Capitulo 11: Venganza

No tengo excusa ni disculpa por haber tardado más de mes y medio en actualizar.

Mis disculpas, crear un final es algo un poco más complejo y por consiguiente toma más tiempo, si bien planeaba el actualizar cuando estuviera listo cierto es que he tardado demasiado, sus últimos reviews me animaron a subir este capítulo antes de lo que yo misma imaginaba.

Espero que les guste,

¿Está todo listo?- La inconfundible voz de Ciel resonó en aquella habitación.

Tal cual usted ordeno, my lord – respondió Sebastian ingresando con elegancia y seguridad –Los invitados se encuentran en la sala, son atendidos por Tanaka y los empleados contratados para la velada.

¿El invitado principal? – consulto con la vista fija en el océano.

Llego con extrema puntualidad – comento – Tal parece que está ansioso, tal vez por la urgencia con la que fue solicitado –agrego.

Jejeje el muy idiota se trago el cuento como si fuera un niño de cinco años – rio divertido el peligris- Ahora solo nos queda esperar el momento exacto, el momento idóneo para ponerlo de rodillas – Ya no reía, ahora solo formaba una sonrisa tan macabra y despiadada que su interlocutor no podía apartar la mirada. Estaba de pie al frente de ese gigantesco ventanal, con su pequeño cuerpo erguido y las manos en la espalda, concentrado profundamente en sus oscuros y retorcidos pensamientos, en sus más anhelados deseos de venganza y a él se le antojaba perfecto, no solo por su belleza sino también por esa oscuridad, porque Ciel estaba hecho de aquello que todos temían, de aquello que todos rehuían. La soledad, el dolor, la tristeza y el odio en una mezcla de infinita pasión, pasión por una venganza que estaba a punto de alcanzar. Y él se mantendría ahí, junto a él, observando como aquel bellísimo joven se regocijaba en la incertidumbre y en la desesperación de los sueños cumplidos y se quedaría justo a su lado, cuidándolo, acompañándolo en esa oscuridad, la misma que el vestía desde haceaños, la misma con la que ambos se conocieron; Como si fueran dos caras de una misma moneda. Los dos en un infierno que comenzaron a disfrutar, y ver esa mirada tan oscura en los ojos de su Ciel le encantaba y le atraía como nada en la tierra.

¿Qué haces ahí parado? – Pregunto el peligris saliendo de sus pensamientos a causa de la intensa mirada carmesí- ¿No tienes más cosas que hacer? – Una pregunta altanera pero Sebastian incluso ahora le seguía poniendo nervioso.

Muchas cosas de hecho, joven amo – dijo bajito mientras con paso felino se acercaba lentamente hasta Ciel y se agachaba hasta tocar su camisa y rozar con las yemas de los dedos el delgado y blanquecino cuello – Esta helado, no quiero que se enferme otra vez- cambio tanto su semblante sensual y su tono de voz por uno de preocupación y llevo la mano derecha hasta la frente de Ciel que de un manotazo lo alejo.

¡Suficiente!- Le dijo con molestia – Deja de tratarme de ese modo, es molesto – menciono refiriéndose al título de "Joven amo" con el que Sebastian solía dirigirse a él – Y no tengo fiebre ni estoy helado, solo son imaginaciones tuyas – le corto, después de todo llevaba semanas sin sentir frio. Sebastian lo cuidaba al punto de no permitir que ni la más mínima brisa ingresara a la mansión.

Pero si usted es mi joven amo –acentuó – Y, no son imaginaciones mías, estas muy frio.

Tonterías- exclamo exasperado pero se vio impedido de seguir reclamando cuando Sebastian lo empujo sin cuidado hasta la pared y acto seguido lo arrincono hasta quedar extremadamente pegado a él. Contuvo la respiración.

Serán tonterías para ti, pero no quiero verte delirando de ese modo otra vez – lo miraba y le hablaba con enfado, el peligris desvió sus ojos azules hasta el otro extremo de la habitación- Me vería tentado a hacerte mío nuevamente – dijo recordando aquel momento que compartieran cuando el peligris recobro la consciencia esa noche; Tomo suavemente la barbilla de Ciel y lo atrajo, con un leve roce acaricio sus labios y este se estremeció ante el contacto. Se alejo mirándolo con evidente diversión – Pero no te has recuperado al cien por ciento, no quiero que tengas una recaída- admitió y dejando de lado su reciente actitud rodeo a Ciel en un abrazo y hundió su cabeza en el cálido cuello de su amante.

No la tendré, estoy bien y me siento bien – se alejo un momento tomando distancia – Ahora solo debemos concentrarnos en esta noche.

