¡Ey!¡Tardes! Ok, no me mateis aún, jajaja se que esta vez he tardado, pero realmente no era capaz de decir el día en que este capítulo estaría listo. Bueno, ahora sí, ¡El día es hoy! La verdad es que este capítulo ha sido inspirador, espero que no sea muy confuso (aunque creo que eso es esperar demasiado :) No les entretengo más ¡Disfruten lo que puedan! Estoy muy feliz de acabar con vuestra espera ;)
Agradecimientos a: Shandy-Shan,
SangoaomeOO (Kismesis perfecto...oh, ¿Supongo que debo sentirme alagada? Jajaja, SABÍA que ibais a amar la aparición de Kagome. Bueno, que puedo decir, que siempre ha sido buena, somos nosotras quienes en nuestro fic la retransformamos en lo que no es (como con todo) No hago aclaraciones sobre las confusas palabras de Inu por que pretendo sacar la explicación de sí mismo en el futuro. Sólo un poco de paciencia con mis rayaduras. PD: Eh...bueno, ha sido antes de fin de año ),
k, Frozen-Winter-Heart, alei91, Yuric09 y
Kind Yuuki (¡Ey! Sé que te contesté por PM, pero no iba a dejarte atrás :) ¡Gracias por animarme! Aquí el cap ;)
Disclaimer: El sensualón de Inuyasha y el resto de fantásticos personajes no me pertenecen (aunque no me importaria darles un hogar XD )Todos ellos son propiedad exclusiva de la genial Rumiko Takahashi. El resto de personajes son de mi propia autoría y están reservados bajo derechos de copyright al igual que la historia en sí.
Advertencia: Yaoi, Angst, Violación, Mpreg, Horror(?), Muerte de personajes.
Rated M
Dialogos(―) Pensamientos Inuyasha (hhhhh) Pensamientos Inuyasha niño ('hhhhh') Recuerdos("")
Capítulo 15:
Los pies rezumaron sangre...el cansancio robándole la respiración con cada paso. El sonido de sus pulmones. Un latido. El sonido de sus pulmones. Un paso.
En medio de la oscuridad sus pies trastabillaron. Un hilo de sangre cayendo desde la comisura de su boca cuando su cuerpo se precipito hacia el vacio. Y cayó.
¿Qué estás buscando hanyou?
Los labios sonrosados dibujaron palabras sobre el aire...su cuerpo impactó contra un inesperado suelo. Ojos amarillos observando el cielo negro, el suelo negro, el mar negro. Quizá...
Aún estoy vivo...
La razón en el parpadeo constante de las sonoras cavernas de su corazón. El crujido de los dientes al ser apretados no evito el ligero velo de humedad sobre sus ojos ni las garras ratrillando sobre la sustancia de repente líquida sobre la que se posaba. Una pequeña risa, fugaz, escapó desde algún lugar y resonó como los rayos del amanecer sobre la cálida hierba de primavera. Un murmullo veloz y feliz que parecía efímero...y que le aterraba.
Tengo que seguir.
Su cuerpo cansado se elevaba y proseguía, cómo un sonámbulo guiada por la fuerza de sus pensamientos. Trastabillando en la incómoda sensación del agua encharcada, sólo pudo pensar que era un reflejo más de su corazón.
Un latido. Rojo...negro. Un latido. Rojo...negro...
Un latido...
Pensó.
Rojo...
Paso.
Negro...
Paso.
Susurros llegaron desde algún lugar lejano.
¿Por qué sigues luchando hanyou?
Sus brazos balanceantes se elevaron para alcanzar el destello rojo miles de metros más allá, más de un mismo infinito más allá.
Sangre tiñó sus manos en un parpadeo antes de desaparecer.
¿Habia alguien en ese lugar que pudiera evitar la masacre sobre su cuerpo?
La sombra blanca de un suspiro calido contra su cuello hizo detener su paso.
Imágenes veloces. Furiosos ojos dorados y piel pálida. Sudor. La sensación de ser llenado por completo...
Un jadeo escapó de su garganta antes de que golpeara los brazos blancos que sostenían su cintura y comenzara a correr, la sombra del enemigo desapareciendo en el polvo y sonriendo.
Nosotros lo queremos. Es adecuado.
―¡No!
Su gritó desesperado no detuvo su rápida carrera hacia ningún lugar, su respiración acelerada creando una armonía extraña en el silencio. La ligera risa infantil alcanzó sus oidos una vez más.
De nuevo, rojo...negro...
Desprendiendose como una gota de agua roja sobre negro y permaneciendo más allá del latido, la pequeña criatura danzante le acompañó en su carrera desesperada.
Gritaba una advertencia.
No vayas.
Pero ¿No era donde las risas moraban que estaba la salida?
Tu alma saldrá herida, una vez más...
Un rugido de rabia eliminando la línea de dibujo con garras sobre el aire. La forma desapareció para formar parte, una vez más, del todo sangre que quedaba.
Risas más oscuras golpearon sus oidos y le hicieron estremecer. Enemigo. Siempre cerca de él.
¿La muerte no fue satisfactoria pequeño monstruo?
