Bueno, supongo que os debo una gran disculpa. Lamento mucho que haya transcurrido tanto tiempo desde mi última actualización, simplemente, la vida en ocasiones puede llegar a ser una perra malvada peor que Irasue-sama. Si todavía hay por ahí alguien que tuviese fé en ver la continuación, aquí la tienen, aunque no me siento particularmente orgullosa, ha sido un capítulo difícil de escribir y que de hecho he reescrito como cuatro veces porque no me convencía. En fin, el resultado es este, a modo de consuelo, un poco más largo de lo habitual...y a modo de esperanza, ¡Ey! Al fin vacaciones, así que...¡Actualizaciones más seguidas! La mitad del cap 19 ya está escrita, así que este será publicado en algun día a lo largo de esta semana! ;) En fin, no les entretengo más, ¡Disfruten de la lectura!

Agradecimientos a: Shandy-Shan,

SangoaomeO(Creo que te deje con la intriga por demasiado tiempo , me alegro de que disfrutes con la intervención de Sesshomaru, ojalá que pueda mantener el ritmo con este personaje. PD: Desde que leí esa imagen mental tuya...ahora la tengo yo también XD),

Marshmallow (Bienvenido a mi fic Marsh! Bueno aquí conti, se enfría un poco gommen, pero en el siguiente regresa lo bueno XD)

Guest1(Tu comentario del Tsundere me mantuvo riendome por un largo rato, no te preocupes en cuanto a la evolución, procuro mantenerla poco a poco ya que odio bastante el Ooc, de hecho, si alguna vez lo percives en este fic, por favor hazmelo saber)

Guest 2(Ay la química...mundial enemigo...sobre todo cuando se trata de demonios, ese es el truco XD)

Guest 3(Jajajaja gusto de traumar a la gente...lo sé soy perversa. Creo que tienes una visión de águila, asi que...ya sabes lo que significa ;)

Yuric09 (Gracias por comentar, sé que he tardado un tiempo, pero a partir de ahora prometo retomarlo...al menos hasta que venga la proxima temporada de mala vida u.u)

k, bittersweet, Yoseff, Kind Yuuki, Frozen-Winter-Heart, alei91 y Shandy-shan.

Disclaimer: El sensualón de Inuyasha y el resto de fantásticos personajes no me pertenecen (aunque no me importaria darles un hogar XD )Todos ellos son propiedad exclusiva de la genial Rumiko Takahashi. El resto de personajes son de mi propia autoría y están reservados bajo derechos de copyright al igual que la historia en sí.

Advertencia: Yaoi, Angst, Violación, Mpreg, Horror(?), Muerte de personajes.

Rated M

Dialogos(―) Pensamientos Inuyasha (hhhhh) Pensamientos Inuyasha niño y Yako ('hhhhh') Recuerdos("")

Capítulo 18:

Inadmisible, eres tú…no, tú no eres como eso.

Sesshomaru siguió caminando a un ritmo rápido, bajando los escalones tal como los había subido; quizá, con un paso sorprendentemente ansioso. Sin importarle nada, arrastró al hanyou sin queja tras él, apenas consciente de su presencia.

El espectáculo había revuelto sus tripas de manera desagradable, el siempre se había caracterizado por ser cruel y despiadado. Pero sabía distinguir entre lo honorable y lo contrario.

Pensar que el realmente pertenecía dentro de tal sociedad frígida, a ese mismo grupo de personas estúpidas y malintencionadas, le ensombrecía la mirada con ira verdadera.

¿Realmente he sido de esa manera? ¿Tan estúpido y engreido?

Hizo una pausa mental antes de retomar la linea de sus pensamientos. Claro que lo había sido, claro que sí. Había sido creado en ese ámbito. Exáctamente igual que todos, exáctamente igual que ellos. Uno más, no diferente excepto un apellido y otro cuerpo. Uno más...¿Qué había cambiado? ¿Por qué algo que debería ser natural ya no lo era ante sus ojos de tan radical manera? No era la primera vez que su madre tenía un juguete. Él mismo, los había tenido. ¿Por qué de repente sin embargo todo parecía tan extremadamente repulsivo?

Sesshomaru no tenía una respuesta. No la tenía para demasiadas de esas preguntas y la situación estaba cavando profunda dentro de él. Se sentía ansioso y nervioso, inseguro. No era la combinación de elementos que deberían esperarse de él.

Todo esto es porque yo he cambiado. He pasado demasiado tiempo entre los mortales y mis ojos no me dejan ver la grandeza de mi pueblo.

Grandeza...no había tal pese a sus fútiles intentos. Pero el hecho más relevante era solo uno. Había cambiado y eso le llevaba a una sola pregunta: ¿Quién era él en este momento? ¿Qué deseaba hacer?¿Qué debería pensar?

Hasta ahora, siempre había sido la primera página del libro, con un título que vaticinaba el futuro y hermosas iniciales para preceder un párrafo cuidadosamente escrito por la caligrafía de aquellos a quienes llamaba padres. Pero en la actualidad, ese libro había decidido girar la página, y sin olvidar lo ya escrito, una nueva hoja en blanco se presentaba ante él, vacía, para ser absolutamente completada de aquello que el desease. Sin darse cuenta, la responsabilidad de escribir sobre dicha hoja era absolutamente suya. Había pasado el tiempo sin que se percatara de ella y decididamente era el momento de comenzar. Pero...¿Cómo escribes un nuevo capitulo de tu vida por tí mismo cuando nadie te enseñó a escribir?

La velocidad aumentando sin darse cuenta de ello, Sesshomaru saltó por encima de la puerta de ese lugar que había sido obligado a llamar hogar preparado para sacar sus frustraciones y hechar a volar.

¿Acaso estás huyendo?

Apretando los dientes con molestia hacia sí mismo, Sesshomaru tomó impulso levantando un fino rodaje de aire. El peso inesperado pendiendo de su brazo desestabilizó su balance y detuvo su salto.