Hoy tendrás a tus pies al bastardo de Marcus, podrás desquitarte cuanto quieras – pensó y con una elegante reverencia se inclino –Todo saldrá como lo planeaste joven amo, sin errores – se levanto entonces y sin decir nada más se alejo dejando a Ciel en el más profundo de los silencios.

Sujetaba aquella delicada copa de cristal intentando apaciguar los temblores de su mano, estaba nervioso. No paraba de pensar en aquella misiva recibida aquella misma tarde, una invitación para una fiesta privada a nombre de su majestad la Reina de Inglaterra, quien le invitaba precisamente a él para pedir su ayuda y consejo, bien sabido era en todo Londres que Lord Gregson era la mayor autoridad en materia política o científica si así lo requiriera el caso, mas nunca imagino que su majestad le invitara a tan peculiar ceremonia donde describía estaría una de las más distinguidas e influyentes familias de toda Inglaterra- ¿Qué pinto yo aquí?- se preguntaba, pero era imposible rechazar tan amable petición de parte de la persona más importante en todo el país; Tenia un mal presentimiento uno que no le dejaba descansar, todo eso era extraño desde aquellos corceles negros hasta la entrada de aquella majestuosa y alejada mansión, el ambiente a su alrededor le resultaba tan siniestro que podía escuchar claramente los desbocados latidos de su corazón. Las hermosas mujeres ataviadas en las más finas y bellas telas sonriendo como posesas a los caballeros que parecían disfrutar de aquella velada tan inusual, tan lúgubre en aquella mansión gris en que ni la brillante luz de las velas lograba iluminar, era irreal.

-Algo anda mal- se dijo a sí mismo y se dispuso a seguir a sus alterados instintos.

Míster Gregson, ¿a dónde va? – Consulto el mayordomo acercándose lento – ¿Nos deja tan pronto?, la velada acaba de comenzar por favor espere a que los anfitriones y su majestad se presenten.

C cla… claro- acertó a decir y volvió a tomar asiento. Cerró los ojos un momento y se dejo llevar por el siniestro sonido de ese triste sonata en Do menor, quietos minuetos que proseguían a los contrastantes de un Presto Agitato, eran arpegios en una sonata de carácter apacible y de movimientos estridentes. Su interior se lleno de un miedo sin sentido, abrió los ojos entonces, al sentirse indefenso en medio de la nada y con terror infundado busco al culpable de aquella melodía oscura. Y entonces, lo vio.

No es posible – murmuro al verlo a él, a su antiguo amigo sentado frente al hermoso piano de cola, cual fantasma vestido enteramente de negro, elegante y soberbio como solía ser cuando estaba vivo- Tu estas muerto maldición, este maldito ambiente me está volviendo loco- pensó y se bebió el contenido de su copa de un solo golpe, no lo creería. Era imposible- Nadie podría sobrevivir a eso, incluyéndote Sebastian, estás muerto y muerto te quedaras.

Ciel desde la segunda planta de la mansión, escuchaba aquella triste melodía de pie frente a la puerta. Le pesaba, podía sentir el dolor inmerso en aquellos acordes y se estremecía en la soledad escondida tras esa sonata. Una lágrima traicionera rodo por una de sus mejillas mientras apoyaba la frente en la fría madera, un pequeño e inaudible gemido escapo de sus labios – Sebastian- le nombro sin esperar que apareciera, todo estaba planeado ya pero el muy desgraciado tenía que tocar semejante obra maestra, tenía que transmitirle todo ese dolor una vez más – Odio amarte tanto Sebastian – confeso a la fría oscuridad de aquella elegante habitación y antes de que terminara el ultimo pasaje respiro lenta y profundamente, giro el pomo de la puerta y con andar elegante salio hasta el pasillo.

La música se detuvo entonces. Lord Gregson no apartaba la mirada de aquel joven pianista mientras este se ponía de pie dejando al descubierto su perfecta silueta, iluminada por la tenue luz de las velas – Imposible- pensó horrorizado al verlo. Sebastian le miraba con una desquiciante sonrisa, una sonrisa estática y le observaba atentamente con esos brillantes ojos carmines. Se levanto rápido y sin esperar a que aquel espectro se abalanzara como un lobo sobre él, apresuro el paso, sin importarle arrollar al camarero y derramar el vino de aquellas copas. Debía salir de ese lugar, no importaba como el solo deseaba salir. Tropezó. Y al intentar levantarse del suelo, miro hasta arriba, sin esperar ni creer lo que sus ojos le enseñaban, vio como con una majestuosidad digna de un rey descendía con elegancia y belleza aquel joven que supuestamente estaba encerrado en los terrenos de Bill. Sin ningún solo rasguño.

