Buenos días! Aquí os traigo el capítulo! Espero que lo disfruten! Recientemente me he dado cuenta de que los signos que utilizaba para mostrar los pensamientos de los personajes no son admitidos en el formato del foro, así que lo he sustiruido por la cursiva, espero que ello ayude a comprender mejor los capítulos.
Agradecimientos a: ¡Shandy Chan! (Jajaja que bien ver tanto entusiasmo, creo que este cap te va a gustar ;)
Disclaimer: El sensualón de Inuyasha y el resto de fantásticos personajes no me pertenecen (aunque no me importaria darles un hogar XD )Todos ellos son propiedad exclusiva de la genial Rumiko Takahashi.
Advertencia: Angst, Violación, Mpreg, Horror(?), Muerte de personajes.
Rated M
Dialogos(―) Pensamientos (hhhhh)Recuerdos("")
Capítulo 4:
Cuándo Shippo logró al fin controlarse y lloró toda su pena, Inuyasha le recogió en su hombro y se dirigió al pequeño pueblo humano para hacerles saber que todo había acabado y que podían dormir tranquilos en sus casas. Marchándose de allí tras todos los agradecimientos, Inuyasha regresó al bosque junto a su nuevo compañero tratando de olvidar al aldeano humano cuyo nombre pronto empezarían a hechar de menos en la aldea.
Se instaló en un gran árbol como llevaba tiempo sin hacer.
-Vaya Inuyasha, realmente te estas haciendo famoso.-Murmuró el pequeño kitsune mientras deboraba los restos de carne seca que había estado guardando durante su viaje.
-Bah, no me importa lo que piensen los humanos.-Inuyasha observó la cómida del zorro y se rascó la oreja nerviosamente.-¿Seguro que no quieres algo más fresco?-Shippo le miró perplejo por algunos momentos Inuyasha se sonrojó ligeramente y desvió la mirada.-Puedo cazar algo, ya sabes...
Shippo le miró con algo de confusión sobre sus ojos, hasta que logró caer en lo que hablaba.
-¡Ah! No, no hace falta...estoy bien, es un regalo de Kohaku, no quiero desperdiciarlo.-Murmuró Shippo sonrojándose ante la extraña atención del hanyou sobre su bienestar, algo a lo que sin dudas no estaba acostumbrado. Mirando de reojo sobre él y sopesando todas las veces que el hanyou le había robado su comida, el kitsune finalmente suspiró.-¿Quieres un poco?-Preguntó tímidamente.
Pero Inuyasha negó suavemente.
-No tengo hambre.-Fue su declaración, en un tono duro y algo siniestro, y por primera vez Shippo se fijó en las manchas de sangre seca sobre su vestimenta. Se negó a preguntar.
Un silencio incómodo estaba superándoles repentinamente, nunca se habían visto en una situación como esta, los dos completamente solos. Reconociéndose entre sí como padre e hijo...era algo raro ni más decir.
-Err...Bien, entonces, ¿Qué es lo que has estado haciendo?- Murmuró Inuyasha para romper el silencio.- ¿Cómo me has encontrado?-Dijo con curiosidad.
Tal como Inuyasha pensó , el kitsune se animó casi inmediatamente, y empezó a relatarle cómo había sentido que algo malo estaba pasando en la aldea y había obligado a Kohaku a regresar lo más rápido que pudo al lugar. Tras enterarse y asumir la noticia de la muerte de Kagome, partió en su busca hacia el este, pero no fue hasta que empezó a escuchar los rumores sobre un cierto hanyou que salvaba a los seres humanos que logró ponerse tras su pista.
-¿Has venido tú solo?-Cuestionó con el ceño fruncido y un poco contrariado.-Estúpido...¡Podría haberte sucedido cualquier cosa!
Un duró golpe cayó sobre la nuca de cabello pelirojo.
-¡Ay!¡¿Por qué has hecho eso?!¡Duele!
-¡Claro que duele tonto!¡No está bien ir tú sólo por ahí!
Un gruñido agudo escapó de la garganta de Shippo y se levanto con la cola irizada.
-¡¿Es así cómo tratas a tu hijo?!-Le reclamó con enfado brillando en sus ojos.
Pero Inuyasha no devolvió el golpe mordaz y le miró severamente.
-No lo sé, ¿Es así cómo le hablas a tu padre?
Shippo abrió la boca para protestar pero ninguna palabra vino de sus labios, y finalmente le dió la espalda al hanyou con los brazos cruzados en enfado.
