Estoy realmente agotada, 2a.m...nada más que decir. ¡Ah sí! Que disfruten...(Bosteza)
Agradecimientos a: Shandy-Shan, Sangoahome: (No te preocupes, si te destruyes por dentro yo te reparo ;) Más de Yaseiki por aquí, a ver que tal)k ,bittersweet, Yoseff ,Kind Yuuki, Frozen-Winter-Heart, alei91, Yuric09
Disclaimer: El sensualón de Inuyasha y el resto de fantásticos personajes no me pertenecen (aunque no me importaria darles un hogar XD )Todos ellos son propiedad exclusiva de la genial Rumiko Takahashi. El resto de personajes son de mi propia autoría y están reservados bajo derechos de copyright al igual que la historia en sí.
Advertencia: Yaoi, Angst, Violación, Mpreg, Horror(?), Muerte de personajes.
Rated M
Dialogos(―) Pensamientos Inuyasha (hhhhh) Pensamientos Inuyasha niño y Yako ('hhhhh') Recuerdos("")
Capítulo 17:
Sesshomaru observó desde la torre del homenaje la extensión de nubes que venían hacia el lugar. Soplaba una brisa arremolinada y desagradable que insistía en desaliñar su cabello enviándolo en todas direcciones, el azote del viento sobre su ropa podía ser escuchado con claridad, así como el crujido de la madera al ser pisada tras él.
No se dió la vuelta para ver quien era, aunque no podía menos que sorprenderse por la testarudez constante del individuo.
―No puede esperar más tiempo...―Susurró más para sí mismo que nadie más.
A pesar de que se prometió devolver a Inuyasha a su estado normal, dos semanas habían pasado sin que sus intenciones se cumpliesen. Sus búsquedas sobre los manuscritos viejos resultaron infructuosas, y por otro lado, su curiodidad y algo más, le incitában a permitir que el tiempo transcurriera sólo para poder ver un poco más de Yaseiki.
De manera constante, maniática, el Inu más joven se había adherido a él de forma natural desde el día en que volvieron a despertar sobre el mismo lecho. Pasivo y sin volver a amenazar a nadie, Sesshomaru llegó a la conclusión de que lo más eficaz para su interés inmediato era ignorarle completamente y realizar sus actividades diarias. Así, Sesshomaru le ignoró cuando se dirigió al patio segundo para comprobar el entrenamiento simbólico que Hirohito organizaba cada vez que su señor, se entienda él, regresaba para quedarse un tiempo. Claro que lo hizo, incluso cuando el joven Yaseiki saltó de su lado para unirse en una esquina de la formación cuadrangular y participar en magnifica sincronización junto a sus soldados en la danza de fuerza organizada.
No prestó atención a la forma en que sus musculos algo gastados se contraian sobre su pecho descubierto para no desentonar, en el maravilloso olor masculino que sabía reconocer en cualquier lugar, ni tampoco en los brillantes ojos rubís y zafiro que le miraban seriamente con una chispa de inteligencia.
"Mirame" Parecían decirle. "Mírame, sólo a mí"
Fue la primera vez que Sesshomaru observó el espectáculo hasta su completa finalización.
Pero, por supuesto, él le había ignorado perfectamente.
―¡Mi señor!―Había dicho el youkai de cara alargada con preocupación en su rostro.―¿Quién es ese joven demonio? ¿Es que va a unirse en las filas?
Sesshomaru miró del rostro sudoroso y robusto a uno visualmente mucho más agradable. De un salto fácil Yaseiki estaba de nuevo junto a él, sacudiendo su pelo corto pegado al rostro ligeramente. No sonreía, por el contrario parecía muy serio, aunque luchaba ligeramente por recomponer sus ropas.
Pero Sesshomaru hizo un trabajo ideal ignorándole. No colocó sus ropas en su sitio, ni tampoco acarició su cabeza en recompensa. No. Hirohito le miraba con shock sólo por que era idiota. Él, Sesshomaru, jamás habría hecho semejantes actos.
También le ignoró cuando su madre llegó hasta ellos y comenzó a hablar, la mención de la necesidad de comida pese a la estupidez del hecho. La sala donde se les sirvió era grande para quienes eran, adaptada por si deseaban establecerse en sus verdaderas formas Quizá por ello, era extravagante y una rareza dentro del estilo tradicional.
Yaseiki aguardó primero a que se sentase él antes de elegir asiento, que debió ser confirmado por sí mismo para que dejase de moverse con incomodidad sobre él, después aguardó a que él tomara el primer bocado del enorme buey recien muerto situado frente a ellos antes de comenzar. La carne ya cortada, el cadáver constituía una obra de arte donde se percibía toda materia aprovechable.
Él primer gesto ignorado fue cuando Yaseiki tomó el corazón sin preguntar a nadie, el corazón, era la pieza más importante y dulce de cualquier animal, ¿Se atrevía a exigirla sin preguntar? Antes de que nadie dijera nada, el corazón chorreante de sangre sobre la mano algo morena fue tendido hacia él. Sesshomaru no hizo caso del brillo decidido sobre esos ojos y menos de la risa burbujeante de su madre a solo unas sillas.
―Vaya vaya...―Dijo ella.
No se suponía que un beta ofreciera el corazón a un alpha, todo lo contrario en realidad, y sin embargo... que era un símbolo de cortejo. ¿no?
Por eso, Sesshomaru dejó que colocara el órgano frente a él, antes de devolverlo lentamente frente a su dueño con ayuda de los palillos.
