N/A: Hello! Buajajja puntual ;) Aquí el cap 20, sinceramente he de decir que he tenido problemas, "otra vez" con este capítulo ya que...bueno, he tenido que separarlo por que llevaba ya como ¿21 páginas? Y sí, sé que amaríais un capítulo así de largo, pero necesito perfilar muchas cosas y no me daba tiempo, así que este es el resultado. Por otra lado, me he dado cuenta de que muchos de mis anteriores seguidores estan ausentes, no puedo evitar preguntarme si ha sido consecuencia de mi ausencia o de algo más. Ey! Si seguís por ahí...¡Os convoco...!Ok no.

Aquí el capítulo ;)

Agradecimientos a:

SangoaomeOO(Jajaja, me transforme en un zombie n.n Me alegro de que mantenga el Canon, es de las mejores cosas que podeis decirme para animarme. Wuau lo de SNK no lo pensé! Llevas razón! La escena debió colarse subliminal en mi cerebro XD. PD: Feliz navidad y feliz año nuevo! PD2: Inuyasha volveRA a estar loquillo de vez en cuando, cosas de traumarse.),

Marshmallow (Muchas gracias en serio, me alegro que lo disfrutes tanto como yo escribiéndolo. Creo que una relación que siempre se ha sostenido en el odio necesita tiempo para madurar, y entre que los dos son cabezotas y no han sido dados a las relaciones personales con muchos seres vivos...Wuau, si de repente se enamorasen sería un WTF total XD. Me alegro que revises a menudo, sobre todo por que casi siempre ando con las entregas por los pelos. PD: Lo siento, no hay salseo aún U.U Aún así, espero que sea de tu agrado el capítulo)

k , Guest1, Guest 2,Guest 3,Yuric09, bittersweet, Yoseff, Kind Yuuki, Frozen-Winter-Heart, alei91 y Shandy-shan.

Disclaimer: El sensualón de Inuyasha y el resto de fantásticos personajes no me pertenecen (aunque no me importaria darles un hogar XD )Todos ellos son propiedad exclusiva de la genial Rumiko Takahashi. El resto de personajes son de mi propia autoría y están reservados bajo derechos de copyright al igual que la historia en sí.

Advertencia: Yaoi, Angst, Violación, Mpreg, Horror(?), Muerte de personajes.

Rated M

Dialogos(―) Pensamientos (hhhhh) Pensamientos Yaseiki y Yako ('hhhhh') Recuerdos y anotaciones("")

Capítulo 20:

Sesshomaru permitió a Inuyasha su pequeño periodo personal de luto. No comprendía muy bien a qué se debía esa tristeza desinteresada por los cuatro cachorros sin ni siquiera formar, a penas las semillas recien fecundadas, teniendo en cuenta las circunstancias que les dieron la vida. Sin embargo Sesshomaru se dió cuenta rápidamente que su hermano era sensible al concepto de las crías y los niños; quizás, un eco de su propia y anterior tragedia personal.

"¿No vienes?"

Le había preguntado el otro desinteresadamente, cuando comenzó a caminar hipnotizado hacia el mar.

No supo en que momento le había dado el liderazgo a su hermano, pero quería saber hasta donde pensaba llegar. La costa japonesa era corta y abrupta, muy recortada a causa de sus numerosos ríos. Aquella a la que se acercaba no era diferente, la vegetación abanzando hasta casi alcanzar el mar creando grandes y bajos acantilados castigados por la erosión. Las playas ocupaban una larga extensión horizontal, pequeños pueblos humanos asentándose en estas zonas...o lo habían hecho en otros tiempos.

Ahora los humanos son más ambiciosos...creyendo que pueden modificar su entorno a placer...

En apenas unos kilómetros más allá, un complejo organizado de casas y rediles. Las formas de madera con sus redes secas y recién cosidas siendo vistas por sus ojos desarroyados pese a la distancia.

Su hermano apenas prestó atención en un solo y pequeño vistazo.

Deteniéndose por un momento en un pequeño acantilado sin árboles, Sesshomaru observó con cierta curiosidad a su hermano ahora arrodillado, y de ella pasó a la sorpresa cuando unió sus manos silenciosamente.

¿Está rezando?

Pasaron los minutos. Solo el sonido de las olas bamboleantes entrometiéndose. Finalmente se puso en pie.

―No sabía que fueses dado a la tradición religiosa humana.

El comentario iba cargado de un tono despectivo y escéptico. Inuyasha se giró a verle, devolviéndole la expresión.

―No soy dado a la religión...―Le dijo entornando los ojos, despues miró de nuevo al mar.―Kagome era.―Sesshomaru abrió la boca a punto de hacer un nuevo comentario, pero Inuyasha bordeó el acantilado y saltó sobre la arena cálida dejándole atrás.

No era agradable que le dejase con la palabra en la boca, y por un momento pensó que tal vez deseaba estar solo; pero mientras le seguía con la mirada, él otro se dió la vuelta, mirándole a la espera de continuar.

Sesshomaru volvió a seguirle a su paso habitual, Inuyasha esperó a que estuviese a su lado, ambos de ellos sin dejar de mirarse. Sesshomaru ladeó ligeramente su cabeza cuando llegó a su altura, curioso en cuanto al extraño comportamiento de su hermano. Sus ojos ya no le miraban con rabia u odio...ni con adoración infantil...había una indiferencia que le sonaba de algún lado, pero que no recordaba haber visto nunca sobre su hermano. No le gustaba.

Agarrándose sus manos a su espalda, Inuyasha se inclinó hacia él y hacia delante.

Sesshomaru pestañeó incrédulo ante el gesto que había asignado a Rin con el tiempo. Quizás todo esto le estaba afectando de alguna manera. No recordaba haber permanecido por tanto tiempo en torno a alguien que no fuese Rin o Jaken fuera del palacio...o su padre. Aunque aún no terminaba de cumplir el mes.

No he sido dado a las relaciones inútiles, no es sorprendente.

―¿Ocurre algo?

La pregunta de su hermano le desconcertó aún más. Esa era la pregunta que él deseaba hacer.

Tomando una respiración profunda, Inuyasha apartó la mirada, y siguió caminando.

La arena era cálida en la planta de sus pies, suave y sin rocas, haciéndo de su paseo matutino una experiencia agradable y reflexiva. Llegó hasta la orilla, el agua helada del mar tratando de alcanzar sus pies en el movimiento constante de las olas y creación de espuma. Sin llegar a la zona húmeda, tomó asiento. Sesshomaru se situó a su lado.

―Aquí es donde yace el cuerpo de mi muy querida Izayoi.―Dijo claramente, sin apartar la mirada del mar. Sesshomaru se inclinó hacia la confusión, desconociendo la dualidad del nombre.―Me refiero a mi hija.―Concretó Inuyasha como si eso lo explicara todo. Aunque la confusión permaneció unos momentos, Sesshomaru tensó todo su cuerpo al recordar la única criatura a la que podía referirse como tal.―Espero que...haya podido descansar y eso. No quise...―Sus labios se sellaron unos instantes. La frase no fue acabada.

―¿Como puedes mencionar a esa criatura como algo apreciado cuando era amorfa y responsable de la muerte de tu mujer?

―Cállate.―Tono borde y condescendiente.

Ambas frases fueron rápidas en ser pronunciadas. La segunda orden imperativa comiendo del final de la primera. Las olas cubrieron el siguiente silencio. Sesshomaru alzó su barbilla con superioridad.

Tan sentimental...

―No quiero que...no trato de que entiendas mis sentimientos ¿sabes? Sólo...Ella...era mi responsabilidad y...aunque tú no pudieses verlo era...estaba viva y...tenía alma.―Inuyasha alzó la mirada para ver el escepticismo de su hermano de nuevo. Resopló con molestia―Era inteligente joder.

―¿Cómo lo sabes?―Recuestionó, sin creer totalmente que semejante cuerpo pudiese albergar una mente sana.

Inuyasha se encogió de hombros, al parecer, no muy tentado a continuar hundiendo en el tema.

―Lo ví en sus ojos.―Murmuró, antes de fruncir el ceño.―Pero no es necesario que me creas imbécil.

