Buenos días a todos, al fin, al fin, publico la continuación de esta historia después de…no sé, ¿3 meses? Creo que prefiero no pensarlo. He escrito este capítulo como tres veces; estaba muy atascada, quizás precisamente porque mis ideas, al inicio tan claras, fueron contaminados y desvirtuándose con el paso de los días. Cómo ha sido tan largo tiempo, cada vez que he tenido tiempo de retomarlo encontraba que lo que había escrito no me agradaba. Al final este ha sido el resultado. Espero que les agrade, es especialmente largo para ustedes, así que le vais a dedicar un rato ;)
Disclaimer: El sensualón de Inuyasha y el resto de fantásticos personajes no me pertenecen (aunque no me importaría darles un hogar XD )Todos ellos son propiedad exclusiva de la genial Rumiko Takahashi. El resto de personajes son de mi propia autoría y están reservados bajo derechos de copyright al igual que la historia en sí.
Advertencia: Yaoi, Angst, Violación, Mpreg, Horror(?), Muerte de personajes, Lemon.
Rated M
Diálogos(―) Pensamientos (Ehhhh) Pensamientos Yaseiki y Yako ('Ehhhh') Recuerdos y anotaciones("")
Capítulo 26:
El camino que recorrieron esa noche fue el inicio del camino más oscuro en el que nunca podría haberse convertido para Inuyasha. Marcaron una ley extraña de silencio. Ninguno tenía ganas de seguir hablando, de explicarse a sí mismos o siquiera de forzar los labios en una palabra que pudiese ser comprendida. Ninguno hablaba…pero sí pensaban. Constantemente y sin parar, abrumados entre unas cosas y otras, pensaban lo que callaban , pero esa no hacía una diferencia grande de la situación que vivían. No diferente excepto para Sesshomaru, que encontró el silencio del hanyou inquietante y sospechoso. Mirando de reojo hacia atrás en un gesto imposible de percibir por la prontitud con la que fue realizado, Sesshomaru reflexionó sobre el ligero ceño fruncido de apariencia tan natural sobre el rostro y sobre la mirada pérdida en mundos diferentes. No creía que sus palabras pudiesen tener consecuencias negativas teniendo en cuenta que habían logrado evitar que Inuyasha corriera más lejos de él. Por supuesto, había sentido el momento en que el hanyou había abandonado definitivamente su radio de acción y no había tardado mucho en seguir su rastro con toda tranquilidad de saber que iba a encontrarle fuese donde fuese. Pero eso no había eliminado la delicada espina que, ponzoñosa y molesta, le susurró con palabras viciosas que el niño jamás se quedaría conforme mientras estuviesen juntos, que no tenía la fuerza ni la capacidad suficiente para lograr que Inuyasha volviera a levantarse con la barbilla alta, y, sobre todo y lo peor de ello, que realmente no existía ninguna forma existente posible en la que su hermano podría quedarse en pleno estado de salud físico y mental, al lado de un hermano mayor al que detesta…
Fue un toque a su orgullo que le hizo molesto, y se dijo a sí mismo que no había nada que él no pudiese hacer o lograr y mucho menos conseguir si lo deseaba. Y luego su hermano simplemente le dice todo "aquello", hablando como si realmente no fuese un hanyou tan estúpido como era…
En su discurso había dicho ninguna mentira. Sobre todo porque no hubo tiempo para pensarla mientras el mismo se daba cuenta de esa realización tan vital, tan efímera…tan estúpida y sin sentido y…
—¿Sesshomaru? ¿Qué pasa?
El mencionado enfocó su mente en el entorno sintiendo una presencia amenazante, solo para darse cuenta de que esa presencia procedía de sí mismo.
—Nada.
Estaba molesto consigo mismo, algo que no era muy fuera de lo común últimamente. Pero el hecho de que no se hubiese dado cuenta de lo muy limitado, de las tantas restricciones que él mismo se había impuesto a lo largo de su vida le hacía sentir como un tonto. ¿Dónde había estado su mente privilegiada durante todo este tiempo como para no darse cuenta de que el cuerpo en el que habitaba estaba siendo controlado por normas estúpidas que ni siquiera nadie le había pedido seguir? Era ridículo y patético. Y no podía permitirse esa deshonra por más tiempo.
Soy la persona que puede aspirar a tener más libertad que ninguna otra al poseer todo este poder, ¿no es así Inuyasha?
Sólo en ese momento, reflexionando en la perspectiva que la persona tras de él debía tener respecto a sí mismo, se dio cuenta de la causa del silencio de Inuyasha. Y no le gusto nada en absoluto.
El de seguro exagera la situación…
Sesshomaru no se equivocaba. Inuyasha tenía curiosidad por saber que podía ser una causa lo suficientemente enorme como para provocar que Sesshomaru no pudiese hacer lo que le daba la gana teniendo en cuenta que, bueno, él siempre parecía conseguir todo lo que quería; y por otro lado, simplemente estaba confuso y cabreado.
Inuyasha no se sentía cómodo con las conversaciones abiertas y sinceras, sobre todo cara a cara, pero si lo pensaba en profundo y tras la experiencia, sobre todo con su hermano. Kagome había sabido como de un mal orador era a la hora de consolar a la gente y había sido complaciente con él para estas cosas, pero ¿Cómo podía él abordar esta situación?
¿Por qué Sesshomaru iba a querer compartir cosas como estas conmigo? ¡Soy la última persona en la tierra para esto! ¿Qué se supone que quiere que haga?
Le hacía sentir de un humor pésimo.
No es como que a mí me importa algo lo que sea que le pase a esa deformación de mente y en todo caso no pienso mover un dedo si es que de verdad necesita mi ayuda…sobre todo porque seguro que todo es culpa de esa perra estúpida que tiene por madre y no quiero saber más de esa mujer…
La resolución le ayudó a recuperar un poco el ánimo, pero por desgracia su lado humano tendía hacia las ramas del perdón y la comprensión y…
Puta vida… Debería utilizar su estúpida responsabilidad para pensar qué hacer conmigo.
Este tipo de pensamientos poblaban la cabeza del Inu menor haciéndole caminar en absoluto silencio. Y le había delatado.
A Sesshomaru no le resultaba muy difícil darse cuenta de que Inuyasha estaba imaginando mil y una historias estúpidas sobre la pequeña porción de revelación que había escapado de sus labios.
No le agradaba que Inuyasha estrujase sus palabras y las moldeara a su propio gusto para saltar a cualquier tipo de conclusión estúpida. Debería haber matizado mucho más. De hecho, ahora que se daba cuenta de su mala decisión él 'quería' matizar sus palabras. Quería explicarle que era perfectamente capaz de ser libre y lograrlo, que no le necesitaba específicamente para ello...Por una vez en su vida que experimentaba el impulso de explicarse a sí mismo. Sin embargo, el hanyou no se lo iba a permitir sin tener la confianza o naturaleza de una relación normal.
Nunca serían capaces de hablar con sinceridad entre ellos.