Un resoplido audible cayó de los labios fruncidos del medio demonio.
Esto no está funcionando...
-Escúchame Shippo...-Inuyasha murmuró con tono cansado, pero el zorrito no se giró.-Si quieres que esto funcione, que tenemos que dejar las cosas claras. Así no estamos yendo a ningún lado y yo mismo no estoy seguro de lo que está pasando. Lo primero de todo, es que no soy humano Shippo, no puedes esperar de mí que yo te trate al igual que hacen Miroku con sus hijas, todo empalagoso. Tú eres un youkai, y cómo tal, necesitas aprender a mostrar respeto a tus superiores. Y en este momento yo soy... tu superior.
-Alfa...-Murmuró Shippo, y finalmente se dió la vuelta, enfrentándose a Inuyasha.-Se dice Alfa.
Inuyasha pestañeó y frunció el ceño sin llegar a compreder del todo bien, sin embargo, que dejó de prestar atención a ello.
-Sí bueno, lo que sea...la cuestión es...
-Inuyasha que no es 'lo que sea', un Alfa es el líder de un grupo, el que protege a su paquete y se encarga de luchar por él...Tú siempre has sido mi alfa desde que estamos en el mismo grupo...¿Acaso no te has dado cuenta de que tanto yo, como Miroku y Sango tenemos marcado tu olor?
El tono empleado era más bien suave, aún así, Inuyasha se sintió ligéramente insultado por este despliegue extraño de conocimientos.
¿Crees que me puedes llamar ignorante renacuajo?
-¡Keh, eso no tiene importancia!-Desestimó Inuyasha.
-Perro cabezota...-Murmuró Shippo mirándole suspicaz con desagrado.
Inuyasha se alzó en el tronco del árbol y le señaló con el dedo acusadoramente.
-¡Lo ves!¡A eso me refería!¡No puedes simplemente decir ese tipo de cosas por qué sí!¿¡Qué clase de respeto es ese!? ¡Mocoso insolente!
Los dos se miraron entre sí con la ira deslumbrando entre ellos y pequeños rayos entre sí. El ulular de un buho les sorprendió momentáneamente, y cuando volvieron a mirar, ambos se hayaron sin palabras..Se hizo un silencio pesado en el que ambos desviaron la mirada e Inuyasha guardó sus brazos en el interior de las mangas rojas.
-Esto no está funcionando...-Repitió de nuevo, esta vez en voz alta.
Shippo se sentó en la rama y balanceó los pies de zorro lentamente.
-No, no lo hace.
Un gruñido frustrado se escapó de la garganta canina e inuyasha se llevó los dedos a la sien, sin saber bien que hacer o decir.
-Echo de menos a Kagome.-Susurró Shippo mirándo el suelo oscuro de la noche.
En apenas unos momentos, distraidamente, sintió Inuyasha tomando asiento a su lado y colocando una mano sobre su pequeño hombro.
-Yo también.-Murmuró en respuesta.-Ella hubiera sabido que hacer...
Las grandes e infantiles esmeraldas se dirigieron temerosos hacia el hanyou que estaba frente a él, con el rostro mirando a la nada en una densa expresión impropia del impetuoso chico.
-¿Inuyasha?-Preguntó Shippo en una pequeña vocecilla. El hanyou tardó en reaccionar unos temerosos momentos. Cuando por fin contó con su atención, trago saliva pesadamente y desvió la mirada al cielo nublado, las estrellas cubiertas bajo las capas fantasmagóricas.-¿Cuánto tardan...los humanos en reencarnar?
Inuyasha miró a Shippo con una mirada inexpresiva, el olor de cierta ansiedad deslizándose por el chico.
-No sé. Quiniéntos años o así.-Hizo una pausa, sabiendo bien a lo que el pequeño zorrito se refería.-Pero Kagome me dijo hace tiempo, que su alma tardará aún más, porque ella no pertenece a este tiempo.-Un ligero 'Oh' fue la única respuesta del niño, que agachó la cabeza suavemente.-Shippo...-Inuyasha miró con firmeza sobre los ojos amatistas.-Tú vivirás lo suficiente para volver a verla...- Yo no lo haré. Pensó.
Este asintió quedamente, pero la tristeza seguía allí. Inuyasha le contempló por largo rato, sumergido en sus propias cavilaciones y finalmente regresó en apenas un movimiento a su posición recostada sobre el tronco principal del árbol.
-Shippo, ven aquí.-El susodicho miró a los brazos extendidos del hanyou, y caminando en sus cuatro patas que llegó sin reparo hasta su regazo.-Duerme un poco, debes de llevar días sin hacerlo.
