Buenas noches! Perdón por la tardanza, pero este capítulo ha sido realmente realmente difícil de escribir. Espero, sin embargo, que termine siendo de su agrado, por lo menos, que es EXTRA LARGO ;)
Agradecimientos a: Shandy Chan , k , SangoaomeOO (Bienvenida a mis fics XD) y alei91
Disclaimer: El sensualón de Inuyasha y el resto de fantásticos personajes no me pertenecen (aunque no me importaria darles un hogar XD )Todos ellos son propiedad exclusiva de la genial Rumiko Takahashi.
Advertencia: Yaoi, Angst, Violación, Mpreg, Horror(?), Muerte de personajes.
Rated M
Dialogos(―) Pensamientos (hhhhh)Recuerdos("")
Capítulo 6:
Un pozo negro de vacío. Se sentía como una sensación permanente de movimiento. Todo hacia la derecha. Todo hacia la izquierda. Por alguna razón, era consciente de que estaba durmiendo; es decir, estaba despierto al borde del sueño y...no podía soñar. Su mente se bamboleaba centrada más en la sensación de vértigo que en el propio hecho de la inexistencia de su capacidad para pensar o mucho mejor, despertarse.
Unas palabras llegaron a su subconsciente. Fueron susurradas suavemente. Palabras, que provenían de sí mismo, aunque no lo supiera.
Yo...tengo que despertar. Tengo que despertar. Tengo que despertar...
Una marea de olores atacaron su cerebro en primera instancia. Sudor, humanidad, ganado, estiércol...sexo...
Las suaves pestañas revolotearon sobre los párpados antes de que dos soles iridiscentes aparecieran en todo su explendor y se clavaran sobre una superficie vieja de madera. Tras la visión inmediata, cuya información se resistía brevemente, llegaron los sonidos que acompañaron a la descripción olfativa, un tanto aislados no obstante.
De repente toda la información se combinó en una sola, y golpeado como un resorte, Inuyasha se levantó y saltó hacia atrás desde su posición indefensa a una completamente alerta con colmillos y garras brillando en la penumbra.
¡Peligro, peligro...!
Susurraba su cerebro ante la alarma que suponía un sueño profundo.
Pero allí no había nadie.
Las orejas moviéndose al ritmo de su acelerado corazón, Inuyasha identificó en apenas unos momentos la salida del lugar y el nivel de seguridad del mismo. A penas cuatro paredes con una salida a lo que sabía era una calle y un hueco para el fuego en caso de cocina era lo único que había; y el mantón de pelo junto al futón del que acababa de levantarse claro.
Sin captar nada amenazante a su persona, por fin, los músculos perdieron la tensión que se había acumulado sobre ellos, y casi de manera inmediata, su sentido del equilibrio desapareció y le envió hacia el suelo. Por suerte, o más por reflejo, su cuerpo quedó sostenido sobre sus manos y rodillas. Todo daba vueltas, y un gemido molesto salió sin que pudiera evitarlo como símbolo de su malestar.
Apoyando la frente sobre el suelo dotado de cierto frescor, Inuyasha aguardó unos momentos mientras el repentino mareo retrocedía poco a poco. Dolor de cabeza, un sabor agridulce y desagradable en el interior de su boca y cierto dolor sobre sus muslos, eran las pistas que tenía para tratar de averiguar lo que le había llevado a esta situación. Sin embargo sus recuerdos no parecían estar trabajando correctamente.
Una vez que el malestar retrocedió lo suficiente, Inuyasha se incorporó lentamente hasta quedar sentado sobre el futón.
Sus recuerdos eran difusos; recordaba el olor de los lobos y la sangre, recordaba...al humano. Sí, un ser humano. Takeshi. La imagen del pueblo también estaba en su cabeza, un pueblo grande. Brillante. Luego...hubo una comida y...
―¡Mierda!―Exclamó mientras se hacia la luz en su situación.
No debería haber bebido el sake, el ya había visto sobre Miroku los efectos del mismo, y por muy contento que estuviese mientras tanto, no era bueno, era una puta mierda.
Y encima como un ser humano...
Un escalofrío le recorrió al darse cuenta de su error garrafal. Si alguien vivía en esta casa, habia visto su transformación.
Takeshi lo sabe...mierda Shippo, ¿Dónde se supone que está tu fabuloso truco ilusorio?
Por otro lado, la mención del zorrito le llenó de preocupación. Con sus recuerdos tal y como estaban, no podía recordar ver al pequeño en toda la noche pasada. Algo dentro de él le aseguraba que estaba bien, a salvo, y sin embargo, no podía estar conforme con ello sin tenerlo a su lado.
Con un suspiró se estiró sobre el futón para alcanzar a Tesaiga colocada por encima de la almohada, y un tiemble desagradable e inmediato se extendió por su columna. Una expresión de asco desagradable se hizo paso en su expresión al levantar la mano apoyada sobre la suavidad de la gruesa tela y observar la suciedad de espesor blanco sobre la palma de la mano.
Un furioso sonrojo se extendió instantáneamente por sus mejillas al reconocer su propia semilla y su mirada se dirigió hacia su intimidad. Colorando a un tono más oscuro ante la ligera erección matutina, lo más preocupante era sin duda la humedad y brillo que resultaba claramente visible tanto en su falo como en las dos joyas oscuras sobre las que reposaba.
El vivido sueño que se mezclaba con sus recuerdos de la noche debía ser el responsable.
Aún puedo sentir la calidez...la presión...Maldita sea Kagome...aún haciéndome cosas como estas...
Mirando desesperado alrededor en busca de su rata de fuego para cubrir la vergonzosa evidencia de su nocturno orgasmo involuntario, dos preguntas impactaron sobre él congelándole por un instante. ¿Por qué estaba desnudo, en primer lugar? Y, ¿En casa de quien había dormido precisamente?
Su respuesta se contestó sola en un solo instante como la cortina que daba al exterior se abrió dando paso a un joven humano vestido en el kimono blanco de ropa de cama. Inmediatamente tomó la capa de pelo grueso, su única pertenencia visible, y cubrió su vergonzosa desnudez. Su kimono rata de fuego estaba allí, entre los brazos del ser humano.
―Buenos días Inuyasha.―Saludo tras un breve momento de shok.―No pensé que estarías despierto.
―Take-¿shi...?―Susurró Inuyasha tratando de asegurarse.
El susodicho asintió y se acercó.
―Aún es temprano, la mayoría del pueblo aun duerme.―Explicó suavemente colocándose frente a él. Los ojos del ser humano recorrieron descaradamente su cuerpo semidesnudo con un brillo extraño sobre ellos.
Por supuesto Inuyasha, ¿Cómo no iba a hacerlo con este cuerpo deforme cuando él te ha visto como una criatura pura y perfecta?
Inuyasha buscó en sus ojos alguna muestra de rechazo, sabiendo que lo había conocido como un ser humano y que la forma en la que lucía en este momento era muy distinta. Sin embargo, la mirada descarada que dirigía a su cuerpo semidesnudo resultaba impenetrable. Cabreado en su propia miseria interna, terminó estallando.