Consciente de ello, y pese a lo poco que disfrutaba de verse obligado a dar conversación, Sesshomaru decidió que tenía que alejar la hiperactiva mentalidad de su hermano hacía el mundo real.
—¿Qué asuntos debías tratar en el Norte?
Inuyasha resopló por la nariz con fastidio. No tenía ganas de hablar, ni siquiera el ambiente que había en el bosque era favorable mientras empezaba a formarse niebla a causa de la humedad recién dejada sobre el suelo y el frío.
— Keh, nada en particular. Iba sin rumbo.
Sesshomaru no tenía nada que objetar ante esa respuesta.
—Dijiste que La… 'perdiste'—Murmuró con especial entonación en la palabra.—…en el bosque.
Inuyasha se tensó de inmediato.
Tessaiga...debería haber pensado en ella antes...Ella debe estar...
—Bueno, no exactamente en el bosque.—Murmuró de la forma menos forzada posible. El silencio le dijo que debía hablar ahora antes de conseguir poner de mal humor al perro mayor.
—En realidad... es probable que la tengan los lobos...—Pensó en voz alta.
La mirada de milésimas de segundo que se giró a mirarle con intenciones asesinas le erizó el vello de la nuca, pero ya no tenía miedo.
—No te alteres... Kouga puede ser un culo, pero no haría nada con ella.
La mirada persistió un minuto largo, tratando de leer a través de él la sinceridad de esa afirmación. Cuando lentamente volvió a darle la espalda y reanudó el camino, Inuyasha supuso que ya estaba satisfecho.
—En ese caso, le daremos una visita a los lobos.
Inuyasha se detuvo.
—¿Qué íbamos a hacer después de recuperar la espada?
Sesshomaru no pasó desapercibido el uso del plural en esa pregunta, y no hizo nada por evitar su propia satisfacción en ella. Después de un ritmo de tres pasos de distancia.
—Necesito contrastar información con el señor del norte.
Un paso más, un tono apagado.
—¿Y si vamos a ver a este señor primero? No me importa esperar un poco para recuperar Tessaiga... supongo que eso resultara ser una prioridad y no quiero...
Sesshomaru se giró de nuevo a observarle por un rato. Inuyasha se tensó bajo su mirada al saber que él sabía, y su fachada estaba rota para defenderse de sus estimaciones. Se hizo un silencio tenso.
Sesshomaru estudió a su hermano con cuidado, pero el pánico de que lo que pensase fuese expuesto evitó que pudiera percibir algo más aparte del pánico nauseoso y Sesshomaru no podía deducir nada de las circunstancias por las que no quería recuperar su espada.
Esto es absurdo. Sea lo que sea que aguarde junto a los lobos debe de aprender a afrontarlo.
—La espada del padre no debe estar en manos deshonrosas. Recuperaremos Tessaiga, según lo planeado.
Inuyasha dejó escapar su respiración por sus fosas nasales al tiempo que apretaba con fuerza sus manos en puños...
Norte. Al norte. De nuevo.
Las palabras retumbaban en su cabeza mientras su cerebro trabajaba y le hacía ver los detalles de una situación que su mente, más inteligente que la consciencia, se había encargado de ocultar.
Las personas que aún aguardaban en ese lugar…
—No te retrases.—Fue la orden cruda lanzada al aire.
Fue la orden silenciosamente obedecida.
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Fue necesario que transcurriesen cinco días para que Sesshomaru pudiese darse cuenta de que algo no iba bien con Inuyasha.
Silencioso, pensativo...y sin embargo, cuando le cuestionó con la mirada el hanyou se limitó a bufar y realizar un breve comentario. Un breve "¿Qué miras?" o "déjame en paz"; todo normal pero... si se detenía a analizarlo...demasiado forzado.
"—¿Qué hicieron para ti los lobos Inuyasha?"
Sin delicadeza, y sin paciencia como para soportar permanecer a expensas del capricho del hanyou para explicarle, Sesshomaru no tardó en lanzar esta bomba de relojería al aire hace un par de días.
La reacción del hanyou fue una expresión horrorizada ante el repentino y falsamente desinteresado interés seguida de una de molestia, aunque él siempre parecía estar enfadado con algo en el mundo que le rodea.
"—Nada en particular. ¿Qué quieres decir?"
Desconfiado, pero teniendo la puerta cerrada a los pensamientos del niño, Sesshomaru decidió que Inuyasha estaba siendo de nuevo infantil y terco y él no rogaría al otro por conocer el motivo de su rareza.
Pero si existía algo en el carácter de Sesshomaru que aún podía ser reprochado, era su curiosidad. Él quería saber, y conforme más le era negada esa posibilidad peor era su humor y estado de ánimo.
¿Cómo podía hacer hablar al hanyou sin incomodar su extremado sentido de la privacidad? No tenía una solución que no implicase un método psicológico retorcido, y eso sólo lograría empeorar su relación con Inuyasha. Su entretenimiento se estaba convirtiendo en una pequeña obsesión, y Sesshomaru terminó por llegar a la conclusión de que, si había algo que no deseaba ver en el Norte, él, Sesshomaru, le obligaría a enfrentarlo con la mayor presteza posible.
Así, el hanyou, que había ralentizado considerablemente su ritmo en un intento de reducir la prontitud con la que tendría lugar el encuentro, fue obligado a ir más rápido de lo que deseaba ante el implacable paso que Sesshomaru le obligaba a seguir por culpa de ver frustrados sus deseos.
Por supuesto, tenía algunas ideas desagradables sobre lo que podría haber sucedido, pero al reflexionar sobre las posibilidades sólo podía sentirse más enfadado aún. No sabía cuando llegarían con exactitud o que sucedería cuando encontrasen al grupo de caninos, pero si en verdad habían sido responsables de algún daño más al hanyou iban a pagar por sus actos
Ya fui demasiado compasivo respecto a Rin...no voy a permitir que sigan actuando irresponsablemente contra lo que me pertenece.
Lo que le pertenece.
Sesshomaru empezaba a aceptar esta idea cada vez con menos esfuerzo. No podía decir que Inuyasha no siguiese siendo igual de infantil, ignorante, bruto y molesto como en el pasado, pero sí podía afirmar que dentro de esa cabeza cerrada había más cosas interesantes que sólo las recién nombradas. Quería conocer más de su hermano menor, cómo funcionaba su forma de pensar...cuales eran sus fallos y sus virtudes... Por supuesto nada de esto sería posible mientras Inuyasha siguiese empujando a Sesshomaru lejos de él, cosa que no terminaba de comprender cuando había dado su palabra para no tratar de acabar con su vida más. Sesshomaru lanzó una leve mirada por encima del hombro, visualizando la figura baja y pensativa, la piel tostada pero pálida de preocupación, los ojos de expresión cansada y el cabello encrespado por la humedad, los pies desnudos trastabillaron y los ojos enfocaron y desenfocaron por un momento…Inuyasha jamás admitiría nada delante de él aunque le estaba 'cuidando', ni siquiera para quejarse por cansancio.
