N/A: ¡Ey! Creo que es la primera vez después de mucho tiempo que cumplo con mis plazos! Jejeje supongo que no debería sentirme orgullosa de eso. Aunque sí de este capítulo. Ha salido super largo, el más largo de todos, aunque creo que se hará ameno. Lamento si no encontrais mucha acción, pero es lo que hay.
Agradecimientos a: Shandy-Shan,
SangoaomeOO(No! No estoy muerta! En serio, ¿Por qué todo el mundo tan trágico? Ok no, en serio, gracias por preguntar se por mí jajajaja y además en cuanto publique el capítulo comentaste, me alegra ver que pese al tiempo la gente mantiene la fé en mí.),
Marshmallow (Muchas gracias por tu comentario, me animo muchísimo jejeje e incluso me sonroje. Me alegro que pueda conservar el carácter original de los personajes, aunque el problema, tal como considero, es mantenerlo a lo largo de todo el fic. Sí ¡Lo sé! Se debería ir un poco más "al tema" n/n se disfruta de escribirlo tanto como de leerlo...pero las cosas pues, a su tiempo...aunque según mi cabeza...el capítulo 20 va a ser un poco...bueno ahí lo dejamos. Y por último sí, acertaste, se acabaron las introducciones, aquí comienza de una vez la verdadera trama que es la relación entre ls dos y...es complicado pasar de una parte a otra. Y en fin, gracias por tu apoyo (me explayo mucho lo sé) ¡Aquí conti!)
k (Ehhh ¡Aparecí! Jeje bueno, regresé por la puerta grande sí...pero ahora pienso que puse el listón muy alto...U.U no sé, espero que podais disfrutar de los capítulos de igual manera)
Guest1, Guest 2,Guest 3,Yuric09, bittersweet, Yoseff, Kind Yuuki, Frozen-Winter-Heart, alei91 y Shandy-shan.
Disclaimer: El sensualón de Inuyasha y el resto de fantásticos personajes no me pertenecen (aunque no me importaria darles un hogar XD )Todos ellos son propiedad exclusiva de la genial Rumiko Takahashi. El resto de personajes son de mi propia autoría y están reservados bajo derechos de copyright al igual que la historia en sí.
Advertencia: Yaoi, Angst, Violación, Mpreg, Horror(?), Muerte de personajes.
Rated M
Dialogos(―) Pensamientos (hhhhh) Pensamientos Yaseiki y Yako ('hhhhh') Recuerdos y anotaciones("")
Capítulo 19:
Inuyasha se dedicó los próximos días a soñar.
Sus pensamientos eran oscuros tras el primero de lo que estaba seguro que serían muchos estallidos de ira y peleas. Estaba enfadado y dolido, un sentimiento de traición que subía y bajaba por su cuerpo haciéndo hervir su sangre de cuando en cuando añadido a la mezcla. Todo era negro. Todo había llegado a su final, nada tenía solución, no había manera de cambiar las cosas. El no podía seguir adelante. No podía porque era débil. Por que el mundo era cruel y no podía luchar contra el mundo. Y lo odiaba. Y se odiaba. ¡Y maldita sea si no era cierto que también odiaba a la persona que caminaba despreocupada frente a él!
Dios, ¿Cómo he podido ser tan estúpido? ¿Por q
ue mierda regresé? Pensar que dentro de mí aún quedaba algo como eso...
Pensó en torno a la persona que fue el inocente niño pequeño.
Hace que quiera vomitar...
Pero pese a las referencias, Yaseiki se había callado, haciéndole dudar de si existía realmente o sólo fue una invención rencorosa de su instinto de supervivencia instándole a seguir viviendo. Ello le dejó en soledad con sus pensamientos y le permitió despotricar sobre lo que deseó. La teoría de que la vida era una gran maldición y de que la muerte era la salvación a la misma, guiaba sus pensamientos pesimistas a la línea suicida, pero no era posible tomar el último paso por más que lo intentase. Siempre había pensado que su hermano sería su shikigami* ejecutor. Siempre. Y era difícil empezar a buscar otras opciones sabiendo que otros intentos anteriores habían sido inútiles.
Ya no quiere matarme. No quiere matarme...joder. Estúpido, imbécil, mentiroso...¡¿Y para qué coño me quiere con vida?! ¿Qué es eso de hacerse responsable?
Para él se trataba de una trampa, un engaño, su hermano terminaría torturándole y haciéndole más daño aún. Y pensar que le torturase...y no le concediese la muerte...le daba escalofríos y le hacía querer huir.
Pero igual miedo da convertirse en la presa de semejante depredador...
Lo sería si huía. Y no huiría. No mientras su coraje y valor siguiera encadenado por su deseo de morir.
Seguir caminando a través de un mundo que nunca va a cambiar, donde la maldad no necesita de ningún Naraku para surgir, donde la crueldad procedía de humanos y demonios por igual y no se necesitaba razón para matar a una persona, dónde quienes podían hacer del mundo un lugar mejor, ayudar a las personas e impartir justicia...se dedicaba a vivir entre sus lujos sin mirar a su alrededor; sin hacer nada excepto mirar por encima de su hombro. ¿Qué clase de persona podía amar un mundo así?
¿De qué sirve luchar contra un ladrón cuando sabes que siempre existirá alguien que le sustituirá?La gente no me necesita, no necesita más héroes que les salven. Mucho menos necesitan de mi existencia asquerosa para sobrevivir...¿Por qué motivo debería desear seguir aquí, solo?
Todo en su cuerpo reflejaba un único fenómenos: depresión.
―Vamos a parar aquí.
Inuyasha miró sombriamente a su hermano mayor dar la orden de manera natural, y simplemente esperar que fuese cumplida. Gruñó, osco en sus conclusiones, pero cambio su expresión a una neutra cuando noto los dos faisanes que colgaban de la mano ensangrentada de su hermano. ¿De dónde se había sacado nada más y nada menos que dos faisanes?¿¡Y cuándo los había atrapado!?
Inuyasha no hizo ninguna de estas preguntas, decidido a mantener su silencio por todo el tiempo que su hermano se dignara a mantenerle atado a él.
Sesshomaru se sentó en el tronco de un viejo roble bajo y anudado en su corteza, entre gruesas y desordenadas raices. Eliminó sus espadas del obi de su cintura y las colocó ambas con precisión justo a su derecha. La más cercana a su propio cuerpo, Bakusaiga; la más lejana, Tensaiga. Ambas con una distancia exacta y equitativa de solo algunos centímetros. A continuación apartó un mechón de cabello blanco tras su oreja, justo la izquierda en cuyo lado se hallaba la mejilla herida del día anterior casi sanada, colocó los faisanes con el cuello roto frente a él, dobló las largas mangas de su kimono con delicadeza y precisión sobre sus codos, y recuperó la posición de su espalda, recta y rígida. Miró a su hermano, embobado y aún de pie.
Se miraron por dos parpadeos, e Inuyasha resopló finalmente dirigiéndose al árbol contrario.
―Inuyasha.
Este se giró con expresión aburrida y astiada. Sesshomaru señaló justo frente a él. Inuyasha frunció el ceño pero ignoró la orden y se sentó, con las rodillas flexionadas hacia su pecho, a unos cuatro pasos del otro. Su mirada se desvió inmediatamente hacia el vacío.
Sesshomaru observó las ojeras que habían ganado paso en el rostro juvenil y delgado, abstraido, oscuro y rencoroso. Cómo todas esas cosas podían agolparse de repente no lo sabía, pero intuía que, para mantener esa mente activa y despierta y evitar que volviese a sumergirse en su mundo de terror, era necesaria la conversación. Y eso era un problema. Por otro lado, necesitaba recuperar peso y unas ropas adecuadas, en estos momentos luciendo un aspecto francamente extraño entre el cabello y todo lo demas.