Miró hacia atrás para eliminar la molestia pero...Inuyasha estaba arrodillado en el suelo agarrando con ambas manos la garra pálida. Sus ojos no cruzaban con los de su hermano.

El precipitado ritmo de sus pensamientos se detuvo abruptamente, una silvido de calma atravesando su excitado cerebro mientras retomaba la actualidad, la existencia de su cuerpo y su entorno.

Sesshomaru enfocó su mirada sobre el cuerpo maltrecho a su lado y la apartó con lentitud para volver a dirigirla hacia delante, negandose a ver el deplorable estado de su responsabilidad. Su mente limpiandose inmediatamente de cualquier ritmo de pensamiento.

Tiró suavemente de él para ponerlo en pie, y solo cuando notó que el cuerpo se sostenía sobre ambos pies, enroscó su mano sobre su brazo agarrándole con firmeza.

―Sostente.

La imagen y aura de su hermano ahora despierto eran inquietantes y su espina dorsal respondía enviando señales por todo su cuerpo. No hubo gesto alguno, y Sesshomaru temió que realmente el demonio siguiera estando en su lugar.

―Inuyasha, agarrate.―Acompañó sus palabras con un ligero apretón sobre la carne joven. Su estola avanzó hasta enredarse con lentitud sobre la cintura sin aplicar ninguna presión.

Pasaron dos minutos, cinco. Ninguno de los dos hizo ningún movimiento.

Finalmente, los dedos finos se encresparon al brazo que ya le sostenía.

―Hai.―El susurro sombrio fue apenas inaudible.

Sesshomaru cerró los ojos registrando todo extraño comportamiento antes de volver a abrirlos. Allí, sobre un monolito de piedra vacía y fría, nadie podría recuperar o ganar un corazón.

Los pies de Sesshomaru se elevaron ligeramente para emprender el vuelo. Cuando la gravedad hizo su efecto, su estola se aseguró de sostener el cuerpo más joven como medida de seguridad sabiendo que era débil e inestable. Avanzó hacia las nubes que se cernían sobre sus ojos a ritmo lento. Sobre sus oidos, sólo llegaba el monótono sonido del choque de masas.

El sol comenzando a decaer hacia un temprano atardecer ante la reducción de la duración del día y el alargamiento de la noche, fue un viaje corto en el que finalmente Sesshomaru descendió hasta posar a ambos sobre el suelo del bosque al nordeste, cerca del río Yasu a sólo unos kilómetros más allá.

Su mente parecía vacía, incapaz de sostener una linea básica de actuación sabiendo quién estaba detrás de él.

Inuyasha se tambaleó de su posición al suelo y cayó de rodillas. Empezó a tratar de resistirse por ponerse en pie. Nada.

Sesshomaru observó sus tristes intentos, pero no le ayudo. No sentía seguridad en acercarse a él, si lo hacía tal vez corriera asustado de él y jamás podría volver a encontrarle...o esa era su sensación. Los intentos se agotaron con rapidez, e Inuyasha permaneció sentado sobre el suelo con sus manos sobre el regazo, jugueteando sus dedos entre sí. Sesshomaru observó por unos momentos antes de volver a hablar.

―Inuyasha.

Las manos se detuvieron, la respiración tembló.

¿Por qué no habla? ¿Por qué no se altera?¿Por que no se levanta?

―Inuyasha.

Un ligero gruñido fue lo único que retumbó. El escalofrío que provocó por todo su cuerpo le recorrió desde el pecho hasta la punta de los pies. Era Inuyasha, ¿no? No era...era Inuyasha...¿si?

Sesshomaru se halló frente a el en un segundo, le alzó la barbilla y observó el rostro frente a él en busca de cualquier irregularidad. Podía sentir su corazón a toda velocidad; y volver a ralentizarse.

No ojos rojos. Había funcionado. Ojos dorados pero...

―Inuyasha, Contéstame.

No lo hubo. Los ojos permanecían desenfocados, nada que afirmara que ese ser seguía con vida o permanecía frente a él.

No puede ser que sigas así, no puede ser que mis intentos hayan muerto en vano. Su corazón sufría de alguna enfermedad estraña, pues saber que la mente de Inuyasha había sido tan profundamente dañada le hacía sentir inestable.

Y le abofeteó inesperadamente.

El sonido rompió la quietud de la naturaleza y levantó la mirada de los pequeños espectadores que observaban desde los nidos de los árboles...

La mano infractora se flexionó hasta formar un puño apretado y la mandibula se cerró con un chasquido.

Estoy perdiendo el control...

No había tenido intención de golpearlo. No estaba previsto. Sin embargo surgió, incapaz de mirar a los ojos de alguien que en vida parece muerto.

La sensación horrible que le había provocado desaparecía poco a poco.

De nuevo, entre susurros, una única palabra.

―Hai.

De nuevo, frente a sí mismo, la nada, y Sesshomaru desvió los ojos de este extraño ser al que no podía reconocer.

Tal vez necesita tiempo...para regresar.

Sesshomaru le dió la espalda.

―Ponte en pie Inuyasha. Nos vamos.

No dió ninguna otra indicación, pero aguardó hasta que las piernas débiles que se dejaban ver desde el kimono deslucido lograron encontrar su centro y permitirle elevarse y caminar. Inuyasha obedeció. Y ambos comenzaron una triste marcha en medio de los árboles mientras el día hacía quiebre hacia la noche.

¿Dónde estoy? ¿Qué estoy haciendo?

Pese a que su cuerpo respondía, él no había dado esas ordenes.

El ¿Quién?

Su cabeza era un teatro de figuras, una película incompleta, escenas de una cámara difusa y estropeada que era su memoria. Su cerebro a penas registraba la imagen frente a él, su hermano, avanzando y dejándole atrás. Como siempre...

¿Cuántas veces en mi vida le he visto darme la espalda?

Y aún así, él seguía persiguiéndole, quería alcanzarle, caminar a su lado...pero siempre que lograba subir un par de escalones, él ya había recorrido cuatro.

