N/A: Buenos días! Bueno, creo que empiezo a tener un problema en esto de explayarme. La segunda parte ahora es segunda y tercera...en fin, cosas que pasan(?) En un principio se iba a atrasar la publicación al miércoles, pero ha habido suerte ;) Así que aquí el capítulo ;) ¡Felices reyes! A quien tenga regalo todavía claro...;)
Agradecimientos a:
SangoaomeOO(Muchas gracias por el cumplido ;) No lloren por la cabellera de Sesshy e Inu, se solucionará ;) Shiori es un personaje que sin destacar demasiado a tenido la oportunidad de conocer a ambos lados de su familia, por ello creo que es interesante introducirla. ¿Odiar su primo incestuoso? Uhmm...MMMMM XD Sesshomaru no cree en el amor aún, quizá Yako sí ;) PD: Un abrazo mental para mí loca seguidora),
Marshmallow (Sí lo sé, a todo el mundo le gustan los caps largos, pero es por un bien mayor n.n. Hay tensión y se mantiene, ambos son un poco antisociales y no están acostumbrados a lidiar entre sí. Shiori-chan va a ser importante, en su justa medida ;) Y me alegro mucho de que te guste la alteración del escenario, es una característica de mi forma de escritura y siempre tengo dudas, no sé si llego a ser quizá muy pesadaU.U Sesshomaru caerá, todas lo sabemos, PISTA! En uno de mis capitulos anteriormente publicados se ha indicado el momento en el que Sesshomaru caerá, así que revisad y sabreis, no es realmente un secreto. Aquí más vueltas! Besos! )
Guest: (Pero reprimidos jajaja, cuando explote la onda sonora nos va a dejar sin aire XD Gracias por tus buenos deseos, igualmente ;) Es genial ver tanto entusiasmo ;) PD: ¿Puedo pedir un pequeño favor? Cuando escribas mensajes pon un seudónimo por el que identificarte, hay muchas personas que comentan sin hacerlo y a la hora de los agradecimientos no puedo distinguir apropiadamente, y me da un poco de cosa )
k , Guest1, Guest 2,Guest 3,Yuric09, bittersweet, Yoseff, Kind Yuuki, Frozen-Winter-Heart, alei91 y Shandy-shan.
Disclaimer: El sensualón de Inuyasha y el resto de fantásticos personajes no me pertenecen (aunque no me importaria darles un hogar XD )Todos ellos son propiedad exclusiva de la genial Rumiko Takahashi. El resto de personajes son de mi propia autoría y están reservados bajo derechos de copyright al igual que la historia en sí.
Advertencia: Yaoi, Angst, Violación, Mpreg, Horror(?), Muerte de personajes.
Rated M
Dialogos(―) Pensamientos (hhhhh) Pensamientos Yaseiki y Yako ('hhhhh') Recuerdos y anotaciones("")
Capítulo 21:
Cuando el sol dejó de picar sobre su piel y perdió intensidad, Sesshomaru se levantó en silencio, y sin dejar huella, se puso en pie y se dirigió hacia el hogar de la joven artesana.
Llegó para ser recibido por la niña hanyou una vez más, esta vez de manera menos organizada.
―¡Ah!¡Sesshomaru-sama por aquí! Ya he terminado con su trabajo.
Sesshomaru pestañeó desde el interior de la cabaña viendo las manos de la niña ocupadas por el kimono azul marino húmedo que había utilizado su hermano. La siguió, sin hacer comentarios pero francamente complacido por la rápidez de sus manos.
―Madre me dijo que Mikaomaru les invitó para más tarde, así que traté de ser eficaz en la elaboración de sus prendas...―La palabra en plurar confirmó lo que ya pensaba, que Inuyasha se hallaba en otra habitación con el objeto que pretendía buscar. El sonrojo alegre le hablo del motivo de dicha rápidez. El entusiasmo juvenil incitándola a avanzar a pasos agigantados para poder estar junto a su prometido.―Aquí está.
Sesshomaru ignoró la tablilla de arcilla y los armarios abiertos, así como los restos que habían surgido al recortar la tela. La chica le tendió el nuevo haori, el color blanco en solitario que se veía desde la prenda no dijo nada que vaticinara un cambio.
Tomándolo entre sus manos, Sesshomaru lo abrió, apreciando mediante el tacto la calidad de la tela. En un parpadeó supo de su conjunto general. El rojo que había sido el anterior sustituido por el morado en el mismo dibujo que ya había dejado indicado, con la única diferencia del rematado en las mangas finales, donde el kimono dibujó un degrado del color desde el blanco hasta el tono más oscuro de morado azulado. La ligera solapa donde se efectuaba el cruce entre un lado y otro era de un lila ligeramente más claro, dejando ver la textura de pequeñas flores que permitía diferenciar el kosode del haori.
―Es aceptable.―Contestó dejándolo sobre el suelo y tomando lejos de él su armadura para poder vestirlo.
Shiori hizo un sonido de contento mientras se sonrojaba, asintiéndo efusivamente y reverenciando ante él. Eso era lo más cercano a un cumplido que había recibido de este importante señor.
―¡Muchas gracias Sesshomaru-sama! Tomé el color de la luna sobre su frente, espero que no le resulte ofensivo mi atrevimiento...
De un movimiento de su mano desestimó la inseguridad de la chica, quien rebotó en un pequeño salto sobre su posición.―También he diseñado un nuevo obi, por si es de su agrado.―Murmuró entregándole el lazo en mano y moviendose lejos de él hacia la puerta.―Si me disculpa, voy a ver a Inuyasha-san...
Sin esperar la orden de salida, la chica cerró la puerta y le dejó en soledad.
No le disgustaba el color morado, algo que recordaba haber usado en algún momento de su vida en alguna otra prenda, sin embargo, el obi que la chica le había tendido le era demasiado similar a los colores que su padre solía utilizar como para usarlo. Tras dedicarse un momento, Sesshomaru se sentó sobre sus rodillas en el suelo, iniciando con movimientos delicados y precisos y de manera voluntaria los pasos que siguió durante su ritual de mayoría de edad. Recordó cambiar por primera vez las prendas infantiles por aquellas que portaban el símbolo de su casa, y recordó la importancia que poseía el mismo, una clara muestra de su paso a la sociedad adulta.
Un paso.
