¡Buenas noches a tod s! Sé que muchos de ustedes debieron decepcionarse mucho al ver la llegada del Jueves y...simplemente ver como pasaba sin que nada se publicase. Lamento mucho lo sucedido, no hay nada que más odie que no cumplir mis promesas, sin embargo, que aunque creedme que lo intenté (escribí hasta la madrugada del viernes en un último intento) fui incapaz de publicar este capítulo en condiciones. Por cuestiones agenas me he visto obligada a escribirlo en el móvil y lo cierto es que no me convence mucho el resultado, pero aún así espero que no sea lo mismo para ustedes y que puedan disfrutar de él :)
PD: Establezo oficialmente los Lunes como día para salvar capítulos, por sí algo así volviera a sucederse .
Agradecimientos a : Shandy-chan (Ni te imaginas lo que agradezco tus comentarios, no sé si te llegó mi MP, espero que sí ;) / k(?) = Muchas gracias! Me halagas la verdad, espero que esta historia sea de tu agrado ;) Personalmente no me gusta mucho cambiar la personalidad de los personajes aunque no siempre lo consigo lograr
Disclaimer: El sensualón de Inuyasha y el resto de fantásticos personajes no me pertenecen (aunque no me importaria darles un hogar XD )Todos ellos son propiedad exclusiva de la genial Rumiko Takahashi.
Advertencia: Yaoi, Angst, Violación, Mpreg, Horror(?), Muerte de personajes.
Rated M
Dialogos(―) Pensamientos ( )Recuerdos("")
Capítulo 3: Planteando el camino
Inuyasha pateó una roca que se presentaba frente a él en el camino. No sabía qué dirección había escogido ni los días que habían trascurrido...Tampoco importaba.
Atravesaba los campos de arroz con los brazos ocultos en su kimono a un paso tranquilo. ¿Por qué correr? Ya no había ninguna razón para ello.
El sonido y la vista de las olas del mar todavía era perceptible desde donde se situaba, un azul profundo contrastando frente al verde de la campiña, frente al verde oscuro y sucio que componía el río y frente a la arena blanca que desde la lejanía componía una línea fina junto al horizonte.
El mar...no recordaba que hubiera estado tan lejano aquella noche...
Llevaba días sin comer, sin dormir, sin dejar de ser abrumado en una marea confusa de imágenes y palabras que componían sus recuerdos. La vida que caminaba parecían ser los sueños y los sueños que dormía su realidad. El encuentro con su hermano clavado como una herida enorme, ¿Por qué? Su corazón clamaba venganza, su corazón le decía que lo que había sucedido era todo su culpa...el sentimiento de ira y arrepentimiento por no luchar contra él hasta que su vida fuera extinguida le corroía las entrañas. Pero él sabía mejor...él sabía que la verdad era mucho más dolorosa.
El sabía que eso sólo era una triste excusa para ponerse a los pies de la muerte.
¿Qué tan malo podría ser?
Se había preguntado mucho últimamente. No era como si hubiera algo terrible en ello, sin embargo sentía que algo dentro de él se rompía al decaer en esa humillante huida.
El sacrificio de sus padres sería en vano, y sólo daría la razón a todos aquellos que hablaron de él como una bestía y no un ser racional. Aunque lo más inquietante de todo...es que ya no estaba seguro de seguir siendo un ser racional...En algún momento particular todos y cada uno de sus seres queridos le habían dirigido una mirada cuestionándole sobre su salud mental. La reacción de Sesshomaru fue...partícularmente dura.
El crudo silencio de entonces, lejos del pueblo, rodeando su súplica desesperada. Las palabras mordaces matándole en agonía.
"¿Pretendes que este Sesshomaru cargue con tus errores?" La pregunta con un deje de molestia."Si vuestra mujer va a morir, qué sólo es un castigo adecuado para ustedes por su atrevimiento en tratar de crear vida más allá de lo que se permite. Un ser de a penas una cuarta parte de sangre youkai...cómo una ofensa a nuestro linaje permitirse el egoísmo de dar la vida a semejante deformidad."
Su gruñido, un eco en el presente, una amenza en el entonces.
"Debí saber que alguien como tú jamás ayudaría, ni siquiera sé porque lo he intentado. Y sin embargo ¡Creo recordar que yo y mi esposa somos quienes hemos cuidado de Rin hasta ahora!"