Pero la mente de Inuyasha no podía ver las cosas con tanta claridad como le parecían a Sesshomaru, y el hanyou se aseguró de hacer un buen trabajo evadiendo cualquier acercamiento.
Y en todo caso…
¿Cómo podía cambiar su opinión Inuyasha cuando estaba tan jodido?
Inuyasha no se había dado cuenta de cómo su actitud despistada había logrado rallar sobre los nervios de Sesshomaru, y sólo podía concentrarse en cómo sin importar lo que sucediese, siempre parecían avanzar demasiado rápido.
Maldita sea, ¿Por qué todo esto tiene que afectarme tanto? He pasado por cosas peores ¿verdad? Y la humillación no es algo a lo que no esté acostumbrado, así que, ¿De qué demonios tengo miedo?
Estaba tan frustrado consigo mismo...pronto llegarían al lugar donde Kouga y su familia se alojaban, y pese a todos sus inesperados rezos y deseos, apostaría a que Shippo continuaría allí también.
Kouga, Shippo y un montón de memorias desagradables...
Ellos son buenas personas.
Pero por supuesto, había suficientes argumentos en contra de esa misma afirmación.
"Ey Inuyasha, ¿Te gusta lo que ves?"
Y entonces esa mera memoria haría que su cuerpo palideciera y sus rodillas trataran de ceder hacia el suelo.
Inuyasha cerró los ojos y pasó sus manos por su cara con un gemido de frustración aunque sabía que eso no haría desaparecer la desagradable imagen.
'Débil'
Se burlaba Yaseiki de él, encantado con remover la suciedad detrás de la ceniza para lanzársela a la cara.
Sólo la presencia de Sesshomaru delante de él junto con las obligaciones que les ataban impedían que se rindiese, que diese media vuelta y corriese en la dirección contraria para no regresar jamás.
'Cobarde...'
Cobarde...sí...
Si cerraba los ojos aún podía escuchar las palabras crueles de la niña de doce años retumbando en su cabeza. Shiori fue dolorosamente sincera. ¿Escaparía de nuevo haciendo el ridículo si el tema surgía frente a "ellos"?
Tragó saliva y comenzó a reflexionar consigo mismo con toda la dureza de la que era capaz. No podía permitirse el lujo de mostrarse débil delante de ellos. Tenía que estar preparado para el encuentro. Tenía que ser capaz de empujar todas sus emociones hacia abajo y mostrarse todo lo confiado de lo que era capaz. Como siempre había hecho.
Vamos cerebro empieza a buscar...
¿Dónde estaba su fachada?¿Cómo era?¿Cómo la había creado en primer lugar? Estaba empezando a entrar en pánico mientras trataba de recuperar las piezas que eran su protección. Había pasado tanto tiempo perfeccionándose durante su juventud, creando a la persona que todos conocerían como Inuyasha, ese chico seguro de sí mismo, luchador, bocazas, bruto y un poco estúpido, que casi se había olvidado de que se trataba sólo de eso... una fachada.
Tengo que recomponerla, sea como sea…ese soy yo después de todo.
Pero mientras tanto no podía hacer nada, nada excepto tratar de retrasar el encuentro todo lo posible en un intento de recomponerse a sí mismo.
¿Y cuanto tiempo me da eso? ¿Por qué no puedo simplemente ignorar sus existencias?
Podía sentir la decepción de su consciencia.
'¿Puedes hacer algo al respecto sin señalarte?'
No podía.
¡Maldita sea!¡Sólo tengo que actuar como si nada hubiese sucedido!
'¿Y si te mira con lástima?'
¡Le demostraré que no hay nada por lo que tenerla! ¡Qué estoy bien!
'¿Y estamos bien?'
Se hizo el silencio. Y el miedo.
—Inuyasha.
El peliblanco enfocó los ojos hacia la realidad con cierto trabajo, sólo para encontrar tres conejos muertos a unos centímetros de su nariz.
Resoplando con disgusto al olor a muerto dio algunos pasos hacia atrás para captar la imagen completa de su hermano.
Sesshomaru no había hecho nada para señalar su comportamiento extraño, y se sentía hasta cierto punto agradecido por eso, aunque no excesivamente teniendo en cuenta el horrible y exigente ritmo que había establecido en los últimos días. Ni siquiera era capaz de calcular cuánto camino habían recorrido, pero independientemente, sentía su cuerpo hecho una completa mierda por culpa del estrés que había estado devorando cada pedacito de su carne a lo largo de los días pasados. La tensión y la incertidumbre sobre el rumbo extraño que su vida estaba tomando le había mantenido activo, alerta y en constante movimiento, pero tras su extraña huida del otro día... tras la forzada sinceridad de su hermano ... podía caerse al suelo muerto de agotamiento.
¿Por qué no pude dormir un poco más en casa de Shiori?
Llevaba recriminándose a sí mismo todos estos días.
Estaba sorprendido hasta cierto punto con esta interrupción de su caminar constante sabiendo lo obsesionado que Sesshomaru parecía con llegar al Norte en el menor tiempo posible.
Y yo en el máximo.
Era la primera vez después de esos cinco días de ritmo infernal que su cuerpo, siempre en constante movimiento, era permitido a detenerse y descansar por unos segundos. Por esto, por su inevitable mal humor y la tremenda necesidad de echar una cabezada en algún lugar, Inuyasha no agradeció la carne expuesta delante de él y en su lugar miró rencorosamente sobre Sesshomaru mientras tomaba uno de los cuerpo de sus garras con cierto enfado y se trasladaba en su entorno en busca de un lugar donde poder sentarse.
El suelo estaba lleno de nieve de nuevo.
Invierno se hallaba en su cenit del año desde que iniciara hace tres meses. El frío parecía perseguirles, empeorando a medida que se acercaban al norte, pero al menos los cinco días que habían transcurrido desde el curioso accidente no habían percibido lluvia en kilómetros a la redonda y sólo habían caído leves copos de nieve persistentes en tratar de mantener la nieve sobre el suelo de los bosques.
Tres meses...una vida.
Nunca antes ello podría haber sonado tan sarcástico y tan cierto.
Incapaz de encontrar un lugar que no helaría sus huesos al momento, optó por subir sobre la rama de un árbol y ajustarse con comodidad ignorando por lo demás la existencia de Sesshomaru.
No tenía ganas de tratar con él en estos momentos...aunque su estómago se hallaba muy agradecido por la comida.
Sesshomaru prefirió no comentar nada, pero sintió el acierto sobre su decisión al ver el desgaste sobre Inuyasha. Hanyous en verdad eran débiles.
Fueron unos momentos en los que reinó el silencio hasta que Inuyasha se encontró con un ligero peso añadido sobre la rama sobre la que se había acomodado. Abrió los ojos con sorpresa al ver a su remilgado de un hermano tomar asiento a su lado descuidadamente. Inuyasha miró descaradamente como el Daiyōkai comenzó a devorar su caza, y al cabo de unos segundos se esforzó por apartar su mirada de él.