-Yo no soy débil...-Se quejó el más joven.
Inuyasha tarareó su acuerdo sin ganas de tener al joven en más peleas.
Sintiéndose de repente tan cansado como el hanyou pronosticaba, Shippo se agarró al haori rata de fuego y se acurrucó, sintiéndo los brazos fuertes y musculado a su alrededor.
-Buenas noches perro...-Susurró Shippo ahogando un bostezo.
-Buenas noches zorro...-Contestó en respuesta, observando la caida de los parpados infantiles llevar al pequeño sobre el mundo de los sueños.
Inuyasha agarró firmemente la Tesaiga con una mano y con la otra planteó a Shippo sobre sus rodillas, cubriendo su cuerpo con la ancha manga de su rata de fuego en un intento de mantener caliente y protegido el cuerpo pequeño. Cerró los ojos en un sinónimo de dormir,pero en realidad, Inuyasha estaba vigilante; pensando.
OOO
Shippo despertó sobre la dura madera del pino donde habían pasado la noche, totalmente solo. Mirando a su alrededor, por un momento pensó que había sido abandonado, que volvía a estar sólo, que había sido un sueño... sin embargo el olor persistente del hanyou aún en los bosques le instó a calmarse y con ayuda de sus garras bajó el tronco hasta que sus pies tocaron el frío suelo cubierto de nieve. Miró a su alrededor con extrañeza, su respiración dibujada en el vaho ¿Quizá había ido a por el desayuno? Colocándose entre los arboles, Shippo se encogió y se dispuso a conseguir un fuego cuando algo duro y delgado golpeó su brazo fuertemente, no obligándole a caer pero si provocándo cierta picazón.
-¡Ay!¿¡Pero qué haces!?-Gritó el zorrito al ser asediado por la sombra de Inuyasha. Este sonrió ampliamente, los dientes blancos como el nácar, pero en lugar de contestar a su pregunta, que comenzó a explicar.
-Una de las primeras cosas que yo tenía muy claras para cuando alguna vez tuviera a mi hijo, es que le enseñaría todo lo que sé para que, si algún día yo faltara, pudiese defenderse sin ayuda.-Hizo una pausa, señalándole.- Shippo, tú eres un demonio, y como tal, que es bastante seguro que vivirás muchos años por encima de mí. Así que he decidido iniciar tu entrenamiento.-El tono solemne tenía al niño en expectación y tensión, finalmente relajándo su postura, Inuyasha colocó la fina vara con la que había propinado un leve azote tras sus hombros.- ¿Qué dices?
El pequeño tardó unos momentos en registrar las palabras del otro hasta que por fín sus ojos se plantearon brillantes en euforia y una sonrisa ilusionada se instauró.
-¿¡En serio!?-Gritó.-¡Claro que sí! ¡Quiero ser más fuerte!
El zorró saltó ilusionado en el sitio, la cola balanceándose suavemente tras él mientras esperaba expectante.
Aunque era agradable ver el entusiasmo del chico, Inuyasha tenía que centrarse si quería que esto funcionase. Tosió ligeramente, llamando la atención del niño, y este casi al momento se colocó frente a él de rodillas y una expresión seria y madura sobre él.
-Bien.-Dijo potentemente.-A partir de este momento se inicia tu entrenamiento, no puedes utilizar ninguno de tus poderes zorro...-La cola de Shippo se detuvo.-...ni ningún material a tu alrededor como arma, tendrás que hacerme caso en todo momento. ¿Lo has entendido?
Inuyasha fijó su vista sobre él con dureza al ver una mirada desconfiada sobre el chico.
Un gruñido de mal humor escapó de su garganta.
-¡Maldita sea Shippo!
-¡Sí sí, lo he oido!-Respondió tapándose los oidos y perdiendo la posición respetuosa.-¿Qué tengo que hacer?
Inuyasha le miró reprobatoriamente antes de asentir y continuar.
-Por ahora, lo primero que tienes que hacer es localizar un río, yo te sigo.
Shippo parpadeó unos momentos y al grito de "¡Yai!" y con un puño alzado sobre su cabeza, salió corriendo a cuatro patas sobre la nieve espesa.
Inuyasha le lanzó una media sonrisa mientras le seguía a un ritmo más calmado. Una sensación calida llenándole desde dentro.
Lástima que la sonrisa inocente estaba siendo retorcida en el interior del niño en pensamientos totalmente adversos.
