Buenas noches, perdón por la tardanza. Este capítulo ha surgido de un día de inspiración intenso. Lo más seguro es que encontreis bastantes errores y frases sin sentido. Por favor, si hay alguna confusión, háganmelo saber.

Agradecimientos a: Shandy-Shan, SangoaomeOO (A ambas, esto no os va a gustar...O.O), k, Frozen-Winter-Heart (¡Bienvenida, espero que esta historia esté siendo de tu agrado!) y alei91

Disclaimer: El sensualón de Inuyasha y el resto de fantásticos personajes no me pertenecen (aunque no me importaria darles un hogar XD )Todos ellos son propiedad exclusiva de la genial Rumiko Takahashi.

Advertencia: Yaoi, Angst, Violación, Mpreg, Horror(?), Muerte de personajes.

Rated M

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Capítulo 9:

―¿...Qué?

Inuyasha parpadeó incapaz de articular ninguna otra palabra mientras las palabras se hundían en su cerebro... sin lograr ningún sentido.

Sus labios se abrieron y cerraron ante su estupor, y sólo cuando el carro se bamboleó señalando el inicio de su viaje logró centrarse un poco más en la situación ante la necesidad de sujetarse a algún soporte para conservar el equilibrio.

―Siéntate cachorro...Ahora eres mío, y sería una lástima que salieras herido.

Inuyasha frunció el ceño ante la orden seca y gruñó suavemente. La ira saliendo de él en una gran ola.

―¡Y una mierda! ¡No he venido aquí para ser el juguete de una mujer estirada!

Inuyasha ni siquiera se molestó en ver su reacción y dando un paso atrás movió la tela que cubría el carro hacia un lado dispuesto a salir de allí.

El fuerte viento removió su cabello sobre los ojos obligándole a cerrarlos durante una milésima de segundo. En cuanto su visión fue clara, un gemido ahogado escapó de su garganta y un ligero mareo sacudió su cabeza. La tierra se hayaba a metros y metros de distancia, apenas pequeños puntitos de color indefinido que se mezclaban en su visión. Una enorme y blanca nube eliminó todo rastro del mundo terrestre que tanto amaba. Inuyasha estaba acostumbrado a las alturas, a saltar cuanto más alto mejor y a viajar sobre los lomos de Kirara o de Hachi pero...este nivel...hasta sus pulmones, tras su bocanada sorprendida, se resintieron ligeramente ante el incremento de la presión y la falta de oxígeno en el ambiente.

Logró dar un paso hacia atrás y soltar la tela que parecía separarle de una caída mortal. Cayó de espaldas contra el suelo. La tela de color púrpura puso fin a la inquietante visión del cielo nocturno.

Rompiendo su jadeo, Inuyasha miró hacia la mujer con desconfianza esperando ver algún tipo de regodeo ante su pequeño temor. No hubo expresión alguna, por el contrario, una pequeña mano señaló hacia el asiento situado frente a ella sobre el suelo cubierto de suaves telas donde un pequeño cojín de un color que no podía definir estaba esperándole.

―No tengo una opción ¿verdad?―Murmuró rencorosamente mientras tomaba asiento. Sólo un momento de inconveniente mientras se percataba de cómo resultaba en vano tratar de cruzar sus piernas en su postura habitual, se resignó con molestia a doblar las piernas tras de sí con un gesto asqueado sobre su expresión.

La mujer le miró fijamente a los ojos. Una sensación profunda de quedar expuesto e indefenso ante la intensidad de la misma sobre sus propios ojos. Ella parecía estar buscando algo dentro de él. El sentimiento de violación interna incapaz de eludir su pequeño temblor.

'Sesshomaru no está...'

No, él no es.

'Esta mujer da miedo. Se parece a él'

Sí.

Finalmente levantando los labios en una ligera sonrisa sin mostrar los blancos y mortales dientes, ella miraba satisfecha, al parecer habiendo encontrado lo que buscaba.

―Así que presumo que vos no me conocéis...

―¡Keh!¿Tan importante te crees que eres?―Una sonrisa maliciosa salió a su rostro.―¿Te molesta?

―No me importa.―Respondió secamente.―No puede esperarse gran cosa de tí en cuestión de conocimientos.

―Sí ya...vamos a burlarnos del hanyou ignorante...¿Algo más que decir?

Ella sonreía con la mirada ante su respuesta.

―Sí, por supuesto. Tenemos una larga conversación por delante...Mi nombre es Irasue...para usted, soy su señora sin embargo.―El gesto molesto en el rostro del hanyou pareció satisfacerla.―¿No te agrada mi compañía?

―Preferiría no tener compañía ninguna gracias...―Se quejó volteando su rostro y apartándole la mirada.

La mujer acarició su Mokomoko suavemente, pensativamente.

―¡Ah!―Suspiró exageradamente, e Inuyasha se asustó ante la voz elevada regresando su mirada.―Vuestro padre solía tener esa misma mirada...cálido ámbar brillando con fuego...―Susurró regresando a su gesto frío poco a poco.

