Historia basada en la serie de Nickelodeon Oye Arnold creada por Craig Bartlett, nada es mío, excepto la idea de esta loca historia xDD
Este capítulo va dedicado a aquellos lectores que se asomaron para leer el capítulo anterior.
Perdonen la demora, pero creo que muchos entenderán como está la situación actual de México, después de la desaparición y matanza de los jóvenes normalistas. Tuve mi falta de inspiración y el pensar lo dicho por la famosa Review Criticona que al analizar su crítica, ella también tuvo muchas fallas como yo en la historia. Si de casualidad está leyendo esto, o algún conocido de ella, me gustaría hacerle llegar que debe trabajar en sus críticas, pues en momentos aunque aparenten ser bien realizadas, llegan a perder fundamentos en algunas partes. No digo que están mal, al contrario, si mejora con el tiempo no dudo que no se encuentre en un futuro trabajando en un periódico o televisora de chismes de la farándula. Pero espero que al igual que yo, ella mejore con el tiempo. ¿Por qué lo digo? Bueno, al andar con un reviwer algo conocido con muchos seguidores en Youtube, me da de qué opinar a mí también, especialmente porque yo recibí la crítica. Agradezco a todos sus comentarios y no se preocupen, acepto los constructivos, los de aceptación, los de ideas y opiniones diversas con respecto a la historia(eso incluye las criticas tanto buenas como malas), los OCC , etc.
Sin más les dejo la OVA 3 de Rocket Brothers
Advertencia: No apto para menores de 18 años… aunque se sabe de la gente precoz de 14 en adelante… pero se ha advertido, no me digan que no xDD
Ova 3: Love me... love me
Era un día soleado en Hillwood, un hermoso sábado soleado. Se podría decir que era el día perfecto para socializar y disfrutar de charlas entre amigos, pero no todo era así.
En un salón famoso, por su gran tamaño y ubicación cerca de los barrios más caros de la ciudad, se podía escuchar los gritos de dos rubios.
-¡Lárgate Wolfgang!
-¡Estas mal si crees que debo de hacerlo!
-¡Vete antes de que Betsy hable contigo!
-¡Eres una tonta! ¡Tu amigo es el que debería defenderse, no tu a él!
-¡Por eso quiero que te largues! No tienes ningún derecho de insultar a ninguna persona importante para mí, ¿Comprendes? Tú no sabes cuán importante es para mí Mike. Y por tal motivo no permitiré que nadie le hable de ese modo tan cruel como tú lo has hecho, ¡Menos en el cumpleaños de mis niños! ¡Por muy padrino que seas, te quiero fuera!
-Hermano…-Fue Joan quien hablo lo más suavemente posible a Wolfgang que mostraba signos de un enojo que podría ser lanzado a cualquiera que se le pusiera enfrente, especialmente de los invitados que veían tal escena protagonizada por su cuñada y su hermano menor.
¿Quién imaginaria que la rubia protegería a los suyos a capa y espada, sin importarle que un lobo con heridas que indicaba todas las batallas enfrentadas se le pusiera enfrente, mostrando los dientes con un gruñido que indicaba una señal de guerra? – Es mejor que lo dejes por la paz, vete de aquí… y yo te llevo, no quiero que manejes así.- Al ver la mirada que le mostraba Wolfgang, se dio cuenta que estaba pisando terreno inseguro –Enserio, Wolf. Esta vez tiene que ser así…
Wolfgang obedeció maldiciendo. De nuevas cuentas había reaccionado mal con alguien que consideraba una amenaza en sus avances con Helga. No podía evitarlo, no quería perder la oportunidad, pero si seguía así todo se iría al carajo.
Por tal motivo decidió regresar a su casa y esperar tranquilizarse con todo lo sucedido.
Pasaron aun unas horas para que llegaran a la casa toda su familia; su madre y su hermano con su cuñada.
-Enserio, Wolf. ¿Qué pensabas?