"Una obligación que no os he dado; Rin es responsabilidad exclusiva de la anciana. Por supuesto, cabe decir que Rin es un ser vivo, tengo mis dudas con respecto a esa cosa que portas siendo tal"
"Maldito...¡Vas a pagar por tus palabras! ¡Si vive, mi hija será fuerte, tan fuerte como yo he llegado a ser!" El sonido metálico de Tessaiga siendo desenfundado.
Un golpe rápido, la espada cayendo al suelo e Inuyasha siendo estrellado contra un árbol. EL bebe sin vida cayendo a un lado siendo descubierto de la manta.
"Tú..." Trató de hablar, pero la sangre borboteó hacia afuera siendo consciente por primera vez del corte profundo sobre su pecho. Sesshomaru se acercó hasta la niña y la levantó clavándo sus garras sobre el cráneo blando cediendo frente a él. "¡No te atrevas a tocarla!"
Sesshomaru se giró hacia él, el relampagueo de la furia que sólo se percibía en raras ocasiones.
"Este cuerpo podrido...¿Cómo tienes la osadía...?" El aura demoniaca de Sesshomaru se expandió en la ira, toda criatura del bosque oculta y paralizada en el terror. Inuyasha llevaba años sin experimentar este nivel de furia procedente de su hermano.
"Tienes el valor, ¿de pedirme que le conceda la vida...?" Su tono seco, siseante, un grado más alto por encima de su habitual tono lleno de neutralidad encogió el corazón del hanyou por unos instantes. Era en estos niveles que podía considerarse que su hermano estaba gritando. "¿...a esta inmundicia vomitiva...?¿Cómo te atreves a hacer esto con nuestra sangre? Una criatura tal no merece el honor de ser tocado por mi Tenseiga, ¡una criatura tal...!" Sus ojos se volvieron rojos, su cuerpo al borde de la transformación lanzando su poder en una onda expansiva destructora. "Jamás creí que serías capaz de sobrepasar los límites de mi paciencia...hanyou..."
Inuyasha recibió, indefenso frente a la fuerza abrumadora de su hermano, todos y cada uno de los golpes propiciados frente a él. Su hermano no hablaba, al borde de su transformación demoniaca sólo gruñía enseñando sus colmillos y con los ojos brillando más rojos que nunca mientras golpeaba su cuerpo maltrecho bañándole en su propia sangre. Acabó más pronto de lo que hubiera esperado.
"Patético...Su única redención es que la criatura está muerta...si hubiera vivido...este Sesshomaru hubiera acabado de una vez por todas con cualquier rastro inmundo que manchara la sangre del padre."
Sesshomaru desapareció después, dándole la espalda y desapareciendo en la oscuridad del bosque.
Después todo era un poco confuso, recordaba levántandose penosamente y recogiendo el cuerpo aún más demacrado. Recordaba el olor de la sal y el sonido de las olas estrellándose contra el acantilado. Recordaba sus brazos liberándose del peso de su hija y dejando caer el pequeño cuerpo contra la furia del océano. "Hace tanta calor..." Había dicho su esposa "Debemos llevarla al mar" Había dicho...Kagome.
Desde su salida del pueblo, que no había podido evitar, inconscientemente, regresar al lugar donde había puesto en reposo el alma de su pequeña, la tumba más grande existente en el mundo; el mar. Ahora, ¿A dónde se suponía que debía dirigirse?
El gruñido de su estómago se incrementó reclamando por el sustento que tantos días había estado negándole.
El instinto de sobrevivir...tan predecible.
Trató de ignorar el dolor sordo que reconocía como su estómago comprimiendose en busca de nuevos nutrientes. No sería la primera vez que lo experimentaba. Según las circunstancias, tampoco la última.
Un dolor más fuerte, más agudo, suprimió con fuerza sus entrañas instándole a alimentarse.
¡Maldito cuerpo! ¡Aún cuando quiero renunciar, es incapaz de dejarme tranquilo!
Un tanto furioso consigo mismo, antes de que pudiera darse cuenta tomó impulso con los pies y se desvió del camino de tierra que había estado siguiendo en busca de un bosque cercano. El dosel de los árboles le recibió calmando su corazón inestable y captando y siguiendo el olor de un conejo la maleza le prometía sustento hacia delante, caminando más al interior, donde los árboles ocultaban casi completamente el sol, donde el ser humano nunca llegaba a internarse.