Inuyasha se removió incómodo con los labios y el ceño fruncido. Sus ojos reflejaban curiosidad y preocupación al mismo tiempo. La última, consecuencia directa de la primera.

Esta mujer...es la madre de Sesshomaru, la verdadera esposa de mi padre. Creí que ella habría muerto para que...

Una pequeña espina de inquietud golpeó su estómago. Su padre...con su madre...

―Eh...tú eras...la esposa de mi padre ¿No?―Preguntó con desconfianza.

Ella ladeó ligeramente su rostro, sus manos deteniéndose de sus constantes movimientos sobre su propio pelaje por unos momentos antes de reanudar su camino.

―'Esposa'...curiosa palabra. Sin lugar a dudas, un término de origen humano.―Murmuró con un tono aburrido mirándole fijamente.

Inuyasha esquivó su mirada, un pequeño sonrojo coloreando la palidez de sus mejillas.

Mi youkai solía decir...

Compañera...la..compañera de mi padre.―Murmuró corrigiéndo sus términos, su mirada desviándose hacia abajo.

―Sí.―Concedió con suavidad.―Yo era.―Hizo una pausa distante.―De hecho, yo soy.

Las orejas de Inuyasha, inclinadas ligeramente se levantaron y parpadearon brevemente en su dirección. La mirada abierta del hanyou revelando su ligero desconcierto y malestar. La mujer sonrió.

―¿Creyó que su madre era la nueva compañera de mi señor?―Una carcajada seca, no amarga sino sinceramente divertida salió de los delgados labios.―Esa mujer no poseyó ningún reclamo sobre mi compañero. Su nacimiento fue lo que comúnmente suele llamarse, el resultado del sueño en una noche de verano...

Un gruñido que pretendía ser amenazante salió de su garganta.

―Su nombre, era Izayoi...―Gruñó con molestia.―Y ellos se amaban.

―¿Es así?―Cuestionó suavemente, ahora ligeramente entretenida acariciando una brizna de su cabello―Personalmente lo dudo...demonios no son víctimas de tales sentimientos.―Murmuró con una apariencia reflexiva.―Aún así, resulta enternecedor que vuestra madre pusiera empeño en inculcarte tal mentira.

―¡No era una mentira!―Gritó con enfado mientras trataba de levantarse, tropezando con torpeza sin embargo e incapaz de realizar el gesto. Gruñó con irritación murmurando sobre estúpidas ropas y estúpidos caprichos mientras volvía a sentarse.

Irasue observó toda esta actividad y aguardó hasta que el otro parecía calmado.

―Si lo que insinúas es que mi madre era una puta...te equivocas.―Sentenció altivo.―No importa cuantas personas lo digan, mi madre realmente le amaba.

Irasue asintió.

―¿Tu madre? Seguro. Humanos suelen ser víctimas de esa enfermedad. ¿Tu padre? Lo dudo.

―¿¡Ah sí!?¿¡Y entonces por qué!? ¿¡Por qué visitar a mi madre!?

Irasue dió un ligero suspiro agudo; falso.

―Muy simple. Él siempre quiso tener más hijos...Yo me negé.―Hizo una pausa melodramática mientras dejaba que sus palabras se hundieran y que su conversador reflexionara. Las preguntas temblando sobre los labios resecos.

―Eso no responde nada...podría haber elegido a cualquiera...

―Sí.―Coincidió. ―Pero yo siempre he odiado la pretensión de los humanos. Los generales y señores se proclamaban dueños de la tierra que pisaban y llegaban a creer que nadie podría pararlos...tontos.―Su boca paladeó la palabra maliciosamente.―¿Sabes?―Preguntó cambiando su tono por uno casual.―Decidimos reunirnos con el señor humano que proclamaba nuestras tierras como suyas.

Detuvo sus palabras, un minuto para ver el rostro de su audiencia. Inuyasha la miraba fijamente, evidentemente atento a su relato. Finalmente siendo consciente de que estaba esperando por él, Inuyasha preguntó.

―¿Qué sucedió? No entiendo...qué tiene que ver esto con nada.

―Oh...verás. Discutimos brevemente con ellos. Cómo eramos evidentemente más poderosos, ellos finalmente se rendieron. Y se supone que debían besar mi mano.

―¿No lo hicieron?

―No...según ellos, tenían su propia señora a la que rendir pleistesia...ya sabes..una joven princesa realmente hermosa que todos los hombres codiciaban, dulce, atenta, misericordiosa...yo, en cambio, sólo era un monstruo...

Inuyasha tragó saliva y desvió la mirada, incapaz de mantenérsela cuando poco a poco creyó entender.