El cabello..que debería haber comenzado a crecer a estas alturas.
Pero no lo había hecho.
Su cuerpo también necesita actividad, su musculatura algo floja...
Porque Sesshomaru estaba convencido de que la batalla anterior nació nada menos que de la desesperación y la ira, y la fuerza que se profesó entonces no era real.
Un baño para quitar el olor de esas mujeres sobre él...
Sesshomaru encontró que todo este conjunto de ideas venían a él de forma natural. No necesita de nadie que le señalase las necesidades del otro, sino que podía verlas por sí mismo casi de manera inmediata. Antes en el tiempo, le habría sido muy difícil percatarse de estas pequeñas cosas, demasiado absorto en sí mismo. Debía suponer que Rin había sido también la culpable de esta nueva habilidad.
―Inuyasha, vas a comerte esto.―Dijo haciendo clara referencia a los dos faisanes.
La mirada que le dió de reojo, con la barbilla ligeramente elevada, le habló de la prepotencia y cabezonería de un niño pequeño que no estaba dispuesto a ceder aunque le arrastrase por el cabello por el suelo. Y que de obligarle, haría un berrinche. Sesshomaru no iba a permitirlo.
―No.―Murmuró firmemente como ya había baticinado Sesshomaru, a lo cual...
―¿Por qué?―Cuestionó tratando de no parecer contrariado con su negativa.
Se encogió de hombros.
―Tu ya lo sabes.―Murmuró antes de volver a no mirarle.
―Por desgracia, dentro de mis habilidades no está la de leer la mente.
Inuyasha gruñó y le miró con enfado.
―¡No me importa! ¡No tienes que saber el puto porqué! No voy a comer y punto.―Se negó, y con su arrebato hecho se cruzó de brazos y se encogió sobre sí mismo un poco más. La mirada ante la nada pero ahora con un ceño fruncido.
Una gran sombra cubrió el espectro del sol del medio día sobre él en tan solo un momento. Inuyasha alzó los ojos para ver a su hermano depie justo frente a él, en todo el esplendor que permitía su altura.
―Vas a comerlos Inuyasha.―Su voz era grave e imperativa, no otorgando opciones a ninguna duda.―Ahora.
Las dos aves desplumadas fueron empujadas a meros milímetros de su rostro. Los ojos del mayor brillaban con cierta intensidad.
Pero Inuyasha gruñó en desafío, elevando su cuello un poco más dado que no podía levantarse ante la falta de espacio.
―No. No quiero comer. Quiero morirme joder. Así que déjame en paz.
Sesshomaru entrecerró los ojos sobre él como único gesto.
―No Inuyasha, tu no quieres morir; sólo eres tan estúpido que aún no te has dado cuenta de que deseas vivir. Pero para vivir, tienes que recuperarte y comer. ¿O nadie te enseñó esa ley básica de la naturaleza?
―¡¿Oh sí?!―Gritó, logrando apartar a Sesshomaru y ponerse en pie. Sus rostros quedaron a milímetros.―¿¡Ahora resulta que tú conoces mis deseos mejor que yo mismo?!¡Vete a la mierda!
La rebeldía no sentó bien con el otro, quien le dedicó una mirada de muerte.
―Te lo advierto Inuyasha, si sigues comportándote como un niño, vas a ser tratado como tal.
Sus palabras sonaron a ligera amenaza por debajo de la apariencia, pero Inuyasha estaba demasiado concentrado por ganar esa batalla.
―¡No me estoy comportando como un niño! ¡Simplemente me niego a comer nada de lo que tú me des, imbécil!¡No voy a comer nada y...!
Sesshomaru agarró de un movimiento la mandíbula del chico sujetándole contra un árbol.
Inuyasha borro su sorpresa a los segundos para chasquear los dientes y gruñir.
―¡Sesshomaru...!―Masculló mientras los dedos de su hermano se apretaban contra los huesos de sus mejillas tratando de obligarle a abrir la boca.
―Este Sesshomaru no es tu niñera hanyou, y no pienso perder el tiempo en estúpidas discusiones. Abre la boca.―Apretó con gran fuerza tratando de obligarle. De los balbuceos y gruñidos se distinguían algunos insultos, nada productivo, los dos eran testarudos cuando sabían lo que querían.
Sin embargo la presión de los dientes cerrados a cal y canto estaba haciendo a sus huesos temblar, y de repente la fuerza fue demasiada. Sesshomaru logró forzar la boca a abrir, y la sostuvo con ayuda de una sola mano para mantenerla como tal. Su garra libre arrancó un pedazo de carne del ave y la enseñó frente a los ojos cabreados del otro, la introdujó en su boca, casi al fondo para ser tragada, sin embargo la lengua rosada de Inuyasha luchó contra el intruso. Cuando iba a suministrar la segunda porción, Sesshomaru pudo ver como el primero de ellos era escupido al suelo por el hanyou, quien le miraba desafiante y enfadado.
―Hn. Parece que me equivoqué, y en realidad estoy tratando de alimentar a un bebé que no sabe masticar su propia comida...en ese caso...
Sesshomaru trajó hacia su propia boca el faisan que sostenía con la mano libre, y mordió un trozo mediano de la carne cruda. Inuyasha le miraba con desconfianza y aún testarudez, sin entender bien cual sería el próximo intento. Sin entenderlo hasta que vió a Sesshomaru masticar despació la carne ingerida, y después acercarse peligrosamente a sus labios.
¡Ni de coña!¡¿En qué está pensando?!
Goleó con fuerza tratando de escapar, pero finalmente los labios tocaron los suyos y de pronto la comida comenzó a pasar a su boca de otra agena, la lengua más fuerte que la del menor evitando el desperdicio de la misma.
Inuyasha gritó en medio del beso. El contraste de los labios suaves y la textura enfermiza de la comida masticada. Imposible si no se tratase del suceso actual. Empujó sus manos y trató de escapar con fuerza.
¡Qué asco!
Ambos labios se separaron en una pausa.
―¡Maldita sea Sesshomaru no hag-..!
Pero inmediatamente sus labios estaban unidos de nuevo, la carne y el delicioso sabor de la sangre pasando através de su garganta.
Inuyasha luchó desesperado, notando que en este segundo encuentro Sesshomaru alargó la estancia de su lengua en ese lugar. Practicando un perfecto beso francés provocó a la otra sin frenesí, quien empujaba sin pudor por unos momentos ante la creencia de la existencia de una mayor cantidad de comida acompañó a la otra sin problemas. Cuándo las manos de Inuyasha golpearon con menos fuerza pero más seguido Sesshomaru aguantó su sonrisa de triunfo al separarse.
Y no se equivocaba, cómo Inuyasha respiró profundamente y escapó de su agarre con un grito frustrado.
―¡Cabrón hijo de puta!¡Dame esa estúpida carne de una vez y no vuelvas a tocar mi boca nunca más en tu vida!
Sesshomaru le miró en un intento de ausencia de expresión, pero Inuyasha sintió el odio subir por su pecho como una corriente de lava al ver la satisfacción de ese rostro engreido.
Estúpido Sesshomaru...
―Creo que no puedes prohibirme hacer algo que no puedes evitar...
Inuyasha le miró con enfado y gruñó, un estremecimiento desagradable pasando por su cuerpo.
―¿Es eso?¿Quieres que viva para que sea tu puta?―Reclamó sin amedrentarse.―¡¿Que me agache frente a tí para que me folles cuando te de la gana?!
Cuando los ojos dorados brillaron en rojo y un gruñido salvaje escapó de ese cuerpo mucho más fuerte que él Inuyasha se arrepintió de sus palabras. Tragó saliva, viendo con aprensión la mandibula de Sesshomaru crecer ligeramente de su posición normal.