Tan inalcanzable como un sueño...

Un sueño...su cabeza estaba llena de ellos, como este que estaba viendo ahora lleno de verdes bosques. A veces soñaba con su madrastra, esa mujer extraña...y otras su cuerpo se calentaba indescriptiblemente y recordaba el movimiento y el placer...era agradable, a veces estaba debajo siendo empujado a la miseria, otras era él quien empujaba sobre el cuerpo flexible de su esposa...entonces volvía a ver el bosque, en distintas tonalidades, después soñaba con sus hijos, Izayoi y Souta. Souta era un buen hermano mayor, y ayudaba a su hermana, un pequeño bebe completamente humano y tan parecido a su esposa, a caminar. También soñaba con la noche, ver el cielo estrellado, y a su derecha Kagome le sostenía su mano cariñosamente, a su izquierda, había una mano pálida y elegante sosteniendo su contraria con firmeza. Esa mano pálida también aparecía en su visión de un reino de nubes blancas, y otras veces se deslizaba por su cuerpo traicionera reflejando la luz anaranjada del fuego mientras hacía su cuerpo estremecer.

Pero esos son sólo sueños, porque mi mundo real no es aquí.

Su mundo real era un espacio vacío y oscuro dentro de la nada, donde solo él podía existir. En esos sueños bonitos sólo existían demonios y seres humanos, él no era ninguno de ambos.

No... yo he vivido aquí desde que nací, y todo lo demás lo soñé.

De nuevo bosque, de nuevo una aldea, de nuevo una mujer hermosa dentro del bosque de flores índigo a la que llamar madre, de nuevo bosque y su hermano alejándose de él.

Todo giraba, los cambios siendo sutiles en su memoria.

'¿De verdad crees eso? ¿Crees que puedes evadirte de la realidad? Qué estúpido, no voy a permitírtelo...'

Despertó en otro sueño, uno en el que su cuerpo se hallaba sellado al árbol por una flecha. Era la primera vez que escuchaba esa voz.

Frente a él apareció una persona que conocía, un niño, cabello blanco y pequeñas orejas sobre su cabeza...aunque ojos rojos y un aura flotante a su alrededor del mismo color.

'Hola hanyou, ¿Qué sucede?¿Vas a dejarme a mí al cargo? Creía que habías nacido para ser un luchador...'

Inuyasha miró con confusión a esta versión pequeña de sí mismo. Conocía a este niño, pero...no lo recordaba con esa mirada de suficiencia...

¿Quién eres?

El otro sonrió maliciosamente, una imagen inquietante dentro del pequeño cuerpo, y alzó su barbilla y su pecho con orgullo.

'Yo soy Yaseiki, tu demonio.'

¿Mi demonio?

'Pfff sí, ese demonio sin voz ni voto a quien has mantenido encerrado y en silencio, sin forma, sin ver...'

Pero yo puedo verte...

'Sí...eso es porque tanto yo como tu infante tenemos algo en común. Por eso el me ha prestado su cuerpo y yo le preste mi consciencia. Nosotros; somos Yaseiki. Él desea a Sesshomaru...y yo deseo a Yako...'

¿Yako?

'Eso no importa, lo que importa es que aceptes nuestros deseos...al fin y al cabo son los tuyos.'

Pero yo estoy muerto ahora, no importa si tomais mi cuerpo...podeis hacer lo que querais. Yo no quiero engañarme con esos falsos sueños nunca más.

Yaseiki se acercó a él con rabia.

'Eso no puede ser, estupido hanyou, porque él te quiere a tí.'

Inuyasha abrió los ojos enormemente.

¿A mí?

'Sí, al parecer prefiere al sucio e ignorante hanyou que eres.'

¿Por eso estas enfadado?

El demonio dejo escapar una sonrisa linda, sus ojos azules brillando con calidez antes de mirarle burlón.

'No estoy enfadado, porque al contrario que tú...yo aún recuerdo que somos la misma persona.'

...Pero no puedo hacer nada. Este mundo es donde pertenezco desde siempre.

El demonio frunció el ceño.

'Esta no es, es otra, aunque menos agradable... ¿Quizas deba recordártela?'

El tono de voz era repentinamente maligno e Inuyasha se estremeció. El sueño cambio hacia la escena de la sangre, cuando todo comenzara allí atrás. Inuyasha jadeó en la pesadilla.

No esto no ha sucedido...Murmuró con incredulidad.

'Claro que sí ¡y hay más!'

La escena cambió...por sin vida ojos castaños.

¡No!

Inuyasha trató de huir, de escapar lejos de ahí, salir de este sueño...pero Yaseiki le había atrapado, y de repente podía verlo todo, revivía todo...una vez más.

La muerte, el dolor, el rechazo, la soledad, la humillación...

¡No!¡Basta!¡Ese no soy yo!

Pero su demonio se limitó a reir, mientras Inuyasha se veía obligado a observar, como un espectador, como era sometido por el demonio de cabello rojo. Se sonrojó y ahogó martirizado al ver la expresión de si mismo en aquella sucia cárcel, el placer y la felicidad inconsciente reflejado en su rostro con una hermosa sonrisa y la lengua sedosa colgando de sus labios..

¡No!¡No! ¡basta! ¡Eso no es verdad!¡Es una pesadilla!

Pero el sueño continuo y continuo...

Inuyasha apareció mirando hacia el bosque, su cuerpo cansado de recordar, la figura de su hermano ahora tomaba un tinte amargo. Quería llorar.

Sería mejor si solamente hubiera muerto...

En algún lugar de su cabeza, Yaseiki bufó...

'Cómo dramático...'

Cuándo la luna reapareció la tercera vez sobre el cielo, Sesshomaru se detuvo y miró hacia atrás.

Inuyasha imitó su pausa.

La situación aplastaba ligeramente su habitual nube de comodidad, esa burbuja que rodeaba su mundo y que sólo la muerte de una pequeña humana había reventado alguna vez. Todo amenazaba con estallar y hacerse añicos.

