Hola! Al fin pude regresar a casa y publicar, ufff... Espero que disfruten de esta última parte y disculpen mis retrasos (como suele pasar U.U). Es especialmente larga, así que absorvanla mientras puedan.
Disclaimer: El sensualón de Inuyasha y el resto de fantásticos personajes no me pertenecen (aunque no me importaria darles un hogar XD )Todos ellos son propiedad exclusiva de la genial Rumiko Takahashi. El resto de personajes son de mi propia autoría y están reservados bajo derechos de copyright al igual que la historia en sí.
Advertencia: Yaoi, Angst, Violación, Mpreg, Horror(?), Muerte de personajes.
Rated M
Dialogos(―) Pensamientos (hhhhh) Pensamientos Yaseiki y Yako ('hhhhh') Recuerdos y anotaciones("")
Capítulo 23:
La luna nueva había caído y Sesshomaru podía sentir a Yako murmurando suavemente en su interior, aunque no entendía muy bien las palabras que pretendía hacer sonar en su cabeza.
No es justo.
Era la frase que él tenía. Había aguantado las manías del chico, sus desvaríos y su periodo de locura, le había concedido una muestra de respeto y le había ofrecido un regalo de importancia para él. ¡Incluso le había permitido llevar el símbolo de su casa! Pero no, el hanyou tozudo no podía ver ninguno de sus esfuerzos. Y al final, Inuyasha se había atrevido a retarle, le había humillado, avergonzado en público, desobedecido, y luego desacreditado la valía de su casa hullendo con el rabo entre las piernas. Sin embargo el "pobrecito" seguía siendo Inuyasha, y él "el cruel"
Merece ser castigado...por esta afrenta...debe pagar...
Deseaba venganza, para hacer sentir al hanyou un poco de la impotencia y de la falta de control sobre la situación que tenía clavada como una molesta astilla en su pecho.
Y encima refugiandose en los seres débiles...
Yako estaba de acuerdo con él, la palabra "castigo" tomando desviaciones diferentes, más primitivas y salvajes, al sentir que su posición como Alpha estaba en juego.
No lo está.
Y lo sabía, pero la sensación no desaparecía, y Yako dibujaba una sonrisa perruna con malicia deseando poner a rogar al joven hanyou bajo él y demostrarle quien llevaba las riendas.
Sin luna en el cielo, Sesshomaru sintió el ascenso de su lado más primitivo llevarle a cometer acciones que en otro momento tal vez no realizaría.
Tan solo en un instante, su cuerpo se había desviado perdiendo el control brevemente y se vió de nuevo frente al hogar del ser humano.
No podemos entrar...
Le suministro como información básica a su youkai.
'Hagámosle salir'
Sus ojos brillaron en rojo.
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Inuyasha abrió los ojos desde el interior de la habitación dónde, pese a lo que había pensado, había permanecido durmiendo hasta ahora. El agotamiento había vencido junto a su herida, ahora aún más dolorosa de tocar. En eso, que había sido un sueño profundo.
¿Por qué me he despertado?
Se preguntó con ligera inquietud mirando a su alrededor.
La noche era aún oscura, y sus ojos humanos no podían ver nada a través de las rejas de la pequeña ventana. Pensó en volver a acurrucarse contra las cálidas mantas para dejarse descansar en la inconsciencia del mundo de los sueños, cuando un gruñido retumbo en la sala y desapareció.
Todo su cuerpo humano se tensó, sus sentidos agudizándose en sus limitadas posibilidades mientras temblaba de pensar que la persona a la que no quería ver estuviese en esa habitación. Fue por ello que oteó a cámara lenta, sabiendo que gritaria si realmente hubiese alguien allí. Sus ojos abanzaron despacio de derecha a izquierda. Jarrones, más sábanas, un cuenco para orinar...cerró los ojos al tiempo que dejó escapar la tensión de su cuerpo con un suspiro de tranquilidad. No había nadie allí.
De todas formas, ¿Cuántas horas faltan para el amanecer?
Se acercó hacia la ventana y clavó sus ojos sobre la oscuridad tratando de rastrear el brillo de las estrellas. La noche sin luna no permitía ver apenas nada, y el mar parecía el doble de oscuro y aterrador que la mañana anterior. Se mantuvo observando en busca de alguna señal del amanecer sin ver nada. Respiró en un intento por controlarse, hasta que un resplandor blanco de luz en su visión pasó rápidamente con un similar gruñido al escuchado anteriormente. Se detuvo por unos minutos, y cuando volvió a fijar la vista pudo ver a su hermano Sesshomaru en apenas una distancia corta de diez pasos Todo su cuerpo tembló cuando observó los ojos rojos que coronaban sus iris. Se ocultó a gran velocidad tras la madera de la casa que le protegía. Su respiración se aceleró hasta límites insospechados y sumido en el más profundo miedo su corazón palpitaba a toda velocidad. Llevándose la mano al pecho trato de controlar su arranque de pánico pésimamente. Tras unos minutos de inestabilidad y silencio, volvió a asomarse a la ventana para comprobar que seguía en la misma posición o simplemente se había marchado. Grave error cuándo al hacerlo otros ojos los ojos dorados impactaron sobre su visión de manera directa. Un gruñido poderoso escapó de la garganta del Daiyoukai e Inuyasha dejó salir un pequeño grito asustado mientras cayó al suelo. Se arrastró torpemente hacia atrás, tomando una bocanada superficial de oxigeno.
―¡Sessh...omaru...!―Fue capaz de susurrar pese a su garganta totalmente cerrada y angostada.
Sus pies empujaron de manera inconsciente su cuerpo lo más lejos posible del peligroso youkai.
Locos ojos azules y rojos le observaban.
El individuo sonrió diavólicamente.
―Gran aspecto.―Fue la frase pronunciada de manera gutural que uso como saludo el gran señor.
Inuyasha abrazó su cuerpo con sus manos tratando de desaparecer de la intensidad del rojo sangre. Sesshomaru eliminó su sonrisa.
―Me marcho. Dado que mi presencia te es innecesaria y detestable no voy a perder más tiempo en este lugar.
Fue un parpadéo, en el que todo lo que era Sesshomaru desapareció del lugar.
Inuyasha respiraba aceleradamente, tratando de sostener su cuerpo del pánico a causa del susto recibido. Cuándo logró controlarse no pudo evitar desear simplemente dormir y desaparecer. Estaba cansado, herido en cuerpo y agotado en mente. Y era humano. No eran las condiciones adecuadas para perseguir al demonio claramente rencoroso a través de la noche.
¿Y si descanso y mañana trato de alcanzarle?
La idea era la que más deseaba seleccionar. Sin embargo, un nuevo temor creció en su pecho de nuevo retomando viejos augurios. No podía dejarle marchar.
―¡Joder...!―Masculló entre dientes levantándose del suelo y caminando con cuidado a través de la seguridad de la casa durmiente.
Una vez que cruces esa puerta estarás en peligro. Bien. Hay que correr bastante.
Hacía un frío casi insoportable en el exterior, e Inuyasha tembló en su cuerpo de piel pálida. Miró a un lado y otro mientras el viento helado azotaba su rostro. La arena dibujo huellas hacia el bosque una vez más, e Inuyasha hechó a correr en esa dirección.
Maldita sea Sesshomaru. ¡No te atrevas a escapar de mí!
Inuyasha corrió a toda velocidad a través del bosque donde sabía que aún permanecía su hermano. No tenía ni idea de que estaba haciendo, pero su corazón palpitaba en la necesidad de encontrar a su hermano de nuevo, de saber que no había sido abandonado una vez más.
Perdóname Shizu...
Pensó en su mente sabiendo que la muchacha sólo había hecho lo que había podido para protegerle cuando se hallaba en su peor momento de debilidad. Simplemente no pudo evitar salir.
Atravesó la maleza y los árboles a la velocidad que sus piernas humanas le permitían. El mar sonaba de fondo, pero ya lejano y amortiguado con el sonido tranquilizador de las olas. Y de pronto ese gruñido poderoso que hacía temblar todo su cuerpo y que le sumía en el más profundo terror, resonó en sus oídos humanos tal como si fuera dicho justo a sus espaldas.
Se detuvo paralizado tal cual estatua, su respiración se aceleró, su corazón bombeó y la sangre se contaminó con la excitación, los nervios y la adrenalina.
―¿Dónde se supone que vas querido hermano pequeño?―Las palabras de Sesshomaru se escuchaban con una tonalidad extraña grave en el eco del bosque, tal como un ruido animal y perverso. Inuyasha sintió los nervios apretando fuertemente en sus intestinos.