¿Tu? ¿Tú tienes algo que ver en todo esto?- pregunto en voz alta y una vez que lo tuvo lo suficientemente cerca sin contenerse levanto su mano para asestarle un golpe– Esta vez me asegurare de terminar contigo- amenazo.

En este lugar no tiene permitido amenazar a nadie, mucho menos levantar la mano en contra de nuestro anfitrión- la voz profunda de Sebastian le hizo temblar de terror y al verse sujetado por la mano de quien le ocasionaba esa sensación se vio a si mismo intentando soltarse del fuerte agarre del que era presa.

Esto no está pasando, es una pesadilla - Pensó mientras intentaba calmar los temblores que comenzaban a hacer mella de su ser – El sutil andar de ese joven que vestía elegantemente de azul y la aparición de quien creía muerto lo paralizaron por completo.

¿Le asustan los fantasmas señor? - Susurro Sebastian en su oído soltando su mano y este dio un salto girando para encararlo y gritarle que lo volvería a matar si seguía con ese jueguecito. Pero se abstuvo y volvió la vista en busca del peligris que seguía frente a él con una hermosa y dulce sonrisa.

Buenas noches Lord Gregson, me alegra que viniera esta noche – dijo con la voz cargada de una falsa ternura al tiempo en que unía las manos a las de su interlocutor – Espero que la velada sea de su total agrado.

Gregson preso de aquel miedo aterrador soltó de golpe las delicadas manos del menor y se abrió camino entre la gente, corriendo como si hubiera visto al mismísimo diablo, mirando con horror las caras felices de aquellas personas que reían como posesos, que le miraban y luego murmuraban entre ellos. No entendía nada, solo sabía que debía huir de ahí lo más pronto posible.

Que descortés de su parte lord, correr de ese modo tan desesperado cuando la fiesta acaba de comenzar, siendo además nuestro invitado de honor–Sebastian frente a él lo cogió del brazo como si fueran los amigos más cercanos del mundo – Mas te vale permanecer quieto hasta que la velada termine querido Marcus, tenemos muchas cosas de que hablar- continuo su andar hasta llegar frente al peligris que con arrogancia les sonreía.

Buenas noches nuevamente Lord Gregson, señores por favor acompáñenos – Dijo en modo irrefutable, y sirviendo como guía les enseño el lugar- Este es el gran salón de la mansión Phantomhive, sean todos ustedes bienvenidos - su voz clara y su semblante aristocrático cautivo a los más de veinte invitados mientras con una charla amena les iba relatando sobre la historia de la familia en cuestión.

¿Interesante no es cierto?, aquella manera de atraer la atención que tiene mi joven Ciel – le comento entre los intentos de Gregson por zafarse de ese fuerte agarre- Quieto Marcus, dime porque es que no dices nada, ¿te comieron la lengua los ratones? – Pregunto divertido, le gustaba aquella situación, le gustaba lo que pensaba hacerle, estaba disfrutando como nunca.

Bastardo, tú deberías estar muerto yo mismo…- no dijo más, bien sabía que solo estaba empeorándolo todo con esas palabras y dirigió su mirada al peligris que con elegancia les guiaba al comedor.

¿Tú mismo me mataste? Eso ibas a decir no, ¿eso le dijiste a Ciel mientras lo tenías encerrado? – Pregunto recordando las miles de frases inconexas que decía Ciel en sus delirios - Marcus, te hubiera perdonado los cinco balazos que me diste pero tenías que lastimarlo a él. Tenías que tocar lo más preciado que he tenido.

Esa basura obtuvo justo lo que se merecía, el muy maldito me engaño fui hasta Paris en la búsqueda de esa maldita llave y resulto que todo fue una mentira – le grito creyendo que de ese modo atraería la atención de los demás invitados y de esa forma seria por fin libre. Error. Sebastian lo lanzo al otro lado de la habitación con rapidez haciendo que el lord diera contra la pared contraria, los invitados seguían como si nada pasara, alejados de aquel pequeño espectáculo que se llevaba a cabo a tan solo a una habitación de distancia.

No vuelvas a insultar a Ciel – advirtió acercándose lento – Y si caíste en semejante engaño tan sencillo fue solo por tu codicia, el joven solo te guio a encontrarte con tu propia estupidez – comento antes de asestarle un fuerte golpe en el rostro.

-¡Hey! Ustedes par de mozos inútiles, ¿por qué no hacen nada? este sujeto va a matarme ayúdenme – gimió con desesperación- ¡Soy Lord Gregson maldición!

Tranquilo, yo le ayudare Lord venga – lo levanto asegurándose de doblar su brazo hasta hacer tronar sus huesos para luego llevarlo hasta el comedor con una sonrisa perfecta y encantadora.