Monstruo. Muerte.
¿Hizo tu pequeña alma tener suficiente? Ya te lo dije, nosotros debemos sobrevivir, existir y cohexistir...para que antes de morir quede algo sano por lo que haber vivido.
Risas, cuando sus manos cubrieron los algodonados oidos blancos y cerró los ojos.
Siempre tan cobarde...hanyou.
'Siempre aterrador...demonio.'
En algún momento un resqució de electricidad sobre su mente sacó la memoria sobre él.
Inuyasha gritó cuando el espacio en blanco creo imágenes de toda su vida a toda velocidad. Cerró los ojos tratando de negarlo, pero manos desconocidas obligaron los parpados a no parpadear. Gritó aún con más fuerza en el terror y la desesperación. Inmóvil y débil.
Las risas maliciosas eran fuertes, la risa que perseguía, parecía quedar aún lejos de donde estaba.
Eso es. Ese eres tú. El patético hanyou insolente incapaz de ir más allá del barro que le creo.
Cincuenta voces al unísono corearon su nombre.
Inuyasha.
Y conocer del hecho no alivió sus pensamientos.
Dejándo caer su cuerpo tembloroso al suelo, las imagenes malignas creadas del subconsciente rieron con mayor fuerza. Carcajadas puras y limpias nacidas de su humillación.
¡Tan patético!
Acurrucó su cuerpo en un pequeño ovillo mientras el dolor de ser quien era punzaba sobre su cuerpo inmaterial. Si tan solo hubiera sido otra persona que no fuera Inuyasha, el dolor no sería tan profundo.
Pero no puedes ser quien no se es.
Sollozó en silencio, la pérdida de palabras atorando su garganta como la llama consumida.
¿Y si lo hiciera?
―Dejarías de existir...
Inuyasha observó hacia arriba.
Enormes e inocentes ojos dorados y kimono rojo, sobre sus manos una pequeña bola de juegos que se balanceaba ligeramente en su forma. La sangre creando el entretenimiento de un niño sin crecer de cinco años.
―¿Por qué estás llorando? Yo creí que no llorabas...
Inuyasha entrabrió los labios y un pequeño suspiró escapó. Su voz sonó ligeramente ronca cuando contestó.
―He olvidado como no hacerlo.
―Oh...―Exhaló el pequeño con tristeza.―Quizá si juegas te sientas mejor―Preguntó con los ojos brillantes y una enorme sonrisa.―Tal vez así te animes. Podemos hacerlo juntos. Estar solo es aburrido.
Mientras parpadeó pesadamente elevó su mano y la bola de sangre se arrastró hasta posarse sobre sus dedos y recrear su forma anterior. Se levantó con pesadez, dos ojeras negras ahuecando sus ojos mientras observó la forma sobre sus manos. El más joven de los dos se movió nerviosamente sobre un pie a la espera. Su expectación abrumadora clamando por sus deseos.
Inuyasha trató de devolver la sonrisa perfecta, pero sólo logró una escalofriante mueca vacía. Nada pareció perturbar a su otro yo.
―¡Yeiiii! ¡Eso es genial!―Exclamó saltando de un lugar a otro y finalmente corriendo hasta estar justo frente a él. Una mirada socarrona y determinada brillo sobre el dorado solar.―¡Vamos!¡Devolveré tus ataques!―Exclamó con decisión.
Inuyasha asintió con una mayor sonrisa cansada, antes de lanzar el balón y golpearlo con su pie. El pequeño devolvió suavemente sin problema. El movimiento apenas necesario sabiendo que la sangre ocupaba precisamente el puesto que le había sido asignado, y llegaría para posarse sobre sus pies sin importar qué. Intercambios repetitivos sacaron una pequeña risa del menor, quien parecía fascinado por el juego simple y trucado.
―¡Es divertido!―Exclamó lanzándola de vuelta.―¡Jamás había jugado con alguien más!¡Soy tan feliz!
Si...
El rostro brillaba del sentimiento, mejillas sonrojadas y ojos iluminados de satisfacción.
―¿Sabías? ¡Onii-sama ha decidido quedarse conmigo! He esperado tanto tiempo para poder estar junto a él...¡Estoy tan nervioso!―Exclamó con alegría atrapando la pelota y dejando de reenviarla.―Aunque quería estar más con Kagome...ella era muy bonita.
El adulto asintió a la cuestión de hecho sin borrar la sonrisa vacia.
―Ella era...―Contestó en una voz profunda.
Desechando el objeto de juegos a un lado y este desapareciendo sobre el suelo, Inuyasha se acercó a Inuyasha y agarró sus pequeñas manos suaves a las grandes cayosas manos.
―¡Ven conmigo!¡Vamos a buscar flores para regalarle a Onii-sama!
El adulto aguanto el tirón del joven y señaló un poco más allá.
Siguiendo la mirada del otro, el niño soltó una exclamación de asombro y rió.
―¡Esas flores son muy bonitas!¡Sí!―Gritó mirándo el recien nacido campo de flores rojas.―¿Hacemos una carrera?―Preguntó rebotando sobre sus pies lindamente.