―No sé...¿Dónde vas tú?―Preguntó con molestia tratando de recuperar esa fachada que parecía protegerle mágicamente de ataques poderosos tal como si fuera cierto que no estaba aterrorizado.
Sonido de matorrales comenzó a escucharse a su alrededor, y de repente supo que estaba siendo rodeado por un excelente cazador; y él era una pieza francamente fácil.
¡Maldita sea, maldita sea!
―Eso no es de tu incunvencia...―Murmuró Sesshomaru, su voz ligeramente burlona.―...ya que usted no es un niño que necesite de nadie más ¿Cierto?―La frase estaba cargada de ironía como el propio Sesshomaru encontraba la situación grotesca ante el comportamiento de su hermano; atravesando los bosques solo para llegar hasta él cuando se hallaba en su momento de mayor debilidad.
Inuyasha tragó saliva de su garganta. Todo su cuerpo gritaba por correr y alejarse de él, pero simplemente permanecía estancado en medio del claro sin saber como se supone que sus piernas podrían hacer semejante movimiento.
Sesshomaru se carcajeó, realmente se carcajeó; y eso era quizá lo más aterrador que había escuchado Inuyasha jamás en su vida.
―Parece que ni siquiera tienes una patética escusa para seguir tras de mí.―Inuyasha hizo otro silencio, de nuevo los arbustos se escuchaban a su espalda, a su derecha o izquierda, nunca en el frente. Por las palabras crueles, sabía que su hermano estaba verdaderamente enfadado.
―¿Sí? Bueno, ¿porque no te muestras en primer lugar cobarde? Aparece para que podamos hablar.―Exigió, apretando fuertemente los puños para evitar mostrar cómo sus manos temblaban.
En tan solo un parpadeo que le hizo apenas soltar un pequeño grito y retractarse un par de pasos su hermano estaba frente a él, ojos rojos como la sangre mirándole directamente aunque aún parecía existir un resquicio de dorado en los bordes que amenazaba con mostrar que las palabras que iban a ser pronunciadas procedían del propio Sesshomaru y no de una bestia salvaje.
―Pequeño humano tonto,...no sabes a dónde has venido...parece que la suerte me sonríe.
Inuyasha tragó saliva. Había presentido que pasaría pero...
―¿He de suponer que asumes pues tu castigo?
Los vellos de la nuca del ahora humano se elevaron electrizadas ante esa pregunta.
―¡Maldita sea!¡Yo no he hecho nada!¡Y tú no puedes castigarme!―Gritó con ira tratando de ocultar el pánico que comenzaba a sacar lo mejor de sí mismo.
―¿Estás seguro de eso? Intentémoslo.―Sesshomaru sonaba frío en esta ocasión, exactamente como su yo de siempre. Inuyasha no necesitaba preguntar para saber lo que quería decir, y chupo aire de la nariz preparándose.―Te permitó correr por tres minutos Inuyasha. Estoy contando.
EL susodicho abrió los ojos con incredulidad.
―¡Pero yo no he hecho nada!¡Fue un puto accidente!¡Yo no...!
―Estoy contando.―Le cortó en su explicación desesperada.―Corre. Inuyasha. Hoy no voy a controlarme.
Inuyasha aún permaneció unos segundos en duda, sus pies tratando de forzarle a arrancar su velocidad fuera de allí. Finalmente los ojos rojos dejando ver la pupila azul demoniaca hizo el truco, e Inuyasha se dió la vuelta comenzando a correr con todas las energías que sus piernas poseían.
Sus pies descalzos se lamentaron al encontrar cada piedra y rama puntiaguda en el camino. Atravesó espesos matorrales y árboles sin saber la dirección que tomaba, la ausencia de Luna y la velocidad borrando las estrellas dejándole sin guía.
¡Maldita sea no era para tanto! ¡Sólo fue un instante y ni siquiera paso nada! ¿¡Por que tan enfadado!?¡Yo soy el enfadado!
La sobredosis de adrenalina no le dejaba pensar con claridad mientras sentía que el gruñido le perseguía y casi le atrapaba para volver atrás.
Está jugando conmigo...
Ese concepto "jugar" viniendo de Sesshomaru era como matar su esencia misma.
Él es directo y no...esto...
Era tarde para darse cuenta de que había algo realmente jodido con Sesshomaru en este momento en particular, pero aún sabiendo que era una víctima que iba a encontrar su haciago final iba a seguir luchando como fuera; por eso, cuando su cuerpo fue impactado contra el suelo recibiendo el peso completo del rayo al caer sobre su espalda, Inuyasha gritó y manoteó como pudo contra la enorme forma masiva que le levantaba del suelo sin esfuerzo. Respiraba a marchas forzadas por culpa de su breve carrera desesperada y las palabras no podían salir. Odiaba este cuerpo humano.
Impactó contra la madera de un abeto joven que dibujaba molestas arrugas en su superficie y al instante Sesshomaru se localizó por encima de él, aplastándole con fuerza. Sus oidos humanos pudieron escuchar a la perfección la nariz afilada olfateando a su alrededor.
Inuyasha apretó los dientes con fuerza mientras veía en los ojos azules distraidos.
¿Él está realmente fuera de sí?
―¿Sessh...omaru?―Preguntó, moviendo sus piernas disimuladamente para huir del estrecho contacto con las caderas del demonio desvocado. No sabía en que momento, pero su hermano se había deshecho de su propio hakama y fundoshi y el pene erecto se hallaba libre en la oscuridad de la fría noche. Sólo Mokomoko y su haori se mantenían abiertos. Su cuerpo débil había reaccionado de inmediato, pero no era deseo sino la situación de hallarse al borde de la muerte lo que le estimulaba. ―¡Ahg!¡Maldita sea Sesshomaru suéltame!―Gritó volviendo a golear cansinamente al sentir la humedad rastrillando su clavícula.―¡Mentiroso!¡Dijiste que no me querías para esto!¡Y ahora voy a quedar puta embarazada otra vez!
Sesshomaru se alejó del nuevo olor extraño y levantó la mirada hacia los diferentes ojos violáceos.
―No te deseo para esto hanyou, ¿De verdad piensas que de tener estas necesidades acudiría a tí de entre todas las opciones? No se trata de solo sexo, ignorante, exactamente igual que lo que tú has hecho no ha sido una mera insinuación.―Siseó eso último con rencor.
Inuyasha le encaró pese al temblor de sus piernas.
―De qué mierda estás hablando ahora...―Murmuró, sin saber muy bien qué más decir.
―Tú lo sabes.
Inuyasha sabía.
―¡Joder! ¡No lo sé!¡No sé qué mierda estaba haciendo!¡Yo sólo quería follar un rato ¿vale?!―Estalló, perdiendo el rubor naciente a causa de la extrema situación de peligro.―¡No reconocí tú olor de mierda cuando te acercaste y mi youkai se estaba volviendo jodido loco...! ¡No se suponía que ibas a ser tú quien me esperase detrás...fue...!―Inuyasha desvió la mirada.―Fue algo así...raro...y yo no pude detenerme.
Las palabras con sentido apaciguador no tuvieron sin embargo el efecto deseado.
¿No se suponía que iba a ser yo..?
'Ningún otro va a tocar lo mío'
―Dejándote llevar por tales sentimientos, despreciando mis esfuerzos por complacerte y dejándome en ridículo frente a mis aliados...Me pregunto de que manera podría yo enseñarte a respetarme y controlar a este niño molesto que eres.
Inuyasha se tensó mientras su propio enfado amenazaba con estallar. El brillo repentino sobre los ojos de Sesshomaru le detuvo sin embargo. Ese brillo malicioso...que él conocía demasiado bien...
―¡Espe...!
No tuvo tiempo de acabar la frase cuando su cuerpo fue agarrado y movilizado por los aires como una pluma ligera y moldeable. Inuyasha pataleó y trató de golpear con sus brazos algo de la carne del demonio, pero sólo sirvió para decaer aún más en la desesperación y el auto-odio mientras era manejado con la facilidad de una muñeca de trapo.
Tan débil...
Su cuerpo sin tocar el suelo fue abrazado con fuerza, e Inuyasha cerró los ojos previniendo con antelación lo que seguro iba a suceder mientras sentía el desplazamiento. Se llevó una sorpresa desagradable, cuando fue dejado caer contra el regazo de Sesshomaru con demasiada brusquedad; su pecho lamentando el impacto con dolor.
―¡Maldita sea!¡Jamás debí confiar en tí!―Gritó regresando con sus intentos frustrados cuando sintió una mano vagar sobre la tela del hakama en busca del nudo de su Obi.
