Dio una vuelta entre las sabanas y se acurruco entre las mullidas almohadas, una fastidiosa pesadilla lo había despertado pero bastaron un par de minutos para recordar que estaba en la mansión Michaelis, a salvo.

Respiro profundamente y sonrió mientras se ocultaba entre las mantas- Que bien se siente, es tan cómodo – pensó y se abrazó a la almohada sintiendo la suavidad y calidez provenientes de las telas, le gustaba tanto despertar ahí, bajo ese calor sutil y con esa sensación de paz que no sentía desde hacía mucho. Y sin poder evitarlo pensó en Sebastian, en eso que sentía cuando sus miradas se topaban, cuando veía sus ojos carmesí y una inexplicable atracción hacia mella de su ser, todo su cuerpo deseo entonces tenerlo o por lo menos oírlo hablar - Tch- exclamo y tiro las mantas y las almohadas hasta el otro extremo de la cama, se levantó con cuidado y se calzo con las pantuflas puestas al borde, luego se abrigo con aquella bata oscura y se hizo paso entre la puerta para llegar al corredor. Paso de largo de la habitación de Sebastian – Ese idiota- murmuro, después de todo no admitiría que se sentía tentado de ingresar a esa habitación, y no por hurgar entre las cosas preciadas que pudiera guardar ahí, sino para poder verlo dormir una vez más, como aquella noche en que lo tomara por primera vez- Deja de pensar estupideces, ve a comer algo, coge un libro y ya- se regañó mentalmente puesto que tenía todo un plan para dejar de lado los pensamientos que solo lo llevaban hasta cierto pelinegro.

Antes de ingresar a la cocina, pudo distinguir claramente la tenue luz proveniente del estudio que se deslizaba por la rendija de la puerta y el suelo alfombrado, sin siquiera evitarlo desvió su andar y se dirigió sigilosamente hasta la luz y lentamente sin emitir ningún ruido se acercó de puntillas y lo vio. Sebastian se encontraba de espaldas a él y frente a la chimenea, con su mano derecha sosteniendo una copa casi vacía de whiskey y en la otra una carta abierta, se hubiera quedado contemplando la figura tan perfecta que poseía ese sujeto pero algo le decía que Sebastian no se encontraba bien, y el no esperaría hasta la mañana para preguntarle qué le ocurría.

De un empujón se adentró en la estancia, Sebastian aun permanecía sumido en sus pensamientos y ni siquiera vio a Ciel tomar asiento tras el escritorio y coger algunos papeles que llamaron su atención. Los puso en fila y tomo el sobre que contenía la carta que sostenía el pelinegro, se quedó mirando el sello con detención y luego volvió la vista a la botella en la esquina, una copa más y se acabaría el whiskey.

¿Desde cuándo haces esto?- alzo la voz esperando llamar la atención de Sebastian que se sobresaltó ante la mirada azulina.

¿Beber?- consulto con una sonrisa de lado- no lo sé, desde hace años supongo.

Sabes que no me refiero a eso- le corto- Te estoy hablando de esto- con su mano apunto directamente al escritorio y Sebastian bajo la mirada.

¿Te diste cuenta con solo esos papeles?- pregunto intrigado

¡Contesta!- Se estaba impacientando, no le gustaba ver esa mirada de tristeza en los ojos de Sebastian, prefería verlo molesto antes de ver esa expresión tan dolida en su rostro.

¿Tienes tantas ganas de saber quién te compro?- Su voz sonaba molesta pero su expresión era todo lo contrario, era muy obvio para Ciel que todo eso le avergonzaba más a el que a nadie.

Prometiste que responderías mis preguntas cuando despertara- le recordó – y sí, quiero saber quién es el famoso duque Sebastian Michaelis, quiero saber por qué y desde cuando te dedicas a

A ¿asesinar personas? – termino el pelinegro y caminando lentamente tomo a Ciel del mentón y le sonrió con algo que el peligris no supo descifrar-Desde que los Phantomhive se encargaron de matar a mi familia, solo porque el bastardo de mi abuelo necesitaba a un heredero para continuar el legado familiar- Sonrió de nueva cuenta y vacío el contenido de la botella en el vaso-¿Eso responde a tus preguntas?, o también deseas saber cómo le hago para matarlos sin levantar sospechas y que incluso me inviten al funeral, quizá te gustaría saber cómo me llevo a la cama a sus esposas con palabras dulces y las convierto en las sospechosas principales de todos esos crímenes.