Inuyasha asintió con una sonrisa más original a la primera y se posicionó junto a el infante.
―¡Keh! Sabes que te voy a ganar...
El menor infló los mofletes ligeramente y le giró el rostro con molestia fingida.
Desde el dolor incial, el adolescente rió de la actitud de su inferior.
―A mi señal.―Ordenó con voz autoritaria.―Preparados...listos...
―¡Ya!―Exclamó el pequeño con diversión adelantándose a correr con risas saliendo de sus pulmones.
―¡Oye eso no es justo!―Exclamó el mayor corriendo tras su imagen a toda velocidad. Ambos dieron lo máximo de sus pies mientras alcanzaban el campo más allá de sí mismos. En algún momento de la carrera, ambos comenzaron a reir locamente.
―¡Yo gané!―Exclamó el menor.
―¡Keh! Sigue soñando renacuajo...―Se burló cruzando los brazos sobre su regazo. El adolescente miró a su alrededor. Todas las flores iguales, pequeñas gotas sangrientas escapando de las delicadas formas creadas sobre el suelo.
―Oh no...―Susurró con pena el pequeño.―No sé si a Onii-sama le gustarán estas flores.
El adolescente negó con suavidad y se arrodilló mirándo entre las flores de sangre.
―Claro que sí.―Dijo y sonrió.―Onii-sama adora las cosas puras. Y estas flores demoniacas lo son. Ya lo sabes ¿verdad?
Orejas animándose al comentario, el niño se arrodilló alegremente recogiendo aquellas que le parecieron más hermosas.
―Deben de ser perfectas.―Dijo con determinación.―No quiero que Onii-sama se enfade
El otro le dió la razón.
―¡Ah!¡No puedo esperar! Yo deseaba tanto que Onii-sama viniese a rescatarme...¡Cuándo le vea voy a darle un gran abrazo!―Exclamó estirando sus brazos para indicar el tamaño.
Pero el adolescente frunció el ceño.
―Creo que eso no sería prudente...podrías molestarle con tu olor...―Le recordó mientras empezaba a formar un pequeño ramo de hermosas flores.―Quizá lo mejor sea inclinarse desde una distancia prudente...
―Mmm...¿Y si abrazo sus pies? Quiero demostrarle cuanto le amo...―Murmuró pensativo.
El Inuyasha real miró sorprendido al infante antes de sonreir enormemente y asentir vigorosamente.
―¡Oh sí! Eres muy listo...Eso estaría bien...al fin y al cabo, Onii-sama es un Demonio muy poderoso.
―Sí, un Demonio Real.
―Pura sangre, puro youkai...
―El no merece que nosotros toquemos su cuerpo...sus botas están bien para mí.
Asintió una vez más.
―¿Que crees que haga contigo?―Preguntó Inuyasha adulto.
―No lo sé...―Murmuró sin darle importancia.―Seguramente, usará mi cuerpo para tener esas sensaciones agradables.―El pequeño suspiró con contento.―Onii-sama se permitió tocar mi cuerpo...eso me hizo muy feliz...pensar que alguien como él podría permitir que alguien como yo se sienta bien...ojalá que pueda dar a Onii-sama lo que necesita y hacerle sentir bien a él también.
Entregándole el ramo de flores que había creado y poniéndose en pie, Inuyasha oteó un árbol en la distancia.
El menor miró el ramo con asombro.
―¡Son muy bonitas!―Exclamó observando el trabajo, aunque todas eran iguales.―¡Muchas gracias!¡Eres genial por ayudarme! Normalmente, la gente no me ayuda...ya sabes...
Inuyasha asintió y comenzó a caminar entre las flores hacia un arbol cercano.
―Es normal. Los humanos no deberían acercarse, es peligroso.―Tras asentir, el pequeño tironeó de la manga del haori del mayor.― Oye, oye, ¿Puedes jugar conmigo a más cosas?
El adolescente parpadeó sorprendido.
―¿Tu quieres que juegue contigo?―Preguntó el mayor con incredulidad mientras sus mejillas se sonrojaban.
―¡Sí claro!―Exclamó el menor con una sonrisa.
Con timidez, el adolescente asintió.
―Nadie me había pedido nunca que jugase con él...―Murmuró por lo bajo.
―Sí. Y yo jamás había podido pedirselo a nadie sin que me golpease.
Ambos rieron a la vez con miradas traviesas.
Pronto, paraisos dibujados en rojo ganaron paso al jardin de flores.
Jugaron al escondite, jugaron a saltar la cuerda, jugaron a atrapar peces en un río, jugaron a las misiones secretas y a disfrazarse de otras personas, a las espadas y a los médicos, a dibujar sobre hojas blancas de papel y saltar sobre los árboles...
Ambos se dejaron caer sobre un suelo de tierna hierba riéndose sin parar.
―¡No puedo...respirar...jajaja!―Gritó el más mayor sin poder detener sus carcajadas. El menor se revolcó a su lado agarrándose el estómago. Su aguda risa elevándose junto a la ligeramente más grave.