Yaseiki miró hacia él por un momento con confusión. "¿Me rechazas?" Parecía preguntar, hasta que sin necesidad de palabras la situación se entendió facilmente. Un regalo recíproco. Yaseiki frunció el ceño pensativo hasta que algo hizo click en su interior. Yaseiki desgarró el musculo con sus garras y tendió una mitad a Sesshomaru permaneciendo con la otra mitad.
Sesshomaru no lo tomó. Tampoco lo comió junto al de repente hanyou feliz al que por supuesto no miraba con atención absorviendo con la mirada la sangre caliente que escurría de sus labios. No.
―Curioso que digas no desear lo que pareces estar comiendo con los ojos.―Dijo su madre con voz cantarina.
Pero eso sólo fue porque ella siempre hacía comentarios pueriles. Él, no acababa de cumplir con la propuesta del casi demonio en ningún sentido. Mucho menos demostrando al comer el corazón, que estaría dispuesto a invertir las posiciones. Ni mucho menos. Él sólo le estaba ignorando muy eficazmente.
Después de aquello escapó hacia su lugar de trabajo seguido por un rebotante y particularmente hablador hanyou. Por supuesto, sus palabras entonadas en gruñidos dispares de su idioma nativo no eran de ningun interés para él.
Exceptuando el gruñido de reconocimiento que emitió en el momento de abrir la puerta para ser recibido por Harutora Choyin y Natsu, el youkai grulla de rasgos delicados habiendo captado la inesperada atención de la bestia tras él.
¿Encuentra a este youkai más aceptable que mí mismo?
Y de repente el gruñido constante del más joven se detuvo. No porque él le hubiera gruñido de vuelta con enfado ni nada...sólo...
―Oh.―Fue la única palabra que escapó de los presentes lo suficiente bajo para no ser ofensivo.―¿Suponemos que tenemos un invitado para esta reunión?
Sesshomaru miró al más anciano de las tres personas con cierto aburrimiento.
―Sólo ignórenle.―Ordenó mientras se dirigía a su asiento de siempre.
Obedientemente, Yaseiki ocupó su posición en una esquina mirándole con absoluta atención. Justo al lado de un pequeño mueble y casi completamente oculto de la vista agena aferrándose a sus rodillas.
Los generales cumplieron su proposito y no hubo ni una sola palabra o mirada escurridiza ante el temor de enfadar a su señor.
Aunque en realidad, Sesshomaru lo hubiera preferido. Necesitaba una excusa para poder volver a mirarle.
La conversación pronto comenzó de nuevo a discutir la temática de las fronteras que sólo terminó por dibujar cercos oscuros en torno a sus ojos de desear saber el tipo de sucesos que podrían haber traido a su hermano desde el norte hasta sus territorios. Poco después, la organización de un pequeño evento para la diversión de su madre sólo trajo un dolor de cabeza leve. Unas cuantas viejas mujeres que se encargarían de elevar el ego de esa mujer y hacerla intolerable por unos días. Para cuando comenzaron a tratar el tercer asunto del día, Sesshomaru había conseguido elevar su nivel de concentración y prestaba absoluta atención a las palabras de Harutora; unas palabras procedentes de finos labios rosados con pequeños colmillos sobresalientes...largas pestañas negras y pequeños zafiros como ojos.
―¿Mi señor?
La pregunta formulada le obligó a despertar ligeramente. Y se giró para ver hacia Harutora. Pero, ¿En que momento había cambiado el objeto de sus ojos? Estaba hablando con el youkai tigre y de repente, sus ojos habían cambiado de dirección...
―Está todo bien.―Contestó a su audiencia aunque una pequeña vocecilla empezara a rallar su mente con palabrejas sueltas e incomprensibles.
La reunión se mantuvo por un tiempo que no se preocupó de contar. Cuando acabó y quedó solo de nuevo, o medio solo, el auto-aislado personaje se acercó hacia él tentativamente y terminó por apoyar su pesó sobre su brazo izquierdo.
La escasa luz que entraba por la ventana comenzó a declinar con rápidez mientras se concentraba en su trabajo. Pronto sólo la penumbra inundó el cuadrilátero, suerte que su visión hacía el trabajo nocturno bastante sencillo.
En algún momento una disimulada mano se aventuró algo más allá de lo que hasta ahora había permitido en la exploración de su cuerpo. Se tensó inmediatamente cuando las manos frías comenzaron a dibujar sobre su ropa luchando y evitando su armadura. La mano que escribía deteniéndose inmediatamente cuando una cálida boca mordisqueó con suavidad sobre su oido provocativamente.
El olor del calor se hizo algo más fuerte desde el pequeño cuerpo esbelto. Y lo siguió casi a ritmo su propio mientras una segunta parte de si mismo comenzaba a crear presión contra la licensiosa mano que acariciaba sus lugares privados sin luchar contra la separación que la prenda de ropa originaba.
'Pareja...compañero...'
No.
―No.
Su mano agarró rápidamente la errante infractora y le miró con los ojos chispeantes en enfado.
El demonio permaneció tranquilo e impasible sin embargo, y cuando lentamente deshizo el agarre, él se volvió y se limitó a dejarse caer con pereza sobre la mesa. Un gran bostezo insonoro escapando de él y haciéndole abrir la boca hasta mostrar toda la fila de sus dientes.
Sesshomaru se limitó a seguir haciendo su trabajo, un intento de estar listo para el amanecer. Casi al borde de la madrugada, Sesshomaru aún seguía despierto, la firma de hermosa caligrafía inconfuncible pintando cada uno de lo documentos. Yaseiki sin embargo había caido en un sueño profundo, sus brazos temblando ligeramente por culpa de la caida de temperaturas.