Ciel estaba de piedra, no por lo que le estaba describiendo sino por lo que dijo sobre su familia – Entonces era cierto, dijiste que era mi culpa que tuvieras que hacer cosas que odiabas, que si los Phantomhive no hubieran hecho lo que hicieron tu no tendrías tus manos llenas de sangre-menciono bajito pero Sebastian escucho claramente y por un instante recordó la lista de culpas que le echo encima cuando lo golpeo – Yo… yo no tenía idea – admitió confuso.

Claro, nadie la tenía- bebió de la copa – Tu maldita familia sabía muy bien como ocultar evidencias- agrego – Me fui con mi abuelo para aprender sobre el trabajo de la familia Michaelis, después de todo ya no tenía a nadie – le reclamo, aunque sabía muy bien que Ciel no tenía responsabilidad en nada, en ese momento necesitaba desahogarse y el alcohol que bebió por miedo a tener que mostrarle a Ciel lo que era en verdad le hizo enseñarle todo lo que guardaba en su interior desde hacía tanto.

¿Qué paso después?- Pregunto el peligris más seguro, le estaba hiriendo saber todo aquello, fue su propia familia la que lastimo a Sebastian hasta convertirlo en algo que odiaba ser pero ya había comenzado y sentía la necesidad de escuchar la historia completa, era lo justo.

Vaya, que curioso joven amo- le dijo más relajado y con un lindo sonrojo causado seguramente por el licor- Si tanto lo desea, lo complaceré- su mirada juguetona se vio opacada por una oscura que hasta entonces Ciel jamás había visto.

Después del asesinato de mis padres fui sospechoso principal y recibí un juicio en que me hubieran declarado culpable de no ser porque el duque William Michaelis intercedió por mí y me llevo con él, pensé que tal vez sería mi salvación – volvió a beber – vaya estupidez- cerro los ojos un instante- Cuando llegue a esta mansión no había absolutamente nada que me interesara, mis sentimientos se habían entumido al punto de no importarme nada y cuando ese hombre me explico el trabajo de nuestra familia acepte todo cuanto conllevaba- Miro un instante a Ciel que se encontraba atento y continuo- Lo primero fue fácil, solo debía practicar el tiro, la esgrima, la caza y las artes marciales de otros países, incluyendo el estudio de idiomas y los viajes para perfeccionar mis habilidades, todo eso era agobiante pero –respiro pesadamente- pero a los meses de regresar mi abuelo me otorgo la primera misión.

¿Cuál fue?- Ciel quería escuchar quería conocer completamente a ese hombre y ese pasado que lo envolvía.

La más simple del mundo pero en ese entonces me pareció lo más retorcido y asqueroso hubiera hecho- bebió de golpe lo que quedaba en su copa y la dejo con fuerza sobre el escritorio, el peligris se estremeció- Debía ganarme la confianza del Vizconde de Cáliz y obtener un documento tan importante como desconocido me era su contenido y al mismo tiempo infiltrarme en la casa opositora de la familia para esparcir un rumor jejeje no sabes lo fácil que fue enamorar a la hija mayor, bastaron un par de noches para que hiciera todo cuanto le pedía , en cuanto al Vizconde eso si fue todo un reto; Nunca había visto hombre más desconfiado que ese pero basto con atender un par de veces a su hijo enfermo para ganar el primer punto, iniciamos una relación muy paternal, aquel hombre era un ejemplo a seguir, le admiraba tanto – abrió otra botella ante la preocupada mirada del peligris- Intente hacerlo de la mejor manera, le conté cuales eran mis motivos de estar ahí y le di todas las posibilidades para que se salvara y escapara y ¿sabes qué hizo? – pregunto

No, no lo sé- admitió Ciel que paciente esperaba porque continuara.

Me tendió una trampa, me traiciono al vender mi identidad a sus propios contrincantes, no sabes lo mal que me sentí al ver a Ema suicidarse frente a mí y ante todos los que estaban presentes por eso no dude en ir en contra de mis propios principios como médico y darle muerte a ese niño con quien hasta hace poco había jugado, envenenarlo fue muy sencillo, luego hacer que su padre me diera todos esos documentos y otros que no estaban incluidos por si acaso. No disfrute atravesarlo con su espada, tampoco el cortarle la cabeza frente a su esposa y luego matarla a ella. El fuego se hizo mi aliado esa noche y las que siguieron a ella.

Ciel seguía ahí, escuchando sin detenerlo y observándolo con pesar mientras relataba esa historia que a Ciel se le antojaba de terror.