'Él estará a nuestro lado de todas formas, no dejará que nos hagan daño, así que deberíamos estar bien'
Inuyasha miró de soslayo a Sesshomaru de nuevo.
Había sido perdido, encontrado, perdido, encontrado...encontrado por casualidad pero...
Por alguna razón dudo que Sesshomaru me permita desaparecer de nuevo.
Era probable, pero lo que verdaderamente le impactaba no era el miedo a ser físicamente herido, sino...
Suspiró ruidosamente tras tragar algo de su carne, llamando la atención del mayor casi inmediatamente.
Sesshomaru se sintió satisfecho de ver la carne desaparecer entre las fauces de su hermano.
No había reflexionado muy profundamente sobre el tema, pero si iban a encontrarse con los lobos no importaba la confianza que su hermano pareciese tener con esos especímenes; si de verdad iba a viajar a su lado y con el signo de su casa sobre sus hombros no podía tolerar que apareciese frente a ellos con el rictus y aura de un perro débil y enfermo.
Inaceptable.
Si tan sólo se hubiese dado cuenta antes, probablemente tendría mayor margen para tratar de recuperar la fuerza y voluntad de Inuyasha a su viejo estado, pero había estado demasiado preocupado en las abstracciones sobre sus propios problemas y no había logrado darse cuenta del estado desastroso del hanyou.
Inuyasha estaba plenamente agotado, y no conocía que hubiese tomado alimento alguno en su énfasis por alcanzar su ritmo.
Tal vez sea hora de exigir algo de esfuerzo.
Sesshomaru aguardó estoicamente sin expresión a que el hanyou finalizase su comida habiendo devorado ya sus respectivas presas. Aguardando con una pieza de carne en sus manos.
Inuyasha le regresó la mirada con desconfianza hasta que logró ver el contenido entre las manos de dedos finos del mayor. Palideció ligeramente.
—¿No lo comes?—Cuestionó Inuyasha mientras su cuerpo reaccionaba de formas adversas. Una parte de él ronroneaba satisfecha. La otra estaba demasiado aturdida y temerosa de los impulsos que el pequeño acto transmitía a través de él. Recordó que no era la primera vez que tenía lugar y realmente necesitaba respuestas…aunque su subconsciente le advirtiese que se trataba de una respuesta que no quería conocer.
Sesshomaru pudo ver todo esto pasar con rapidez a través de los expresivos ojos de su hermano.
—No.—A continuación tendió las dos piezas calientes sobre la piel del conejo semi devorado que su hermano tenía entre las rodillas. Inuyasha boqueó con sus labios abiertos, aparentemente dudoso de preguntar algo más.
—¿Por qué no los comes?—Cuestionó con voz neutra finalmente.
El Daiyoukai apretó los labios un instante. Era una pregunta interesante teniendo en cuenta la enorme cantidad de variantes que podían derivarse en forma de respuestas. Aún así, Sesshomaru decidió que una respuesta estaba en orden aunque fuese para calmar la infinidad de posibles sospechas.
—No puedo.
La incógnita siguió con rapidez.
—¿Por qué?—Inuyasha miró intensamente aguardando por una respuesta. Necesitaba poner nombre a esta cuestión rápidamente. Pensar que tenía vínculos extraños con su hermano y no saber en qué consistían le hacía sentirse incómodo.
—Yako lo desea de esa manera.
Inuyasha frunció el ceño. La información siempre llegaba de gota en gota y era sólo tan desesperante...cruzándose de brazos y dejando el conejo que devoraba entre sus piernas, el hanyou frunció el ceño sobre su hermano.
—Oye si sabes de qué va esta mierda habla de una vez y deja de dar rodeos, quiero saber, no hagas que repita preguntas estúpidas para llegar al meollo del asunto.
Parpadeo.
Tan insolente...tan directo.
—Yako quiere que te alimente correctamente.
Inuyasha frunció el ceño aún más.
—¿Y por qué yo no puedo comerlo?
—Yaseiki debe desear que yo me alimente correctamente.
Subió un silencio extraño, y esa misma extrañeza subió por su rostro de forma clara.
—Eso no tiene sentido…—Murmuró casi indignado con esa posibilidad. Luego abrió los ojos grandes para después entrecerrarlos con sospecha.—¿Cómo que Yaseiki? ¿Cómo sabes de él…? Y jamás había escuchado de este 'Yako'
Sesshomaru analizó su expresión y asintió quedamente para iniciar sus palabras.
Esta conversación también estaba en orden.
—Yaseiki es tú demonio, y su consciencia despertó después de los actos que mi madre realizó en tí. Mi demonio, Yako, le conoció durante el coito y tuve la oportunidad de tratar con él personalmente cuando regresaste a la vida.
Inuyasha analizó este pedazo de información y tragó saliva espesa. Conociendo la actitud y el tipo de pensamientos que poblaban a su demonio podría haber realizado cualquier acto vergonzoso durante esos momentos.
—¿Sucedió algo…raro? Mientras…
Sesshomaru recordó su experiencia, y habló midiendo con exactitud cada una de sus palabras.
—La esencia pura de nuestra naturaleza se basa en el instinto. Se entiende que los sucesos efectuados no son reprochables en estos momentos.
Inuyasha frunció el ceño, pero casi prefirió no indagar más en los posibles actos horribles que podía haber llevado a cabo.
Pensé que la existencia de un demonio interno era una cosa hanyou…
—Oye…tu demonio. ¿También te habla cosas raras?
Cosas raras…
Sesshomaru tuvo un momento de rememorar las advertencias de Yako…
—No estoy seguro de la manera correcta para clasificar el tipo de datos que me otorga…
Inuyasha frunció el ceño ante la contestación. Luego volvió a retomar el hilo de la conversación que compartía con su hermano, un suceso que días antes posiblemente hubiera tachado de imposible.
—De todas formas, ¿Por qué nuestros demonios quieren alimentarse entre sí? Es un poco extraño…—Cuestionó inquisitivo esperando la explicación.
Pero esta no llegó.
Mirando de vuelta hacia Sesshomaru, este había dejado de prestarle atención y simplemente parecía observar el paisaje. La conversación había finalizado, dejándole una vez más con preguntas y un mal sabor de boca.
Y cómo no finalizar, cuando Sesshomaru estaba leyendo el tipo de reacción que Inuyasha podría tener de saber la afección extraña que sus consciencias parecían haber ganado entre sí. Era algo que causaba desconcierto aún a sí mismo y que no estaban en absoluto preparados para afrontar como seres racionales. Se alegraba de la ignorancia del otro.
Alzándose en pie sobre la rama, Sesshomaru desapareció por un instante dejando a Inuyasha sólo por unos segundos para aparecer inmediatamente después con una lechuza. Inuyasha sentía envidia de la facilidad con la que su hermano adquiría alimento al igual que si recogiese frambuesas, pero dejó de tenerla cuando de nuevo fue soltada sobre su regazo.