―¡¿Qué pasa?!¡¿Jamás habías visto el cuerpo deforme de un hanyou?!¡Keh! Supongo que no, ¿verdad?―Su protesta contenía un reproche perfectamente visual ante el comportamiento del ser humano. Fue una sorpresa la pequeña sonrisa avergonzada.
―No, no lo he visto...supongo que jamás llegaré a verlo.―Murmuró suavemente tendiéndole su ropa mientras se sentaba frente a él con un ligero rubor en las mejillas.
Inuyasha frunció el ceño y se alejó suavemente un poco.
―¿Por qué estoy desnudo?¿Y qué has hecho con mis ropas?―Demandó, su tonó de voz firme y sin opción a protestas. Las mentiras ya no eran una posibilidad con su olfato capaz de captar el tufo de los nervios.
El chico carraspeó brevemente.
―Me he tomado la molestia de lavarlas... espero que no te haya molestado...―Murmuró poniéndoselas a su lado con un ligero encogimiento de sus hombros.
Inuyasha gruñó ante las respuestas, o más bien, 'la' respuesta, ya que sólo había contestado a una de sus cuestiones.
―Ya...―Escupió arrebatándole las prendas de las manos y dándole la espalda para vestirse.―¿Y qué es lo que ha pasado esta noche precisamente?―Preguntó desinteresadamente como si no importara, aunque en realidad se hallaba profundamente preocupado.
―Yo...no lo sé...―Se quejó el chico con su voz masculina llena de ronquera..―No recuerdo mucho de lo que sucedió, sinceramente. Sólo sé que anoche guié a un humano Mushin hasta mi casa y que, al despertar, un hanyou, nada menos que el famoso Inuyasha que ayuda a los humanos, despierta en ella.―La voz sonaba ligeramente incrédula, por otra parte, un toque de satisfacción y alegría contenida en ellas. Cómo un ronroneo.
Inuyasha desvió la mirada explícitamente sin saber exáctamente qué decir mientras terminaba de ajustar el haori sobre su kimono blanco. No es como si hubiera podido cambiar sus palabras por otras, al fin y al cabo es lo que había sucedido.
―Si bueno...gracias por eso, supongo.―Murmuró mientras colocaba la Tesaiga sobre su cadera. Dispuesto a salir, se detuvo como de repente un recuerdo empujó en su cabeza.
"―Inuyasha...no puedes ir con esa mujer, ¡¿Qué hay de Kagome?!¿Qué estás haciéndo?"
La voz de Shippo...
Con la alarma brillando en sus ojos Inuyasha se volteó para ver al ser humano vistiéndose a toda prisa.
―¡Oye!―Le gritó mientras le alcanzó en un par de zancadas y lo estrelló por los hombros contra la pared. Inuyasha aguardó un momento mientras tomaba el aliento.―Esta noche...―Alzó la mirada justo para hacer frente al ser humano con los ojos mirando en miedo y confusión a desesperados orbes dorados.―¿Ha habido una mujer aquí?¿¡En la noche!?―Ante la mudez sorprendida del ser humano, Inuyasha volvió a golpear su cuerpo contra la pared―¡Contesta!
Takeshi le dirigió una mirada ligeramente enfadada mientras agarraba los brazos que le sujetaban con fuerza y pasaba sus manos suavemente por los puños ejerciendo fuerza prima.
―No ha habido ninguna mujer aquí.―Sentenció con una mirada reflexiba y las cejas finas perfectamente visibles en la frente despejada se unieron ligeramente.―Sólo...
Inuyasha lo soltó sin apartar su mirada desconfiada de él, finalmente, el ser humano habló.
―Me temó que sólo hemos estado tú y yo.
Soltando suavemente la tensión de sus hombros, inmediatamente Inuyasha lanzó un suspiro y sus ojos se cerraron momentáneamente, aliviado por la información dada, se perdió registrar el tono burlón de las palabras.
Por un momento había llegado a pensar...pero no, por suerte no.
―¿Le decepciona saberlo?―Cuestionó Takeshi mirando seriamente sobre la figura de cabello blanco que por fin le había permitido regresar a su anterior tarea de vestirse.
Inuyasha miró incrédulo ante la pregunta antes de contestar inmediatamente con un ligero sonrojo.
―¡Por supuesto que no! Yo...¡Ese tipo de cosas...!no...―Frustrado por su constante tartamudeo, Inuyasha lanzó un gruñido irritado dirigido a nadie particular antes de aclarar sus pensamientos al fin.―No me gustan ese tipo de cosas.―Aclaró rascando una de sus orejas suavemente.
De repente, como si el gesto inconsciente le permitiera saber algo que el resto no hizo, Inuyasha sintió la irritación lavando a través de él. En primer lugar, ¡Qué mierda le importaba a este hombre lo que pensara! Pero detuvo su escape inmediato al escuchar sus palabras.
―Me alegro por ello, de que compartamos gustos, quiero decir.
Las orejas de Inuyasha parpadearon brevemente. La mirada de color verde claro y la ancha sonrisa le estaban susurrando mensajes secretos que, al parecer, debería de comprender. Sin embargo Inuyasha estaba en una perdida de palabras. No entendía.
―¿Qué es lo que quieres decir?―Preguntó. Su tono un poco brusco.
Pero el ser humano negó con la cabeza suavemente.
―No importa...―Murmuró colocándose el hakama azul que había caido al suelo y terminando de atarlo sobre el haori de color marrón claro.―Por lo que veo, pareces tener prisa por marcharte.―Dijo colocándose a su lado, una espada ligeramente corta presente en una de sus caderas.―Sin embargo, por respeto a este que es mi pueblo, he de rogarle que se quede.―El ser humano se arrodilló frente a él, Inuyasha le envió una mirada altiva y molesta.―Por favor, ayudenos a tratar con los lobos, estamos seguros de que usted sería capaz de frenar esta masacre...
―¡Keh!―Gritó brevemente.―Si de verdad crees que soy el tipo de los que hablan para llegar a un acuerdo estas equivocado. Soy un guerrero, no un monje.―Espetó recordando brevemente a su querido amigo.
Takeshi levanto la mirada desde el suelo.
―Por favor, con que al menos este presente ante su llegada...eso nos ayudaría a estar traquilos. No sabemos cuando van a romper su pacto de paz...
Inuyasha pensó en ello rapidamente
Tengo que buscar a Shippo.
Se quejó en su cabeza recordando al pequeño pelirrojo.
Pero tú le prometiste a ella que ayudarías a los humanos, y este en concreto se ha portado bien contigo.
Le reclamó otro lado de si mismo.
Sólo hasta que deje de interesarle.
Pero aunque sus pensamientos parecían negados, Inuyasha ya sabía que iba a ayudar.
―Esta bien, levanta. Pero primero tengo que encontrar a una persona que viajaba conmigo.
El ser humano frunció el ceño.
―No recuerdo a nadie...―Dijo casualmente.
Inuyasha le miró con el ceño fruncido mientras recogía su capa de piel de oso y traspasaba la esterilla y salía de la casa, una calle estrecha con más chozas agolpadas a los lados le recibió. Había vuelto a nevar durante la noche.