Eso es lo que estaba haciendo, y dado que las circunstancias parecían permitirlo, Sesshomaru se tomó su tiempo para adaptar su mente a esta nueva situación a través de los métodos familiares que aún reconocía. Primero las cuerdas de la armadura, una a una, la de la derecha con la mano izquierda, la de la izquierda con la mano derecha. Pasar el cabello con la mano izquierda hacia el hombro del mismo lado y desenganchar la primera placa, repetir para eliminar la segunda...
"Esta va a ser quiza la primera ceremonia de relevancia para tí, mi hijo, por lo que practicarás hasta que sea perfecto. El que va a ser tu nombre fue dado por muchas razones, pero ante todo lo escogí yo ¿Entiendes lo que te estoy pidiendo...Shiro-kun?"
Sesshomaru continuó con el proceso, tratando de recuperar una concentración que había perdido ante la monotonía que había sido con el paso del tiempo para él tal ceremonia. Cada gesto tenía un significado que debía interiorizar...Cuando la armadura quedó desenganchada la eliminó por encima de su cabeza colocándola frente al suelo, y se detuvo por unos segundos de más. Recordaba el gesto que venía a continuación, pero no su significado. Sesshomaru busco incansablemente en su cabeza, y al no encontrarlo una ligera sensación de pánico golpeó su estómago.
¿De que sirve la perfección del movimiento, una fachada perfecta...cuando el interior no sintetiza dicha equidad?
¿De qué servía haber entrenado toda su vida para ser perfecto a ojos de los demás...cuándo no podía considerarse a sí mismo como tal?
Pasaron los minutos, uno tras otro sin ser contados en el tiempo. Sesshomaru permaneció inmóvil.
Cuando Shiori llegó frente a la habitación donde Inuyasha veía su nueva ropa, su madre reía, e Inuyasha soltaba improperios en voz algo más baja.
―¡Voy a entrar!―Gritó animadamente desde fuera, agarrándo el borde de la puerta para abrirla.
A penas unos milímetros abiertos, la puerta se cerró con fuerza ignorando sus intenciones, y Shiori dejó salir un pequeño chillido de sorpresa. Su madre reía aún más fuerte en el interior.
―¡Cállate de una vez mujer!¡Deja de reirte de mí!―Gritó Inuyasha con fuerza, al parecer siendo el responsable del abrupto cierre.―Espera un momento niña ¡Joder!
Shiori sonrió desde el exterior al reconocerse a sí misma en esa frase, y aguardó pacientemente en lo que su madre a su vez parecía calmarse.
―¡Ya puedes entrar cariño!―Le avisó Shizu con una voz desaogada.
Shiori asomó su rostro tímidamente a través de la puerta, su madre estaba sentada en una esquina, sosteniendo aún el nuevo kimono que había hecho sólo para Inuyasha; y el susodicho se hallaba en el otro extremo, refunfuñando de espaldas a ella con uno de los kosodes blancos que ya tenía creados de más.
Al ver que no sucedía nada, terminó de entrar.
―¿Mamá?―Cuestionó dudosa sin saber que decir.―¿Qué ha pasado?
Su madre la miró sonriente. Un hanyou sonrojado se dió la vuelta para mirarla y protestó.
―Tu madre esta loca, eso es lo único que necesitas saber.
Shiori dió la vuelta hacia su madre, esta tenía una sonrisa pícara en su expresión.
―Vamos, no eres el primer hombre que veo desnudo Inuyasha-san, y no podías ponerte la ropa limpia con un fundoshi mojado ¿verdad?―Inuyasha se sonrojó aún más y Shiori le acompaño en el gesto, mirando inmediatamente las tablas del suelo.
―¡Cállate de una vez mujer!―Le gritó enseñándole su puño, aunque ella era consciente de que jamás le golpearía.―¡No necesito que le des más descripciones gráficas a una niña de doce años!
Ella volvió a estallar en carcajadas,
―¡No tienes nada de lo que avergonzarte ahí abajo!―Exclamó con buen humor, levántandose y dándole las ropas de sus manos a su hija antes de apoyar sus manos sobre sus hombros, Shiori entró en pánico.
―Además, te aseguro que mi hija sabe a la perfección el tamaño de tu cosa querido, para algo toma las medidas...―Shiori gritó totalmente avergonzada y se cubrió su rostro con sus manos tras un escandalizado "¡Mamá!"en el medio. Las ropas calleron con estrépido al suelo, y Shiori volvió a gritar lanzandose hacia ellas. Inuyasha se volteó de inmediato hacia la pared, su rostro quemando duro ante ese dato, siendo de repente demasiado autoconsciente de la zona de la que se hablaba en cuestión.
―Bueno, bueno, ya les dejo tranquilos.―Dijo con calma mientras salía de la habitación, aún sonriéndose.
Se hizo un silencio tenso entre los dos hanyous, ambos demasiado tímidos de repente como para verse a los ojos.
Inuyasha había llegado a la casa para encontrar a la madre de Shiori, Shizu, recogiendo el hogar. La mujer permaneció mirándole por un tiempo incrédula, y luego le ofreció sentarse y hablar al igual que se hiciese años atrás. Shizu no fue la personificación de la amabiliada ni entonces, ni ahora, pero eso hacía su compañía ligeramente refrescante para el hanyou cansado de platicar con su hermano en un sinónimo de monólogo. Si bien los años habían favorecido el crecimiento de Shiori, así lo habían hecho también con la vejez de la mujer. El pelo oscuro teñido ya de las primeras canas y algunas arrugas surcando su rostro eran algunos de los principales signos del tiempo y el cansancio. La voz nunca se alteraba, pero las manos arrugadas nunca engañaban a nadie.
Lejos de la alegría que Shiori profesaba con su encuentro, su madre había sido osca y no dudó en preguntar directamente su motivo para regresar a ese lugar, así como la ausencia de sus compañeros de viaje. Tocado por la pregunta, pero negándose a dar tal información con facilidad, su ambigua respuesta fue "Estan en el pueblo" y en ella tampoco mintió. Cuando el cuestionario más importante finalizo, la mujer pareció retomar una mayor alegría, y le estuvo contando los últimos sucesos que habían tenido lugar en el pueblo, confirmando también lo que Shiori le había dicho con anterioridad sobre la idea de la tienda y sobre...su yerno. Algo le daba mala señal de ese demonio...
―Esto...¿Inuyasha?
La voz de Shiori aún sonaba avergonzada, pero se había acercado a él.
Inuyasha se giró a verla. Sus ojos se encontraron para desviarse inmediatamente.