Sesshomaru obvió el insulto mientras se permitió observar el paisaje a sí mismo. Había llegado a la conclusión de que sus palabras no eran necesarias, y su hermano simplemente necesitaba saberse escuchado. Pero se equivocó de nuevo.

―Sí...si esos niños hubieran nacido...de esa manera...¿Los habrías matado?

Sesshomaru cerró los ojos, la pregunta una acusación alterada. Teniendo en cuenta que él mismo había dado la orden de deshacerse de ellos con anterioridad, sentía que era una inutilidad mentir. Por supuesto, el sentimentalismo que rodeaba la escena le daba duda en cuanto a contestar o simplemente permanecer en silencio. Sus reflexiones fueron demasiado lentas para la paciencia del medio demonio quien comprendió sin malentendidos.

―Keh, supongo que sí; que eres capaz de eso...al fin y al cabo, no tienes problemas en matar niños, sobre todo si son sucios mestizos ¿cierto? Apuesto a que a eso te dedicas en tus tiempos libres ¿verdad?―Sesshomaru no estaba de acuerdo con su acusación, pero pensó que ya tendría tiempo de demostrar su idea equivocada―Es inútil entonces preguntarte si sientes algo por su pérdida o no.―Con eso se puso en pie, las garras de los pies rastrillando en la arena.

―¿Qué pretendías hacer?―Cuestionó Sesshomaru, recibiendo una mirada extraña. Estaba dejando salir demasiado de su curiosidad en torno al hanyou.

Inuyasha pateó la arena y miró al cielo.

―Los humanos hacen...rituales y cosas, para honrar a los muertos. Al dar su cuerpo al mar...de alguna manera fue especial. Me preguntaba si había algo similar para los demonios. Algo que yo pudiese hacer para...señalar que sus vidas existieron.

―Sus vidas son insignificantes y sus muertes no han tenido serias repercusiones para ninguno de nosotros.

Inuyasha gruñó desde su garganta y por un momento Sesshomaru pensó que vió el brillo del rojo en sus ojos dorados.

―¡Cómo puedes decir eso! Tal vez tú..claro que no, claro que no te molesta, supongo que lo habrás hecho otras veces, ¿no? Te coges a la perra que te da la gana y si se queda preñada pues ¡Bueno! ¡Mala suerte! Es eso ¿no?―Inuyasha volvía a mirarle amenazante, su cuerpo preparándose para una pelea.

―Tus ideas son infundadas; como siempre.―Denegó el otro permaneciendo en calma.―Sólo veo como algo inútil aferrarse a hechos que son del pasado. Algo en lo que tú, pareces tener mucha práctica.

Inuyasha gruñó con fuerza ante la indirecta dañina y clara, pero acabó cruzándose de brazos y dándole la cara al mar. Ninguno de los dos se miraban.

Aferrarse al pasado...yo no me aferro al pasado sólo...el futuro parece ser tan desolador...

'Parece pero, ¿Lo es?'

Inuyasha abrió los ojos mientras una realización cálida, que había constituido uno de sus prinicipales principios y alicientes en su juventud, volvió a plantearse sobre su mente, olvidado entre los resquicios de la masa de oscuridad e inquietud que habían motivado sus actos desafortunados.

Nadie sabe lo que el futuro es...no aún.

Cuando Inuyasha volvió a hablar, su tono estaba plagado de realización.

―No es que pretenda aferrarme al pasado...no se trata de eso sino de...―Con esas palabras retomó la atención de Sesshomaru completamente sobre sí mismo. En apenas un susurro, un tono tan sorprendido cómo el realmente era, el cuerpo de Inuyasha tomó de sus hombros un profundo peso.―Se trata de dejarlo atrás, sin olvidarlo.―Inuyasha miró a su hermano con ojos brillantes, cómo si hubiera descubierto un gran secreto y necesitara compartirlo.―Crear un final para cerrar el capítulo y poder empezar el siguiente. Dar un nuevo paso...―La realización, que permitió a su rostro irradiar la luz, finalizó abruptamente.

¿Y cómo voy a hacer eso? ¿Se supone entonces que estoy listo para empezar de nuevo? Pero Kagome y después...todo lo que sucedió.

No. No estaba listo para eso. Pero al menos, se dió cuenta por fin de dónde estaba y hacia donde pretendía llegar. Sólo el tiempo podría curar las heridas que habían surgido de nuevo en su cuerpo y su alma. Y si quería que el tiempo trascurriese, no tenía otra opción que seguir viviendo, y ver que es lo que sucedía.

Por ahora, seguir viviendo es seguir caminando al lado de él...Bueno, supongo que tendré que ver qué es lo que el tonto quiere. Después de eso podré continuar yo sólo.

Por otro lado, Sesshomaru había grabado sobre su mente la breve iluminación racional de su hermano.

Cerrar un capítulo...

Inconscientemente, su hermano había alcanzado la misma metáfora donde el había quedado encasillado. Y le había llegado. De alguna manera retorcida y extraña había tocado su interior. Aunque había sido quien le había acusado de permanecer anclado en el pasado, ¿no era eso mismo lo que él hacia?

No, yo superé la muerte de mi padre ya...

Y sin embargo no había dado un nuevo paso, no sabía hacia donde dirigir sus piernas, sus deseos agotados de repente al caer de nuevo en el mundo real donde sólo importaban las responsabilidades.

Sesshomaru miró a Inuyasha.

Por ahora estoy avanzando. No sé hacia donde. Pero estoy avanzando.

Más allá de sus reinos, no tenía nada que hacer, nada que deseara hacer o de lo que tuviese que preocuparse con gran fuerza.

Puedo seguir este camino...por ahora.

Pensó, incapaz de imaginar hasta donde le conduciría permanecer en la compañía de su hermano.

―No sé...―Sesshomaru escuchó a Inuyasha, saliendo de sus cabilaciones. Este le miró con un pequeño toque de auxilio en sus ojos.―No sé que puedo dar, para ellos. En este momento no queda nada que sea mío.―La mirada del otro le llevo a mirar hacia otro lado molesto.―Es solo...cómo símbolo para...ah joder.―Maldijo incapaz de terminar su frase.

Aunque perdido por un momento en cuanto a la conversación, Sesshomaru finalmente comprendió que se refería, de nuevo, a los cachorros perdidos. Pestañeó tres veces.

―Demonios no tenemos ese tipo de cosas como "rituales".―Explicó, molesto de su insistencia respecto al tema.―La muerte es el fin de uno mismo, es algo que llega a todos sin excepción, más tarde o más temprano en unas situaciones u otras. No hay nada sobre lo que desear de ella, ya que los Demonios estamos destinados a ir al infierno...

Inuyasha asintió, comprendiendo la mecánica de ese pensamiento pero igualmente molesto y desilusionado.

Un símbolo ¿verdad?

Sesshomaru le observó por un tiempo, hasta que sus manos se movieron por si mismas.

―Demonios no tenemos rituales respecto a la muerte. Sin embargo, en el proceso de quedar encinta has otorgado más pérdidas que yo mismo.―Inuyasha le devolvió la mirada sin comprender del todo lo que se venía a continuación, no muy confiado para hablar e interrumpir―Cómo la otra parte implicada en su nacimiento, estoy dispuesto a dar el símbolo que exíges.―La sorpresa no se oculto de sus ojos.―Con ello, espero que esos actos vergonzosos queden en el pasado y pueda considerar mi consciencia tranquila.

Inuyasha no podía ser menos que atónito ante esas palabras. Era un acto considerado y..las palabras solemnes...

A veces olvido que Sesshomaru es un Daiyoukai...

Pero ahora se sentía confuso y dudoso, incapaz de pensar en aquello que el otro pudiera dar o él estuviera dispuesto a exigirle. Se rascó una oreja peluda, nervioso ante la atenta mirada inquisitiva.

Sesshomaru revisó el conjunto y asintió para sí mismo.

―Sé lo que puedo ofrecer.

La seguridad en su afirmación distrajo a Inuyasha de sus emociones conflictivas, quien se limitó a observar cómo Sesshomaru tomó la Tenseiga de su funda y la alzó por encima de su hombro. No comprendió, hasta que la mano del brazo contrario agarró en una cola su cabello hacia arriba.

―¡Espera!¡¿Qué..?!