―¡Espera!―Gritó el ser humano saliendo del hogar.―¡Te ayudaré a encontrarle!
Pero Inuyasha negó rápidamente.
―Dudo que me puedas ayudar...―Dijo secamente sin dar más explicaciones―¿Cuándo es esa estúpida reunión?
El ser humano se puso firme.
―En la tarde Inuyasha-san, sin embargo me gustaría que me dejaras acompañarte, por favor.
Inuyasha escuchó la petición y se abstuvo de comentar sobre el honorifico con una sonrisa socarrona.
―Lo que quieras...―Murmuró en tono alto y burlón.―¡Sí eres capaz de seguir el ritmo...!
Se impulsó dando un gran salto sobre los techos humanos...Inuyasha perdió de vista al ser humano rápidamente.
Saltando entre las casas, pensó que sería fácil reconocer el olor del pequeño kitsune, nada similar al de los seres humanos, sin embargo tras dos horas de vagar en el pueblo tratando de escapar de la visión y acoso del ser humano, su ira y preocupación rebosaban de él en grandes olas. ¿Dónde estába? ¿Por qué no había esperado junto a él? ¿Qué demonios estaba haciendo?
Recordaba ver la transformación pésima del pequeño en un buho de la noche y después salir detrás de él. Debería estar cerca, ¿verdad?
Maldito...cuándo te encuentre te voy a dar la paliza de tu vida...
Pero ni las malas palabras o las amenazas que mascullaba por lo bajo de vez en cuando hicieron que el fresco olor del zorro apareciese. Pronto, todo su mal humor constituía una fachada débil y torpe que apenas podía contener su preocupación.
La nueva capa de nieve había borrado el rastro viejo de Shippo, el frescor en toda la zona gritando la ausencia del menor sobre su piel le llevaron a salir de las casas y dirigirse hacia el bosque.
Saltó y se deslizó sobre las quebradizas ramas a toda velocidad hasta alcanzar la corriente del río.
―¡Shippo!―Voceó con todas sus fuerzas mientras sus pies caían en el agua helada. El nombre del menor deslizandose suavemente en el lugar.
Sin ninguna respuesta, su carrera se reanudó por el agua del riachuelo a toda prisa con la certeza de encontrar el nacimiento donde ellos habían estado instalados.
Tal vez fue mi imaginación. Tal vez jamás llegué a ver a Shippo anoche y está buscándome igual que yo...
El cauce ensanchándose poco a poco, Inuyasha logró visualizar los restos de su precario y temporal hogar.
―¡Shippo!―Gritó lanzándose sobre los troncos. Pero antes de que terminara de lanzar cada uno de los troncos caidos abandonó la tarea. Shippo no estaba allí.
Su corazón latía sobre sus oidos con fuerza. Había sido un estúpido. Cómo siempre.
Debí mantenerlo a mí lado...no debí dejarle ir solo...
―¡Maldita sea!―Gritó golpeando con su puño la roca dura y rompiéndola. Inmediatamente un chorro de agua a presión impactó contra su rostro y su ropa haciéndole trastabillar hacia atrás. El agua comenzó a fluir suavemente y unirse a la otra grieta que suministraba el liquido vital.
―Joder...―Se quejó pasando una de sus manos con garras por el rostro para aclarar su visión. Un gruñido molesto se instauró en su garganta y se agachó sobre el suelo a cuatro patas antes de sacudirse el resto de la humedad. Sólo un momento antes de levantarse, Inuyasha olfateó sobre el suelo en busca del olor de su ahijado. No quedaba nada allí.
Un gemido bajo se escapó de su garganta al tiempo que su cuerpo cedía a su propio peso sobre el suelo. Se sentía tan...mal. Su autocompasión no duró mucho como volvió a levantarse de nuevo y saltó para alejarse del lugar. Cada vez más profundo en el bosque, sus gritos llamando a su hijo resonaron cada vez más desesperados...
OOO
Aún no había caido la tarde cuando sus fosas nasales fueron inundadas por el edor de los lobos, concretamente, con el olor de Kouga.
Inuyasha gruñó en enojo aun pese a saber que estaba a suficiente distancia como para no ser detectado. Había prometido al ser humano que iría a su estúpida reunión, realmente aún le costaba creer que Kouga estuviera allí, de todos los momentos y lugares.
Con sus dos inútiles de siempre por lo que veo...
Pensó tomando una amplia bocanada...y se detuvo. Sus ojos se abrieron al máximo al reconocer el olor. Sin perder tiempo, su cuerpo se abalanzó hacia delante en una de las carreras más rápidas de su vida, sólo una mancha roja y marrón recortada entre la pureza de la nieve.
Ignorando los cortes de las ramas sobre sus mejillas en el camino por el bosque, la frialdad de la nieve sobre las plantas de sus pies desnudos al salir a campo abierto o el murmullo elevado y constante de los seres humanos que gritaban en alarma por las calles una vez que llegó al pueblo, Inuyasha corrió bajo la forma de un borrón hasta dar con su objetivo. Derrapando sobre la ligera capa helada de la tierra, el corazón de Inuyasha latía a toda velocidad sobre su pecho y el aliento salía y entraba pesadamente cuando la visión que tenía delante se procesó en su cerebro.
Kouga estaba allí, junto a sus dos secuaces de siempre y una pequeña manada de lobos. Shippo también estaba allí...sobre el hombo de Ginta. Todos ellos estaban hablando con el jefe de la aldea, o habían estado haciéndolo, ahora, las miradas se dirigieron todas hacia él.
Una sonrisa involuntaria haciéndose paso en su rostro al ver al pequeño zorrito, sano y salvo, salió a flote.
―Shippo...―Susurró acercándose a ellos e ignorando en primer lugar a los lobos. Sin embargo, la ira se apoderó de él conforme se acercaba y veía los ojos del zorro desviándose de él, culpabilidad flotando suavemente en su aura. Un gruñido involuntario se escapó de él.
Un gruñido que fue elevándose poco a poco, sus manos haciéndose puños mientras se acercaba.
Sin embargo su desesperación le gano paso y en un suspiro se hallaba frente a Ginta sujetando a Shippo por la cola.―¡Shippo!¡¿Dónde mierda habías estado?!¡¿Crees que puedes desaparecer así sin más?!¡¿Tienes idea de lo preocupado que me tenías?!¡Ya habíamos hablado de esto!
Shippo gritó sin tratar de evitarlo, Inuyasha estaba a punto de revisar su cuerpo en busca de heridas cuando una garra se aferro sobre la mano que sostenía a Shippo.
Inuyasha pestañeó brevemente antes de dirigir un ceño fruncido a Kouga. Su mirada azul, habitualmente burlona e incluso, entrañable, no estaba allí.
―Qué...―Masculló sin desviar la mirada, sintiéndo la hostilidad procedente del mismo.―¿No te alegras de verme lobo?―La frase parecía amistosa. El tono no.
La garra sobre su brazo se apretó duramente.
―Ginta...Hakaku...entrad con el humano y habladlo.