-No quiero hablar, madre…
-No, claro que no. ¿Por qué lo hiciste? Solo explícamelo y te dejo en paz…
Wolfgang solo miró a su madre a la cara. Una de las mujeres más importantes de su vida. Ella que con sus arrugas en los ojos hacen verla, a pesar del tiempo, más hermosa. Era su ángel, su guía. Pero solo se sentía un cobarde, un idiota. No podría explicarle que había encontrado una mujer que considera hermosa, tal vez más que ella, la que le dio la vida. Así que agradeció que fuese su hermano quien le explicara todo.
-Es fácil madre, él tiene celos…
-¿Celos?
-Es que el cuñadito bebé está loco por mi hermanita bebé…
-¿Olga?- Dijo la madre de Wolfgang- ¿Cómo?
-Si, mami suegra… nuestro querido Wolfgang adora a mi hermanita. Sería bueno que ellos anduvieran juntos, ¿No lo cree así?
-Si… siempre me había atraído la idea, pero… -Se volteo a ver a su hijo menor y le jaló la oreja- ¡Serás tarado! ¿¡Cómo piensas conquistar a una mujer así!?
-¡Aaah! Duele…
-¡Claro que duele! Si no, no entenderías… Te vas a pedirle disculpas.
-¿Ahorita?
-¡Claro!
-Madre… no me abrirá la puerta…
-¡No hay problema, cuñadito bebé! Te presto mi llave…
Wolfgang, miro a Olga con sorpresa, sonrió y se levantó a abrazarla.
-¡Eres la mejor! –Le dijo mientras la cargaba en el abrazo, Olga solo rio y Joan miraba todo boquiabierto. Por su forma de verlo, sabía que Olga pronto lloraría porque Helga se molestaría con ella. Pero antes de poder decir algo, su hermano ya había salido de la casa, para momentos después escuchar el sonido del auto recorriendo la calle.
-Esto será desastroso- pensó- Desastroso y me tocará consolar a Olga…
Era ya muy de noche cuando la familia Pataki-Johanssen regresó a sui hogar. Phebe y Gerald decidieron darle un respiro a Helga y por ello se habían ofrecido para acostar a los gemelos.
Helga aprovecho para irse al sótano de la casa que hacía de, no solo de la biblioteca, si no su lugar de trabajo.
La biblioteca se encontraba con el techo tapizado de corcho, la puerta y las escaleras eran de caoba, una madera no solo cara, si no pesada, lo suficiente para que cualquier ruido fuese amortiguado para no preocupar a los demás habitantes. Dos de las tres paredes del lugar, tenían grandes libreros repletos con varios tomos de libros que abarcaban la gama de los colores por haber en el mundo, varios de los títulos de ellos eran no solo historias ficticias, románticas y de misterios, si no también libros de consultas universitarias, libros de medicina, de comunicación entre otros. La única pared que no tenía un librero, era ocupada por reloj de pared largo, parecido al famoso Big Ben en Inglaterra. A diferencia del gran Ben, este aguarda un secreto de un mago que se enamoró de un hada. Y una repisa donde descansaba un equipo de sonido equipado con las cuatro formas posibles de leer música: tocadiscos, casette, cd y mp3.
Adelante del libro de la pared central se encontraba un escritorio con una lap, libreta y documentos varios; al lado de este había un sofá sin respaldo de color negro.
Helga trataba de relajarse con música mientras se la pasaba recostada en el sofá; hacía tiempo la doctora Bliss se lo había regalado, pues supo que por alguna extraña razón, la imaginación de la escritora fluía de una forma más libre. No entendía si era por lo cómodo del viejo sofá o por haber pasado muchos años durante las terapias, contándole sus secretos.
Ese día había sido agotador. Dando vueltas por los preparativos de la fiesta que se celebró a sus hijos. Por tal motivo, aun no se quitaba el vestido corto de color menta que abarcaba de la parte baja del pecho hasta su medio muslo, mientras que en la parte de arriba mantenía un escote de forma de corazón de color negro, su cabello lo llevaba suelto y los zapatos de tacón de color plateado hacía rato que se encontraban a un lado de la escalera.
