Lo vio salir en su carruaje desde el espacioso ventanal de la biblioteca, ni siquiera se había despedido. Estuvo el resto de la tarde en compañía de Marie con quien había formado una amistad muy valiosa para él y también escuchando las locuras de Valery que no paraba de hablar. Así pasaron dos días y del pelinegro ni una sombra. Cada vez que preguntaba todos le respondían lo mismo "El señor suele salir por unos días y volver por la noche" y esa respuesta le molestaba, no quería admitir que se había acostumbrado a tenerlo cerca todo el día y mucho menos admitiría que lo extrañaba pero había algo que le molestaba, se sentía preocupado muy preocupado por él.
Cuando sintió el sonido del carruaje irrumpir en el silencio de esa madrugada se levantó rápidamente de la cama y se dirigió a la entrada, Sebastian lo miro desde la puerta y miro su reloj – No es una hora apropiada para que estés despierto.
No me trates como a un niño- le dijo más molesto de lo que quiso – te recuerdo que a estas horas solía estar trabajando- no supo porque menciono aquello en ese momento pero estaba molesto con el pelinegro, no le debía explicaciones claro pero aun así se fue sin decir nada y volvía dos días después como si nada.
Si, algo escuche de eso. De los "trabajos que hacías" durante estas horas- ironizo, con una mirada oscura que Ciel no supo descifrar pero que le recordó a ese día en que le castigo con ese látigo. Dio un paso atrás, ese no era el Sebastian de todos los días.
D d de ¿qué estás hablando?- Se arrepintió de haber bajado de su habitación en cuanto el mayor lo arrincono bruscamente en la pared.
!Sebastian¡- le grito pero este solo lo sujeto del cabello obligándolo a verlo a los ojos.
Dime… ¿te gustaba ser tomado por esos nobles?
Ciel abrió los ojos con horror, recordó de golpe todas esas veces en las que Bill lo encerraba con uno que otro asqueroso desgraciado para que le hicieran lo que les viniera en gana, sintió deseos de vomitar cuando recordó lo que lo obligaban a hacer y las piernas le fallaron. El irremediable temblor del menor lo volvió a la realidad y lo sujeto antes de que cayera.
¡Ciel!
Quien… ¿quién te lo dijo?-le pregunto con miedo.
Eso no importa, lo siento no quise asustarte. ¡Maldición! – Mordió su labio inferior -perdóname no pudiste evitarlo, cuando esos bastardos lo mencionaron esta tarde, sentí… sentí unos deseos de matarlos tan fuertes que-
Los odio- Lo cortó la voz de Ciel, una voz llena de rencor que congelo a Sebastian- A cada uno de ellos, los odio y les hare pagar por cada vez que me tomaron a la fuerza por cada vez que les rogué que se detuvieran- Y el mayor comprendió que Ciel guardaba más dolor del que creía.
Me ofrecieron comprarte- dijo con molestia.
Ciel se tragó sus propias palabras, si Sebastian lo vendía él no tendría ni la más mínima posibilidad de vengarse, sería lo peor que podría pasarle.
Doscientas monedas de oro- paso su mano por la mejilla de Ciel que se estremeció al escuchar ese tentador precio- pero, doscientas monedas de oro no es ni la mitad de lo que vales- le regalo una sonrisa.
Esas palabras…- recordó haberlas dicho el mismo cuando se conocieron.
Eres mío, y nadie te va alejar de mi- lo rodeo entre sus brazos- Ninguno de esos bastardos te pondrá una mano encima nunca más. Ciel enterró el rostro en el pecho de Sebastian, que con cuidado acaricio el cabello oscuro del menor.
¿No te doy asco?- pregunto bajito sin moverse ni un poco.
¿Tu?, imposible. Ciel para mi tu eres…- tomo su rostro y lo hizo mirarlo – Eres lo más valioso que tengo.
Esas palabras calaron hondo en el corazón del peligris que no pudo evitar acercarse hasta los labios del mayor para depositar ahí un casto beso. Sebastian lo miro perplejo y Ciel se arrepintió en el acto.
¡Perdón!- pidió separándose lo más rápido que pudo pero Sebastian lo detuvo y lo atrajo de nueva cuenta hasta ser el quien le besara esta vez. Apenas fue un roce pero el suficiente para que ambos descubrieran que sentían algo más que solo aprecio por el otro.
Los días que siguieron se la pasaron escondiéndose de Tanaka para comerse a besos, en esas semanas habían descubierto que era mucho mejor cuando sentían que los podrían descubrir y Sebastian no perdía oportunidad para atrapar a Ciel en cada rincón y disfrutar de su piel con lamidas y mordidas que a Ciel le arrancaban suspiros. Pero lamentablemente no podían llevar a otro nivel sus travesuras ya que siempre alguien de la servidumbre aparecía como invocado por el diablo para arruinarles la diversión.
Aquella noche de invierno absoluto Sebastian había recibido una nueva carta por parte de aquel hombre el tal Lord Gregson.