Después, una sonrisa lobuna, nunca mejor dicho, salió a la superficie solo para Inuyasha.
―No te imaginas cuanto chucho...
Inuyasha no lo vió venir. Pese a la furia electrica que brillaba en sus ojos, no lo vió.
Un puño impactó con fuerza sobre su mandíbula enviándole al suelo varios metros atrás, Shippo salió volando por los aires, Kouga...estaba encima de él antes de que pudiera levantarse.
Inuyasha trató de mirar hacia atrás, sorpresa e incredulidad en su expresión.
Kouga y él habían hecho las paz hace años, cuando el lobo había tomado por esposa a la chica llamada Ayame, incluso había llegado a asistir a su boda de unión con Kagome, aun cuando en un principio él mismo se había negado obstinadamente a soportar al lobo en un momento tan especial de su vida.
Por supuesto, sus rondas habituales y escaramuzas no habían desaparecido, casi como una especie de ritual que les permitía consevar su relación como lo que era; sana rivalidad. Esto, sin embargo, no lo era.
Inuyasha no tuvo tiempo de hablar como el lobo lo agarró de su haori e impactó su puño contra su estómago, la respiración estancandose en sus pulmones sin poder volver a reanudarse. Lo dejó caer al suelo, su rostro golpeado inmediatamente por los pies del lobo.
―¡Shippo me ha contado lo que has estado haciéndo...he de reconocer que al principio no podía creerlo...pero ahora, ¡Tú olor te delata!¡¿Y te atreves a plantarte delante de mí como si no sucediese nada?!
Shok transformándose en ira inmediata, Inuyasha giró sobre su espalda esquivando la próxima patada y dirigió su propio puño hacia el puro youkai.
―¡No tengo ni idea de qué estás hablando!―Protestó alcanzando su objetivo y obligándole a retroceder un paso.
Enseñando todos sus colmillos, Kouga gritó.
―¡Mierda de chucho! ¡¿Cómo te atreves a mentirme?!―Una patada enviada al costado del medio demonio fue esquivada, la segunda le llevó al suelo.―¡Después de que te cedí a Kagome!¡Después de tenerla como tu compañera!―Inuyasha apretó los dientes cómo el lobo se abalanzó sobre él y agarró su cuello con fuerza, extrangulándolo.― ¿¡Cómo te atrevés a traicionarla!?
Una pequeña voz aguda se alzó sobre ellos. Shippo corría en su dirección.
―¡Kouga!¡Para por favor!―Gritó acercándose justo hasta donde estaban, dos pequeñas lagrimas de culpa sobre el margen de sus ojos.―¡Vas a matarle!¡Para por favor!
Kouga apretó aún más fuerte pese a la suplica, sus ojos parpadeando hacia el rojo brevemente mientras observaba al hanyou clavarle sus garras sobre los brazos en un intento de que le soltara. Los gritos de Shippo fueron ignorados y sólo cuando el cuerpo de Inuyasha empezó a convulsionarse y sus manos perdieron fuerza, sus ojos perdiéndo brillo demostrando su llegada al borde de la inconsciencia, Kouga se levantó en un arrebato.
―¡Debería rajarte los cojones!―Escupió con molestia mientras les daba la espalda a ambos.―Alejate de él Shippo, el chucho no merece la pena, sólo lograrás caminar hacia tu muerte...
Inuyasha no estaba escuchando las palabras, amortiguadas en una lejanía inexistente que no podía atravesar cómo se incorporaba torpemente, sus pulmones reclamando oxígeno desesperadamente, sangre escapando de su propia tos, Inuyasha no recordaba que Kouga tuviera tanta fuerza.
Fijando su mirada sobre la figura del lobo youkai, quién le ignoraba, su boca forzó las palabras a salir.
―Yo...hice lo que pude...
Kouga y Shippo dejaron de discutir redirigiendo su atención hacia la voz ronca que escapaba del hanyou, una gota de desprecio sobre la expresión del moreno.
―No pude evitar lo que sucedió... yo...no tenía manera de saberlo. Todo parecía ir tan bien...
Inuyasha carraspeó en su torpe explicación. En el fondo había esperado por esto, entendía lo que Kouga le reclamaba. Kagome había muerto por su culpa, sólo por su culpa. No le molestaba que se lo reclamara, en realidad, llevaba tiempo esperando por alguien que golpeara la mierda fuera de él. ¿Quién mejor que Kouga para ello?― Yo...Kagome...
Un nuevo gruñido se elevó por el aire e Inuyasha sintió el vello de su nuca elevarse ante el gruñido amenazante. Su mano se dirigió inmediatamente a Tesaiga. No había pensado que sería necesaria para luchar contra Kouga, pero ahora, empezaba a plantearse la duda de ello, ¿Iba Kouga a acabar con su vida?
Tal vez sea lo mejor...
Kouga caminó hacia él con paso firme.
―No te atrevas...―Inuyasha desenfundó su espada cubriendo su frente abierto, Kouga se detuvo a pocos metros de distancia.―...a pronunciar su nombre...―Inuyasha apretó los dientes y raspó unos contra otros.―Que Kagome este muerta no te da derecho a hacer lo que has hecho...Recuerdo tu boda chucho, parecían muy felices y sin embargo...Voto de amor ¡Ja! Y en el momento en que su vida escapó, ¡Te lanzaste como una puta hacia la primera perra que viste!
―¡Maldito!¡Cómo te atreves!―Gritó Inuyasha ante el insulto y balanceó la Tesaiga sobre él. El lobo lo esquivó con un salto hacia atrás. Ahora, los dos de ellos estaban furiosos. Una huelga tras otra, fue el turno del lobo a retroceder frente a los ataques del hanyou. Pronto las primeras casa de la aldea empezaron a quedar destrozadas ante el conflicto―¡Yo jamás podría olvidarla!¡Jamás podría estar con otra persona!¿¡Crees que desee su muerte!?―Inuyasha se detuvo un instante, su aliento perdido en la garganta.―¡Ella era lo mejor que me ha pasado en la vida!¡Y ahora se ha ido!
Los seres humanos salieron corriendo del poblado cuando ambos demonios cayeron sobre la calle más ancha del pueblo gritando en el temor. En su pánico, muchos se encerraron a sí mismos en sus hogares, pequeños ojos mirando por las rendijas de las ventanas. habían salido corriéndo de allí, gritándo en el temor de la refiega. Sólo un ser humano quedó, acercándose inadvertidamente hacia ambos combatientes perseguidos por una jauría de lobos y un zorrito.
―¡Los demonios se aparean de por vida chucho! ¡Su muerte no te da derecho a ir de putas y joder con cada mujer que se te aparece como un perro en celo!¡¿De verdad crees que puedo perdonarte algo así!?
―¡¿De que mierda estás hablando?!¡Yo jamás haría algo así!¡No he estado con una puta mujer!
Ambos rivales se miraron con la ira brillando en sus ojos impares y los colmillos brillando por encima de sus labios como el silencio se interpuso entre ellos. La Tesaiga se ocultó deslizándose suavemente sobre su funda e Inuyasha preparó sus puños y garras.