Papeles con extraños dibujos habían sido tirados por todo su alrededor, sus rostros estaban manchados de rastros de tinta, sus ropas habían sido cambiadas, el más pequeño con una extraña piel de pelo rojizo sobre su hombro y una mano atada en cuentas sagradas. El más mayor con un gran moño sobre su cabeza que parecía al de Shippo y las ropas de una sacerdotisa.
―¡Eso...es...!¡Tan así...!―Gritó antes de iniciar sus risas.
La sangre paseaba sobre sus cabezas a la espera de convertirse en algo más, tomando la forma de una serpiente devoradora de almas, se acercó a los dos de ellos y acarició sus mejillas al pasar.
Poco a poco recuperando el aire perdido, ambos se miraron entre sí jadeantes.
―Eso ha sido tan divertido...―Dijo el adulto, antes de girar su cuerpo completamente para darle la cara a su compañero.―Creo que jamás me había reido tanto...
―Sí...es muy entretenido jugar con otras personas. Mamá siempre lo decía.―Dijo el otro.―Pero yo no sabía que jugar podía ser Tan divertido.
―Yo tampoco...siempre quisé probar esos juegos...¿y tú?―Le preguntó aún jadeante.
―¡Sí! Son...tan geniales...
Ambos se sonrieron.
―Oye...¿puedes..?―Murmuró el más mayor algo sonrojado. Sus orejas se crisparon ligeramente.
―¿Sí?
―¿Tocar mis orejas?―Preguntó con timidez.―Kagome siempre lo hacía...Yo lo haré con las tuyas...también.
El más pequeño aplaudió con sus manos una única vez.
―¡Si!Me encanta que me toquen las orejas...
Ambos llevaron sus manos hacia los apéndices extraños y acariciaron suavemente, los escalofríos y la tranquilidad provocando un ligero gruñido de satisfacción de ambos a la vez.
―Uh...se siente tan bien...―Murmuró el niño dejando escapar un quejido. Ahora, sus mejillas también sonrojadas.
―Sí...quizá si somos buenos y le pedimos a Onii-sama correctamente él pueda hacerlo por nosotros...―Murmuró el mayor de ellos con los ojos cerrados en la satisfacción, un murmulló de acuerdo procedente de quien estaba frente a él.
Finalmente ambos dejaron su tarea con un nuevo suspiro y permanecieron descansando por unos minutos. El infante rompió el silencio.
―¿Sabes? Jamás me lo había pasado tan bien nunca...yo...te quiero mucho...y no quiero estar solo¿puedes ser mi amigo?
Inuyasha abrió los ojos en grande ante esa pregunta antes de alcanzar sus brazos hacia el otro y sonreir.
―Yo tampoco quiero estar solo y también te quiero mucho. Yo quiero, ¿Tu quieres ser mi amigo?
―Yo quiero.―Aseguró el otro acercándose aún más a él.
Ambos se abrazaron y la criatura de sangre se hizo manta para cubrir sus cuerpos.
Aferrándose fuertemente unos a otros, se olfatearon y acicalaron mutuamente, el más pequeño poso un suave beso sobre los labios, el más mayor lo correspondió antes de alejarse y besar su mejilla.
―Hace frío...―Murmuró el más mayor castañateando los dientes y tratando de conseguir calor del cuerpo que abrazaba.
―Sí...de-s-dd-e dentro...much-o frío...
Cómo una ola de hielo a través de sus venas, sentía que su corazón podía quebrarse en cualquier momento.
―¿Por qué lloras...?―Murmuró el menor.
Ambos abrieron los ojos para mirarse mutuamente.
―¿Y tú?―Preguntó el otro.
Gruesas lágrimas resbalando lejos de sus ojos como una marea que manchaba el suelo de piedra negra. Ambos ojos de oro dejando caer el agua salada sin control..
―No sé...aún no me has dicho tu nombre...¿Quién eres, mi amigo?
―Sí...e-s cier-to...―Trató de hablar a pesar del helado ambiente que congelaba sus huesos.―Yo...me-me lla-mo Inu-yasha...
―¿Oh? Qu-que raro...yo so-y Inu-yasha...―Un extraño sonido cada vez más alto comenzó a llegar hasta sus oidos. Ambos guardaron silencio mientras continuaban a llorar observandose. El niño volvió a hablar finalmente.
―Oye...Inuyasha...creo que...est-oy solo...
Inuyasha abrió los labios secos para contestar, y una enorme veentisca pasó justo sobre él por algunos segundos. Cuándo abrió los ojos, todo había desaparecido.
―¿¡Inuyasha!?¿¡Amigo!?―Gritó poniéndose en pie en medio de la nueva oscuridad. Su cuerpo, el de un niño de diez años. La sangre roja desaparecida completamente.
Jadeando y comenzando a hiperventilar, Inuyasha dejó escapar un largo quejido desde lo hondo de su garganta mientras sus rodillas se hundían al suelo y lloraba. Sus sollozos y gritos de dolor vacios dejándo un hueco poderoso dentro de él.Se abrazó a sí mismo por algunos momentos mientras su verdadera soledad carcomía dentro de él, su mirada cerrada a la infinita nada.
