Allô! Buenos noches a todos, ¡Madrugada del miércoles y ya os tengo el cap listo! No se que les parecera, su pongo que una pequeña intersección. ¿Se llevarán una sorpresa? ¿Cuales serán las palabras de nuestro Sesshomaru? Mmmm...¡Lean y descubran!
Agradecimientos a: Shandy-Shan(Te hecho de menos :'( ) , k , SangoaomeOO (¡Adoro tus comentarios! Me alaga que me subas a ese nivel de maldad...bueno, creo que lo voy ha mantener por un tiempo XD Estoy de acuerdo contigo, Inuyasha a sufrido mucho en su vida, esperemos que mi mente me permita dar a esta historia un final feliz...aunque aún falta para eso. PD: Me temo que Sesshy no ha sido bueno con Inu...emmm...¿nunca?Ok, eso tenemos que cambiarlo n.n) y alei91
Disclaimer: El sensualón de Inuyasha y el resto de fantásticos personajes no me pertenecen (aunque no me importaria darles un hogar XD )Todos ellos son propiedad exclusiva de la genial Rumiko Takahashi.
Advertencia: Yaoi, Angst, Violación, Mpreg, Horror(?), Muerte de personajes.
Rated M
Dialogos(―) Pensamientos Inuyasha (hhhhh) Pensamientos Inuyasha niño ('hhhhh') Recuerdos("")
Capítulo 8:
Sesshomaru...¡Dioses puta maldita!¡Dioses puta maldita!¡Joder!
―Maldito mestizo...parece que has tenido suerte ¿eh? Te vas con los tuyos. ¿No eres feliz?
Inuyasha ignoró el susurro malintencionado que el demonio peli rojo escupía sobre su oreja desde hace rato mientras era empujado desde su espalda y obligado a caminar entre la gruesa capa de espesor que componían las auras y los olores de todos los demonios presentes en la sala. El paso lento al que era obligado era un claro incentivo en busca de una oferta mejor por su esqueleto. Dadas las circunstancias, Inuyasha ya no sabía si era mejor caer en las garras de su hermano y ser víctima de la humillación que ello conllevaba o prefería ser propiedad de otro demonio desconocido.
Mmm...uno al que le pueda patear el culo fácilmente de ser posible...
―Tsk...vas a darme más problemas de los que quiero...
Las orejas blancas parpadearon tratando de recoger en cualquier sonido por más leve que fuera que hubiera podido dar lugar a la amarga queja de este. No encontro nada, excepto breves palabras en una zona cercana hacia él que hablaba precisamente de sus orejas.
Keh! Nada mejor de lo que hablar...
Pese a la ronda de humor negro que parecía haberse iniciado en su mente, Inuyasha fue agradecido cuando por fin escuchó el deslizar de la puerta abierta y parecía dejar atrás a toda la masa de demonios hijos de puta que no tenían nada que hacer en sus vidas excepto torturar hanyous media sangre. Por fín, podía respirar.
―Vamos belleza. Por más que me gustaría disfrutar de tu compañía creo que prefiero el dinero, cariño.
Rodó los ojos mentalmente mientras respondía al tirón un poco más suave de las cadenas y seguía a su guía temporal por el lugar, alejándose gratamente de la bola condensada de energía maligna.
Sus pies siguieron tomando en la textura de la madera y en el olor a limpieza, cuidado...lujo...que constituía la definición de la nueva zona por la que circulaba.
Pisando el suelo de la realeza ¿eh?
Disimuladamente, Inuyasha recreó su paso permitiendo a sus pies para deslizarse lo máximo posible por ese mismo suelo. Estaba sucio de su estancia en las mazmorras, que menos que dejar literalmente 'huella' de su paso por este maldito lugar.
Infantil...pero efectivo.
Su nariz se contrajo en ligeras muecas en busca de un olor particular ahora que por fín había abandonado 'La sala'.
Ese bastardo...¿dónde está?
El pensamiento del demonio occidental le llenaba de inquietud y hacía que tanto sus músculos como su propia mente se tensaran, preparando las barreras que serían necesarias para resistir el ataque tanto físico como psicológico que sabía iba a llegar tarde o temprano y que sólo tendría un objetivo: destrozarle.
Por otro lado, también es cierto que es bueno conocer al enemigo al que te enfrentas...
Trató de convencerse a sí mismo...aunque ese pensamiento solo era una escusa para justificar el sentimiento de alivio que le inundó al saber que volvía a entrar en un terreno que podía manejar.
Casi inmediatamente una ola de deshazón y angustia atravesó su pecho.
¡Maldita sea...!
―Oye, maldito, ¿Qué va a pasar con mis cosas?―La pregunta surgió de manera casual y sin tartamudeos.
―¿Cosas?¿Qué cosas?―Demandó con ignorancia y cierto desinterés no fingido.
La mente de Inuyasha trabajaba a toda velocidad para tratar de leer en sus recientes y numerosos recuerdos.
―Una...espada. Debía de tenerla cuando me trajiste.
Un sonido pensativo emanó del demonio pelirrojo por unos momentos.