―Él los mató, por supuesto, pero...¿No resulta curioso, que fuera ella la elegida? Una humana, una princesa cuyo nombre había sido utilizado para ofenderme y...―Irasue alzó una de sus manos hacia Inuyasha, quien se alejó brevemente, pero cuyo rostro fue finalmente atrapado por las finas garras en una suave caricia.―...un hanyou, a quien se le da el mismo valor que a mi hijo querido...―Los ojos amarillos atacarón a ojos ámbar con fuerza.

'Tengo miedo, me da miedo'

Ella...me odia...

El silencio incómodo fue roto mientras la mujer acariciaba suavemente la piel de sus mejillas con la punta de sus dedos, arrastrando suavemente sus garras sin provocar daño alguno. Inuyasha aguantó suavemente un escalofrío que le obligó a cerrar los ojos.

―Tú piel es más morena que la de mi hijo...su padre era aún más oscuro sin embargo.

Ella sigue viva, padre...

'Padre fue infiel...'

―Abre los ojos cachorro...―Instigó después de pasar los pulgares sobre sus párpados. Y obedeció. Después, ella se alejó de él y volvió a sentarse sofisticadamente.―Aún así, sigues siendo muy similar a tu madre. Cuerpo pequeño y rostro redondeado...y una suavidad peculiar en tu expresión.―Enumeró con conocimiento.― Sesshomaru sufre el mismo problema, el nació siendo muy parecido a mí. Era un buen niño...ahora, en cambio, parece más cercano a los seres humanos de lo que me agradaría.

―No soy pequeño...―Se quejó, pero sin toda la bravuconería que le caracterizaba.―Y yo no diría que es cercano.

De repente se sentía tan mal...llevaba tiempo sin experimentar este tipo de culpabilidad. Él no era responsable de los actos de sus padres pero...

Compañeros no se traicionan de esa manera...Kagome...yo la amaba. ¿Padre no...?

¿Ustedes no os amabais?―Cuestionó sin pensar.

Irasue entrecerró los ojos ante la pregunta y alargó una de sus manos hasta acariciar la tela que separaba el carruaje del cielo. Una suave brisa entró al interior y eliminó parte del aire condensado que mantenía el olor dulce bajo arrestro. El rostro femenino fue suavemente iluminado por la luz de la luna.

―Cómo ya he dicho...―Dijo firmemente.―Demonios no padecemos esa enfermedad.

Inuyasha movió su rostro en la negación.

Los ojos de una persona que no está en el amor...no brillan así.

Esas mismas palabras...habían pertenecido a Kagome tiempo atrá él no iba a emplearlas.

Alzó los ojos con firmeza hacia ella, demonios eran seres orgullosos. Ensistir en este momento sería algo así cómo menospreciar su honor. No era tan tonto cómo para arriesgarse.

Recomponiéndose de la breve conversación sumergida en sucesos del pasado, Inuyasha enderezó su espalda y recuperó su ceño fruncido y la desconfianza y perspicacia necesaria para hacer frente a un demonio que emitía tal youki poderosa.

―¿Por qué estoy aquí exáctamente? ¿Para qué rescatarme?―Demandó con su voz firme.

Irasue le dirigió una mirada desde la esquina de su ojo derecho antes de dejar caer la tela de regreso a su original lugar. Su postura y expresión trataban de dibujar el cansancio y el aburrimiento.

―¿Es realmente de tu interés conocerlo?―Preguntó lacónicamente mientras ahogaba un falso bostezo.

Inuyasha gruñó en respuesta.

―Bueno, si no me dices porqué quedarme, sólo tengo que dejar ¿no?

Irasue eliminó la mano que había cubierto su boca en su pequeño teatro y sonrió tras la misma.

―Un cachorro impaciente por lo que veo...―Murmuró burlonamente.

―No soy un cachorro. Y me llamo Inuyasha...―Volvió a protestar, pero ella se limitó a ignorarle.

―Verás 'cachorro'―Remarcó la palabra de nuevo, Inuyasha aguantó su irritación para sonsacar por fin una respuesta a su pregunta.―Reciéntemente a llegado a mis oidos...que has sido capaz de engendrar hijos junto a una mujer humana. ¿es esto cierto?

El cuchillo cavó un corte profundo desde su corazón hasta la baja cadera, reverberando con fuerza y extendiendo la muerte hasta su alma. Los ojos de Inuyasha se sumergieron en la profunda oscuridad y fueron sombreados brevemente por su flequillo.

―Vaya vaya...parece que he encontrado un cubo de agua fría lo suficientemente helado como para apagar ese brillo orgulloso...¿Es que acaso esta afirmación es falsa?

―Cállate.―Ordenó secamente, un brillo peligroso amenazando tras el color ambar.―Para qué mierda quieres saber eso.

―Mmm...bueno.―Susurró más suavemente.―Si en primer lugar no respondes a mi pregunta...creo que no merece la pena que explique...

Inuyasha miró hacia la izquierda pensativamente.

―Y sin embargo, no es asunto tuyo.―Comentó de manera subyacente.