Después de esa vez las que siguieron fueron sencillas, ya no volví a confiar en nadie y hacia exactamente lo que me pedían, matar se volvió natural para mí, coquetear con las doncellas y llegar hasta sus amas era más fácil que respirar, ¿sabes? no he olvidado los nombres de todos con lo que he acabado, pero no puedo recordar las caras de ninguna de esas zorras con la que me revolqué durante tanto tiempo - confeso y se acercó hasta donde se encontraba el menor – Hace mucho tiempo que olvide como se sentía una noche sin pesadillas, una noche sin ver los ojos del pequeño Henry pidiéndome ayuda- Ciel bajo la mirada y Sebastian volvió a beber- Lo bueno de los médicos es que sabemos exactamente dónde cortar, podemos torturar a alguien hasta que pierda el juicio como podemos ser piadosos y darles muerte al instante.

Debiste castigarme más – Dijo meditativamente el joven de ojos azules al tiempo en que levantaba la mirada para encontrarse con los ojos carmesí de Sebastian- Ahora comprendo de lo que me hablabas, ahora entiendo el porqué de tus insultos y tus burlas cuando mencionaba mi apellido, todo esto lo ocasionó mi familia, por ende es mi responsabilidad- afirmo y dio un paso adelante quedando muy cerca del cálido cuerpo de Sebastian.

Ciel no, no es así – se apuro a decir pero Ciel le interrumpió

Estoy aquí, puedes castigarme por todas y cada una de las cosas que pasaste, por cada persona y cada acción que realizaste en contra de tu voluntad- dijo con seguridad- No me opondré a nada, antes no podía entenderte pero ahora pienso que fuiste blando, ¿para eso me compraste no?- dedujo con una sonrisa forzada- Querías desquitar toda esa soledad y dolor en alguien más, alguien que no fuera inocente alguien a quien pudieras culpar – pensó sintiendo tristeza en el fondo de su corazón, había creído sinceramente que Sebastian sentía algo por el pero visto lo visto no era así, todo era una merecida venganza por todos esos años – Yo soy y siempre seré un Phantomhive- hablo antes de que Sebastian pudiera decir palabra- Como tal me hare responsable por todos los daños que te ocasiono mi familia si bien no puedo hacer nada para devolverte a tus padres ni cambiar en nada la vida que has llevado hasta ahora, te ofrezco mis servicios para que me perdones por tu sufrir- Los ojos de Ciel brillaban con intensidad y en ellos se reflejaba la sinceridad de sus palabras- Déjame ayudarte en tus misiones, permíteme pagarte de algún modo por todas esas cosas, castígame, hazme trabajar en lo que sea, toma lo quieras de mi – lo decía de manera demandante y suplicante al mismo tiempo. Sebastian no cabía en su asombro, incluso había soltado el vaso inconscientemente antes de terminar con la pequeña distancia que los separaba tomando sus labios en un beso apasionado y lleno de dolor. Para Ciel aquel contacto fue la confirmación de sus sospechas. Sebastian no lo quería, solo lo tomaba para satisfacerse con él y dolía, le hería sentir que todo era un pago, que no era más que el medio en el que Sebastian se desquitaría de sus padres pero ahora no importaba, el mantendría su palabra y le daría todo cuanto pudiera para saldar esa deuda; Correspondió el contacto con mucha más intensidad que de costumbre y se abrió paso entre los labios del pelinegro exigiéndole más, el calor de su boca junto al sabor del licor en los labios del mayor le embriago a tal punto que olvido por completo lo que hacían ahí parados y entonces sintió como Sebastian lentamente lo guiaba hasta la puerta en medio de besos y caricias demandantes, chocaron bruscamente con la puerta pero no les importo, ambos continuaban sumergidos en los labios del otro, Sebastian quito el cinturón de la bata de Ciel para deslizar sus manos en la blanca y cálida piel comenzando así a descender dando ligeros mordiscos que a Ciel lo hicieron vibrar.

Sebastian… aquí no – pidió con la respiración entrecortada y la mano girando el pomo de la puerta quedando ambos en mitad del corredor.

Puedo hacerte mío en cualquier parte de esta casa – dijo con soberbia y tomo nuevamente sus labios mientras lo iba desnudando con urgencia, dejando a la vista esos hombros finos que acaricio con devoción antes de quitarle por completo la bata y dejarla tirada- Me fascina verte usar esa camisa- admitió y Ciel se sonrojo intensamente. Giraron para dejar contra otra puerta a Sebastian y el peligris que ya se había olvidado que se encontraban en el pasillo, aprovecho para morder su cuello y lamer hasta su pecho descubierto con tal parsimonia que a Sebastian le entro prisa por poseerlo. Giro la perilla y lo empujo hasta su alcoba mientras se deshacía por completo de sus propias prendas y las arrojaba sin cuidado alguno.