Silenciosa y cuidadosamente, Sesshoamru soltó el pimcel y se levantó envolviendo al más joven entre sus brazos y echando a caminar. Atravesó el caminó hasta su dormitorio en constante silencio, ni una sola persona viva y despierta interrumpiendo su camino. Lo demás fue simple: Llegó, abrió, se tumbó junto a su carga en la cama, y durmió.
Horas mas tarde, el sol asomado por la ventana, Sesshomaru sintió ganas de clavarse las garras venenosas a si mismo.
Tenía que ignorarle, no todo lo contrario.
Ha sido solo falta de concentración.
Pensó con irritación, la situación sobrepasando quizá su comportamiento estoico. No sabía que tenía que hacer con esta criatura extraña, la adaptación un proceso extraño para alguien como él, quien siempre estaba preparado para todo sin importar qué.
No más errores a partir de aquí.
Pero empezó el segundo día, y tal cual llegó, acabó.
Yako tiene la culpa, él me esta obligando a..
Finalmente el tercer día, y mientras observaba en la oscuridad la silueta semidespierta y juguetona de la persona a su lado ,Inuyasha o Yaseiki, Sesshomaru se dió cuenta con horror, que Yako no estaba hablando en nada de esto. Y que él, Sesshomaru, no solo cuidaba a la persona frente a él, sino que se aseguraba de su presencia estuviese constantemente a su lado.
Si sigo así, olvidaré como el antiguo Inuyasha era y trataré de permanecer a esta visión analfabeta del mismo...Tengo que ponerme a trabajar, antes de que, como Rin, crezca tan acostumbrado a su compañía que no sea capaz de abandonarle.
Ese día terminó la tranquilidad y comenzo a investigar. Necesitaba regresar a Inuyasha de vuelta desesperadamente, y la primera guía esencial, un royo de pergamino viejo, constituían los pocos hallazgos que su padre había logrado reunir antes del nacimiento del niño.
Si hay algo sobre el hanyou, debería estar aquí.
Sin ninguno de sus generales a la vista, Sesshomaru sacó el par de pergaminos que había mantenido ocultos en su armadura y se sentó sobre su sala de trabajo dispuesto a leerlos. En el exterior llovía, y contrario a lo normal, Yaseiki ocupó una posición cercana a la ventana mirándole trabajar de soslayo sobre cada uno de sus gestos.
Los dos pergaminos, ahora pertenecientes a su propia colección, habían sido encontrados por Chojín un tiempo despues de la muerte de Naraku. Cómo la letra de su padre estaba impresa en ella, Sesshomaru jamás había llegado a leerlos.
―¿Cómo podía saber padre que él sufriría una transfprmación así?
¿Cómo podía saber que yo buscaría en ellos?
Su nombre, escrito en perfecta caligrafía dentro de los pergaminos. 'Sesshomaru', rezaba.
Un escalofrío recorrió su espalda, y simplemente cerró el contenido inservible. Si el fantasma de su padre iba a seguir torturándole de esta manera tal vez debería invocarle de todas formas para preguntar. Sería mas rápido.
Permaneció pensativo por algun tiempo incontable, la habitación llenandose de humedad y oscuridad. La llegada de tormenta... un relámpago cegó e iluminó la habitación. El trueno siguiente acompañandolo con rapidez...y un grito lastimero y sorprendido estallando en su oreja antes de que su brazo fuera comprimido con fuerza mortal.
Sesshomaru miró, molesto, y recibió con sorpresa y cierta satisfaccion la mirada aterrorizada del menor.
Miedo a las tormentas...es parte del instinto ¿Cierto?
Para él sin embargo, quien se había criado entre esas paredes insolubres no existía.
―¿Te acercas a mí para resguardarte del peligro? Tu sentido de la supervivencia es sin embargo nulo...
Pero una chispa de inteligencia se encenció en su mirada, y de repente parecía que la situación había dado un vuelco a su favor. La presencia de Yaseiki, aun pese a lo que él pensara no tan incómoda como satisfactoria, debía ser erradicada cuanto antes por esa misma razón "Antes de que Yako caiga seducido por la perra" Porque Yaseiki estaba tratando de tentarle constantemente a causa de su calor, sin insinuársele abiertamente como esas putas necesitabas, Sesshomaru encontraba el extraño coqueteo del macho casi como un arte. Fue entretenido, por que Yaseiki parecía saber exactamente lo que él deseaba ver en todo momento. Pero él no le daría más oportunidades.
Tal vez Yako no me permita encerrarte en una celda, pero puedo conseguir alejado de tí mientras busco la manera de regresarle.
Se levantó del tatami y guardó ambos rollos en el interior de su armadura para evitar su perdida en la lluvía. Yaseiki le miró con ojos grandes y atentos, cada uno de sus músculos temblando en nervios, cada nuevo trueno convirtiéndole en inmóvil y sobresaltada.
Veamos cuanto deseas estar junto a mí, pequeña perra ignorante.
Sesshomaru saltó del pasillo de madera hacia el enorme patio interior, resbaladizo y encharcado con la lluvia. Las nubes blancas y negras daban cierta luminosidad al ambiente, la lluvia era torrencial y fina, diseñada para empapar.
El viento enarboló su cabello brevemente, dos relámpagos iluminando la nube oscura y dividiéndo el cielo.
A Sesshomaru no le era desagradable, a Yaseiki estaba claro que sí.
