Una estridente tormenta se había desatado, los truenos y relámpagos hacían eco en aquella habitación donde Sebastián cuidaba incansablemente de Ciel.

Señor, es hora de que usted también descanse – comento Tanaka, que ingresaba a la habitación con su bandeja de plata y una delicada tacita con café humeante - Lleva dos días sin dormir y apenas se ha alimentado –agregó mientras le ofrecía el café.

Gracias Tanaka, pero no pienso dormir hasta que Ciel abra sus ojos – Tomo la taza que le ofrecían- No quiero que cuando lo haga este solo – Admitió – Tanaka- Le llamo.

Mi señor-

Cuando sea una hora más prudente – dijo al mirar su viejo reloj de bolsillo- pídele a Elena que prepare una de las habitaciones principales junto a Valery, esta es muy pequeña – observo mirando de reojo que en efecto, la habitación a la que habían llevado al joven era una de las pertenecientes al servicio.

Como ordene- Fue lo único que dijo y salió de la habitación con una sonrisa; Por fin Sebastián volvía a ser la persona concienzuda que él conocía, y bien podía ver que su señor no pasaba pegado al joven solo por un sentimiento de culpa, algo lo estaba motivando y de cierta manera lo aliviaba en gran medida. Con eso en la mente se fue a descansar.

A las dos de la mañana, la lluvia continuaba incluso más intensa que antes y la tenue luz de las velas solo conseguía que la estancia se llenara de sombras y matices

Hmmn- un leve quejido llamo la atención de Sebastián que de inmediato dejo el libro que leía para sentarse junto a Ciel en la cama.

Ciel- le llamo - ¿Puedes escucharme? –pregunto.

La respuesta no se hizo esperar, Ciel comenzó a abrir sus ojos dando lentos parpadeos que a Sebastián le parecieron lo más bello que hubiera visto nunca. Tras un instante esos brillantes zafiros se toparon con la preocupada mirada de Sebastián.

¿Sebas…tian?- Le nombro con voz débil, parecía muy agotado.

Shhh no digas nada, necesitas descansar – le dijo con ternura y sin evitar que su mano se deslizara por el suave cabello del peligris.

¿Qué pa… hmmh! –No pudo seguir, un dolor demasiado intenso como para soportarlo se hizo presente; Mordió con fuerza su labio para ahogar los quejidos que querían escapar de su garganta, ni siquiera podía pensar.

Sebastián lo miraba sintiendo impotencia, le lastimaba verlo así –Ciel, no te muevas vuelvo en un momento- dijo y salió rápidamente de la habitación para subir escaleras arriba e ingresar a su propia recamara para buscar entre sus cosas un viejo maletín de cuero ya gastado por los años – Aunque jure que después de lo que hice no volvería a usarlo, simplemente no puedo verte así Ciel – pensó y recorrió el mismo camino hasta dar con la habitación; Mantenía los ojos cerrados con fuerza y sus manos presionaban las sabanas con tanto ahincó que estas se colorearon de rojo. Sebastian se apresuró a abrir el maletín y tomar una delgada jeringa y una pequeña botellita con el nombre Opiáceo escrito en ella, mezclo la solución y con un cuidado único le dio tres pequeños golpes quitando así las diminutas burbujas de aire, la dejo sobre la mesa de noche. Una vez más tomo asiento al lado de Ciel y cogió su mano retirando las vendas ya manchadas, levanto la jeringa y muy lentamente inyecto la aguja en su brazo derecho para proceder a liberar el líquido transparente. Ciel no sintió el piquete pero sí pudo oír claramente como Sebastian le decía que estaría bien, que él estaba justo a su lado.

Esto hará efecto dentro de muy poco- pensó – Debes tener sed, ten – levanto su cabeza con sumo cuidado y le ayudo a beber.