Lo tomo incluso antes de llevarlo a la cama, con fuerza comenzó a embestirlo sobre la alfombra y Ciel se retorció bajo el gimiendo su nombre, dejándolo hacer lo que deseaba con él.

¡Sebastian! !- Grito al sentirlo derramarse en su interior pero antes de que se recuperara de aquel fuerte orgasmo lo levanto y lo apoyo en la pared para besarle con brutalidad, levanto sus piernas ordenándole con la mirada que las enredara en su cadera- Ahhhhhhh- grito al ser embestido una vez más - Sebast….ummmm… - el cuerpo del peligris temblaba con cada estocada que le proporcionaba Sebastian deseando más y el mayor le daba exactamente lo que pedía, cada vez más certero, cada vez más profundo – Hhhhhmmm- los gemidos de Ciel se volvieron gritos de placer y cuando se corrió por segunda vez en Ciel, lo cargo y recostó sobre la cama para ir repartiendo pequeños besos por todo su cuerpo, subiendo hasta su frente para luego descender lentamente. Ciel sentía que Sebastian le quemaba con cada caricia, le resultaba tan ardiente que sentía que se estaba derritiendo en sus manos se revolvía en aquel lecho besándolo y arañando su espalda. Se alerto cuando de una sola vuelta lo dejo apoyado en la marquesa de su amplia cama y puso sus manos por sobre las de el en un gesto de apoyo y complacencia- Ahhhhh- gimió al sentirlo tan duro y exigente- Sebastian…. Mmm…- su corazón latía con fuerza mientras el pelinegro besaba su cuello y su espalda comenzando a embestirlo sin reparo, la cama rechinaba intensamente con el ritmo impuesto por el duque y Ciel se dejaba llevar por aquel placer en espiral, ambos perdidos en el otro sin detenerse ni pensar, compartiendo la locura de esa entrega; Sebastian respiraba guturalmente, sentía tanto placer al estar dentro de Ciel que ya no le importaba si el otro consentía tanta brutalidad, lo oía gemir cada vez mas alto y se encendía aun mas, ahora las embestidas se volvieron irrefrenables para después de unos instantes detenerse abruptamente al cuarto orgasmo de esa apasionante noche, tras la última embestida Sebastian se retiro suavemente de Ciel girándolo lo dejo boca arriba y le beso con una lentitud que solo ocasiono que Ciel enredara sus brazos en su cuello para acercarlo más, para profundizar aquel contacto. Al separarse un instante Sebastian aprisionó a Ciel por la cintura y este aprovechando que el mayor dormía se acurruco sobre su pecho y dejo escapar esas silenciosas lagrimas que ya no podía contener. Había podido sentir toda esa furia que guardaba Sebastian y daría lo que fuera por no volver a ver aquel semblante triste en los ojos carmesí que lo hipnotizaban. Entre callados sollozos se quedo dormido pegado al cuerpo de su amante.

Un intenso dolor de cabeza lo obligo a abrir los ojos y medio sentarse, todo le daba vueltas. Respiro pausadamente maldiciendo lo que fuera que hubiera bebido para tener esa resaca tan jodidamente molesta – Maldito whiskey- dijo sintiendo su garganta seca y su voz rasposa y hubiera continuado con sus quejas de no ser porque al moverse sintió un bulto suave y cálido junto a su cuerpo- Que demonios- Se sorprendió de encontrarse con Ciel sobre su pecho, con sus cabellos revueltos y su rostro sereno, se quedo estático tratando de recordar como había terminado en su habitación y como es que Ciel estaba junto a él – Maldición- exclamo, lo intentaba pero no conseguía recordar ni un solo detalle de lo ocurrido la noche anterior y le molestaba sobremanera porque fuera lo que fuera había acabado con su hermoso Ciel en la cama.

Ciel- murmuro al encontrarse pequeños rastros de lágrimas en las mejillas de su amante que intento limpiar con sus dedos, muy suavemente.

Sebastian- dijo el peligris entre sueños y el aludido solo pudo sonreírle.

Después de darse un buen baño se vistió con un elegante traje de color negro y volvió la vista hasta Ciel que continuaba dormido, había decidido que lo mejor era dejarlo descansar, y solo lo arropo antes de dejarlo en la habitación con las cortinas cerradas.

Afuera era más o menos mediodía, Tanaka, Marie y Valery se encargaban de los preparativos de la noche, ya que esa misma tarde Sebastian ofrecería una fiesta para celebrar el acuerdo entre Lord Carrington y el Barón McPherson, una ventajosa unión para acabar con Warren y Roger. Una macabra sonrisa se dibujo en su labios, en tan solo un par de horas se encargaría de terminar con esos bastardos, solo debía esperar a que anocheciera. Y luego darles caza.