―¿Lo has visto ya?―Preguntó refiriéndose al regalo. Inuyasha negó.―¿Quieres...que salga fuera?
Inuyasha pensó en ello por unos momentos.
―Keh, no importa.―Inuyasha tomó bruscamente las ropas y las desplegó de un movimiento dispuesto a ponerlas sobre él. Se detuvo al instante con los ojos abiertos en sorpresa.
Esto...
Shiori sonrió con alegría al ver la incredulidad del hanyou.
El haori era de un color azul vibrante, con el tono del cielo despejado y una textura suave. Las mangas iban cambiando su color desde los codos hasta el final de ellas, degradándose en un color cada vez más claro y en un tono aún más agudo, como el turquesa del agua de la playa donde se había bañado. Inuyasha pestañeó incapaz de asimilar que le perteneciera. Sus viejas ropas de rata de fuego eran asperas sobre la piel, la protección que otorgaban y su resistencia obligándolas a esa condición. Jamás había tenido nada así de lujoso o bonito o...
Lo quiero,lo quiero...
Pero su corazón dió un vuelco y su expresión así lo demostro incapaz de ocultar su tristeza.
Maldita sea...ni siquiera puedo...
El símbolo de la familia, ese que su hermano había expresamente indicado desear llevar en cada una de sus prendas también había sido bordado cuidadosamente sobre el haori en tono blanco. No podía portarlo sobre él, un paria, un mestizo como él no se le permitía llevarlo sobre él.
Sus ojos se ensombrecieron.
Maldita sea, para una jodida cosa que es mía...tienes que estar siempre atormentándome con tus prejuicios estúpidos. Cómo te odio Sesshomaru. ¿Por qué demonios lo ha puesto Shiori aquí?¿Por que no podía simplemente...?
―¿Qué te parece? ¿Te gusta?
Inuyasha miró hacia abajo en busca de los ojos de la chica, tenía sus manos unidas a la espera del veredicto, sus ojos brillaban con ilusión. Inuyasha suspiró mentalmente.
―Ugh, sí, es...muy bonito.―Murmuró sin saber muy bien como agradecerle. Shiori sonrió.
―Póntelo, aún no te lo has visto puesto. Aquí tienes también tu hakama...―Shiori se sonrojó un poco.―Es...de la misma tela...con el mismo modelo creo...
Inuyasha asintió en silencio, dejando suavemente el haori inservible en su brazo y tomándo el hakama con su otra mano. Tal como Shiori había dicho, era igual de suave que el haori. Era la única prenda que podía emplear junto con las ropas anteriores pero...el color suave crema, aunque sin duda precioso...
Es un color sucio...no podré...
―¿Puedes darte la vuelta un momento?―Le preguntó con suavidad.
Shiori asintió sin perder la sonrisa y se puso de cara a la pared.
Tras el gesto Inuyasha suspiró fuertemente.
No es justo. Pero nada es justo para mí nunca.
Alzó sus ojos hacia el nuevo haori.
¿Qué se supone que voy a hacer con esto?
Miró hacia atrás.
Ella se ha esforzado...sólo una vez no matara ¿cierto?
Aunque era un juego cruel, Inuyasha jugaría el papel aunque solo fuera para tenerla contenta. Shiori era ahora una niña fuerte, pero todas las niñas tenían la costumbre de llorar sin reparos por cualquier cosa. Se negaba a ser la causa de algo así. Por ello, deslizó sus brazos sobre la suave tela y se vistió con las nuevas ropas.
―Ah, voy a salir un momento ¿vale? Hay un espejo en uno de los armarios, sácalo si quieres.
Inuyasha no tuvo tiempo de decirle que se quedara.
Ató el hakama con los lazos dados y dejó el haori abierto. La habitación tenía dos armarios, y se correspondía al parecer con la propia habitación de la chica según el olor concentrado en torno alrededor.
Mientras se movía con la comodidad otorgada no pudo menos que asombrarse. Shiori era espléndida, normal que su hermano decidiera venir a este recondito lugar para algo así.
Abrió el armario derecho, pero solo tenían los futones y una pequeña vasija que Inuyasha identificó como el orinal. El espejo estaba en el derecho, era pequeño, bajo e inclinado. Lo sacó del armario con una mano. Por supuesto, su mente aún no asimilaba su nueva imagen, en su cabeza y en sus sueños recuperando siempre su largo cabello lacio, no obstante, lucía mucho mejor que la última vez que pudo ver su reflejo. Su rostro ya no estaba tan pálido ni las ojeras tan marcadas.
Bueno...
Dejó el espejo sobre el suelo, y este se inclinó ofreciéndole una imagen del conjunto. Se sonrojó ligeramente ante su propia imagen. No había lucido este tipo de ropas desde que su propia madre jugase con él en el interior de sus habitaciones. Allí, donde nadie les veía y no podrían criticarles, su madre le vestía como un principe y le enseñaba cosas importantes como el honor o el respeto.
Por suerte o desgracia, Inuyasha carecía de un sentido del ego definido como para darse cuenta de que lo que sentía en este momento era (ser presumido). El conjunto era muy bonito.
Demasiado bonito para mí.
Shiori entró lentamente en la habitación. Inuyasha aún se miraba, girando para ver su espalda y pasando sus garras por el pelo ligeramente ondulado.
―Inuyasha, Sesshomaru me ha dado esto para tí.
Inuyasha se giró para ver a Shiori, tenía un obi entre sus manos, rojo con algunas olas blancas al final del mismo.
―¿Sesshomaru?―Inuyasha frunció el ceño.
―Sí, este iba a ser su Obi...―Murmuró.―Pero el dijo que prefería que fuese para tí.
―¿Por qué?
Shiori pestañeó, sin comprender el tono osco con el que de repente estaba siendo interrogada.
―No lo sé...sus palabras exactas son: "Dáselo a Inuyasha, los colores tienen mucho más sentido en él...que sea uno más de sus símbolos" Eso dijo...―Shiori movió sus manos con nerviosismo.
―Ya veo...―Murmuró él sin entender muy bien su significado.
Tras el tenso momento, tomó el obi desde las manos morenas de Shiori y lo colocó a su alrededor haciendo un nudo rápido, pero cuando acabó, el lazo arrastraba por el suelo. Inuyasha miró el nudo antes de mirar a Shiori. Esta sonreía.