―No, tú no tenías nada. De hecho, cuando te encontré estabas semidesnudo con esas feas ropas...―Se escuchó un silbido de dolor y un suspiro.―Ni siquiera sé por qué te estoy contestando.
Inuyasha tragó saliva.
Tetsusaiga...había quedado atrás...
Si al menos conservara su funda...
Pero por desgracia para él, no era así. Sólo podía desear que Shippo hubiera encontrado y guardado la antigua katana si realmente quería seguir viviendo.
Shippo...¿Estará bien?
Después negó suavemente con la cabeza.
Claro que sí. Está con Kouga...¿recuerdas?
El sonido de todo tintineo se detuvo, y con él, él mismo.
―La boca cerrada ha no ser que te den permiso para hablar...pequeño―Le advirtió antes de abrir otra puerta que él, dada su ceguera, no había sabido de existencia.
Inuyasha resistió las ganas de estornudar cuando un olor extremadamente dulce, como el exceso de polen, ingresó en sus fosas nasales con gran impacto.
No necesitó ser empujado para caer al suelo sobre sus rodillas.
―¡¿Qué significa esto?!¡¿Dónde está mi comprador?!
La venda que sostenía su cabeza cayó suavemente hacia delante e Inuyasha movió su cabeza torpemente mientras trataba de respirar en el aire contaminado. Su visión nebulosa captó el cenicero donde tres barras de incienso derramaban el tóxico olor.
―¿Para que...?―Tosió descontroladamente.―¿Para qué mierda es eso?¿Quieres...matarme?―Lo dijo sin pensar, así, olvidando las palabras que recién le acababan de decir. Al mirar tras él, el youkai pelirrojo parecía enfadado.
Su cabeza ladeo hacia un lado mientras su pelo enmarañado caía con ella a arrastrar el suelo mientras miraba en el inquilino que estaba sobre esta habitación.
No es Sesshomaru...¿Dónde está?
Inesperadamente, el nuevo hombre que aparecía tomó el vaso de té que estaba frente a él y lo vertió sobre el incienso apagando la quema del material.
Con la puerta abierta, poco a poco el olor comenzó a desintegrarse.
Aún así, Inuyasha sostuvo sus manos encadenadas sobre su nariz y cerró los ojos para evitar que el malestrar se filtrara en su expresión.
―No lo golpee.―La nueva y cadenciosa voz ordenó con tono firme.
Inuyasha no necesitó mucho para saber que acababa de evitarle una nueva cicatriz.
Un silvido bífido se escuchó desde sus espaldas de forma amenazante, sin embargo, el pelirrojo se arrodilló junto a él y le obligó a sentarse sobre sus piernas cerradas justo a su lado.
―Bien, ¿dónde está mi comprador, si puede saberse?―Exigió con desagraado y evidente falta de respeto en su voz.
Inuyasha mantuvo sus ojos cerrados brevemente hasta que por fin, su pupila logró adaptarse a la suave luz que iluminaba la sala desde una lámpara de papel rojo. Desde su nuevo enfoque, captó como esta persona ignoraba plenamente sus preguntas.
―Quítele las cadenas. Ya no son necesarias.
Un nuevo silvido de disgusto se escapó mientras la larga lengua serpenteaba fuera del otro. Inuyasha observó como las piezas de metal corroido eran eliminadas de sus muñecas y tobillos. Una pequeña marca morada en cada una de ellas, después, analizó al demonio frente a él.
Rostro joven con ojos pequeños y alargados, y sin embargo, estatura lo suficiente superior a la suya misma. El pelo era de un color pálido azulado, prestando atención, le recordó al color natural de la pequeña hanyou-murciélago que conoció tiempo atrás. Corte recto deslizándose por los hombros firmes tras el kimono de color blanco simple, un flequillo de corte anguloso pero no recto dibujó una ligera sombra sobre los helados ojos negros que parecían analizarle con la misma atención.
―¿El hanyou ha sido tocado?―Preguntó repentinamente, con el mismo tono neutro sobre su voz.
Un sonrojo oscuro cayó sobre sus mejillas mientras disimuladamente echaba su cabello hacia delante y trataba de cubrirse lo máximo posible. Las largas ebras plateadas llegando hasta sus muslos y ayudando al vello rizado ya existente a proteger de la vista su intimidad.
Ni siquiera comprendía del todo la razón de su timidez actual. Eran hombres, ¿no? ¿Desde cuando debía cubrir su cuerpo de sus iguales?
"Un agujero caliente es un agujero caliente..."
Ah sí...lo olvidaba...
―Eh...sí, el hanyou ha sido tocado.―Una sonrisa lujuriosa aparició mientras le miraba descaradamente.―¿Quiere una demostración para saber de sus...habilidades?
Inuyasha frunció el ceñó y gruñó amenzadoramente de nuevo ante lo que las palabras implicaban. E
―Fuyioka, le sugiero que se abstenga de dejar cualquier rastro más sobre esta adquisición. Me temo que ya has hecho daño suficiente.
―¿Daño suficiente? ¿Perdona?―Preguntó. Su voz llena de indignación.