Con un movimiento sincronizado, ambos dieron un paso adelante para continuar con la huelga de golpes, corriendo para enfrentarse mano a mano y desatar sus iras los unos con los otros. Sin embargo...
Una espada se interpuso entre ambos, su filo apuntando hacia el lobo.
―¡No te atrevas a tocarle lobo!―La mirada de ambos combatientes se agrandó en incredulidad.―¡Inuyasha-san!¡Tenemos que irnos!―Takeshi gritó dándose la vuelta y agarrándo el brazo del otro en un intento de arrastrarle.
Inuyasha miró sorprendido toda la intervención hasta ese gesto. Entonces, la ira que flameaba en sus ojos se desbordó. Soltándose le empujó en el pecho tirándole al suelo.
―¡¿Pero tú de que mierdas vas?!¡No te metas en mis peleas!¡Ni siquiera te conozco!―Le gritó casi encima de su rostro, sintiéndo la vergüenza de que un ser humano no sólo interrumpiera, sino que creyera que estaba en necesidad de ayuda para vencer al lobo "flaco".
Inuyasha volvió a hacer frente a Kouga ignorándo al ser humano. De repente, para su sorpresa, Kouga lanzó una fuerte carcajada y empezó a reir sosteniéndo su estómago.
―¡Oh simplemente no puedo creerlo!―Exclamó Kouga, Inuyasha rechinó los dientes enfadado por la reacción agena.
―¡No te rías de mí lobo!¡Si te distraes de la batalla voy a conseguir tu rabo entre las piernas!―Una de sus garras trató de alcanzarle, Kouga escapó de ella fácilmente riendo aún más fuerte y quedando separados por la misma distancia.
―¿Tantas ganas por ver mi lindo culo al aire chucho?―Preguntó burlonamente antes de lanzar un suspiro y lograr cortar sus risas. Kouga negó con la cabeza.―Sinceramente, no se cómo reaccionar a esto, jamás creí que ibas por esos caminos.―Su mirada se endureció ligeramente.―Ahora no puedo evitar compadecerme por Kagome, ella buscando tu atención y tu mirando a los chicos guapos... Qué asco...ella debió de venir conmigo.
Inuyasha temblaba de rabia por las palabras irientes...aunque no entendía.
―¡Gilipollas!¡¿Quién mira a quién?!―Exclamó sin moverse de su posición.
Kouga le lanzó una mirada curiosa, una sonrisa mordaz formándose en su expresión mientras se acercó al peli-plateado en un par de saltos.
―Dime Inuyasha, ¿Te gusta lo que ves?―Preguntó con voz burlona mientras alzaba sugestivamente las cejas.
Inuyasha se le encaró gruñendo con fuerza.
―Dudo mucho que alguién deseara verte ese careto horrible. ¡Ayame debe vomitar todas las mañanas al ver el gilipollas con el que se ha casado!
La respuesta del lobo fue un corto bufido y acercarse un poco más.
―Al menos mi compañía te daría más juego que un inútil humano...
―¡¿Qué mierda crees que estás diciendo?!
Shippo se levantó de los escombros en los que había sido brevemente sepultado y se acercó de nuevo a la disputa que había estado siguiendo, un poco aliviado de ver que las cosas se habían calmado. Shippo miró a su alrededor. Ginta y Hakaku estaban tocando a una de las puertas de los seres humanos insistentente. Todos los humanos estaban ocultos, menos uno.
¿Quién es él?
Se preguntó Shippo momentáneamente al ver cómo en lugar de esconderse miraba fijamente a los combatientes. Ese no es...¿El humano de anoche? Shippo le observó con curiosidad unos momentos, después, sus ojos se abrieron sorprendidos y aterrorizados.
―¡Inuyasha cuidado!
Ambos caninos se voltearon para ver a Shippo apenas a tiempo para esquivar un fuerte ataque de energía saltando en direcciones contrarias.
―¡Qué mierda...!―Exclamó mientras veía la arena desvanecerse y sacaba Tesaiga. Una energía demoniaca cayendo pesada sobre su nariz.―¡Kouga!―Gritó para localizar al lobo aliado.
Una palabra resonó fuertemente por el claro, y pese a la confusión, Inuyasha sintió que su rostro perdía el color de su rostro al sentir el tirón conocido sobre su cuello. Tan solo el saber lo que iba a suceder le hizo verlo todo a cámara lenta, primero sus cabellos y su haori se levantaron hacia arriba, después sus manos se deslizaron hacia los lados inconscientemente intentando evitar un golpe que en realidad era inevitable; finalmente, en la caida, el polvo se disipó e Inuyasha giró el rostro para ver a su enemigo. El youkai desconocido sonrió mostrando su larga fila de colmillos, sus ojos brillando en verde pero dos largos cuernos saliendo de su pelo. Las cuentas se apretaron dolorosamente contra su nuca ante su renuencia por ceder tirándo de él hacia abajo. Inuyasha hizo un último esfuerzo...
―Siéntate...¡Inuyasha!
He impactó contra el suelo con toda la potencia del sagrado poder.
―¡Inuyasha!―Gritó Shippo mientras empezaba a correr en su dirección. Sin embargo, el demonio recién aparecido sonrió y con un movimiento de su mano Shippo fue lanzado lejos del hanyou.
―Shi..ppo...―Murmuró mientras trataba de alzar su rostro del fuerte tirón de las perlas, aún brillantes bajo luz oscura.―Tú...―Murmuró Inuyasha rencorosamente alzando el rostro, el demonio sonrió más ampliamente como llegó hasta él y tiró de la espalda del chico hacia arriba, hasta lograr ponerle en pie superando con su fuerza demoniaca el hechizo que aún le obligaba a ir hacia abajo. Inuyasha trató de escapar del abrazo duro y mortal que mantenía su espalda obligada al pecho de su enemigo, y para su consternación, descubrió que la presión le impedia realizar cualquier movimiento que no significara caer de bruces al suelo.
―Inuyasha...―Susurró el demonio en el oido, una mano lanzando lejos la reciente y cálida adquisición en el vestuario del hanyou, deslizándo el cuello del haori y acariciando la suave piel expuesta―Debiste venir conmigo cuando lo dije...por tu culpa, ahora tendré que compartirte...―Una lengua bífida serpenteó por su cuello dejándo un rastro húmedo, e Inuyasha se extremeció con aprensión y asco.
―¡Maldito...!¡Ve...te a...la mierda!―Gritó, o trato más bien, mientras seguía esforzándose por huir del agarre mortal.
Una imagen de Jakotsu, el guerrero humano con el que se enfrentó en tiempos de Naraku apareció en su cabeza. El recuerdo del hombre que proclamó al hanyou como atractivo era de todo menos agradable, y sin embargo, Inuyasha sabía que estaba en problemas al reconocer el mismo tono malévolo en la voz de este demonio. El asco dominándole, sacó fuerzas del sentimiento y logró liberar una de sus manos del abrazó mortal y tratar de golpear con su puño al otro con un gritó de esfuerzo. Sin embargo el demonio sólo se rió.