―Alguién...sálveme por favor...―Susurró.
Pero sus deseos no parecían ser cumplidos.
OOOOOOOOOOOOOOOOOO
Sesshomaru observó el cuerpo inconsciente tendido sobre la cama por quinta vez ese día.
Las sábanas cálidas abrazaban el cuerpo de su hermano hasta el torso. Las caras y cómodas vestimentas de azul y dibujos marrones cubriendo el cuerpo y manteniéndolo cálido y alejado de las vistas ajenas, junto con la expresión apacible de la inconsciencia y el aún chocante cabello corto que parecía renuente a crecer, daban al hanyou la apariencia de un ser místico sumido en profundo e importante trance.
Aún así, el rostro aún similaba la desnutrición y era mortalmente pálido
La sala algo oscura, sumida en el caos, había dejado de oler tanto como el fallecido sanador y más como su hermano mestizo tras el transcurso de la semana en la que su cuerpo había morado el lugar.
En otras circunstancias, quizá hubiera resultado ser aliviador, pero en la actualidad, con las hormonas que modificaban su aroma a uno más dulce, estaba comenzando a molestar gravemente al Inu-Daiyoukai.
No tenía una respuesta que le permitiera justificar sus visitas. Si alguien preguntara, no tardaría en desmentir cualquier acusación con la escusa de desear la partida del hanyou infesto cuanto antes mejor; pero él no era una persona que prestara atención a las opiniones o comentarios agenos.
No. La molestia básica era, que realmente era incapaz de centrarse como debería en sus tareas por culpa de su estúpido instinto.
Huele como una perra, que parece normal para acudir a él aunque sea un acto sin decoro.
Sin embargo en el fondo sabía que había algo mucho más profundo que lo guiaba hasta aquí. Uno de esos nuevos sentimientos extraños que debería haber mantenido lejos de él todo el tiempo. La culpa. ¿O quizá era la voz que clamaba por ayuda en el interior de su mente?
El recuerdo del cuerpo aplastado debía rebobinarse en su mente inconsciente muchas veces para seguir escuchando los susurros exclamando por ayuda y piedad.
Pero de nuevo, no había mucho que pudiera hacer para cambiar la situación excepto esperar.
Nadie hace esperar al Señor del Oeste. Despierta.
Pero por más que su mirada se concentró sobre el rostro de dificultosa respiración, los ojos dorados que deseaba ver abiertos una vez más se negaban a cumplir con sus deseos.
Su mente viajó hacia el veredicto de su madre días atrás, cuándo el corazón de la criatura frente a él volvió a resonar; una vez más.
FLASH BACK
"―No despierta.
Irasue alzó la vista hacia la figura de su hijo. Tal vez el propio Sesshomaru no se percatara, pero estaba temblando.
Empapado de cabeza a pies y ahora con sangre del cuerpo que abrazaba en su rostro y ropas. El mestizo era apenas un muñeco de trapo lleno de remiendos.
La inquietante visión de ambos en conjunto dejó un mal sabor de boca en ella, que sin embargo, solo trajo su curiosidad hacia delante en un paso.
Arrugó la nariz cuando los miles de olores ofensivos golpearon su delicada nariz. Toda la sala había quedado sumida en el desastre. Pero el gruñido impaciente que provenía de su hijo en busca de respuestas no le dió espacio para escapar.
―Tal vez no es el mejor lugar para despertar...―Murmuró tratando de escapar del nauseábundo lugar.
―Hn.
Sesshomaru miró reprobatoriamente a su madre, aún sin ser claro en cuanto a sus intenciones y si debía permitirle vagar de esta manera versátil a través del palacio. Sus comentarios fueron de cualquier forma acertados, teniendo en cuenta el pesadísimo aroma de la sangre y la descomposición que ya de por sí presentaba la sala y que comenzaba a refrescarse por culpa del cadáver de cabello negro.
Miró sobre el rostro durmiente de su medio hermano, pero detuvo el tren de preguntas estúpidas que su cabeza luchaba por empujar hacia él para ponerse en marcha.
Saliendo de la sala contaminada, su madre siguió su paso tranquilo colocándose a su lado.
―Sesshomaru. ¿Por qué has tardado tanto tiempo en retomar su vida?―Demandó con autoridad.―Ahora se han perdido todos los cachorros, eres consciente ¿verdad?
Lejos de contestar cualquiera de las preguntas, Sesshomaru se concentró en evitar demostrar los calambres dolorosos que ganaban paso a través de sus articulaciones. La visita al segundo plano parecía haber tomado de sí mismo más de lo que en tierra podía soportar. La charla innecesaria de su madre, llena de reproches, incapaz de ayudar a su situación de concentración.
Cachorros...ahora están muertos. Mal Alpha.
Sesshomaru gruñó instando a Yako al silencio.
Era consciente de ello. Vidas creadas a partir de su semilla que acababan de ser sacrificadas por culpa de su falta de tacto. La muerte de Inuyasha no habría tenido lugar si él hubiera controlado sus ataques.