Sus palabras se perdieron, ante la caida del filo y la separación del cabello del otro en una gruesa coleta de largas ebras plateadas. Su respiración cayó por un momento.

Sólo es cabello...sólo es cabello...

Pero Inuyasha sabía que era importante, o para él lo había sido y aun ahora era horrible no tener el peso reconfortante de su melena en su espalda...y ahora Sesshomaru solo había...

―¿Que acabas de hacer..qué?!

Sesshomaru miró a Inuyasha, agitando por un momento su cabeza para despejar el nuevo corte y las ebras dejadas atrás mientras guardaba la espada de nuevo en su correspondiente lugar. El menor le miraba con la boca abierta, su asombro al parecer bastante alto por la forma de expresarse. El cabello de Sesshomaru, antes por sus rodillas, ahora aparecía por la línea de sus codos. Aún largo para un ser humano, pero siendo un shock poderoso en la figura del alto y poderoso demonio al que llevaba observando con la misma estética desde...¿su nacimiento?

Era un cambio poderoso para el propio Sesshomaru, sintiendo cómo de sus hombros desaparecía un gran peso que no sólo era de su cabello, sino también de algo más. Pero para él, no tenía tanta importancia; o más bien, se estaba esforzando duramente para restarle importancia al asunto, pese a que sabía que, si este acto hubiera sido llevado a cabo por alguien más que no fuese el mismo, en esos momentos estaría muerto.

Sin más pensamientos, tendió la gruesa cola de pelo hacia Inuyasha, este alejándose ligeramente.

―¿Es suficiente?―La dureza con la que pronunció la pregunta traicionó la molestia por su pérdida. Inuyasha cerró los ojos recordando que debía ó.

Con el cabello en sus manos, sabiendo que de arrojarlo al mar sería arrastrado a la costa, Sesshomaru se elevó por los aires y se situó un poco más adentro. El cabello perdido voló de sus manos arrastrado por las altas corrientes de viento, antes de dejarse caer y perderse en el mar. Cuando no quedó nada regresó, más calmado consigo mismo hacia donde Inuyasha no había dejado de mirar su espalda casi desnuda ahora.

Se miraron por unos momentos, ambos sintiéndose ligeramente incómodos y al mismo tiempo, aunque se negaran a compartirlo, ansiosos por los cambios y las decisiones que estaban tomando...juntos...aunque de manera indirecta.

―Deberíamos avanzar ahora.―Sentenció Sesshomaru, aunque aún sin moverse.

Inuyasha asintió una vez, aún mudo.

―Err..―Murmuró, sin saber qué decir.―Gracias...supongo.―Inmediatamente desvió sus ojos.

―Hn.―Fue el sonido que escapó del otro como reconocimiento, mientras comenzaba a andar de nuevo.

Gracias...ha dicho ¿cierto? Hn, tan cŕedulo.

Pensó mientras su hermano tenía la osadía de caminar justo a su lado, como si de repente correspondiesen al mismo nivel.

Un pequeño acto basta para conmoverte, y bajar tu guardia de semejante manera.

De repente Sesshomaru se sentía enfadado, enfadado consigo mismo.

Esto no soluciona nada, Yako aún pretende llegar a tí, y si pierdo el control lo mismo volvera a suceder y seré yo quien mate a las crias, ¿te sentirás tan agradecido entonces cuando "pretendamos" dejar los hechos atrás?¿Bastará repetir tu pequeño ritual? Patético.

Y sin embargo, sólo le llevaba a estar incómodo y preocupado. De alguna manera no estaba mal tener a Inuyasha a su lado, de alguna forma, conversar sin pelear cada pocos segundos era agradable; y si algo así volvía a suceder...no habría segunda oportunidad para ser perdonado...Estos pensamientos le carcomían, mientras sus pies se dirigían en la dirección del asentamiento humano.

Inuyasha no pensó que fueran realmente a atravesar el pueblo humano. Sin embargo hacia allí se dirigían; y sin embargo, tampoco le importaba mucho mientras seguía mirando el pelo. Sentía que podría obsesionarse con él más que con el suyo propio, mientras su pupíla seguía el movimiento leve de rebote, cada ebra enganchada sobre los enganches de la armadura, cada movimiento del viento elevándolo por encima de los hombros...

No podría, ya estoy obsesionado. ¿Cómo mierda he conseguido que lo haga?

El toque afeminado del que siempre se había mofado con Miroku había sido eliminado en un alto porcentaje, su rostro se veía ahora mucho más maduro. O simplemente se veía diferente y punto. Frunció el ceño.

Que mierda...¿y este momento chica de donde ha venido?Gezz

―¿Has terminado con tu inspección?

Las palabras le sobresaltaron y giró el rostro inmediatamente hacia el lado contrario.

―Te ves raro...―Murmuró sin saber muy bien que mas decir.

Sesshomaru no le contestó, pero de una zancada adelantó el paso al suyo y le dejó atrás.

―¡Ey!―Se quejó caminando rápido para alcanzarle...pero se frenó, ante la mirada de hielo que llevaba tiempo sin ver y que desapareció una vez transmitido el mensaje, ese que decía claramente, "No vuelvas a caminar a mi lado, tu vas a mi espalda"

Cabrón pretencioso...¿Qué mierda le pasa ahora? Yo no hice nada...él se ofreció a hacerlo.

Inuyasha volvió a ponerse tenso, puso sus hombros firmes y miró en torno a la figura de su hermano para visionar el pueblo humano con cierta indiferencia. No sabía muy bien que estaban haciendo allí, pero había algo familiar en la zona que le permitía estar relajado. Estaba claro que era un lugar que su hermano había visitado a menudo, al igual que su pueblo...o su antiguo pueblo más bien, dado que los pocos seres humanos que se hallaban secando el pescado se limitaron a dar una pequeña mirada hacia ellos antes de seguir con sus labores.

Debe de haber venido aquí muchas veces...pero ¿Por qué?

―¿Qué estamos haciendo aquí?―Le preguntó acortando ligeramente la distancia entre los dos de ellos. Pero no hubo ninguna señal de respuesta.

Inuyasha frunció el ceño, resignándose a tragarse su impaciencia sabiendo que su hermano jamás le diría antes de tiempo. El entorno en el que se encontraba no terminaba de ser agradable dado que el gran numero de casas agobiaba un poco su percepción, y el mar que estaba a solo unos pasos sólo podía ser visto entre los huecos formados entre ellas, lo que le molestaba un poco.

Están procreando más rápido que Miroku; eso es aterrador...

Y entonces, tras atravesar lo que constituía la mayor parte de pueblo y casi saliendo del mismo lo notó. El olor a hanyou.

Sus ojos se abrieron y miró desconfiado hacia la diligente figura líder sin saber muy bien lo que pretendía. Inconscientemente se mordió los labios, mientras su mente buscaba semejanzas con otros hanyou que conociese sin encontrarlas. Se sentía inquieto.

Cuando al fin pararon frente a una gran casa de madera, el mar volvía a formar parte del paisaje, resplandeciente e invitando a dar un chapuzón ante el picor insistente de los primeros rayos de sol. El pueblo había quedado algo atrás, y la arena albergaba rastros de algas y algunas conchas rotas. Su conjunto llevó a Inuyasha a alcanzar la realización de donde se encontraban momentos antes de que para su asombro, su hermano procediese a internarse en el interior de la vivienda humana. Su corazón dió un vuelco al pensar en lo que la pequeña niña podría pensar de él cuando le viera, con un aspecto tan diferente...

Con una vida y unos sentimientos tan diferentes...

Sin tener mucho más remedio, entró, siguiendo la figura de su hermano.

Lo que le aguardaba en el interior no prometía ser una sorpresa, su mente evocando la pequeña habitación donde la desesperada mujer llamada Shizu contara una historia que venía repitiéndose por milenios. Pero dentro no estaba Shizu, y la pequeña habitación ya no era pequeña; ni una habitación.

―Sesshomaru-sama, es un honor tenerle de vuelta en mi establecimiento. Bajé la barrera en cuanto sentí su presencia. ¿Esta aquí por el último encargo?