―No puedes luchar Inuyasha...―Murmuró sin ocultar su satisfacción al saber la verdad de esta afirmación.
―¡Maldito..!¡Seas!¡Voy a destrozarte hijo de put-¡Ahh!―Gritó aún más fuerte sin poder evitarlo como los dedos con garras rastrillaron un pezón y pellizcaron duramente.
Un resoplido y una risa suave escapó de algún lugar cercano. La figura del lobo poniéndose en pie.
―Ya veo, ahora entiendo que estuvieses con ese humano.―La voz del lobo no era burlona, sino fría; sarcástica.―¿Te divierte comportarte como un pequeña perra Inuyasha? Si lo que querías era la atención de un macho...―Los ojos de Kouga se endurecieron.―Deberías haber salido de mi camino hace mucho tiempo.
Inuyasha gruñó mientras la ira, la vergüenza y la humillación se hacian paso sobre él, retorciéndose en un intento de liberarse y golpear el lobo hasta dejarle sin dientes.
―¡No digas gilipolleces!¡Yo no...!¡Ah!―El grito fue inevitable al tiempo que la sorpresa y el horror le invadían. Una mano se había arrastrado por el borde del hakama y había encontrado la manera de entrar. Un temor irracional se apoderó de él al sentir las manos con garras envolver fuertemente su intimidad y apretarla duro...sus colmillos mordieron su labio inferior para ahogar los sonidos similares que sólo quería dejar ir.
―Yo diría que disfrutas bastante con esto ¿No?―Cuestionó el lobo sin perder su tono.
―No interfierass lobo...―Siseó el demonio llamado Takeshi enseñando sus propios colmillos amenazadoramente.―¡El hanyou es mío!
―¡Cómo una mierda!―Gritó Inuyasha sin poder callar su boca.
―No te preocupes, no querría a un inútil 'traidor' cerca de mí aunque lo regalaras. Supongo que siendo un hanyou, no se puede esperar algo diferente, ¿verdad?―Cada palabra era una puñalada directa al corazón.―Creo que voy a quedarme a ver el espectáculo sin embargo...―Después se cruzó de brazos y se apoyó sobre la pared de madera de una de las casas. Una sonrisa malévola floreciendo de él al ver el horror pintado sobre los ojos del hanyou.―¿Qué sucede Inuyasha? Deberías sentirte honrado...¡Siendo complacido por la atención de dos hombres a la vez!
Inuyasha quería contestarle, quería gritar, morder, rasgar, quemar, cortar...escapar...todas esas emociones salieron de él en un rugido profundo de cólera mientras sus ojos se teñían brevemente de rojo que, sin embargo, se perdió en la nada sin servir en absoluto. No entendía como había llegado a esta situación, que no entendía.
―Vamos perrito...―Susurró el hombre tras de sí, después, Inuyasha sintió que su oreja era aprisionada por algo caliente, húmedo y escurridizo. Al tacto de los dientes dedujo, la boca.―Anoche bien que disfrutaste de mi compañía...no puedes decirme que esto no te esta gustando.―Las garras clavándose sobre la carne de su pene, Inuyasha gritó y su cuerpo se convulsionó de dolor.―¿Oh es que creiste que siempre me dominarías? Eso es iluso de tu parte...
El dolor le trajo autoconsciencia, la autoconsciencia, la seguridad de que el suelo era mejor que este abrazo extraño y repugnante.
Con ello en mente, Inuyasha tiró de sus pies hacia delante y su cuerpo se deslizó del agarre desagradable, el collar hizo su trabajo inmediatamente e Inuyasha cayó al suelo, liberándose a los segundos. Pero el comando estalló en voz alta mientras el demonio daba pasos a su alrededor.
―¡Siéntate hanyou! Sientáte, siéntate...
Su rostro comprimido sobre la nieve y arena sucias en su mezcla entre sí, un gruñido fuerte sonó y resonó con cada golpe.
―Pfff...parece que el perro necesitaba un nuevo amo ¿eh?
La voz de Kouga, sus palabras, humillado frente al enemigo...¿Había algo que pudiera dañar su orgullo más que esto...? El cuerpo del demonio agarró sus caderas clavadas sobre el suelo y le alzó sobre sus rodillas. La posición vulnerable hizo que su demonio floreciera y desapareciera casi al mismo tiempo y de forma constante, no obstante, sólo el ritmo en que su sangre ardía en su cuerpo y gritaba por escapar le dejó muy claro que evidentemente sí; aún podía ser peor.
―¡Inuyasha!¡Inuyasha no!¡Kouga!¡Haz algo Kouga!
Shippo...
Inuyasha sintió que empezaba a despedazarse desde dentro hacia fuera al sentir sobre el menor la fuerza de los sollozos, el olor de las lágrimas, la inconexión de las palabras...
No puedo permitir que Shippo me vea así, no puedo...Shippo...
―¡Déjale Shippo! ¿No lo ves, como disfruta de sí mismo?
El cuerpo de Takeshi cayó sobre él, ambas manos deslizándose y acariciando su trasero fuertemente.
¡No! Suéltame...suéltame...Shippo.
―¡No lo entiendo!¡Yo ví a una mujer!¡¿Por qué dejas que le haga esto?!¡Inuyasha!¡Inuyasha!―Un gruñido diminuto resonó―¡Fuego de zorro!
Inuyasha sintió el peso que había caido sobre su cuerpo ser liberado y un ligero olor a chamuscado llegó inmediatamente a su nariz.
―¡Maldito...!―Fue el susurro a penas audible del hombre que lo sostenía.
Inuyasha apoyó sus manos y trato de levantarse. El gesto fue interceptado rápidamente.
―¡Siéntate chico!
―Hijo de puta...¡maldito...!―Gruño Inuyasha incapaz de salvarse. Logró levantar su rostro para mirar a Shippo a un par de casas de distancia, un ligero atisbo de orgullo calentó sus entrañas al ver la furia brillando sobre su infantil rostro, dirigida hacia él pero...sus manos apuntaban también a Kouga...
Shippo giró su rostro para mirar al hombre lobo, y cuando habló, sus palabras sonaron como las de un hombre, no un niño.
―Kouga...te estoy diciendo...que fue una mujer. No un hombre. ¿Entiendes?
La expresión aburrida cayó de su rostro ante el tono condescendiente y su rostro volvió a tomar la seriedad y fuerza de un líder. Inuyasha vió la mirada azul del lobo vagar hacia él tratando de leer algo. Lo único que Inuyasha podía hacer era mantener su mirada sin importar qué. No obstante, el brillo que pretendía transmitir en su mirada no pudo ser visto por Kouga. En cambio, lo único que vió fue la vejez y el cansancio, antes de que los orbes dorados se cerraran cuando una de las piernas del demonio pisó sobre su espalda adolorida y el comando volvió a ser gritado. No hubo sonido de dolor.
―Tienes razón...―Fue el susurró irritado que se le escapó.―aunque sea un perro infiel soy yo quien debe dar su castigo...¡Ey, lagarto hijo de puta o como te llames!¡Creo que he cambiado de opinión! El hanyou...es nuestro...―Una sonrisa con colmillos salió de él cómo hizo crujir sus nudillos y un silbido escapó por sus labios. Pronto, la manada de lobos que le acompañaban y que habían permanecido gruñendo desde la lejanía durante el combate de su líder, saltaron en torno a su alrededor.