—Sesshomaru deja de traer comida para mí.—Se quejó con molestia casi resignada.
Pero Sesshomaru se limitó a sentarse de nuevo con tranquilidad, sabiendo que su hermano ya estaba comenzando a desplumar el animal y dejaría de mirarle inquisitivamente.
Con este ritmo, es posible que logre estar físicamente mejor preparado.
Permanecieron en silencio cómodo hasta que la última onza de carne había desaparecido. Inuyasha empezó a sentir la somnolencia a través de sus músculos relajados, pero luchó para evitar ese suceso.
—Ya he acabado. Podemos seguir si quieres.—Comentó, al igual que volver a poner un pie delante de otro, y además, en mitad de la noche dada la caída de la tarde que se efectuaba en esos mismos momentos, no fuese un martirio para él.
Sesshomaru le miró de soslayo.
—Vamos a descansar aquí.—Ordenó con voz sin tono.
Inuyasha casi rechazó la posibilidad en voz alta cuando se detuvo para analizar la situación. Era su oportunidad para recuperar sus fuerzas, quizá una de las únicas posibilidades de las que podría disfrutar en ¿meses?
Pero él va a estar mirando.
Aún era difícil concebir la idea de caer en un sueño profundo frente a su hermano y de forma deliberada y no por una causa indirecta, pero Sesshomaru casi leyó su mente cuando, en un movimiento ligero, dejó que su veneno drogara las fosas nasales del menor. Inuyasha vio el mundo desenfocarse de sus ojos para transformarse en un dulce negro mientras cerraba sus párpados.
—Maldito…—Murmuró Inuyasha en un suspiro.
Sesshomaru se preparó para vigilar, satisfecho con su labor por el momento.
Estaba seguro que el día de mañana alcanzarían finalmente la frontera que delimitaba las tierras del norte, y no sería una mala idea visitar sus tropas fronterizas y ver qué tipo de labor estaban realizando. Observó la respiración pausada del ser apoyado sobre la rama, completamente perdido en el mundo de los sueños, y en el ritmo constante de sus pulmones al expandirse y retraerse, Sesshomaru empezó a notarse casi somnoliento. Había algo extraño en el aire, pero estaba seguro que no era una sustancia nociva o un ataque inminente de algún tipo de criatura. De hecho, casi parecía que procedía del estúpido hanyou. Tomó una bocanada de aire que traspasó con la agudeza del frío su garganta, y más de esa necesidad surgió dentro de él. La necesidad de sostener al hanyou entre sus brazos y descansar…pero estaba claro que el no podía hacer eso.
¿No puedo?Eso es mentira…
Se dio cuenta, mientras reflexionaba en busca de una razón adecuada por la que no pudiese llevar a cabo dicho acto.
Había muchas razones sí, pero ninguna parecía ser lo suficientemente potente como para disuadirle de su deseo. Él quería, por razones desconocidas, dormitar con Inuyasha, el bastardo de su medio hermano menor, sostenido sobre su pecho; y si el quería hacerlo, si el quería aferrarse a un sucio hanyou para descansar, ¿Qué importaba todo lo demás? El quería hacerlo y nadie podía reprocharle nada, así que…lo haría.
Sesshomaru se regocijó en la sensación grandiosa que constituía concederse sus caprichos, y haciendo levitar el cuerpo de Inuyasha suavemente, ocupó su posición apoyando su espalda contra el tronco principal del árbol. Después dejó caer el cuerpo del menor sobre si mismo, envolviéndolo sin pensar entre sus brazos y la suavidad de Mokomoko. La relajación que ganó paso por cada uno de sus músculos fue inmediata y se dio cuenta de que no se arrepentía de su decisión.
Si alguien tiene queja sobre ello, que lo diga. No es como si a mí me importase.
Había sido un estúpido. Y si se detenía a pensarlo por un momento, de no haber sido por su sentido de las 'normas' el habría podido marcar su posición sobre Inuyasha en la playa sin necesidad de todo lo que sucedió durante la noche. Simplemente debió ignorar al estúpido de Mikaomaru y hacer lo que deseaba, y ya después, si se atrevía a cuestionar su decisión, simplemente romperle un brazo o dos para hacerle claro que no era quien para opinar sobre ello.
La imagen sádica trajo una sonrisa cruel sobre su rostro y cerró los ojos dejándose llevar ligeramente a la deriva…
aaaaaaaaaaaaaaaa
Un fogonazo de dolor punzante sobre su estómago le despertó llevando inmediatamente sus garras venenosas hacia su atacante y poniéndose en pie. Recién despierto, se vio enfrascado en una pelea contra un enemigo que no conocía y que trataba de defenderse torpemente de sus ataques mortales. No podía reconocer al sujeto, a penas distinguiendo un kimono azul brillante sobre su retina, ¿Quién podía atreverse a atacar a este Sesshomaru mientras descansaba y creerse lo suficiente fuerte como para salir ileso? No le gustaba ser importunado de manera tan desastrosa, mucho menos pensar que este ser había logrado dibujar la más ligera herida sobre su cuerpo. Sus garras brillantes en verde se lanzaron contra la forma en movimiento atrapando eficazmente el cuello de su víctima y finalmente todo movimiento murió. Sesshomaru pestañeó sin comprender.
¿Inuyasha?
Su mente comenzó a trabajar con mayor presteza rememorando su situación, y recordó los motivos por los que no debía terminar de aplicar la dosis de fuerza necesaria para aplastar aquel delicado cuello.
¿Por qué me ha atacado?
—Inuyasha.—Pronunció Sesshomaru con cierto aburrimiento, antes de soltar a su hermano sobre el suelo.—¿Qué crees que estabas haciendo?
Pero Inuyasha alzó su mirada desde el suelo amenazante.
—¡Tú hijo de puta…!¡Eso debería preguntar yo! ¿¡Qué mierda estabas haciendo!? ¿Crees que soy idiota? ¡Estabas tratando de asfixiarme!
¿Asfixiarle?
La pregunta incrédula debió reflejarse en su expresión, porque Inuyasha parecía incluso aún más cabreado.
—¡Claro que sí hijo de puta!¡No te hagas el idiota!¡Estabas tratando de matarme otra vez cuando dijiste…!
Sesshomaru dejó de escucharle a partir de ese instante comprendiendo el malentendido inoportuno. Era una situación graciosa hasta cierto punto. Sólo había sostenido a su hermano durante la noche, y sin embargo lo único que el menor podía ver era un nuevo intento de asesinato. Aguantó el resoplido de burla que amenazaba con salir desde sus labios. Finalmente el negó con suavidad con su rostro y miró con apatía sobre el menor.
—No seas estúpido. Si hubiera deseado matarte no caminarías sobre el suelo en este momento.
—¿Ah sí? ¿por qué no te creo?—Espetó con retintín y los ojos brillando en ira mientras en pie trataba de ponerse a su altura.