Nunca el agua le supo tan refrescante como en aquel momento y no recordaba la última vez que alguien le había cuidado con tanto esmero, estaba confundido aun podía recordar la forma en que le había golpeado y las palabras que le había dicho mientras lo hacía, él quería preguntarle tantas cosas pero se sentía tan cansado apenas y podía enfocar los ojos en ese ser que le regalaba miradas llenas de preocupación, le hablaba él lo sabía pero no entendía lo que quería decirle, sus parpados se volvían cada vez más pesados y lo único que deseaba en ese momento era poder seguir admirando esos preciosos ojos carmesí.

Sebastian lo vio caer dormido y suspiro debía aprovechar el efecto del sedante para cambiar esas vendas, se acercó de nueva cuenta al maletín y extrajo todo lo necesario, luego salió para calentar agua y conseguir paños. Cuando ya tenía todo cuanto fuera a utilizar destapo a Ciel y respirando profundamente comenzó a cortar las vendas, la rabia contra sí mismo crecía solo con ver aquellas heridas, algunas aun palpitantes. Prosiguió a limpiar para luego aplicar ungüentos y vendar una vez más. Cuando termino ya amanecía y Tanaka nuevamente estaba en la puerta.

¿Cómo se encuentra? – Pregunto al ver a su amo sentado al borde de la cama.

Despertó por la madrugada-menciono sin mirarlo – Tanaka la habitación, ¿Valery la está arreglando ya?

De hecho ya se encuentra lista, ¿desea verla?- pregunto ingresando a la habitación

No, solo tráeme una de mis camisas y enciende la chimenea para que se entibie por favor- Tanaka se retiró con el silencio acostumbrado y volvió a los minutos con la prenda en mano, la dejo sobre la cama y volvió a salir.

Sebastian dedico un par de minutos a ponerle la camisa, rio por lo bajo al notar lo grande que le quedaba y continuo abrochando los botones, una vez puesto el "pijama" lo levanto en brazos- No pesas nada – le dijo aunque sabía que seguía dormido y salió de ese lugar rumbo a la nueva habitación. Valery y Elena se encontraban ahí.

Buenos días señor – dijeron al unísono – La habitación está preparada agrego Elena.

Muchas gracias, Elena pide a Marie que prepare algo liviano para Ciel. Valery reúne a todos en la sala, en quince minutos estaré ahí.

Como ordene-

Con lentitud dejo a Ciel en medio de aquella cama, estaba tan cerca de su rostro que por un momento no quiso hacer nada más que permanecer ahí – Eres realmente hermoso, ¿lo sabías?- Pregunto sin apartar ni un momento la mirada de sus labios – Tanto que, ahora mismo yo…- se agacho un par de centímetros más y le dio un leve roce a sus labios – Me estas volviendo loco – Pensó- se supone que a mi gustan las mujeres – recordó sus días de conquistas donde no tenía problema alguno en llevarse a más de una tipa a la cama durante un mismo día o las noches de fiesta y sexo en los jardines- seguramente Tanaka tiene razón, la falta de descanso comienza a pasarme factura, yo el gran duque Sebastian Michaelis fantaseando con un chiquillo- rio con ironía y se dispuso a salir no antes de repasar con la mirada la espaciosa y elegantemente decorada habitación- Aquí vas a estar bien, este lugar si es digno de ti.

Todos los empleados esperaban algo impacientes por el llamado de su señor, y cuando este ingreso al salón con una apariencia demacrada y disonante de la acostumbrada todos se preocuparon.

¿Tan mal me veo?- consulto con una sonrisa de lado.

No señor como cree-apresuro en decir Valery

Para nada- menciono otra- y todos parecían querer convencerlo de que lucía bien incluso cuando era obvio que estaba desastroso.

No mientan jejeje, tomen asiento – les pidió- Quiero hablarles de lo que hice hace unos días, el haber comprado a un esclavo – se mordió el labio al llamarlo así- el haber comprado a Ciel fue debido a

No tiene que darnos ninguna explicación señor- opino Tanaka que ingresaba junto a Marie

Quiero que todos comprendan los motivos que tuve – dijo y el mayordomo asintió.