Pero el demonio sonrió.
―Sí bueno, yo también tengo algunos perritos...ya sabes...―Kouga abrió los ojos como nuevos lobos aparecieron rodeando a su propia manada. Pronto sin embargo sus ojos se extrecharon con ira tormentosa. Todos los lobos, blancos frente a los suyos de color cobre.
―Ukyo...―Y su voz denotaba todo el despreció que poseía en su voz mientras un lobo blanco como la nieve y ojos azules hacía su aparición.―Aún cuanto has sido desterrado...aun cuando has sido privado de tu propio youki...¡Son lobos como tú qué hacen que me hierva la sangre!
―Kouga...―Susurró Shippo en el temor.
―Y ahora...―Sonrió Takeshi.―Haced el favor de dejarme tomar a este pequeño perrito ¿sí?
Un cántico de gruñidos y ladridos estalló en la aldea. Inuyasha tembló en el recuerdo de los lobos y su debilidad humana. Su cabeza se sentía confusa, y en su interior, la humillante palabra que había aprendido a añorar en los últimos meses desde la partida de su esposa resonaba una y otra vez. Su cuerpo había sido liberado del conjuro, ¿Pero cómo saberlo cuando los gritos en su mente parecían ser pronunciados en la realidad?
El peso desconocido volvió a caer sobre su cuerpo y el gruñido salvaje que emitía desde su garganta se intensifico ante la amenaza. Todo su cuerpo se tensó.
―Ah...yo veo.―Susurró la voz masculina sobre sus oidos, haciéndose escuchar en medio de la guerrilla que se había organizado antes de que el peso desapareciese completamente.
Y entonces vino el olor...
Kagome...
―¡Inuyasha!―Gritó la voz aguda y dulce de preocupación. Inuyasha alzó el rostro para contemplar el rostro de su esposa. Las manos palidas agarraron sus hombros y lo ayudaron a incorporarse, en su confusión, el cuerpo de la sacerdotisa se empujó contra él en un abrazo.
El sabía que no era real. Sabía que era Takeshi, y que las consecuencas de dejarse llevar serían aterradoras. Su lado humano gritó de agonía y pánico, pidiéndole que reaccionara ante la mentira y falsedad. Su demonio en cambio...
El olor...su olor...
Todo sonido quedó lejano de sus oidos como su corazón latía con fuerza sobre ellos. La sonrisa, las pálidas manos...
―Kagome...
Los maravillosos recuerdos llenaron su mente, las hermosas palabras...él recordaba el día de la boda tan bien...el día que la tomó...como un hombre toma a una mujer...
Un gritó desgarrador levantó la barrera que su mente había erguido sobre sí mismo. De repente, el olor de la sangre conocida inundó su olfato y sus instintos saltaron en alarma.
Shippo está herido...
Y trató de levantarse de su posición de rodillas y avanzar en la dirección de su olor ciegamente pero...
Sus piernas no lograron tirar de su cuerpo hacia delante, inmóviles no podían escapar del fuerte agarre, dos manos celebraron la carne desnuda y expuesta y una oleada de malestar y pánico le sacudió como el aire frío acarició sus nalgas y sus partes íntimas. El hakama rojo enredado sobre sus rodillas y el haori abierto. Inuyasha giró su cuello aún cuando no podía ver a nadie detrás de sí mismo, y sin embargo, la distorsión de la imágen le dijo que estaba allí.
―¡Inuyasha!―El gritó de Shippo impactó sobre sus oidos e Inuyasha miró en su dirección. Inuyasha vió al pequeño kitsune corriendo hacia él... y dos garras con escamas semitransparentes procedentes del ser situado en su espalda cubrió por un momento sus ojos antes de alzarse por debajo de sus axilas, apuntando hacia él niño.
No...
La desesperación brilló en sus ojos y trató de advertirle.
No vengas...¡no vengas!
―¡Kouga...!―Logró jadear mientras sus ojos buscaban al único que podía llevar lejos de lo que estaba a punto de pasar a su hijo. El cuerpo del lobo apareció a lo lejos, luchando en un mano a mano contra un lobo blanco que le resultaba vagamente familiar.
―Nadie va a cambiar nada...―Una suave voz susurró sobre sus orejas. El cálido aliento vicioso impactando sobre la piel sensible.―Cede...o el pequeño cachorro caerá.―La carrera de Shippo ralentizada apenas unos segundos, esquivando los cuerpo blancos y marrones que luchaban y se interponían. No... ―Ya está bastante herido...¿No lo ves?
Un jadeó angustiado escapó de él como una sonrisa se plantó sobre el rostro de Shippo y lanzó sus brazos hacia él. Las dos garras invisibles alargaron los brazos en lugar de los suyos para atrapar al zorrito.
―¡Inuyasha!―Gritó con felicidad angustiante.
No es cómo si se tratara de una decisión en realidad ¿verdad?
Su cuerpo se estiró todo lo posible desde la inmovilidad de sus piernas para alcanzar el pequeño saco infantil de cola risueña, las garras invisibles le dieron paso para recoger al kitsune. Una vez firmemente celebrado en sus garras, Inuyasha cerró los ojos y abrazó el cuerpo del niño mientras caía hacia delante y sentía una gran sombra aparecer sobre el suelo. Un brazo pasó bajo su cadera alzándole sobre sus rodillas y una segunda mano aplastó su espalda contra el suelo todo al mismo tiempo. El grito de terror del niño junto con su nombre dicho en la lejanía por la voz del lobo acuchilló sus sensibles oidos y le dijo que su enemigo y su situación actual al fin se habían mostrado. La rabia y la ira latían como su demonio interior gritaba en agonía por la presentación sumisa de la que el no tenía idea más que en la vaga sensación de profunda indignación.
Las garras de Shippo se aferraron sobre su pecho y su voz no paró de gritar.
El instinto de protección que creía perdido fue lo único que le mantuvo cuerdo cuando la carne caliente del falo ageno se rozó sobre la línea que separaba sus dos mejillas hasta encayar contra el agujero tierno y expuesto. El jadeo sonoro que impactó contra sus oidos llevó a sus orejas a doblarse sobre sí mismas tratando de esconderse.
―Inuyasha...Mushin...no puedo más...
Preparándose para lo que el sabía que vendría, apretó el cuerpo del kitsune contra su pecho con fuerza, tratando de que no viera...tratando de no ver...
Los ojos de Kouga se deslizaron en la dirección del grito atronador mientras se defendía del lobo desertor que ahora constituía su enemigo.
La imagen que contemplo empujó su orgullo y dignidad a la basura. ¿Qué había hecho? ¿A quién estaba viendo? Inuyasha sostuvo a Shippo contra su pecho y sus ojos se habían abierto nublados en sorpresa y dolor. Dos alas anfibias habían hecho su aparición sobre la espalda de Takeshi, una de sus manos empujó la cabeza del hanyou al suelo y la otra celebró control sobre las caderas blancas mientras se hundía y empujaba contra el cuerpo una y otra vez. La sangre espesa y roja comenzó a salpicar desde el lugar asaltado hacia la nieve y la espalda forzada en un arco imposible.