Con una pequeña sonrisa engreida Sesshomaru caminó hasta el centro del lugar, y Yaseiki le siguió; resguardándose tanto como era posible en su espalda. Los dedos de sus pies chapotearon sobre los charcos con fuerza ante la falta de calzado. Cada paso parecía constituir una decisión de vida o muerte.
Un trueno resonó mucho más fuerte y el Inu-hanyou trató de abalanzarse de nuevo hacia la calidez protectora del cuerpo que velaba sus noches. Todo su cuerpo cayó sobre el agua sucia, Sesshomaru elevándose brevemente en el aire, fuera de su alcance, su estola sin embargo libre de ser alcanzada.
Yaseiki alzó los ojos sin mostrar ninguna expresión más allá del desconcierto, y se puso en pie extendiendo sus brazos hacia él.
Sesshomaru le miró escéptico. Si el menor no era lo suficiente valiente para seguirle, entonces no había nada sobre lo que reflexionar de esta criatura. Además le estaba dando una oportunidad.
Pero por desconocimiento o simple negación, Yaseiki simplemente siguio esperando. Los ojos muy abiertos. El siguiente trueno sonó y el hanyou saltó para tratar de atraparle, el mayor poniéndo distancia entre ellos.
Caido por segunda vez, Yaseiki le dió una mirada que lo dijo todo antes de que un nuevo relámpago avisara de la presencia del trueno y saliera corriendo hacia la seguridad de la madera.
Qué cruel eres.
Le dijo una vocecita por dentro, y no pudo negarlo cuando gravó la mirada de rechazo e indignación por parte de la perra en su memoria.
Finalmente no había cumplido con lo esperado. Finalmente tenía una escusa para alejarse.
Volando magestuosamente, Sesshlmaru tomó posición sobre el alfeizar de la gran torre principal, la energía electrizante de los rayos cercana a esas alturas. El cachorro no sería capaz de seguirle aquí. Miró hacia abajo. Acurfucado junto a un pilar, Yaseiki miraba fijamente hacia él.
Si no es capaz de seguirme no es para nosotros Yako.
Si no es capaz, podemos olvidarnos de la descendencia y traer de regreso a Inuyasha. Cuanto antes cumpla mi deuda, mejor.
Y desde entonces Sesshomaru se había instalado en las habitaciones de la torre del homenaje, cualquier tipo de reunión y asunto político cancelado por el momento.
Todos sus esfuerzos se centraron en la lectura de los papiros y reflexionar sobre la situación, poco a poco logrando que su mente recuperara las ideas, esquemas y opiniones con los que manejaba el mundo que le rodea. Y no solo recuperando, sino aclarándose de la confusión que la llegada de su hermano había instaurado en su instinto. Ahora que no estaba cerca de él todo regresaba a su cauce natural, una demostración más de que el hanyou no tenía ningún valor para él.
Tan estúpido de mi parte, permitir ceder a un comportamiento impropio con semejante ser...
Sólo los lastimeros aullidos que escapaban durante las noches llegaban a frustrar su completa paz de aislación, Yaseiki sin moverse desde la posición en que fuera dejado en ese día.
Su madre ascendió hasta las puertas de su habitación sin avisar, en torno a la semana, su rostro impasible ligeramente molesto.
―¿Cuánto tiempo vas a permanecer aquí mi hijo? No esperarás que las respuestas nazcan igual que el moho o lleguen desde el cielo. ¿Cierto?
Sesshomaru ignoró completamente su sarcastico comentario y siguió con la tarea que tenía justo delante de sí mismo.
La Dama de Occidente se sentó con gracilidad en el suelo.
―Sesshomaru. ¿Vas a dejar a Yaseiki en ese estado por cuanto tiempo? Su periodo de celo esta a punto de concluir. Un tanto rápida la perra cuando se refiere a la fertilidad pero...sigue esperando por tí.―Irasue inclinó la cabeza con delicadeza al ver el épico rostro de su hijo inmóvil. Pero ella sabía que la había escuchado.
Levantándose de nuevo, Irasue le dió la espalda a su hijo.
―En vista de que eres incapaz de cuidar de tu propia pareja, supongo que seré yo quien la cuide hasta que te rindas en esa estúpida tarea.
Sesshomaru la miró de soslayo, reconociendo la petición silenciosa y ligeramente desesperada por la creación de vida.
―Haz lo que creas conveniente.―Murmuró sin tono alguno, antes de reanudar su actividad.
Los aullidos se detuvieron desde entonces.
Hasta el día de hoy...
Un gruñido constante y necesitado llegó a sus oidos pese a la intensidad del viento.
Por primera vez desde que las tormentas asolaron el palacio, Yaseiki se había antepuesto al instinto y había llegado hasta él, el olor de su calor más intenso que nunca cómo faltaban apenas días para desaparecer.
Sesshomaru miró el horizonte oscuro por algunos minutos más, antes de darse la vuelta y enfrentar al recién llegado.
Yaseiki le hacia frente desde el suelo, su cuerpo apoyado sobre sus rodillas y gateante. Todo él temblaba con fuerza, sin embargo, cada vez avanzaba más hacia él, sus ojos brillando con decisión.
Era un lío inconexo de ropas de mujer y hombre, un ligero rastro de desagradable perfume tocando la curva por debajo de su olor y angustia dejada sobre su expresión algo delgada.
Sesshomaru comprendía que su madre había estado jugando lo suficiente con el niño.
Entre gruñidos, Yaseiki clamó por protección y ayuda, su tono respetuoso y fiero al mismo tiempo como el calor nublaba sus sentidos.
―Yaseiki...―Murmuró paladeándolo mientras él mismo acogía la presencia del niño acercándose a él.