―Déjame ayudarte...―Murmuró ella acercándose servicial. Inuyasha tragó mientras observó a la jovencita eliminar su nudo mal hecho, y volver a recolocar el obi.
―Los hombres debéis usar un nudo más simple que el de la mujer pero como sé que usas espada, hice un aplique al hakama ¿Lo ves?
Inuyasha asintió, pero no estaba seguro de ser capaz de repetirlo.
No importa, no es como si fuera a usarlo en alguna otra ocasión.
―Ya está.
Shiori le dió una palmadita en la espalda para mostrarle. Inuyasha se miró al espejo, el lazo delantero dejando caer una larga tira que mostraba el dibujo.
Keh...
Repitió la palabra dudosa que le salvaba de pensar más en el sentimiento intrépido que daba vueltas en su estómago, aún incapaz de saber si era bueno o malo.
―Estás muy guapo Inuyasha...
El susodicho recuperó su sonrojo perdido.
―Keh...bueno...el kimono es muy bonito.
―¡Muchas gracias!―Shiori hizo una pequeña reverencia y asintió.― Me gusta mi trabajo, y creí que el azul sentaría bien contigo...es un color muy noble.
Inuyasha asintió sin saber que más decirle.
―Mmm, gracias por...bueno, keh...tú me entiendes.
Shiori rió suavemente ante la torpeza del otro, con su voz melodiosa aunque algo aguda reververando por la sala.
―¿Vas a venir a conocer a Mikaomaru? Os ha invitado a pasar el resto de la tarde con nosotros.
Inuyasha arrugó la nariz al escuchar esos planes. No estaba muy seguro de sentirse cómodo en ese tipo de ambiente en este momento.
Maldita sea, vengo de un palacio lleno de pijos viciosos y ahora ¿me sigues bombardeando con eso? ¿Qué mierda te pasa mundo? ¿Qué te he hecho yo precisamente? ¿No puedes ir a darle la lata a otro?
―Supongo que ese nosotros es Sesshomaru y yo.―Shiori asintió sin ser consciente de su disgusto.―¿Y dónde esta Sesshomaru ahora?
―Oh, Sesshomaru-sama aún está vistiéndose.―Explicó la menor sin más detalles.
¿Aún? ¿Cuánto tiempo necesita para ponerse un estúpido haori?
―Entonces...¿Vendrás?―Inuyasha miró al rostro ilusionado de la niña, al parecer teniendo un claro deseo de ganar su aprobación.
¿Cómo pretende que le diga que no?
―Supongo que sí...―Dijo tratando de no darle más importancia, la chica gritó en su emoción sin embargo. Al salir de la sala, Shizu atizaba y hechaba más leña al fuego casi apagado.
―¡Mamá! ¡Inuyasha dijo que vendría con nosotros!
Shizu miró al hanyou con ojos serios, Inuyasha ladeó su cabeza en un interrogante, pero la mujer no dijo nada y en su lugar mró a su hija con desaprobación. Al poco la niña se calmó.
―Eso es bueno Shiori. ¿Supongo que te veremos más tarde, Inuyasha?
Inuyasha pestañeó comprendiendo la indirecta, pero no el motivo de la misma.
―Claro. Luego os veo.―Murmuró saliendo de la casa y abandonando el aura tensa que se había creado en torno a la habitación de repente.
De nuevo, el sol y la humedad le saludaron al salir a la playa. Inuyasha camino un par de pasos y al instante se detuvo.
Maldición, independientemente de lo que haga voy a arruinarlas.
Inuyasha suspiró con exasperación. Era inevitable. Aún así, había sido un bonito regalo.
Quizás pueda, dárselo a alguien más.
A su mente vino por un instante la imagen de Shippo, dos escenas. La primera provocó que le añorase. Le gustaba ese chaval. La segunda hizo que deshechase la oportunidad de hacerlo. Le había hecho mucho daño, sin pretenderlo.
Supongo que podré enviárselas con alguien más.
Se dirigió en esta ocasión por las orillas del pueblo. Los pescadores ya habían terminado la jornada y miraban en su dirección desconfiados. Inuyasha les ignoró.
Ellos suelen ser siempre iguales. Casos excepcionales solo en situaciones excepcionales.
Permaneció mirando como entre varios hombres arrastraban una gran barca, y tras ella, unas amplias redes vacias. Arrugó los ojos frente al sol para observar con mayor atención cuando vió algo relucir entre las redes. Abrió los ojos de forma expresiva.
Son cuchillas de metal...
Eso era sin duda injusto, pero imaginó que todo giraba entorno al incremento de la necesidad que poseían al haber incrementado el numero de personas en ese lugar.
La red se enganchó sobre una de las rocas ocultas en el agua y un hombre joven corrió hacia el agua hasta hacerse con ella. Lanzó un pequeño grito de dolor llamando la atención del resto y alzó su mano al cielo sosteniéndola.
Sangre.
Su mente suministro con aburrimiento, y sin embargo...
No supo como sucedió. O lo que sucedió. Pero tras un jadeo en el que perdió el aire Inuyasha abrió los ojos en desesperación y cayó sobre sus manos y rodillas apretando la arena con sus garras. Todo su cuerpo se retorció desde el interior en un profundo dolor, el fuego que discurría por su sangre dando un látigazo a su cuerpo obligándole a encorbar su espalda con un pequeño gemido.
¿Qué está...? Maldita...¡sea!
Inuyasha apretó la mandíbula luchando con el dolor, un gruñido de esfuerzo resonando desde su garganta mientras luchaba por ponerse en pie. Todo tiraba en la dirección contraria. Los humanos huyeron gritando despavoridos.
Maldición...no voy a dejar...te...
Inuyasha reconocía el tirón de su propio demonio. La línea genética de su padre reclamando acción desde el delicioso sabor de la sangre y el miedo, más fuerte de lo que había sentido jamás. Con un nuevo latigazo por su espina dorsal, se derrumbó soltando un corto grito de dolor que sonó como un rugido. Agarró la arena frente a sus ojos, tratando de luchar contra el dolor y no demostrarlo. Seguir luchando. Pero mientras lo hacía, sus músculos le obligaban a romperse, todos sus sentidos girando en torno al olor de la sangre que desaparecía en lugar del dolor que causaba tal deseo.
Y tan rápido como llegó; amainó.
Abriendo la mandíbula cerrada, su respiración escapó descontrolada e Inuyasha se puso en pie. Su mente mareada le llevó a tropezar y caer de nuevo, pero Inuyasha sólo tenía ahora un pensamiento.