―Y sin embargo, debo saberlo...¿Fue tu semilla tomada por la mujer humana?―Preguntó, esta vez sin tonos juguetones o burlas. Seriamente.

Inuyasha cabeceó ligeramente de un lado a otro para finalmente negar suavemente con su rostro.

Kagome...

―Los niños nacieron muertos...―Murmuró sombriamente, su mirada clavándose sobre la de ella.

Irasue arrastró su lengua a través de los labios resecos antes de volver a hablar.

Por tanto...hubo los niños.

Inuyasha se levantó, dominando esta vez las telas que parecían querer aferrarse a sus piernas molestamente, y le dedicó una mirada que denotaba el más profundo enfado.

―¡Nacieron muertos mujer!¡No hubo los niños!¡Y no los va a volver a haber!―Gritó enseñando sus colmillos hacia ella y con los ojos afilados amenazandoramente.

Irasue le miraba con pasividad sin embargo.

―Evidentemente, nacieron muertos. Tú no has padecido tu primer celo aún. Tu semilla no debería haber fertilizado a la mujer de ninguna manera posible en primer lugar, y sin embargo, lo hizo. Eso sólo es símbolo de la verdadera fortaleza demoniaca que corre por tus venas...

Un nuevo desgarro, esta vez desde la espalda a través de la columna desató escalofríos insanos por todo su cuerpo, la pupila de Inuyasha se había afilado frente a los párpados abiertos al máximo. Quizá era locura lo que se veía en ellos. En el comienzo, sólo incredulidad.

―¿...Qué...estás diciendo?―Preguntó, su anterior voz reducida a un escaso hilo de sonido.

―Lo que quiero decir, cachorro, es que demonios no pueden engendrar hijos hasta que no han experimentado su primer calor. Ante el caso que me ha sido explicado, parece ser que hanyous como tú son una extensión válida a la norma...―Inuyasha cayó hacia delante sobre sus rodillas, sus labios balbuceando pequeñas frases.

―Pero...Kagome...yo...nosotros...

Resulta milagroso que tu semilla haya sido tomada, y dado tu contacto previo con hombres creo haber escuchado ciertos comentarios interesantes sobre tí. Así, he sido guiada por los rumores. Todo a punta a que no me equivoco en mis razonamientos, aún así, supongo que habrá que comprobarlo.

Pero Inuyasha ya no estaba escuchándola.

Eso quiere decir...si eso es verdad...Kagome y yo jamás tuvimos una oportunidad en todo esto, desde el principio. Sólo...

―...si yo hubiera sabido...―Murmuró sólo para sus oidos.

Podría haber evitado todo esto...toda la muerte, yo podría...

―¡Maldita sea!―Gritó de repente estrellando su puño contra el frágil suelo de madera.

¡Soy un puto ignorante!Si simplemente yo hubiera sabido...¡todo esto!

'Es nuestra culpa...siempre es nuestra culpa.'

Inuyasha cerró los ojos con fuerza, resistiendo las ganas de dejar ir toda su ira y llorar. Pero ya ni siquiera podía llorar por algo así.

Soy estúpido...

―Cachorro...¿Has finalizado con tu rabieta?―Demandó friamente. Inuyasha reunió sus ojos con los de esta hipócrita mujer y gruñó amenzadoramente.

―Cállate...―Volvió a ordenar con tono osco incapaz de filtrar su malestar.

Los ojos de Irasue se estrecharon ante la orden flagrante y su porte se enderezó ligeramente.

―Tus penas no son de mi importancia pequeño hanyou.―Se quejó.―Pero quizás tú deberías escuchar las mías...

Inuyasha gruño de nuevo para volver a gruñir más fuerte.

No me importa, no quiero saber...

Sólo habla mujer...―Dijo duramente mientras cubría sus ojos con una de sus manos en un intento de rehacer su postura.

―Oh, ¡Es tan deprimente!―Exclamó con una tristeza teatral persistente.―He reunido años suficientes en el poder como para desear reclamar un poco de paz y tranquilidad. Mi hijo, a sí mismo, a alcanzado la edad enque sería estimado establecerse como sucesor definitivo de su padre...―Inuyasha estaba escuchando su diatriba débilmente y sin mirarla a los ojos. Oh sí, que desgracia, ¡sólo mueranse todos maldita sea!―Y sin embargo, su prometida, mi pequeña Suzuki, ha sido golpeada con la desgracia...y no puede engendrar hijos...

Inuyasha detuvo su tren de pensamientos entonces.

¿Su prometida...Suzuki?

No sabía que tenía prometida...―Murmuró con cierta sorpresa, logrando distraerse por fín de sus anteriores y oscuros pensamientos.

Irasue hizo una pausa perpleja.

―¿Por qué razón ibas a saberlo?―Preguntó pronunciando cada palabra con dureza.

Inuyasha hizo una mueca de molestia ante su tono de voz.