―No eres consciente de las consecuencias de tus actos, sin embargo no soy quien para hablar de ello...
Fuyioka gruñó en respuesta.
―¿A sí? Bueno, ¿Y dónde es que mi comprador está si puede saberse? Podría haber venido por sí mismo a reclamar ¿No cree?
―Señor Fuyioka, cómo ya he dicho...―El otro joven se levantó y se arrodilló frente a la puerta, deslizando el tatami suavemente.―...sus servicios son en este momento prescindibles.
El rostro del demonio de fuego se puso a la par con el color de su cabello como la ira subía a través de él. Pese a su precaria situación, Inuyasha ahogo la risa que amenazaba con escaparse.
―¿¡Cómo se atreve!?¡¿Dónde está mi dinero?!―Le gritó golpeando el suelo con fuerza.
―Mis señores afirman que, de hecho, no van a pagar por el hanyou, y que lo reclaman como propio y forma de pago por sus infructuosos y continuos servicios sin éxito.
Fuyioka se elevó desde su posición.
―¡¿Cómo te atreves?!¿¡Infructuosos servicios!?¡Son demasiado exigentes con sus reclamaciones!¡No se puede esperar que un ser humano sea capaz de aguantar todas las torturas a las que son sometidos cuando salen por esas puertas!
―Me temo que no puedo contestar a sus reclamaciones.―Murmuró secamente sin apartar la mirada del suelo.―Fue usted quien aseguró que podía proporcionar a Occidente lo que estaba buscando.
Inuyasha alzó el rostro para ver como la ira quemaba al demonio por dentro lentamente y poco a poco salía por sus ojos translúcidos. Sin embargo, una incognita mucho más desagradable cayó sobre sus pensamientos.
¿De qué están hablando?¿Sesshomaru...comprando esclavos? Dudo mucho que ese hijo de puta apreciaría tener su palacio apestando a la suciedad humana...A no ser, claro...
Inuyasha detuvo el tren de sus pensamientos como un escalofrío le recorrió. La mayoría de los esclavos presentes eran mujeres. ¿No eran? Y ellas...ellas estaban destinadas a satisfacer...esas necesidades. ¿No?
¿Sesshomaru quiere a alguien...para eso?
La frase "infructuosos y continuos servicios" era algo que podía haber salido de la boca de su hermano perfectamente.
Algo así cómo: Estos seres humanos patéticos son incapaces de satisfacer mi lujuria en el grado adecuado.
Aguardó una pausa pensativa.
Ná, él es más de...bueno: Este Sesshomaru no tiene necesidad alguna para los débiles seres humanos... Sí justo eso. Al fin y al cabo resulta duro imaginar al pinchazo de hielo culo...haciendo...
Un nuevo escalofrío llevó su mente hacia abajo.
Valeeee deja de pensar. En serio. Corta tú imaginación. Ahora.
En un esfuerzo por distraerse, Inuyasha volvió a prestar atención a la diatriba entre el mercader y el...hombre este. Al fin y al cabo, estaban hablando de su precio.
Keh! Cómo si realmente pudieran sacar mucho más allá de un penique. Ya podrían irse al infierno.
Retomó la atención a la conversación.
―¡Vuestros señores me ofenden! ¡Ahí detro hay por lo menos una centena de youkais de la más alta nobleza dispuestos a pagar cantidades enormes por este chico! Pretender que os lo otorgue de gratis es una farsa...¡¿Qué se supone que gano yo?!―Terminada su perorata, Inuyasha volvió a gruñir al ver que el demonio pelirojo; Fuyioka, se interponía entre él y el lacayo enviado.
Cómo si pudiera evitar que no escape después de todo esto.
Pero lejos de parecer amedrentado, el demonio de ojos negros se elevó sobre sí mismo y le dirigió una mirada cortante. Durante unos momentos el silencio y la calma se hizo en la habitación, y sin embargo, el vello del cuello de Inuyasha se elevó en la creciente sensación de peligro, tal como si se estuviese librando una batalla que no podía ver.
Finalmente, el demonio que había sido enviado para 'recogerlo' sonrió de una manera escalofriante que trajo un doloroso deyavú sobre el hanyou y el terror en el youkai con pelo de fuego, este, sin embargo, parecía negarse a rendirse.
―P-pe-pero...¡Ey!¡Además, el hanyou tiene un collar mágico en su cuello que le hace obedecer todas las ordenes que pidas!¡Eso también cuesta dinero!¿¡Qué me dices de eso!?
Inuyasha frunció el ceño mientras agarró el collar celosamente en uno de sus puños.
―El utensilio no nos interesa. Puede quedarse con él...―Se limitó a expresar neutralmente.
Fujioka lanzó una gran sonrisa victoriosa, sólo ligeramente enturbiada como consecuencia de las gotas de frío sudor que corrían por su frente.
―Ah...pero señor, el collar no puede ser eliminado de su cuello...ya ve usted, que tendrá que pagarme por él también.
Los ojos negros se estrecharon peligrosamente sobre la esbelta figura e Inuyasha casi imitó el gesto.