¿Me cree lo suficientemente inútil como para no saber encontrar agua por mí mismo? ¿Qué piensa que llevo haciéndo durante estos seis años?¡He crecido un par de centímetros incluso!
Una risa algo malévola escapó desde su mente mientras reorientaba su camino de lo que sabía eran aguas termales a un riachuelo que, simplemente por el olor, debía estar semi congelado.
-¡Por aquí!¡Ya he encontrado!-Gritó Shippo instando Inuyasha a llegar hasta él.
En sólo un momento el hanyou estaba a su lado de un salto corto y observó el hallazgo.
Un río semicongelado con la vertiente desde el agujero de un pequeño muro de roca lleno de musgo resvaladizo. El lecho del río brillaba ante la pureza de las aguas. Un breve movimiento sobre la superficie transparente promovió una sonrisa en su rostro.
-Muy bien Shippo, que has encontrado un buen lugar.
Shippo se paralizó momentáneamente y sus pensamientos dieron un grito de alarma.
-Eh...esto...¿Qué no te ibas a bañar?-Cuestionó el pequeño zorro, su mirada fija en el movimiento de descongelación del agua y la boca abierta.
Inuyasha hizo un gesto pensativo por algunos momentos.
-Bueno, sólo era una prueba, pero si te apetece...-Inuyasha se miró a sí mismo brevemente.-A mí no me vendría mal.
La franca mirada del hanyou, así como el movimeinto para eliminar su haori terminaron de injectar sobre su malicia un duró golpe. Y antes de que pudiiera pensar en ello se encontró tironeando de él.
-¡No, no, no! ¡Espera!-Dijo apresuradamente, Inuyasha le miró sin entender, una ligera desconfianza sobre sus ojos. Shippo trató de hacer su mejor sonrisa.- Más adelante hay unas aguas termales...podemos ir allí.
Inuyasha parpadeó un momento pensando en la posibilidad, su rostro transformandose repentinamente en uno de ira, el de Shippo manchándose totalmente de blanco.
-Tú...-Murmuró apretando el puño que daría el golpe definitivo-¡Pretendías tirarme al agua congelada!¡Estúpido mocoso desagradecido!
Shippo gritó como corrió lejos de Inuyasha y se convertía en la presa de un juego de atrapadas. Sin embargo, pronto fue capturado desde la cola.
-¡No!¡Perdón!¡Lo siento!¡No fue mi intención en serio!¡Ahhhh!-Gritó como fue arrojado sin piedad al agua congelda.
El agua le recibió en su ligera profundidad y el niño contuvo el aire inflando sus mejillas como dos pequeños globos, de repente, fue consciente del frío que calaba sus huesos y el gesto avispado decayó cuando todo el aire contenido se perdió en un grito que bajo el agua solo creaba burbujas.
Inuyasha observó con cierto regodeó como el niño salió de un salto del agua, tiritando y con los dientes chocando entre sí.
-Es...ta mu...u...u...y frí...a...-Logró decir abrazándose a sí mismo con el rostro pintado de azul.
-Keh. Te lo mereces, tu mismo nos has traido aquí, ahora no te quejes.
Shippo le dirigió una mirada rencorosa, una mano señalándole acusadoramente.
-¡T...ú! ¡Es...tú...culpa!¡Yo...no soy...débil!¡Sé cosas!-Logró finalmente pronunciar como se sacudió el agua de encima .
-No entiendo nada de lo que dices...aprende a hablar primero si quieres que te escuche.-Sonrió malevomente, un claro regodeo en sus palabras.
Un ligero gruñido escapó de Shippo, y con un ligero grito de sorpresa desde nuestro hanyou, el zorro se abalanzó sobre su cabeza y tironeó de sus orejas.
-¡Sé hablar perfectamente!¡Al menos yo no digo palabrotas en cada una de mis frases!-Shippo tiró de las orejas hacia atrás fuertemente. Inuyasha moviendo sus brazos hacia arriba en un intento de deshacerse de él.-¡Soy lo suficiente mayor para matar monstruos!¡Entréname en otras cosas!¡No me subestimes!
Un gemido ahogado paralizo al zorrito desde su posición, los ojos grandes en sorpresa y estupor.-¿Inuyasha?-Preguntó suavemente, deshaciendo el agarre sobre las sensibles orejas y escuchando en respuesta un suspiro de alivio.-¿Inuya...?
Las palabras fueron ahogadas por un nuevo grito como Shippo fue lanzado sobre el suelo con fuerza, un golpe seco y duro que provocó un pequeño aullido de dolor.