Él visita tanto a Rin que...joder, ¿cómo pude llegar a pensar eso?

En fin...―Reanudó su perorata ignorando la molesta interrupción―El caso es, que sin heredero, mi querido Sesshomaru no va a ser capaz de tomar el lugar que le pertenece.

Inuyasha pareció escuchar por fín lo que se le estaba diciendo y sus cejas se elevaron casi hasta el nacimiento del pelo.

―¿Me estas diciendo...?―Comenzó con completa incredulidad.―¿¡Qué me tire a la perra para dejarla preñada!?

Ante el grito y las palabras, Irasue cerró los ojos antes de volver a abrirlos, la molestia brillando al fondo de los mismos.

―No. Cachorro, esa no es en absoluto mi petición. Es más, esto no es una petición, sino una obligación.

No me gusta el sonido de eso...

Pensó mientras se removía de nuevo con incomodida y pensaba en la posibilidad de escapar.

Irasue parpadeó y negó suavemente con su rostro inmaculado.

―No pasa nada, supongo...que no es necesario que hablemos de esto ahora mismo.―Una pequeña risa, escalofriante cuanto menos, escapó de las comisuras de su boca― De escuchar mis propósitos...Touga seguro jamás pensó que acabarías siendo de esa manera...

―¿Tou..ga?―Inuyasha cuestionó sin poder evitarlo e ignorando la frase posterior.

Una pequeña sombra de oscuridad, junto con una seriedad inquietante sobre la ventana de los ojos dorados que eran más cercanos al amarillo brillante de un felino nublo su expresión.

―El nombre de su padre cachorro...¿Acaso usted no lo sabía?

Inuyasha abrió los ojos con sorpresa.

¿El nombre de mi padre? Pero... Nadie jamás dijo...

El...era Inu no Taisho...―Dijo Inuyasha tratando inútilmente de defenderse de la acusación.

―Él era. Pero su nombre era Touga. ¿Su madre jamás le dijo de él?¿O es que acaso pensó que Inu no Taisho era su nombre y no su título? Pequeño, no todos tenemos nombres tan simples y patéticos como el tuyo...

Inuyasha tragó la enorme bola de saliva amarga que luchaba en sus mejillas con desagrado.

El nombre de mi padre...Touga, ¿Por qué nadie me dijo?¿Por qué mi madre jamás mencionarlo?

Pequeños flases de memoria que permanecían encerrados en alguna parte de su cerebro se abrieron ante él, recuerdos, en los que su madre hablaba de su padre y narraba sus hazañas, su carácter, su sonrisa...

Pero ni una sola vez, un maldito nombre.

No era posible que su madre no lo supiera ¿verdad?

El sueño en una noche de verano...maldita sea...

―¡Oh cachorro!―Exclamó la mujer distrayendo sus pensamientos y abalanzando sus brazos frente a él mientras su cejas se torcían expresando preocupación y lástima.―¡Usted realmente no conoce el nombre de su padre!

Inuyasha miró con estupor como trataba de atraparle y se apartó instintivamente, sin embargo, las manos con garras se aferraron a sus hombros sosteniéndole en su lugar. Sus orejas se doblaron sobre la inmensa mata de pelo ante sus palabras.

―¿Realmente no lo hace?―Cuestionó de nuevo, con una voz tan suave, con una mirada tan llena de lástima y preocupación.

Odio esa mirada...

'Y sin embargo, ella parece realmente afectada...'

Inuyasha dibujó una mueca al tiempo que giraba su rostro de la incómoda cercanía con la cara de la mujer.

No.―Le espetó con enfado y un desagradable tono de voz.

Al siguiente momento, su rostro estaba siendo apretado contra el pecho de la mujer curiosamente alta y los brazos femeninos envolvieron su cabeza y le apretaron con suave fuerza.

―Pobre cachorro...tan pequeño y tan débil, tan desgraciado por culpa de los errores de sus padres, ¡Y ni siquiera sabe el nombre del responsable de su pena! Un cachorro hermoso tales no debería ser este ignorante. Un cachorro así debería haber sido elevado y enseñado y así tomar su posición en el mundo al que pertenece.

Inuyasha gruñó y se revolvió en el abrazo mortificante.

―¡Deja de decir gilipolleces! ¡No pertenezco a ningún lado!

Su rostro fue capturado por las finas garras e Inuyasha tembló ante la cercanía.

―Claro que sí.―Afirmó sin ningún tono en especial.―Perteneces con tú familia, con tu raza...la sangre Inu no debe ser desperdiciada nunca. Eres un cachorro hermoso... aún puedes regresar, formar parte de nuestras vidas...―Su voz era un susurro efímero, un tono que celebraba esperanzas y afecto.―Puedo ser una buena madre...―Murmuró deslizándose contra su rostro y acariciando su mejilla, piel con piel en un contacto que provocó un escalofrío al hanyou cuyo corazón trataba de ser aleccionado internamente. Sus labios se alzaron hasta la cima de una de las pequeñas orejas triangulares.―...te lo prometo...―Y su aliento cálido provocó una ligera contracción, antes de volver a colocarse frente a él y observarle con su mirada insondable.