―Me pregunto si después de esto aún seguiras gritando soeces...―Murmuró con absoluta tranquilidad disfrutando del pánico que irradiaba de él, su mente lejos de donde sabía que Inuyasha tenía fijada su meta.
Era inútil para luchar, los brazos del cuerpo de Inuyasha aplastados entre los codos y las rodillas del hábil Daiyoukai.
Inuyasha finalizó sus protestas paralizado por el miedo mientras sentía a través de la tela la maniobra de los dedos largos de su hermano deshacer el cinturón que recién le había regalado. Todo su cuerpo era pura gelatina, congelado en shock ante el carácter inevitable de lo que estaba por venir.
De un movimiento breve, no dándole tiempo a luchar, Sesshomaru llevó los brazos vestidos hacia atrás y ató usando el obi las muñecas a su espalda.
Hasta algo así, hasta un estúpido regalo inocente se torna en veneno cuando es de tu parte...no va a suceder de nuevo...jamás volverás a estar lo suficiente cerca de mí para que todo esto vuelva a suceder...
Inuyasha asumía lo inevitable de los hechos, pero en lugar de miedo, su mente había hallado refugio en la ira, el odio y la venganza.
La tela de su hakama fue retirada con lentitud parsimoniosa, deslizándose de su trasero hasta dejarlo solamente protegido por el fundoshi blanco, pero quedando encallada contra la rodilla derecha de Sesshomaru. Inuyasha apretó lo dientes, esperando a que todo sucediera, y acabase.
Quizás porque pensó que aún quedaba el fundoshi, o simplemente porque no lo previó, Inuyasha y todos sus nervios saltaron cuando su trasero fue azotado con dureza por una gran mano, sacándo de él un ligero "auch" desprevenido.
―Mmm...―Murmuró Sesshomaru con satisfacción ante la reacción.―¿Tal vez un castigo infantil sea capaz de acabar con su carácter maltrecho?
La pregunta dejó a Inuyasha en blanco, hasta que una segunda palmada golpeara en el mismo lugar con fuerza.
¿El sólo va a...darme un azote en el culo?
La realidad del hecho sonaba a broma pesada, y sentimientos extraños le embargaron, por un lado el alivio de que no fuese una segunda violación; por otro la humillación que este conllevaba. Si no hubiera sido por el control de Sesshomaru sobre él, hubiese estallado en risas del desahogo de la pura tensión.
Un tercer azote y un cuarto llegaron, picando sobre su piel pero no logrando mayores resultados.
―La disciplina. Usted debe aprender a respetar a sus mayores y obedecer las ordenes. Te dije que no era de tu incumbencia las decisiones de la niña; pero usted sólo tenía que ignorar mis palabras...
Inuyasha gruñó.
―¡Ella es muy joven!¡Yo simplemente no podía...!¡Ah!¡Ey!
Fue interrumpido por un nuevo golpe demasiado rápido, el ritmo cambiando e impidiendo el endurecimiento de la carne.
―Mmm...de nuevo, la desobediencia, ¿Protestas por tu castigo? Creo que aún no has entendido...
Inuyasha abrió los ojos en shock cuando la mano enorme impactó contra su parte inferior con especial peso e intensidad en una bofetada que retumbó en el espacio de su entorno, fue tras un instante de entumecimiento insensible que el verdadero efecto del golpe ascendió desde la zona más blanda hasta el inicio de su espalda y sus genitales. El dolor no nubló sus sentidos, pero en cuanto pudo ser comprendido Inuyasha se apresuró a morder su labio en un intento de controlar las lágrimas que habían ascendido hasta sus ojos. Un segundo e igual golpe rompió su débil refuerzo y un quejido escapó de sus labios mientras era empujado hacia delante en el regazo de Sesshomaru, pero incapaz de ir más allá. Cada fibra sensible de los nervios en su carne gritó con cada impacto
ante la fuerza excesiva contra la zona débil, la piel ardiendo de la fricción y recibiendo hipersensible y por tanto siendo el castigo más doloroso conforme pasaban los minutos.
Inuyasha hizo de sus manos atadas un puño y apretó los dientes, por fin la humillación siendo de índole importante en su consciencia al verse reducido tan facilmente a esto y ser lo suficiente débil como para sufrir semejante acto estúpido. Totalmente expuesto con su trasero sobre las rodillas de su hermano mayor como nunca antes había sido sobre el regazo de nadie, si alguién viera esto se derrumbaría. Lo sabía.
―¿Es suficiente? Mientras viajes conmigo vas a obedecerme Inuyasha...
Inuyasha cerró los ojos y tomó una respiración cuidadosa.
―N-no..―Su respuesta fue temblorosa.
Joder, ¿Por qué tiemblo?¿Por qué duele tanto?
Sesshomaru frunció el ceño desde su posición privilegiada, la palma de la mano empleada, brillando ligeramente con el veneno corrosivo natural de su raza aguardando para dar un nuevo golpe. Las mejillas regordetas y más pálidas que el resto del cuerpo eran ahora rojas como la sandía y ligeras ampoyas se habían levantado sobre la piel sensible que había reaccionado finalmente al veneno. Escuchó la respiración ahogada del ser humano, y supo que de no ser por su terquedad, él estaría rogando por detener.
Con frustración, Sesshomaru volvió a golpear el culo rosado en dos cachetadas, comenzó con un ritmo duro y rápido que dejó salir pequeños y satisfactorios gritos de dolor desprevenidos de vez en cuando. Mentiría de decir que no estaba disfrutando, su pene erecto demostrando cómo la lujuría y el sadismo iban tomados de la mano en su cabeza al ver los monticulos de carne extranjeros temblar y retorcerse con cada impacto. Se detuvo una vez más, al darse cuenta del inicio de su propia respiración acelerada. Necesitaba liberación.
―Inuyasha, tu última oportunidad...Prometeme obediencia para el resto del viaje hasta Tessaiga, y dejare tranquilo tu pequeño trasero amoratado...―Escuchó atentamente las reacciones, impaciente por avanzar al segundo tema de su ira. Acarició la carne maltratado con suavidad interesada―Ya es de un color bonito para el montaje...
Un sonido extraño paso por sus oidos y sus ojos se acenturaron sobre la nuca que descansaba alicaida. Hubo sorpresa, no pudo negarlo, cuando lo identifico como un sollozo. El olor salado llenó su nariz.
―Veta a la mierda...―Susurró Inuyasha primero antes de forzar su cuello y mirar hacia su agresor con irritación.―¡Vete a la mierda!¡Jamás te obedeceré!¡¿Me oyes?! ¡Te odio, te aborrezco!¡Muérete!―Inuyasha volvió a moverse tratando de escapar, todos sus intentos saliendo en un grito de dientes cerrados con toda su frustración. Creyó que no golpearía dos veces, que un doloroso castigo bastaba...pero aquí estaba Sesshomaru recordándole la crueldad y el rencor que podía llegar a almacenar en sí mismo.―¡Ni siquiera llegué a soltar tu estúpido hakama mientras que tú me violaste a lo grande!¡Y encima eres tan maldito hijo de puta que te has atrevido a restregármelo por la cara delante de ellos!¡¿Cómo crees que me siento cada vez que me acuerdo de lo que paso?!¡Cómo, cuándo me humillas y me machacas a placer sabiendo que ni siquiera tengo una puta opción para defenderme!¡¿Y qué esfuerzos por complacerme de mierda?! ¿¡De qué me sirve que te cortes tu precioso pelo o que decidas no matarme si vas a seguir tratandome como la mierda delante del resto!? ¡Maldita sea!¡Maldita sea Sesshomaru!
Sesshomaru gruñó ante las palabras, empujando los brazos atados contra la espalda desnuda para evitar cualquier movimiento mientras su mente trabajaba. ¿Era cierto? Era cierto, él realmente había estado enfadado y se había mofado de su hermano...Un jadeo doloroso llamó su atención, ligeramente sorprendido al encontrarse con ojos suplicantes.
Es esta noche humana...que te hace débil a los sentimientos y emociones humanas...
―Suelta...―Se quejó, moviendo ligeramente los brazos.
Sesshomaru soltó las extremidades despacio y captó el olor de la sangre. Miró hacia ellas, incapaz de recordar tocar en algún momento de la noche. Un peso extraño en su estómago, Sesshomaru eliminó las ataduras de esas manos y de un ligero impulso de la rodilla incorporó a Inuyasha. Este se negó a mirarle cuando de un movimiento recogió de nuevo un brazo y alzó la manga del kimono manchado revelando la fea herida.
Ya veo...
Inuyasha le había ganado de alguna manera al final, pero no había salido ileso.