Inmediatamente el hanyou se lanzó sobre sus brazos, cada retazo de piel en contacto con la suya ardiendo como un infierno propio y personal. Sesshomaru no devolvió el abrazo ni hizo ningún gesto, permitiéndole pender de su pecho como apoyo sustancial.
Hnnn completamente como un animal irracional.
Asintiendo para sí mismo cuando pasaron algunos minutos, Sesshomaru separó con delicadeza el fuerte agarre sobre su pecho. La emoción de felicidad brillaba en los orbes ámbar haciéndole tentarle a concederle el objeto de su deseo, pero eso ya no iba a suceder.
Su madre apareció tras ellos, sus mano ocultas tras su espalda.
―Salgo.―Murmuró Sesshomaru simplemente.
Irasue asintió con una pequeña mueca de disgusto, Yaseiki comenzó a lloriquear cuando de nuevo se alejaba de sí y volaba sobre un cielo en el que él no podía sostenerse. Irasue le ayudo a girarse y le abrazó contra su cuerpo de pequeña estatura para que ocultara su vergüenza.
Sesshomaru no volvió a mirar atrás.
Su armadura y sus espadas en los lugares adecuados, el Daiyoukai debía reconocer que odiaba pedir ayuda a terceras personas; sin embargo, las situaciones podían ser muy dispares, y en esta ocasión de carácter inevitable, buscaría al responsable de la espada selladora en primer lugar: Totosai.
Humo de grandes dimensiones se arrastraba sobre la superficie de la pequeña cueva, una voz vieja tosió con disgusto, entre la neblina apareciendo el cuerpo corvo, senil, y estrafalario de un viejo demonio.
―Ah...ya la volví a liar...si solo la juventud siguiera rondándome...
Arrastrando los pies por la superficie de la cueva mientras movía sus brazos en disipar el humo, Totosai salió poco a poco de su hogar con roncos garraspeos, llegando al exterior, volvió a toser con fuerza y un escupitajo cayó sobre el suelo.
―Ay, que eso es mucho mejor...―Alzando la vista, el demonio domestico que siempre le acompañaba se hayaba mirándole con grandes ojos similares. Totosai se rasco la cabeza por un momento.―Mmm, deja de mirarme así, yo no tengo la culpa de eso...
La paja que normalemente utilizaba para alimentar al gran animal se había incendiado por accidente, ahora sería imposible regresar al interior.
Bueno, tampoco es mucho lo que estaba haciendo de todas formas.
―La gente ya no quiere espadas con la frecuencia de antes... supongo que los grandes demonios ya no participan en tantas guerras...
¿Debería plantearme vender para los humanos?
Totosai se cruzó de brazos por algunos momentos pensativo, antes de suspirar pesadamente.
―Desde que esos dos perros inoportunos tocaron por ultima vez a mi puerta no ha aparecido ni un alma...¿Me pregunto lo que estarán haciendo ahora?
Mis preciosas espadas...de seguro ya ni siquiera tienen un uso para esos insensibles.
Repentina presencia demoniaca apareciendo en su radar de captación, Totosai abrió la boca y dejó escapar un pequeño grito de pánico.
¡Oh no, yo y mi gran boca!¡Tuve que invocarle a él!
¿En qué había estado pensando cuando había deseado saber sobre ellos? Era mucho más tranquilo cuando nadie estaba dispuesto a matarle.
El humo dejando ser de repente un impedimento, Totosai se lanzó al interior en un paso ligero y bamboleánte dado el carácter arqueado de sus piernas. Tosió repetidas veces y sus ojos picaron empezando a dejar caer algunas lágrimas, sin embargo, eso no le disuadió de llegar hasta el final de la cueva y tratar de ocultarse entre gruesas barras de hierro.
Umm, sí, que tal vez se canse y se marche...Ese niño engreido de los dos de ellos tenía que ser. Inu no Taisho, tu legado acabará con este pobre viejo.
Oculto entre el hierro y aguantando la respiración en sus pulmones, Totosai esperó a la llegada de la persona que aguardaba. La presencia demoniaca había quedado parada en la puerta por ahora.
El olfato de un perro es delicado.
Supuso desde la seguridad de sus pensamientos.
Hubo una larga pausa de silencio en la que se mantuvo inmóvil, hasta que el herrero no pudo evitarlo y alzó su rostro entre los restos metálicos.
¿Eh?¿Qué le ha sucedido?¿Ya se ha marchado?
Inmensos ojos aparecieron tras la negrura mate echando un vistazo con curiosidad, y de repente...
Totosai gritó mostrando sus dientes romos como una enorme ráfaga de energía atravesó la cueva por completo enviándole fuera de su escondite, la propia fuerza de la misma eliminando por completo cualquier rastro de humo y apagando las ramas. Tirado como fue sobre sus cuartos traseros y expectante, el viejo herrero observó con temor la placa impecable del hijo mayor de Inu no Taisho, con el cabello colocándose suavemente en su lugar tras la breve acometida. Frios ojos dorados clavándose repentinamente sobre él, Totosai tragó la bola de saliva recién formada con dificultad antes de sonreir torpemente.
―Sesshomaru...jeje, tiempo sin verte...―Murmuró el hombre mayor rascándose la nuca con nerviosismo.―¿Supongo que necesitas algo de este pobre viejo?
Sesshomaru frunció el ceño con repulsión ante la forma desmadejada y sucia del herrero. Por muy bueno en su oficio que fuere, no dejaba de ser un simple demonio. Pensar que él, Sesshomaru, realmente 'necesitaba' algo de él le hacía sentir patético.