No tardó mucho en localizarlo, tras un arbusto de bayas venenosas de intenso color rojo, el conejo acababa de salir de su agujero y mantenía las orejas altas en la atención, el pequeño hocico contoneándose le dijo al hanyou que había sido detectado.
Con meticulosa tranquilidad y la pupila un tanto dilatada frente a su presa, Inuyasha se colocó a cuatro patas y aguardó el momento oportuno. El conejo se inclinó de su posición alerta y dió unos pasos más allá del agujero. Antes de que sus patas traseras le permitieran retroceder, Inuyasha se había avalanzado sobre la pequeña criatura y clavado sus colmillos profundamente sobre la yugular de su cuello. El conejo había muerto.
Se levantó triunfal, saboreando la sangre fresca de su presa mientras la enganchó en una de sus garras y buscó un pequeño claro donde empezar un fuego.
Reconocio el sitio junto a la madriguera como un lugar más que oportuno, y reunió rapidamente algunas ramas secas que amontonó en el centro. No obstante, una vez que debía iniciar el fuego una incógnita se lanzó sobre su cabeza. ¿Cómo coño iba a encenderlo? Antiguamente, que había sido Kagome con ayuda de uno de sus aparatos llenos de la magia llamada "tecnología" la que había hecho el trabajo. Recordó que Kagome solía utilizar unas piedrecitas y las chocaba entre sí en el hogar, pero él no las tenía a mano. Frunció el ceño con frustración y cruzó sus brazos pensativo mientras fijaba su mirada a la madera seca casi como si pudiera prederle fuego con su propia mente.
El olor de la carne del conejo hacía que fuera mucho más difícil pensar...sus ojos se abrieron de repente con realización, y estuvo a punto de darse una bofetada a sí mismo. ¡Qué demonios! ¡El no era un débil humano! Se había criado comiendo la carne cruda, ¡No necesitaba un fuego!
Un gruñido molestó escapó desde su garganta al tiempo que tomó el conejo y, sentado frente a la inutil pila de madera, desgarraba la piel blanca dejando a la vista la delicia roja...
La miró por unos momentos, sumergido en sus pensamientos.
Llevaba años enteros sin probar la carne cruda...más de medio siglo si contaba los años transcurridos en el árbol sagrado.
¿Me he hechado a perder como Shippo con sus golosinas?
Se había acostumbrado tanto al estilo de vida de los humanos que casi había llegado a olvidarse de que seguía siendo un hanyou, de que una parte de él pertenecía al mundo de los mismos demonios que destazaban humanos y peleaban entre sí sólo para ganar más poder y de que en su interior latían instintos que ningún otro ser humano experimentaba. No probaba la carne cruda desde que...había dejado de estar solo.
Una suave brisa removió las hojas de color verde intenso sobre su cabeza, sus ojos estaban ocultos bajo la sombra de su flequillo. Hubo un momento de silencio...después un pequeño bocado.
La suavidad de la carne fue recibida por su garganta como segregaba saliva y jadeó brevemente con la lengua fuera de sí y los ojos entornados antes de dar un nuevo bocado acompañado de un gruñido salvaje. No quería hundirse de nuevo en sus pensamientos, sólo debía concentrarse en el deliciosa sabor de la presa...tan sabroso y fresco.
Los mascullidos que acompañaban la actividad resonaron en el pequeño bosque por unos largos momentos hasta que sólo quedaron huesos de lo que había sido la criatura. Con un suspiro satisfecho se recostó contra la rugosidad del árbol tras de sí y lamió fuera la sangre restante sobre sus dedos. Había tanto silencio a su alrededor, que casi resultaba aterrador.
Resuelta su necesidad más apremiante, se levantó dispuesto a marcharse y continuar con su 'no' camino, cuando captó nueva vida moviendose de la madriguera que había usurpado. Cuatro pequeños conejos asomaron fuera del agujero olfateando en busca de su madre, a penas unas crias recién nacidas. Una sombra extraña cruzó los ojos dorados al ser consciente de que la madre que buscaban era la misma de la que se había alimentado. Con la madre muerta, las crías tardarían poco en ser víctimas de nuevos depredadores.
Un sabor amargo se escapó de su garganta destrozando el dulce sabor de la sangre fresca, sus ojos se abrieron frente a las sangrientas imágenes del pasado. Un golpe en su estómago y un jadeo ahogado, Inuyasha se inclinó frente al suelo y vomitó con un desagradable sonido que opacó la tranquilidad del claro.