Se encontraba perdida en el ritmo de las canciones de la enigmática Janis Joplin, cuando escucho bajar a alguien al sótano.
Al incorporarse y mirar quien había entrado, se había sorprendido mucho al notar a Wolfgang parado al final de las escaleras.
-¿Qué haces aquí zopenco? ¿Quién te dejo entrar?
-Nadie, solo tome prestadas las llaves de mi hermano…
-Dirás mi hermana. Hablaré muy seriamente con ella al respecto de eso…
-Dile, no me importa. Ella sabe que ando aquí.
-¿¡Aaaah! si? ¿A que si se puede saber? Sabes perfectamente que no quiero ver tu estúpida cara. Te lo deje bien claro, después de haber tratado a Mikey de la forma en que lo hiciste.
Wolfgang se acercó lentamente a la rubia.
-Mikey, Mikey… siempre Mikey. Creo que es lo suficientemente grande como para defenderse solo.
-¿Y a ti que te importa? Sabes perfectamente que siempre doy la cara por la gente que me importa.
-¡Es el problema!- le dijo mientras la tomaba por los brazos y la acercaba peligrosamente a el- No me agrada mucho que él te importe de esa forma, ¿No lo comprendes aun?- Le dijo mientras se perdía en el azul de sus ojos- Desde niños has llamado mi atención, en la secundaria no podía dejar de pensar en ti y si es que no intente nada era por el hecho de saber cuánto te importaba Arnold.
-¿Y eso que? Deja de hablar de él. Es el pasado que intento superar ¡Así que cállate!
-¡No lo haré! Si no hablo, no podré hacerlo nunca… Helga- Wolfgang acaricio lentamente con su mano derecha, la mejilla de Helga- Me importas más de lo que te imaginas. Siempre has sido tú la única que he deseado y amado ¿No lo comprendes?
-No… Wolfgang, yo…
-Lo sé… solo, solo déjame demostrarte el amor que tengo para ti. Déjame remplazarlo… permíteme remplazar a Arnold en tu corazón… aunque no logres amarme por completo, o de la forma en que sé que le amas aún… Pero Helga, te ruego que me permitas ver no solo por Cecil y Stephen, sino también por ti.
-No sería justo. No para ti…
-Aunque sea así. Si el destino hace que suceda, no quiero el haber dejado pasar el tiempo sin hacer esto.
Sin más, Wolfgang se inclinó y besó a Helga. Al principio la rubia se sorprendió pero después, empezó a corresponder el beso que se fue volviendo demandante y necesitado.
Cuando Wolfgang dejó de explorar los labios de la rubia, dirigió sus labios al cuello, donde besó, aspiro y mordió la piel clara. Helga soltaba gemidos de satisfacción por las sensaciones que le daba el cantante.
Wolfgang paso del cuello a lóbulo de la rubia, donde después de morder con suavidad, le susurró.
-Aunque sea solo un momento, solo un hoy… será la felicidad para mí
Volvió a besar los labios suaves de Helga y ella rodeo con sus brazos el cuello de Wolfgang, para así tomar entre sus dedos parte de sus cabellos y los acariciaba.
Wolfgang tomó ese gesto como una invitación a un viaje de placer con un futuro incierto. Mas no le importó, pues desde hacía mucho tiempo había soñado con tener a Helga entre sus brazos, sus pirando de la forma en que lo hacía.
Cargó a Helga y al hacerlo, esta le rodeo la cintura con sus piernas. Caminó cargando a la rubia hasta el sofá, el cual agradeció que no tuviera respaldo para así poder posicionarse encima de la que en breve se convertiría en su amante.
Mordió con suavidad el labio inferior de la rubia para después con la punta de la lengua delinearlo y así, pedirle de forma sutil que le dejara explorar la boca que se encontraba ya hinchada por los besos dados.