―Este Sesshomaru tiene una pregunta, y vas a contestar rápido a mis demandas, no tengo tiempo.―Dispuso terminos claros, para que no existiesen rodeos ni lapsus mentales.
Totosai se incorporó ligeramente, sentándose en su posición habitual de piernas cruzadas mientras uno de sus dedos urgaba la suciedad de su oido.
―Ah, bien.
Maldito hijo del diablo, como si pudiera negarme.
―Dime entonces, te estoy escuchando.
Sesshomaru miró al hombre y analizó por completo su expresión en blanco, el único gesto fuera de contexto la mano errante que de repente había comenzado a rascar en el pecho.
Pestañeando una única vez antes de hablar, Sesshomaru casi se sentía inclinado a dejar las cosas tal como eran en la actualidad, pero era tarde.
―Necesito encontrar la forma de neutralizar el youkai de Inuyasha tal como Tessaiga podía hacer.―Sus palabras fueron firmes, pero seguían sonando de manera extraña en sus oidos.
Los ojos de Totosai crecieron abiertos al mismo tiempo que dejaba escapar un breve 'oh'
―¿Inuyasha a perdido el control otra vez? ¿Cómo es eso si porta a la Tessaiga?
Sesshomaru no contesto u se movió. No viendo la necesidad de dar ningún tipo de explicaciones.
Totosai, por otro lado, comenzó a pensar frustrantemente.
Ese estúpido muchacho logrará matarse a sí mismo algún día, aunque, no debe ser problema de la Tessaiga. Mi espada no posee fallos...mmm, seguramente, quizá...mmm
Casi siendo relevado en su ensoñación, Totosai apartó la mano que había acariciado su mentón y señaló a Sesshomaru con el rostro lleno de sorpresa y el interés de los viejos que se aburrían de sus vidas.
―¿Y por qué es que eres tú quien me está pidiendo esto?―Demandó por un momento olvidando la persona con la que hablaba.
Sesshomaru entrecerró los ojos sobre él con ira inmediata, y Totosai apartó su mano comenzando a sudar frío.
―Los motivos de este Sesshomaru no te incumben.―Contestó agriamente perdiendo la paciencia por momentos.
Totosai lanzó un resoplido por la nariz.
―Bueno, pero que realmente no termino de entender qué estás pidiéndo de mí. Y si no me das detalles sobre ello...
La pausa que hizo fue suficiente para que lo que el viejo trataba de decirle llegase a él.
Sesshomaru no estaba dispuesto a admitir nada más allá de lo estrictamente necesario.
―La Tessaiga se ha perdido, y que deseo la obtención de "algo" que posea la misma cualidad selladora. SI no lo posees, no me eres de ninguna utilidad, por tanto dime para que salga de este lugar.
―Mmm si ya veo...―Murmuró pensativo, hasta que de repente, su rostro volvió a dirigirse con sorpresa y horror hacia el demonio.―¡¿Perdido?!―Totosai se llevó las manos a la cabeza.―¡Oh no! Mi hermosa espada...¡Perdida por ese insensato de mal carácter!¡Pobre...!Después de tantos años encerrada y sin uso, ¡Acabará oxidada sin remedio! Ah...―Una ligera lágrima escurrió por la mejilla del anciano. Sesshomaru ni siquiera presto atención a la puesta en común de las emociones del hombre viejo.
Con el sentimiento de desazón que la noticia de la desapareción de su obra, Totosai ni siquiera le dió el rostro al señor youkai mientras comenzaba a hablar balbuceante en su pena.
―La Tessaiga no posee ninguna habilidad otorgada que permita sostener su bestia salvaje...―Hipó aguantando un sollozo. A continuación limpió la suciedad de la nariz en la manga de su traje deshilachado...―Se trata de una cuestión de habito y familia...
―¿Familia?―El demonio respondió con una pizca de burlón sarcasmo.
Pero Totosai no hizo caso del tono y tras asentr siguió hablando, casi recuperado de su ataque de pena.
―En otras palabras...―Volvió a sonarse la nariz, antes de alzar sus ojos al Taiyoukai.―...La voluntad de su padre era la de evitar esa transformación...y puesto que la espada ha sido creada a partir de su colmillo, esta a heredado esa cualidad específica...el sello de Tessaiga no es más que los restos de la energía de tu padre, Sesshomaru, tirándo de regreso la consciencia de tu herm...de Inuyasha.―Logró corregirse en última instancia.
Levantándose torpemente de su hasta ahora posición en el suelo, el herrero enfrentó a Sesshomaru a la cara.―Otra opción posible es mediante la señorita Kagome, ella debe de conservar el hechizo sobre el rosario de su cuello...de hecho, me resulta extraño que seas tú y no ella quienes esteis aquí.
Sesshomaru frunció el ceño ligeramente, su mente celebrando el recuerdo de la mujer humana.
―La miko a pasado.―Informó sin emoción en su voz.
Totosai abrió mucho los ojos.
―Oh...eso es triste de escuchar, ahora, que tiene sentido para Inuyasha ser consumido por su youkai, el dolor debe de haber sido demasiado grande para que lo soportara...es realmente una pena, aunque supongo que era inevitable dada su condición humana...
―Deja de divagar, Totosai...―Murmuró su nombre con molestia, no queriendo escuchar más sobre dicha muerte.― Supongo que todo ello significa que eres completamente inservible a mi causa. Hn, no volverás a verme herrero.―Con eso dicho, Sesshomaru se encaminó hacia el exterior de la cueva, un poco frustrado de haber cedido a pedir ayuda y no recibir nada por su esfuerzo.
―¡Espera Sesshomaru!