Inuyasha perdió la respiración por unos momentos, el oxígeno siendo ultimamente un bien dificil de captar por sus pulmones con regularidad. La dulce voz de la chica imitaba a la perfección el batir de las olas, como un murmullo agradable que relajaba tu cuerpo con su toque. Largo cabello del color de las lilas recogido en dos moños a ambos lados de su cabeza y tersa tez morena reluciendo entre el bonito kimono de toques verdes y rosados pálidos, un juego de colores que resaltaba sus ojos de igual color a su cabello. Toda la figura de la esbelta hanyou recortada por los juegos de distintas telas que rodaban por los suelos.

Esta chica...¿Es Shiori?

Sentándose y levantándose tras su reverencia inicial, Shiori invitó con su mano a pasar más al interior, dos puertas shogi separando el aparente recibidor de la zona de mayor intimidad, que la chica procedió a abrir en cuanto Sesshomaru dió un nuevo paso.

―Veo que tiene acompañantes en esta ocasión.―Inuyasha se tensó, cuestión de momentos que todo saliera a flote.― Por favor, permitidme que les ofrezca un té mientras preparo todo.

La puerta desveló lo que parecía haber sido la antigua habitación principal que él había conocido, con el suelo reluciente y el fuego cálido en medio, pero con una mayor extensión de espacio a su derecha. Tres cojines fueron hábilmente preparados y la tetera de cerámica se puso a hervir al fuego. Shiori se sentó en su lugar, con una sonrisa brillante y un rostro radiante de felicidad mirando hacia ellos.

Sesshomaru se dirigió inmediatamente hacia ella, que Inuyasha no lo hiciera fue tal vez su error de haber pretendido pasar desapercibido. Eso le reveló de inmediato, la mirada infantil plenamente asombrada mirando en su dirección. Removiéndose incómodo, Inuyasha se cruzó de brazos y evitó la mirada anonada que tragaba en todos los detalles que le envolvían.

―Ey...―Fue su única palabra a modo de saludo al verse descubierto.

Sesshomaru, dos pasos más adelante y entre ambas criaturas extrañas, se volteó para mirar el porqué de las palabras de su hermano. La explicación fue evidente tras algunos segundos.

―¡Inuyasha-san!―El grito infantil y emocionado, los ojos brillando con mucha mayor fuerza mientras se ponía de nuevo en pie. De una carrera de dos pasos y un salto, Inuyasha se vió obligado a eliminar sus brazos cruzados para evitar la caida mortal de la niña avalanzándose hacia él. No tuvo mucho éxito, cayendo al suelo de inmediato y soportando el peso de ese abrazo semimortal sobre él.

―¡Inuyasha-san! ¡Ha pasado tanto tiempo!¡Estoy muy feliz de verte de nuevo!―Afirmó la chica a horcajadas sobre sus piernas mientras dejaba caer su cabeza en su pecho y reía suavemente.

―Sí si muy bien...ahora baja de mí―Exigió con tono osco.La delicada nariz del chico capto ligeras lágrimas, y la tensión regresó a él.―¡Oye pero no llores!¡¿Por qué lloras?!

La joven chica se incorporó, las pequeñas lágrimas pendidas de sus ojos. Pestañeó sobre él sin comprender, y cuando lo hizo, su rostro se tintó como un pulpo e inmediatamente se levanto de un salto.

―¡Oh!¡Lo siento mucho!―La reverencia corta no tardó en aparecer. La voz calmada tampoco.―Hace tanto tiempo desde la última vez que te ví...y estás tan cambiado...sentía mucha curiosidad por saber de nuevo de tí, ya que somos tan pocos...―Murmuró con las mejillas aún sonrojadas.

Inuyasha se puso en pie y limpió el haori de la posible arena.

―Keh! No pasa nada niña...pero la próxima vez trata de no lanzarte encima de la gente.

Shiori sonrió.

―Claro...―Perdiendo el hilo de su frase, así como su mirada, de pronto recordó que no estaban solos.―¡Oh! Sesshomaru-sama, disculpe mis actos...Inuyasha-san y yo somos conocidos...―Explicó, mientras tomaba de la mano a Inuyasha y le guiaba hacia el interior antes de hacerse cargo del té y recuperar su asiento.―¿Puedo asumir que han venido juntos?

Inuyasha entrecerró los ojos ante esta Shiori tan diferente de la niña que había saltado hacia él al tiempo que pensaba si aceptar el asiento al lado de su hermano o no. El lenguaje culto y servicial siempre sonaba en sus oidos de una manera odiosa, y escuchar a una niña con una voz tan natural ser forzada a utilizar esos términos de cortesía le irritaba de sobremanera.

Sentándose finalmente al sentir que ambos le miraban a la espera, Inuyasha suspiró mientras su postura habitual era retomada por su cuerpo como una vieja regla, el haori de Sesshomaru permitiéndolo.

―Algo así...―Murmuró Inuyasha en respuesta obviando la pregunta.

―Inuyasha es mi medio hermano menor, Shiori.

La contestación concisa e implacable abrió como platos los ojos de Inuyasha y de Shiori a la vez.

¿Qué...desde cuando él reconoce que soy su hermano y...?

Su expresión cambio al instante, todo su cuerpo planteandose en tensión y eliminando de golpe el ligero sentimiento cálido que había surgido del anterior sacrificio por el frío tenso de toda su infanciay juventud.

Lo sabía...

'¿El qué?'

Que quiere algo de mí. Esta siendo demasiado amable al punto que da escalofríos. No es él. Busca que baje la guardia para algo...¡Ja! Ya puede esperar...

―Ah...yo, vaya, no sé porqué nunca lo pensé. Es cierto que ambos comparten algunos rasgos...―El escalofrío fue inmediato.―¿Tú también deseas algo Inuyasha-san?

Inuyasha frunció el ceño sin comprender, pero cuando iba a contestar, la posibilidad le fue arrebatada.

―Estamos aquí porque Inuyasha necesita un kimono adecuado para él. Yo me haré cargo de los costos, por lo que espero el mismo trabajo excelente que con Rin.

Shiori saltó con sorpresa en su asiento. Inuyasha también.

―No necesito...―Iba a decir kimono, pero se dió cuenta que quizás era una de las cosas que más necesitaba de todas.―...que tu lo pagues, y tampoco que sea especial ni nada―Explicó mirando en esta ocasión a la chica sorprendida frente a él.―Yo no soy Rin, y no necesito ningún regalo cuando puedo ganar las cosas por mí mismo.

La mirada de reojo, llena de disgusto que captó no surtió efecto sobre él. La breve discusión mental que se sostuvo a través de la mirada fue rota cuando Shiori les tendió sus respectivas tazas de té.

Ligeramente sonrojada, ella sonrió al recuperar la atención de ambos hombres.

―Sesshomaru-sama...si me permite, me ofrezco a hacerlo gratuitamente...―Inuyasha se sonrojó al tener de nuevo sobre él la atención de la hanyou murciélago, quien le miraba con satisfacción.―Inuyasha-san hizo mucho por mí y por mi madre, no me es ningún problema hacerle este pequeño favor.―Hubo una breve tensión en el ambiente, pero finalmente Sesshomaru asintió.―Si lo desea, podría hacerle también un nuevo haori para usted señor...

Inuyasha se sonrojó y Sesshomaru apretó sus labios finos. Cuándo una vez más volvió a mirar sobre Inuyasha, sus palabras dejaron entrever claramente lo que pensaba.

―Sería conveniente, teniendo en cuenta que el anterior se ha echado a perder.

Inuyasha frunció el ceño sin perder el color de sus mejillas, ante la frase que claramente decía: "Me niego a poner sobre mi cuerpo algo que ha sido tocado por él"

No haberlo ofrecido desde el principio entonces...imbécil...

Shiori aplaudió con ambas manos en acuerdo, Sesshomaru comenzó a beber su té tranquilamente.

―Necesitaría tomar prestado a su hermano menor, Sesshomaru-sama, para poder tomar sus medidas y...¿quizá ponernos al día?.―Murmuró timidamente.―¿Va a permanecer con nosotros?

Inuyasha se mordió la lengua para no sonreir, básicamente, la pequeña niña le estaba echando de su casa.

―Iré a visitar a Mikaomaru mientras tanto.

Shiori asintió agachando ligeramente el rostro sonrojado, mientras el Daiyoukai dejó su taza de té vacía sobre la mesa y se puso en pie.