Es sólo Inuyasha. Él está siendo estúpido e irracional. Él terminará saliendo de sí mismo. Lo hará.

La comida había sido abandonada por el hanyou cabizbajo en cada ocasión que se le había otorgado. No habían dormido, ninguno de los dos. Tampoco habían hablado.

Él esta a punto de hablar. Sí.

Había pensado cada minuto de cada día. No entendía porque su cabeza insistía tanto cuando parecía tener seguridad sobre ello. Quizá se debía a que no sabía el momento en que lo haría y eso le frustraba.

No quiero tenerlo por más tiempo aquí.

Sólo deseaba dejar de lado esta responsabilidad a la que nunca había prestado atención. Ni siquiera cuando realmente era necesario en la vida del niño. Sesshomaru odiaba haber prometido a esa humana algo como eso, sobre todo, sabiendo que la mirada de ojos castaños había cautivado su compasión.

Pero ya es suficiente...

Decidió. Su hermano había tenido tiempo bastante de estar en silencio. Simplemente no podía soportar cargar con semejante sombra por mucho más, la desgracia que emanaba era intolerable.

―Ya basta.―Sentenció con cierta dureza mientras le miraba fríamente. El paisaje había cambiado una vez más, abierto a la gran corriente de agua que se cernía a un lado. Todo cambiaba, todo, menos la persona cuyo cambio esperaba con demasiada impaciencia.―¿Hasta cuando piensas seguir arrastrándote en la autocompasión? Una criatura que no es capaz de alzar el rostro no merece la vida que le he dado.―Su tono era demandante, las palabras pronunciadas con dureza y hastío.

Inuyasha guardó silencio y se detuvo. Sus ojos vetados por el flequillo irregular que contrastaba con el corte perfecto de su cabello. La figura en las ropas de mujer se recortaba contra la sombra de los altos árboles.

―No has preguntado ni reclamado. Dime Inuyasha. ¿Esto es lo que tienes pensado ser? ¿Un muñeco sin vida que me sigue donde quiera que sea? ¿Vas a dejar que haga con tu vida lo que quiera?

Su deseo de sonsacar una reacción apenas cobraba sentido en un ligero movimiento de los labios, uno que sólo cerraba las respuestas más fuertemente.

―Inuyasha...―Murmuró con tono amenazador, cansado de pronunciar ese maldito nombre tan obligadamente seguido.

Fue tan sólo un susurro, uno quizá más débil que las escasas palabras que había pronunciado hasta ahora, pero habló, pese a que hubiera preferido escuchar otro tipo diferente de discurso.

―Deberías haberme dejado morir...

Sesshomaru sintió la ira levantarse por su cuerpo, sin embargo controló la mano que amenzaba con golpear en el rostro estúpido tan fuerte como su fuerza le permitiera. En su lugar, altivez molesta escapó de su postura, alzando la barbilla algunos milímetros por encima de su postura relajada.

―Fuiste tú quien eligió vivir.―Respondió con ácido en su voz. Él, no era responsable de estar atado de esta manera estúpida. Si por él fuera, estrujaría ese corazón de sangre lenta entre sus dedos hasta estallarlo y acabar con su vida, esta vez de manera definitiva.―Deberías haber mirado bien las opciones.

De entre el cabello irregular, pequeños haces dorados enfocaron en su dirección semiocultos por mechones de plata. Era la primera muestra de que seguía siendo un ser con consciencia propia.

―Yo no necesitaba esa opción.―Murmuró. Su voz sonaba débil y rasposa.

Los ojos de Sesshomaru relampaguearon con ira.

―¿La muerte es tan agradable para tí? Teniendo en cuenta que ni siquiera los dioses saben qué hacer con el alma de un ser mezclado como tú, no puedo imaginar que empuje esa tendencia hacia un corazón inmóvil.

Inuyasha no contestó esta vez. Se limitó a mirarle largamente por un tiempo. Terminó desviando la mirada de ese lugar.

―¿Qué quieres Sesshomaru?―Preguntó finalmente.―¿Qué puedes desear de mí para no dejarme descansar?Acaso...¿Deseas verme sufrir aún más? ¿Quieres...?―Su voz se quebró con dureza.―¿Quieres acabar con lo que queda de mí? ¿Quieres que siga la tortura?―Sesshomaru no contestó a las preguntas formuladas.―Porque, ¿sabes? Creo que no queda nada de mí que puedas romper más...

Sesshomaru arrastró muela sobre muela, sabiendo que si ahora decía algo sería muy equivocado; muy dificil de los que podría llegar a ser. Aún así, estaba enfadado. No era como si él tuviese la culpa de todo, ni siquiera había pretendido romper al hanyou.

Eso fue mera obra de su propia debilidad...si el no fuese débil y sentimental mis acciones no le habrían afectado.

Pero había un temor oculto, una ligera preocupación de que realmente él, fuera culpable de este estado tan deplorable. ¿el daño causado ha sido demasiado grande?

No, lo que ha sucedido jamás debería haberle alterado ha sobrevivido a peor. ¿Qué es tan especial que lo tiene tan consumido?

―Inuyasha. Eres tan patético...demasiado débil.

Inuyasha asitió mientras cerraba los ojos, su respiración siendo ligeramente más errática.

―Lo sé...yo...―Abrió los ojos, el dorado relucía con el agua cristalina sobre ellos.―Lo intenté. Lo he intentado de verdad pero...―Su voz se quebró una vez más.―Parece que no ha sido suficiente.¿Verdad?

Sesshomaru se estremeció ante el tono condescendiente, era increible como las palabras que viajaban por el aire se conectaban a una infinita tristeza. Sesshomaru empezaba a ahogarse en una sensación horrible que provenía no de otro sino de sí mismo, el conjunto que constituía la visión de su hermano frente a él casi tan aterradora como el cuerpo sin vida y ensangrentado que apenas sí logró salvar semanas antes.

Inuyasha está eres el culpable.