Ciel es hijo de los enemigos de mi familia, ciertamente cuando supe que sus predecesores fueron asesinados desistí de tomar cualquier medida pero cuando descubrí que aún había uno de ellos con vida quise hacerme con él, para desquitarme por muchas cosas - Los sirvientes estaban atentos, en cierto modo todos conocían la trágica historia de la familia Michaelis, incluyendo la del actual heredero – quise cobrarle a él lo que sus padres me hicieron – En el salón reinaba un silencio absoluto- pero me equivoque, me segó el poder vengar a mi familia y no me detuve, si Tanaka no hubiera llegado antes de ayer seguramente, seguramente

No tiene que seguir- menciono Marie con la voz afligida, no le gustaba ver a su amo tan afligido.

Ciel no tiene a nadie, lo castigue severamente cuando él no me hizo absolutamente nada, y tampoco había nadie que estuviera para defenderlo; Eso pude comprenderlo después de hacer lo que hice – en ciertos momentos parecía que se estuviera hablando a sí mismo, eso pensaban Valery y Tanaka- Deseo remediarlo, me aproveche de la situación en que se encontraba y lo humille cuanto pude, dudo mucho que pueda perdonarme, pero hare todo lo que este en mis manos para que lo haga. Ciel está ahora bajo mi cuidado y me encargare de protegerlo bajo cualquier circunstancia, además legalmente me pertenece- rio con molestia.

Así que por eso usted, comprendo – acertó a decir Tanaka.

Todos le ayudaremos a que el joven Ciel lo perdone- le animo Valery con una inocente sonrisa.

¡Sí!- exclamaron al unísono los demás

Muchas gracias- hizo ademan de levantarse – definitivamente necesitare de su ayuda, es realmente terco- comento y los demás rieron- otra cosa, lo mantendré sedado hasta que sus heridas mejoren, cuando este despierto me encargaré de que coma claro está, pero pasara la mayor parte del tiempo dormido- todos asintieron- ahora me iré a dormir por un rato, estoy algo cansado. Se los encargo.

Señor, dijo que lo mantendrá sedado, ¿quiere que llamemos al doctor?- Pregunto el rubio jardinero.

Ah con respecto a eso, yo soy médico- les dijo dejando a todos anonadados y cerrando la puerta tras de sí.

¡¿Cómo?!- Gritaron a la par mirando la puerta.

Durante la noche Ciel nuevamente despertó, y lo primero que vio a su lado fue a Sebastian que le sonreía con ¿dulzura?

¿Dónde… estoy? – quiso saber mientras trataba de enfocar la mirada por los alrededores.

Dentro de la mansión, en tu habitación- respondió y Ciel le miro con desconfianza

Yo no tengo habitación- menciono y trato de levantarse. Error. Un fuerte mareo le obligó a cerrar los ojos.

No hagas movimientos tan violentos – su voz era tan suave como sus manos cuando lo hicieron recostarse otra vez- Llevas varios días en cama, es natural que te marees si te mueves rápido, y si tienes, esta es tu habitación Ciel- Hablaba mientras acercaba una bandeja de plata con comida.

Ciel al ver el contenido del plato no pudo evitar saborearse los labios y Sebastian olvido por un minuto que era lo que hacía, toda su atención se centró en ese movimiento – Detente, está débil y necesita comer, no que tú te lo comas a besos- se dijo y tomo la cuchara. Ciel bajo la mirada al instante e intento darse la vuelta cosa que dolió bastante.

¿Qué pasa? – Le dio curiosidad el cambio tan repentino de actitud

Nada-

Ciel, mírame- bajo la cuchara y Ciel solo por el ruido emitido le miro algo asustado – ¿qué ocurre?