Morir desangrado de las heridas que le he infligido...él realmente estaba muy débil.
Tal resultado, era cuanto menos desalentador y cuanto más, aceptable.
Pero eso no borraba las huellas de cansancio bajo sus ojos.
Ese niño ¿Era en realidad él?
Lucía como su hermano, pero uno del que no lograba apenas recordar.
Bajo su rostro hacia él de nuevo.
―¿Por qué no despierta?―Preguntó de nuevo con impaciencia, a penas consciente de su entorno.
La situación le estaba poniendo nervioso e intranquilo.
Imposible. Inuyasha jamás podría hacerme sentir preocupación. Si muere que será su culpa.
Pero más que cuestionar sobre quien tiene la culpa, su preocupación( lo que ya de por sí era inaudito.) golpeaba sobre la posibilidad de la muerte del mismo. Sin importar motivo y centrándose solo en el hecho. La muerte de Inuyasha.
¿No debería ser un día de celebración?
Por otro lado, siempre pensé que ese día quedaba lejano.
Una inconcluencia más de lo que era su pensamiento, dada la evidencia sobre sus acusaciones de debilidad para con él.
―Sesshomaru.
Su nombre pronunciado le detuvo, justo a punto para evitar su caida por la trampa de las escaleras.
Respiró sonoramente por la nariz. Por otro lado, Irasue alcanzó hasta el símbolo mágico con lentitud.
―Sesshomaru. Estas distraido.―Afirmo sin ningún tono particular de voz.
Sesshomaru se limitó a gruñir, pero la realidad era que, por dolorosa que fuera, tenía razón.
Respiró profundamente para calmarse. Frente al estrecho pasillo, Irasue se acercó a su hijo y tomó la muñeca del hanyou con delicadeza.
―Su alma esta herida Sesshomaru. Necesita descansar...―Irasue hizo una breve pausa.―Y tú también.
Sesshomaru permaneció inmóvil mientras reflexionaba, recordando brevemente cada una de las heridas infligidas sobre el pequeño cuerpo de su hermano en la cruenta batalla. Lo difícil hubiera sido creer que no iba a tener ningún daño en primer lugar, pero aún así, el hecho le irritaba.
La energía caliente que avisaba a sus sentidos de la presencia de una persona cercana dió lugar a un gruñido amenazador frente a la extremidad que acariciaba su brazo derecho sacándole de sus pensamientos.
―Deja que yo te guíe Sesshomaru, esta en nuestros ambos intereses el que os recupereis.―Murmuró, y por primera vez su voz sonaba verídica, incluso cansada.
Sesshomaru rechazó el contacto y volvió a gruñir con testarudez ignorando la ayuda y tomando el pasillo ascendente.
En algún momento del trayecto dejó de pensar y cierta calidez reconfortante envolvió sus tensos hombros. En algún momento, Yako se dejó llevar por la guía de su Alpha materna y Sesshomaru puso su mente a descansar."
FIN FLASH BACK
Cuando despertó se hayó completamente enfadado con el mundo que le rodeaba. Incapaz de comprender las razones por las que podría dejarse llevar con tanta facilidad o en las que su madre se hubiera basado para determinar que él deseaba dormir junto al mestizo, la falta de control de la situación quemó sus nervios rápidamente con la ira. Ira que por suerte para el resto del mundo y sus subordinados se aplacó al contemplar de nuevo la figura durmiente aseada y recogida.
La misma que observaba en esos precisos momentos.
¿Es posible...que yo realmente desee el regreso de Inuyasha?
Tales pensamientos despegaron de la ventana de sus pensamientos y fueron sustituidos con la verdadera respuesta.
'No, sólo estoy molesto por el golpe a mi orgullo. Dejarme manipular como un títere y enfocar mis frustraciones injustamente sobre él no es un acto del que me sentiré orgulloso. Rebajarme a mis instintos como un animal...sólo ha traido sobre él una muerte que no deseaba empujar aún.'
Apropiada vergüenza se mantenía de ida y vuelta sobre él aunque no lo demostrara. Pero ¿Cuántos años habían transcurrido? Ya no era un cachorro, ¿No se suponía que con su edad debía ser capaz de tomar las decisiones correctas?
No era como si realmente un hanyou mereciera compasión por imponer simples relaciones sexuales sobre ellos, pero estaba fuera de honor y de su estatus dejar caer sobre otras personas el peso de sus problemas.
También empezaba a ser una cuestión personal la presencia casi al borde de Yako y su capacidad de celebrar más control sobre él del que deseaba.
Yo decidiré cuando llegará la muerte del mestizo, y ahora, aún no es su momento.
Con parsimonia volvió a alejarse de la cama y caminó hasta la pequeña ventana de madera que había sobre una de las paredes. Como sanador siendo el que la había habitado, era una habitación humilde.
Apropiada para un hanyou.
Pero poco recomendable para un Taiyoukai. El sanador había demostrado ser un inconveniente, la acumulacion de materiales inservibles y un único libro escrito de su propia mano para realizar apuntes, llenando la habitación innecesariamente y reduciendo su espacio.