Los invitados los miraron atentos y de entre ellos pudo ver de soslayo a la que todos conocían como la Reina Victoria. Abrió los ojos con mesura.

-Buenas noches, disculpen la demora yo y mi colega estábamos discutiendo un par de detalles, ya saben asuntos de trabajo – su cordialidad y sensualidad agrado a los presentes, quienes pasaron por alto el pequeño inconveniente. Marcus guardaba silencio.

Espero que disfruten la cena preparada por nuestro chef –Agrego Ciel antes de sentarse y mirar un segundo la comida, tenía el estomago revuelto. Solo pensar en sentarse en la misma mesa que ese sujeto le provocaba nauseas, no recordaba muy bien lo que había pasado en ese calabozo con excepción de los golpes que recibió pero su cuerpo parecía percibir algo mas, algo le provocaba un malestar físico. Era irritante.

Sebastian no apartaba la mirada de su joven Ciel que no dejaba de mover el tenedor de un lado a otro, sin probar su comida. Hundía el cuchillo cortando la carne y simulaba muy bien estar comiendo – ¿Estas nervioso?- se pregunto y de reojo miro a los demás presentes.

Una comida exquisita – alabo una de las damas.

Un chef increíble he de decir, ¿podría joven decirnos el nombre de quien preparo estos platillos? – Pregunto otro invitado. Ciel le miro unos momentos con cierto recelo en la mirada y dio el nombre del chef continuando así con preguntas banales y cotidianas esa velada para proseguir a instalarse en la sala de estar.

Lord Gregson no perdía oportunidad para mirar a Ciel con desprecio ni para buscar el mejor modo de salir de ahí. No le convenía quedarse más allá de la hora establecida como prudente, de quedarse a solas con esos demonios bien sabía que no viviría para contarlo. Necesitaba salir.

-Lord Gregson- dijo una voz a la derecha de la soberana. El aludido miro a quien le hablaba con cierta molestia, no estaba para seguir fingiendo que se divertía- El motivo de esta reunión organizada por su majestad y el joven Phantomhive es debido a que deseamos hacer esto de la forma más sencilla y privada posible.

Disculpe no entiendo de que habla - respondió con antipatía

Después de una larga y exhaustiva revisión a los documentos de la Corona y todas las partes y actas de nuestros contratos para con usted, incluyendo su actual herencia y patrimonio legitimo e ilegitimo más todos los documentos que facilito Lord Michaelis demostrando que nuestros papeles fueron alterados de la manera mas perfecta y profesional que hubiéramos podido imaginar, su majestad la reina Victoria junto a los nobles de la orden ha decidido retirar sus privilegios y quitar su título como duque. Le informo que desde hoy ha dejado usted de ser un miembro de la nobleza, con la orden de La Corona como testigo- menciono y todos los invitados se pusieron de pie.

Ciel se abstuvo de reír al ver la cara de estupefacción que puso Lord Gregson al escuchar esas palabras y Sebastian con su mirada seria le acerco los documentos que comprobaban los hechos que había mencionado aquel sujeto.

¡Miente! – Grito ya completamente fuera de sus cabales - Esos documentos deben ser falsos, este bastardo es un mentiroso, un asesino – Dijo ante todos los presentes; Sebastian movió la cabeza negativamente en un gesto de desaprobación y le permitió defenderse delante de la atenta mirada de los nobles - ¡Él es el nieto de Michaelis! , un jodido asesino no pueden creer nada de lo que dice. Tenía la cabeza baja todo estaba perdido, el maldito mocoso estaba ganándole una partida y sabia que lo estaba disfrutando aunque su rostro dijera lo contrario.

-Lo siento mucho- menciono Ciel con aflicción - se que debe ser difícil para usted pero no por eso debe ofender al duque Michaelis que nada tiene que ver con sus negocios de dudosa procedencia.

-Vaya, casi creo que sientes tristeza por mí, ¿eres bueno actuando no es así? – se acerco hasta Ciel con deseos de herirlo de alguna manera pero fue detenido por Sebastian que sin ningún reparo tomo lugar entre él y el peligris arruinando sus deseos de golpearle.

-Señor Michaelis debemos irnos, queda en sus manos la entrega de este hombre a las autoridades por el fraude a su majestad– ordeno el mayordomo de la reina y con elegancia sostuvo la mano de la soberana ayudándola a salir del recinto.

Muchas gracias por todo Sebastian – le dijo al lord y este hizo una reverencia – Pequeño, seas bienvenido y espero verte pronto – dirigió una amable sonrisa a Ciel que al igual que Sebastian se inclino para despedir a la reina.