No es importante, solo que… ¿podrías ir a comer a otra parte?

Sebastian dejo de respirar ante tan petición, ¿acaso el chiquillo creía que se pondría a comer al frente de él?- Hubiese sido un buen castigo- pensó y desecho tal pensamiento al instante.

¿Cuándo fue la última vez que comiste algo? –

¡Bravo!, ya se dio cuenta- se recrimino mentalmente el peligris – unos… dos días antes de que me compraras.

Ya veo, ¿y qué fue lo que comiste?- Ahora estaba más molesto consigo, dos días era mucho sin probar bocado, más si tenía que trabajar tanto.

Un pedazo de pan- admitió.

El corazón de Sebatian se comprimió de golpe, ¿había algo más que no supiera sobre las cosas que había pasado ese joven? Si, seguramente las había pero no quería ni imaginarlas. Tomo la cuchara y la lleno de aquella sopa- Abre la boca- ordeno y Ciel lo miro confundido.

¿Discul – No alcanzo a terminar la pregunta ya que Sebatian aprovecho de ponerle la cucharla en la boca.

No pensaba comer frente a ti- le dijo algo molesto- Lo siento, lo siento por no haberte ofrecido nada – bajo la vista y Ciel intento decir algo pero fue acallado por otra cucharada – Supuse que debías tener hambre pero no me importo

Sebas umm- otra cucharada

Cállate y come- le miro entre divertido y dolido- llevas tres días durmiendo, lo que significa que van más de cinco sin comer nada y si es que a un pedazo de pan le puedes llamar comer, quien sabe hace cuanto no pruebas algo decente. Ahora déjame terminar- exigió.

Los ojos de Ciel brillaron amenazantes, en ese momento el simple sabor de esa sopa lo hizo querer llorar y ese hombre que parecía pelear con lo que quería decirle le hizo sentir más extraño y mejor que nunca al mismo tiempo.

Fue un error comprarte – admitió por fin

El estómago de Ciel se revolvió – Lo lamento- se disculpó y Sebastian lo miro con el entrecejo fruncido- Sé que soy inservible como esclavo, ya arruine las rosas y ahora estas aquí cuidándome cuando debería estar trabajando. Puedo intentarlo otra vez pero por favor no me devuelvas con Bill por favor– esa fue la primera vez que Sebastian sintió miedo en la voz del peligris y un sentimiento de comprensión y amor nació en él.

Fue un error comprarte- repitió- para lo que había planeado – continuo y Ciel lo miro expectante- Debí hacer caso a lo primero que sentí cuando te vi, en lugar de hacer lo que hice. Sé que no remedia nada pero quiero obtener tu perdón por todo cuanto te lastime, seguramente no recuerdas bien pero si estas así es por mi culpa- bajo la vista otra vez, estaba realmente arrepentido y Ciel se dio cuenta de inmediato.

Lo recuerdo – respiro lentamente- dijiste cosas que sigo sin entender, nombraste a tantos que…-

Ciel, ¿te encuentras bien?- hizo la bandeja a un lado y toco su frente- No es fiebre pero te has puesto pálido, ¿estas mareado?- pregunto y Ciel asintió- dejaremos esta conversación hasta aquí, ahora lo mejor será que descanses.

¿Por qué haces esto?, ¿Por qué me cuidas tanto? –

Sebastian no respondió, solo se dedicó a tomar otra jeringa e inyectarla. El peligris se esforzó en no dormirse y levanto la otra mano hasta tocar la mejilla de Sebatian- gracias-dijo y el mayor sujeto su mano con delicadeza manteniéndola en su rostro – No sé porque lo hago, solo sé que no puedo permitir que algo malo te suceda. Perdóname Ciel, por haberte lastimado- El peligris ya no lo escuchaba, se había quedado profundamente dormido pero Sebatian por fin se sentía tranquilo.