Cómo si no le importara lo que veía, Sesshomaru siguió la conversación con un tono más relajado, pero sin perder los ojos de zafiro y rubí en ningún momento. Respiró mientras perdido en sus pensamientos dejó caer al menor contra él de nuevo, Yako ansioso y lleno de curiosidad por esta extraña forma débil sin olor.
Aún seguía enfadado, había sido desagradable lidiar con toda la situación. Sin embargo, que también había sido desagradable para Inuyasha, y ambos habían acabado recibiendo golpes en su orgullo de alguna manera. La equidad no hacía la situación más agradable o justa.
No hemos tenido la paciencia suficiente.
―No estamos acostumbrados el uno al otro.―Afirmó como cuestión de hecho.―Me he sobrepasado.
Inuyasha se sorprendió por las palabras, increíble como su hermano podía pasar de un estado a otro. El insensible; sin sentimientos, estaba demostrando en unos días emociones muy diversas. Suspiró mientras su mente discutía sobre que decir al respecto. Era como una especie de disculpa cómo se había sentido la frase. Quizá no debería permanecer quieto ante el cuerpo que le absorvía con facilidad, sobre todo cuando era el responsable de haber golpeado su culo a sangrar. Quizá, demasiado tranquilo para ser Sesshomaru y tener sus colmillos al borde de su yugular.
―Keh.―Se limitó a pronunciar en cierto acuerdo final. Aguardó unos momentos de silencio.―Así que...suéltame de una vez ¿no?―Protestó ―O vas a ¿seguir...? ―Preguntó con cuidadoso tono, aunque no logrando ocultar el rastro de desesperación por escapar.
Sesshomaru cerró los ojos por un momento. Ya no tenía tantas ganas de destrozar a su hermano. Los sentimientos de rencor habían huido de su cabeza ligeramente al contemplar verdaderamente el estado deshecho.
Tal vez que yo no sea siempre el monstruo no significa que él deje de ser la víctima.
Sin embargo la ausencia de luna y Yako aún en necesidad de deshacer el entuerto que habían creado no le dejaba concederle su deseo.
―Dominación, Inuyasha. No sé de donde procedió tu locura, pero sabiendo quien era o no, pensaste que era lo suficientemente débil como para tratar de dominarme...No puedo dejarlo pasar.
―¿Otra vez con eso?¡Pero yo no tengo la culpa!¡Yaseiki lo hizo!―Gritó al sentir como Sesshomaru volvía a sostener su cuerpo contra él.
Por un momento la mente de Sesshomaru se detuvo a analizar esta información, pero Yako tiró de su pausa a la acción presente con prisa.
―Eso ya no importa. Tú has traido esto a tí mismo provocando a mi youkai y haciéndome perder el control. Yo soy Alpha, es natural para mí reivindicar por derecho la que es mi posición.
Las palabras pronunciadas con tranquilidad y calma no hicieron nada por apaciguar al ya no hanyou, quien con los ojos abiertos al máximo comenzó de nuevo a empujar contra el pecho de su hermano quien le levantaba para contenerle contra el árbol. Su hakama se deslizó hasta sus pies.
―¡No!¡Joder, espera!
Sesshomaru gruñó impaciente mientras se ocultaba en la curva de su cuello y mordía fuertemente sacando la sangre. Inuyasha gritó en el dolor, su cuerpo humano incapaz de reconocer los símbolos que constituían el youkai de Sesshomaru en estos momentos al estar Yaseiki oculto en las más baja de sus capas mentales. Ni siquiera era capaz de darse cuenta de como su hermano estaba tratando de controlarse frente a él.
―Deja de prolongar la agonía.―Dijo Sesshomaru en un raro ronroneo.― Si sigues de esta manera solo conseguirás que Yako finalmente decida devorarte...
Inuyasha se detuvo mientras el nombre de Yako daba vueltas en torno a su cabeza.
Yo he escuchado ese nombre...
Él simplemente no podía recordar dónde, o de quien.
―Prefiero que me devores, a que decidas tomarme otra vez como si fuera una puta...―Sesshomaru lamió la herida ignorando las palabras de su hermano, la piel humana se estremeció frente al tacto extraño.―Además si lo haces volverás a dejarme embarazada. Creía que no querías tener hijos con el bastardo de tu hermano...
Eso era cierto, sin embargo él mismo olfateó sobre él sin encontrar el olor fértil a hembra que su madre había generado sobre su hermano. Su propio demonio se desilusionó ligeramente al ver que la forma de este nuevo ser era incapaz de finalizar con su semilla.
Sesshomaru se estremeció al escuchar el gruñido de disgusto de Yako en el interior, señalando que simplemente algo faltaba para llevarse a cabo en todo esto. Pero su pene aún se alzaba en alto imparable, su cuerpo bastante listo.
―No gestarás Inuyasha...este cuerpo humano no tiene esa capacidad.―Murmuró mientras comenzaba a tomar velocidad en sus gestos y sus manos agarraban el culo sonrojado en una caricia delicada. Inuyasha pataleó y se retorció para huir, sus pies elevandóle hasta llevarle en sus puntillas en un intento de escapar.
―¡Maldito seas!¡Este cuerpo humano débil se rompera si lo haces!
Sesshomaru gruñó astiado por las protestas constantes. Necesitaba cavar profundo dentro de su hermano. Ahora. Gruñó más sobre su cuello de forma animalística. Cuando Sesshomaru le miró a los ojos algo se enredó en el interior de Inuyasha y sus rodillas temblaron de repente, sin ser consciente de ello un gran aura le rodeaba empujándole hacia el suelo cómo si toda la presión de la tierra se hubiera concentrado encima de su cabeza. Temblores surcaron su cuerpo semidesnudo descontroladamente, y su garganta, cuando pretendió maldecir una vez más, solo dejo escapar un suave gemido.
El pene de Sesshomaru se crispó y el propio del hanyou le imitó desde el interior del fundoshi. Ambos golpeando entre sí por el inconsciente movimiento de cadera que ambos ejecutaban pulsando con placer intermitente y reduciendo el espacio. Sesshomaru respiró fuertemente mientras sostenía con mayor fuerza el marco delgado contra él.
―Yo tampoco quiero esto de la misma manera que tú tampoco lo quieres.―Sus ojos parecían descontrolarse por momentos en una muestra del caos que reinaba en el interior de la cabeza del youkai.―Sé que no ayuda en nada. Pero nada de esto habría sucedido si tú no hubieras tenido la osadía de tratar de dominarme en la mañana. ¿Acaso no lo sentiste tú cuando volví a verte en el acantilado?
Inuyasha tembló recordando las emociones contradictorias que habían gobernado su cuerpo, cómo de repente él y Yaseiki habían dejado de ser dos para ser uno, y como los deseos se habían unido en uno único que aunque él pretendía eludir conocía a la perfección.
De repente comenzaba a comprender y un sentido de la finalización y la desesperación caló profundo mientras se daba cuenta de la inexistencia de escapatoria.
―No, no quiero...no quiero...―Se quejó mientras su voz perdía intensidad.
Todo su mundo parecía contraerse y los recuerdos desagradables volvían a inundar su cabeza.
―No puedo, en serio, en serio por favor, no...tiene que haber otra cosa...Sesshomaru...
Sesshomaru gruñía con fuerza, la bestia que era en auge.
No puede ser que pierdas el control. ¡Tú nunca pierdes el control...!
Comprendía que era un doble castigo, comprendía que no había nada peor para su hermano que entrar en una situación que no podía controlar o evitar, pero eso sólo hacía de sus sentimientos un mayor estropicio al saberse culpable de que todo esto sucediese.
Sesshomaru impactó su frente contra la de su hermano, un nuevo movimiento de caderas rodando las durezas juntas. Inuyasha volvió a asustarse, alzando su rostro, pero que sólo logró que Sesshomaru viera la oreja humana amoratada en su campo de visión y su boca la atrapara.
―¡Agh! ¡Oye!―Protestó tirando de vuelta, sus orejas lanzando una sensación rara y dando un nuevo tirón de las rodillas que volvieron a caer ligeramente hacia el suelo, si no fuera por el fuerte amarre que Sesshomaru mantenía sobre su cuerpo, él a estas alturas ya habría caído de rodillas delante de él, algo que no podía permitirse .
―Tal vez tú no lo notes Inuyasha, porque en estos momentos eres humano y nada queda de tí que sea un demonio. Seguramente en la mañana volverás a verlo y lo entenderás, pero yo en estos momentos no puedo hacer nada, no cuando tú mismo estás llamando para mí.
Inuyasha no supo entender dichas palabras y en su cabeza protestó.
¡Yo no estoy llamando para ti imbécil, no estoy haciendo nada!