Jadeó recuperando la respiración mientras trastabillaba hacia atrás y se alejaba del estropicio creado. ¿Acaso el conejo se habría alimentado de las bayas? Su rostro un tanto más pálido de lo normal y los ojos con un deje brillante de malestar.
Él no era débil. No lo era, era fuerte. Y aún así, pensar que sólo Kagome se vió afectada por esos hechos era un triste engaño que ni siquiera él podía considerar. Cerrando los ojos, casi podía ver el cadáver de la miko anciana, la fría mirada heladora de su hermano clavándose sobre él con disgusto...el océano.
Inuyasha apartó esos recuerdos de su cabeza con tanta prisa como pudo al darse cuenta de que sus ojos estaban esforzándose en llorar de nuevo.
No iba a permitirlo, ¡No más debilidad! Había llorado lo suficiente la primera noche tras su marcha del pueblo, acurrucado en el interior de una cueva durante todo el día y toda la noche al igual que un cachorro perdido y desconsolado, al igual que quién había sido tras la muerte de su madre. Tenía suficiente de ese malestar.
Quiso levantarse de allí y correr para alejarse del olor putrefacto a enfermedad, pero era incapaz por el momento como su cuerpo se sentía extrañamente atormentado por nuevas náuseas y su mente se dejaba caer ociosamente en extraños recuerdos consoladores.
-Patético...-Susurró Inuyasha, mientras dejaba caer su cabeza hacia atrás y recibía la visión borrosa de las copas de los árboles difuminándose cada vez con mayor fuerza.
Aún tardó varios minutos cuando por fin logró reenfocar la vista y sus articulaciones dejaron de temblar en su inexplicable ataque de pánico, se levantó costosamente, balanceante, e inició un paso calmado hacia el río más cercano.
No tardó mucho, para su propia suerte, en encontrar el diminuto afluente que circulaba entre las piedras cubiertas de musgo y lavar su cuerpo del terrible malestar. El agua de aquella zona estaba fría; muy fría.
Bebió hasta saciarse y se sentó con las rodillas frente a él y los codos apoyados en las mismas. Poco a poco comenzó a sentirse mejor, el malestar desapareciendo casi como si el líquido trasparente fuese un antídoto natural.
Sin embargo, su momento de paz momentáneo quedó destruido ante el fuerte estruendo de un árbol al caer.
Levántandose inmediatamente en la atención con las orejas flexionando irregularmente, Inuyasha tuvo que arrugar la nariz con desagrado al captar el olor del humo, el sudor y el miedo.
Desde la muerte de Naraku, parecía que los demonios y los humanos habían llegado a una situación en que la masacre mutua no resultaba beneficiosa para ningúno de ellos, sin embargo, aún existían excepciones de youkais encreidos que sólo pensaban en su superioridad y de youkais irracionales que simplemente se dejaban arrastrar por sus instintos más bajos. Los humanos no se salían de tuerca insultando a ellos cada vez que tenían oportunidad.
- Keh, los humanos siempre metiéndose en problemas.
Por un momento Inuyasha se preparó para saltar en dirección al pueblo humano, sin embargo se detuvo.
¿Por qué tengo que ir a ayudarles? ¿Acaso ellos han hecho algo por mí? Lo más seguro es que ni siquiera sean capaces de dar un simple gracias para la ayuda y desestimarme inmediatamente pasado el peligro.
Y sin embargo, dentro de él que no se sentía bien seguir con su camino e ignorar la situación, se había acostumbrado tanto a incurrir en el salvamento de los seres humanos junto a su grupo, que ignorarlo estaba resultando ser realmente duro. Casi podía sentir a Kagome mirándole con esa mirada reprobatoria y gritándole "¡Siéntate!" antes de salir corriendo por sí misma al lugar de los hechos.
Con un gruñido enfurecido, Inuyasha dejó el riachuelo y saltó tan alto como podía sobre los árboles para vislumbrar el lugar que estaba siendo atacado.
Maldita sea Kagome, aún obligándome a ceder a estos humanos...
Cuando llegó, dos gruesos demonios con cuernos sobre su cabeza y cuerpo negro balanceaban machetes de roca sobre las edificaciones humanas, dos cestas enormes en sus espaldas, uno de ellos arrojó al niño que sostenía en su interior como si fuera la hortaliza de un huerto.