Me gusta esa expresión.
Pensó Sesshomaru en un breve lapsus.
Pero no me gusta que ponga mi honor a la altura de la escoria.
Con eso, Sesshomaru administró una bofetada sobre el hanyou que le dejó caer al suelo.
Inuyasha pestañeó en el asombro y la incredulidad, antes de volver a mirar sobre su hermano en pie. Instintivamente una de sus propias manos acarició la mejilla golpeada.
—Este Sesshomaru no se repite a sí mismo, hanyou. En su momento, te di mi palabra de no llevar a cabo más daño sobre usted. Sugiero que no vuelvas a poner mi honor en duda de nuevo.
Inuyasha miró al mayor avanzar por delante de él con la gracia de ser un Daiyoukai y trató de ordenar sus pensamientos mientras se recuperaba del shock. No había esperado una bofetada de su parte, pero lejos de sentirse aún más enfadado le había calmado inesperadamente. Inuyasha frunció el ceño mientras se ponía en pie.
—¿Entonces qué demonios hacías con tus brazos todos sobre mi garganta y mis pulmones imbécil?
Sesshomaru no sabía donde había agarrado a su hermano, pero las coincidencias estaban haciendo una perra suerte para él.
—Dormir.—Sentenció, logrando evitar con esfuerzo que el toque de burla que amenazaba con salir fuese percibido por el otro.—No veo motivo para que te alteres.
Inuyasha se sentía a punto de estallar de rabia ante la indiferencia del imbécil, que es lo que era.
Realmente se había asustado como la mierda cuando se vio completamente atrapado, incapaz de moverse o captar nada que no fuese al estúpido de su hermano. Sus nervios habían estallado en pura adrenalina y su instinto de supervivencia le dijo que tenía que salir de ahí. Solo para luchar en el intento y lograr que esos brazos apretaran incluso con mayor dureza sobre él. Dormir profundamente para despertar atrapado entre los brazos de un individuo ajeno tampoco traía buenas memorias sobre su cuerpo.
—Perdone usted mi señorito, por pensar que la persona que lleva, no se, doscientos años tratando de matarme se había limitado a engañarme para causarme más sufrimiento. Sí, tienes razón, no hay motivo para mi comportamiento solo estaba siendo estúpido de nuevo.
—Eso es correcto.—Murmuró Sesshomaru.
Inuyasha decidió no hablar más. Estaba enfadado, pero debía admitir que de algún modo también se sentía dolido. Por un momento todos los intentos de Sesshomaru por acabar con su vida habían aparecido en una sucesión constante en su cabeza, y había tenido más miedo que nunca al notar el roce contra su yugular. La garganta siempre había sido el lugar favorito de su hermano para aventarle hacia la mierda.
No debo permitir que me duerma de esa manera en ninguna ocasión más.
Por otro lado Sesshomaru pensó que estaba siendo exagerado, aunque fue un poco sorprendido al darse cuenta que, de hecho, habían sido doscientos años de caza contra el pequeño bastardo de su padre.
Cuanta pérdida de tiempo…podría haberme sido útil en otras formas.
Ese pensamiento quedó anclado sobre él.
La adrenalina del despertar les había dejado a ambos activos. Inuyasha se sentía mucho mejor, debía reconocer, después de haber descansado adecuadamente, y poco a poco empezaba a ganar claridad en su mente.
Ah sí. Hacia el Norte.
Recordó que era su meta.
Tomó una respiración profunda mientras se abstraía en su mente y se concentraba en prepararse mentalmente para el encuentro definitivo…
Y de repente tuvo que esquivar un proyectil lanzado hacia su cabeza.
—¡Ey!—Se quejó mirando hacia Sesshomaru.
¿Qué mierda le pasa hoy?
Sesshomaru miró ligeramente por encima del hombro. Inuyasha se estremeció.
Era diferente a todo lo que le había visto antes. No era frialdad, maldad, lujuria, indiferencia, disgusto, odio, burla…era una mirada…¿lúdica?
—¿Q-Qué?—Preguntó con tono hosco. No sabía que le había picado pero era claro que tramaba algo.
Sesshomaru miró hacia delante de nuevo.
—Estás débil.—Murmuró.
Inuyasha tuvo un tic involuntario sobre una de sus cejas.
—¿Si? No me digas.
¿Alguna vez he estado fuerte para ti si a caso?
—Vamos a correr.
Las cejas blancas terminaron de ascender hasta desaparecer en el flequillo.
¿Qué…?
Pero antes de que pudiese pensar Sesshomaru había desaparecido en una pequeña mancha blanca un kilometro hacia delante. Inuyasha permaneció en Shock por unos minutos hasta que vio que el punto dejó de moverse. Pero Inuyasha no siguió de forma inmediata.
Joder, ¿en serio? ¿No hay mejores cosas que hacer?
'Debe avergonzarse de nosotros, por estar débiles'
Eso no es ninguna novedad.
'Pero ahora vamos con él'
Ah no. No vamos con él, ya lo dejó claro; caminamos en la misma dirección.
' Sí, pero ¿lo que los demás ven?'
¿Qué importa?
'A mí sí'
Joder
Inuyasha arrancó así a correr, más resignado que otra cosa. No tenía ganas de discutir y además necesitaba estirar las piernas un poco.
Sesshomaru no se detuvo a esperarle, y en el momento en que comenzó a acercarse prácticamente se teletransportó aún más lejos. Inuyasha frunció el ceño al tiempo que tomó aún más aire en sus pulmones.
Esta bien, si vas a hacer esto vamos a hacerlo bien.
Tuvo la intención de dar lo máximo de sí para satisfacer las perversiones extrañas de su hermano, sin embargo, en cuanto comenzó a desplazarse haciendo uso de sus preciados árboles de ramas rígidas para flotar sobre el cielo no pudo evitar el arrullo satisfactorio que emanó de su pecho. Mientras el paisaje de nieve se hacía amplio, nítido; y el ambiente puro con el impacto del viento helado sobre su rostro, Inuyasha avanzó sin dar verdadera importancia a su hermano saboreando la naturaleza de la mejor forma que sabía. Sus pies impulsaban contra la madera, hacían presión y permitían a su cuerpo imitar la sensación de volar.
Se siente bien…después de tanto tiempo.
Borró todo pensamiento de su mente mientras continuó disfrutando del paseo de velocidad con los ojos cerrados. Los abrió, sólo cuando en medio de un salto percibió a Sesshomaru situado justo a su derecha y alzó los párpados ligeramente. Intercambio una mirada breve, antes de descender sobre la copa de uno de los pinos y darse la vuelta para enfrentarle.
Inuyasha sonrió.
—¿Aburrido? Lamento que no cumpla tus 'expectativas'—Se burló antes de mirar a las tres montañas de distinta estatura que aparecían en medio de sus camino. Señaló hacia allá.—Esa es la frontera, ¿verdad?