―¿Sesshomaru?―Preguntó en voz bajita sin moverse.
En un segundo, el mayor de ellos gruñía justo delante de él, sus rostros con apenas unos milímetros que les separasen.
Inuyasha cerró los ojos cuando sintió el roce de la carne cálida contra sus labios en la impresión,temiendo lo que parecía que iba a suceder pero incapaz de moverse, no queriendo moverse, siendo lo más preocupante.
Todo finalizó sin embargo con ese toque mínimo, Sesshomaru recuperando sus ojos dorados y en un parpadeo situado a varios pasos de distancia de él. Inuyasha escuchó su propio suspiro y lucho por eliminar su aspecto en shock.
―No vuelvas a provocarme Inuyasha.―Advirtió el mayor de ellos volviéndo a sentarse, y haciendo como si no hubiese pasado nada.
Inuyasha controló su corazón mientras también trataba de ignorar lo sucedido.
Estúpido Sesshomaru...
Minutos más tarde ambos habían recuperado sus lugares y sus silencios. Sesshomaru observando de manera casi imperceptible cómo el hanyou ingería lentamente, casi de manera interminable, las dos pequeñas aves, la primera de ellas casi terminada.
Inuyasha estaba de peor humor si era posible. Además, después de comenzar a ingerir comida por su cuenta, se sintió aún más frustrado al ser incapaz de detenerse, su estómago y su cuerpo exigiendo sustento dada su presencia en el mundo de los vivos y la cantidad de tiempo que había trascurrido desde su último bocado a algo sólido. Por eso, se vió obligado a tragarse sus palabras y morder su lengua. Sus mejillas ligeramente sonrojadas de la irritación de darle la razón al otro hombre, y su corazón corriendo en correspondencia con sus sentimientos alterados.
―No tenemos prisa.―Mencionó Sesshomaru sin ni siquiera mirarle.
―Sí, si...―Se quejó.
Inuyasha cerró los ojos un momento, tratando de obviar el ligero dolor de estomago que llevaba haciéndole daño todo el día, cuando algo en su cabeza hizo click.
Pero...se suponía que yo no iba a hablar con él nunca más...
Sus dientes desviaron el movimiento articulado y se cerraron mordiendo parte de su mejilla en el proceso junto a la comida. Inuyasha se quejó por un momento antes de gruñir con fastidio bastante alto. Él gruñido dirigido a sí mismo por su escasa voluntad de resistencia. Sesshomaru había hecho con él lo que quería, y él ni siquiera se había dado cuenta de ello hasta ahora.
Aunque no tenía ningún sentido, saberlo hizo que se desquitara con la pobre comida, deborándola como una fiera a su ritmo rápido de siempre y disfrutando del sabroso sabor que su lengua parecía recoger con una capacidad de gusto asombrosa. Hasta que...
―Oh...
La pequeña obación sorprendida llevó a Sesshomaru a mirar la escena directamente sin perder su tranquila expresión.
Inuyasha miraba por encima de la carne una diminuta pieza del cuerpo destrozado, un color oscurecido y casi violáceo pintando esta pieza en particular. Era el corazón.
Sesshomaru recordaba, por supuesto, la última vez, que dicha pieza llegó a las manos de su hermano y los sucesos que habían tenido lugar. Sorprendentemente, lo mismo sucedía con Inuyasha, quien contempló por un momento la imagen de un corazón mucho mayor sobre sus manos con garras más alargadas, un pequeño flash en el que apareció su hermano sentado de manera relajada frente a una deliciosa pieza de carne, su mano se movió hasta colocar el coraźon frente a él. Una voz aguda resonó como adorno de la escena, aunque las palabras pronunciadas eran un misterior para él. Una nueva escena, y el corazón estaba siendo partido en dos mitades...
Inuyasha parpadeó repetidamente, una extraña sensación calando su estómago tras lo que parecía una memoria del tiempo que había dedicado explorando el mundo como un demonio.
Eso ha sido raro...aunque no tiene importancia supongo...
Y sin embargo, la pieza bastante pequeña en realidad seguía sin ser tomada por sus garras, como si algo estuviese realmente mal en ese acto.
Un pequeño sonido de piedra chocando sobre piedra trajo su atención hacia delante, su hermano golpeando dos piedritas para llamar su atención. Inuyasha frunció el ceño, enfadado por ser distraido de sus ensoñaciones.
―Existen las palabras ya sabes...―Se quejó.
Sesshomaru negó suavemente, aunque no sabía si negaba sobre esa verdad, o su actitud.
Inuyasha miró hacia abajo y el resto de su conejo.
Vale, mi demonio le ofreció el corazón, ¿y qué? No significa que yo deba seguir haciéndolo.
Pero finalmente tuvo que suspirar con fuerza al darse cuenta de que no podría tomar una decisión clara. Su estómago podría llegar a vomitarlo del mero desagrado.
―Ey...
―Puedes comerlo.―Fue la escasa respuesta que otorgó su hermano a la pregunta no formulada.―Es muy pequeño para los dos de nosotros.
Inuyasha se removió incómodo. Él ya había comido el corazón del otro faisan sin darse cuenta. El problema es que en este caso se había percatado...y parecía injusto que él se alimentara de ambos.
Disimuladamente, Inuyasha arrojó el resto del cuerpo del faisán hacia su hermano sin mirar directamente sobre sus ojos. Escuchó como tomó el cuerpo y lo arrastró ensangrentado hacia él. Luego sonido de masticar; su hermano había aceptado la oferta.
Cuando se atrevió a volver a mirarle, Sesshomaru relamía sus labios pintados de rojo y el resto del ave había desaperecido. Se sentía extrañamente satisfecho con esa acción.
Sesshomaru miró directamente sobre él, demasiado rápido para su particular sobresalto.
―Tu cuerpo, ¿Podrá correr durante la noche?
Inuyasha se encogió de hombros contrariado. ¿Qué estaba diciendo ahora? Bueno, era cierto que la noche estaba cayendo. El aire frío lo demostraba.
Y ahora que lo pienso, resulta raro que no haya nieve en esta zona...¿Qué época será...?¿Cuánto tiempo he estado durmiendo?Y...¿Cuánto tiempo ha pasado desde que deje a Shippo atrás?
Una parte de él sabía que pensar en el tiempo era estúpido cuando se desea morir, pero era inevitable cuando todo a su alrededor parecía...nebuloso.
Fue sólo entonces que comenzó a prestar atención a su alrededor, y salió por primera vez de su propia mente. El cielo se nublaba rápidamente en la noche, el sol no se veía por culpa de los árboles y las primeras estrellas brillaban sobre el manto oscuro. Los árboles que le rodeaban no eran propios del clima frío, sino que eran compuestos por esos en los que siempre se les cae la hoja en una época del año concreta. De hecho, el suelo sobre el que se había sentado estaba lleno de esas mismas hojas secas y él ni siquiera se había percatado. Un lejano chirrido se escuchó en la lejanía. Reconoció el sonido como el de una cigarra.
'La vida sigue...independientemente de lo que pueda sucederte...'
―¿Qué dices?
Inuyasha miró a su hermano, pero Sesshomaru se limitó a mirarle sin expresión. Se dió cuenta de que no fue él desde el exterior, sino alguien desde el interior.
¿Yaseiki?
Pero no hubo ninguna respuesta, y el Dai-youkai comenzó a caminar en alguna dirección.
Cobarde...no sé donde te has escondido dentro de mi cabeza, pero no confío en tí.
Hubo un murmullo, señal de que la afirmación había sido escuchada, pero aún así siguió sin aparecer.