El agobio podía palparse en cuestión de minutos.
Por suerte, la ventana dejó entrar el aire fresco y húmedo del día hasta traspasar su piel. Y era un contacto que agradecía teniendo en cuenta el estaticismo que rodeaba la habitación y que simplemente reverberaba con molestia sobre él.
Sin embargo su vista quedó aburrida rápidamente, su mirada volviendo de nuevo al hanyou malhablado ante la falta de paisaje entre los marcos de madera.
¿Alguna vez a lo largo de su vida había permanecido tanto tiempo a su alrededor?
No. No tenía tal necesidad...
No. Nunca se había detenido a observar las condiciones del cuerpo que recibía el pútrido olor de su hermano antes de golpear. ¿Cómo se veía en la infancia?¿Cómo cambió durante su adolescencia?
No podía recordarlo. Nunca había prestado atención a cosas como esas.
Quizá esa era la razón por la que nunca se había dado cuenta de lo verdaderamente indefenso que Inuyasha lucía. Indefenso...frágil. Pequeño.
Sin la mata de pelo sobre todo su cuerpo, o quizá por el conjunto de hechos que habían minado la constitución física del otro, Sesshomaru se percató de que debajo de la apariencia fuerte, había un cuerpo maltratado y quemado del tiempo. ¿Había sido de esta manera siempre? Y si su físico era un engaño, ¿Hacía eso de su actitud estúpida y lanzada una nueva mentira?
No importa. Este tipo de cosas no tienen importancia para mí.
Él, Sesshomaru, no se rebajaba a prestar atención a semejante, patético y ruidoso insecto.
Para nada.
Pero...
"Recupérale...por favor..."
Los deseos de la humana no eran en realidad asunto suyo, pero de alguna manera, el hecho de que Inuyasha hubiera tomado su mano para regresar a la vida como hecho real y verídico era algo que movía sus entrañas en diversas direcciones desagradables y le obligaba a querer saber un 'Por qué'.
Por qué, cuando podía marcharse con la mujer humana que amaba...
Esa era la pregunta concreta.
Pero cerrando el círculo de pensamientos de nuevo, era una pregunta inútil por ahora, ya que la persona que debía contestarla dormía; y no parecía próxima a despertar.
La presencia de una segunda persona acercándose a la habitación realizó una llamada sobre sus sentidos y todas sus reflexiones se apagaron para poder dar paso a la concentración máxima y la acción.
¿Quién podía osar acercarse a este lugar cuando había prohibido expresamente que nadie irrumpiera en ellas?
Madre.
Pero no era ella, la majestuosidad del control de sus emociones que dejaba ver en su aura limpia de imperfecciones no era reconocible en el espectro que se acercaba.
Sesshomaru entrecerró los ojos antes de dar un paso hacia la oscuridad y ocultarse en una preparada emboscada. La persona que irrumpiera en esos momentos destinada a morir.
La puerta se abrió.
―Oh joder. ¡Encima!―La voz chirriante resonó con molestía palpable.
Suzuka...
Ignorante de la bestia que la observaba, la futura Dama irrumpió en la habitación con tranquilidad absoluta. Su cabello blanco habiendo sido recogido en un moño apretado, y sus ropas en negro, poco común entre las mujeres, se mantuvo en pie por algunos minutos. Sus ojos clavados sobre la figura sobre la cama.
Finalmente hecha con sus pensamientos tras la pausa inicial, la mujer respiró profundó y susurró un ligero 'vamos' antes de sostener las mangas del kimono y ocultar su nariz en torno a un pequeño fragmento de tela blanca.
Moviendose con gracilidad y claro conocimiento del lugar, Suzuka comenzó a buscar entre los diferentes recipientes, sustancias y demás. Sus ojos brillantes en determinación.
En el espeso silencio de la habitación, la joven paseó sus manos creando magia en pocos movimientos, un ligero roce innecesario sobre la madera, una pequeña sonrisa al tomar el olor de determinada hierba... Cada acto revelando emoción a un lejano lugar que sólo ella parecía conocer. Mientras el contenido era mezclado, la armoniosa mano que agitaba parecía feliz por sí misma. El gruñido ligero, de contento estallando desde el pecho femenino era no más que un símbolo más.
Colores serpenteando por el contenido del agua, la mano se detuvo cuando el azul del cielo disfrazó la transparencia de opacidad.
Sostuvo el recipiente entre sus dedos y observó a través de él. Pequeñas burbujas luchando por escapar con calma y paciencia. La observación, perdió su memoria del ahora llevándola a un lugar mucho más lejano. Pensativa...
Sesshomaru observó la desconocida faceta de la mujer. ¿Alguna vez había apreciado tal sentimiento lejano de la hipocresía sobre ella?
Sus ojos azules gritaban con dolor y melancolía. No estaba seguro de que comprendiera bien algo como eso.
―El tiempo para castigar...si sólo el pudiera ser algo más rápido...―Palabras inconexas que carecían de sentido.
¿Hablaba consigo misma en la soledad creciente? ¿Oh sólo estaba murmurando al azar para convinar con la melodía recién creada por sus propios pasos?