-¡¿Tonto qué estás haciendo?!-Le preguntó llevándose las manos a la cabeza.
Pero cuando le miró de nuevo con rencor una piedra pesada y profunda de culpabilidad inundó su pecho. Inuyasha era una persona que podía leerse fácilmente. En estos momentos Shippo no podía ver ningún rasgo emotivo sobre su expresión. Trago el nudo de saliva que se había creado sobre su traquea.
-¿Inuyasha?
La expresión sombria no se inmutó bajo ningún momento mientras el susodicho se dió la vuelta y empezó a caminar en el bosque. Sin indicación aparente, Shippo se levantó como pudo y corrió detrás de él con el corazón encogido en el miedo. Había ofendido a su alfa, y ahora iba a abandonarlo.
-¡Inuyasha!¡Inuyasha por favor perdóname!¡No quise decir lo que dije!-Alcanzándole, Shippo trató de colocarse frente a él para llamar la atención, consiguiendo únicamente que le ignorara con mayor fuerza a punto de golpearle en su andar constante, casi en una dirección concreta.-¡INuyasha! ¡Escuchame!-Gritó con todas sus fuerzas, logrando que el paso del hanyou se detuviese. Giró el rostro a penas un momento para ver al niño arrodillado frente a él, un gesto que, últimamante, se estaba repitiendo con demasiada frecuencia. Finalmente, Inuyasha se volteó y siguió caminando.
Shippo sintió que se ahogaba anticipando el abandono, hasta que sutílmente una mano con garras hizo un breve gesto para ser seguido.
La respiración del pequeño logró aliviarse ligeramente. Cuándo alzó las manos del suelo, las palmas tenían un color rojizo, y se vió obligado a resguardarlas cruzando sus brazos sobre ellas para evitar la congelación cómo sus ropas que estaban humedas y frías aún. En momentos como ese Shippo deseaba un buen fuego. Sin embargo, bajo las circunstancias en las que se encontraba, la idea era impensable.
Continuaron caminando lentamente a través del bosque de taiga, la figura de una ardilla cruzando a toda velocidad con su carga para el invierno y un ligero aire de tensión abriendose paso en sus sentidos demoniacos destacando el lugar al que por fín habían llegado. Inuyasha retrocedió levemente para ponerse junto a Shippo. Se cruzó de brazos frente a él con una mirada seria.
-Muy bien.-Sentenció.-Ahora, mata a ese youkai.
Shippo miró en la dirección en que había señalado sin lograr ver absolutamente nada.
-Inuyasha no hay ningún youkai aquí...-Murmuró Shippo sin poder evitar su propio alivio. Pero cuando se dió la vuelta para reclamar, Inuyasha ya no estaba allí.
Un escalofrío repentino cruzó su espalda al empezar a escuchar movimiento de matorrales; fuertes pasos resonando desde el interior del bosque en su dirección. Los pasos se detuvieron brevemente, el sudor corría helado por su espalda y el zorrito rezó por que jamás apareciera el responsable. Un pequeño gorjeo de un pájaro se escuchó profundo entre las copas de los pinos, y de repente, la cabeza de un youkai oso irrumpió con un rugido magestuoso desde las copas de los árboles.
Shipo gritó en correspondencia con el rugido y empezó a correr a través de los troncos de árboles.
-¡Inuyasha!¡Inuyasha!¡Lo siento, lo siento, por favor ayudame!-Shippo se tensó aún más al mirar brevemente hacia atrás y contemplar el oso youkai de lustroso pelo marrón y ojos rojos persiguiéndole a gran velocidad. Gritó aún con más fuerzas, rezando por ser escuchado al tiempo que, finalmente poniéndose en marcha en sus pensamientos de combate, sacó el trompo mágico desde debajo de su chaleco.
Se detuvo con una mirada impetuosa haciéndo frente a la furia salvaje del oso, que se acercaba a gran velocidad hacia él.
-¡Ahora verás!-Gritó Shippo a punto de lanzar la peonza, cuando una sombra de color rojo se la arrebató de la mano.
-¡Nada de magia!-Se escuchó la voz de Inuyasha gritando.-¡Garras, colmillos y piernas!
La orden fue clara, pero cumplirla...Shippo sintió sus piernas temblando al percatarse de que, en su distracción, el youkai había llegado hasta él y se alzaba en toda su gloria con una diabólica sonrisa sobre su expresión.
¡Mierda mierda mierda!¡Qué hago!