Medianoche, Mansión Phantomhive:

Te comprendo – dijo en voz baja- El pequeño es increíble en la cama, aún recuerdo sus gemidos diciendo mi nombre – mintió, comenzaba a desesperarse y no veía más salida que el ponerlo en contra del menor - No debí tomarlo sin consultarte pero en vista de que él lo quería… -

Sebastian lo sujeto con fuerza del cuello y lo levanto hasta dejarlo unos centímetros más arriba de su cabeza, los ojos del pelinegro refulgían con furia y sin poder hacer nada para evitarlo comenzó a recibir los golpes que Sebastian le daba.

-No vuelvas a insinuar que Ciel quiso lo que le hiciste, y entérate te voy a cobrar cada una de las heridas que vi en su cuerpo cuando lo encontré. ¡Vas a pagarme por todo lo que el paso!- Estaba fuera de sus cabales, le golpeaba con brutalidad olvidando el plan en su totalidad, solo quería destriparlo.

Déjame… de una vez demonio, puede que no me creas pero ese pequeño lo estaba pidiendo a gritos, el deseaba que lo metiera en mi cama – le susurro y el nuevo golpe en su estómago lo hizo escupir sangre. Sebastian quería hacerlo gritar de dolor y opto por tomar aquel martillo que vio al ingresar al calabozo; Le sonrió de lado y sostuvo la mano de Marcus que al igual que la otra estaba atada a las correas de cuero, sujeto dos de sus dedos y ante las suplicas de piedad que comenzó a soltar el rubio le asesto un martillazo haciendo reventar sus dedos. Aquel grito se escucho fuerte y claro en toda la mansión.

Ciel se mantenía en la sala justo como le había pedido su amante antes de retirarse pero los gritos de Lord Gregson lo ponían nervioso y lo hacían estremecerse – Lo que sea que le esté haciendo se lo merece- pensaba pero no por eso dejaba de creer que era él quien debía castigarlo y no Sebastian. Se levanto decidido y aunque Tanaka le aconsejo no intervenir fue hasta los calabozos. Los pasillos grises y fríos le recordaron de golpe las pasadas semanas en que estuvo encerrado pero se quedo en blanco cuando vio a Sebastian manchado de sangre y riendo quedamente mientras enterraba pequeños dardos en varias partes del cuerpo del Lord.

¡Sebastian! Detente de una buena vez – la voz molesta de Ciel lo hizo volver a la realidad –Esta inconsciente idiota.

-Perdóname, sé que el trato era solo arrebatarle los títulos y encarcelarlo en los calabozos pero no pude evitarlo – admitió y volteo a verlo –Es todo tuyo ahora – su voz se oía extraña, había olvidado que el mismo le había pedido que no fuera hasta ahí, no le gustaba que lo viera haciendo cosas como esas. Camino hasta quedar frente al joven y acaricio su mejilla – Ciel, no puedo dejarlo con vida, no después de las cosas que dijo - confeso.

¡Lo dejaras vivir hasta que te diga lo contrario! ¿Escuchaste?- le hablo con enfado – ve a cambiarte esa ropa estas lleno de sangre – se alejó y abrió la puerta dándole a entender que no tenía como arrebatir aquella orden.

-Como ordene joven amo –

Sebastian salió en silencio y Ciel dedico unos minutos a observar a ese hombre, su cabello rubio ahora mojado en sudor era bastante largo, paso la vista por su cuerpo , las ropas desgarradas le permitían ver cada detalle en su piel, todo en ese sujeto le parecía tan familiar, le recordaba tanto a Bill. Instintivamente cerró los ojos tratando de recordar más detalles de ese otro sujeto pero dio un salto al sentir unas manos sobre sus hombros.

-No se descuide tanto a si mismo solo porque estoy cerca- menciono Sebastian mientras dejaba sobre la espalda de Ciel una gruesa manta de lana.

Me asustaste- reclamo y se cobijó tiernamente con aquella manta.

Es tarde Ciel, duerme unas horas–le pidió amablemente.

-Ni de broma Sebastian, me quedare aquí mismo vigilándote, como te descuide otra vez puede que ya no quede nada de él para el amanecer- estaba contrariado, una parte de el quería matarlo y otra al verlo así lo hacía sentirse miserable.

¿Estás feliz? – La débil voz de Marcus los puso a los dos en alerta - Puede que estés… disfrutando ahora pero… en cuanto ese demonio se canse de ti volverás a ser lo que eres, un esclavo – lo miro con desprecio – Entiéndelo solo te está usando como todos nosotros, Sebastian esta encaprichado contigo.

El duque Michaelis sintió su sangre hervir al escuchar aquello pero Ciel lo detuvo de realizar cualquier acción.