Sobresaltada de nuevo y de repente, Shiori se puso en pie.

―Mi señor espere...¿Hay algo en particular que deba tener en cuenta para su haori? Un color o...

Sin dar la vuelta de su desplazamiento hacia el exterior, Sesshomaru respondió.

―Conservar el símbolo de mi familia es suficiente. Lo demás lo dejo a tu elección.

―Ah sí por supuesto...―Sesshomaru elevó la puerta de caña por encima de su cabeza y salió del hogar.―¡Muchas gracias por contar conmigo Sesshomaru-sama!―Gritó tratando de ser escuchada, aunque el youkai ya no se encontraba en el interior.

Inuyasha movió en un tic inquieto su pierna derecha con impaciencia, sin saber qué hacer o decir mientras la jovencita frente a él recogía con tranquilidad la taza vacía.

Cuándo volvió a alzar su mirada hacia él, Shiori sonrió, los dientes nacarados perfectamente enmarcados por los labios gruesos y oscuros. Sin a penas poder evitarlo, Inuyasha le devolvió la sonrisa timidamente.

Hacía unos siete años desde que había conocido a esta jovencita, apenas un par de dias de verla en una situación problemática y de tensión. En ese tiempo la pequeña hanyou parecía haber madurado, unos trece años aparentes sobre su cuerpo y su olor cambiado, más cerca del de una mujer que el de una niña.

―Has crecido niña murciélago...―Murmuró enseñando todos los colmillos en una sonrisa socarrona.

Shiori rió suavemente ocultando su sonrisa con una de sus manos.

―Por lo que yo veo usted no...chico perro.

La mirada y contestación burlona le dejó sorprendido, y su expresión provocó un leve esstallido de pánico sobre la chica.―¡Lo siento yo...!No pretendía ser desconsiderada Inuyasha-san sólo...―Ella se mordió los labios, Inuyasha miró en otra dirección.

―¡Keh! juventud desagradecida...y no me llames Inuyasha-san...sólo Inuyasha está bien.―Se quejó, ocultando su ligero sonrojo. Ella se había convertido en una chica muy bonita. Llena de confusión, Shiori ladeó el rostro.

―Bueno, Inuyasha, usted no es mucho más viejo que yo ahora; por lo menos en apariencia.―Murmuró tratando de comprender.

―¿Cómo es posible que sucediese tan rápido?―Cuestionó sintiéndose molesto, él no era viejo aunque se sintiese como tal. Ella tampoco le entendió esta vez.―Es decir...yo tardo mucho en crecer. Sólo han pasado seis años y...bueno, tú...―Shiori pestañeó antes de asentir con una sonrisa.

―Sí, a me han dicho que youkais murciélago no somos tan lóngevos como los Inuyoukai...existen algunos casos, pero por lo general ustedes suelen vivir más que nosotros. Tal vez esa sea la razón...

Inuyasha miró hacia el fuego, cuyas llamas lamían el hierro situado sobre él.

Básicamente, significaba que incluso dentro de los youkais el viviría por encima de los demás. No era una idea que en su caso fuese alentadora.

―¿Estás sóla?―Preguntó de repente. Viendo la figura morena demasiado pequeña para el gran espacio diseñado.

Shiori negó repetidamente, sobresaltada.

―¡Oh no! Mamá sigue...es decir...―Shiori soltó su aliento para calmarse.―Mamá está bien, ella debe estar ahora en el mercado.

Inuyasha asintió, sintiéndose algo más tranquilo de saber que la situación se había estabilizado en la vida de esta niña. El ambiente era tenso y raro. Ninguno de los dos sabiendo muy bien qué decir.

―¿Volvieron a molestarte los humanos después de aquello?―Preguntó. Shiori guardó silencio entonces, su mirada volando en el tiempo.

―Sí y no...―Contestó ambiguamente, antes de suspirar y mirarle, su rostro algo más serio.―Los humanos no nos molestaron de nuevo...pero tampoco nos aceptaban entre ellos. Aunque bueno, supongo que no podía esperar mucho más.―Inuyasha frunció el ceño con enfado. Tramposos..ellos jamás cumplen sus promesas. Pero la conversación perdió su tono sombrio de pronto, Shiori recuperando un tono elevado y feliz.―¡Pero no tiene importancia! Muchos barcos comerciantes han comenzado a parar desde hace unos años...y cuando mamá me enseñó a coser, me di cuentade que realmente me gustaba este oficio así que..bueno, decidí montar esta tienda. Shiori se levanto y abrió sus brazos mostrándole el lugar.―Como puedes ver, el negocio ha ido muy bien. Mucha gente de todo Japón viene hasta aquí ahora en busca de mi trabajo.

―¿De ahí conociste a Sesshomaru?―Preguntó con curiosidad.

Todo el cuerpo volcado en una expresión avergonzada, la chica se llevó sus manos hasta su rostro para cubrir sus mejillas.

―En realidad...Mikaomaru me lo presentó.―Shiori miró hacia Inuyasha y este hizo lo mismo dejando ver su pregunta silenciosa. Dejándo caer sus manos y removiéndose nerviosa, Shiori explicó.―Mikaomaru es...mi primo.

―¿Primo?―Sus cejas subieron por encima de su flequillo.―Pero primo como...¿Primo?

Shiori volvió a sonreir, dejándose caer sobre el cojín y su cabello volando brevemente.

―Al parecer, mi padre no fue hijo único, sino que tuvo un hermano y...bueno. Cuando todo aquello sucedió, las cuevas de los demonios murciélago fueron desalojadas y...Mikaomaru decidió venir para ver lo sucedido.―Shiori tomó un mechón de cabello y lo rizo entre sus dedos, Inuyasha observó el gesto sin terminar de comprender a qué se debía esta reacción.―Mikaomaru...no es un youkai malo...cuando supo lo que sucedió tomó las riendas de las cuevas y me ayudo mucho a mí y a mamá...―Shiori miró hacia él desde abajo.―Nosotros...estamos juntos ahora.

La reacción se hizo tardar, sin embargo cuando llegó fue igual de exagerada que siempre.

―¡¿Qué?!Osea...juntos como...¿¡Pareja!?―Shiori asintió con una sonrisa y sus ojos se achicaron del tamaño de su felicidad. Inuyasha se sentía un poco raro de pronto, sin saber muy bien que decir.―Eso...eso es bueno supongo. Te ves...contenta.

Ella volvió a asentir.

―Sí. Mikaomaru se ha hecho un gran señor, y por eso conoce a Sesshomaru-sama...él es muy amable con todo el mundo.―Perdiéndose en su mente, y luego retomando la línea real .―Luego te lo presentaré, ¿Y qué hay de ti? ¿Fue de utilidad la habilidad de la Tessaiga?

Inuyasha se tensó de inmediato, flashes de sus recuerdos en aquel entonces golpeándole con la fuerza de las olas que quedaban atrás. Una sonrisa forzada cruzó la comisura de sus labios.

―¡Claro que sí! Fue de gran utilidad, al final logramos derrotar a nuestro enemigo. Aunque fue una pelea muy dura lo conseguimos todos juntos...

―¿Sesshomaru-sama también participó?―Preguntó con curiosidad. Inuyasha miró molesto por la pregunta―¡Oh! L-lo siento, no pretendía ser curiosa...sólo...―Ella agitó sus manos nerviosamente, finalmente aferrándo sus manos en la falda de su kimono y mordiéndo sus labios en actitud arrepentida, una vez más.

―¡Keh! No te disculpes, es sólo que ese hijo de puta no merece ser nombrado con tanto respeto.―Los ojos de Shiori se abrieron enormes ante el insulto y la referencia familiar, tapó su boca ahogando una risita.

―Oh bueno.―Murmuró sin perder la sonrisa.―Quizás deberíamos empezar. ¿Van a marcharse pronto?―Inuyasha se levantó a la vez que ella y procedió a seguirla por una puerta hacia la parte trasera, el té quedó frío y abandonado frente a su asiento.