Por un precario instante, los pensamientos internos de Inuyasha se removieron en el caos, sin embargo, doscientos años de desconfianza no se borraban cuando la calidez de su esposa ya no estaba junto a él para borrarlos de su mente.

Así, Inuyasha gruñó y enseñó sus colmillos hasta casi rozar la nariz de la mujer, que se contrajo ligeramente, sus dientes tan apretados que formaban una sonrisa tan maliciosa que su demonio podría haberla envidiado.

―Tendrías que haberlo pensado un poco antes...¿no crees?―Preguntó con amargura. Sus propias garras encontrando un camino entre las ropas femeninas hasta la tierna y fresca carne con rapidez, clavándose en la calidez húmeda de la sangre.¿Pensaste que por ser un hanyou no era una amenza? Me pregunto... ¿Qué pasará si mis manos terminan de hundirse dentro de tí...? Toda tu preciosa sangre Inu se perderá...¡Oh...! Qué tragedia.―Se burló con la sarcástica imitación.

Las manos que habían celebrado su rostro suavemente se deslizaron hasta caer a ambos lados del suelo, en ningún momento apartar la mirada.

―Qué desagradable...―Comentó en tono neutro.―Está claro que has gastado demasiado tiempo viviendo en la selva... has crecido para ser un bárbaro...qué decepción...―Se lamentó apartándole la mirada.

Ante sus palabras Inuyasha incrementó su gruñido y clavó con mayor fuerza sus garras contra ella.

―Lamento que no sea... ¡lo que esperabas!―Masculló luchando por atravesar de una vez ese cuerpo y sin embargo, teniendo cada vez mayor trabajo para lograrlo. Por alguna razón el músculo estaba endureciéndose, como sí...¿Estuviera expulsándole?

Irasue negó mirando al rostro de esfuerzo en el hanyou.

―Una lástima...sí...

Toda la fuerza de sus manos fue comprimida ante el agarre mortal sobre sus muñecas e Inuyasha se sintió volar con un grito de frustración al ser fácilmente reducido sobre el suelo. El esbelto cuerpo de la mujer adulta se colocó con gracia sobre su pecho y toda expresión fiera voló del rostro del hanyou al sentir el aire volar de sus pulmones para no ser capaz de entrar. Jadeó inevitablemente y sus piernas, las únicas extremidades libres junto con su cuello, patalearon agonizantes en pobre protesta.

―¿Qué sucede mi cachorro malhablado?―Demandó dejando caer su espalda hacia delante hasta que sus ojos volvían a estar alineados sin otras opciones.― ¿Dónde está la fuerza que según tú era una amenaza?

El pánico era reflejado por cada miembro expuesto de su cuerpo e Inuyasha sintió su orgullo recibir el potente puñetazo al verse reducido por la pequeña mujer a sólo una mancha de debilidad.

Su boca abrió y cerró inconexamente, luchando por alcanzar el aire que su mente reclamaba para poder trabajar para poder pensar y reaccionar.

―¿No puedes respirar? Veo.

Una mayor fuerza se reunió sobre las muñecas localizadas a cada lado de su cabeza mientras la mujer levantaba sus caderas del cómodo asiento y se sostenía sobre sus rodillas.

Dando una enorme bocanada de aire, los ojos desenfocados del hanyou que había estado cerca del desmayo miraron con terror abyecto sobre la enorme y pura nube de energía maligna que la mujer había liberado como una miasma tóxica a su alrededor.

Todo este poder...toda esta energía...¡Cómo puede tener tanta fuerza!

Sus manos inservibles ante el corte en la circulación comenzaron a temblar y el principio de un crujido resono sobre las orejas que se movían locamente en todas direcciones ante el peligro.

¡Mis manos...!¡Ella las va a romper!¡Las va a romper!

Gritó con todas sus fuerzas como nunca había gritado, una cruel y loca sonrisa ganando terreno sobre la falta de expresión de su enemigo.

―¿Duele? Sólo tienes que hacérmelo saber y pararé...Grita para mamá ¿sí?

La orden no pudo ser desobedecida aunque quisiera como el dolor ganó paso por su sistema y todo su cuerpo se combulsionó y arqueó...su mirada dirigida hacia el techo con manchas de color blanco revoloteando sobre las imágenes.

Los tendones de los brazos fueron celebrados en movimiento a gran velocidad mientras sus manos muertas eran recogidas por este monstruo en una sóla de sus manos, atándo las manos muertas sobre su cabeza.

Y por un momento el dolor se detuvo.