Y toda la gama de sensaciones que se esparcía sobre el ambiente y que manaba en delgados hilos de oscuridad del cuerpo dañado y empequeñecido sólo impulsaron sus ganas de vomitar y la borrosidad sobre sus ojos. El nivel de dolor que se percibía de esa pequeña cata de sensación era demasiado sublime para ser considerado irreal, demasiado sabroso para simplemente negar su existencia con mentiras o excusas tontas. Era tan real como los mismos hilos de vida que pendian suavemente del halo de Rin cada vez que la visitaba. Y esta contemplación tan cercana, tan abrumadora experiencia de dolor contenida en apenas una traza condensada de la verdadera bomba que debía gestarse en el interior del cuerpo pequeño del hermano más joven, sólo hacían que desease volver en el tiempo y detener sus actos, antes de que Inuyasha desapareciese bajo la sombra de este nuevo y melancólico ser que sólo levantaba las escamas más escondidas de su propia historia.

Sesshomaru movió sus pies reacomodando su postura para recuperar mayor firmeza antes de volver a hablar.

―Yo no deseo nada. Tu vida no es algo de importancia para este Sesshomaru.―Afirmó de manera rotunda, tratando de no verse afectado por el oleaje de sentimientos que llegaba con fuerza e impactaba tal cual si él fuese el acantilado.

Inuyasha asintió una vez más.

―Si...pero entonces, ¿Por qué Sesshomaru? ¿Por qué me salvaste?¿Por qué insistes en levantarme de mi lecho de descanso y paz?

Sesshomaru recordó las escenas de aquel entonces y acalló los pensamientos en los que las dos últimas palabras mencionadas gozaban de una ironía que resultaba ya no ácida sino terriblemente dolorosa, pues la paz que narraba no existiría jamás para él.

―Aún no era el momento.―Fue la única escusa que había repetido en su cabeza por tantos días. Por supuesto insuficiente y de actuar nefasto. Pero mejor era que decir nada.

―¿Y cuándo será el momento? ¿Qué esperas que haga con esta vida que me has dado?―Inuyasha hablaba con una voz suave y susurránte, apenas logrando fundirse con el viento lo suficiente para ser llevada hasta él.

―Vuelve con tus humanos...―La frase fue mencionada con cierto desprecio, saber el dolor que la muerte de los seres débiles causaba sobre su hermano y que el la buscara deliberadamente le hacía enfermo.―Regresa a tu vida normal antes de que mi madre interviniese con ella y desaparece Inuyasha...

Desaparece de mi vida y déjame buscar mi camino solo.

Pero la conversación no había acabado cómo una pequeña sonrisa salió del rostro de su hermano.

―¿Vida normal?¿Crees que tu madre es la única responsable de lo que me ha sucedido? Sesshomaru...―Una pequeña carcajada salió de sus labios pálidos y por un momento la chispa molesta que había caracterizado a su hermano menor estaba de vuelta con la forma de un llama iluminando los ojos dorados oscuramente.―Jamás creí que podría llamarte en tu cara ignorante y no ser una mentira.

Sesshomaru no hizo ningún movimiento y no articuló respuesta, observó como por primera vez podía ver de nuevo los ojos y el ceño fruncido que caracterizaban a la persona a quien reconocía bajo el nombre de Inuyasha. Sin embargo, tan pronto como sucedió desapareció. Casi cómo si el propio hanyou se hubiera percatado de ello, sus ojos recobraron un tinte nervioso y su cuerpo se encorvó de nuevo. Dió un par de pasos hacia atrás, en busca de seguridad. Sus ojos vacios velados de nuevo por el cabello.

―Márchate Sesshomaru...―Murmuró desviando su rostro hacia un lado del camino.―Márchate antes de que...yo...

―Inuyasha.―Llamó su atención, por milésima vez.― No esperes de mi una disculpa...no consideró haber hecho nada que sea lo suficiente grave como para ser merecedor de ello. No he intervenido en las decisiones o actos de mi madre sobre tí, y no fui consciente de mi mismo durante mi intervención sobre esos sucesos. Tu muerte fue un error no buscado, y este Sesshomaru no tolera los errores. Agradece la segunda oportunidad que te he dado y deja de comportarte como un esclavo de tus propias memorias. No lo repetiré una vez más.

Se hizo un silencio pesado, en el trascurso del mismo, Inuyasha se acercó al río y se sentó sobre una gran roca plana, por un momento miró al cielo, pensativo.

―¿Crees que de eso se trata?―Preguntó, de nuevo sumido en la melancolía.―¿Qué me regocijo en esa larga noche como una escusa para morir?―Inuyasha miró directamente a Sesshomaru, y no parecía ser quién fue al principio ni aquel que había estado observando. Inuyasha miraba con dureza y una expresión ágria, vieja y cansada. Amarga como los arándanos jóvenes. Sesshomaru tuvo un deja vú de la figura de su padre, y antes de que la boca de Inuyasha articulara las palabras, sintió el impulso de detenerlo, no queriendo escuchar lo que parecía ser el fruto de semejante apariencia.He perdido a mi esposa, la única persona que en el mundo me amaba con la misma fuerza en que yo correspondía sus sentimientos, la he visto...morir entre mis brazos sin poder detener a la muerte, apagarse esos preciosos ojos... No pude darle hijos...nuestros intentos frustrados la llevaron a ese día y ese día perdí lo más hermoso que podría haber poseido jamás y el único futuro que parecía posible para mí... Mis amigos tienen su propia vida, su propia familia y problemas, ¿Quién soy yo, para negarles esa felicidad, para obligarles a cargar con el peso de mi tristeza todos los días? Ellos merecen lo que poseen, yo, un hanyou, tal como tantas veces has afirmado, no merezco la sombra que me sigue, y no puedo simplemente atarme a ellos.