Tengo que salir de aquí.
Salir, antes de que algo más sucediera y su demonio tomara el control de la situación.
Su carrera no fue muy eficaz. Lenta y desentonada, mientras todos sus sentidos se hallaban descompasados tras la breve lucha. Alejado en una distancia considerable, e incluso dejando atrás el hogar de Shiori, Inuyasha finalmente se dejó caer sobre la arena de la playa derrotado al igual que sobre un futón. Todos sus sentidos resollaban, alterados, su sistema completamente impulsado por el nerviosismo y la inseguridad.
Trago saliva tratando de recomponerse, su respiración aún sonando bajo la forma de los jadeos.
Su rostro quedó girado hacia el cielo azul y el mar, pequeñas ondas de arena dibujando montes de fantasía. Y permaneció en ese lugar mientras poco a poco, su cuerpo se calmó.
¿Qué está pasando conmigo ahora?
La pregunta en su cabeza no sonaba con su natural tonó uraño, genuina preocupación manando de ella.
'Tengo todo este poder y no estamos haciendo nada. No voy a permitirme desaparecer de nuevo.'
Inuyasha se estremeció al identificar la nueva voz en su cabeza. Simplemente...
¿Qué estas hablando?
Nada volvió a repetirse, de repente preguntándose si lo que había escuchado solo lo había imaginado.
No importa, yo tengo el control de nuevo. Tengo el control...
Inuyasha se puso en pie, por fin, su corazón alcanzando las revoluciones adecuadas. Algo hormigueaba todavía bajo su piel, haciéndole incómodo. Pero la breve experiencia había dejado su cuerpo ligermanete minado.
Continuó mirando el horizonte embelesado. Sin hacer o decir nada.Viajando lejos en el paisaje. Sin decir nada.
Sesshomaru se despidió en apenas un gesto de la familia, saliendo del lugar con sus nuevas prendas y habiendo reducido su antiguo haori a la nada mediante el uso de su ácido. El cielo ya estaba algo anaranjado, ligeramente pálido por culpa de las espesas nubes negras que parecían acercárse cada vez con mayor rapidez.
Decidió buscar a su hermano, caminando a ciegas sin ser capaz de reconocer su olor al apenas haber registrado el cambio completo del mismo.
Todos sus sentidos cambiaron de repente en una dirección, y su visión pronto captó el pequeño punto azul entre el mar y la arena brillante.
No es él.
'Lo es'
Camino sin prisa, y llegó hasta estar a escasos pasos del mismo. Observó la obra de arte que la pequeña niña murciélago había regalado a su hermano, y el bonito corte que su propio obi había otorgado dentro de la mezcla azul y crema en la espalda. Aguardó unos momentos mientras esperaba a ser reconocido. Sin respuesta habló.
―Inuyasha.
Escuchó una respiración profunda.
―Keh, así que ya has acabado...―Murmuró en queja el menor, aunque Sesshomaru frunció el ceño al identificar el desaliento con el que esas palabras fueron pronunciadas. Su nariz se crispó recogiendo los olores que rodeaban al menor, la sal y el mar demasiado intensos para poder distinguir, y sin embargo, captando un ligero tufo de adrenalina juvenil en torno al mismo. No quiso preguntar lo que había sucedido, pero él ya hubiera deseado evitarlo como el olor no hacía otra cosa que excitar su cuerpo en celibato. Sesshomaru no podía hacer otra cosa más que apretar los dientes, frustrado de estas estúpidas necesidades físicas que su madre y su padre le habían tirado a la cara con burla y en las que Yako retozaba como si no hubiera mañana cada vez que tenía la ocasión. Era una vergüenza, para ser sometido a estas sensaciones estúpidas... por nada menos que su hermano estúpido.
Inuyasha lucho contra su instinto de girarse a enfrentar a su hermano. Todo estaba en calma en su interior, pero ahora era una calma pesada, como si Yaseiki se preparase para algo y sonriera. Había captado el olor desde uno metros en la distancia, no supo identificarlo con el olor de Sesshomaru y todo su cuerpo vibro de anticipación.
Eso huele bien
Olía bien, al igual que en su día pensó con Kagome. Era un olor atrayente y fuerte, que casi se confundía con la sal del océano y que dibujaba electros de energía a su alrededor como las tormentas. Sabiendo que era un demonio, la mente racional de Inuyasha se tensó y pensó rapidamente en posibles vías de enfrentarlo, e incluso huir. Pero en todo ese tiempo su cuerpo aún no se había movido.
'Si me gusta ¿podemos tenerlo?No te pediré más sangre.'
Inuyasha entonces quedó en blanco, mientras la posibilidad se levantaba en su cabeza. Hasta ahora, siempre había sido el estúpido que se había agachado sobre los hombres como una puta...¿Qué tal estar arriba sobre esos cabrones? La idea le sacó una sonrisa y una mirada un poco loca mientras su libido subia con ligereza. El último caso no contando como estuvo totalmente borracho.
'El calor rodeándonos...apretándonos...'
Su miembro cayó en la provocación con demasiada rapidez. La idea de recuperar al fin un poco de su hombría satisfaciendo el lado más racional de Inuyasha, el demonio trabajando en tentarle con muy buena eficacia.
'Ahora somos más fuertes'
Inuyasha no sabía si lo eran, pero desde luego, no eran lo suficientemente fuertes como para ganar a Sesshomaru. Cuando su voz sonó a su espalda, todo el paisaje mental se derrumbó y frustración y vergüenza llegaron hasta él al mismo tiempo.
Estaba fantaseando con el olor de Sesshomaru. Genial. Voy a estar enfermo.
'¿Por qué?'
¡Me duele la cabeza, calla!
―Deberíamos ir donde Mikaomaru Inuyasha.―Ordenó de manera sutil, su voz dotada de un ligero tono tenso.
Aún de espaldas Inuyasha asintió, y cuando escuchó dos pasos de Sesshomaru en lo que supuso alejándose finalmente se giró para seguirle. Cuando lo hizo se detuvo de inmediato, sus ojos abiertos como un ciervo ante el peligro cuando se encontró que Sesshomaru no había avanzado a la inversa, sino hacia él.
Los ojos se desviaron al suelo con rapidez. Inuyasha resopló con disgusto apartando algunos mechones humedos que se habían pegado sobre su rostro tratando de parecer tranquilo. Fue demasiado torpe.