El está realmente desesperado por ganar dinero...
―Bien.―Concedió por fin a regañadientes el otro hombre.
Por la expresión en el rostro de Fuyioka, este no parecía realmente creerlo, y tras un instante su falsa sonrisa comercial estaba de vuelta sobre su expresión mientras tartamudeaba y parloteaba sobre precios y calculos.
Pronto, sin embargo, el tintineo dejado por la pesada bolsa de cuero al caer sobre el suelo detuvo toda plática.
―Aquí, señor Fuyioka, tiene el pago por su collar. Ahora si no le es molestia...
―¿Y el del resto del hanyou? Aunque sea, una pequeña cantidad de...
―Señor Fuyioka―Cortó secamente deteniendole de nuevas sonrisa fría de nuevo sobre su rostro.―Verá, no termino de entender sus reclamos. Nosotros, de hecho, le estamos pagando...―El susodicho tragó saliva en el tono condescendiente.―Según tengo entendido, en una conversación reciente con mis señores, hiciste alarde de ser capaz de estipular el precio de cualquier persona. Tú mencionaste que el precio de tí mismo era de mil monedas de oro... pues bien, ese es el pago por el hanyou.
Un sonrisa radiante y una mirada iluminada vencieron el rostro del demonio.
―¿Y cuando estaré recibiendo esa cantidad?
El siervo ignoró la pregunta y se dirigió hacia una segunda puerta localizada en el otro extremo de la habitación haciendo un gesto para que el hanyou le siguiese.
Inuyasha se lo pensó por un momento, con el ceño fruncido en una mueca difícil de hacer desaparecer. Pero finalmente se levantó, al fin y al cabo no tenía mucho de una opción.
Una vez que el hanyou, de pasos firmes pero dubitativos como trataba inadvertidamente de cubrir su inevitable desnudez atravesó la puerta hasta la nueva oscuridad de los pasillos, el siervo sonrió al vendedor.
―¿Cantidad de dinero? Me temo que ha malinterpretado mis palabras. Lo que usted está recibiendo...―Hizo una pausa antes de murmurar su complaciencia.―Es la vida.
Y con esta declaración tortuosa, cerró la puerta de la habitación.
Inuyasha no se perdió el rostro de incredulidad que había dibujado esta persona al final de las palabras.
¡Keh! Idiota...
De nuevo en la oscuridad y esta vez sin las cadenas que le aprisionaban, Inuyasha no pudo evitar empezar a pensar en la manera de escapar de este extraño sujeto y volver a recuperar su libertad cuando algo suave fue ligeramente empujado contra su pecho.
―Hanyou, sugiero que se cubra con estas prendas. No sería prudente avanzar por estos pasillos de esa manera.
Inuyasha parpadeó entre la incredulidad y la desconfianza por unos momentos, pero finalmente, la excrutadora mirada del otro demonio de arriba a abajo por todo su cuerpo, le incitó a tomarlas. Por un bien mayor bien que podía aceptar la oferta. Un profundo alivió le invadió cuando el kimono interior blanco cubrió por fin su cuerpo de cualquier mirada agena, tanto así desde sus manos hasta sus pies, sin embargo, evitó que ello se mostrase en su rostro cómo el otro hombre seguía manteniendo su mirada inexcrutable fija en él.
―Así que...―Inuyasha murmuró recuperando su tono fanfarrón por momentos.―¿Cuándo el gilipollas de Sesshomaru va a aparecer?
El siervo parpadeó con aburrimiento antes de darse la vuelta y volver a ignorar, de nuevo y por costumbre, las palabras de quien le hablaba.
―Mi nombre es Taigh. Sígueme.―Ordenó bruscamente mientras comenzaba a andar.
Inuyasha bufó dibujando su desagrado.
―¿Por qué debería? Podría dirigirme en la dirección contraria si quisiera ya sabes.―Le retó. Y para cuando el recién nombrado Taigh se giró, Inuyasha se hayaba con sus manos guardadas en el interior de sus mangas y un ceño perfectamente evidente y nunca abandonado.
―En realidad, no tiene otra opción. Si discurre por ese pasillo hacia allá, dará, si no me equivoco, en las salas reales donde se alojan en este momentos los actuales compradores. A no ser que vos seas, de hecho, una puta como tal, no creo que usted deseara ir en esa dirección.
Un gruñido profundo se hizo eco desde su pecho.
―¡Yo no soy una puta!―Le amenazó con indignación.
Taigh asintió, y continuó su camino.
Inuyasha observó el paso constante de este nuevo individuo.
¿Por cuántas más personas he de pasar para finalmente acabar con esta mierda?
Pensó mientras se resignaba a seguir las indicaciones dadas y continuaba persiguiendo las espaldas de este demonio.
Hasta ahora, había estado tranquilo de una manera extraña, cómo si sólo pudiera seguir siendo él mismo pese a todo lo que había sucedido aunque eso fuese una mentira.
Bueno...sólo hasta que lleguemos frente al bastardo...después ya se verá.