Pensó con los nervios saliendo en forma de vapor desde su piel. Pero la situación no era como si el youkai iba a permitirle pensar. Casi de inmediato, una zarpa peluda se disparó en dirección al zorrito y golpeó su cuerpo inmóvil como consecuencia del miedo.
Un grito lastimero salió de su garganta al impactar contra la rugosidad de la madera de un árbol, sin efecto ninguno cómo el oso recayó sobre él y volvió a golpearle moviéndolo de un lado a otro como quien juega con un muñeco.
Finalmente en un arrebato, Shippo logró eludir uno de sus golpes y situarse lejos del youkai, escalando con ayuda de sus garras sobre una de las copas de los árboles. Respiraba con fuerza e irregularidad y tenía un feo moretón sobre la ceja con un lago arañazo que cruzaba hasta su mejilla. Sentía su cuerpo flojo, roto, débil.
Inuyasha no me está protegiendo... Murmuró con aprensión para sí mismo. Cualquiera de esos golpes podrían haberme apalastado la cabeza y sin embargo...Shippo tembló como la realización se apoderaba de él. Sin mis poderes o una espada...soy incapaz de protegerme, no puedo hacer nada. Soy tan inutil como un humano caminando solo por la noche...
Las lágrimas empezaron a fluir de sus ojos mientras se reprendía mentalmente por su estupidez. Nadie estaba allí para cuidar de su espalda. Estaba solo.
Pero estos pensamientos no duraron mucho en su centro de atención, cómo el árbol donde había subido empezó a balancearse como arrastrado por un huracán ante la fuerza que estaba empleando el oso en tirarle al suelo.
Shippo miró temeroso al oso debajo de él, y de repente, una nueva decisión se hizo en sus pensamientos.
Saltando con todas sus fuerzas hacia el youkai enfurecido y abandonando su refugio, Shippo planteó sus garras en la forma de un zorro verdadero, recuperando una mayor extensión de tamaño y clavó su mirada sobre la yugular. El saltó fue parado inmediatamente por la garra enfurecida del oso en un intentó de volver a golpearle sobre el suelo. Sin embargo, en esta ocasión Shippó se agarró con fuerza sobre el brazo ejecutor. Su respiración bailando entre el deshaliento y la hiperventilación en agudos y ligeros jadeos de esfuerzo y dolor celoso cómo logró en un don de su flexibilidad y uso de su tamaño alejarse de las uñas negras del animal y corretear sobre el brazo infractor.
-¡Ahora te vas a enterar!-Gritó con todas sus fuerzas, un gemido profundo procedente del youkai mayor ante el dolor degenerado sobre sus oidos. Con un último esfuerzo de su cuerpo magullado Shippo se lanzó sobre el cuello del oso y clavó los diminutos colmillos sobre la espesa capa de pelo que protegía al ser de hacer contacto con mayor profundidad.
¡No llego!
Sintiendo la elaboración de la desesperación dentro de él, Shippo ahogó un grito como tomó aire para volver a morder con fuerza, el oso apenas molesto alzando sus manos y agarrando con fuerza la cola del zorrito.
Dos gruesos lagrimones se deslizaron por sus mejillas aún regordetas como el oso tiró sin piedad tratando de quitarselo de encima. Sin embargo, ante el aumento del tirón las garras de Shippo más se aferraron sobre la piel del oso, negándose a ceder y perder su orgullo.
¡Yo soy un demonio!¡Yo soy más fuerte que él!¡Tengo consciencia y forma humana!¡Demonios así jamás se dejan vencer por demonios que ni siquiera saben pensar!
Guiándose en la testarudez heredada por su padre no biológico, los tirones de su apéndice más delicado continuaron y ello solo motivo a Shippo, quien por fin logró arrancar con la fuerza que nace de la desesperación la piel del oso, a morder y no parar de rasguñar sobre la suave piel bajo el animal.
El youkai soltó un gemido lastimero al tiempo que se deshacía del agarre de la cola cómo Shippo mordió y escupió la carne del cuello corto cayendo en el suelo en pequeñosmontones sanguinolesntos que manchaban aún más la sucia nieve pisoteada en el fragor de la batalla. En un ataque de ira, el youkai golpeó su propio cuerpo contra un árbol, sin embargo, Shippo se acurrucó entorno a la garganta del oso, logrando evadir las mordeduras lanzadas al azar sobre si mismo dada la cercanía a sus fauces. Aprovechando el lugar donde había logrado arrancar el pelo, Shippo volvió a clavar una y otra vez las garras no tan pequeñas degenerando en gritos de dolor de la criatura. Los ojos de inocente esmeralda desviandose por primera vez en un claro rojo brillante y una pupila de oscuro verde color pino en medio, Shippó mordió una vez más poniéndo todo su enfasis sobre el golpe, un sentimiento salvaje apoderándose de él y limpiando su cabeza momentáneamente de recuerdos como la enorme bestia se detuvo; y el cuerpo cayó sobre su espalda arrastrandole pero no aplastándole.