Que Sebastian esté o no encaprichado conmigo solo me incumbe a mí y si quieres saber no me molesta para nada ser el capricho del duque mientras pueda hacer lo que quiera contigo– dio un par de pasos frente a él - Que patético eres, pretender que te preste atención cuando es obvio que lo único que quieres es tomar ventaja de alguna manera para salir de este embrollo. Pero quiero que lo sepas Gregson no vas a salir de aquí a menos que yo lo quiera y eso no va a pasar. No hasta que estés hecho pedacitos – Lo que le hiciste a Sebastian no te lo voy a perdonar – pensó y ante los ojos carmesí se dio el gusto de tomar una pequeña tijera y cortar una parte de sus brazos para luego desprender lentamente su piel con la ayuda de las mismas.

¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH! - Un grito desesperado se unió a los movimientos involuntarios provocados por el dolor. Se retorció con violencia. Aquel dolor no podía compararse a nada, sentía como lentamente su piel se desprendía y la sangre comenzaba a fluir.

-Míralo por el lado bueno, ahora estas un poquito más cerca de poder salir – se burlo y salio del lugar con Sebastian siguiéndolo. Gregson perdió la conciencia.

-No lo quiero muerto Sebastian, lo necesito vivo y consiente para que admire lo que ocurrirá con todo lo que dice poseer – caminaba delante de Sebastian- Un par de entrevistas con los notarios será suficiente para darle el golpe de gracia. Mañana a primera hora los recibiremos en la mansión.

-Señor Sebastian el doctor Wesley y mi sobrino lo estuvieron esperando, no pudieron quedarse por un asunto urgente – Informo Tanaka en cuanto cruzaron la puerta dejando atrás el camino al calabozo privado de esa enorme construcción. Interrumpiendo sin querer aquella conversación.

-¿Paso algo malo? – pregunto el duque con atención.

El Dr. Wesley tuvo que ir de inmediato hasta los terrenos de Bill Morstan, por lo que oí alguien enveneno a la servidumbre y a varios miembros de la familia.

Ya veo, un asunto bastante grave hicieron bien en salir en su ayuda – comento – Muchas gracias viejo, ahora ve a dormir que es tarde, mañana mándales llamar para la hora del almuerzo por favor – Espero a que Tanaka asintiera y se retirara; Entonces volvió la mirada hasta el peligris que miraba distraídamente por la ventana.

¿Se arrepiente? ¿Acaso quiere detenerse aquí?

-Esa pregunta está de más, ¿arrepentirme ahora? Ni de broma Sebastian. Esto apenas está comenzando y no me detendré hasta acabar con todos ellos. Estuve esperando una oportunidad como esta desde hace mucho, ¿Crees que algo en mi temblé me impedirá vengarme de ellos ahora que puedo?

Ya veo – sonrió de lado –La tristeza y el dolor siguen en ti, está bien que las uses y las conviertas en tu fuerza- pensó y tomo a Ciel por la manga de su chaqueta, lo giro y de un empujón lo atrapo contra el cristal, de un contacto rápido lo beso con pasión abriéndose paso forzosamente entre los labios de Ciel que no se resistió por mucho y siguió su desenfrenado ritmo. El calor comenzó a envolver aquel pasillo y Sebastian olvido un minuto donde se encontraban, dejando a sus manos recorrer el delicado cuerpo de su amante a su antojo.

-Sebastian… detente alguien podría… – le dijo a medias y continuo besándolo contradiciéndose a sí mismo. Odiaba descontrolarse así pero Sebastian era capaz de hacerlo enloquecer con solo tocarlo. Por esa razón se dejo hacer, los labios demandantes del duque hacían lo que les venía en gana con él y todo en lo que pensaba se esfumaba si estaba cerca suyo. Sentía sus dedos fríos recorriendo su piel y deseo con locura que continuara, le encantaba cuando Sebastian era tan salvaje con él; No entendía el porqué pero lo disfrutaba. A tientas se adentraron en la habitación, Ciel besaba apasionadamente a Sebastian que por primera vez notaba ansias en las caricias que su amante le daba, con una rapidez extraña en el iba quitando su chaqueta negra para lanzarla al suelo y continuar desabotonando la camisa blanca; Botón tras botón sin dejar en ningún momento de besarlo, cuando aquella prenda se desprendió de la piel del pelinegro los delicados dedos de Ciel recorrieron su abdomen con una parsimonia que hizo que Sebastian relamiera sus labios, lo estaba excitando demasiado. Sintió la calidez de los besos que comenzó a repartir en su pecho y también la urgencia de ser correspondido pero por alguna razón no lograba moverse, dejó que Ciel fuera quien tomara la iniciativa esta vez pero no correspondía a ninguna de las caricias como debería estando tan deseoso de hacerlo suyo como se encontraba - ¿Acaso esto es a lo que llaman estar enamorado? – Se pregunto al descubrir el porqué de su reciente frialdad con el peligris, estaba preocupado por él su actuar no era normal eso lo sabía y no podía pasarlo por alto. Lo sujeto por los hombros y le dio un suave empujón alejándolo un par de centímetros de el –Ciel detente – le pidió y el peligris bajo la mirada.