Aguardó una respuesta. Una que no llegó, y se vio forzado a girar su rostro de nuevo. Miró con molestia al rostro inexpresivo.—¡¿Se puede saber qué te pasa ahora?!
¡Qué tortura! ¡Viajar con él es un dolor de cabeza!
—Pareces tranquilo. ¿Disfrutas de este tipo de actividades?
Inuyasha proceso en unos segundos.
—¿Qué?—Su cara debió ser un poema a la rareza, porque Sesshomaru titubeó ligeramente en sus siguientes palabras.
—Me preguntaba si te gusta…
—¿Y a ti qué te importa?—Cortó con sequedad sin eliminar su expresión horrorizada.
Sesshomaru estrechó la mirada, pero en lugar de contestar con una respuesta igual de mordaz señaló también hacia las montañas, cambiando de tema radicalmente.
—Esa es la frontera con el norte. Algunos de mis soldados se hallan en ese lugar. Nos dirigiremos primeramente allí.—Observó atentamente la reacción del otro.—¿Eso está bien contigo?
Tratando de recuperarse del shock primero, Inuyasha asintió desconfiado y torpemente.
Algo debía de haberse fundido permanentemente en la cabeza de su hermano para que estuviese actuando de esta manera, pero lo peor de todo eran las consecuencias. ¿Cómo demonios se tenía que comportar delante de este…poderoso como la mierda Daiyoukai repentinamente interesado en su opinión?
En un minuto va a acariciar mi cabeza y luego me la va a arrancar…
Sesshomaru leyó todo esto al igual que en un papiro desenrollado, e Inuyasha contempló sin comprender la pérdida del brillo sobre los ojos de su hermano para ser sustituido por una espesa sombra opaca de la que no podía leerse nada. Ni siquiera desagrado.
—Sígueme.—Ordenó con voz seria.
Inuyasha saltó de árbol en árbol para perseguir la forma de Sesshomaru, y mientras lo hizo no necesitó mucho pensamiento para llegar a una clara conclusión.
Sesshomaru era bipolar.
Eso lo explica todo.
Jamás había compartido tanto tiempo a su lado, pero lo poco que llevaba parecía igual que internarse dentro de una red de cavernas. Totalmente a oscuras, sin saber qué hay o hacia donde vas excepto por susurros que llegaban como señales divinas y a veces en idiomas extraños, y encima con el temor de girar una esquina y encontrar la muerte en un barranco, o entre las fauces de un monstruo. No había nada claro, y a Inuyasha le gustaban las personas que se ven quienes son con sólo mirar de frente.
Pero aunque tal vez con un toque de este problema, Sesshomaru no era bipolar. Simplemente se había apagado como una efímera vela. Y de la misma forma que había disfrutado de la sensación de hacer lo que deseaba, ahora estaba recibiendo el amargor de no conseguirlo. El contraste entre el deseo y la realidad…conocía la sensación, aunque llevaba tiempo desde que alguien se había atrevido a desencadenarla sobre él. De hecho, podía nombrar a su padre…a su madre…¿Rin?
¿Por qué?
Había hecho lo que había querido. Se había despertado de buen humor, pese a los actos tontos de Inuyasha. Y había visto la relajación instantánea sobre su acompañante mientras sobre-volaban así que estaba cumpliendo su objetivo… ¿Qué estaba haciendo para que se provocase esta sensación de desasosiego?
No me ha gustado su expresión. Él sigue a la defensiva.
¿Significaba eso que alcanzar una situación de estabilidad con Inuyasha era más importante que todo lo demás?
Era cierto que permitirse el lujo de involucrarse con el hanyou era algo que apenas había comenzado a plantearse y mucho menos permitirse.
Pero todo lo que he hecho hasta ahora le implica.
Por tanto su afirmación era correcta, su recién descubierta capacidad de libertad le estaba permitiendo interactuar con el hanyou, pero ello no implicaba necesariamente un éxito en esa interacción…aunque aún no tuviese claro qué tipo de relación deseaba mantener. Su deseo implicaba a una persona, y no podía controlar esta variante.
Las personas no eran como las batallas o los libros…no podían afrontarse de forma directa. Primero debía analizarse su fuerza y su carácter; después su posición. Ante un súbdito la indiferencia era la clave, ante un noble la cortesía y el teatro. Uno no puede mostrarse tal como era ante la mayor parte de personas si deseaba agradarles, y si se hace, debe ser con sutileza, o porque simplemente la persona con la que se trate era demasiado inteligente como para engañarla. Ese había sido el caso con su padre o su madre, con los que todas sus artimañas se convirtieron en humo. Era transparente para ellos. Pero Inuyasha era un caso diferente.
Yo puedo engañarle.
Pero algo con esa táctica tampoco terminaba de convencerle.
¿Hay alguna otra manera de tratar con las personas?
Su clasificación en el mundo de las relaciones era muy básica: La familia, los generales, la nobleza, la servidumbre, el pueblo decente, el indecente, los demonios de baja clase, y por último y más despreciables: los humanos. Quedaba bastante claro el grado de implicación que tenía con cada uno, pero Inuyasha no formaba parte de ningún grupo. A Inuyasha no le gustaba recibir órdenes, tampoco le gustaba recibir halagos desmedidos, era naturalmente desconfiado y captaba bien la falsedad….y odiaba su carácter.
Inuyasha es un ser de naturaleza extraña. Tal vez deba idear mi propio método para afrontarlo…
Lo reflexionó.
Pero de nuevo, las novedades implican un alto grado de experimentación, y aquello que se experimenta por primera vez tiende a abocar al fracaso…no puedo permitirme ningún fracaso.
La vida se complicaba. Aunque eso no era ninguna novedad teniendo en cuenta que Inuyasha estaba implicado.
Es un reto. Soy capaz de afrontarlo.
Estaba casi seguro de eso.
—¿De qué conoces la frontera?—Preguntó, aunque con una voz mucho más estable de lo que había sido su entusiasmo previo.
Inuyasha resopló.
Aquí vamos de nuevo…
—He pasado por este lugar infinidad de veces.—Con un par de saltos logró alcanzarle y avanzar lado a lado. El único cambio entre ambos el ascenso y descenso del hanyou saltando en contraste con la línea estable que constituía el Daiyoukai.— Se nota en el ambiente, tras las montañas hace más frío. ¿Siempre han habido guardias allí?
Sesshomaru asintió con su rostro.
—Nunca les había visto.—Murmuró de forma casual.
Hormigueo pasó por su estómago como el diálogo simple murió mientras él esperaba que el habitualmente hablador hanyou continuase sus palabras; sin éxito.
Miró de reojo para ver la concentración de los ojos dorados en las montañas lejanas y decidió no importunarle con charla innecesaria. Tenían tiempo de sobra para hablar, y él mismo disfrutaba del silencio.
Silencio. El viento silbando en los oídos. El crujir de la ropa en movimiento.
Inuyasha observó el mundo desde las alturas con calma y su paladar se amargó un poco. Por algún motivo el conjunto le recordó la ausencia del peso conocido sobre su espalda.