―No sé. Puede que yo me vaya antes...―Murmuró, aunque era una sugerencia más para sí mismo, observando perdido en sus pensamientos la habitación pequeña llena de recortes de telas y algunos rollos apoyados sobre las paredes. Colores y diseños de varios tipos dibujados en una tabla de arcilla sobre una mesa baja. Shiori asintió mientras abría varias puertas a su izquierda dejando ver un armario lleno de una mayor cantidad de telas. Sentándose con entusiasmo frente a la tablilla, Shiori borró los dibujos para dejarla de nuevo lisa y blanda, miró hacia él espectante.

Inuyasha le devolvió la mirada, y finalmente frunció el ceño molesto.

―¿Qué pasa? ¡¿Que quieres?!―Su tono osco volvió a sobresaltar a la chica.

―Oh umm, bueno...―Murmuró antes de hablar.―Me preguntaba qué tipo de kimono querías. Para saber el diseño y eso...

Inuyasha se sentó en una esquina de la sala, algo incómodo una vez más.

¿Tipo de kimono? Cómo si hubiera muchas diferencias de unos a otros.

―No importa...―Dijo en voz alta, tragó un nudo ligero de saliva.―Tampoco es necesario que lo crees de zero...puedo usar alguno de los que ya tengas hechos.

―Si...supongo que sí...―Shiori lució ligeramente desilusionada de pronto, su voz brevemente apagada.―¿Algo en particular?―Volvió a preguntar en el tono más ligero posible.

Inuyasha rascó su oreja derecha. No entendía muy bien a qué se debía ese bajón de felicidad, pero no le gustaba mucho.

―Eh...no sé...lo normal...―Shiori volvió a asentir, sacando desde un segundo armario algunas prendas. Inuyasha vió de lejos el kimono verde sapo y por un momento tembló.

Dios que es feo...

Pensó sin dejar de mirarlo. Shiori se dió la vuelta pensativa con las ropas verdes aún en sus manos. De repente, se echó a reir.

Inuyasha frunció el ceño.

―¿De qué te ries ahora?―Preguntó molesto con la chica, pero esta no se detuvo, lanzando el kimono verde de nuevo al armario y cerrandolo con sus pies. Algunas pequeñas lágrimas habían escapado de sus ojos. Cuándo volvió a hablar sonreía una vez más.

―Lo siento Inuyasha, pero no tengo muchos kimonos masculinos libres, y me niego a darte cualquier cosa.―Se sentó de nuevo frente al barro, cogiendo la pluma de gaviota y moviéndola entre sus dedos.―Este va a ser un regalo de mi parte. No sirve un "lo que sea"―Murmuró ella indicándole con gestos que se acercara hacia ella.

Con un resoplido resignado Inuyasha se sentó al lado de la mesita apoyando su mejilla en una de sus manos con astío.

―No entiendes mucho de ropa, ¿Verdad?―Preguntó con una sonrisa traviesa. Inuyasha se sonrojó ligeramente al reconocer la verdad de esas palabras.

―¡Keh! ¿Qué hay que entender? La ropa es ropa, todo es lo mismo.―Se quejó, pero ante la falta de respuesta se dió cuenta de que su engaño no era eficaz en esta pequeña niña.

―Creo recordar que cuando me rescataste llevabas un Sahinuki de color rojo ¿verdad?¿Prefieres ese tipo de ropa o algo más moderno?

Moderno...claro, porque yo sé perfectamente qué mierda significa eso.

Pero Shiori parecía saber, y dibujó sobre la tablilla con trazos suaves su antigua vestimenta y otro tipo.

―Este de aquí es el antiguo, y este es el modelo de ahora.

Inuyasha miró hacia otro lado. No le gustaba esto. Él quería recuperar su ropa.

―Supongo que perdiste de alguna manera el anterior.¿Verdad?―Murmuró Shiori al ver su disgusto. Inuyasha asintió sin llegar a mirarla.―No sé si tendré la habilidad de hacer un Suikán nuevo para tí en un día, pero puedo hacerte el sahinuki hakama ya que no sería la primera vez. ¿Será suficiente?

Inuyasha asintió un poco incómodo.

―Estará bien...―Murmuró en voz baja.

Shiori palmeó su hombro de manera tranquilizadora.

―Ahora, he sacado un kimono de verano para tí mientras tanto―Señaló hacia atrás, donde el kimono verde fue y ya no estaba.―Cambiate en un momento por favor, necesito tomar tus medidas correctamente...―Inuyasha se acercó hasta el lugar, eliminando el nudo que ataba el haori de Sesshomaru y vigilando que la chica permaneciera sin mirar.―...y tomar las medidas de Sesshomaru-sama por supuesto.

Inuyasha quedó inmóvil mientras su rostro se sonrojaba.

Mierda, ella realmente se dió cuenta...

Pensó, antes de continuar con su labor y sonrojarse aún más al ver el fundoshi que había sido colocado con disimulo entre las prendas. Casi de inmediato miró hacia sí mismo, preguntándose si la chica habría visto algo cuando se sentó de manera descuidada, pero no podía saberlo a estas alturas.

Vistiéndose con rapidez, Inuyasha se tomó la molestía de doblar el haori de su hermano antes de considerarse listo. El kimono de verano era cómodo y le cubría con mucha mayor eficacia. Aún así, no era muy práctico de internarse en una batalla.

―Ya estoy.―Dijo colocándose delante de ella impaciente, tratando así de ocultar su vergüenza natural.

Shiori asintió, poniendose en pie con la cuerda larga en sus manos para tomar las medidas.

―Veamos...alza la barbilla...no me mires Inuyasha, mira hacia la pared. Sí, extiende los brazos hacia tus costados. Espalda recta y...―Empujo sus piernas a favor de separarlas con ligereza.―Un paso...eso es...aguanta por unos momentos.

Inuyasha suspiró pesadamente sintiendo a la chica revolotear a su alrededor, y suspiró aún más fuerte cuando acabó, relajando su postura tensa.―Bien...voy a ponerme a ello entonces... ¿Quieres algún detalle particular?―Preguntó al igual que hiciera a Sesshomaru media hora antes.―Puedo hacerlo rojo si quieres...

Pero para su sorpresa, Inuyasha negó ligeramente, pensativo.

―No me siento como para seguir usando el rojo, la verdad...

Shiori asintió sin pedir mayor número de detalles.

―Si quieres puedes esperar en el salón, puedo prepararte algo rápido.

Inuyasha miró sobre la chica, pese a que dijo eso, ella estaba totalmente inmersa en desplegar el haori de Sesshomaru y tomar las medidas pertinentes.

―No...voy a dar una vuelta por ahí...

Shiori tarareó en acuerdo, pero dejo de estar presente para sumergirse en su lavor. Inuyasha salió de la casa silenciosamente.

El sol apretaba fuerte ahora sobre sus ojos, una combinación rara teniendo en cuenta que la brisa marina era bastante fresca. Miró hacia sus pies y escavó bajo la arena cálida con sus uñas. Suspiró sin saber muy bien que hacer, y comenzó a caminar hacia el borde de la playa una vez más.

Así que...tiene pareja ¿eh?

Inuyasha suspiró, incapaz de descifrar la cantidad de sentimientos extraños que le envolvían. No podía evitar preguntarse...¿cómo todo se había hecho tan fácil para ella, cuando era tan complicado para él? Por supuesto que se alegraba por ella, era alentador ver que no todos los hanyous tenían que correr su misma suerte, sin embargo eso sólo...raro. Se sentía solo...y aunque egoista, por un momento pensó que podría compartir su soledad con una persona igualmente sola.

Con su primo, pero si son familia, ¿Cómo ha podido su madre permitirlo?

Inesperadamente, el agua logró atrapar sus pies, e Inuyasha saltó ante la temperatura semicongelada. Miró el agua con enfado, y casi para demostrarse a sí mismo que no le importaba se internó un poco más en su interior hasta que las olas golpearon sus pantorrillas. El primer choque sacó de él un escalofrío mientras la tela quedaba empapada del agua pegajosa por culpa de la sal, y decidió avanzar para evitar que el frío calase sus huesos. Dirigiéndose hacia donde no había más humanos, Inuyasha disfrutó del breve paseo sumergido en sus pensamientos revueltos, por un momento negandose a saber nada sobre nadie más. El kimono azul marino se movía bajo el casi en camuflaje, y mientras miraba, un pez mimetizado en la arena fue capatado por sus ojos. Con las orejas quedando completamente elevadas, todo su cuerpo se lanzó hacia él, sus manos salpicando sobre su rostro y mojando las mangas del kimono como consecuencia. Con la mirada borrosa el pez escapó.