La voz del herrero corriendo detrás de él le detuvo, pero apenas giró su rostro para verle.
―Será mejor que lo que tengas que decir sea importante. Este Sesshomaru no puede perder más tiempo aquí.―Informó de manera casual, pero con una amenaza por debajo de la calma.
Totosai asintió y se cruzó de brazos con su martillo entre ellos.
―Tal vez no necesites nada de mí. Tal vez ya lo tengas.―Murmuró con su voz vieja y garrasposa.
Sesshomaru le miró largamente, cuando pestañeó, Totosai se dió cuenta con nerviosismo que estaba acabando con la poca paciencia que tenía.
Valla que un perro con genio...
Totosai carraspeó.
―La Tenseiga que portas fue hecha también a partir del colmillo de su padre eh...―Dudó un momento, sabiendo que traía de regreso un tema delicado.―...como recordarás, en realidad ambas espadas fueron una por algún tiempo, así que...eh, se presupone que debería tener el mismo efecto sobre la sangre mezclada de Inuyasha.
Sesshomaru, ahora viendo la lógica tras las palabras, se dignó a enfrentar al anciano.
―Inuyasha ha estado entorno a este Sesshomaru por algún tiempo, y sin embargo, nada a sucedido.
Totosai frunció el ceño.
―¿Peleaste contra Inuyasha en su estado demonio por mucho tiempo? Eso solo agravará la situación.
Sesshomaru estuvo tentado de rodar los ojos, pero se abstuvo.
―No ha habido batalla reciente entre nosotros. Ahora bien, ¿Por qué la Tensaiga no funciona?―En su voz dejó claro el tema zanjado, pero el herrero le miró de soslayo con extrañeza y curiosidad.
Mmm...que es extraño, ¿Cómo podría estar Inuyasha en su estado de demonio y no pelear? Se supone que la bestia pediría sangre, no es como si fuera lo suficiente racional para entender a su hermano como uno más fuerte...
Moviendo la cabeza de sus pensamientos, el anciano se centro en la pregunta. Se rascó la cabeza sin pelo y miró hacia el cielo nublado.
―Seguramente...la espada no debió entenderlo como su función o...necesidad...mmm. Tal vez necesita un contacto directo para reconocer la sangre de Inuyasha...o tal vez la intención de Inu no Taisho se ha diluido al estar en tus manos por tanto tiempo.
Sesshomaru reflexionó sobre ello y se acogió a la segunda idea, consciente de que había sido Tensaiga la que había traido el alma de su hermano de vuelta y por tanto probado su sangre.
―...En ese caso, que se remontaría a tu voluntad.―Sesshomaru retomó el focó en la conversación, y asintió ligeramente.
―Cómo puedo transmitir esta voluntad.―Exigió saber, cansado de esperar ahora que había encontrado el hilo correcto a seguir.
Totosai detuvo todos sus movimientos a la vez, y ladeo ligeramente la cabeza, como si la respuesta fuera evidente a sus ojos. El gesto le molestó bastante.
―Bueno, la espada obedece a tu voluntad, comunicate con ella y hazle saber tu objetivo...esas cuestiones quedan fuera de mi alcance desde que has tomado pleno control de ella y has comprendido la esencia de la misma.
Sesshomaru cerró los ojos por un breve instante, antes de asentir y dar media vuelta una vez más, por una vez, con algo de prisa verdadera amenzando con mostrarse fuera de él.
―Este Sesshomaru hará caso de tu consejo.―Fueron sus últimas palabras, servidas como despedida, antes de despegar una vez más por el cielo.
Totosai soltó un largo suspiro de alivio al verle partir.
―Me pregunto, lo que estará pasando con esos dos...
La vaca youkai, guarecida desde la llegada del Daiyoukai salió de su escondito y emitió un ligero mujido en respuesta a las palabras de su amo.
Totosai la miró fijamente.
―Tal vez deberíamos hechar un vistazo a aquel pueblo y ver que tal van, ¿cierto?
Con esa idea en la cabeza, Totosai se dirigió al interior de la caverna, a preparar un presente para la difunta antes de partir.
Sesshomaru avanzó con bastante buen ritmo en su forma más comprimida hacia el palacio. Ahora que sabía la manera de afrontar el problema, sentía determinación corroer su mente por acabar con el mismo de una vez por todas. Tener a Inuyasha, el verdadero, de regreso al mundo de los conscientes constituiria un gran paso en el pago de su deuda. Sesshomaru tenía intenciones de ser breve.
Quizá, el único problema restante se basaba en algo fundamental. Él y Tensaiga nunca habían sido muy habladores; cuanto menos, propensos a escuchar. ¿Sería capaz de cumplir con lo que pretendia sólo ante la fuerza de sus pensamientos? Algo le decía que iba a ser algo más complicado de hacer, teniendo en cuenta que una parte de sí mismo gustaba (con todo su dolor) de la existencia de Yaseiki.
Aún así, no perdía nada por intentarlo. Si no funcionaba, buscaria y obligaría a alguna sacerdotisa a poner algún conjuro sobre Inuyasha y acabar de una vez por todas.
La continuidad de esta situación es impensable.
Dictaminó con dureza sabiendo de las consecuencias de permanecer por más tiempo estancado.
Con estos pensamientos, y aún dudoso sobre la funcionalidad de dicho experimento, Sesshomaru llegó a las puertas del palació e inicio su ascenso por las escaleras.
Todo su mundo se detuvo, sin embargo, al llegar al final de las mismas al ver la truculenta escena dibujada ante él, con horror.