De repente Sesshomaru se dejó caer hacia atrás llevándose consigo a Inuyasha y de una vuelta quedando justo sobre él. El peso era casi aplastante en su forma humana y dejó escapar un gruñido que poco sonaba como tal pero que salía del puro instinto.
Inuyasha jadeó incapaz de creer que toda esta situación estuviera volviendo a repetirse, se negaba, él no podía. Sesshomaru se alzó en sus rodillas sobre él, mirando aún más fuerte. La polla de detención morada y sangrante que se mostraba totalmente erecta apoyada sobre el pecho casi desnudo de su hermano apenas cubierto por su Haori, se mostraba ante él, vaticinando un futuro aterrador. Inuyasha observó incapaz de creer que eso pudiera inundar su interior, le iba a matar.
Sesshomaru agarró el fundoshi de los lados de las inexistentes caderas tratando de llegar al delicioso cuerpo que se espatarraba justo delante de él. Tal vez no captase a Yaseiki ni el olor de la hembra, pero Yako sabía perfectamente qué estaba allí escondido.
Sesshomaru tiró hacia abajo la tela escasa, observando con atención el miembro semierecto oculto entre los rizos también de color negro, el grito indignado le llevó a ver el rostro de su hermano, sus ojos mirando con horror. No quiso prolongar esto.
Se supone que es solo un reclamo, no sexo...rápidamente como con Suzuka la primera vez.
Con la suavidad de una serpiente se deslizó sobre el cuerpo de Inuyasha que se encogió en aquellos lugares donde se inició el contacto, las garras de Sesshomaru se deslizaron por los bordes del haori azul deslizándolo abierto junto con su capa más inferior y desvelando la carne indefensa al frío.
Su cuerpo cantaba con excitación mientras él a sí mismo se regañaba.
Rápido.
Cuando las manos rozaron el pecho desnudo tropezando con los pezones, finalmente Inuyasha respondió entrando en pánico. Gritó con fuerza en el miedo en un tono que más tarde reconocería como horriblemente femenino, y aprovechando la incomodidad de las revoluciones contra los sensibles oidos de su hermano salió de debajo de él y se puso en pie, apenas pudiendo alejarse cuando tropezó con el hakama enredado en sus piernas. Su trasero impactó contra el frío y duro suelo y gimió de dolor. Sesshomaru se acercó con demasiada rapidez, asustándole.
No puedo tomarlo no otra vez! Cualquier cosa menos dentro..!
Sesshomaru lo miró largamente, gruñendo enfadado.
No podía pasar de nuevo, prefería cualquier otra cosa antes que ser rebajado a ser tomado como la perra debajo de su hermano. Tal vez no la muerte, ahora que parecía haber encontrado el camino correcto hacia un nuevo futuro. Kagome no se lo perdonaría jamás; pero...
Tragando saliva mientras miraba al youkai medio desesperado aguardando en silencio, Inuyasha observó a su hermano: tenía los dientes apretados con fuerza, y mientras venía, sus manos parecían haber ganado un tic mientras sus garras se flexionaban una y otra vez en el nerviosismo. Aunque todo pareciera ser tranquilo Inuyasha podía ver el tembloroso estado de su hermano, absolutamente desesperado por dejarse guiar por los instintos que habían atravesado su pueblo durante generaciones y que constituían leyes más poderosas que las que pudieran sentenciarse de manera racional.
Finalmente llegó hasta él con paciencia tortuosa y volvió a aplastarle contra el tronco tratando de relajar a la perra nerviosa, su bestia tomando el control total y Yako sontiendo malévolamete al inexperto hanyou ahora tranformado en humano, todo parecio suceder rápido, y la desesperación de la situación aunque Inuyasha jamás se lo perdonaría a si mismo más adelante estalló sobre él. Sus manos se dirigieron de manera automática hacia el miembro de esfuerzo de su hermano, y Sesshomaru se detuvo por el contacto amable y suave de las pequeñas manos abrazando en un apretón ligeramente poderoso su hombría necesitada. Inuyasha tomo aire mientras se trataba de concienciar de alguna manera de detener que el demonio se internara en su cuerpo; quizás y solo quizás si lograba satisfacer sexualmente al demonio no le quedarían fuerzas para tratar de atravesar su miembro en él. Miró en los ojos perdidos y los labios brillantes y supo que estaba haciéndolo bien. En el escaso espacio que Sesshomaru le permitía moverse escurrió hasta quedar arrodillado frente a él sin dejar de tocar el miembro hinchado. Apartó una mano a favor de empujar las caderas un poco. No estaba muy seguro de que estaba haciendo y se esforzó por no pensar en que estaba rebajandose a masturbar a su verdugo. Volvió a empujar las caderas con mayor brusquedad, incapaz de creer que iba a hacer no pareció captar la indirecta, miándole ante el toque con cierta curiosidad y extrañeza así como con cierta seriedad póstuma.
―Siéntate―Dijo Inuyasha con voz exigente pero de tono bajo. Sesshomaru solo contestó con un gruñido enojado e Inuyasha no pudo menos que fruncir el ceño. ¿Por qué tenía que hacerlo tan dificil?―Es solo un momento, en serio.―El youkai siguió sin contestar, pero Inuyasha no estaba dispuesto a esperar.―¡Siéntate no es que te de órdenes joder!¡Bastante que estoy haciendo esto!
Sesshomaru no supo de dónde venía esta extraña petición, o porqué de repente su hermano se veía tan dispuesto a ceder, pero cumplió llevado por la curiosidad con ella, y cambio posición sentandose sobre la corteza del árbol. No sabía que pretendía, pero tanto él como Yako, sentían la necesidad de ver a la esbelta criatura avergonzada moverse delante de él. Yako ronroneó de satisfacción, parecía que iba a ser entretenido suficiente.
Agachándose junto a su hermano y sentándose sobre sus rodillas Inuyasha miró directamente hacia los ojos entre el rojo y el amarillo, un naranja extraño que aún no lograba comprender. Sus mejillas imitaron a las rojas manzanas de los cuentos al momento de hablar.
―Prométeme...no, júrame mejor, que vamos a olvidar esto en cuanto acabe.―Exigió de manera aturullada.―Sesshomaru pestañeó―¡No jodas! No me mires así..―Dijo Inuyasha cerrando los ojos para solamente evitar el contacto visual.― Júralo. No quiero que me recuerdes que esto ha sucedido jamás, olvidarlo antes de que vuelva a salir el sol.
Sesshomaru parecía serio, pero se sonrió ligeramente divirtiéndose ante la timidez y la extraña necesidad de su hermano para tal juramento
Como si esas cosas pudieran llegar a cumplirse en la realidad...―Pensó Sesshomaru, sabiendo que cualquier cosa que sucediera en esta noche no sería olvidado jamás por mucho que pretendiese jurarlo.
―Puedo intentar hacer ver que lo he olvidado si eso lo hará más fácil para tí.―Murmuró Sesshomaru con voz ronca.
Inuyasha asintió.
―Eso es suficiente para mí...―Contestó, aunque sabía que en el fondo todo sería inútil,―Y prométe también que no te vas a burlar de mí sobre esto... ―Sesshomaru miró hacia él con rostro escéptico.
―De nuevo, no puedo jurarte algo así; sin embargo, tal como tú has dicho hace un momento puedo hacer como que esta noche no ha sucedido jamás.
―Bien...―Murmuró.
Inuyasha respiró profundamente por su nariz mientras observaba la intimidad despierta, tratando de hacerse a la idea poco a poco, y Sesshomaru gruñó con fuerza.
―¿Hasta cuándo esperas hanyou loco? Ven aquí para que te tenga ahora,
Inuyasha frunció el ceño ante la fuerza violenta de esas palabras. Volvió a mirar el cuerpo de su hermano ya deseoso de volver a tomarle.
Inuyasha asintió, para darse impulso a si mismo, sin embargo cuando se acercó a su hermano, éste le agarró fuertemente de sus caderas y eso no era lo que iba buscando. Ya lo tenía en mente; todo. Así el maldijo en un murmullo apartando con la mayor delicadeza posible las manos recelosas y negando ligeramente. Sesshomaru observó como el Hanyou tímido colocó sus manos sobre su pecho y las dejaba caer suavemente hacia sus muslos. Sesshomaru ladeó la cabeza con curiosidad cuando su hermanó acercó su propio rostro hacia su intimidad.
Necesita hacerse a la idea tal vez.
Solo por ello permitió tal cercanía, tratando de controlar la ola de pánico que surgió dentro de él al ver los afilados colmillos cerca de una parte tan importante de su anatomía.