Pasaron varios días hasta que las heridas en el cuerpo del peligris se cerraran, y el duque tal como dijo lo mantuvo sedado la mayor parte del tiempo solo despertándolo para las horas de comida. Si bien aún existía cierto temor en Ciel ni siquiera podía sentir enojo por lo que le había hecho, no después de haber repasado las palabras dolidas de Sebastian cuando lo azoto y mucho menos después de verlo cada vez que abría los ojos, cuidando de el con tanto esmero, preocupándose de alimentarlo, de mantenerlo en una cama tan suave y tibia. Eran mucho más de lo que nadie había hecho por él. No, definitivamente no podía odiarlo.

Sebastian dejo sus quehaceres normales para permanecer al cuidado del menor que ya casi no necesitaba de aquellas fuertes inyecciones, su piel volvía a tener aquel aspecto de porcelana y con los ungüentos seguramente no le quedarían cicatrices.

Quiero un postre- Le dijo Ciel con la mirada más seria que pudo esbozar- dijiste que me darías uno si aceptaba tomar tus estúpidas clases- reprocho mirando con molestia el cuaderno sobre el escritorio- llevamos media tarde aquí y ya me aprendí todo esto.

Ahhhh- suspiro el mayor divertido- Tienes razón pero debes repasarlo otra vez – se enfrentó a la mirada agria del menor – Respecto a tu postre, yo mismo lo prepare para ti – le confeso orgulloso.

Y… ¿y se puede comer?- Pregunto asustado.

….., Calla y come- le corto con indignación fingida mientras ponía frente al ojiazul un pedazo de pastel de chocolate junto a una taza de rebosante té negro.

Ciel miro a Sebastian de soslayo y obedientemente cogió el tenedor y se llevó a los labios un trocito del pastel. Aquello le supo a gloria, definitivamente nunca había probado un pastel más delicioso que este en toda su vida.

Esta pasable- dijo pero Sebastian había visto su expresión al probarlo.

Que mentiroso eres-

¿Disculpa?- Esa afirmación le había molestado, claro que era un mentiroso muchas veces pero no permitía que se lo dijeran de ese modo tan directo.

Que vi su expresión joven amo, casi se derrite jejej hubiera visto su cara- se burló y es que el gesto de satisfacción que hizo el menor lo había echo pensar en cosas nada decorosas. Sin querer se acercó al joven hasta el punto de poder percibir el calor de su respiración.

Que no me llames...- había levantado su voz pero al tenerlo sonriéndole de aquella forma tan seductora y tan jodidamente cerca – que no me llames así- termino y le dio un ligero empujón para continuar con su olvidado pastel.

Pero si usted es mi joven amo- le recalco con un puchero- usted me dijo que podía llamarlo así si quería- le reprocho la falta de memoria.

Si lo hice debió ser porque estaba sedado o delirando, vaya el diablo a saber pero no me gusta no me gusta que- Se detuvo abruptamente en cuanto sintió los dedos de Sebastian en su mejilla.

Tiene chocolate aquí- le dijo y con una caricia que a Ciel se le antojo divina le quito aquella mancha de la piel, para dejar en su lugar una sensación que le quemo como si de fuego se tratara.

Señor Sebastian- entro Tanaka en el despacho donde los dos compartían aquel momento rompiendo todo encanto con su presencia; Ciel se apresuró a beber él te y Sebastian cogió con fuerza mal disimulada el libro de historia.

Tanaka, ¿que se te ofrece? – pregunto con una sonrisa que a Tanaka le dio miedo.

Acaba de llegar una carta urgente de Lord Gregson – Ciel vio una sombra en la mirada carmín de Sebastian que lo alarmo sin saber porque- tenga- dijo el mayordomo.

Muchas gracias, acompáñame a mi habitación Tanaka, discúlpanos Ciel – dijo y ambos se retiraron dejándolo sumamente intrigado. Algo pasaba y ese algo no le gustaba nada.