Y aún así seguía siendo malditamente extraño. Él no debería sentir esta sensación de paz interior, de relajación... cómo si nada importara realmente.
Maldita sea, eso no tendría que ser así, aún me queda...aún tengo...yo...
El aire frío de la noche impactó contra su piel mientras por fin lograba deslizarse fuera de sus propios pensamientos. Era simplemente...agradable.
No daba al bosque, pero tampoco estaba amurallado como cabría esperar de un jardín. Por el contrario, se trataba más de un pastizal de malas hierbas que alguien parecía haber perdido el tiempo en tratar de organizar y embellecer.
Aún así, no pudo menos que disfrutar momentáneamente de un atisvo de la naturaleza que él mismo había aprendido a adorar. El olor de la hierba, la noche y las pequeñas criaturas que se arrastraban bajo la misma...y un ligero toque de humedad.
Unas aguas termales...
―Perdone...―Susurró el siervo unos pasos hacia delante.
Las suaves orejas acolchadas fluctuaron adelante y atrás, indecisas con respecto a qué tipo de emoción su dueño debería estar experimentando.
Inuyasha no apartó la mirada del cielo, la luna creciendo a su propio ritmo y haciéndole confuso en cuanto a qué cantidad de tiempo había transcurrido desde su captura.
El siervo agarró suavemente su brazo y tiró de él.
Inuyasha le dirigió una mirada vacía de sentimiento.
―Vamos a continuar. No podemos tardar mucho.
Inuyasha miró una vez al cielo antes de apartar la vista y asentir. Un leve deje de incertidumbre colocándose detrás de su cerebro a la espera de tener un motivo suficiente para estallar antes de seguir abanzando, cada vez más cerca de las aguas termales.
Quizá por este conocimiento fue que no se sorprendió al ser recibido por la ola cálida de humedad que surgió al abrir las dos anchas puertas de madera pintadas de azul. Una gran piscina termal y tablas de madera rodeando el suelo para evitar la posible suciedad de la tierra. Un espejo totalmente empañado e inservible en una esquina, y llamando la atención dentro de la nada, un conjunto de recipientes de cristal de diferentes colores colocados ordenadamente sobre una tela de color verde. Pero eso no era sorprendente. No, para nada. Lo que le sorprendió fueron las otras dos personas que se acercaron hacia ellos.
Dos mujeres mayores, con el pelo negro recogido en dos colas idénticas y con kimonos de color beigs y dibujos de olas rojas sobre sus mangas y bajos dirigieron sus miradas hacia Taigh y realizaron un breve asentimiento antes de acercarse a Inuyasha y agarrar el kimono blanco tironeándo sobre él.
Inuyasha lanzó un pequeño grito indignado antes de saltar lejos de las persistentes manos.
―¡¿Qué mierda se creen que están haciendo?!―Gritó con la indignación sobre su rostro.―¿¡Quiénes demonios son estas!?
Taigh le miró con un toque de diversión sobre su mirada, y fueron las otras dos quienes contestaron al unísono.
―Estamos aquí para limpiar cualquier deje de suciedad persistente que permanezca en vos...
―Dentro de lo que cabe claro está.―Dijo la de la derecha y dibujo una sonrisa burlona, los ojos oscuros sonriendo en la suficiencia y la diversión.
―Al fin y al cabo la sangre no es algo que pueda ser limpiado...―Rió entre dientes la segunda imitando el gesto de su gemela.
Inuyasha se detuvo un momento mientras tragaba la puya de espinas y se clavaba sobre su estómago.
Malditas..da igual lo que digan, no tiene que importarte lo que digan...
No debería haberse sorprendido, en realidad, era lo más probable todo el tiempo ¿no? Y no debería estar pensando en esto, debería...
¡Demonios, contestar, decir algo!¡Cualquier cosa!¿Por qué mierda no me estoy moviendo?
'Duele...las palabras duelen...'
La femenina risa burbujeante desde la garganta de las dos mujeres se escuchaba sorprendentemente más cerca, más fuerte. Cuando las manos regresaron sobre su kimono improvisado dió un par de pasos hacia atrás siendo consciente de cómo aprovechando su descuido se habían acercado hasta él.
'Deberías ahorrarles el disgusto Inuyasha...no tienen por qué tocar algo tan asqueroso como tú...'
―Yo...―Inuyasha tartamudeó. ¿Desde cuando tartamudeaba? ¿Por qué no les estaba mirando a los ojos?¿Desde cuando se había convertido en un cobarde...?
¡No soy un cobarde! Sólo...no esperé...¡Maldición Inuyasha, muévete!
Se reprendió a sí mismo antes de obligarse a alzar la mirada sobre ellas, la fachada ceñuda y dura de nuevo en su lugar. Dió dos nuevos pasos hacia atrás.
―¡Keh!―Se quejó sonriendo sarcasticamente.―Sí tanto os molesto simplemente salir de aquí.―Dibujó un gesto completamente osco en su expresión.―Soy perfectamente capaz de limpiarme por mí mismo, gracias.
Inuyasha observó la ligera mueca de desagradable sorpresa en ojos gemelos.