-¿No te gusta? – Pregunto con timidez y con la vista fija en el suelo, lo que le impidió ver la mirada llena de ternura con la que Sebastian le observaba – O… ¿es que ya no…? – no continuo con su pregunta, no quería oír una respuesta que le hiciera daño, por lo menos esa noche no quería sentirse despreciado.

Me encanta – se apresuró a decir – Te deseo Ciel, deseo hacerte mío ahora mismo – le dijo levantando su cara y obligándolo a verlo a los ojos – Pero no te encuentras bien, ahora no necesitas esto. Puedo sentirlo, tú necesitas algo mas esta noche y yo me encargare de dártelo –Sin preocuparse de lo que fuera a decir su joven amo lo levanto entre sus brazos y lo llevo hasta la cama depositándolo con cuidado.

Idiota, bien podía llegar yo solo – le reclamo con la cara sonrojada.

Sebastian no respondió solo se agachó hasta quedar a la altura del peligris y en completo silencio comenzó desvestirlo, muy lentamente. La respiración acompasada de Ciel era el único sonido en esa habitación mientras que Sebastian continuaba inmerso en su labor, sin desperdiciar las oportunidades que tenía para acariciar la delicada piel de su amante, arrancandole uno que otro suspiro.

-Sebastian- le llamó cuando este se levantó y se dirigió hasta el ropero en busca de una nueva camisa.

¿Sí?- Consultó sin mirarlo, escogiendo con cautela la prenda.

-Nada- Ni siquiera sabía porque lo había llamado, pero cuando lo vio alejarse quiso retenerlo junto a él – Que idiota eres – pensó para sí- No va a ir a ninguna parte- concluyo.

El aludido sonrió y se acercó nuevamente, abrocho los botones y le cubrió con las mantas. Tomo una bata oscura y cubrió su propio cuerpo aun semidesnudo para luego salir de la habitación ante un mudo Ciel que seguia con la mirada cada movimiento que realizaba.

Al cabo de unos minutos ingreso a la recamara con una bandeja de plata y en ella una taza rebosante de leche caliente y bizcochos.

-¿Y según tu, esto es lo que necesito? O ¿De casualidad piensas que soy un cachorro? - Le regaló una mirada agria e hizo ademán de girarse al costado de la cama.

De ser así sería el cachorro más lindo del mundo pero no, solo pienso que mi joven amo no se ha alimentado bien este día. Ande beba, le he puesto mucha miel - sabía que le gustaba y que no había comido bien durante el día, dos motivos por los cuales no negarse.

Ciel miraba la cortina, sabía que Sebastian continuaba a su derecha y el dulce aroma de la miel estaba impregnando la habitación, sin quererlo se saboreo y se giro despacio hasta mirar de reojo a su amante que con una sonrisa continuaba ahí – Solo un poco – le dijo y tomo la tacita para llevarla hasta sus labios ante la atenta mirada de Sebastian que complacido le ofrecía de los bizcochos. Durante ese instante Ciel se dedico a comer y Sebastian a admirarlo.

-Gracias – le dijo cuando este retiro la bandeja ahora vacía – Por todo lo que haces por mi – continuo – por cuidarme tanto – pensó y se deslizo hasta quedar casi oculto entre las sabanas.

No tienes nada que agradecer, ahora vuelvo iré por unos documentos que quiero enseñarte –le contesto el pelinegro.

¿Ahora? – Pregunto confundido ya que con la leche comenzó a sentir sueño - Tch está bien pero vuelve pronto- le mando y este se alejo dejando a un Ciel molesto y somnoliento en la cama. Ya en su estudio tomo la carpeta con todos los documentos que había solicitado hace unos días a Tanaka y con una sonrisa se encamino rumbo a la habitación del peligris.

-Pero que perezoso es joven amo - dijo una vez estuvo nuevamente al lado de la cama y dio un suspiro al verlo totalmente dormido – No tarde más de tres minutos y ya está durmiendo, yo que quería darle esto –miro la carpeta y con resignación la dejo sobre la mesita de noche; Se sentó un momento a contemplarlo dormir, pensó en lo hermoso que era estando así y comenzó a quitarse la bata y los zapatos quedando únicamente con su pantalón negro , estaba cansado y que mejor que recostarse un momento al lado de su precioso amante.

