostro quedó visible entonces, era apenas una niña, probablemente no más de doce o trece años. Tenía una melena lacia, corta y rubia. Sus ojos eran de un azul pálido, tan poco comunes que podría quedarse mirándolos por horas sin cansarse de ellos. La chica le sonrió.

-Nadie vendrá hasta entrada la noche, así que no habrá problema si te quedas aquí, Kunzite.

-¡Ah!

Kunzite abrió los ojos de golpe. Otra vez se había quedado dormido. Zoisite estaba de pie en medio de aquella guarida, una esfera de luz flotaba entre sus manos, era la energía que habían reunido durante los últimos días. La energía de la gente lunar.

-Espero que hayas descansado -le dijo su hermano, sin despegar la vista de la esfera.

-¿Cuánto tiempo dormí?

-No lo sé con certeza, estaba haciendo mi trabajo -contestó a modo de reproche, incluso si Kunzite sabía que era todo menos eso.

-¿Qué hay de Jadeite y Nephrite?

-Estarán aquí dentro de unas horas más. ¿Crees estar listo para entonces?

El platino no contestó, su mirada se clavó en la esfera de luz, pero su mente se perdió en el recuerdo de aquella chiquilla que le había salvado la vida hacía ya dos años. Finalmente se puso de pie y se acercó hasta su hermano, colocó las manos sobre la esfera y éste centelleó antes de contraerse en algo parecido a una bola de billar. Ésta dejó de flotar y cayó sobre las manos del rubio. Kunzite suspiró.

-Debiste pedirme que te ayudara desde el comienzo.

Su hermano dejó escapar una risilla.

-Me gustaría haberlo hecho, pero estabas demasiado cansado. -Declaró, Kunzite se alejó al instante -¿vas a decirme qué es lo que ocurre?

-Quizá si conseguimos despertar a Beryl, lo haré.

Pero aquello era una mentira, se dio cuenta Zoisite. La energía de su hermano se desvanecía por intérvalos de dos horas cada cuatro. No estaba seguro de porqué, pero tenía la sospecha de que tenía relación con la líder de las senshi. Aunque de momento no tenía modo de probarlo.

-Vayamos a la superficie -le habló Kunzite, con el semblante elevado -los descendientes de la luna oscura abrirán el portal a Ilusión, debemos aprovechar la energía para liberar el sello de las estrellas, no haremos más ataques, pero necesitamos una distracción.

-Descuida -respondió Zoisite con soltura -Hermes nos hará este pequeño favor.

Kunzite le miró perplejo.

-¿Cómo has logrado convencerlo? ¿En qué momento te contactaste con él?

-Éramos compañeros de escuela antes de despertar -respondió sin más -durante todos los veranos tuvimos conexión a través de nuestras respectivas escuelas. No eres el único que tenía una vida antes de que todo esto volviese a empezar hermano.

-No pretendía insultarte.

-No importa. Sólo no vuelvas a cuestionarme. Soy el único aquí que no guarda secretos.

Aquello había sido una bofetada con guante blanco. Y Kunzite no pudo por más que guardar silencio. Si todo salía bien, dejaría de acumular secretos, se dijo.


Serena había decidido pasear por las áreas de la casona en la que el grupo descansaba. La locación estaba pensada para el video de su siguiente sencillo, Singing in the rain, en la que Serena estaría nuevamente incluida tocando el piano. La mansión española estaba cubierta de enredaderas y el patio principal casi parecía un jardín con todas esas plantas brotando entre los bloques de piedra.

Tres horas atrás había discutido con Seiya.

"¿Cuánto tiempo llevas viéndolo?"

Serena apretó los ojos, intentando alejar la voz cargada de molestia en el pelinegro, pero sin éxito.

"¡Por qué sigues desconfiando de mí?"

La rubia había decidido que no podría mantenerse lejos de Darien ella sola y que ni siquiera Mina tendría el tiempo de ayudarla bajo esa situación. Además de que no quería tener que seguir escondiendo detalles de Seiya. Pero como lo había supuesto, el muchacho no reaccionó bien ante la confesión. Al final, había "arreglado" a medias las cosas, pero para Serena era evidente que Seiya seguía molesto, más aún cuando fue evidente el que la estaba evitando, por decir ignorando.

Serena agradeció el que los llamaran para grabar. Y aún más el pequeño receso que se les otorgaba mientras preparaban las primeras áreas de grabación. Se internó en la casona y comenzó a andar rumbo al patio principal, ése que parecía más un invernadero que un área de juegos. Y tan pronto entró sus oídos percibieron las notas de un pequeño órgano.

"¿Quién estará aquí?", pensó para sí, continuando en la dirección en la que provenía dicha melodía.

Era lenta y hasta cierto punto triste. Conforme avanzó, fue capaz de percibir la silueta de un muchacho sentado al banquillo, con las manos ocupadas haciendo sonar acordes. A escasos metros de distancia, Serena no tuvo ya la menor duda de quién se trataba, mucho más al momento en el que el muchacho comenzó a cantar.

La voz de Taiki inundó el recinto. Serena estaba por detrás de él. Cerró los ojos, conocía esa canción, era su canción.