Sesshomaru parecía conocer perfectamente hacia donde se dirigían. Inuyasha no, pero tampoco parecía importarle. Conforme el cielo fue volviéndose cada vez más oscuro, sensaciones inquietas se deslizaron a través de su superficie. No caminaba completamente sólo, pero se sentía como tal; memorias ligeras surgíendo a su alrededor de nuevo por culpa del ambiente taciturno de la noche. Inconscientemente camino más cerca del hombre mayor.
Numerosos arbustos rozando sus pies, la humedad subía y se arrastraba a su alrededor con ligereza. Sus orejas giraron en todas direcciones, captando los sonidos de los animales nocturnos que tan bien conocía. En el hueco de un árbol extraño, una araña había tejido su hogar con delicados trazados. Dos árboles más allá, había una lechuza de enormes ojos amarillos que observó a los dos transeuntes. Inuyasha redirigió su mirada al frente, su hermano abanzando en su kimono impecablemente blanco casi parecía un fantasma. Uno que si prestaba atención no hacía sonido alguno al pisar las hojas, arbustos y plantas...
El sonido de un riachuelo le distrajo de nuevo. Parecía ir por su izquierda y acercarse poco a poco, y de hecho casi le pareció ver el reflejo de la luz sobre una superficie inestable. Diminutas luces apareciendo ante sus ojos, las luciernagas de color amarillo y verde bailaron a su alrededor y le detuvieron, sorprendido por la cantidad de detalles que de repente podía captar de las mismas.
―¿Cómo la naturaleza puede seguir creando cosas hermosas cuando el mundo está tan podrido?―La pregunta vino a él con inspiración filosófica, pero no iba enfocada a ninguna respuesta.
Sesshomaru prestó atención a su acompañante desde su posición delantera, mirando hacia atrás ligeramente. Observó al hanyou con una expresión juvenil de curiosidad en su rostro, casi como si jamás hubiera observado un bosque o la hierba o el cielo. Algo que contrastaba ligeramente con el tono de voz triste y reflexivo que había sido demandado hace solo unos momentos.
No le gustaba esa expresión inocente y frágil. Porque con ella, daba la sensación de que Inuyasha era solo un niño, demasiado joven, inocente e inexperto. Y a un niño no se le tortura o busca para matarlo...no se le desea...
―El mundo no está podrido, sólo una gran cantidad de sus residentes.
Inuyasha frunció el ceño, dirigiendo una mirada oscura hacia él.
―Sí...puedo verlo perfectamente...
Sesshomaru le acompañó en el gesto ante la implicación de esa acusación, pero decidió dejarlo pasar, sabiendo que si permanecían más tiempo en este lugar se retrasarían.
―Camina.―La orden dejó traspasar su molestia en el aire, y el hecho satisfació al menor grandemente.
Yo no estoy podrido.
Protestó mentalmente el mayor mientras incrementaba el ritmo de sus pasos. Por alguna razón que desconocía, contestó a la provocación, la extraña necesidad de justificar sus actos presente.
―Es posible que no haya tomado todas las decisiones correctas, pero eso no hace de mí un desecho como persona. Todo el mundo tiene derecho a equivocarse.
Tras él, Inuyasha parpadeó confuso.
¿Desde cuando él admite que puede equivocarse?
―Creía que eso de los errores sólo los cometíamos los débiles. ¿Acaso no solías decir que eras perfecto?
Sesshomaru sintió sus propias palabras tiradas sobre él, y sin embargo se extrañó de la última afirmación.
―Jamás dije que fuese perfecto.―Y esa sencilla verdad llevaba una conotación demandante y curiosa.
Inuyasha resopló y se sonrojó ligeramente, aunque no le importó sabiendo que no estaba siendo visto.
―¡Bueno, pero sí dijiste que era cosa de débiles!―Protestó con enfado, tratando de encubrir su pequeño desliz.
―Hn.―Sesshomaru ahogó el principio de una sonrisa al descubrir, precisamente, la presencia de ese desliz.―¿Débil respecto a tí? No. Pero si me comparo con padre, aún tengo cosas por aprender.
Inuyasha rascó su oreja derecha con molestia y decidió dejar de lado la conversación.
Se supone que yo no quiero intercambiar palabras con él...¿Que mierda haces?
Y no quería, pero su mente se sentía hiperactiva y...necesitaba conversación, fuese con quien fuese y sin importar el tema.
Pero eso ya se ha acabado. Ya está.
Sesshomaru también dió la conversación por acabada, aunque aún no estaba del todo satisfecho. Sabía que la opinión de su hermano no había cambiado ni una milésima pese a esa charla.
A cada segundo, el se parece más a sí mismo.
Eso pronosticaba una recuperación rápida, y la finalización de su deber. Eran ambas buenas noticias.
Siguieron caminando. La noche en su cénit. Inuyasha observó el paso de su hermano por delante de él con cierta somnolencia y lo acentuó en su retina contrastándolo con la reciente memoria que aparecía intermitente frente a él. Seguía siendo su hermano caminando por delante de él, pero el suelo y su alrededor era el mármol del palacio y sus ropas eran distintas y más cómodas.
Sin embargo...
Sin embargo, y sin saber muy bien por qué, sentía que el lugar de Sesshomaru no eran esas habitaciones de ricas paredes...sino el mismo bosque que ahora atravesaba. No sentía, lo sabía y tenía certeza de ello. Sesshomaru no pertenecía a esa burocracia complicada. Tal vez su apariencia, y su forma de hablar. Incluso sus maneras y hábitos. Pero...en el fondo, su aura y su espíritu encajaba más entre la naturaleza que entre ese mundo artificial. Un espíritu salvaje oculto en una bonita apariencia junto a otro espíritu salvaje que se esparcía y camuflaba en diversas formas.
Casi parece formar parte del paisaje nocturno de forma natural, como un complemento más a toda esa belleza.
Los sentimientos que en su memoria provocó esa imagen siendo una presión calida en sus entrañas.
'Un cuerpo envidiable¿verdad?'
Inuyasha se sonrojó y apartó la mirada.
Callate...no me refería a "bello" en ese sentido...a mí me gustan las mujeres idiota.
'Pero su olor...es diferente ¿no? ¿No lo percibes?¿No es agradable?
¡Qué coño!¡Es a tí a quien te gusta no a mí!¡Por mí podría desaparecer!
'¿Seguro?'
Inuyasha iba a contestarse una obscenidad, cuando un escalofrío recorrió todo su cuerpo.
Fue un aviso que obedeció, y dirigió su mirada hacia delante.
El viento silvó sobre sus oidos que parpadearon mientras la ansiedad comenzaba a clavarse sobre su pecho.
No está.
Frente a él, el bosque le saludó en plena oscuridad. Sesshomaru había desaparecido.
―¿Sesshomaru?―Su voz sonó pequeña en torno a la armonía que constituía el bosque. Todo empezaba a dar vueltas y distorsionarse ligeramente, cómo si sus ojos desearan ponerse a dormir. Su respiración se aceleró mientras el miedo se instauraba dentro de él. ¿Se había dormido y estaba en un nuevo sueño?
¿Y si nunca he despertado? ¿Y si en realidad todo era una mentira...otra vez?
La posibilidad arrancó sus ojos en la desesperación absoluta, su corazón capaz de romperse de nuevo si tal oscura baticinación se cumplía. Las ramas de los arboles se doblaron tenebrosas hacia él, en sus oidos, creyó escuchar el aullido de los lobos, y todo se hundió un poco más sobre él mientras los sucesos de "aquella" noche lejana en la que todo comenzó pasaba a a la realidad justo a su lado. Jadeó en busca de aire, ¿el brillo que sus ojos acababan de captar a su derecha eran los de una luciérnaga...o los de un lobo?
Pero Sesshomaru estaba aquí...si el estaba aquí debe ser real, ¿No?
Pero ya no estaba, no estaba y no había nada a lo que sostenerse para averiguarlo. Una respiración más y un crujido a su espalda. Inuyasha comenzó a correr.