Con su mano derecha, fue acariciando los muslos descubiertos de la rubia. Subía y bajaba lentamente hasta que con valor adentró la mano en la falda de ese vestido que sabía, seria ahora su favorito.
Acaricio la tela de la ropa interior que traiga la rubia ese día, esa tela suave que dejaba pasar el calor de la intimidad de Helga y entre el beso pudo escuchar el sonido de un gemido ahogado de ella. Sus dedos gruesos acariciaron con reverencia ese espacio que se fue humedeciendo poco a poco sin profanar esa barrera delgada. No supo como pero de repente, Helga se había colocado encima de él. Le miró a los ojos, cuyo brillo cambio de una forma extraordinaria, una mirada picara y traviesa. Helga sonrió de lado y tomo las manos del cantante para que se deslizaran del escote a la espalda, donde dejo reposar después un cordón negro; Eso desconcentró al cantante por un instante. Pero después comprendió que si deslizaba el nudo de la espalda de la rubia, el vestido sedería de forma más fácil, por tal motivo lo hizo. Se ilusionó pensando que el vestido simplemente de deslizaría dejando al descubierto los pechos de la rubia, pero no fue así. Helga al ver la expresión en el rostro de Wolfgang no pudo evitar reírse mientras se quitaba el vestido pasándolo por su cabeza.
-Se nota que habrá vestimentas femeninas que no lograrás comprender nunca…
Pero sus comentario sarcástico no pudo ser terminado, pues Wolfgang se había levantado para acercar a su boca uno de los pechos de Helga.
La rubia solo sentía como le besaba alrededor de la aureola para después introducir a su boca el pezón completo, donde con la lengua con movimientos controlados jugueteaba de arriba abajo con él para endurecerlo, eso le hacía ronronear, pero lo que le hizo disfrutar aún más esa sensación, fue el mordisco que le había dado de repente.
¡Dios! ¿Era posible sentir tal placer con un suave mordisco como aquel? Si, si era posible y el cantante lo había hecho. Mientras el cantante se deleitaba Helga sintió debajo de ella la erección de él que crecía con determinado interés. De repente, el cantante se separó de ella para observar con determinamiento el pecho de la rubia, Helga no comprendió porque lo hacía hasta notar en ellos dos marcas rojizas que sabía en un rato a otro se pondrían moradas.
-¿Territorial hasta en el final?- Le dijo con voz divertida.
-Solo contigo, linda… contigo y ese lindo pecho tuyo que ahora me pertenece- dijo para después quitarse la camiseta negra que llevaba, dejando al descubierto un pecho con una capa fina de pelo que hizo reír un poco a Helga.
-¿Qué?
- Es que me dio risa el poco bello corporal que tienes en el pecho…
-Culpa de los estilistas, ellos buscan la estética hasta para hacer las fotos de los discos. Si supieras que esto apenas y es una minúscula presencia de lo que había ahí… -Mientras le platicaba, Helga acaricia el torso sutilmente marcado del cantante, era la primera vez que tocaba y contemplaba un cuerpo así, marcado de tal forma que no se viera como de un loco obsesionado por verse como todo un fisiculturista.
-Me gusta…
-Es bueno saberlo, solo espero y te guste igual o más eso que tendrás dentro de ti, en poco tiempo.
Helga se sonrojo mientras el cantante se separaba de ella y se paraba para quitarse los zapatos, calcetas y tejanos, dejando solo en su cuerpo unos bóxer pegados de color blanco que ya tenían en el la marca del presemen que empezaba a gotear en él, y la rubia trago duro al notar que el bulto que se notaba era algo grande. Wolfgang solo sonrió.
-Y eso que aún no lo has visto.
-No saques tu ego, por que ibas bien- Wolfgang se quitó el bóxer para después colocarse de nuevas cuentas encima de ella y le beso los labios con delicadeza
- No lo suelto pero es normal que reaccione así si te sonrojas de esa forma tan deliciosa.