Esta vez me dirás a dónde vas- le exigió el menor cruzado de brazos
Se trata de un trabajo urgente, no puedo darte detalles- dijo quedamente y se dispuso a salir
Tch- se quejó y Sebastian sonrió- solo ten cuidado, no me gustan tus salidas y no vuelvas a llegar como esa noche- fue más una orden que otra cosa y el moreno se dio la vuelta, le sonrió y con una leve inclinación dijo: Yes my lord.
Muy lejos de sentirse complacido algo parecido al miedo se apodero de su ser y con angustia vio a Sebastian alejarse de la mansión.
Tres días habían transcurrido y de Sebastian ni las luces, Ciel no podía conciliar el sueño y no hacía más que dar vueltas en su cama-¿Dónde estás Sebastian? – pregunto a nadie en particular pero un ruido lo alerto y se levantó de golpe de entre las sabanas. Ahogo el grito que le provoco verlo parado en la puerta con la mirada turbia y todo su cuerpo empapado.
Sebastian– dijo al verlo, y no tardo en acercarse a él y con sus pequeñas manos quitarle el saco; Trago duro al ver su camisa pegada a su abdomen, continuo casi hipnotizado – Me dirás, me contaras porque llegaste así –le dijo y deslizo los dedos lentamente por el pecho del más alto, que solo contuvo la respiración y cerró los ojos.
Cuando lo vio llegar en silencio, agotado y empapado sintió algo parecido al miedo, pero no al que tanto conocía sino uno diferente, por un instante pensó que podría perder a Sebastian y eso era algo que por todos los medios quería evitar, no quería perder a su Sebastian. Entonces cuando se le acerco todo lo que podía pensar era en tocarlo y cerciorarse de este modo que él se encontraba bien. No pensó que cuanto le quitara aquella camisa su piel se le antojaría tan extrañamente deseable – Que….qué diablos es esto que siento – se cuestionaba pero no por ello se detuvo, es mas continuó acercándose peligrosamente – Por alguna razón te ves más deseable que tus postres – murmuro y Sebastian dejo escapar una risita.
Déjalo, no sabes lo que estas provocando- respondió con voz profunda, y autoritaria pero a Ciel parecía no importarle ya que proseguía peleando con esos botones, Sebastian intentaba mantenerse firme, pero las manos suaves de Ciel lo estaban volviendo loco, el tenerlo tan cerca como para ser capaz de sentir su dulce aroma no le permitía pensar - Contrólate Sebastian, no sabe lo que hace, ¡contrólate!- repetía en su mente como si fuera un mantra pero su fuerza de voluntad se fue al carajo en cuanto sintió como el mismísimo Ciel Phantomhive retiro su camisa con ambas manos y acerco sus labios hasta su abdomen depositando uno que otro beso en su cuerpo, eran caricias inocentes pero lo estaban encendiendo como nada en su vida. No tardo en mandar al diablo a su jodida conciencia que no hacía otra cosa que molestar en ese momento. Había estado cerca de morir y en lo único que pensaba era en Ciel, en sus ojos en su boca en esa piel tan fina y su voz, su voz que lo trastornaba con demandadas y le respondía siempre altanero pero como amaba esa voz, la conciencia podía irse a la mierda por hoy. Con nada de cuidado lo atrajo desde la cintura, Ciel alzo la cara para reclamarle – No me mires así, tu comenzaste- dijo y lo callo con un beso antes de que pudiera replicar, con insistencia lo hizo abrir los labios hasta que dejo entrar a su lengua, el peligris tenía gusto a miel y no pudo evitar darle un mordisco que obtuvo un gemido como queja. Y le gusto. Mientras tanto lo arrincono contra la puerta, Ciel dejo escapar otro gemido cuando el cuerpo de Sebastian lo aprisiono tan deliciosamente.
Ya no había vuelta atrás y eso los dos lo sabían.
Ciel comenzaba a derretirse al igual que un trozo de hielo con el contacto de esos labios ardientes, le quemaba el contacto con su piel y necesitaba más. Sebastian noto a Ciel temblar.
¿Tienes frio? – le pregunto alejándose un par de centímetros
Te recuerdo que quien esta empapado eres tú- respondió quedamente y molesto, le había quitado un beso para hacer semejante pregunta estúpida, merecía un castigo y el gustoso se lo daría; Se acerco hasta su cuello paso lentamente su lengua, tenía un gusto adictivo y sin que el otro lo previera le mordió con moderada fuerza sin saber que aquello seria su verdadera perdición. Sebastian contuvo el gemido que sentía escaparía de sus labios y con la misma rudeza de antes tomo la muñeca de Ciel y lo lanzo a la cama para posicionarse rápidamente sobre él, tomo su boca con hambre y sin perder más tiempo comenzó a desvestirlo, paso sus manos lentamente por las piernas de Ciel que seguía concentrado en los labios de Sebastian que lo devoraban, llevo sus manos hasta el cinturón de Ciel que se detuvo por inercia.