Un silencio incómodo se instauró sobre el bosque por unos momentos hasta que fue finalmente roto por la caida de un cuerpo sobre la nieve y el inicio de sus pisadas hacia los dos demonios completos.
Inuyasha observó como Shippo apartó sus colmillos de la herida mortal y se puso en pie para recibirle. Bajo la extraña apariencia, Inuyasha tuvo que reconocer la compensación de los cuatro centímetros ganados por el joven.
El pelo deshecho de su moño habitual y enmarañado sobre sus hombros junto con el cambio sobre los ojos y sus extremidades animalísticas le daban un aspecto de orgullo y al mismo tiempo...perdida. Inuyasha no podía menos que estar sorprendido por el desarrollo de los acontecimientos, creyendo que el zorrito sería incapaz de acabar con el demonio.
Cuando yo lucía con su edad, apenas sí podía huir de ellos lo suficientemente rápido...una vez más estamos ante un demonio de sangre pura Inuyasha...no un hanyou. Pensó sintiendo el desarrollo de cierto temor sobre sus articulaciones al sentir la fuerza prima del poder aún por desarrollar. Orgulloso por los acontecimientos, no podía entender de donde procedía esta sensación de incomodidad sobre su vientre.
-Shippo...-Le llamó suavemente, temiendo por un momento que el pequeño se hubiera perdido en su lado más salvaje ante el clamor de la sangre.
Pero la suerte sonrió por una vez sus intenciones y el pequeño, respirando pesadamente, regresó a su aspecto normal poco a poco dejándose caer hacia delante y siendo recogido en un suave movimiento por los brazos del hanyou.
-Inuyasha...-Susurró.-Lo siento.
Inuyasha sonrió sobre la cabeza inclinada en él.
-No, tenías razón. Te subestimé.-Le devolvió el susurró mientras lo recogía y comenzaba a caminar. El balanceó llevando al agotado kitsune sobre las mareas del sueño.
OOOO
Los siguientes días eran un sinónimo de la tranquilidad y la alegría. Llevándole de regreso al río helado, Inuyasha había construido un improvisado campamento techado apoyado sobre el pequeño muro de piedra no más alto que sí mismo y había permitido al zorrito sanar en el confort de su rata de fuego. Regresando al oso muerto en su lugar de ejecución, Inuyasha desgarró la carne más importante y la poderosa y caliente piel del animal con ayuda de sus garras, dejándo lo suficiente para que las bestias carroñeras no pudieran seguir el olor de la carne fresca hacia su campamento.
Una inesperada lluvia torrencial había caido sobre sus cabezas por siete noches y, a penas protegidos por el techillo de troncos, la calidez de las mantas y un diminuto fuego, ya que el aire impedia a la hoguera remontar sobre las ramas húmedas; Inuyasha y Shippo habían logrado sin embargo pasar un agradable tiempo y disfrutar de su mutua compañía.
Se habían alimentado de la carne cruda de la criatura y habían dormido acurrucados mientras recuperaban las energías. Shippo prometió seguir su entrenamiento y no volver a quejarse, tratando de explicarle lo que había sentido mientras peleaba contra el oso y atendiendo a la explicación de Inuyasha sobre los fallos que había visto en sus ataques.
La única parte amarga de esos días fueron las preguntas de Shippo sobre su sangre demoniaca. Inuyasha comprendió entonces la incomodidad que había hervido sobre sus entrañas aquel día. Había visto a Shippo como un demonio completo por primera vez, y no como el niño huérfano que se acurrucaba a su esposa cuando tenía quince años en las noches frías. Shippo le había hablado de sensaciones, sentimientos e instintos que se habían arremolinado sobre él aquel día y formulaba una pregunta tras otra, sin embargo, aunque al principio Inuyasha había contestado eficientemente las primeras cuestiones, desde el momento en que Shippo alegó que la sensación más imperiosa vivida fue "el control" el hanyou se vió en una pérdida de palabras, y fue él quién comenzó a hacer preguntas.