Y esta condición, esta maldita condición, tampoco me permite dar a Shippo, quien me consideraba un padre, algo más que no sea una amistad. Lo he intentado pero lo veo, en el brillo de sus ojos, en la forma en la que mira lo que le rodea, ¿Cómo un hanyou que ni siquiera es capaz de controlar a su demonio pretende enseñar a uno puro como él la manera de crecer y ser fuerte? No pude...no puedo... mucho menos cuando he sido humillado delante de él...de las personas que me respetaban. ¿Sabes? No sé como sucedió, aún no termino de entenderlo pero, mi corazón vulnerable se dejó llevar a una trampa, y fui violado...peor que una puta común...como una perra estúpida...delante de él. Es sólo un niño aún, ¿Cómo podría él verme como su figura paterna y de protección cuando al final fue él quien trató de protegerme? ¿Cuándo me ha visto de esa manera? Y he acabado sólo y amargado y oh sí,¡Resulta que a mi demonio le parece muy bien!―Fue una exclamación cómica y con humor, risueña, pero con un humor negro y oscuro que seguramente cubria una emoción mucho más profunda.―Mi demonió se inclinó gustosamente a que entrasen en mí, ¿Puedes imaginarlo?¿Lo que se siente al no tener el control de tu propio cuerpo y ver cómo te convierten en..qué?¿Qué otra palabra horrible puede describir algo así? Incluso tú...incluso tú lo has provado...supongo que será agradable. Aún ahora, carezco de control, imagina mi nueva vida...prostituyéndome cada vez que caiga en el sueño...es prometedora, sobre todo si la enfoco sobre un burdel. Por supuesto, no necesito ir muy lejos, sólo he de encontrar ese del que tu madre me compró. Ella quería algo para tí, especial ¿sabes? Y me convirtió en su carta especial..ya ni siquiera sé qué soy, y hace mucho tiempo que dejé de saber quién soy.―La voz de su discurso se fue apagando en las ultimas lineas hasta desaparecer de nuevo en los puntos suspensivos del silencio. Cuándo volvió a hablar, el cinismo desapareció completamente y sólo retumbo la desesperación.―¿Cómo se supone que te agradezca arrebatarme lo único que hubiera podido limpiar mi orgullo? Dime, ahora que conoces lo sucedido ¿Sigue mereciendo la pena la vida que me has dado? Porque si no cambia tu opinión, no entiendo...realmente no entiendo...―Su rostro se contorsionó ligeramente y ocultó sus ojos con la manga de su haori.― ¿Por qué...cuando ya no queda nada aquí excepto dolor y sufrimiento es que derrepente te sientes compasivo? ¿Por qué no pudiste aparecer cuando realmente te necesitaba? Kagome...ella era tan joven...tan brillante.―Sus ojos volvieron a aparecer, mirando el cielo evocadores, antes de girar a enfrentarle.―Lo sé. Fue mi culpa. Es mi culpa. Y sin embargo...tu podrías haber evitado todo esto; y no lo hiciste. Pudiste darme el futuro feliz que deseaba y en lugar de ello simplemente observaste como mi vida regresaba a la suciedad más profunda del estanque...―Su aura y el ambiente cambio drásticamente. De repente rabia relampagueaba a través de los puntos nerviosos de la piel.―Si miramos los hechos, tu eres el único responsable...―La voz de Inuyasha se volvió dura y acusadora, enfadada y oscura como la sombra de la tierra en la luna.―y ni aun cuando como puta te he rogado por que cumplieras la única promesa que he atesorado en mi vida te has dignado a concedermela...Te odio.―Sesshomaru tembló, ante la fuerza de esa afirmación.―Te odio y deseo matarte con más fuerza que nunca... Sólo así se callaran las voces en mi cabeza.―Todo ello fue dicho con las palabras más siniestras, sus ojos vacíos le miraban con una oscuridad profunda, rígida y abrumadora.―Por suerte para tí y tus admiradores y tu brillante futuro y vida espléndida...en estos momentos me odio más a mí mismo, y deseo la muerte con más fuerza para mí mismo que para tí.

Inuyasha bajo de la roca, le miró largamente.

―¿Qué tal ahora?¿Crees que puedas matarme ahora de manera definitiva? Sin lugar a dudas, tu no deberías permitir que el rumor cundiera...ya sabes 'el hijo bastardo y hanyou de Inu no Taisho por culpa del que murió ahora es prostituta y no cobra' No es una frase muy amable para el honor de la familia...

Hubo una larga pausa, larga y eterna; abrumadora. Los ojos de Inuyasha se abrieron y dió un paso hacia atrás, la sorpresa y la negación eran claramente visibles.

―No...no, no lo hagas, no hagas eso...―Inuyasha negó mirando uno y otro lado y a él. Apretó los puños con fuerza y se le encaró―¡No te atrevas a mirarme así!¡No te atrevas a mirarme con lástima ahora...!¡No puedo soportarlo!―Sesshomaru se llevó una mano inmediatamente a su propio rostro como si tuviese una herida sangrante y dolorosa en él y por primera vez después de mucho tiempo, por primera vez, fue él quien retocedió un paso.

¿Es eso acaso lo que me oprime?¿Lástima?¿Compasión?

Su mente corrió a la velocidad de la luz, buscando de forma incansable los argumentos de ese viejo yo que abanzaba por el mundo como si conociese todas sus verdades y fuera libre de sus limitaciones; pero reinaba la confusión absoluta y todo estaba revuelto, las respuestas cortantes y los comentarios sarcásticos nunca terminaban de representarse en su mente, siendo detenidos de manera constante por imágenes horrendas que dibujaban lo que podía haber sido el pasado de la persona frente a él durante los espacios en blanco de su conocimiento. Y mientras su propia reacción le dejaba atónito, los sentimientos siguieron hirviéndo en un fuego rápido en las palabras no escuchadas de la persona frente a él. Cuándo Sesshomaru finalmente reaccionó, Inuyasha se hallaba en suspensión, en la mitad de un salto cercano con las garras brillantes como lascas afiladas de piedra.