Inuyasha parpadeó jadeante, una ligera humedad salada que no se molesto en analizar recorriendo sus mejillas mientras miraba sobre el ente que se desataba sobre él. El hermoso rostro inexpresivo siendo sólo parte de una muñeca que era controlada por algo mayor, mucho más fuerte, maligno...poderoso...la nube de oscuro youki que se arremolinaba en movimientos que invitaban a observar su total condensación en una muestra más de su exquisitez.

Nadie había celebrado tanto poder frente a él. Jamás. Naraku era sólo un pequeña araña que podía ser rápidamente aplastada, su hermano, un pasivo y compasivo joven que sólo regañaba sus malos actos.

Esta mujer...es el mal...

―Vamos mi pequeño cachorro...¿Te hice daño? Házselo saber a mamá ¿sí?―Susurró, su garra en libertad acariciando suavemente su mejilla derecha y dando un pequeño pellizco sobre la tierna carne.

Un gemido descontrolado, desesperado, escapó de los labios resecos de chillar su agonía, su instinto gritando en su mente con tanta fuerza que a penas podía comprender las palabras que le eran susurradas y su cuerpo latiendo en el dolor abrumador y reciente.

―Esto...―Murmuró la mujer mientras arrastraba las garras con delicadeza sobre la mejilla. De repente, clavándose profundamente y arrancando un nuevo grito.―...¿te duele?

Los jadeos inconexos y su cuerpo retorciendose era suficiente respuesta, carcajadas suaves y limpias cayendo de la sonrisa maliciosa con satisfacción.

―Deja de luchar pequeño cachorro.―Susurró en forma de consejo.―No vas a ganar esta vez...Gané la guerra desde que pusiste un pie dentro de este lugar...

Inuyasha cerro los ojos.

Todo el mundo pide lo mismo, ¿Qué me rinda?Llevo doscientos años luchando, ¿para ahora simplemente dejar que alguién más me pisotee? ¿Para simplemente dejarlo ir? Todas estas personas, ni siquiera sé quienes son, ella podría haber mentido. ¿Cómo puede ser tan poderosa? No Shikon no Tama, No espadas hechas de colmillos, No agujeros negros...y sin embargo...estoy completamente a su merced.

Con su mirada desenfocada Inuyasha se negó a dar la cara, su semblante tranquilo mientras la sangre escurría de su mejilla y las heridas comenzaban a escocer por culpa de las lágrimas que su cuerpo expulsaba de forma natural.

―...Estás loca...―Se quejó con una voz tan ronca y desecha que llegó a asustar a sí mismo. Sonaba tristemente resignado, débil.

Una potente bofetada impactó contra la mejilla sana y envió su rostro hacia la pared. El escozor primerizo e insensibilizado convirtiéndose poco a poco en un nuevo tipo de dolor...la sangre reuniéndose sobre la mejilla y siendo sudada casi superficialmente, Inuyasha abrió tanto la boca como los ojos antes de volver a gritar...un grito más desolado y flojo de lo que el verdadero dolor exigía. En su saliva se saboreaba el rastro de la sangre, su garganta no podría ayudarle a desahogar su dolor más.

―Esa no es manera de hablar a una madre...¿Hablabas de esta manera a la princesa humana?

Inuyasha sollozó y dos gruesos lagrimones cayeron de sus ojos con la respiración acelerada.

―¿No contestas?―Con rudeza su rostro volvió a ser colocado frente a ella, su mente incapacitada para leer lo que veía.

―...monstruo...―Susurró con el terror y el estupor removiendo todos y cada uno de los nervios de su cuerpo. Su instinto colapsando finalmente y dejando ese lado de su mente en muerte.

' ¡Tengo miedo! ¡Va a comerme! '

La piel pálida recubierta de pelaje blanco, la boca rojo sangre se había abierto para mostrar unas fauces enormes llenas de afilados colmillos. Ojos rojos y una pupíla azul oscuro brillando en su interior.

' ¡No puedo morir ahora! ¡No cuando estoy tan cerca..!'

Ella gruó perversamente, su lengua rosada moviendose en el inteior de su garganta.

¡Tienes razón! Sí...soy un monstruo...pero ahora también soy tu madre. ¡Dilo!

Inuyasha se mantuvo inmóvil, concentrándose en respirar. Ser humillado no era, y nunca había sido una opción para él. Lucharía hasta el final ¿no?

'¡Contesta!¡No podemos morir todavía!¡No aún!¡No por ella!

¡Pero yo...no puedo, simplemente...!

'¡Dilo!'

Ma...―Dibujo su garganta sin que fuera consciente, todo su ser empujando desde el interior para poder obedecer, para dejar ir lo que quedaba de sí mismo...

―Eso es muy bien.―Animó la voz gruesa, reberverante en su rujido sin cerrar las fauces bajo ningún momento como si la visión de la presa bajo su cuerpo poderoso alzara su ego hasta los cielos.

―¡...Ma...! ¡Maldi-ta...se-as!―Gritó y escupió, el último resquicio de sus fuerzas en ese acto temerario.