―¡Maldita sea!―Se quejó limpiando efusivamente sus ojos sobre el hombro, pero fue inútil. Inuyasha miró a su alrededor. Mar y arena eran lo único que había, y no había nadie que pudiese llamarle loco todavía.

―No tengo remedio...―Murmuró sonriendo para sí mismo, antes de dejar caer su cuerpo de espaldas en el agua con los ojos fuertemente cerrados y las orejas pegadas a su cabeza en un intento de librarlas de la entrada de agua. Cuando volvió a salir a la superficie, justo una ola sobrevenía hacia él y volvió a sumergirse para salir. Suspiró de satisfacción al recuperar el oxígeno necesario, recuperando cierto entusiasmo infantil en su juego solitario mientras movía su cabeza rapidamente para despejar el agua de su cabello. Cuando niño, gran parte de su infancia la paso en una zona marítima como esta, siempre mucho más sencillo capturar peces de una reserva tan grande como el mar que de un río vetado. Tuvo que marcharse al final, como solía suceder en casi todos los demás sitios, pero aún podía recordar las tardes entretenidas en las que cada ola era un nuevo juego. Comenzó a nadar en la orilla sin rumbo fijo, al principio brazadas largas que fueron disminuyendo con el cansancio y por ello al final, simplemente flotando sobre el agua y mirando al cielo horriblemente despejado.

Llevo viviendo más de cientocincuenta años, la gran parte de ellos en la más completa soledad. Debería ser capaz de adaptarme de nuevo, por muy duro que me resulte por ahora...

La presencia de Sesshomaru en su vida reapareció de nuevo en su mente.

Él nunca estuvo entonces. Quizás, eso es lo que provoca que todo esto sea tan extraño.

Poder decir que la única persona que tenía a su lado ahora era Sesshomaru sonaba desalentador, pero dentro de ello, era totalmente una rareza, una novedad. Y él no sabía muy bien como enfrentarse a estas novedades.

Un pequeño objeto golpeando su frente repentinamente, Inuyasha se sumergió por un segundo antes de salir a flote de nuevo y mirar de manera enojada hacia la arena en busca del responsable que había puesto fin a su tranquilidad. Para su desgracia, había pocas probabilidades de acabar con él.

―¿Qué pasa?―Preguntó en voz alta para que llegara el mensaje.

Sesshomaru no hizo ningún gesto mientras seguía mirando en su dirección. Los labios del otro se movieron, al parecer demasiado importante como para gritar para hablar con cualquier persona mucho menos él. Inuyasha captó el mensaje y miró a su alrededor. "A tu lado hay un gran pez" habían sido sus palabras. Dió con él y abrió los ojos ante su actual presa. Se lanzó a por él de nuevo, esta vez muy consciente de su entorno. No le costó mucho trabajo hacerse con el pez del que hablaba, aunque este goleó de su agarre con gran fuerza.

Negándose a soltarlo, Inuyasha nadó hasta estar lo más cerca posible de la arena y lo lanzó hacia los pies de su hermano antes de relajar sus músculos por un momento. Sesshomaru terminó de rematarlo con su látigo, separando la cabeza del resto del cuerpo, que se movió aún tal como si estuviese vivo, antes de ver la llegada de su hermano a tierra. Las olas le habían permitido impulsarse hacia delante, y aunque casi tropezó con las prendas húmedas al dar el último paso hacia la arena, Inuyasha se recompuso.

No supo porqué, pero la presencia de Sesshomaru rompiendo sus propios pensamientos sobre el susodicho le causo gracia.

Practicamente, el ha venido a buscarme.

Eso le daba una buena sensación, por un momento, pensando que tal vez no iba a ser tan complicado tratar con él.

Sonrió, mientras avanzaba hacia Sesshomaru y recogía el pez por el camino, se lo tendió hacia él y Sesshomaru, aunque lentamente, tomó la pieza de pescado entre sus dedos. Dando un pequeño salto más lejos, Inuyasha cayó al suelo en sus manos y pies y se sacudió el resto del agua de su cabello y su ropa. Se incorporó sin perder la primera sonrisa para la cual Sesshomaru no tenía explicación y ambos casi al mismo tiempo se sentaron uno al lado del otro. Al rato, y aún sin haber dicho ni una sola palabra, ambos tenían un lomo del pescado en sus manos. Sesshomaru comía sin hacer ruido o gestos, casi como si la comida fuera simplemente engullida y no masticada. Inuyasha atacaba la pieza sin compasión, los peces del mar siendo un bien que no se podía disfrutar todos los días. Sin dejar de masticar, y con la comida aún en la boca, Inuyasha rompió el silencio.

―¿Ya has hablado con el Mikaomaru ese?―Preguntó con curiosidad. Sesshomaru asintió quedamente.―Keh, ¿Seguro que la conociste por él? Yo que empezaba a pensar que tienes una extraña fijación con eso de visitar a lindas niñas pequeñas. Da escalofríos.―Murmuró con tono burlón y una sonrisa pícara, pero sus provocaciones no surtieron efecto.

―La chica se ha buscado la vida como ha podido, sus servicios son excelentes, no veo motivo para negarle la oportunidad.

Inuyasha cayó en el silencio de nuevo, eliminando una raspa del interior de entre sus labios. El gesto fue seguido por Sesshomaru aunque no se percatase.

―¿Aunque sea un hanyou?―Cuestionó distridamente, pero una pregunta cuya respuesta era importante para él. Viéndolo en la simple entonación, Sesshomaru no dudó en sus palabras.

―Siendo un hanyou, la chica se ha hecho su propio hueco en el mundo. Algo que tú no pareces capaz de hacer mientras continuas exigiéndolo sin dar nada a cambio.

Inuyasha frunció el ceño ante las palabras llenas de veneno que habían salido con facilidad. Sesshomaru se regodeó en la normalidad que constituía insultar y menospreciar al hanyou, sintiéndose satisfecho de recuperar parte de lo que era él mismo. Inuyasha tragó por su garganta el dolor que habían causado, tratando de no darle importancia. Él era simplemente de esta manera retorcida.

―Lo que tu digas...―murmuró.―No tengo ganas de discutir, estoy de buen humor.

La frase dejó perplejo al otro, quien se cuestionó las motivaciones de ese bienestar, cuándo tan solo horas antes parecía dispuesto a suicidarse. Aunque ese buen estado de ánimo se habia roto ligeramente.

Continuaron en silencio por otro espacio de tiempo.

―Mikaomaru nos ofrece tomar el té con ellos.―Dijo como cuestión de hecho Sesshomaru, quien había dudado sobre mencionarlo o no.

―Mmm...―Inuyasha tragó el último fragmento de su comida y se relamió con satisfacción.―¿Es un buen tipo?―Cuestionó con curiosidad.

Sesshomaru se limitó a mirarle fijamente.

―Es decir...―Se corrigió sintiéndose incómodo―¿Es un buen hombre? Es...Shiori me dijo que estaban juntos...

―Sí...―Contestó con cierta suavidad extraña―Mikaomaru encuentra a la pequeña hanyou como la mujer más bella que ha visto nunca.

Inuyasha frunció el ceño

―Lo dices como si no estuvieses de acuerdo.―Sesshomaru aguardó antes de contestar.

―Mi opinión al respecto carece de importancia, dado que la elección de un compañero es algo plenamente personal. Esto también se aplica a la inversa, y por tanto la personalidad del hombre debería ser indiferente para tí.

Inuyasha flexionó las rodillas y limpió la arena ya seca que se había pegado sobre sus piernas.

―Sí ya...pero me cae bien esa niña... no quiero que este con ningún retrasado o que la engañen...además es su primo y su familia estaba un poco loca... y Shiori es aún muy joven...―Hizo una pausa pensativa.―No voy a dejar que se quede al lado de un hombre que no la merezca. Si es un cabrón como tú le patearé el culo.

Por tanto,¿ yo no soy digno como pareja según tu opinión? Tan ciego como se esperaba pensar.

Penso, con su ego ligeramente herido.