―¡Tú tienes la culpa!¡Tú tienes la culpa de todo!―Sus ojos brillaron con intención asesina y gruño bajo inconscientemente en un tono amenazador. La ira y rabia contenida que se reflejaba en la expresión oscura y casi malévola del hanyou dejaba ver un ligero toque de quién fue, una triste realidad tener como memoria de su hermano esa única imágen, esa expresión y no una sonrisa en un rostro feliz cómo había aprendido a valorar ante su contacto con el recién nacido demonio Yaseiki.

Y estaba distraido. Por eso, cuando Inuyasha descendió sobre él extendiendo sus garras en un ataque, Sesshomaru no pensó en sus actos, no tuvo tiempo de pensar en ello y actuó como el instinto dictaba. Defenderse y atacar.

Inuyasha recibió el puño desgarrador sobre el diafragma y perdió el aire al atravesar el bosque e impactar sobre el suelo. Sus costillas resonaron con un chasquido, pero ello no hizo sino provocar una sonrisa siniestra sobre su expresión. Antes de reflexionar sobre el por qué, Inuyasha estaba atacando y defendiéndose de Sesshomaru en una escasa pelea cuerpo a cuerpo, ambos luchaban de nuevo, cada vez más animados por la presencia de un conjunto de emociones que sólo pretendían destruirles a sí mismos. Pero por supuesto ellos no dudaron en seguir con ello, al fin y al cabo, era lo que siempre habían hecho, la única cosa en la que podían estar de acuerdo, el único campo donde sabían manejarse el uno con el otro sin caer en el ridículo o los lazos de sangre...la batalla.

Y ese fue el único medio final que utilizaron para desquitarse de las complejas vicisitudes que atravesaban en el momento.

Los golpes de Sesshomaru eran certeros y acelerados, su látigo brillando en escasa forma desde sus dedos trazando complejos dibujos en el aire, los golpes de Inuyasha eran inútiles, pero cada vez impulsados por una mayor fuerza que dejó al hermano mayor sorprendido, pues Inuyasha jamás se había enfrentado a él sin Tessaiga por delante. Ambos peleaban de manera acelerada, esquivar, golpear, girar, saltar y cambiar de campo...cada vez más alejados del cauce del río principal y cada vez más perdidos en el fragor de la adrenalina. Todo cambió en un solo gesto cuando Inuyasha logró al fin su primer acierto arañando el rostro de su hermano. La sangre fresca manchó el rostro níveo y enganchó las ebras de plata que reboloteaban a su alrededor, y su olor...

La balanza se inclinó totalmente hacia un vencedor repentino y la situación se salió de control.

De un solo movimiento furioso, Sesshomaru agarró su cabeza através del corto cabello y la impactó con fuerza sobre el suelo, un fino polvo levantándose ante el choque y un alarido de dolor.

Antes de que pudiese recuperarse el brazo del menor fue llevado a su espalda en una llave que le mantenía sobre el suelo, las rodillas de Sesshomaru cayeron en peso muerto sobre su espalda y así, Inuyasha apenas sólo pataleó desde su posición.

―¡Te odio!―Gritó con todas sus fuerzas mientras se retorcía pese al objetivo inútil.

―Y yo Inuyasha...―Susurró justo en su oido destilando veneno de sus labios.―Yo también te odio.

―¡Entonces por qué no me matas!¡No te entiendo!¡¿Por qué?!―Gritó desesperado, golpeando su cabeza aún más en el proceso y mirándole a los ojos con decepción.―¿Por... qué...?

Sesshomaru se sorprendió de la capa traslúcida y acuosa que manchó la claridad y regularidad de los dos soles del ajeno.―¿Por qué no me matas, qué ha cambiado para ello?¿Ya no lo merezco?

'Sí Sesshomaru...¿Por qué no le matas?'

Sesshomaru miró largamente hacia el rostro expectante y pensó, y la realidad fue sorprendente hasta para sí mismo, la verdad era una vergüenza a su sentido del honor, pero era lo que era, y no podía ser alterado.

―Porque ya no quiero matarte.―Murmuró, aunque la sorpresa ligera en su voz dejaba claro que era un descubrimiento nuevo para él.

Inuyasha cerró los ojos con dolor sin decir nada, el cansancio y el desanimo volviendo a tomar sus fuerzas.

Yo ya no quiero matarle...con el trascurso del tiempo me he adaptado a su presencia...cobrar su vida ya no tiene ningún valor para mí; no cuando ya no queda nada que limpiar, su pecado lo exhumó por él mismo a través de cada cicatriz y lucha sobrevivida, a través de cada enemigo derrotado. Nadie de la nobleza podría despreciar hazañas como las que ha realizado y...

'Y en el fondo ya lo sabes, que su presencia calma tu sentimiento de soledad, es lo poco que te queda que puedas unir a tí para no sucumbir de nuevo a las frivolidades y a la desgana, el conocimiento de sus acciones rompen el ritmo de tus responsabilidades...

―El Sesshomaru que yo conozco no podría decir algo como eso...―Dijo en un murmullo, mirando fijamente la corteza de la madera justo a su lado.―Dime, ¿Quién eres tú?¿Quién eres tú ahora, Sesshomaru...?

―No lo sé.―Fue su contestación sincera, viendo en el reflejo del otro una comprensión inusitada de esa sencilla frase que él no se había atrevido siquiera a pensar.

Abrió los ojos y exaló, sus ojos comenzando a volverse ópacos.

―Estoy tan cansado...sólo quiero desaparecer...

―Ella no lo quiso así.―Contestó Sesshomaru.

Aunque la fuerza de toda esa tristeza tenía su cuerpo temblando de forma incontrolada por debajo del tono seguro.

―Sí...Kagome era tan hermosa, tan bella...tan buena...pero ella era ignorante de este peso sobre mis hombros Sesshomaru. Ella no conocía el mundo...la maldad que podía albergar...pero claro...era normal. Todo en ella era luz ¿sabes? Podía purificar cualquier cosa...hasta el halo negro que perseguía mi destino...ella lo purificó y lo convirtió en algo hermoso...Si de verdad está ahí...yo sé que entenderá mis deseos. Yo no puedo sostenerme por mí mismo más. Sólo me queda arrastrarme, como el mosntruo que afirmas que soy, y tratar de sobrevivir patéticamente entre el lodo...