Eso es...así es como debe ser...no voy a dejar que traten de ponerse por encima de mí cuando podría perfectamente matarlas aquí mismo.
Sin perderlas de vista Inuyasha retiró el kimono que le había propiciado tanto alivio y volvió a quedar vulnerable frente a los ojos de los tres presentes.
Frente al enemigo...
Se recordó mientras hacía su camino hacia el interior de las aguas y comenzaba a palpar suavemente sobre las heridas que por fín podía visualizar con más facilidad gracias a la presencia de los numerosos candiles.
Lo odio.
―Lamentamos discrepar en su opinión...―Volvió a iniciar la conversación...una de ellas.
―Pero dudamos que incluso entienda la amplitud del termino...Limpieza.―Se carcajeó la segunda.
El gruñido amenazante no tardó en reverberar dentro de la habitación mientras observó como volvieron a acercarse a él, una de ellas pasando un poco más de largo para recoger algunos de los frascos con sustancias extrañas.
―Le sugiero que se deje hacer chico.―Aconsejó la suave voz del macho, que desdoblaba sobre un estante algunas telas de raros colores.―No vas a salir de este lugar hasta que tu cuerpo y...―Arrugó la nariz en un gesto asqueado.―...tú olor..esten en orden.
Inuyasha frunció el ceño e incremento su rugido cuando la mujer a su lado acercó el paño sobre él. Sin embargo, fue tomado desprevenido cuando el agua y un líquido pringoso empezó a caer por su cabeza y se metió desagradablemente en el interior de las orejas.
―¡Oye...!―Gritó enseñando los colmillos.
Antes de que pudiera volver a alejarse dos pares de manos se arrastraron duramente por su piel y su cuero cabelludo, Inuyasha era lo suficiente perceptivo como para sentir las garras que disimuladamente pero de manera completamente intencional arañaban su piel a través del paño y la volvían rojiza. Demasiado rápido para que sus propias manos pudieran detenerlas.
Un gruñido de enfado se escapó de nuevo mientras era bamboleado por las dos mujeres como si fuera un muñeco de tela, estaban lavando su pelo, y sus orejas estaban siendo restregadas y tironeadas excesivamente.
Joder...
Se quejó en su propia mente mientras apretó los dientes tratando de contener cualquier sonido que pudiera ser usado para aumentar su humillación.
¿Por qué mierda tengo que hacer esto? ¿Desde cuándo le importa la manera en que huelo a ese imbécil?¡Ah, joder, eso duele!
Se quejó mentalmente mientras sentía como las garras se clavaban sobre la base de su oido.
Inuyasha bateó su cabeza en un intento de alejarlas. Eso pareció hacerlo...hasta que un cubo de agua volvió a caer por su cabeza.
Pero, ¿Agua es lo que era?
Inuyasha trató de abrir los ojos notando con desesperación cómo era incapaz de despegar las pestañas y jadeó en voz alta cuando sus sentidos fueron abofeteados fuertemente por el mismo olor a aquel incienso maldito, sólo que en esta ocasión era peor. Mucho más concentrado, mucho más doloroso dentro de sus fosas nasales.
El olor...dios,¡Agh!¡No puedo...respirar!
Movió sus brazos con fuerza tratando desesperadamente de salir del lugar, de escapar.
Las risas estallaron sobre sus oidos con fuerza mientras fuertes brazos le alzaban fuera del agua y lo tendían sobre la rugosidad de la madera.
Tengo que escapar...¡Dios!
No era agua, no. Cuando sus ojos lograron abrirse a traves de la capa de 'lo que sea' y uno de sus brazos que se movía apareció en su visión observó la capa reluciente de amarillo teñir su piel. Siguió retorciendose y movió sus manos por su rostro en un intento de limpiar su nariz.
No pudo evitar gritar cómo su nariz ardía dolorosamente.
Las dos mujeres aparecieron en su línea de visión.
―Ah...―Susupiró con satisfacción una de ellas cómo olfateo sobre él.―Mucho mejor...
―Oh...pero pobre cachorro...―Murmuró la segunda sonriéndo.―Creo que no puede respirar...
Una voz resonó en un tono acusador en el fondo, pero para él todo se sentía brevemente nebuloso.
―Qué mierda...estáis...―Su voz sonó débil y ronca cuando pretendía ser un fuerte grito.
El trapo blanco pasó de nuevo por su cuerpo y su rostro quedó libre de la pegosidad amarilla. Tosió y por fin logró dar una fuerte aspiración recuperando oxígeno. Parpadeó, tratando de recuperar el sentido de sí mismo y su alrededor.
Pero realmente no tuvo tiempo cuando las cuatro manos maliciosas colaboraron levantando sus rodillas al cielo y masajearon con jabón sus partes íntimas.
¿Debía gritar?¿Jadear?¿Gruñir?¿Guardar silencio?¿Llorar?
Al final, un sonido extraño que era una mezcla de todo escapó de sus labios. Él no quería excitarse, no quería...ya era suficiente.
