Capítulo 3: Y las Rosas son caprichosas

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Silencio, silencio por parte de todos. Ninguno de los empleados de la mansión supo que responder ante ese saludo tan educado por parte del joven de mirada azulina.

Ciel ya lo veía venir, no obtendría respuesta se sintió tan decepcionado, por primera vez en lo que llevaba de esclavo o sirviente como quisieran llamarlo, se sintió realmente poca cosa, no merecer ni una respuesta. Pero de sentir a expresar había mucha diferencia por lo que mantuvo aquella pose arrogante que le caracterizaba y dirigió su mirada a Sebastian esperando a que le dijera algo, lo que fuera.

Phantomhive jejejeje – Sebastian rompió a reír – presentándote con tanta altanería, parece que aún no te ha quedado claro que no eres más que un insignificante esclavo aquí. Marie!

Si señor- se acercó la criada tratando de evitar mirar al chico y concentrándose únicamente en el pelinegro.

Llévalo al jardín para que cambie las gardenias por las rosas que llegaron ayer, no le des guantes trabajara sin ellos como castigo por hablar – menciono con molestia.

Pero señor el jardín es tan grande – protesto sin cuidado ya que el señor Michaelis siempre les permitía a todos dar su opinión sin molestarse.

Mejor que lo sea, así estará ocupado el resto de la tarde, solo te pido que le muestres como hacerlo y luego te encargues de vigilar que termine correctamente, si se tarda puedes cambiar de lugar con Valery para descansar e ir a comer – Respondió con amabilidad y una dulce sonrisa dirigida a la sirvienta que asistió en respuesta.

Me iré a dormir – anuncio- No quiero que le hablen más de lo necesario, no le den de comer ni beber hasta que termine el trabajo – Ordeno y se retiró sin más; Tanaka lo siguió contrariado.

Los demás sirvientes se quedaron un instante contemplándolo con tristeza, se veía tan pequeño y frágil pero aun así el Señor Sebastian lo trataba con ingratitud y aversión, era como si lo odiara profundamente.

Ven conmigo – dijo Marie para romper con ese pesado ambiente recién formado.

Ciel hizo lo que pedía y la siguió a paso lento, ya estaba acostumbrado a no comer y a trabajar hasta la madrugada.

Esto debe hacerse de este modo – comenzó a explicarle mientras ella misma enterraba los dedos en la tierra húmeda para extraer un puñado de gardenias del suelo y luego proseguir a tomar las rosas con más delicadeza y colocarlas en el espacio vacío. Las rosas son un poco diferente de las demás flores, ellas son bastante caprichosas sabes?- le comento y Ciel no pudo evitar voltearla a ver.-

¿Caprichosas?- pregunto dubitativo.

Si, son plantas que necesitan que les des un espacio considerable para que crezcan, por lo que no debes dejarlas muy juntas de las otras, si mezclas las raíces esta consumirá los nutrientes de la otra y se debilitara – Ciel asintió – No necesitan de mucha agua pero no debes olvidar el riego. También el sol le es muy importante porque parecen estar enamoradas del astro y lo necesitan muchísimo- aseguro la muchacha.

OK, ya entiendo porque son caprichosas –

Trátalas con cuidado y veras que te harán muy feliz – comento y se levantó para dejarlo proseguir.

Muchas gracias Señorita Marie – realmente estaba agradecido por la forma en que se dedicó a enseñarle sin regalarle ningún insulto.

En la lujosa habitación del duque Michaelis se llevaba a cabo una pequeña discusión entre amo y mayordomo.

Señor Sebastian, es solo un joven, nunca pensé que el hijo de esa familia realmente fuera un niño no puede estar haciendo algo tan cruel- lo critico el mayor.

¿Un niño? Si como no, eso no es ningún niño es…-

Piense mejor lo que ha mandado a hacer, ponerlo a cambiar las gardenias por rosas sin guantes es casi como pedirle que tome un cuchillo y dibuje un mapa en sus manos- lo miro con molestia- su camisa estaba toda mojada, y el completamente sucio – En todos estos años que llevo junto a usted nunca había hecho cosas tan injustificables como estas. Marie y las demás no entienden su manera de actuar.

Pero tu si Tanaka, ¡tú sabes perfectamente lo que esa familia me hizo a mí!- le grito, no supo porque ya que solía escuchar los consejos del viejo cada que se los daba; pero era verdad algo muy dentro de sí le incomodaba, en su pecho sentía como si estuviese haciendo algo malo. Algo muy malo.

¿Qué culpa puede tener él? – fue la pregunta sincera de Tanaka que no le dio tiempo a contestar ya que se retiró de la estancia.

Sebastian se quitó bruscamente la camisa dejando ver su piel marmolea y su bien trabajado abdomen, para lanzarse en medio de aquella mullida cama con sabanas se seda grises, deslizo un dedo por la almohada y recordó la suavidad de los cabellos del muchacho- ¿Que estoy haciendo? – se preguntó antes de dejarse llevar por Morfeo y cerrar sus ojos carmesí para descansar de tantas intensas sensaciones.

Marie y Valery miraban atentas al joven, no llevaba ni la mitad del jardín y sus manos ya estaban cubiertas de sangre, podían ver aquel liquido rojo manchar a las inmaculadas rosas blancas y no era para menos los rosales en si no eran muy grandes pero el enterrarlos sin guantes le hacía rozar las espinas más gruesas provenientes de los tallos.

Hasta ese día Ciel amaba a las rosas blancas pero en ese momento estas le estaban lastimando como nunca, era un suplicio pensar en sacar esas tontas gardenias para poner en su lugar a esas rosas tan crueles.

Maldito Sebastian- murmuro por quinta vez en esa mañana, lo único que agradecía de estar en el jardín era que el mismo sol había secado su camisa y ya no sentía tanto frio.

Era la hora de la comida y desde la cocina el olor a carne y verduras era tan delicioso que le recordó a Ciel que ya llevaba dos días sin comer. Le echo una mirada al jardín y comprobó lo que temía, iba a necesitar por lo menos cuatro horas más para acabar esa tarea, luego miro a la otra sirvienta de soslayo y suspiro, tenía tanta hambre que estaba pensando seriamente comerse una rosa – Huelen bien no veo porque no vayan a tener buen sabor- se dijo a sí mismo y arrancándola sin cuidado alguno la llevo a sus labios- Esto es humillante. Se sorprendió al comprobar que sabía exactamente igual a como olía- Que sabor más dulce.

Valery quería salir corriendo, no aguantaba ver al muchacho en esas condiciones lo acaba de ver comerse a una rosa- Esto es el colmo, el señor no es así, ¿porque está haciendo esto?

Sebastian se sentó en el gigantesco comedor a disfrutar del almuerzo – Quizá él tenga hambre- pensó mientras untaba el tenedor en su elaborada comida pero aun con eso en mente se dejó deleitar por aquel sabor tan increíble.

Solo son treinta más- se animó el peligris y continuo con más concentración, sin notar que desde el gran ventanal lo observaba atentamente el dueño de toda aquella majestuosa mansión, la mirada de tristeza que se reflejó en sus ojos desapareció como un destello para ser reemplazada por una de crueldad indescriptible.