Con más gracilidad de la que se esperaría de él, se dejó caer sobre la ciudad que gemía en el caos. Su cabello blanco y sus ropas chillonas gritando por atención en medio de los tonos grises y marrones de la suciedad y la ceniza.
-¡Es hanyou-sama!
-¡Hanyou-sama ha venido a salvarnos!
Las pequeñas orejas de perrito parpadearon nerviosas y un ceño se extendió por su expresión.
¿Hanyou-sama? ¿Qué mierda?
Estos seres humanos le conocían, es más, contaban con que iba a encargarse de estos demonios. La respuesta a la incógnita no necesitaba ser formulada en sus pensamientos como para saber que este pueblo debía de ser uno de los muchos que había rescatado de demonios menores junto a sus amigos en el pasado.
Uno de los demonios se giró hacia él, un resoplido profundo desde el ocico voluminoso adornado con un arete de oro.
-Hanyou...no interfieras...-Las palabras sonaban guturales, un tono de voz profundo como una caverna.
-¡Ja!¡La mierda que no!-Con un movimiento Tessaiga estaba en sus manos latente en todo su explendor. Un sentimiento de satisfacción inundó sus sentidos limpiando su mente de impurezas como se lanzó a la batalla. La adrenalina disparándose a través de sus venas empujándole a moverse más deprisa.
-¡Insolente mestizo!Si me atacas, estos humanos morirán...-La sonrisa socarrona del segundo demonio no significó nada para el peli-plateado, que no perdió detalle de como el youkai colocó la cesta llena de humanos a modo de escudo.
-Estúpidos cobardes...como siempre ¡refugiandoos en tontas amenazas...!-Sosteniendo la Tesaiga con su mano izquierda, Inuyasha se lanzó en un potente salto sobre ambos de ellos con una sonrisa loca adornando su expresión. Creyendo que el hanyou iría de frente contra ellos, el segundo de los youkai en hablar no espero que su espalda fuera asediada tan rápidamente.-¡Garras de acero!
Cayendo hacia delante, el rabo de la criatura cayó al suelo y la sangre comenzo a manar de las heridas.-¡Vamos Tessaiga!-Gritó y, con todas sus fuerzas, dirigío la espada sobre el cuerpo, cortándolo como mantequilla y rematándolo mientras caía al suelo.
-¡Ja! Eso no fue para tanto idiota. Ni siquiera lográstes hacerme sudar.
Un grito gruñido resonó al cielo como un lamento. A duras penas, Inuyasha logró esquivar la cornamenta del segundo youkai que aún quedaba con vida con un salto.
-¡Demasiado lento idiota!-Se burló con alegría desenfadada.
Podría haber acabado con el demonio en apenas un instante, sin embargo Inuyasha se regodeó en los penosos esfuerzos del otro por atraparle. Había añorado las batallas y peleas para ganar poder, para hacerte más fuerte, para hacerse un hombre. Su sonrisa se ensanchó en este último reconocimiento, y desde la lejanía de la seguridad, los habitantes empezaron a vitorear sus esfuerzos. Sin embargo, en sus embestidas el youkai estaba destrozando casi completamente el pueblo, y sabiendo que más tarde los humanos debían reconstruilo, Inuyasha desestimó de una vez su escaramuza y finalmente, estando todo destrozado según las condiciones, tomó su decisión.
-¡Ahora sabrás la verdadera fuerza! ¡Viento cortante!
La energía se arremolinó sin esfuerzo entornó a la espada y pronto brillantes haces de energía cortaron la tierra y atravesaron el cuerpo de su enemigo, un grito profundo se escuchó hasta que el demonio se desintegró en la nada. Un grito que las orejas caninas disfrutaron más de lo que debieran.
Jadeando, una satisfacción profunda se dejaba ver en el brillo de sus ojos. Lanzó un suspiró final.
-Ey Miroku com...-Se detuvo. Su sonrisa desvaneciendose al ser rodeado por la multitud de rostros similares sin ver a quienes, por solo unos instantes, había esperado encontrar.
Es cierto...Pensó con tristeza y un diminuto rastro de miedo al haber perdido su mente de esa manera. Ellos ya no están aquí...
-¡Hanyou-sama!
De repente, la multitud se apartó para dar paso a un hombre viejo, delgado y de moño blanco tras de sí. En apenas esos rasgos Inuyasha lo identificó como el líder de la aldea. El viejo hombre se arrodilló frente a él.
-Hanyou-sama...una vez más has salvado esta aldea de los sucios demonios. Por favor, deja que te oferzcamos nuestra hospitalidad como recompensa por tus esfuerzos...