―¡Sesshomaru!―Gritó mientras comenzaba a correr.
Su corazón iba a mil por hora y su cuerpo se resistía a obedecer. Necesitaba a Sesshomaru. Le necesitaba allí, a su lado, para poder decir que el mundo en el que se movía era real.
Y que nada puede sucederme que no sea por su propia mano. Tiene que ser real, tiene que ser real. Tiene que estar aquí.
Había dejado de ver en absoluto, el paisaje una mancha borrosa que pasaba a través de sus ojos a máxima velocidad sin que pudiera ofrecerle lo que buscaba. Un gruñido resonó a sus lados y trató de correr aún más fuerte. Podía sentirles tan cerca...a punto de abalanzarse sobre él...
Y si me atrapan me regresaran a aquel horrible lugar y entonces...
Tropezó entre las raices, el pánico ascendió en un grito agudo y casi más rápido de lo que corrió se arrastro entre el suelo hasta ocultarse entre los arbustos torpemente.
Su cuerpo temblaba, sus dientes temblaban, y sus garras rastrillaron el suelo frente a él sacando la arena. Sus ojos abiertos al máximo observando por encima de las hojas la llegada de sus perseguidores.
¿Voy a morir?
Los arbustos sonaron y cerró los ojos, incapaz de mirar por más tiempo las numerosas sombras que se cernían en el lugar. Sus orejas se aplastaron sobre su cabeza completamente mientras perdía el oxígeno...
―¿Qué se supone que estás haciendo?
Inuyasha pestañeó los ojos abiertos para ver a su hermano con expresión severa mirándole detenidamente. Respiró un par de veces al borde de la inconsciencia mientras se puso en pie demasiado pronto. Su cuerpo se dejó caer hacia delante y Sesshomaru le sostuvo ligeramente de los hombros. En sus mentes, flashes de iguales gestos repitiéndose en otros lugares.
Para la sorpresa del mayor, Inuyasha apartó las manos de sus hombros y se aferró a su pecho con lentitud. Cuándo sus brazos rodearon la totalidad del torso, apretó con dureza y apoyó su frente en el frío metal, aferrándose a él como si se tratase de un salvavidas.
Sesshomaru escuchó la respiración ahogada.
¿Está llorando?
Pero Inuyasha movió ligeramente su rostro hacia arriba. Ojos grandes en oro mirándole con esperanza y temor. Sesshomaru tuvo un escalofrío.
―¿Dónde habías ido?―Preguntó con voz trémula y susurrante.
Sesshomaru guardó silencio, todo en él latiendo dolorosamente en la impresión. ¿Qué palabras eran las adecuadas para esa pregunta cuando Inuyasha parecía retroceder en su estado de salud a rápida velocidad? Sesshomaru respiró profundamente y rodeó con sus propios brazos al cuerpo tembloroso, apoyó su barbilla entre las orejas peludas, cualquier cosa para evitar mirar de nuevo a esos ojos extraños.
Sus labios se abrieron y cerraron en busca de palabras.
―Estoy aquí ahora.―Salió finalmente, aunque sonaba insuficiente.
El silencio se rompió con un susupiro largo y tembloroso procedente del menor.
Sesshomaru centro sus cinco sentidos en el pequeño cuerpo que sostenía.
Habían sido solo unos segundos. Unos segundos en los que se elevó sobre el aire para observar la cantidad de camino que aún faltaba, y avisó. El dijo: "Quédate ahí" Pero, al parecer, no había sido escuchado. Bajó sin ver a su hermano en ningún lado. El olor del miedo y pánico le llevaron a considerar la presencia de un depredador, pero si así hubiese sido, Inuyasha podría haberse defendido perfectamente. En su lugar había salido huyendo, y él le siguió, enfadado con esa actitud cobarde que sólo les hacía perder tiempo. Por supuesto lo que finalmente encontró había borrado todo de su mente. No una frase que la cruzara ante el aspecto reducido que la figura acuclillada entre los arbustos presentaba, como un pequeño perrito abandonado.
Y ahora esto. Demandar este contacto de mi parte...He sido un iluso, está claro que tal recuperación era sólo un farol.
Casi siendo escuchado, Inuyasha reafirmó su agarré, sus cuerpos demasiado cercanos los unos a los otros y el contacto provocando ligera excitación sobre él.
'Deberíamos consolarla...'
Sesshomaru frunció el ceño ante la connotación femenina.
No voy a aprovecharme de una persona enferma...
Y con esa decisión tomada, le apartó de sí mismo con ligereza tratando de evitar cualquier gesto brusco.
―Estás bien―La pregunta, tal como solía ser propio de él, sono más como una sentencia que como tal. E Inuyasha le miró con confusión y asintió, no sabiendo si confirmaba o contestaba.
De hecho, fue esa ruptura la que devolvió la razón a la mente inestable, e Inuyasha dibujó lentamente un ceño, como llegando a la realización de algo, y se apartó de él totalmente con un empujón.
―¡Maldita sea Sesshomaru! ¿¡Dónde te habías metido!? ¡No desaparezcas así!―Le gritó.
Sesshomaru acentuó su mirada sobre su acompañante. Su actitud osca de regreso, aunque desconocía el mecanismo por el cual la compleja personalidad de Inuyasha se desarrollaba.
―¿Por qué corriste?―Preguntó de manera directa.
Inuyasha abrió los ojos desprevenido, igual que capturado in fraganti en un acto prohibido o del que iba a ser castigado, y los desvió.
―Sólo te buscaba...―Trató de argumentar, aunque sus labios apenas se movían.
―No se busca a nadie en un arbusto.
Inuyasha movió sus pies un poco.
¿Qué se supone que debo contestar?
'Dile la verdad, así nos ayudará'
Y una mierda...
―Sólo dejame.―Susurró, dándole la espalda.―No importa.―Se esforzó, tratando de sonar como algo casual.
O en todo caso, sé que a tí en realidad no te importa.
Pero eso no era lo que Sesshomaru deseaba escuchar en esos momentos, empezando a percatarse del auténtico laberinto que consistía el camino hasta la obtención del viejo Inuyasha. Y necesitaba pistas para poder afrontarlo.
―Importa, cuando pareces huir aterrorizado de una sombra.
―¡No era una sombra!―Protestó girando a verle con los colmillos sobresalientes en sus labios.
Por lo que entonces sí había algo.
―¿Era?
Inuyasha resopló y miró al suelo, aparentemente indeciso sobre si decir o no. Finalmente.
―Deja de interrogarme. Ya se me ha pasado y estoy bien...
Sesshomaru negó contrariado ante la cabezonería del otro, que le llevaba no a otra cosa que no fuese prolongar su curación.
―Sólo una pregunta y continuaremos.―Puntualizó Sesshomaru fijando las condiciones del trato. Inuyasha cruzó sus brazos entre el kimono purpura y se quejó con disgusto.
―Vaya, ahora tan hablador.
Pero Sesshomaru no le dió tiempo a pensar.
―¿Tenías miedo porque te deje sólo?―La pregunta formulada como una bomba no fue contestada. En su lugar, Inuyasha dirigió su mirada al suelo y aguardó serio como si fuese un niño regañado esperando para salir corriendo. Su reacción le dió a Sesshomaru la afirmativa que ya esperaba.―¿Por qué?―Inuyasha alzó una de sus mano en busca de un mechón con el que disimular, su pelo corto no permitiendo el acto. Sus mejillas se habían sonrojado ligeramente.
―¿Podemos irnos ya?
La pregunta sonó tan infantil y ansiosa que dejó en shock breve al otro. Sesshomaru cerró los ojos.
―Sí. Volaremos por un rato sin embargo.
Inuyasha parpadeó ante la contestación.