La Inu-youkai rugió sobre su rostro obligándole a cerrar los ojos y comprimir su rostro ante la fuerza del aliento que le adormecia. ¿Sería venenoso...también? Ello, como preludio para volver a abofetear su mejilla. Un golpe a la izquierda, un jadeo de dolor. Un golpe a la derecha, un grito ahogado. De nuevo, temblaba. De nuevo, el peso cayó sobre su pecho y dejó de respirar...

―Pequeño insecto...

' ¡No! Tengo que contestar, ¡ceder! ¡Sólo hazlo! '

¡No puedo!¡No puedo!...si cedo ahora, todo por lo que he luchado...¡Mi orgullo! ¡Mi vida no servirá de nada si pierdo mi dignidad! Si sólo fuera un demonio como ella, si sólo...

'Eso es... Debo ser un demonio... un demonio...'

Inuyasha se concentró en su ira, en la rabia ciega que le llenaba en los rincones más profundos de sí mismo mientras los golpes sobre su rostro se aceleraban a un ritmo que hacía voltear su visión y dejar de sentir sus mejillas laceradas.

Sus ojos se llenaron de rojo y azul, sus mejillas manchándose de las irregulares líneas moradas...

Se había vuelto tan sencillo sacar al espíritu sediento de sangre...poco a poco su consciencia fue apagándose y viajó hacia el pozo negro donde su alma se había acostumbrado a residir...un simple paso y... El rojo se marcho violentamente y la sangre demoniaca se puso bajo arresto con una facilidad y rapidez atronadora.

Perplejo ante este comportamiento, sobre el rostro de la youkai brillaba por primera vez la ira.

¡Joder! ¡Maldito demonio! ¡¿Por qué no vienes cuando te necesito?! ¡Sólo sacame de aquí!

'¡Tengo miedo!'

Cómo te atreves...―Gruñó la voz sobrenatural.―¡Cómo te atreves!

Su cuerpo volvió a ser volteado, las garras semitransformadas ayudando a dejar expuesto su espalda frente a la energía maligna y sus mejillas doloridas impactando sobre el suelo desquiciando sus nervios.

―Sucio depravado ignorante inmaduro escoria insecto suciedad miserable sin vida...

Dibujos sangrientos quedaron marcados sobre su piel mientras sus orejas se cerraban.

¿Por qué no me ayudas?

'¿Por qué no me ayudas?'

Ambas voces, después de tanto tiempo fundiéndose en una sola...Pero su sangre susurró sobre su cabeza, e Inuyasha quedó estático al leer sobre las líneas invisibles que eran construidas dentro de sí mismo lo que su demonio decía dentro de si mismo.

Tiene miedo...está tan... más aterrorizado que yo...

No entendía las palabras...y sin embargo, su demonio interior estaba gritando, suplicándole a él...

―No se merece...dar la espalda a su propia familia...sin remedio...sucio...una ofensa...

Las palabras inconexas una pérdida de sentido para sí mismo. Su pelo fue celebrado en las manos de la puro youkai tras él y retorcido contra su puño, empujando al borde cada uno de los nervios sobre su nuca.

'Rindete...nuestro demonio dice lo mismo, nuestro humano ya lo ha hecho...Ríndete...aún tenemos la promesa...'

¡Sucios hanyous que desprecian su propia sangre no merecen celebrar con orgullo el carácter de nuestra raza!

Y de repente, la presión sobre su nuca se desvanecio con un sonido de corte rasgando sus oidos. Su cabeza golpeó al suelo y su cuerpo quedó libre de la influencia poderosa que provocaba el contacto físico con la mujer. Desde el suelo, Inuyasha pestañeó con incredulidad ante el desarrollo de los hechos. ¿Por fin, se había acabado?

No...

Susurró en su mente, sus ojos contemplando en shok, con la púpila reduciendose a meras franjas negras dentro de soles amarillos, la imagen frente a sus ojos. Hermosas hebras de plata cayendo sobre el suelo como una lluvia de hilos de luz...hermosas ebras de plata que no acariciaban su espalda más...Ahogó un gemido al tiempo que un nuevo pedacito dentro de él se rompía...

La voz de su mente y su sangre; callaron.

Me odiais...lo sé. Simplemente he de decir que...bueno, tampoco ha sido agradable para mí de escribir, de hecho, creo que este es mi tope. No hay una persona que pueda hacerlo tan bien y al mismo tiempo ser tan horrible como Irasue (o al menos en esta historia) Pretendo dar consuelo y es que...bueno, no creo que en el futuro vuelva a darse un alto grado de vejación tan concentrado como este. En ese sentido, nada peor puede suceder ¿No? Quizá...bueno, espero ser capaz de ofreceros el suficiente romance a posteriori...al fin y al cabo, calculo unos 25/30 capítulos.

Próximo capítulo: Si el Jueves publico algo será extra corto. Reservo lo gordo al Lunes.

PD: Lo siento...en serio.