Inuyasha movió su cabeza hacia los lados.
-Gracias viejo, ¡Pero no tengo interés en quedarme por aquí!
Inuyasha saltó con todas sus fuerzas y observó desde el cielo como los humanos se convertían en pequeñas hormiguitas que se arremolinaban gritandole junto al honorífico del "-sama". Cuando descendió en el salto más adelante, sin perderles de vista, Inuyasha jadeó con sorpresa, todos se había inclinado ante él.
Los pies en tierra a varios metros del pueblo Inuyasha movió su cabeza rápidamente hacia los lados.
¿Qué demonios? Se preguntó con un escalofrío.
En el interior del paisaje de taiga, con una ligera capa de nieve a sus pies y los árboles perennes adornando su visión, el hanyou esquivó una vez más el ataque del ogro enfurecido que se cernía sobre él. Sus garras estaban teñidas de la sangre seca, la Tesaiga clavada sobre uno de los árboles agena al intercambio.
-¡Hanyou!¡Cómo te atreves a entrar en mi territorio!.-La voz del ogro, más aguda que grave resultaba irritánte al máximo.-¡Los humanos de ese pueblo son míos para comer!
El hanyou alzó la mirada hacia él. Una sonrisa de locura sobre su rostro y los ojos desenfocados ligeramente; el hanyou empezó a reir histericamente mientras seguía esquivando al ogro y corría sus garras por la piel curtida manchándolas de la sangre seca. Una satisfacción secreta en la visión del líquido carmesí, del sonido de la carne al romperse. Pero el sonido de los huesos al ser rotos era mucho más tentador...
El ogro gritó enfurecido al sentir su cuerpo ser magullado por el Inu-hanyou, dando vueltas y gozando en la desesperación de su víctima en los terrenos más instintivos y profundos que caracterizaban a un canino.
Parando a penas un minuto por esquivar de nuevo el puño que había sido lanzado contra el suelo en busca de destrozar su propio cuerpo, Inuyasha abrió la boca y rugió mostrando sus colmillos. Ligeras manchas de líquido carmesí por sus vestimentas cómo símbolo de nuevas peleas visibles en la pausa, antes de que volviese a saltar sobre el ogro y golpeara el codo del brazo. El chasquido del hueso fue sonoró y provocó un escalofrío de placer a través de él. El grito de dolor del youkai pura sangre elevándose tampoco fue algo que pasó desapercibido pero no se regodeó. ¿Su único motivo?
Inuyasha se ensañó con el brazo, no contento con la rotura de la articulación destrozó el hombro y volvió a inferir con sus garras profundas marcas sobre la cara del demonio. Sus ataques cada vez más rápidos estimulados por la adrenalina que enviaba la sangre derramada a través del dolor, una vez que destrozó las piernas cortas y gruesas astillando el hueso bajo ellas y desgarrando la carne que lo protegía, el youkai cayó al suelo gritando y dejó de poder moverse más allá de las convulsiones inconscientes que su cuerpo propiciaba en los intentos frustrados por enviar sangre a través del corazón.
Con una elegancia no propia de él, Inuyasha posó sus pies sobre el cuerpo del demonio caido, observando entre los arañazos el pulso fuera de control del corazón. Los ojos de Inuyasha parpadearon del oro al rojo en momentos, y con lentitud calculada clavó sus garras duramente sobre la garganta y tiró poco a poco de la carne hacia abajo abriendo una enorme brecha que se detuvo a la altura del pecho y expuso a sus ojos el corazón. Antes de que el órgano se detuviese completamente, pues empezaba a ralentizarse, Inuyasha abrió su boca, y mordió.
La sangre explotando sobre sus labios y el éxtasis llevándolo duro en un mareo que sólo fue percibido por sí mismo, la felicidad y la paz absoluta inundando su mente fuera de control...
Un gritó le despertó de su trance y rápidamente elevándose sobre su figura, la barbilla chorreante de la ingesta, lanzó sus garras de acero hacia el ser que se había atrevido a desafiarle por su presa.
El olor de la sangre humana instigando el relevo del rojo por el oro, los ojos de Inuyasha se agrandaron en el horror y todo su cuerpo se tenso al ver la masacre creada por sí mismo sobre el ser humano.
¿Qué...he hecho?