Sesshomaru cerró los ojos, tratando de pensar. Pero era imposible.

―Por qué me elegiste cuando pudiste marcharte.

Inuyasha le miró con los ojos vacíos y sin vida.

―No sé...sólo esa parte de mí estaba despierta.

'Esa parte de mí' recitó Sesshomaru.

―Él siempre...siempre ha esperado a que vinieses a rescatarnos.―Sonrió de manera ácida.―Pero yo estoy esperando para que tomes mi vida de una maldita vez.

Sus insultos regresaban, su voz comenzaba a elevarse.

―¿Deseas morir?

Inuyasha miró profundamente a su hermano. Sus ojos relumbraron y por un momento pareció que las lágrimas que contenía saldrían de su cárcel.

―Yo sólo no quiero luchar más. No quiero seguir sufriendo este dolor...No me queda otra salida ¿sabes?

Sesshomaru asintió, se alzó sobre sus rodillas y desenvainó a Bakushaiga, la espada centelleando y resonando al ser arrastrada lejos de su funda. Inuyasha tembló ante el sonido aterrador, su corazón comenzando a latir fuertemente y cerró los ojos incapaz de mirar más allá. Emociones contradictorias luchaban dentro de los cuerpos de ambos hermanos.

Suavemente, Bakusaiga se apoyó contra el fino cuello de Inuyasha...

Sesshomaru contempló a su hermano, el pulso vibrante de la vida que luchaba por permanecer y reafirmar su lugar.

'Ya no habrá más oportunidades...'

Inuyasha podía sentir el filo del frío metal sobre el cuello y su respiración se aceleró sin querer.

Kagome...

Pero...la espada finalmente se apartó.

―Tu deseas vivir Inuyasha...―Afirmó con convicción.

―¿Qué?―Inuyasha parpadeó en confusión. Cuando vió a Sesshomaru alejarse, la comprensión se hizo tangible.―¡No!¡No!¡Yo deseo morir!―Le gritó tratando de alcanzarle.

Pero Sesshomaru negó suavemente. Inuyasha arrancó de su garganta un grito de frustración y trató de abalanzarse sobre él con las garras por delante.

―¡Te odio, te odio!¡Ah!―Inuyasha gritó desprevenido cuando su cabeza volvió a ser zarandeada con fuerza y estrellada contra el suelo. Inmediatamente apretó los dientes no queriendo darle el gusto de escuchar ni un solo sonido de debilidad más.

―Cállate de una vez...―Murmuró con hastío.―Estúpido hanyou...

Tú no quieres morir...sólo vivir de manera diferente...quizás yo pueda...

Su mente se desvió ligeramente al apreciar el brillo de la sangre sobre esos labios voluptuosos, resecos y firmemente apretados...un brillo rojizo que aparecía a lo largo de su rostro, de su cuello y de sus brazos como resultado del flajelamiento de su látigo...Cerró los ojos tomando en el olor, en la imagen mental...un delicioso conjunto que le hacían...

―No...

El pequeño gemido aterrorizado despertó el recuerdo perturbador de la carne y al mismo tiempo le obligó a abrir los ojos que se habían cerrado con pesadez. El movimiento bajo él y el rostro desencajado que pudo observar le ayudaron a regresar, ¿Pero por qué esa expresión?

―¡Maldita sea baja de mí!―Gritó con aversión, las mejillas sonrojadas.

Cuándo captó la esencia de la excitación logró hacerse consciente de su miembro apretado contra la parte baja del otro; nunca su intención, pero aún así vergonzoso el poco control que parecía profesar últimamente. Era poco moral...pero él no iba a dejar que su deslíz se notase, y practicamente ignoró el hecho.

―Inuyasha, voy a repetir esto solo una vez...―Susurró con fuerza mirando directamente a los grandes ojos cabreados―No me importan las circunstancias que han rodeado tu vida, y no me importa nada el honor ese del que tu hablas, y que yo nunca he notado. Sin embargo, como tu mismo has dicho, soy yo quien te ha dado la vida, y dado que insistes en hacerte pasar por un niño necesitado y penoso incapaz de hacer uso de ella...Bien. Me hago responsable.

Inuyasha empezó casi a protestar, para finalmente mirar en absoluta confusión cuando Sesshomaru se levantó, dejándole libre. Distraidamente, pasó el dorso de su mano por la mejilla ensangrentada a causa de los cuatro cortes. Inuyasha siguió todos sus movimientos.

―Vamos.―Ordenó, antes de dar la vuelta y seguir tranquilamente a través de un camino invisible bien predispuesto.

La cabeza de Inuyasha daba vueltas en todas direcciones. ¿Qué demonios significaba eso?

'Significa que Nii-chan va a cuidar de nosotros...qué te parece Inuyasha, llevamos la ventaja'

Inuyasha miró hacia si mismo y finalmente se puso en pie. Sesshomaru ya se alejaba.

No seas tonto, no sé lo que trame, pero esto no va a acabar bien para nosotros.

Poco a poco comenzó a caminar hacia él, en su dirección.

'Puede ser...pero ahora parece que pesa un poco menos'

¿De qué estás hablando?

Cuestionó molesto, cruzando los brazos bajo las mangas de su kimono.

'De tu corazón...'

Sesshomaru no necesitaba nada para saber que su hermano seguía finalmente tras él, el aura mucho más calmada, menos abrumadora y desprovista del miedo.

Eso es lo correcto.

Se dijo a sí mismo, su plan conectandose de manera provisional por ahora.

Encontrar un motivo para vivir...yo te lo daré, Inuyasha.

Por favor, diganme que tal salió esta vez, ¿Fue decente? Espero que sí, en todo caso...¡Gracias por leer!

¡Próximo capítulo!: Lunes 21...o incluso antes! ;)