¿Nervioso mi Ciel? – pregunto y con una sonrisita siguió con su tarea de quitarle las prendas, ahora su objetivo era la molesta camisa que llevaba puesta. Escucho a Ciel gemir bajito y desabotono el primer botón, disfrutando de la respiración acelerada que este tenía, paso al segundo y deslizo un dedo. Lo sintió estremecer.
¿No puedes hacerlo más rápido? – Exigió el menor que ya tenía urgencia de besarlo otra vez.
Pero que impaciente, joven amo- susurro en su oído- yo solo deseo saborearlo, antes de hacerlo mío- confeso y las mejillas de Ciel emitieron un intenso rubor.
Las traviesas manos del mayor se deslizaron por las piernas ya desnudas del peligris y mientras este suspiraba Sebastian iba repartiendo besos por su cuello, mordiendo y lamiendo con desesperación. Ciel por su parte deslizaba ambas manos por la perfecta espalda de Sebastian, recorriendo desde los omoplatos hasta ir descendiendo a su cintura para bajar hasta su trasero. Desconocía que esas caricias hacían que el cuerpo del mayor se excitara aún más pero no tardo en descubrirlo al sentir la fuerte erección que topo con su pelvis- Sebastian humm- un gemido involuntario escapo y Sebastian sonrió satisfecho. Apoyo ambas manos en la cama y se dedicó a admirar al peligris bajo el, sus labios estaban rojos e hinchados, esos ojos azul profundo lo hipnotizaban más ahora que lucían acuosos. Sonrió y levanto una mano para acariciar la mejilla de Ciel que respiraba con dificultad, lentamente fue descendiendo hasta sus labios y Ciel capto la indirecta.
No quiero, no quiero que me prepares- dijo más colorado de lo que ya estaba. Sebastian se intrigo y se detuvo.
¿Por qué?- atino a preguntarle – de ese modo dolerá menos.
Quiero que lo hagas tan doloroso como puedas – Dijo con autoridad – quiero que te grabes en mi cuerpo y en mi alma Sebastian.
El aludido sonrió con devoción y cerro sus ojos un momento – Yes my lord –Susurro en su oído y acto seguido abrió bruscamente las piernas del muchacho, ya no se contendría más, con gula tomo su boca al tiempo que desabrochaba su pantalón. Se alejó un instante y saco su miembro palpitante. Ciel trago duro al verlo y se relamió los labios.
¡Aggghhhh!- Grito al sentir como entraba con fuerza en su interior, cerró sus ojos llenos de lágrimas y mordió el hombro de Sebastian que se encontraba quieto a la espera de que el menor se acostumbrara a la intrusión. Pasaron un par de segundos en los que Sebastian ya casi no aguantaba la exquisita sensación del cuerpo de Ciel apresándolo, y para distraerse volvió a la boca del menor metiendo su lengua y explorando por toda aquella cálida cavidad. Lo sintió relajarse y comenzó el vaivén, saliendo muy despacio - Ummh Sebast ahhggg – Volvió a envestir pero esta vez no se detuvo y salió de inmediato para llegar incluso más profundo, la cama rechino y Ciel arqueo la espalda. Sebastian se deleitaba al ver esa boca entreabierta y escuchar los gemidos cada vez más ardientes que le regalaba el menor. Se enfocó ahora en sus pequeños botones y mordió uno – Ghhh- mientras su otra mano lo acariciaba con lujuria.
Mas, Sebast… mas – Le pidió y Sebastian como si fuese una orden de un rey obedeció dándole una estocada aún más profunda que las anteriores – Uhnmmm- Tomo con las manos el miembro del menor y comenzó a masturbarlo provocando muchas más sensaciones en su ahora amante.
Solo la luna era testigo mudo de aquella entrega por parte de los dos, la cama se mecía salvajemente con el ritmo que marcaba Sebatian, ambos ardían en ese infierno llenos de placer y solo podían oírse la respiración gutural de Sebatian unida a los gemidos de Ciel.
¡C Ciel!- Nombro al menor antes de correrse en su interior, Ciel abrió los ojos y enterró las uñas en la espalda del mayor acallando el gritito con los labios de Sebatian que justamente lo habían tomado una vez más hasta hacerlo perder la razón con el fuerte orgasmo que los recorrió a ambos.
Al cabo de unos minutos de haberse normalizado las respiraciones agitadas de los dos, Sebastian se retiró tratando de no hacer daño a Ciel que se removió incómodo bajo el, su cuerpo entero aun temblaba eso era bastante obvio para Sebastian quien con una delicadeza sobrehumana abrazo al peligris pegándolo a su pecho.
Sebastian- Lo llamo el menor pero el pelinegro ya estaba profundamente dormido, se dedicó a contemplar aquella piel marmolea que poseía su precioso Sebastian- Eres tan perfecto- le susurro y cerrando los ojos se quedó dormido enredado al cálido cuerpo de su amante.