Al alzar la mirada, ojos dorados le recibieron. Intensos ojos dorados. Bajo la mano que había empleado poco a poco, con lentitud. Asentó su cuerpo sobre ambos pies ganando estabilidad, preparándose sin siquiera percatarse. Ambos clavaron la mirada uno sobre el otro.
Sesshomaru observó. La tez mas morena brillaba ante la fuerza de los rayos, la melena corta seguía siendo indomable, erizándose ligeramente y pequeños rizos escapando al azar. El mechon más húmedo se balanceó con la brisa y cayó lánguido sobre su rostro, llegando hasta sus labios que se abrieron y soplaron para moverlo lejos. La ropa nueva se pegaba más a su piel, el haori realzando la figura pequeña y musculosa que su cerebro ya conocía desde sus memorias sin ninguna prenda.
Inuyasha observó la ligereza del rostro frente a él, las mejillas firmes adornadas en magenta mostraban la tensión sobre la mandíbula, el resplandor azul tras él recortaba su figura con los rayos de sol que su cuerpo alto cubría. Su cabello estaba ordenado, pero brillante ante la sal. Un mechon de pelo escurrió desde un oído hacia delante. Mokomoko se había erizado ligeramente.
"¿La persona frente a mí...es mi hermano?¿que espera?¿que pretende que haga?¿como debo tratarla...?¿Por qué no puedo besarla?"
Era una sensacion apabullante, como dos animales salvajes que caminaban en circulos uno sobre el otro, desconfiados y expectantes de los movimientos agenos, cuidadosos, con pasos de hormiga acercándose para poder observar desde mas cerca. Así se hallaban.
Sesshomaru dió un paso en adelante, Inuyasha hacia atrás y comenzó a gruñir. El gruñido que reverberó desde su garganta era una clara advertencia, sus ojos de pupilas fraccionadas no eran tan salvajes hacia el rojo, pero lo suficiente para no ser naturales. Sesshomaru dió un nuevo paso e inició su propio gruñido. E Inuyasha gruñó más fuerte. Y Sesshomaru le igualo. Pronto en la arena las ondas sonoras casi parecían palpables, la brisa marina arremolinandose en torno a los dos hermanos de sangre inu-youkai como la energía se reconcentraba. El tono subía y bajaba según los gestos. Cada vez que estaban más cerca Inuyasha subía la intensidad, Sesshomaru le igualaba y el tono del menor caía conforme con la demostración de poder. Sus pies les llevaron a moverse ligeramente sin embargo, el movimiento de rotación animal que había perdurado durante siglos en la especia saliendo a flote en el extraño suceso que se desarrollaba sobre ellos. Pronto un circulo completo había sido dibujado sobre la arena. Ambos se detuvieron, Inuyasha enseñó sus dientes mientras todo su interior latía a toda velocidad y lo poco que quedaba de sí mismo se preguntaba qué estaba haciendo.
Los pies de Sesshomaru dibujaron en la arena para tomar impulso, antes de que cualquier ojo humano pudiera percibir, Inuyasha imitó el gesto y ambos habían saltado sobre el otro.
Gruñidos en lugar de palabras, Sesshomaru era claramente más fuerte, golpeando sin puños sino con garras al igual que el youkai desconocido que trataba de tomar, hasta lograr llevarlo al suelo y sacar la sangre de sus hombros. Pero Inuyasha no era débil sino tozudo, y rodó hacia arriba, destrozando el dibujo lila de su pecho y sacando al aire el poderoso olor de su sangre. Su boca salivó mientras enseñaba los colmillos pequeños, Sesshomaru enseñó sus propios, agarrándo los brazos que mantenían las garras clavadas sobre su pecho y lo acompañó de un nuevo gruñido. Inuyasha correspondió de inmediato. De nuevo mirada fija por uno...dos...tres...
Sesshomaru empujó con fuerza sobre su hermano golpeándole contra el suelo, el menor goleó, sus brazos moviéndose sin pausa tratando de alcanzar la carne. Una pierna enlazada a la del mayor, Inuyasha arqueó su cuerpo logrando rodar en la arena y ganar la posición una vez más. Su reinado duró poco, un grito humano saliendo de él cuando rápidamente el movimiento continuó por la fuerza del impulso y su mente se dispersó por unos momentos. Doblando y empujando su codo sobre el cuello del otro, Sesshomaru mordió el antebrazo con fuerza. Inuyasha gritó y siseo consecutivamente, enganchando su brazo libre sobre la espalda del otro y mordiendo en rebancha sobre el hombro. Ambos se detuvieron totalmente entonces, sedados en la degustación de la sangre esquisita que recorría sus paladares nublando sus sentidos. La potencía de la sangre demoniaca avivando con fuerza los deseos más cercanos del medio demonio, y la suavidad de la sangre humana calmando al Daiyoukai en todo lo contrario, por difícil que fuese discernir, fue el menor, quien consciente, queriendo o no, apretó contra sí el cuerpo maduro y movía su pelvis en un movimiento circundante y hacia arriba. El roce seductor dejo una respiración placentera del menor y un gruñido del adulto, ambos negándose a abandonar el caramelo que constituía la carne fresca. Apretándose con fuerza, Inuyasha se movió torpemente, empujando de nuevo su miembro excitado allí donde su gemelo debía encontrarse. Una y otra vez.
Dejándose llevar por la iniciativa entusiasta Sesshomaru se dejó caer hacia atrás sobre la arena gruesa, dejando de lado la sangre para centrarse en la otra droga igual de excitante que era el contacto íntimo. Yako vitoreó al chico desconocido que parecía contestar sus plegarias, deseoso de ver hasta que punto este beta llegaría para ser tomado. Inuyasha había dejado de mirar a los ojos del hombre, su rostro perdido en el cielo sobre él mientras sentía a través de la fina tela la protuverancia creciente con sus actos. No era suficiente, y arrastró sus caderas más rápido y con más fuerza sin lograr lo que quería.
'Calido y apretado...¿recuerdas?'
Sus nervios neuronales se pusieron de acuerdo, y bajo de las caderas estrechas sobre las que se había sentado para situarse entre las piernas musculosas. El Daiyoukai gruñó en protesta, que fue callada cuando cayendo hacia delante el cuerpo más pequeño acarició con su lengua la curva de su cuello.
'Este youkai, tan hermoso...solo para nosotros'
Sólo para mí...