Recuperando su propia consciencia, Inuyasha se dejó caer al suelo sosteniendo sus brazos en torno a sí mismo y tembló. ¿Cómo había llegado a perder el control de esta manera? ¿Hasta el punto de matar a los seres humanos que había prometido defender y cuidar a favor de su esposa fallecida?
En el fondo lo sabía...
Los siguientes días al rescate improvisado resultaron ser un sinónimo contundente de enemigos fáciles a los que matar. Siguiendo la línea que había mantenido, tal por lo que parecía, hacia el norte, llegó a rescatar hasta tres aldeas de youkais enfurecidos. Un youkai lombriz que destrozaba los campos, una youkai femenina de cabello rojo que raptaba hombres en los bosques, y por último un youkai topo que había perdido su madriguera. Al principio, los vítores y las alabanzas humanas junto con los pequeños cinco minutos que dedicara a la lucha habían satisfecho su sed otorgar un sentido a su vida y olvidar. Pero en realidad todo había ido a peor, los recuerdos se habían convertido en pesadillas constantes durante la noche y durante el día la sensación de estar siendo utilizado por los seres humanos ponía una astilla dolorosa sobre su corazón. Él quería olvidar...y sólo el fragor de la batalla podía darle esa satisfacción. De ahí que de repente el noble deseo de proteger a los humanos se había convertido en una farsa, una escusa para poder matar a los demonios a su alcance.
-Ni siquiera me importa más...-Murmuró recogiendo Tesaiga del árbol y sosteniéndola por algunos momentos.
Su padre la había dado para proteger, ¿Y qué estaba haciendo ahora?
Una mera escusa patética de hanyou como yo...que ni siquiera es capaz de controlarse a sí mismo no merece seguir con vida...padre...
Inuyasha sacó la Tesaiga y encaró su filo hacia él.
Sólo quiero descansar de una vez...por favor...
Cerrando los ojos, ganó impulso para ello cuando su nombre clamado desde los cielos le hicieron detenerse a escasos milimetros de atravesar su corazón. Un parpadeo sorprendido momentáneo por lo que estaba sucediendo, La pupila hasta el momento desenfocada del hanyou logró regresar a su estado natural y su respiración se aceleró hasta límites poco saludables, lanzando la espada lejos de sí.
¡¿Qué demonios estoy haciéndo?!
La confusión y el pánico empezando a dominarle, el grito volvió a sonar desde los cielos llevándo su pérdida de una mente a centrar su atención en la distracción momentánea y no pensar en lo que había estado a punto de hacer.
Al principio desconcertado por lo que parecía ser un diminuto punto en el cielo, sus ojos se ampliaron y se hicieron un poco vidriosos al ver como ese diminuto punto continuaba haciéndose más grande hasta convertirse en una extraña burbuja rosa endemoniadamente familiar. Su corazón golpeándole con fuerza en un millón de pensamientos, por primera vez no rechazó la calidez que surgía desde su pecho al reconocer al pequeño demonio zorro.
-¡Inuyasha!-Gritó la burbuja deforme antes de que, con un pop sonoro, revelara la pequeña figura de un demonio zorro pelirojo de enormes y lloroso ojos verdes que se dejó caer directamente sobre el hanyou.-¡Inuyasha!
El hanyou recobió el impacto sobre su pecho y cayó sentado hacia atrás enfrentándose a una pérdida de palabras.
-¡Inuyasha idiota!¡Idiota!¡Idiota!¡Debería sentarte para siempre!-Gritó mientras el llanto se apoderaba de él.
-¿Shippo?-Cuestionó aún pérdido en cómo reaccionar ante esta inexperada interrupción.
El pequeño estaba acurrucado sobre su pecho en un agarre firme sobre su haori mientras el llantó estallaba de él de manera ilimitada y su respiración hacia un esfuerzo para acompasarse al mismo.
-¡...Cómo pudistes!-Reclamó en un susurró ahogado por la angustia.
Inuyasha sintió que su corazón se hundiera aun más profundo, incontrolables ganas de acompañar el llanto del menor como nunca había hecho. Shippo le culpaba por la muerte de Kagome. Un silencio espeso cayendo en el de por sí ya espeso ambiente del olor metálico de la sangre. Inuyasha sintió que su corazón se quebraba en sus propias palabras.
-Lo siento...Shippo...-Murmuró. La mirada perdida en las sombras del bosque.-Hice todo lo que pude para salvarla pero yo...