―Ah, Sesshomaru, ¿Ya has regresado? ¿Supongo que todo está bien?
La sonrisa afable de su madre, junto al tono condescendiente, no desvió la atención de Sesshomaru de la imagen que ahora se clavaba sobre su retina.
Parlanchinas mujeres rodeaban a su hermano, tres mujeres de apariencia joven, pero en edad adulta, tocando y mirando en curiosidad sin pudor sobre el hanyou, atado por el cuello con un collar de rubies y oro y una correa en cadena que era sostenido con dureza por las manos de su madre. El privilegio del asiento negado, yacía semiacostado sobre el suelo, a los pies de su madre como un animal vulgar, luchando con torpeza contra las ávidas manos que por algún motivo pretendian eliminar las prendas femeninas blancas de adornos morados colocadas sobre él en lugar de las de un hombre sin resultado, pues a cada intento el collar tiraba de su cuello, y su lengua salia de la boca sin respiración simbolizando la asfixia.
Los ojos azules luchando por enfocar, pasearon con insistencia tratando de evadir la visión de las mujeres mayores, ataviadas en ricas prendas de seda y con youkis considerables en poder, hasta dar con él. Yaseiki le miró intensamente y dibujó un gemido ahogado.
No hizo falta nada más.
Irasue abrió los ojos con sorpresa y se encogió ligeramente cuando el youki de su hijo se liberó completamente de su restricción. Sus compañeras de juegos, damas importantes de la región que habían acompañado sus tardes en más de una ocasión, abandonaron al hanyou y se tensaron de inmediato ante la inmensa ola de poder mientras los ojos dorados de Sesshomaru brillaban relampagueantes, aunque en el oro, terroríficos. Su gruñido reverberó con fuerza de su garganta mientras el viento se arremolinaba sobre él.
Ser sometido...¡hasta estar encerrado en esta patetica criatura!
Tenseiga fue desenfundada con un movimiento rápido, la espada latiendo casi al ritmo de las pulsaciones de su amo en respuesta al torrente de emociones lavando sobre ella. Cómo sus piernas abanzaron con pasos decididos, las mujeres se alejaron del lugar, incluida su propia madre, que eliminó el collar lentamente del cuello de su recien adquirido juguete.
Libre de su cárcel, Yaseiki abanzó en pie agotado hacia su señor, gimiendo bajo en la sumisión ante la ira de este poderoso Youkai.
Se encontraron a mitad de caminó...
Cuándo subió la torre, había logrado escaparse. Mi madre a mantenido este trato degradante desde entonces y el buscaba una ayuda que yo rechacé...
Sesshomaru acogió la figura derrotada del hanyou en sus brazos, quien se dejó caer consumido por las luchas constantes completamente drenado.
―Es hora de poner fin a esto.
Y con ello, Tensaiga atravesó el pecho del hanyou sin compasión.
Todo se detuvo por unos minutos, Yaseiki mirando con ojos enormes hacia el demonio que le sostenía, que se supone debía cuidarle para empezar a revertir poco a poco hacia el oro.
Tras un jadeo inicial, el silencio se rompió con un extruendoso alarido del medio demonio, quien gritó con fuerza extruendosa, un dolor superior al que nadie hubiera podido comparar jamás, mientras luchaba por escapar, convulsionándose y tratando de golpear con sus garras a su actual enemigo como el deseo de sangre y el peligro subían por él; de la espada que le obligaba abajo a las profundidades en las que llevaba tanto tiempo encerrado.
Sesshomaru se mantuvo firme sin embargo, su determinación llevándole a observar todo el espectáculo y no apartar la vista de los ojos espejos del cambio. El dorado finalmente derrotando al rojo, el grito se casco y tos escapó del hanyou. Sesshomaru observó atentamente mientras observaba con satisfacción y un nudo calido sobre su estómago la racionalidad llegándo a ellos, el hermoso color ámbar reconociéndo el mundo como algo más que sensaciones e instintos. Sesshomaru dejó de sostener a Inuyasha en cuanto se dió cuenta de que nada más iba a suceder y lo planto sobre sus pies algo tambaleante. Guardó la Tenseiga en su funda y miró a su hermano, Inuyasha, con una especie de perpetue expresión de shock sobre su rostro. Toda una oleada de sentimientos emanaron de su olor, sin embargo, Sesshomaru no pudo evitar sentir todo su ego descender al solo interpretar confusión, perdida...pánico,, dolor, miedo...
Cerrando sus sentidos al estado totalmente roto y la expresión perpetua de terror abyecto sobre el rostro de su hermano, Sesshomaru sintió la culpabilidad aplastándole al saber que Inuyasha estaba a un paso de comenzar a gritar y sumirse en la locura. Esto no es lo que había querido; ni lo que esperaba.
"¿Y su mente?¿Y su corazón y su alma? ¿Será Tenseiga también arreglarlos?"
Sesshomaru se acercó lentamente a Inuyasha y agarró firmemente una de sus manos, el hanyou dejó escapar el aliento ante el gesto suave y miró a la persona frente a el casi sin reconocerla.
―Vamos, Inuyasha.
Y con esas palabras, y una mirada de ira hacia su madre, Sesshomaru se dió la vuelta guiando a Inuyasha con su mano, y comenzó a caminar.
Ahhh! Al fin! Bueno, la cosa se me viene difícil con las actualizaciones para las proximas semanas. Aun así veremos si saco algo o no, en todo caso, mantendre las novedades en mi perfil, no lo olviden ;)
Próximo capítulo: Desconocido. Puede que incluso un mes aunque... bue, antes de navidad al menos fijo XD