Y esas declaraciones acabaron con sus últimas restricciones, agarrando las piernas musculosas hacia arriba y mordiendo sobre el cuello suave con brutalidad mientras movía desesperado sus caderas allí donde debería conectarse, su inexperiencia en juego no dejándole ver el problema para que no sucediese.
Fue como un aplastamiento, cuando toda su ilusión fue destrozada de un movimiento por dos fuertes manos apretando su cuello cerca de la asfixia. Sus manos acudieron al encuentro de los fuertes brazos y sus dientes se despegaron de la carne recién perforada al instante en busca de aire, pero lo único que sus pulmones pudieron respirar fue el aliento que salía del rugido del Daiyoukai. Las orejas animalísticas se plegaron sobre su cabello mientras los ojos asustados leían sobre la enorme ira de esta criatura maravillosa a la que había ofendido y gimió, antes de ser aplastado sobre la arena golpeando su cabeza con dureza. Por encima de él, los ojos rojos le hablaron de un infierno de dolor mientras su rugido dejaba en claro lo insignificante que era frente al poder de esta criatura. Cálido liquido recorrió sus piernas empapándole cuando el miedo terminó de colapsar su sistema. Cerró los ojos.
Un silvido agudo le llevó a abrirlos.
―Mikaomaru.
La voz de varítono grave y perfectamente ópaca rompió el estado en el que se había sumido. Cuándo Inuyasha abrió los ojos, Yaseiki desapareció de su sistema al instante, riendose de una manera que lanzaba escalofríos en su cabeza, Sesshomaru se hallaba sobre él, rostro perfectamente inexpresivo y ojos dorados observando con desinteres hacia la derecha.
Inuyasha podía sentir su corazón carreras a toda velocidad, la tensión que había mantenido durante todo eso desapareciendo y poniendo su cuerpo a tiritar.
¿Qué he hecho?
Preguntó mientras uno tras otro sus intestinos se ataban en nudos complejos que dibujaban la inestabilidad que gobernaba por dentro.
¿Qué ha pasado?
Plenamente consciente, él lo sabía. El porqué resbaló entre sus dedos.
Mirando sobre su hermano, Inuyasha finalmente fue capaz de mover su rostro en la misma dirección de su enfoque, su rostro brillaba con el sudor ahora frío, su respiración era aún jadeante.
Había una persona de pie en la arena. Mirándoles con la misma inexpresividad que sólo los Daiyoukais podían mostrar. Cabello pálido como Shiori y piel tostada, sus labios eran del morado de las bayas y sus ojos negros como el azabache, sus orejas desmesuradamente grandes, recreando dos solapas grandes como los animales que su propia raza representaba, la capa sobre sus hombros era marrón y sus ropas un kimono de corte real, lejos de las prendas de viaje que su hermano o él habían utilizado. No llevaba armadura y sólo una larga vaina se dejaba ver atada en su espalda.
Parecía sólo interesado en Sesshomaru. Cuando su mirada cayó sobre él, una sonrisa amplia y una mirada burlona colocó el grado de hostilidad hacia él de medio a considerable en pocos segundos.
―Tus intenciones.―Exigió Sesshomaru. Su voz normal con un ligero retoque gutural y una clara amenaza en sus palabras.
―Prevenir, mi señor. Al igual que velar por mis tierras.―Fue la contestación fresca y sin dudas que se le otorgó. Pareció que esas serían las únicas palabras, pero pronto el Daiyoukai continuó.―Los murciélagos tenemos un oido fino. Semejantes vibraciones amenazantes procedentes desde este lugar me han atraido aquí en busca de un enemigo.―El demonio parpadeó con una caida suave de sus rizadas pestañas.―No esperé encontrarle en medio de un cortejo mi señor. ¿Espero no haber interrumpido nada importante?
Sesshomaru miró largamente a este demonio y rechinó los dientes en el coraje. Su reclamo incompleto y vacío, su posición como Alpha puesta en duda sin posibilidad inmediata de restitución por culpa de semejante interrupción inoportuna. Pero Sesshomaru sabía mejor, este patético Lord destinado a morir entre sus garras en el futuro por haber boicoteado su momento de manera implícita.
Sesshomaru miró sobre su hermano menor. Inuyasha le miró de nuevo, sus ojos grandes y confusos.
Yako se retorció y gruñó, su sombra pasando por sus ojos con brevedad incapaz de encontrar comodidad en esta posición extraña de segundo lugar en la que jamás se había situado. El lugar jerárquico inadecuado otorgado de manera tan estúpida...Cuando sus labios se separaron para hablar, sintió en el cuerpo que aprisionaba el escalofrío, se acercó hacia él hasta estar cara a cara. Ojos dorados de nuevo, pero no hubo reacción en esta ocasión.
―Vas a pagar Inuyasha. Disfruta mientras puedas, esto no ha terminado.
Sesshomaru se alejó entonces y se puso en pie. Las punzadas de la mordida sobre su cuello molestando y eso sólo elevó su ira.
Yako deseaba la sangre fresca en este momento para desahogarse. El sonriente Mikaomaru siendo víctima ideal para ese cometido.
―Desconocía que tenías un hermano pequeño Sesshomaru-sama.―Siguió hablando ignorando la mirada de sentencia que había sido fijada contra él.―Es realmente un especimen singular¿Por la marca sobre vuestro cuello he de suponer que tal vez le halla contagiado mi enfermedad?―MIkaomaru se regodeó en su sentido del peligro al ver el relámpago cruzar la energía ya sobrecargada del Daiyoukai. La reacción marcando una linea silenciosa para su seguridad. Siendo así, Mikaomaru, hijo de Tsukuyo y heredero de las islas costeras de japón y de las islas más dispersas del océano encaminó sus comentarios de nuevo hacia el hanyou en shock, sentado en la arena con torpeza, aún temblando y con la mirada huidiza.
―Inevitable supongo, solo es necesario un vistazo...pero mi señor, él es aterrorizado. ¿No le va a ayudar?
Inuyasha se tensó al sentir los primeros pasos hacia él. Su mente daba vueltas, la vergüenza y el miedo batiendo una espuma densa que amenazaba con desbordarse de él. El nauseabundo olor de la orina que había llegado hasta él trayendo desagradables recuerdos que no necesitaba en estos momentos.
Yaseiki...tú has hecho esto...por que me haces esto...
Él era fuerte. Era un hombre. Los hombres no lloran. Pero si estas tres condiciones no fuesen ciertas, el sollozaría, incapaz de matar algo que formaba parte de sí mismo, incapaz de aguantar la presión que se había intaurado sobre su pecho.