Tomando aire, Sesshomaru habló, con el coraje de la afirmación aún en su paladar.

―Tú deberías saber mejor que nadie lo difícil que es para ustedes encontrar una pareja potencial Inuyasha. Shiori es consciente de su condición, y ambos se aprecian como pareja, por lo que deberías reservar tu opinión para tí mismo y no interponerte. No todos son tan avariciosos como tú Inuyasha.

Inuyasha se atragantó, mirándole fijamente sin entender qué trataba de insinuar.

―¿Qué quieres decir bastardo? Yo no soy avaricioso.

Pero Sesshomaru no perdió su oportunidad.

―Quiero decir, que después de tener la opción de elegir entre dos mujeres, pareces pensar que mereces más de lo que se te puede ofrecer.

Inuyasha le miró con enfado.

―¡Eso no es verdad! Yo no exijo nada a nadie, para empezar, ¡nadie me ha propuesto nada! A mí me basta con que se me respete como un igual, no desprecie mi condición mixta, ¡y que me ame!

Sesshomaru le miró con una ceja levemente elevada, mientras pensaba en toda la enorme cantidad de matrimonios y parejas que permanecían juntas por cuestiones muy diferentes.

―¿Solamente eso?―Cuestionó en un sentido irónico, viendo en esas condiciones justo lo que el pensaba. Avaricia.

Pero Inuyasha no entendió la indirecta.

―Bueno...por supuesto no me gusta que traten de controlarme. Al principio Kagome siempre lo hacía...pero cuando se lo dije me prometió no volver a hacerlo...y luego está lo de los niños...―Inuyasha se perdió en sus reflexiones.

―¿Algo más, Inuyasha? Por lo tanto, ¿la soledad es preferible ante la perdida de esas condiciones¿

Inuyasha frunció el ceño y se cruzó de brazos, dando por arruinado su día.

Keh, estúpido, ¿cómo he podido pensar por un momento que su compañía no sería mala?

―Keh, sólo dejame, ¿A tí que coño te importa? No creo pedir algo que todo el mundo no haga.

Sesshomaru no rodó los ojos por la evidencia del gesto, pero no discutió, dando por terminada la conversación.

El sol había cruzado su cenit y comenzaba a inclinarse. Ambos debían esperar mientras el trabajo de Shiori finalizaba, y el aburrimiento comenzaba a sacar de nuevo lo mejor del menor. Pero cuando sus labios se abrieron para hacer una pregunta, Sesshomaru los selló con un cortante "Silencio" de sus labios.

―Agh, eres insoportable. ¿Cómo pudiste cuidar de una niña como Rin con semejante actitud?―Se quejó pasando sus manos por el cabello.

―Rin no demandaba mis palabras, sólo mi mera presencia.―Especificó el otro.

―Pfff, bien, pues podrías haberte muerto y hecho fantasma, hubieramos ganado todos...

Aún mirando al mar, Inuyasha sintió el peso de su hermano en su hombro, le dió la cara con molestia.

―¿Qué quieres?―Le preguntó, ahora de mal humor.

Sesshomaru siguió empujándole hacia el suelo.

¿Qué mierda le pasa a este?

Empujó de vuelta, negándose a dejar que hiciera lo que le daba la gana, y dejo caer un gruñido de su garganta. Empujó uno y el otro, hasta que sus narices chocaron con fuerza y se miraban a los ojos retándose.

Con un último empuje Sesshomaru le dejó ir. Inuyasha frunció el ceño.

―¿Qué era eso?―Le preguntó empujando su brazo con el de su hermano. Tratando de reiniciar lo que fuera que coño habían estado haciendo.

―Nada.―Le dijo cortante, mientras trataba de encontrar una explicación por la cual había iniciado tal estúpido juego infantil con su hermano pequeño.

Ya no soy un cachorro.

Se regañó, mientras recordaba el mismo juego en una forma mucho más grande junto a un perro el doble de grande que él.

Inuyasha le miró de reojo y se apartó, sin comprender muy bien lo que pasaba.

¿Y ahora por qué está de mal humor?

Inuyasha jugueteó con una concha de la playa y la volvió a tirar. Cuanto más tiempo pasaban juntos más parecía incrementarse esta sensación de rareza entre ellos. No creía que fuese bueno.

―Voy a dar una vuelta...―Murmuró, aunque sabía que eso no le importaba en nada a su hermano.

Tomó impulso desde la arena y salió de la línea de visión de Sesshomaru, andando de regreso a donde Shiori, prefiriendo su silencio concentrado antes que el tenso que tenía con su hermano.

Sesshomaru observó su figura hacerse cada vez más pequeña, y su mirada derivó en las características de su cuerpo. Sus ojos se pintaron rojos por un momento antes de retomar de nuevo su color. Su mirada volvió a dirigirse hacia el horizonte mientras peleaba por borrar la imagen mental de Inuyasha saliendo del mar con esa sonrisa brillante. Inconscientemente, el hanyou se había expuesto a sí mismo en una imagen con una carga sexual que dudaba ser el único capaz de percibir, en un gesto y movimiento que su demonio, Yaseiki, había realizado con anterioridad tratando de cortejarle.

La razón de su excitación podía ser consecuencia de los resquicios que su mente poseyera de asociar el gesto con el celo del otro; o una mera respuesta a la verdadera capacidad seductora de su hermano menor.

Sesshomaru lo asoció a lo primero, negándose a pensar que la misma persona que había, básicamente, engullido y destrozado su comida, pudiera excitarle con sofisticación después.

Irritante.

Sin duda, y realmente debería sentirse agradecido de la ignorancia que su hermano profesaba ya que le ayudaba a controlarse a sí mismo.

¿Y desde cuando me veo en la necesidad de controlarme a mí mismo? Yo no necesito tales cosas, puedo hacer lo que desee, si estampar a Inuyasha contra una pared y obligarle a mantener sexo por horas hasta perder el sentido es lo que va a lograr calmar mi hambre, ¿Por qué no?

Su cuerpo se animaba por momentos ante la sugerencia mental, pero la realidad es que él mismo ya tenía muy clara la respuesta.

La charla con Mikaomaru no había sido alentadora o siquiera calmante. El joven demonio murciélago era engreido y de un carácter burlón desagradable, y para colmo, se hallaba casi tan frustrado como él al ser incapaz de hacerse con la pequeña hanyou educada.

"Debería ser agradecida de que le presto atención! Y en lugar de eso, ella simplemente entra en colapso mental y me pide que espere..."

Por alguna razón el demonio había pretendido desahogar sus penas en él, tal vez, por su silencio pasivo en cuanto a sus palabras, y no había podido evitar darse cuenta de cosas en común que también le sucedían a él. Y eso era intolerable. Él era un demonio superior, y no debería tener las debilidades que le acaecían. Debilidades, cómo pensar de forma permanente en una misma persona o desearla cuando era claramente horrible.

"Esto es una enfermedad..."

Había dicho Mikaomaru, y no podía menos que estar de acuerdo con él.

Es una enfermedad que nos está atacando solo a nosotros, a los grandes Youkais, y que los hanyous parecen transmitir. Inuyasha vuelve a ser el culpable de todo...

Sus reflexiones le pusieron de mal humor. De peor mal humor, teniendo en cuenta que el inicio de su día no había sido prometedor desde el principio. Aún trataba de encontrar una respuesta a su principal pregunta: ¿Cómo iba a caminar junto a su hermano en estas condiciones?

Yako gruñó aportando soluciones.

Cállate.

Espetó.

Ue, tal vez el final es un poco abrupto, pero no tenía ni idea de donde cortarlo Estoy segura que mucha gente flipo con la primera parte. ¿El pelo corto es temporal o permanente? Buajaja no les digo, digánme ustedes que opinan de eso. Lo de Shiori surgio de...no sé de donde surgió...pero leí que su nombre significa tela morada y es tan mona, que me vino la idea y tenía que meterla, además creo que a veces, cambiar de aspecto nos ayuda a realizar un gran cambio ;)

Próximo capítulo: Bueno, pues al siguiente lunes. Hay que aprobechar la regularidad mientras se pueda.

PD:¡Feliz año nuevo a todos! Que ya no les veo hasta la semana que viene ;)