Inuyasha se relamía los labios, miró hacia arriba, miró hacia abajo, cerró los ojos volvió a mirar hacia arriba... cerró los ojos. Kagome había sido la que le había enseñado esto; por supuesto no era una cosa que él hubiera imaginado que pudiese pasar entre una pareja en un principio, sin embargo, cuando Kagome le convenció y lo intentaron se sorprendió de sentir una nueva experiencia totalmente diferente y alucinante. Ella fue extraordinaria. No obstante, cuando la tension por los hijos creció dejaron de probar cosas nuevas, ya que con ello no podrían conseguir el objetivo que pretendían.
Era algo inimaginable que se viera forzado a intentar algo que había sido hecho para el mismo, y se esforzaba para evitar pensar en quien y centrarse en el como. Sabía que era agradable para quien recibía,y Kagome había perjurado que no le hizo daño, pero no se sentia capaz viendo el tamaño aún por crecer, a unos centímetros del ombligo.
Eso no va a caber en mi boca, mierda...
Tomando una respiración más fuerte que las demás sus manos se deslizaron con suavidad sobre el pene caliente e hinchado. Paso saliva por su garganta, evitando abrir los ojos para lograr esquivar la mirada atenta de su hermano sobre él. Ni siquiera quería pensar en lo que coño estaba haciendo, ni siquiera planteárselo.
En blanco, mente en blanco, en blanco...sólo concentrate en...hacerle llegar.
Acarició con los huecos de su dedo índice y anular el tronco hacia arriba ,rodando los pliegue entre el tronco y el glande y sacándole a este último mayor color rosado. La palma de su mano rodeó la totalidad de la cabeza tentativamente, y masajeó con suavidad pasando el dedo gordo por la hendidura húmeda. Su hermano soltó entre un gruñido y un ronquido extraño e Inuyasha se sobresaltó cuando un chivatazo de líquido blanco escapó con fuerza, rozándo su rostro. Las gotas lanzadas al cielo cayeron de vuelta en gruesas tiras sobre el pecho musculoso del mayor. Miró con ojos grandes hacia arriba, Sesshomaru mostrando sus dientes con los ojos cerrados. La expresión de esfuerzo cayó y jadeó, abrió dos rendijas suaves. La cántidad de emociones turbulentas que se leían le obligaron a desviar la atención hacia abajo y bajar y subir sus manos de nuevo, ahora estaban pegajosas y el trabajo era mucho más fácil. Sesshomaru gimió al instante de reiniciar, más rastros de presemen saliendo desde la punta, e Inuyasha volvió a alzar la mirada. ¿Había visto a su hermano hacer semejante sonido o expresión? Los sucesos de aquella noche turbulenta...no podía recordarlo.. su hermano soltó entre un rugido y un ronquido extraño e Inuyasha supo que lo estaba haciendo bien. Se mordió los labios ligeramente y el cerró los ojos concentrándose en los sonidos que escapaban del Youkai. Dejó una mano libre y la paseó por el estómago sucio, cada uno de los músculos del abdomen flexionándose a su paso con fuerza. ¿Qué estaba haciéndo ahora? Bueno, se estaba desviando un poco de lo que tendría que estar haciendo.
Pero nunca le he visto así...
Nunca...ni siquiera había estado a esta distancia de él sin pelearse entre ellos. Había sangre bajo su piel, latiendo por sus venas...era caliente..
Estoy...estoy masturbando a mi hermano...que es... esto no tendría que estar pasando ¿no? No es lo más normal...la gente normal no hace esto..no debería sentirse tan...
Era curioso, de saber lo que podía llegar a sacar de él.
Paseó hacia abajo de vuelta, buscando las líneas magenta que habían sido dibujadas en los costados de sus caderas y que apuntaban hacia abajo. Qué eran, por qué estaban allí... Rascó con las uñas romas sobre ellas, solo para saber si eran tan solo piel o eran algo más. La reacción del Daiyoukai fue un extraño tic en la pierna, y casi sonrió de saber que eran, de hecho, tan sensibles como sus orejas. Eso era una debilidad.
¿Por qué me está mostrando sus debilidades?
Lanzó su rostro en adelante recolocando su mano en ayuda de la anterior y, temblorosamente, con delicadeza y casi con miedo, una lengua pequeña y rosada trazó las líneas descubriendo la suavidad de terciopelo que era la piel de su hermano al parecer recubierta pese a la apariencia superficial, de una fina capa de vello por todo su cuerpo. Sesshomaru cerró la boca y solo su nariz y las respiraciones profundas que tomaba a través de ella eran lo suficientemente rápidas y pesadas como para saber que este acto era algo que estaba disfrutando.
―Para tu timidez, pareces saber muy bien lo que haces...―Murmuró con un semi-gruñido.
Sesshomaru dibujó una ligera sonrisa burlona mientras veía a su hermano rebajarse a... bueno, no sabía lo que estaba haciendo, pero se sentía tortuosamente delicioso. Las mejillas de Inuyasha se habían sonrojado y había fruncido el ceño. El gesto relajó su consciencia. SI Inuyasha podía hacer tal cosa no podía ser tan horrible.
Por otro lado, cómo una nueva regada escapó Inuyasha soltó con casi enfado la polla del otro.
―Y tú eres jodido humedo aquí joder...―Se quejó, y en un acto impulsivo, pensando qué sucedería después si manchaba el nuevo kimono que Shiori le había regalado, eliminó dicha parte superior que aún colgaba de sus brazos y quedó tan desnudo como su hermano.
Una vez hecho este acto, Sesshomaru agarró el mentón del otro y lamió una línea de saliva desde el cuello hasta la oreja. No la quería morada más.
―Soy un perro, perros somos húmedos...―Murmuró antes de soltarle y ver como volvía a apoyarse en su regazo.―¿Deseas que esto dure toda la noche?―Preguntó por último al ver que las manos reiniciaban el mismo movimiento. Era agradable, pero no le iba a hacer llegar.
Y entonces, vió una imagen que le iba a perseguir por el resto de su nueva página, y que ya podía subrayar en el capítulo. Inuyasha sonrió, realmente, de manera perversa, sonrió.
Después de eso volvió a lanzarse sin perder el ritmo con el que sus manos se movían. Su mano derecha frotó rápidamente sobre la cabeza sensible, la otra seguía moviendo hacia arriba y hacia abajo. Sesshomaru gruñó sintiendo el placer exclusivo, rápido y fugaz expanderse por la mitad inferior de su cuerpo y elevó sus caderas. El ritmo rápido se apagó de golpe, y Sesshomaru miró en confusión como su hermano alteró el ritmo ligeramente. De nuevo y una vez más con una sola mano reiniciaba lo que llevaba haciendo todo este tiempo, es esta ocasión su mano derecha alcanzando las dos suaves gemas que pendían desde fuera, tensas como consecuencia del acto que se llevaba a cabo. Bajó su boca de nuevo sobre una de las marcas dibujándola por completo desde la altura de su cadera hacia abajo casi llegando al interior de los cabellos rizados que protegía la intimidad del Daiyoukai. Sesshomaru observó el acto sintiendo el erotismo del mismo y cada vez se sentía más excitado, y no era Yako.
No, este no soy yo. Ha de ser Yako. Yo no podría disfrutar jamás de algo sucio como esto...
Se defendió en que no parecía Inuyasha, en que era Luna nueva.
Respiró con fuerza al sentir el aliento cálido y la lengua tortuosa que parecía haber ganado el ritmo mientras se dejaba llevar cerca de la línea de su hombría.
De alguna manera empezaba a sentir hacia donde iba a su hermano con este acto y no podía menos que sentirse entre confuso, satisfecho y por supuesto excitado. La lengua rosada dibujo su muslo, casi tembló, mientras enviaba toda su mente en el deseo de que lo tomara de una vez.
Yako retumbaban con satisfacción, disfrutando del acto sencillo, lento y de alguna manera sensual que la pequeña perra delante de él le ofrecía, pero no se sentía tan seguro de ver los dientes afilados sobre una parte tan importante de su anatomía. La diferencia, Sesshomaru por supuesto no pudo percibirla.
El va a cometer un error y voy a tener que degollarle.
Y entonces lo que él pensaba que llegaría pasó. Esa pequeña boca de pétalo rosa enmarcada por el rostro sonrojado y los ojos oscuros acercaron nublados su cavidad hacia allí.
Inuyasha sentía su estómago lleno de nervios y se sentía también un poco excitado a sí mismo. El acto vergonzoso que estaba realizando tenía su cabeza llena de sangre y no sabía bien cómo debía sentirse al tener delante de él la virilidad de otro hombre.
Realizar un acto así se sentía sucio, y al mismo tiempo que el mismo se olvidaba por un instante de la gravedad de todo esto era...se sentía poderoso. Porque aunque él se hubiese agachado, era él quien tenía en sus manos al otro hombre. Esta sensación de control era intoxicante.