Shippó hipó una vez más y se limpió los mocos sobre su propia manga alzando la mirada.
-Yo lo sé...-Dijo con voz trémula.- Pero tú te olvidaste de mí. Y yo me enteré...y estaba sólo... para llorar ¡porque todos ya lo habían hecho!-Las palabras dichas entrecortadamente mientras que el grito paso a ser un fuerte sollozo.
Inuyasha pensó en sus palabras y sintió una parte de él aliviarse y otras apretar dolorosamente al darse cuenta de lo poco en cuenta que había tenido al pequeño kitsune, ni siquiera darle la oportunidad que había dado a los demás para despedirse de él.
De repente recordando el pecado que acababa de cometer en ese mismo claro, Inuyasha trató de separar al joven de su pecho.
-Shippo tienes que regresar a la aldea...
Shipo abrió sus ojos infantiles grandemente mirando al medio demonio.
-¿Qué...?-La incerdulidad dando paso al enfado como las cejas pelirojas se unieron para imitar el común gesto del otro.-¡No!¡No ni hablar!-Gritó aferrándose aún más a él.-¡No vas a renunciar a mí ahora!¡¿Cómo te atreves a dejárme sin padre una vez más?! ¡No quiero estar sólo...!
¿Padre? ¿Sólo lo que acaba de decir?
Inuyasha sintió su corazón encogerse un poco.
Shippo había estado viajando con Kohaku desde que este partiera para continuar su entrenamiento y redimir lo que él consideraba habían sido sus propios pecados. Un intento de que el demonio zorro pudiera continuar practicando sus habilidades y llegar a convertirse en un poderoso demonio en el futuro y no un chiquillo mimado. Antes de eso, Shippo siempre había buscado a Kagome como una figura maternal ¿Pero él? ¿El medio hanyou infiel? Inuyasha resistió la presión calida que sentía sobre sí mismo.
Tiene sentido... Pensó.Si Kagome es su madre, indiscutiblemente yo soy considerado el padre...
Como el peso de esa simple verdad caía sobre él con pesadez, Inuyasha no pudo evitar envolver sus propios brazos en torno al pequeño cuerpo. Su mente aferrándose a la esperanza de acabar con su propia soledad y sus instintos demoniocas exigiendo responder a la demanda de protección y amor que exigía el zorrito.
-No seas estúpido...-Murmuró Inuyasha en un susurro perdido.-...Yo soy un padre horrible.-Murmuró por lo bajo con cierta sorna, aunque el dolor de sus propias palabras estaba aún presente.
Shippo sólo se aferró a él y lloró aún más como un río interminable.
-Sí...-Hipó desde su posicion escondida. ahora eres lo que me queda...-Su voz tremula provocando un escalofrío en su espína dorsal.
-Renacuajo pretencioso...-Murmuró dando por acabada la conversación y aferrándose fuertemente a él mientras dejaba que el pequeño llorara la pérdida de su madre y la soledad de ver como su futura familia se desmoronaba de nuevo frente a sus ojos.
He sido jodidamente egoísta... Pensó Inuyasha, quién creyó que junto a los humanos Shippo viviría más féliz. Cómo iba a ser eso, ¿cuándo él va a vivir por encima de Sango y Miroku? Se sentía tan estúpido y enfadado consigo mismo. Si me hubiera quitado la vida en este momento, ¿Quién cuidaría de él? Dejaría un nuevo huérfano tras de mí al igual que hicieron mis padre...no voy a permitir que eso suceda...
-Perdóname Shippo...-Susurró Inuyasha sin poder creérselo a sí mismo acariciando su cabeza tal como Kagome solía hacer.-Perdóname.
El llanto se intensificó aún más. Shippo no era consciente de que, en apenas unas palabras, acababa de salvar a Inuyasha del pozo oscuro y profundo donde estaba a punto de perderse a sí mismo, una vez más.
Bueno, que ha ido suave esta vez ¿no? Nada de sorpresas a las lectoras y nada de golpes contundentes a nuestro hanyou. Parece que Shippo se incorpora a la historia, ¿Qué les parece este pequeño cambio? ¿Será Shippo quien mantenga a raya a Inu?¿O será el origen de nuevos traumas? Ok, el siguiente capítulo viene con algo más de acción y...creo que os voy a hacer sufrir un poco. Bueno, no se, ya se verá. Cómo adelanto...¿Qué es eso que se escucha sobre la tierra? Ah sí, es sólo Kouga :)