―¡Oh hermana!¡Pero mira aquí!―Gritó la otra acariciando la dureza con uno de sus dedos y lanzando una carcajada al ver los fuertes espasmos vergonzosos. Inuyasha cerró los ojos tratando de huir de la vergonzosa humillación. Él no podía controlar su cuerpo, ¿podía?
―Perra sucia...―La mujer, quien sostenía sus piernas con fuerza suficiente para sacar la sangre de sus garras clavadas, se dejó caer sobre su rostro.―¿Quieres volver a correrte? Haz el favor...Ya parece que lo has hecho suficientes veces ¿no?
―Cielos, ¿Cuántas veces se ha corrido dentro ese imbécil?―Se quejó la mujer a quien no podía ver.
Un dedo sondeó en su interior...e Inuyasha abrió los ojos en grande antes de volver a cerrarlos y voltear el rostro apretando los dientes lo suficientemente duro.
Esto va a acabar...va a acabar...
¿Y desde cuándo te dejas hacer este tipo de cosas?¡Pelea joder!¡Tienes que pelear!
'No pasa nada...Sesshomaru-nii-chan va ha adorarnos cuando ellas acaben. Sólo guarda silencio.'
Inuyasha jadeó en voz alta, ausente de lo que ellas hacían, al sentir la voz invadir su cabeza.
¿Qué demonios...?¡Oh YO no acabo de pensar eso!
'¡Pero es verdad!'
Se quejó la voz dentro de su mente, cabezota, quejica, y una ola de horror subió hasta el borde de su garganta. Tan dolorosamente terrible, que el pánico salió de él en oleadas.
¿Por qué estaba fuera? Esa voz...¡Esa maldita voz! ¡Tendría que desaparecer!¡Tendría que estar guardado bajo llave!
¡Muerta joder!¡Tendría que estar muerta!¡Ya no soy ese puto niño más!
―Muy bien...parece que esto ya está...―Murmuró una de ellas sacando los tres dedos envueltosen un nuevo trapo que había ingresado en su interior. El trapo brillaba con la semilla agena, y fue tirado lejos sin miramientos.
―¿Lo has disfrutado?―Ronroneó la que estaba situada a su lado mientras volvía a acariciar suavemente su intimidad, elevada a media asta.
―Estate quieta hermana, ya está lo suficientemente caliente, ¿no crees?
Las risas volvieron a martillear su cabeza mientras le empujaban y ayudaban suavemente a introducirse en las aguas termales.
No podía oler absolutamente nada, nada, excepto el olor horriblemente dulce que envolvía su cuerpo como una gruesa manta.
A partir de ahí, desorientado, las mujeres lograron enjuagar su cuerpo y su cabello y lo levantaron guíandole como si fuera un niño perdido hacia afuera.
El agua cálida no ayudó a detener sus temblores.
¿Por qué tiemblo?
No tenía una respuesta.
―Dios, su pelo esta tan enredado...―Se quejó una de las mujeres tratando de deslizar sus dedos a través de él.―No le va a gustar.
―No.―Le dió la razón.
Un sonido astiado escapó de la espalda del hanyou e Inuyasha se volvió inmediatamente
Taigh estaba allí, y él se había olvidado.
―Se acabó mujeres...―Se quejó mirándolas severamente.―Tenéis cinco minutos...
Ambas fruncieron el ceño, y sin embargo, asintieron con un brillo radiante en sus miradas. Se acabaron las bromas y las burlas en su contra. Inuyasha no pudo evitar abrir los ojos con sorpresa cómo las dos mujeres comenzaron a volar a su alrededor. No sabía cuando, pero llego un punto en el que simplemente dejó de ser consciente de lo que pasaba a su alrededor.
Cuándo la ropa empezó a rozar contra su piel de nuevo se sintió aliviado. Cuándo las capas empezaron a ser alteradas, amarradas y recortadas en distintos ajustes su temperamento empezó a convatir con 'La voz' poco a poco. Lástima que las agujas en manos de las mujeres que se clavaban veloz y disimuladamente contra él amedrentaran su oposición.
―Dos minutos...―Tarareó su molestia Taigh y las mujeres les enseñaron sus colmillos cónicos con molestia.
Una de ellas tironeó de su manga llevándole frente al espejo, la otra paso un trapo sobre él para que el reflejo fuera válido.
Inuyasha se reconoció pese al temor que tenía. Ropa diferente pero con los colores similares. Kimono blanco y verde bajo un kimono rojo un poco más grueso atado con el mismo obi del anterior kimono blanco que le habían entregado. No tenía hakama. Eso era raro ¿no?
―No soy una mujer...―Susurró brevemente a nadie en particular y sin ningún motivo. Pasivo.
Las otras dos sonrieron maliciosamente de nuevo, pero no dijeron nada mientras le empujaban con más suavidad hasta llegar frente a Taigh.
―Todo tuyo.
―Haz el favor de llevarte a esta perra mugrienta de aquí.
Taigh asintió y abrió la puerta para salir, tras él, sin embargo Inuyasha permanecía inmóvil.