Su propio miembro respondía deseando ser víctima de las mismas ministraciones que realizaba a la persona frente a él.
―Mirame.―Dijo de pronto cuando solo faltaba un milímetro para que se hiciera el contacto.
Inuyasha se congeló de pronto. Rompiéndose ligeramente la magia. Tragó la bola de saliva de su garganta y se obligó a alzar la mirada, luciendo ligeramente culpable. Tal vez había ido demasiado lejos. Tal vez Sesshomaru sentía más asco que él mismo.
―Mírame...―Jadeó.―...mientras lo haces...
Inuyasha se sentía presionado de repente. Ya no sabía cómo continuar.
Kagome había hecho aquello porque le amaba. Pero él no amaba a Sesshomaru, ¿Si lo hacía no estaría ensuciando un acto que guardaba con cariño en su memoria?
Inuyasha miró sobre los ojos de su hermano.
Demonios...tienen sexo sin amor todo el tiempo ¿cierto?Entonces, no puede ser tan malo...No estoy traicionando a Kagome...porque esto es solo sexo.
Quizá, no hubiera obedecido de no ser por la forma en que la lengua de Sesshomaru asomaba al exterior con cada bocanada de aire, las mejilla ligeramente sonrojadas y el dolor y la necesidad en la que se veía consumido.
No me gusta...este Sesshomaru.
Inuyasha asintió lentamente un poco contrariado, y mirando a los ojos cálidos dorados en una conexión extraña tan similar a la que habían hecho durante el mediodía y tan diferente, teniendo en cuenta que había mutuo acuerdo entre ellos, abrió la boca y tomó la cabeza del miembro de su hermano. Era grande, la textura extraña y el sabor amargo; y Sesshomaru gimió incontrolable, motivando al humano que ligeramente borracho de poder y control, no dejó sus manos quietas, sosteniendo la base y las bolas en movimiento. Inuyasha gruñó, y las vibraciones hicieron que el Daiyoukai arqueara su cuerpo en el placer mientras siseaba.
Le fascinó la forma en que se retorcía debajo de él, le fascinó tener literalmente a su hermano en sus manos. Le fascinó. Y de ello nació su entusiasmo.
Tocando los lugares correctos mediante el uso de sus manos y su boca en una nueva forma, Inuyasha empezó suave, deslizándo la boca de sus labios al interior y hacia afuera y apretando las pesadas bolas con su mano libre. La cabeza albergaba pliegues y era más caliente que el resto de zonas. Cómo Sesshomaru se arqueó, Inuyasha incorporó su lengua al juego, presionando sobre el frenillo de piel con ainco. Más pre-semen se deslizó en su boca como recompensa.
La extraña sensación de culpabilidad se desvaneció de un plumazo al momento de empezar, y pese a que la noche no ayudaba a mantener el calor, la excitación de Inuyasha se incrementó y casi sin dar tiempo al Daiyoukai, comenzó con un ritmo desenfrenado acompañado de su propio balanceo de caderas necesitado; impulsando con su boca el miembro de espesor de Sesshomaru hacia abajo y hacia arriba, sacándolo para chupar en los laterales y las tensas bolas que lo recogían, besando sus bordes de piel tensa dejando escurrir su propia saliva para después lamer las dos ligeras rayas de carne en color que se creaban en sus caderas y volver a tomar la virilidad en su boca para chupar con fuerza.
Ambos se perdieron en el acto, e Inuyasha se lanzó al agua dejándose llevar totalmente. Lamiento, chupando, lamiento, tocando, saboreando...Su propia hombría se crispó lanzando una primera difusión de pre-semen que le hizo gemir a sí mismo.
Las respiraciones pasaron a ser jadeos pesados, los de Sesshomaru inusualmente rápidos y basados en respiraciones más que en palabras.
Sesshomaru escurrió sus manos de función inutil y abandonada sobre la mata de cabello negro, tirando del rostro de su hermano más cerca de ello, alcanzando más profundo y aferrándose al cabello bien tenso sobre la cabeza de su hermano al sentir las convulsiones de su cuerpo traidor.
Cuando el hanyou comenzó aún más rápido deseando acabar y que durase eterno en una contradicción, Sesshomaru perdio el control y empujó con fuerza y sin compasión hacia abajo de la cabeza sostenida en tensión.
Su mente voló, a un lugar lejos de si mismo en el que sólo había placer y dedicación. Su único deseo era para seguir empujando en lo más profundo de esa calidez humeda y soltar su semilla en su interior. Inuyasha grito desde su mordaza ante la agresión profunda a su garganta, siendo violada de repente por la circunferencia demasiado grande para el tamaño que poseía. Su mandíbula habia comenzado a doler a partir de ese momento al mantenerse abierta por tanto tiempo. Los ojos de Inuyasha se giraron para ver a su hermano con desesperación mientras se ahogaba, el grueso intruso bloqueando el paso de cualquier otro aspecto vital como el oxígeno. Sesshomaru estaba concentrado sin embargo, y enredando sus dedos en el sedoso pelo negro obligó el movimiento por sí mismo, hasta llegar a la situación en que los labios de su hermano besaban la piel bajo su polla.
Sesshomaru jadeó con más fuerza, Inuyasha gritó en su mente incapaz de hacerlo en la realidad, mientras la agresión seguía teniendo lugar de manera poco agradable y sus dedos arañaban y palpaban su cuello sintiéndo allí de manera aterradora el grosor extrangero. El oxígeno empezaba a faltarle y su visión a moverse.
Estoy ahogándome...por la propia polla de mi hermano...estoy...
La ansiedad hacía que sus ganas de vomitar se incrementasen, las arcadas solo motivando y no evitando el exceso sobre el canal. Salió de la necesidad, su nariz trabajando el doble tratando de captar aire. Aún insuficiente, y comenzó a golpear insistentemente y entrando en pánico sobre los muslos de Sesshomaru para tratar de hacerle llegar el mensaje. Conforme los segundos sucedieron más fuertes eran sus golpes, lágrimas agolpandose en sus ojos del dolor crudo en su garganta. Sesshomaru reaccionó al fin con este dato último y separó tirando del cabello al hanyou de su pene erecto para permitirle respirar.
Inuyasha tosió al tiempo que enviaba una respiración grandiosa, de las comisuras de sus labios escapó sangre nacida de la rozadura candente de la carne sobre su garganta.
Esto es demasiado...
Pensó Inuyasha, pero Dios no le permitió compasión.
―Respira por la nariz.―Se limitó a ordenar antes de que volvió a obligarle a tomar en su interior el miembro grande y sudoroso. Inuyasha gritó en el acto mientras una vez más el miembro volvía a inundar su garganta.
Maldita sea la hora que empecé con esto...
En esta ocasión Sesshomaru no reinició de inmediato y bajo la gran velocidad para esperar por unos momentos a Inuyasha a adaptarse.
Incapaz de escapar, Inuyasha miró enfadado hacia Sesshomaru, y se esforzó por tranquilizarse. Colocó sus manos en los muslos extendidos para apoyarse. Respiró por la nariz un par de veces, el olor del sexo de su hermano empapado en los rizos blancos en los que se veía sumergido, demostrando su capacidad para respirar aceptable.
Sabía que le iba a doler, sabía que en la mañana era posible que no pudiese hablar; aún así, fue él y no Sesshomaru quién reinició de nuevo con el acto.
Su mente se sentía un poco confusa ahora, el liquido que se dejaba escapar con más frecuencia lo hizo más fácil y menos doloroso, la sensación distinta, pero estaba cansado, quería acabar de una vez y dejar de padecer lo que fuera que se sintiese con esto, tanto la pasión como el miedo como todo. Simplente descansar, dormir e incluso quedar inconsciente en el acto.
Marcando un ritmo normal, Inuyasha no podía respirar pero decidió aguantar lo que quedara de oxígeno en su interior, hacia arriba y hacia abajo llevándolo hasta el final de su garganta, ahora iba fácil, los movimientos electrizantes y eróticos haciendo su miembro temblar.
Sesshomaru dejó salir un ronco gemido y sostuvo su cabeza otra vez, sus rodillas se alzaron apretando en conjunto. Iban más rápido ahora, a toda velocidad. Sesshomaru cerró los ojos ignorando cómo era posible que todo este placer pudiera acumularse en sí mismo. No recordaba que esto hubiera sucedido nunca antes en su cuerpo, de nuevo, siendo Inuyasha el que provocaba algo así.
Ya casi..