Los ojos azules no pudieron apartar la mirada del cuerpo que era brutalmente violado
―Inuyasha...―Susurró el lobo brevemente buscando un rastro de lo que había sido el hombre que había conocido, antes de que sus piernas se vieran obligadas a saltar de nuevo para esquivar el ataque del lobo brutal. Una furia desmedida se apoderó de él y las garras sagradas de su tribu, las Goraishi brillaron sobre uno de sus puños.
Inuyasha no podía evitar gritar con cada envite pese a su mente frustrada y quebrada en sus mandatos, fuego doloroso cubriendo un pasaje que no debía ser inundado jamás, el olor de su propia sangre le abrumó y sus pulmones dejaron de trabajar brevemente.
Necesito...respirar...
El susurro de su nombre en llanto le permitió enfocar ligeramente su mirada sobre el suelo que parecía moverse al igual que lo haría el mar y aferró con mucha mayor fuerza el bulto entre sus brazos. Pero fuerza...¿acaso quedaba alguna?
Cerró los ojos...el olor y los sonidos...¿Había vivido esto alguna vez?
"Inuyasha...mi niño"
La voz de mi madre...
Recordaba ser fuertemente celebrado sobre su pecho. Recordaba el olor, el movimiento...tan similar.
"Inuyasha...no escuches..no escuches, sólo a mí, ¿puedes oirme?"
"¡Sí mamá!"
Sí mamá...
"¡No escuches!¡No escuches!"
El olor de mi madre...la suavidad...
"¡Dejá de hablar puta!"
La voz profunda de sus memorias cortó cualquier atisvo de ensueño y cariño y a la relización de lo que siendo un niño no vió y ahora como adulto conocía, Inuyasha trató de dejar a un lado lo que sabía que era el recuerdo de su madre al ser violada y se fue directo al punto que debía prestar atención.
Shippo...
―Shippo...―El nombre salió de sus labios, después apretó los dientes aguantando la quemadura interior que cada vez parecía suavizarse, insensibilizarse al toque brutal, logrando astillar el calcio de los mismos en un dolor infimo en comparación.―Shippo...¿Me...escuchas?―Llanto fuerte y desarticulado le recibió, el niño sufría su dolor como propio. La culpa un incentivo claro en el olor suave del niño.―Shi...po...¿Me escuch-as?
Llanto. Sollozos y más llanto. Un leve quejido...un desgarrador sí.
―Shipp-―Un empuje más fuerte contra él le hizo sisear. Su fuerza rastrillando en su contra.―¡Shi-...po!¡No escuches!¡Sólo mi...voz!
―¡Inuyasha...!―Sollozó el menor agarrandose sobre él, clavandole las uñas sobre la tela que descolgaba hacia delante.
Un gruñido continuo comenzó a elevarse poco a poco mientras las manos que antes rasguñaban la arena tomaban impulso y trataban de levantarse brevemente luchando con la fuerza que empujaba su cabeza al suelo.
La sangre que su olfato captaba del zorro era niño tenía que irse.
―¡Oh Mushín!¡Tan jodidamente estrecho!¡Sí!¿Quién iba a pensar que los hanyous serían tan buenos en esto?―Exclamó mientras el ritmo de sus embestidas se aceleraba.
Inuyasha ya no era capaz de hablar, la respiración atorándose en su garganta, no supo el principio de la respiración o el jadeo. Un escalofrío terrorifico a través de él que le hacía olvidarse de su entorno y el dolor cada vez que la carne turgente se clavaba más profundo dentro de sí de lo que debería hacía que su mente colapsara ante el deseo de parar y seguir. Fue agradecido cuando su confusa miseria se detuvo y sintió su interior ser inundado por algo cálido y asquerosamente resbaladizo. Los gemidos sobre sus oidos superaban todos los demás, su nombre clamado por la boca que hubiera reventado con su puño si pudiera.
Cuando su cuerpo quedó libre de la gruesa extensión de carne su corazón iba demasiado rápido incluso para él, pequeñas manchas negras bailando sobre su visión. Su cuerpo volteó quedando sobre su espalda. El mundo latía dolorosamente a su alrededor y le resultaba imposible leer lo que recogían sus sentidos. El demonio lagarto sonreía, después, se vió una luz y la cabeza de Takeshi lucía un corte sangriento sobre el cuello, los ojos sobre su cara tenían una expresión de horror y se perdieron de vida cuando su cabeza se deslizó limpiamente de su cuello y el cuerpo cayó hacia atrás. El rostro del lobo invadió su visión de golpe con preocupación evidente y sus labios se movieron. Parecían decirle algo.
Shippo...
Susurró el nombre del cachorro para hacerle entender lo que pedía, aunque no era capaz de saber si lo dijo o lo pensó. Sus oidos no podían escuchar más allá de un profundo y sonoro pitido en blanco...El lobo agarró algo antes de levantarse y comprobó el cuerpo difuso como Shippo. Sus ojos lloraban y su boca gritaba incoerencias en el llanto. Inuyasha trató de mover una mano hacia él y acariciar su cabeza, fue una sorpresa comprobar que en realidad era capaz de ello. Pero entonces el rostro de esas dos personas se volvió hacia el cielo con sorpresa. Después Kouga celebró una expresión de furia y sus ojos brillaron en rojo por unos momentos. Paso un timpo indefinido en el que el lobo gruño y habló...aunque él no le escuchaba.
Una mirada final hacia él en la que se leía "pérdoname" quedó plasmada en el habitual rostro osco.
Algo está mal...
Pensó en su bruma de incoherencias, sin saber realmente si 'lo que estaba mal' no tenía algo que ver con el desconocido dolor que asolaba su cuerpo.
Entonces Kouga se alejó de su linea de visión y arrastró a Shippo consigo. Ya no podía verlos y una creciente inquietud nació en el de nuevo al ser apartado del zorrito...
Inuyasha creyó escuchar un fuerte papá en la distancia mientras miraba al cielo nublado.
Pornto, en cambio, su visión se vió invadida por el rostro de un nuevo demonio con cabellos rojos. Este le saludó con una sonrisa satisfecha.
Aunque tal vez sea solo mi imaginación...
Fue su último pensamiento antes de que sus ojos se mancharan de negro...y perdiera el conocimiento.
OK este capitulo ha sido horrible y lo sé... no estoy muy convencida con el resultado. En un principio pretendía que fuera aún más Angst...pero supongo que aún no estoy preparado para plantearme niveles altos. Por ahora, espero que esto haya puesto vuestras expectativas de este fic un poco más altas. Muchos de ustedes deben haber odiado la intervención de Kouga aquí...bueno, no lo sé, supongo que tendrán que hacermelo saber :)
Próximo capítulo: Intentaré este Jueves...pero de seguro será un poco más corto que este u.u. Algunas respuestas vendrán en él a vuestra disposición. ;)