Una pequeña sonrisa subió en su rostro. El furioso y malhablado hanyou parecía perplejo, una expresión de absoluta conmoción sobre él mientras miraba a la nada.
―Hanyou. Te creía ansioso por estar frente a mi señor.
Taigh observó el cambio, cómo los hombros del chico se pusieron rígidos y tensos y su visión se enfocó mientras su nariz se arrugaba.
―¡Keh! Ansioso no es la palabra que yo usaría. Pero acabemos con esto de una vez para que pueda regresar al bosque.
Ambos retomaron el paso, Inuyasha situado al lado del siervo en lugar de tras él como había sido su anterior posición sumisa.
―Me temo que le han comprado...dudo mucho que pueda escapar...
―¿Ah sí?―Preguntó el otro sarcasticamente―Pues yo dudo mucho que Sesshomaru quiera mi culo-hanyou para hacer nada más que patearlo fuera de sus dominios.
El sirviente reprimió la sonrisa que amenazaba con escapar y saltó hacia la tierra, fuera del entablado del lugar.
―Sígame. El carro está esperando por aquí.
―¿Carro?―Preguntó con la extrañeza bajo su voz.
―Por supuesto, no sería prudente para viajar mostrando el rostro. Sobre todo en este tipo de lugares.
Keh, oh por supuesto. Alguien de su nivel no puede rebajarse a relacionarse con la chusma...
Poco a poco, con los pies descalzos recuperando la humedad de la tierra del suelo, ambos fueron abandonando el perímetro que constituía el edificio ilegal y adentrándose más en el interior de la maleza que relucía bajo la luz tenue del bosque.
Inuyasha observó el carro cada vez más cerca.
Tradicional y con un dragón similar al que Rin utilizaba para viajar en la aldea de la anciana Kaede sosteniéndolo en su parte delantera, Inuyasha frunció el ceño y volvió a mover su nariz.
Maldita sea, con esa cosa asquerosa que me han echado por la cabeza no puedo oler nada...
―¿Sesshomaru está ahí?―Preguntó con la desconfianza sobre su voz.
El siervo no contestó.
Por fin frente al vehículo, extraño para él quien nunca lo había utilizado, el siervo apartó una de las suaves telas que recubrían la caja donde iba a viajar para darle paso al interior.
Inuyasha se detuvo antes de continuar hacia delante.
'Sesshomaru-nii-sama está ahí...'
Oh vamos, ¡Cállate! Ese imbécil...ese es un lugar muy pequeño para luchar.
Inuyasha miró a su alrededor suavemente.
Seguramente podría escapar de este demonio...Taigh, pero...
Inuyasha lanzó un suspiró y comenzó a dar los primeros pasos hacia el interior del carro lujosamente decorado desde el exterior.
Sesshomaru es lo suficiente rápido como para atraparme aún cuando tratara de escapar...
La madera del pequeño escalón que había para ascender a la cabina crujió cuando el peso de su cuerpo cayó sobre él, y su mirada se dirigió al interior del lugar una vez que había logrado recomponer su expresión de su anterior desconcierto.
Las cejas juntas en un ceño profundo, los ojos brillantes de ira y una pizca del recuerdo que había sido su orgullo; el porte elevado, la barbilla alta...
Dió un paso al interior para saludar con una sonrisa cínica a su bastardo de un hermano.
Los ojos que eran gemelos a los suyos en color recibieron su entrada, mirándole con la frialdad y la falta de emoción que siempre los había caracterizado. Una luna morada sobre la frente, una línea morada cruzando las mejillas, Mokomoko cayendo sobre los brazos y dos colas recogiendo el cabello liso tras la espalda.
La postura de Inuyasha cayó al momento ante la confusión, la sorpresa y la incredulidad.
―¿¡Quién eres tú!?―Preguntó, su voz ligeramente más alta en la expresión de su desconcierto.
La mujer youkai frente a él sonrió ligeramente, una sonrisa pequeña, falsa y aterradora.
―Pequeño cachorro... Caminar por la tierra junto a la herencia de su padre, ¿y no conocer siquiera a tu segunda madre, única y verdadera señora?―La demonesa cubrió con la manga de su kimono los labios rojos como la sangre.―Tu ignorancia me ofende enormemente...Inuyasha.
¡Buajajajaj! ¡Soy perversa! ¿Supongo que logré engañarlas? (No se si hay público masculino...si lo hay haganme saber, yo no discrimino.)
Ok, lo siento, ¡No se enfaden! Forma parte de la historia, hay que darle vidilla ;) La cosa va a ganar intensidad en los próximos capítulos. Y sí ¡Sí! Yo prometo que Sesshomaru va a aparecer, no se si en el siguiente o en el proximo pero...¡Va a aparecer! Así que, ¡No se impacienten! Tal vez no sea el reencuentro más agradable.
Amo a la madre de Sesshomaru, creo que es un personaje muy complejo que merece un poco más de crédito de lo que se le da en la serie original. Así que no pude evitar que apareciera. Ella es...perversa U.U
Próximo capítulo: Mmm, intentaré Lunes...pero lo veo más hacia el Jueves