Los escalofríos que rompían en su interior le arrastraban al borde, Inuyasha lo sintió igual, abriendo sus ojos asustado cuando el miembro creció en sus paredes, toda su garganta, el cielo de su boca y la lengua eran aplastadas.Quiso salir, y miró hacia arriba en busca del responsable. Sus preocupaciones se borraron de su mente por un instante. Ojos brillantes y dorados eran nublados en la felicidad, una lengua larga, como la de la verdadera forma de su hermano caía sin fuerza por su barbilla y respiraba a toda velocidad jadeando, casi sonriendo.
Una imagen mental de sí mismo llegó a su cabeza, en aquel castigo mental donde un demonio de cabello rojo se hallaba debajo de él. Era tan similar...
El shock ocupó su tiempo y espacio, perdiendo el sentido de sí mismo mientras observaba asombrado a su hermano luchar por alcanzar el climax moviendo sus caderas para empujar más profundo y crear fricción.
Recobró el sentido de repente, dándose cuenta de que se hallaba al borde del desmayo, y sucedió. Sesshomaru agarró su cabeza fuertemente y arqueó su cuerpo, las pupilas dilatadas y dejándo salir un grito profundo, largo y sorprendido de satisfacción.
Su boca fue inundada de la calida semilla de su hermano, y agolpada con la masa caliente hizo un ruido inconexo que hubiera sido una carcajada.
Pese a todo lo desagradable que fuese haber hecho esto, pese a lo mucho que su trasero y ahora su intimidad sin liberación doliese, sentía que había merecido la pena, para ver a su hermano gritar como una perra absoluta con los ojos en blanco dirigidos al cielo, las mejillas sonrojadas y su cabello despeinado.
El sabor agrio ya no era tan desagradable, sus papilas adaptadas despues de todo ese tiempo, y trago, con esfuerzo pero sin dolor. Sesshomaru le golpeó con las últimas estocadas mientras la cantidad que se derramaba en su interior le provocaban algunas arcadas por la instrusión flagrante que estaba tratando de matarle. El miembro de su hermano no se ablandaba sin embargo, y por un momento entro en pánico pensando que podría permanecer así por horas.
Así, despacio e inadvertidamente, Inuyasha comenzó a deslizar sus labios hacia arriba tratando de ganar espacio poco a poco sin que el youkai se percatase. Pronto y para su suerte logró sacar desde el interior de su garganta el hueso hinchado causa de que se atase y del dolor de su mandíbula, existiéndo un pequeño hueco por el que Inuyasha respiró despues de esos largos cinco minutos de estar sumergido en carne, Sesshomaru respiró raro en sus jadeos notando el aire frío romper la calidez. Inuyasha cerró sus labios con precaución y se mantuvo chupando ligeramente, sacando unos centímetros cada vez y logrando hacer emergir el pene del interior de su garganta. Finalmente cayó lejos de él con un splash sobre el pecho en movimiento de su hermano, aún dejando escrurrir ligeros trazos. Tragó el último resto y abrió la boca para tomar su primera respiración. Sonora, ronca, desagradable y con sabor a sangre, seguida de otras iguales. Había acabado.
Sumido en su capacidad de respirar, no prestó atención cuando Sesshomaru tiró de su cuerpo hacia arriba y le sostuvo en un abrazo apretado, aún jadeando junto a él por cuestiones diferentes sobre su cabeza, apoyado sobre el pecho que bajaba y subía en respiraciones forzosas. Ambos se hallaban completamente sin fuerzas e incapaces de hablar.
Dejó salir un gemido de dolor cuando una mano se poso sobre su trasero adolorido, su estómago se pegó al de su hermano quedando pegajoso al instante pero dejando atrapada su intimidad junto a la de su hermano. Forzó su cuello para mirar hacia arriba.
Sesshomaru inclinó su propio rostro hacia abajo y miró los labios sangrientos, sin pensarlo, rompió la distancia y besó sobre los labios tratando de eliminar cualquier rastro de sangre y limpiando los dientes romos de los restros de su propio semen.
Cuando se separaron Inuyasha le miraba con asombro.
―¿Ses...sho...maru?―Preguntó entre respiraciones. Sesshomaru se perdió, mirando a esta persona, esos profundos ojos violetas que compartían el color del universo, las mejillas sonrojadas y el aire de respirar moviendo su cabello despeinado.―Tus ojos ya no son rojos...
Parpadeó.
¿Mis ojos ya no son rojos?Ya no son...
Inuyasha miró estupefacto...la misma expresión estupefacta.
Se mantuvieron un rato en silencio e inmóviles.
Yako ya no esta aquí. Ya no está, ¿desde cuando?¿Por qué?
'Esos colmillos cerca de nuestros futuros hijos, daba escalofríos'
Pero él no... y él realmente había...
―Hay que olvidarlo. Completamente.―Murmuró Sesshomaru aun sin aliento. Aferrándose con todas sus fuerzas a la promesa que antes le había parecido estúpida. Se sentía incómodo y vulnerable. Haber dejado a su hermano verle de tal manera..y no podía negar que había disfrutado de todo...
Inuyasha cerró su boca abierta de la sorpresa y miró hacia el bosque. Sabía exactamente lo que le estaba pasando a su hermano y prefirió no comentar nada. Por ello, asintió con tranquilidad y volvió a abrazarse a él apoyándose sobre la suave piel de su hombro. Sesshomaru no sabía donde poner sus manos.
―Sesshomaru...―Murmuró suavemente a su oido. Él apenas respondió.―¿Soy una puta por haber hecho esto?―Preguntó con inseguridad.
Sesshomaru detuvo sus pensamientos un momento. Inuyasha era humano. Tal vez esa era la causa de este estado sentimental.
―No. Sólo has respondido a tus responsabilidades.―Contestó, y colocó sus manos en la espalda del más joven por fin.
Inuyasha miró a Sesshomaru y este de vuelta. Inuyasha sonrió un poco. Se sentía como si fuesen niños que guardasen un secreto de sus padres y del que nadie se podía enterar. Ni siquiera ellos mismos. Cerró los ojos para descansar, esperando al amanecer...
Sesshomaru sentía que casi podía dormir tambien cuando un gemido distraido le sacó de sus pensamientos.
Miró hacia la fuente de sonido. Inuyasha estaba claramente durmiendo, sin embargo...
Sesshomaru miró sobre el apéndice de color rojo. Cerró los ojos.
Todo esto va a ser olvidado. No va a ser mencionado jamás...
Pensó, mientras incapaz de creérselo el mismo, alargó una mano delicada hacia abajo...
Agradecimientos a:
SangoaomeOO(Basandome en las peliculas creo que Inuyasha odiaría ese tipo de actitud por parte de Shiori, y es el típico que no puede evitar gritar a los cuatro vientos lo que piensa. Sip, esa ironía es precisamente la que quería dejar ver, así que...¿Una cookie de regalo ;)? PD: ¡Oh no!¡Alguien salveme! O.o PD2: Yo no puedo odiarle porque es mi hijo...aunque desapruebo su pomportamiento XP),
Marshmallow (Jjajajaj me haces muy feliz, por que tu comentario me dice que logré lo que pretendía. Sesshomaru está aprendiendo, pero es un alumno tozudo U.U. Lo cierto es que tienes razón, disfrute mucho escribiéndo el capítulo, aunque por eso mismo me costo su trabajo. Aquí te traigo el castigo. PD1:Sesshomaru es un personaje mucho más complejo que Inuyasha, así que tiene mucha miga por sacar todavía. No se si esto es explosión o no...no estoy segura aún PD2:No te preocupes, más que hablo yo XD La verdad es que la historia en sí es un reto para mí, porque nunca he llegado a centrarme tanto en algo como esto, y ya que iba a hacerlo, no quería entrar con la típica historia, supongo que por eso estoy dándole tantas vueltas al asunto.
PD3: Gracias y besos para tí tambien, nos seguimos leyendo! :D)
, Shiro, Miyu-chaank , Guest1, Guest 2,Guest 3,Yuric09, bittersweet, Yoseff, Kind Yuuki, Frozen-Winter-Heart, alei91 y Shandy-shan.
PRÓXIMO CAPÍTULO!: Ay, me temo que esta misma semana comienzan mis exámenes, así que vuelvo a ampliar los plazos de publicación. Normalmente me daría dos semanas, pero en otras ocasiones lo he hecho y al final no he podido cumplir con el plazo, así que voy a poner dos posibles fechas: a)Lunes 1 de Febrero o b)Lunes 8 de Febrero.
Si no hay publicaciones el primer día, pasara automáticamente al segundo. Ojala que tenga huecos para poder ser antes de estos días. En todo caso, tengan paciencia y comprendan por favor U.U.