Helga no dijo nada, pues su boca de nuevas cuentas fue apresada por el cantante y mientras era besada, Wolfgang fue quitándole la última barrera que cubría su intimidad, para después deslizarse poco a poco hasta posicionarse entre las piernas de la rubia.
Helga, al ver lo que procedería, intento detenerle.
-No-Le detuvo Wolfgang- Déjame a mi hacerte sentir bien. Permite que sea así.
Y sin más, deslizo su lengua, saboreando por primera vez la esencia de la mujer que amaba. Helga solo lograba con sus manos acariciar los cabellos de Wolfgang, mientras veía con la mirada entrecerrada como el cantante saboreaba con desesperación. Lamiendo de arriba a abajo, sorbiendo la humedad que soltaba e introduciendo con un ritmo la lengua que este poseía. Era tanto el placer que no podía dejar de gemir y decir el nombre de Wolfgang.
Después de unos minutos más, Wolfgang se separó, se limpió la boca y se acercó a Helga para besarle. La rubia saboreo parte de su esencia. Después de eso, el cantante se separó y saco entre sus tejanos, su cartera, donde tenía un condón.
-Imaginaste que esto pasaría…
-No, la verdad no. Pero siempre hay que estar preparado, así me educaron.
Helga solo frunció el ceño mientras el rubio se colocaba el condón y cuando este volteo a verla, solo sonrió.
-¿Y ahora porque estas molesta?
-¿Molesta yo? Sueñas…
-Si pones esa expresión, me das a pensar que estas molesta por algo… la pregunta es ¿Por qué?
-No estoy molesta. No me molesta el saber que siempre andes preparado… Dios sabrá cuantas veces, has estado "preparado".
Wolfgang solo rio un poco para después acercarse y besarle el cuello, sabía que si le besaba en la boca, corría el riesgo de que le mordiera.
-Podría platicarte de mis pocas ocasiones, pero no sería de un caballero hacerlo. Además, en este instante solo me importas tú- Le dijo para después morder y delinear con su lengua el oído derecho de la rubia y con su mano izquierda masajeaba con suavidad el pecho esta. Wolfgang no se dio cuenta que ese acto y la respuesta dada, habían hecho salir a flote la Helga dormida dentro de la escritora. Así que cambiando de posición rápidamente, Helga se colocó encima del cantante, tomo el miembro de este entre sus manos y lo dirigió a su entrada para introducirlo en ella de poco a poco.
Wolfgang no vio venir tal atrevimiento, solo pudo sostenerse, colocando sus manos en las caderas de Helga. El interior de la rubia se encontraba algo estrecho y eso ocasionaba un suave apriete en su miembro de por sí ya hinchado, lo único que deseaba era introducirse rápidamente dentro de Helga, pero esta hacia tal penetración de una forma suave, pues por momento se notaba que le dolía tal intromisión. Así que tuvo el valor de soportar tal tortura. Cuando Helga por fin se sentó por completo, el solo respiraba de forma algo agitada. Helga le sonrió y poco a poco fue subiendo y bajando, al principio de una forma lenta, pero después subió la velocidad.
No pudo evitar sonreír al verla saltar de tal forma, y en especial si veía como rebotaban los pechos de Helga, está por un momento dejo de apoyar su manos en su pecho para sostenerlos, pues la velocidad hacían que le dolieran cuando rebotaban, así que ya no aguantando más, decidió el también imponer un ritmo en la penetración y movió sus caderas. Al hacerlo, Helga no pudo evitar gemir más de lo que ya lo hacia
-Ahí, Sigue ahí.-Al parecer, al mover las caderas, había dado en un punto importante de la rubia, así que siguió haciéndolo hasta que se cansó por un instante. Al parar, Helga protesto. Decidió sentarse y con su fuerza y sin sacar del cuerpo de la rubia su miembro, cambio de forma lenta, pero precisa, las posiciones.