Para buscar ser pateado como un perro otra vez. En que estabas pensando Yaseiki...Somos lo mismo ¿recuerdas? Somo lo mismo...
Y ahora su hermano le odiaba otra vez. ¿Satisfecho? ¡Ni siquiera sabía que había hecho en esta ocasión! Cubrió sus ojos con una mano.
Si, es cierto, por esto había querido morirme, mi vida ha sido una mierda, ¿por qué pensé que sería diferente en esta segunda ocasión?
―¿Te encuentras bien?―Inuyasha se sobresaltó y miró amenazante sobre el desconocido. Tendía una mano hacia él.―Oh...pobrecita, ¿Su pequeño cuerpo no ha sido satisfecho...?―EL otro acercó su rostro aún más.―Una puta tales...―Al instante Inuyasha abofeteó la mano que le era tendida mirándole con enfado y evadiendo el sonrojo que no se había desvanecido.
―Déjame en paz.―Le espetó levántándose por si mismo, aún confuso, para ceder al suelo de nuevo. Las heridas picando y la orina dejando clara incomodidad. Su regalo completamente arruinado.
―Oh, ¿Eres un chico?―Inuyasha le miró con enojo, su mirada desviando a Sesshomaru. Quería hablar con su hermano. Pese a la amenza de odio que le había dado, no tenía idea de qué había pasado, o si podía volver a suceder. Necesitaba explicaciones, y este subnormal estaba en medio estorbando.
Sesshomaru se mantuvo inexpresivo cuando Mikaomaru se sonrió, en clara burla hacia su persona.
―Tampoco sabía que eras de esa inclinación, Gran Daiyoukai.
Inuyasha tragó saliva al ver la tensión y el muro que había entre ambas personas, nada comparable con su conversación con Shiori. Aprobechando la coyuntura, este demonio estaba burlándose de su hermano. Mayor culpabilidad subió por su garganta. Tenía ganas de vomitar.
Torpemente, Inuyasha se puso en pie y se encaminó hacia el agua, lejos, después de su pelea fugaz. O eso había sido al principio...creía...
Mikaomaru le cerró el paso en un vuelo corto, su capa marrón transformándose en alas. Le observó de arriba a abajo, Inuyasha luchó por permanecer firme frente al escrutinió, pero su espalda se encorvó en un reflejo, esa mirada tan desagradable...
―Y se ha orinado encima Sesshomaru.―Inuyasha se sonrojó, era patético, una respuesta involuntaria que no controlaba. Aún así, ninguna contestación sarcástica vino a su mente, el pudor y su autodesprecio llevándole a apartar la mirada y desviar su camino, a penas un "Déjame en paz" volvió a escapar de sus labios.―Qué lástima, aterrorizar al chico.―Murmuró el otro dejándole pasar por su lado.―Fuiste tú quien le dejó subir Sesshomaru. Hanyous son delicados. Necesitan concesiones a veces...―Explicó como materia de hecho.
Hanyous son delicados...¿Este es el hombre del que te has enamorado?¿Shiori?
Apretó sus dientes con fuerza mientras siguió caminando, ignorando al charlatan tras él que ahora volaba. Una garra apretó su brazo con dureza deteniendo su paso rápido. Su puño contestó de inmediato al agresor, y fue detenido por una segunda mano. Era Sesshomaru. Su brazo gritaba de dolor, siendo el que había recibido el gran mordisco anterior. Su hermano cerró distancia.
―Será mejor que te recompongas ahora. No me hagas quedar en ridículo comportándote como un bebe de nuevo hanyou.―Fueron palabras rápidas y contundentes, y al instante su brazo fue puesto en libertad con dureza, un feo moretón empezando a dibujarse en él.
―¡Espera! ¿Qué es lo qué...? Yo no quise...―Sesshomaru le miró de vuelta, sus ojos eran una nube horrible de furia.
―No quisiste... "qué" Inuyasha...
―Yo...eso...¡aún no sé que he hecho!...―Inuyasha protestó tratando de recuperar su tono normal. Pero no funcionó, solo sonando aún más culpable. Inuyasha apartó la mirada hacia el suelo al no ver cambios sobre la mirada del otro.
―Ignorante...―Siseó e Inuyasha se dió cuenta de su error.―Camina y guarda silencio. Antes de que decida romper mi promesa.
Inuyasha miró a Sesshomaru caminar por delante de él sintiéndose aún peor, la rabia aún siendo una constante elevada sobre su hermano. Le siguió, el agua del mar curaría las heridas, sus ropas destrozas no se salvarían sin embargo, y no pudo evitar pensar en lo decepcionada que Shiori sería al verlo.. Comentario que tras ellos el Murciélago, tal vez con una actitud más propia de las moscas, ya había realizado.
Inuyasha caminó sobre el agua salada por tercera vez en el día, su estado de ánimo caido a pique. Cualquier avance y pensamiento brillante cubierto por las mismas nubes negras que en ese mismo instante cubrieron el sol, retrocedía en pasos hacia atrás, retrocedía situándose en el mismo lugar dónde se hallaba perdido en el bosque, antes de lavar la mugre superficial de su cuerpo y un poco la suciedad interna de su corazón frente al mar.
Mar, por favor, lava esta sensación también. Llévatela de mi pecho...y ahoga a este demonio en mi cuerpo si es que puedes. Si tan solo al final hubiera sido humano...
Inuyasha terminó de sumergirse en el agua ahora grisácea en reflejo del atardecer oscurecido. Cuándo se levanto empapado y agitó el exceso de agua de su rostro, cuando miró a su hermano a unos pasos de él a su derecha, todo seguía ahí. La vergüenza, el odio, el miedo, el respeto, el anhelo,la inseguridad, la confusión... El mar no se había llevado la carga de sus hombros en esta ocasión, y en lugar de ello, su corazón se llenó de mayor desasosiego.
Supongo que he de permanecer firme sin importar qué en esta segunda oportunidad ¿verdad?
El océano, casi en silencio, no le contestó.
Segunda parte, en la tercera chun chun chun... me pregunto ¿Qué pensais que pasara? ;)
Próxima actualización: Ui se acaban las vacaciones y no sé si lograré mantener el ritmo. Vamos a fijar el lunes como siempre, pero recordad mirar en mi perfil para posibles cambios, porque no puedo asegurarlo u.u.