―¿Cómo?―Su ánimo claramente decaido y con escaso interés real.
―Te llevaré. Puedes dormir si lo deseas.
La mueca en su rostro habló de su desagrado.
―No quiero que me lleves como si fuera una chica. Puedo correr perfectamente.―Y pese a ello estaba claro que sus fuerzas habían disminuido, y no parecía tener muchos ánimos para discutir tampoco.
Él realmente necesita dormir.
Se percató, cuando se dió cuenta de las dos pequeñas manchas que adornaban el contorno de sus ojos.
―No voy a discutir contigo.―Afirmó acercándose a él.
Inuyasha se limitó a mirarle y retroceder un paso.
―No es necesario, en serio. Yo puedo soportar una noche sin dormir.
―Tú sí; pero yo no.
Inuyasha retrocedió y el miedo subió por su garganta.
―No. ¡No!―Le gritó saltando aún más lejos de él.―No pienso dormir. No ahora.
Sesshomaru ladeó su cabeza con curiosidad, incapaz de comprender el motivo de semejante negativa. El tufo del miedo regresando, pensó que debía averiguar a todo costo el motivo de ello y acabarlo. No estaba dispuesto a aguantar a su hermano por más tiempo bajo estas condiciones.
En un suspiro Sesshomaru le acorraló contra el suelo. Sus manos sosteniendo sus hombros y sus uñas destilando veneno suavemente, el primer contacto entre la esencia y la delicada nariz de su hermano se desmostró en un pequeño escalofrío.
―¿Qué temes Inuyasha?―Preguntó mirándo sus ojos directamente. El otro tratando de resistirse.―¿Por qué no dormir?
Los ojos grandes se entornaron ligeramente, el veneno debilitando rápidamente al menor.
―No quiero regresar...―Se quejó lastimoso, Sesshomaru viendo al niño que ya no existía.
―¿Quieres dormir eternamente?―Preguntó neutro, aunque por dentro esa posibilidad le llenaba de ira.
―No quiero soñar nunca más...
Pero en esa última frase, una protesta infantil y casi sollozante, el veneno escapó de si mismo en una pequeña ola descontrolada y venció la consciencia del otro. Inuyasha dormía.
Sesshomaru observó a su alrededor y al cuerpo insconsciente, y no pudo evitar preguntarse si esa frase sincera se refería a los sueños que poblaban su mente al dormir; o a los sueños que motivaban a los seres conscientes a afrontar las cosas y seguir luchando para avanzar hacia delante. Cualquiera de las dos opciones era preocupante en todo caso.
Se arrodilló y sostuvo el cuerpo entre sus brazos, el kimono lila, algo desgastado y manchado de sangre reseca en algunas zonas, dejando ver las piernas y demostrando ligeramente la ausencia de ropa interior. Sesshomaru gruñó sin poder evitarlo y terminó desviando la mirada, tentando sobre las prendas para cubrir la virilidad agena y evitar tocar...la suave piel relajada y perfectamente fácil de excitar que segregaba parte de ese condenado olor que le iba a volver loco ...
―Ahn
El suspiro delicado hizo que dejara tranquila la parte de esa anatomía que "en principio" había tratado de evitar. Sosteniéndole lo mejor posible, emprendió el vuelo transformándose en una esfera de luz blanca rodeada de pura energía. El otro no se percató de ninguno de estos hechos, totalmente consumido.
Era preocupante que, sabiendo que el periodo de celo había finalizado para Yaseiki y por tanto para Inuyasha, Yako siguiera reaccionando de esta manera. No era miedo, en absoluto, lo que sentía cuando el ascenso de su youkai tenía lugar, sino preocupación e incluso...respeto. Yako era parte de él; la representación más pura de su esencia y deseos, pero nunca hasta ahora había vibrado dentro de él con fuerza suficiente como para ganar el control de su lado racional. Habiéndolo considerado como una mera parte de si mismo a utilizar, al igual que un arma; ahora debía reconocer su error. Yako había reclamado su verdadera posición y lugar como la mitad de sí mismo. Y Sesshomaru sabía muy bien la dirección en la que se movía esa otra mitad. Si no fuese porque en la actualidad Inuyasha estaba enfermo...o al menos no en las condiciones adecuadas de salud, Sesshomaru sabía que Yako estaría tratando de aparearse con él; independientemente del asco y la aversión que él mismo pudiese sentir en este momento por la ejecución de dicho acto.
Al menos por ahora, parece que puedo controlarlo. La finalización del celo a calmado un poco este tonto instinto de preservar la especie.
La niebla elevándose bajo sus pies, Sesshomaru intuía la cercanía de su destino en un tiempo cada vez más veloz que se combinaba con el trascurso de la noche y el sol. Redujo el ritmo ligeramente baticinando su llegada poco antes del amanecer, no siendo necesario llegar antes y permitiendo al otro descansar un poco más. La luna era una mera franja de plata brillante.
Tal vez debamos permanecer por un día en "ese" lugar...
Pensó, sabiendo que su control sobre Yako disminuiría junto con su percepción cuando ya no hubiese luz de luna para iluminar ningun camino.
El viaje pareció hacerse eterno de esta manera, el viento y los latidos del corazón vivo de su pesada carga como única sinfonía para acompañarle. Su propia mente desconectó en un momento dado, y cerró los ojos para descansar todo lo que fuese posible siendo guiado por su subconsciente hacia el camino correcto.
'¿Ya no me quieres?'
'Lo hago.'
'¿Y por qué no peleas por mí?'
'Lo hago'
'No lo suficiente. Dejaste que me fuese...'
'Eso es irrelevante'
'¿Lo es?'
'Sí'
'¿Por qué?'
'Porque has de aprender a estar en tu lugar'
'¿Y cómo te tendré desde mi lugar?'
'Ya lo haces'
Inuyasha abrió los ojos de repente y empujó con sus brazos hacia delante.
―¡No voy a dormir!―Exclamó con ira...para no encontrar nada.
Pestañeó repetidas veces en la confusión y miró a su alrededor. Estaba tendido en un suelo de hierba mullida, en algún lugar se escuchaba un ligero sonido de chapoteo, y aunque su hermano no estaba, su armadura y sus espadas se hallaban perfectamente colocados sobre una gran roca plana.
Yo...¿no estaba hasta hace un momento..?
Miró hacia el cielo, era de noche, sí, pero comenzaba a verse claridad desde una lejanía que no podía vislumbrar ante la presencia de altas montañas cerrando el paso hacia el este.
Realmente, ¿me quedé dormido?
Llevó sus manos hasta su cabeza y masajeó su cuero cabelludo a través de las ebras de plata curiosamente suaves dada la reducción de su extensión. Se puso en pie.
Había dormido en el amparo de un pequeño árbol llorón, con un tronco deforme que se torcía hacia el oeste, seguramente buscando el lugar donde el sol de la tarde le daría mayor calor. A su alrededor, había otros árboles diseminados en distintos lugares, y una gran abundancia de hierbas y matorrales de pantano que le decían con claras señales la procedencia del sonido acuoso. Comprobándose a sí mismo, se hallaba en buenas condiciones; igual de delgado que el día que atacase a su hermano, pero sin novedades. Por otro lado...
¿Él me cargó hasta aquí?Oh mierda, me trajo como si fuese una tonta niña necesitada, estúpido...¿cómo mierda consiguió dormirme?
Incapaz de permanecer paciente en ese lugar, observó el camino que había sido creado a través de los tallos altos de las hierbas verdes y comenzó el trayecto, no teniendo otra cosa que hacer que encontrar a su hermano y tratar de averiguar qué estaban haciendo en ese lugar.