"Es cómo si por un momento fueras consciente de todo: de tu fuerza, de tu respiración, de los latidos de tu enemigo, de los olores que entran por tu nariz y la forma en que tus cerebro las analiza... Es como si el tiempo se detuviese sólo para tí, y te diera la ventaja de actuar según quieras... de repente, yo estaba seguro de que podía matar al youkai fácilmente, porque yo era superior a él"
"Sin embargo, que sólo fue un momento de claridad, después todo se volvió rojo y mi mente se apago, mi cuerpo se movió sólo...por eso no puedo decir que fui realmente yo quien dió muerte a ese oso..."
Inuyasha le dió muchas vueltas a esas palabras durante las noches siguientes, y una aguja fina y delgada se clavó en su corazón al llegar a la conclusión, de que era ese estado de absoluta claridad el que estaba destinado a ser la fuerza de todo demonio y por tanto la del mismo Shippo. Los ojos del infante mientras le hablaban rebosaban de ilusión, pero Inuyasha sólo podía percibir la descripción con cierta angustia carcomiéndole por dentro.
Claridad y poder, sentirse superior a los demás, eso es lo que todos los demonios experimentan...y eso es lo que los hace unos hijos de puta.
Inuyasha jamás había experimentado algo así y posiblemente jamás lo haría. Durante sus breves transformaciones, incluso aquellas en las que había logrado controlar a su demonio interior, lo único que había reinado sobre su cabeza era furía, anhelo y...descontrol.
¿Qué si en el futuro Shippo se transforma en un demonio frío como Sesshomaru?¿Y si, cuándo logre permanecer constantemente en ese estado, decide que no soy lo suficientemente fuerte para seguir siendo su padre?
Teniendo esos pensamientos fuertemente arraigados sobre su consciencia, Inuyasha trató de eludir cualquier olor de ansiedad sobre su persona para evitar la preocupación de Shippo hacia él. Ya era bastante con lo que el pobre estaba padeciendo, una recuperación lenta sobre la suave cola que casi había sido arrancada de su columna.
Fui demasiado duro...
Se recriminó después. Sin embargo, Shippo se había limitado a desestimar el gesto, sin tener ninguna preocupación sobre la herida que pronto acabaría sanando. El kitsune había, realmente, crecido un poco en estos últimos años.
Una vez que las lluvias se detuvieron, los dos reanudaron el entrenamiento en una confianza y camadería que no habían tenido hasta ahora. Aún siendo mucho como un niño, Shippo sin embargo había aprendido a hablar más como un adulto y sobre más diversos temas, pasaron tres días sobre ese bosque entrenando sin descanso y con una motivación especial brillando en los ojos.
Al final del tercer día, sin embargo, los ojos de Shippo se abrieron desmesurados al alzar la vista al cielo.
-¿Inuyasha?-Preguntó con un deje de preocupación en su voz.
-¿Sí?-Le contestó él con cierto deje de molestia como en el interior del refugio, cortaba las mantas para poder agregarlas a sus vestimentas cuando decidieran reanudar su viaje.
Shippo tomo una respiración profunda antes de decir.
-La luna está a punto de desaparecer...-Murmuró con la mirada prendida del escaso filamento que constituía el rastro último de la luna de ese mes.
Inuyasha miró hacia fuera en esa dirección y trago saliva sintiéndose ligeramente angustiado.
Mañana sería la luna nueva.
Chan Chan! (Redoble de tambores) Huele a problemas ¿verdad? Jejeje bueno, en un principio iba a abanzar un poco más en la trama, sin embargo, me pareció oportuno que se mostrara antes un poco de como la relación entre Shippo e Inuyasha se estaba transformando, ya que considero que no es algo que suceda de la noche a la mañana. En cuanto a Shippo despertando en modo youkai poderoso ON, espero con ansia saber sus opiniones, por mi parte, siempre he pensado que los demonios en sí son criaturas aterradoras cuya naturaleza se ha suavizado bastante en los animes y mangas de hoy en día, así que voy a sacar lo máximo de ese lado retorcido y oscuro de ellos XP
Se que muchos esperaban a Kouga en este capítulo, pero me temo que aún está de camino ya que se tuvo que detener a mitad porque Ginta y Hakaku sufrieron un colapso U.U Aun así, no sé si a la larga quedaran sorprendidos con su intervención.
¡Próximo capítulo!: Al ritmo que voy, posiblemente el cap 4 este listo para el Lunes, ¡Esten pendientes de las actualizaciones!