Pero cuando el pañuelo de color blanco fue arrancado de sí misma, y aunque la lectura sobre sus ojos seguía intacta, turbia, una sonrisa cruel y delicada destrozó la expresión que podría haber sido considerada hermosa.
Con pasos lentos se desplazó hasta el borde de la cama donde moraba el hanyou.
―Dime desconocido. ¿Qué sentirás cuando sepas quién te liberó? Me pregunto si serntirás alivio de que jamás tendrás que repetir la asquerosa esperiencia, o si me odiarás por matar todas y cada una de tus semillas. Lo lamento...pero ese será castigo suficiente para todos quienes han obligado la muerte hacia él...
Alzó el cuenco frente a ella y casi con delicadeza sostuvo el rostro del durmiente para hacer el contenido accesible.
―No más torturas...no más engaños para nadie más...―Una nueva pausa.―Si tu no hubieras venido...todo esto...
Con decisión, acercó el cuenco hasta los labios resecos del sueño...
...Y la fuerza de la oculta presencia al aparecer rompió al instante sus conexiones cerebrales.
―Todo esto seguiría siendo la misma farsa.―Celebró la voz masculina.
Suzuka tembló ante la criatura poderosa frente a ella.
―¿Qu-é...?―Pero su pregunta murió de sus labios cuando el aura mortífera y aterradora se elevó en un torbellino en torno a su origen y fue lanzada contra ella.
Perdiendo la respiración, su cuerpo cayó, cada una de sus células empujadas a la sumisión absoluta.
El cuenco cayó de su mano y resbaló por el suelo hasta parar sobre una pared.
―¡Sessh...shomaru!―Gritó de dolor cuando sus manos tiraron de ella al suelo y la mantuvieron inmóvil en la vorágine de energía demoniaca.
Pero ella sólo parecía morir a través del azul de sus ojos mientras se perdía en la sensación del poder.
―Te atreves a atentar contra mis intereses...no pensaras que te debo clemencia...
Habiendo intentado asesinar a su hermano e infertilizar su cuerpo recién maduro. La patética demostración de celos y ambición de esta mujer era un acto que le llenaba de asco por encima de la ira. Recogiendo del suelo a la mujer por su cabello, tiró el cuerpo inútil contra la puerta. Rápidamente empujando la energía sobre ella, todo su poder elevándose para dar muerte definitiva a la gran molestia en la que se había convertido la mujer a lo largo de su escasa convivencia.
―¡Por favor...Sesshomaru!―Gritó, las lágrimas y la nariz humeda en el llanto descontrolado de una desolación incomprendida.
'¡Ella es la culpable!¡Por su culpa no despierta!¡Ella!'
Un sonido tras él, un golpe, pasos...cada sonido escapando de su percepción centrada sobre la tortura de la mujer.
Una suave caricia dibujando sus hombros y cayendo tras los músculos de su espalda en dos líneas. Sesshomaru se volvió rápidamente hacia el intruso que había burlado su consciencia mostrando una de sus garras venenosas. Y se detuvo.
En cuestión de segundos, la peligrosa aura que amenazaba la vida de la joven Inu-Youkai se detuvo, y esta cayó rendida y sin aliento sobre el suelo de la habitación.
―Inuyasha...―Susurró su nombre conservando absoluta neutralidad. Nada donde pudiese entenderse significado alguno.
La silueta de su hermano y rostro estaban apoyados sobre su espalda, sus manos acariciando en un movimiento constante el kimono que ocultaba la piel.
Esperó por el rostro a alzar, esperando pacientemente por los expresivos ojos dorados que podían acabar con sus preguntas y eliminar el peso de la culpa.
Pero.
Cuando el rostro alzó Sesshomaru sintió que se hundía un poco más.
Hermosos ojos zafiro sobre turbulento carmesí recibieron su mirada con calma y una pequeña sonrisa satisfecha apareció sobre el rostro pálido y demacrado.
―Inuyasha...
El hanyou ronroneó su satisfacción al escuchar su nombre y se aferró con mayor fuerza al cuerpo frente a él.
El gesto envió un escalofrío a través de él.
Tal vez jamás podría recuperar al Inuyasha que había conocido una vez más.
Se acabó...ups, que no tan corto como otras veces ¿eh? Ok, creo que todos tienen curiosidad por saber ¿Qué va a pasar...? Je, como si os fuera a decir porque sí. XD
¡Espero con ansias sus comentarios y ver que tal les está pareciendo el rumbo de la historia! Si tienen alguna curiosidad o petición sólo háganmelo saber y lo tendré en cuenta.
Próximo capítulo: Okkk al fin sí, por fin parece haberse establecido mi horario. En principio, mis días para escribir se han reducido a uno por semana, pero por lo medido para esta publicación, con dos semanas tendré capítulos de esta extensión hechos. Me es posible hacer publicaciones cada semana, pero la extensión se reduciría a la mitad, y creo que perderíamos el ritmo de la historia, aún así ustedes deciden. Conclusión: Quedá fijado para el 12 de Octubre.