-Creo que esto es lo que necesitas mi amor- le susurro y lo atrajo con delicadeza hasta su cuerpo abrazándolo. El movimiento ocasiono que Ciel abriera sus ojos y lo mirara algo adormilado.

Ah… Sebastian– le nombro sin darse cuenta y cerró los ojos acurrucándose inconscientemente junto a él.

Sebastian quiso reír por aquella acción- Duerme Ciel – Menciono mientras con su mano derecha acariciaba esos cabellos grises y suaves. Lo sentía tranquilo por fin, todo ese día había resultado un completo caos y sentía que Ciel solo necesitaba amor y protección para poder con todo eso. No podía dejarlo solo esta vez, ese hombre estaba en el calabozo sí, pero bajo su mismo techo era obvio que su amante se sintiera inquieto aunque no lo demostrara. Y Le encantaba esa forma de ser tan valiente y soberbio al mismo tiempo aunque no dejaría de protegerlo ni de cuidarlo solo porque Ciel fuera bueno demostrando que podía manejarlo todo. El se preocuparía de mantenerlo seguro y a salvo de cualquier daño, no le fallaría de nuevo – Te amo – le dijo una vez más antes de dejarse llevar por el sueño y caer dormido.

-Sebastian… ¡Sebastian! …

Ciel llamaba al duque con preocupación, sentado casi sobre el trataba de despertarlo de lo que parecía una pesadilla; Se movía intensamente de un lado a otro y nombraba una y otra vez al -antiguo duque Michaelis.

Sebastian despierta – le decía mientras lo mecía – ¡Sebastian!– le grito y el pelinegro de un veloz movimiento lo empujo contra el colchón sujetando extremadamente fuerte sus hombros dejando al peligris entre su cuerpo y la cama.

-¿Ciel? – le pregunto confundido una vez que logro enfocar bien la vista.

Tranquilo solo fue una pesadilla – Trato de calmarlo puesto que su respiración era bastante agitada.

-¿Te lastime? – Pregunto al notar el agarre que ejercía. El peligris negó con la cabeza - No quiero seguir recordándolo – Susurro. Ciel no entendía a que se refería exactamente pero sus ojos ahora turbios decían mucho y no se contuvo de levantar una de sus manos y acariciarlo como tantas veces lo acaricio a él, en silencio llego hasta sus labios y de una suave caricia le beso. Sebastian sintió el calor de aquel contacto que logro llegar hasta lo más profundo de su oscuro corazón. Ciel se notaba preocupado y le demostraba en ese beso lo mucho que deseaba ¿cuidarlo?, le resultaba extraño que alguien tan pequeño y frágil como le parecía su Ciel estuviera dispuesto a cuidar de él.

-Hace unas horas dijiste que me darías lo que necesitaba y no te equivocaste – le sonrió – Ahora permíteme a mi darte lo que necesitas.

Wesley observaba con impotencia como apilaban a los cadáveres en aquella hoguera organizada. Habían llegado tarde, todos los enfermos habían entrado en shock minutos antes de que pudieran revisarlos, ahora según el mandato de ese sujeto todos los que no pertenecían a la familia fueron puestos ahí uno arriba de otros para ser quemados y evitar de ese modo el costo por los entierros.

Arthur había visto el pesar en el semblante de su buen amigo pero no por eso dejaba de creer que todos los que ahí residían eran tanto o más despiadados que el mismo señor de la casa, estaba mal que en su postura de medico pensara de ese modo pero él con sus propios ojos admiro la verdad escondida en ese lugar y no podía evitar estar aliviado al saberlos muertos.

Bill desde su viejo despacho sostenía la única y última carta contra la persona que había hecho todo para arruinarlo. Desde la pérdida de su valioso joven hasta la muerte de su propia familia. Sus sirvientes. Podía ser una locura pero lo único que explicaría la cadena de sucesos acontecidos era una y se llamaba Sebastian Michaelis. Lo sabía y con sus propias manos terminaría lo que no acabo el viejo Michaelis en su momento.

-Esta vez me las vas a pagar todas Sebastian, esta vez nadie podrá evitarlo y Ciel será el corderito ideal para llevar a cabo el ritual, ¿no lo crees?

¿Ya lo han notado?, así es, este capítulo no ha sido el final

El desenlace de Azul y Carmesí será en el próximo capitulo, como dije al comienzo ha tomado más tiempo y estoy lidiando con mis deseos de escribir una linda tragedia: D

Quisiera oír sus comentarios para poder tomar una decisión final, no les adelantare nada pero admito que soy un poco cruel a la hora de escribir.

Próximo capitulo: Pecado