Los elevados tallos saludaron sus manos, llenos del frescor que se había dejado caer durante el día, se sorprendió de lo agradable que el tacto de ellos resultaba. También el olor se hacía de agradecer, el frío del ambiente ayudando a limpiar sus fosas nasales y pulmones, aunque extrañamente notaba algo así como...¿sal? No entendía muy bien porque, pero si se detenía a pensarlo, todos sus sentidos se sentían raros desde que regresó de estar muerto.
Aunque retomar desde la muerte algo debe ser, en cualquier caso, igual de extraño.
Miró a sus alrededores en busca de cualquier signo de vida, sintiéndose extrañamente etéreo y desprotegido al caminar en soledad por un lugar tan amplio.
―Ahg, maldición.―Se quejó cuando sus pies chapotearon en el agua, las hierbas ocultando el principio del amplio pantano de agua clara y limpia que se extendía más allá de su vista. Un sonido de aletéo le sobresalto sin poder evitarlo y casi cayó en su espalda sobre el agua, al mirar hacia su origen, observó a la hermosa garza emprender el vuelo, sus delicadas patas delgadas como palillos dobladas y ocultas en la frondosidad de sus plumas blancas.
Parpadeando y prestando más atención a su alrededor, más de estas aves se hallaban diseminadas por toda la zona, durmientes por lo que parecían. Hizo una mueca arrepentida por su poco cuidado, siendo él quien perturbaba el ambiente tranquilo del hábitat de estos animales, y continuó avanzando, en esta ocasión, tratando de realizar el mínimo movimiento posible que pudiese alterar el lugar.
Finalizando la extensión de la hierba, y sus piernas empapadas por el agua fría hasta sus rodillas, Inuyasha llegó al final del camino y contempló con los ojos abiertos lo que sin duda debía ser un paisaje hermoso. Si no fuese por la persona, completamente desnuda y en pie, aunque de espaldas, que lo enturviaba distrayendo sus sentidos.
Tomó inconscientemente una respiración profunda de ese olor, ese que sabía era de su hermano gracias a la visión, pero que no se parecía en nada a lo que antes había sido. El olor de Sesshomaru siempre había sido ofensivo a sus sentidos; la presencia de un macho alfa frente a él, de igual categoría, siempre haciendo hervir su sangre y motivar al conflicto y la pelea. Tenía que defender a su paquete y alejarlo del peligro. Si era vencido por otro macho alfa, su paquete podría abandonarle. Era una regla animal y sin sentido, teniendo en cuenta que su grupo siempre había estado formado por humanos, pero él la había tomado siempre muy en serio.
Ahora ha desaparecido.
El olor ofensivo ya no estaba, todo lo contrario, se había suavizado y...no era..le gustaba.
'Ya lo dije...'
―Despertaste.―Dijo Sesshomaru girándose para enfrentarle como si no sucediese nada, en esta ocasión siendo una clara afirmación.
Sesshomaru observó la figura de su hermano pequeño entre ese paisaje, su cuerpo recortado por las altas hierbas y sus manos asidas del kimono para evitar empaparlo. Una fina línea de sol se levantó por el paisaje picudo de montaña y cayó de lleno sobre su cabello, las líneas de plata brillando ligeramente doradas entre toda su extensión...
Hermoso, hermano pequeño, pero aún más si...ah, perfecto.
Pensó sin poder evitarlo, cuando el rostro del otro se tintó de un dulce color rojo y su olor se impregnó de vergüenza y lo que creyó por un momento que era excitación. Aunque sin duda eso no podía ser posible, teniendo en cuenta que Yaseiki había desaparecido de Inuyasha en su totalidad.
Inuyasha pemaneció sin contestar, igualmente perdido en la contemplación de los dibujos que los músculos realizaban sobre la piel y las marcas magenta que adornaban el cuerpo pálido casi blanco en aquellos lugares donde las ropas siempre estaban presentes, dos en sus muslos y en sus caderas y estas apuntando y realzando...la intimidad que tan bien debería conocer y que sin embargo veía tan sólo por primera vez.
'Grande y poderosa, elevada para tí, ¿ves?'
El apéndice masculino crispándose de vez en cuando y aumentando su rigidez, Inuyasha sintió que el agua de la laguna lamía sus muslos de repente y tragó saliva espesa en su paladar.
'¿Recuerdas cuando estuvo dentro de nosotros? Empujando hacia arriba, fuera y dentro, fuera y..'
Cuando el rayo de sol llegó hasta iluminar a Sesshomaru, Inuyasha alzó su atenta mirada hacia el rostro del otro, y concretamente hasta sus ojos. El dorado habitualmente frío le miraba con humor chispeando sobre ellos, e Inuyasha sintió la mortificación inmediata al haber sido tan descaradamente descubierto.
―¿Ves algo que te gusta?
Apartó la mirada de inmediato, sintiéndose enfadado consigo mismo.
―Claro que no imbécil..―Espetó con fuerza tratando que su molestia pudiese cubrir su vergüenza con suficiente eficacia. Cruzo sus brazos sobre su regazo.―De todos modos, ¿Qué hacemos aquí?―Le preguntó, convencido a No volver a mirar y cambiar de tema.
¿Qué está pasando?¿Qué me has hecho Yaseiki? Y esa estúpida perra...
Escuchó el ligero chapoteo que significaba la cercanía de Sesshomaru. Por un momento, creyó que se detuvo justo tras él y su corazón sufrió un paro cardiaco temporal, todo su cuerpo en tensión.
Sin embargo al poco escuchó las hierbas deslizarse algo más allá.
―El olor de mi madre aún está en tu cuerpo.―Informó en un intento de que el mensaje se entendiese.―Es desagradable.―Puntualizó, dejando claras sus condiciones.
Aunque ese no era el único motivo, como el olor residual de su primer calor aún permanecía y se acentuaba, consecuencia del líquido brillante que se deslizaba por los muslos morenos y cuya presencia Sesshomaru trató de no señalar. Él mismo acicalándose ligermente orgulloso al saber que era una reacción a su puesta en escena. Incluso aunque no fuese una mujer, sino un chico...y su hermano.
―¿Hemos venido aquí para darme un baño? Keh, eso es estúpido.―Protestó el otro, aunque en realidad su molestia venía de si mismo discutiendo con Yaseiki, el estúpido demonio aparentemente empecinado en lograr que Sesshomaru permaneciese para "ayudarles" a algo que era muy diferente de lo propuesto.
―Es necesario.―Murmuró el otro.
Inuyasha sintió el sonido de las ropas deslizamiento, y se giró hacia su hermano, quien ataba el obi amarillo entorno al hakama blanco de manera provisional. El haori decorado con los rombos rojos permaneció colocado sobre las hierbas sin caer al agua.
Su hermano estaba justo frente a él y todos sus sentidos estaban...no era normal.
―Oye Sesshomaru...―El aludido miró con expresión aburrida al otro, aunque en realidad le prestaba toda la atención; el tono inseguro no siendo natural en su hermano excepto cuando parecía hundirse dentro de su propia mente. Inuyasha miraba al horizonte.―Qué...―Se calló de nuevo, buscando las palabras adecuadas.―¿Qué le ha hecho...tu madre a...mí?
Sesshomaru no contestó por un tiempo, una pregunta inevitable que sin embargo le sorprendía, por la rapidez con la que había sido formulada. Cuando Inuyasha se giró a mirarle de nuevo, no había inseguridades, sólo una pregunta franca y directa.
Se relamió los labios, antes de hablar.
―Ella decidió acelerar tu periodo de madurez, por lo que parece.―Observó las reacciones del otro, incertidumbre lavando sobre las manos cerradas en fuertes puños.
―Eso...¿Qué significa?
Tomó en la figura, en el olor, en el cuerpo y el youki...los cambios de la madurez tantos y tan complejos como para explicarlos. Se obligó sin embargo a acentuar en ellos.