-Here you are... Daylight Star... Made out of miracles; Perfection, of your own... You alone...Oh so incredible; Each atom, sings to me...Set me free; From chains of the physical... Oh free me... Oh free me

Y al instante justo en que ella recordó aquella letra, comenzó a cantar tomando por sorpresa al castaño; que por un segundo dejó de tocar hasta reconocerla y presuroso volvió a su labor de tocar la melodía.

-The mirror melts... Somewhere else... Inside eternity...Where you, on outstretched wings, Sing within... The garden of everything

El muchacho sonrió y al instante siguiente su voz se sumó a la de su compañera.

-Where memories call to me... Backward dreams Or phantom reality... Call to me...Call to me

Y la música cedió. Serena avanzó hasta quedar de pie a un lado del chico y le miró sonriendo. Taiki hizo lo mismo.

-No pensé que recordaras la letra -le dijo.

Serena elevó los hombros con gesto despreocupado, sus manos agarradas por detrás de su espalda.

-¿Qué puedo decir? Fue la primera canción que compusimos a dúo tú y yo. Y me gusta mucho.

Taiki bajó la mirada, apretando los labios todavía con las comisuras elevadas en una sonrisa; parecía estar sopesando algo.

-¿Qué? -Serena se rió, al notar el nerviosismo del chico, puso las manos en jarras -lo que sea que tengas que decir, suéltalo de una vez Taiki -le exigió, sin dejar de sonreír.

El muchacho se rió antes de contestar.

-Esta noche es el cierre del evento de Fórmula 1, Michiru nos acompañará con su violín en la primera canción, pero Mina ha decidido a última hora que no cantará.

Serena frunció el gesto.

-No me había dicho nada, ¿pasó algo?

-No -negó con la cabeza -es parte de su plan de salir del escenario.

Serena asintió, aquello tenía sentido.

-Ya veo, entonces, el problema es...

-Estaba pensando, ¿te gustaría que cantáramos esta canción como cierre?

La rubia se sobresaltó.

-Taiki yo no canto en el grupo.

-Todos lo hacemos -refutó él al instante y le tomó las manos para atraer de vuelta su atención justo antes de que ella comenzara a reprochar nada -y dado que últimamente no has participado de forma activa ésta sería una buena manera de que la gente te acepte de inmediato y sin complicaciones.

Serena le miraba negando con la cabeza, mordiéndose el labio inferior en medio de una sonrisa chueca.

-No tienes vergüenza -se quejó, con la risa reverberando en sus palabras.

-¿Quién de nuestro grupo la tiene? -Serena puso los ojos en blanco pero tuvo que admitir que aquello era cierto -piénsalo bien, siempre quisiste que ésta canción fuera escuchada en todo el mundo.

La rubia lo sopesó cosa de segundos, la mirada suplicante del castaño y su constante sonrisa acabaron por convencerla.

-De acuerdo.

-Sí!

-Pero -le detuvo y él se calló en el acto -sólo quiero el piano.

-No esperaba más -dijo él complacido. Se recorrió en el banquillo para hacerle espacio y ella se sentó. -¿Te parece si empezamos desde ahora a ensayar? Quedan pocas horas para el evento.

-Por favor -contestó ella sonriendo.

Y al instante siguiente, los dos tocaron la melodía a cuatro manos.


So here we are lovers of lost dimensions

Rini había permanecido sumida dentro de un sueño. Cada noventa años transcurridos, su espíritu debía dormirse para fusionarse con el Reino de Ilusión y permitir el que los sueños de las estrellas entraran en el mismo, evitando así el que la magia se perdiera. No debería de tener que ser así, pero su transformación había quedado incompleta desde el siglo XXX y su entrada en Ilusión no había sido muy bien recibida; su propio hijo tenía problemas para mantener la forma de Pegaso y Elliot estaba ocupado tejiendo los sueños, que ella terminaba agotada.

Estaba en medio de dicho sueño, cuando la melodía de la heredera de la Luna alcanzó la superficie de su recinto.

Itsuka hi no kaze ni noote haruka tooi

hayaka no koto e

Itsuku sora hitotsu michimono hi Wataateyukeyu

hanateta koto e

Las voces estaban distorsionadas por la distancia, y a penas podía darles sentido. Pero recordaba su antigua lengua y el llamado que reverberaba dentro de ésta. Sus párpados se presionaron levemente una y otra vez, el sueño estaba comenzando a abandonarla incluso si aún no era tiempo.

Oh free me

Oh free me

Y todo se debía a aquél tono, a aquella voz dulce cargada de fuerte poder cósmico. Dicha energía estaba alimentando a Ilusión permitiéndole el que sus propias fuerzas regresaran, pronto los dedos de sus manos comenzaron a reaccionar.

Come with me

Come with me

Come with me

Pero aún no era suficiente. Su mente estaba peleando por salir de aquél limbo entre dormido y despierto, mas sus párpados no se abrían. Todavía no era tiempo. Rini comenzó a sentirse desesperada, hasta que poco a poco la voz se perdió.

Sing softly

La reina de Ilusión abrió la boca y dejó salir un suspiro. La luna estaría en su punto máximo aquella noche y la magia ya se sentía en el ambiente. Su cuerpo volvió a relajarse, consciente al fin de que había llegado la hora de volver a la superficie de la Tierra.


A/N: De nuevo me disculpo por la demora.