Así que le penetro al principio de forma lenta, para después ir subiendo la velocidad, en un momento le abrazo desde los hombros para acercarse y besarle sin dejar de moverse. Una vez rompiendo el beso volvió a separarse para lograr ver mejor las expresiones en el rostro de Helga. Labios rojos donde salían los gemidos que siempre había escuchado en sueños, mejillas sonrojadas, ojos entrecerrados y algo de pelo pegado en su frente, causa del sudor de la actividad y al contemplarla sonrió, mientras lo hizo, se dio cuenta que al igual que Helga, él también estaba empezando a sudar.
-No pares, Wolfgang. Sigue así… Ahí… si, ahí… Por favor…
-Jumm… No… No lo haré… No ahora, que eres mía.
Y volvía a besarla, y seguía moviéndose. Helga se corrió gritando su nombre y Wolfgang momentos después, se corrió dentro de ella. No pudo evitar caer agotado por un instante sobre la rubia. Le beso y se separó de ella, para así poder tirar al basurero el condón que mantuvo su esencia lejos de la de Helga. Busco entre sus ropas el Bóxer olvidado y al voltear, vio como Helga le sonreía de forma cansada.
-En el cajón inferior del escritorio, hay una manta. ¿Podrías traerla?
Wolfang se dirigió al escritorio y del cajón inferior, el más grande, saco una manta algo grande, al parecer de un material parecido a una franela. Parecía delgado, pero mantenía el calor de una manera sorprendente. Así que regreso donde la rubia al sillón. Al llegar notó que Helga dormía un poco. Así que se colocó junto a ella, esta al sentir su calor cerca, se posiciono lo mejor que pudo a su lado. Wolfgang le beso la frente, cubrió a ambos con la manta y se quedaron dormidos.
A la mañana siguiente, fue Helga la primera de todos en la casa el despertar. Al verse entre los brazos de Wolfgang hizo que se sonrojara. Por un instante se sintió algo mal por lo sucedido y por otro comprendió que ella misma no podría estarse quieta sin intentar de buscar la felicidad al lado de alguien. Se levantó sin despertar al cantante y se vistió lo más calmadamente posible.
Respiro por unos instantes, recogió la ropa de Wolfgang y se la tiro encima.
-¡Levántate, Bucko!
-Buenos días a ti también, cariño…-Al escucharle, Helga se sonrojo y desvió la mirada.
-Vístete antes de que los demás despierten, ¿De acuerdo?
-De acuerdo… linda- Wolfgang, sonrió, por un instante ninguno de los dos dijo nada, entonces el cantante aprovecho ese mutismo para colocarse de nuevas cuentas la playera de algodón que llevaba la noche anterior, cuando escucho a Helga hablarle.
-Gracias… por recordarme que yo también merezco ser feliz.
-No te preocupes, recuerda que te lo puedo recordar todas las veces que sean necesarios… lo sabes, ¿Verdad?
Helga solo asintió, y salió corriendo de ahí. Necesitaba cambiarse y empezar a preparar el desayuno para sus hijos y sus amigos.
Cuando se sentaron a la mesa, Phebe y Gerald no dijeron nada al ver a Wolfgang en tan temprana hora. Al principio si se habían sorprendido, pero habían comprendido que algo sucedió entre Helga y el. Por tal motivo no hicieron ningún comentario.
Pues comprendían que ahora dependía de los rubios el saber el cómo continuar.
-Arnold-Pensó Gerald mientras bebía su tasa de café y veía el rostro sonrojado de Helga, pues Wolfgang había besado su mejilla cuando esta le dejaba en la mesa una tasa con café- Amigo, no sabes la felicidad que estás perdiendo…
Vaya… creo que ha sido el capítulo más largo hasta ahora, pero aún me falta transcribir el 11 y un one-shot para esta navidad, solo que dudo que sea de Hey Arnold!(no me odien).
Espero leerles pronto. Gambatte Ne!