―Significa que a partir de ahora eres considerado como un adulto.―Los labios entreabiertos para recuestionar, Sesshomaru continuó.―Tu cuerpo cambia. Se ha hecho más fuerte aunque tú no puedas percibirlo. Tu youkai interior y tu olor se han definido de manera definitiva...tus sentidos deben haberse acentuado también.
Inuyasha asintió, distraido en cuanto a cómo todo eso podía afectar a su relación con la persona que estaba justo delante de él. Pero no era uno para guardar sus pensamientos.
―¿Por eso pareces diferente?―Le preguntó. Sesshomaru guardó silencio. Un silencio intenso y pesado, que Inuyasha terminó malentendiendo.―¿Es porque puedo quedar...?―La frase se cortó, incapaz de finalizarla.―Es decir, tener..tus...
―No.―El no rotundo dejo una respiración de alivio de los labios agenos. Era la segunda vez que esa inseguridad salía a flote en el menor.
Inuyasha miró a su alrededor.
―Aún pienso que es mentira. Es decir, si la madurez es como tu dices, no tienen nada que ver con eso. Tu madre es una perra mentirosa.―Mientras lo dijo, avanzó hacia el interior del agua, estaba helada, pero si su olor estaba tan contaminado como el otro decia, preferia acabar con todo el proceso, aunque no eliminó las ropas de su cuerpo. Se sumergió, obviando las orejas, antes de remerger.
―No.―Inuyasha alzó la mirada.―Mi madre no mintió.
Pero Inuyasha ya no tenía ganas de seguir hablando, quería que se marchase para poder bañarse tranquilo, había algo...en la forma en que sus oidos podían captar el pulso del Daiyoukai, que no le gustaba. Deseaba salir corriendo.
Pero no soy un cobarde.
―¿Cómo lo sabes?―Le preguntó dejando que su molestia vibrara por el aire.―No hay nada seguro, y desde luego, no tengo intenciones de comprobarlo.
Inuyasha miró por encima del agua hacia su hermano con el ceño fruncido, su corazón comenzó a acelerarse ligeramente. Entre las altas hierbas de verde claro, el ambiente semidormido que ponía el amanecer como efecto dramático dejaba el cuerpo de su hermano en las sombras, los ojos brillando con una gran intensidad. ¿Pasarían al rojo, como el día anterior? Su respiración se engancho en un instante.
―Tu...después de nuestro...coito...―Sesshomaru no sabía con claridad como de buena sería la noticia. ¿Sería Inuyasha sentir asco?¿Comenzaría a temerle de nuevo?
Su reacción no debería ser de mi importancia.
La suya propia lo era, muchísima ira y culpa. Sentía pésame al recordar, cómo desesperado se sintió...cómo...triste...
―Mi semilla creció dentro de tí. Fueron cuatro, según mi madre. Murieron junto a tí sin embargo.
Los ojos juveniles creciendo poco a poco, sus labios temblaron.
―¿..Qu-é...?―El aliento se escapó de sus pulmones mientras el frío calaba sus huesos y su mente. Un dolor no físico susurrando su alma.
Yo...maté..cuando finalicé con mi vida...me llevé...
Sus manos se dirigieron inmediatamente hacia su estómago, dejó de mirar hacia ningun lugar, la nube brumosa que llevaba rodeando su cabeza desde el despertar, se deshizo de golpe, todo cayó y calló. No había nada que le sostuviese más en la ignorancia y la inconsciencia.
Yo he matado, vidas que no...
Parpadeó, reteniendo las lágrimas.
―No se habían formado aún.―Siguió hablando Sesshomaru sin comprender del todo que era esa reacción.―Aún así, es mi culpa que estos hechos tuviesen lugar. No necesitas lamentarte , al fin y al cabo, llevaban mi sangre.
Pero Inuyasha no le escuchaba exactamente.
―Aun así, ellos vivían..y...
Yo tengo la culpa, yo decidí morir y ellos...se fueron conmigo...
Como el rostro se ensombreció, Inuyasha dió la espalda a su hermano.
―Déjame solo.
Sesshomaru le miró sin comprender.
―Dejame solo, por favor.
Asintiéndo quedamente, inició su camino de regreso al árbol dejado atrás, su salida dejando el sonido de las plantas al contacto cada vez más suave.
Inuyasha ya no tenía dudas. Ya no estaba soñando. Sus sueños eran horribles, y la realidad con Sesshomaru...era brumosa, sin sucesos de importancia. Pero ahora...
Este dolor...esta sensación...
Inuyasha se sumergió y derramó las lágrimas que sostenían sus pestañas. El agua transparente reflejando en la profundidad tesoros ocultos en arena y algas.
Todo esto no es un sueño; es real...
Por encima de la superficie acuosa, se dibujaron formas regulares a través de las que el cielo azul cobraba su primera aparición del día. La sensación dolorosa y conocida, inigualable, de la desesperación al ser responsable de la muerte de alguien a quien en este caso, pudo llegar a amar, arrancó de él un potente grito que se perdió en el silencio mudo que el agua, su escudo, creaba entorno a él. Inuyasha volvió a llorar, consumido, mientras el cruel, cruel mundo le saludaba una vez más.
Finalizó el baño en seriedad. Sesshomaru miró la figura sombria de su hermano llegar hasta el espacio donde esperaba. Las gotas de agua recorrían efímeros caminos a través de su piel, su cabello y las prendas empapadas que le cubrían. Inuyasha parecía ageno a todo esto sin embargo, sumido en un luto profundo que nada tenía que ver con el egoísmo. Con su armadura y las espadas en su correspondiente lugar, Sesshomaru tendió su hitoe hacia Inuyasha, la indirecta siendo bastante clara.
Inuyasha alzó su rostro a penas un poco para ver el gesto, y lo tomó sin protestar; sin ganas de discutir. Su rostro estaba callado y serio, entristecido, pero Sesshomaru no podía hacer nada.
Arrojando lejos las prendas femeninas y sucias lejos de la mirada de su hermano, Inuyasha deslizó sus brazos por la tela suave y resistente, el olor masculino impregnado sobre las mismas rodeándole ligeramente. Ató las prendas blancas con el cinturon blanco de las anteriores ropas, siendo lo suficientemente anchas y largas como para cubrir su cuerpo hasta las rodillas y ocultar sus manos.
Cuando reanudaron el camino, ninguno intercambió palabras, sumergidos en sus propios pensamientos. Ascendieron las montañas que habían visto desde la lejanía, la sombra reinando sus mentes y el mundo hasta que lograron superar los picos elevados.
En la cima, mientras el sol se habría paso en su gloria, Inuyasha dejó escapar un suspiro de asombro incrédulo.
La humedad de la sal le saludó en la brisa marina, acariciando su rostro y sus ropas. El mar brillaba bajo los rayos del sol con un tono dorado hermoso. Una gaviota chirrió en medio del paisaje , el sonido de las olas regalando sus oidos. La inmensidad de la tierra...y el mar...
―Estoy vivo...
No es un sueño...
Su corazón latía, su cuerpo latia...podía crear vida...y perderla.
Sesshomaru miró a su hermano y se acercó ligeramente, incapaz de apartar sus ojos de esa nueva expresión que cobró fuerza en el rostro infantil. Sus ojos brillantes y acristalados...
―Estoy vivo...
Y esa sola afirmación le trajo sobre sus rodillas sin respiración. Todo comenzaba a moverse y girar; una vez más...
Sin comentarios...prefiero que los den ustedes n.n
Próximo capítulo: Bueno bueno, vamos a fijarlo para el siguiente Lunes 28! Aunque con esto de las fiestas, a lo mejor un poco antes un poco después, en todo caso, como ya saben, en mi perfil voy informando de las novedades y posibles alteraciones, para que sepais que No; no he muerto y no, la que escribe no es un espíritu ;)