Ella está bien…ya la has visto, ¿por qué ponerse triste de nuevo?
Era más difícil de lo que se encargaba de recordar.
Cuando traspasemos la frontera tengo que tomar algún tipo de decisión.
El futuro sin ella no parecía prometedor en absoluto. ¿Qué iba a hacer siguiendo a su hermano de esta manera?
Maldición…Tengo que dejar de pensar tanto, es imposible encontrar respuestas. Estoy siendo demasiado inseguro respecto a todo esto. Es mejor improvisar sobre la marcha, no soy estratega, soy un guerrero. Para elaborar planes mejor…
Escaseó la presencia de Sesshomaru a través de sus fosas nasales.
…él. Él es el tipo de persona que hace eso. Apuesto a que incluso realiza una estrategia cuando habla conmigo…
Era hasta cierto punto gracioso y una diminuta sonrisa, descarada, paso por su cara.
Tanto que cerró los ojos y tropezó cuando la rama sobre la que apoyó sus pies para uno de los saltos quebró inesperadamente. Siseó mientras cayó rodó y volvió a saltar con un jadeo. Sintió las mejillas calientes en su propia torpeza, pero su acompañante no parecía haber notado nada.
Estoy distraído…
Mirada al frente…la aburrida frontera que sólo le hacía rememorar los inminentes malos tragos, mirada hacia abajo…apagado verde y pureza de invierno…Saltó con especial fuerza y miro en su entorno, a la derecha, allá donde el bosque se dispersaba se veía la niebla y el resplandor de un posible lago, más allá la estructura de un castillo humano; a la izquierda el bosque se hacía espeso rodeando las bajas montañas y juraría que podía distinguir la estructura del Monte Fuji desde donde se hallaba. Dio un nuevo salto, dando la espalda a su destino, el viento azotó los mechones de cabello corto por sus mejillas y ralentizó el ritmo de su impulso, Inuyasha miró largamente los campos, los bosques atravesados, y las dispersas zonas rocosas rememorando el camino hasta aquí.
El mar a desaparecido…
Pensó sin dotar de sentimiento al dato objetivo, aunque sentía cierto alivio recorrer su espina dorsal.
Ahora que ya no debía preocuparse de una muerte inminente no podía evitar preocuparse por Shiori.
La pequeña hanyou parecía simplemente tan alegre de perderse a sí misma en un mundo tan frívolo… El mismo mundo donde había nacido y crecido Sesshomaru y su madre, y los nobles Daiyoukais egoístas que no se preocupaban de nadie más…el mundo del que su padre huyó…
Frunció el ceño con molestia y pesar.
Que haga lo que desee, pero no pienso rescatarla si todo sale mal.
Mintió; en honor a la verdad.
Miles de preguntas golpearon de nuevo en el supuesto encuentro que tendría lugar tras la línea trasparente que iban a enfrentar y al instante se regañó por ello. Estaba dejándose llevar de nuevo por la histeria. No debía pensar.
Con ello, cerró los ojos y en un arranque decidió tirar de su cuerpo para ir más rápido.
Sesshomaru le miró en silencio y permitió que se adelantase ligeramente.
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
No tardaron tanto en alcanzar los montículos nevados como en un principio pensaron. Inuyasha solo se dio cuenta de eso cuando ya habían llegado hasta allí y el sol aún se hallaba en su cenit. Las elevaciones rocosas sembraron la sombra en un radio circular destacado que dejó mayor sensación de frío sobre su cuerpo. Hierba saliendo de las esquinas protegidas por la roca, o simplemente demasiado dura como para ser derrotada por un poco de frío, eran las únicas plantas que llevaban un rato percibiendo y que ahora, en la base del lugar, existían. Miró hacia atrás a la espera de Sesshomaru que aterrizó al poco tiempo justo a su lado. Inuyasha desvió la mirada cuando notó la diferencia de altura entre ambos, siendo este pequeño detalle en el que no había reflexionado una molestia.
—¿Y ahora?—Preguntó con la voz demasiado alta y sorprendido de inmediato tras su tono
Tengo los oídos taponados…
Razón por la que movió su cabeza en diferentes direcciones mientras cubría las orejas sedosas entre sus dedos.
Inuyasha pensó que los soldados de Sesshomaru debían situarse tras los picos y de inmediato adjudicó la ruta que seguirían bordeando la pequeña sierra. O tal vez ascender por el paso menos elevado..
Pero Sesshomaru avanzó a pie por delante de él en dirección a una zona especialmente oscura que se percibía a la derecha.
Inuyasha era curioso, pero no le causó tan buena impresión la decisión del Daiyoukai cuando pudo ver que se trataba de un desfiladero del ancho de dos carros y una altura suficiente para borrar el azul del cielo de sus retinas.
Sabiendo el carácter convulso de la época y toda la cantidad de bandidos era difícil encontrar a una persona lo suficientemente estúpida como para elegir internarse a través de un paso donde posiblemente solo aguardaba la muerte.
La oscuridad a su alrededor…el ambiente tenso…Sus sentidos chirriaban por prestar atención a mil recovecos distintos, pero era difícil distinguir los sonidos externos de los que generaban sus propias pisadas.
—¿Por qué por aquí?—Susurró al igual que si debieran ocultarse de un enemigo letal.
A su estilo, Sesshomaru tardó en contestar.
—Por aquí se halla el paso hacia el lugar donde están ocultos mis soldados. También deben hallarse presentes enviados del Señor del Norte.
Inuyasha asintió, aunque la explicación no logró relajarle.
Todo estaba en estricto silencio y por más que se esforzaba era incapaz de captar la presencia de seres vivos en ningún lugar cerca de allí. Inconscientemente, se acercó aún más a su hermano.
Parecía que Inuyasha era capaz de percibir el peligro con mayor presteza que alguien más cómo Sesshomaru empezó a notar que algo iba efectivamente mal tiempo después de la pregunta de su hermano, y tiempo suficiente como para que ambos se hallasen bastante profundos en el interior del paso.
Ellos no aparecen. ¿Por qué?
En otras ocasiones, los demonios Halcón, encargados de vigilar la frontera y cuya base se suponía estar en el lugar preciso donde se situaban; habían descendido para recibir a su señor y mostrarles su cortesía. En algún otro caso específico recordaba haber sido interceptado por guardianes del Norte que educadamente accedieron a dejarle pasar.
Pero en esta ocasión no había nada de eso. Sólo la inquietud extraña de que en algún momento, este lugar se había torcido con el mal.
Inuyasha captó un olor particular por los bordes de sus sentidos que despertó un gruñido constante y amenazante de su garganta mientras su mano trató de alcanzar…un arma que no estaba allí.
—Sesshomaru.
El llamado serio de Inuyasha provocó que todos los músculos del mayor se tensasen de inmediato al tiempo que sus fosas nasales percibían el olor de la sangre fresca.
—Lo sé.—Confirmó, elevando una de sus manos y distanciándose ligeramente de Inuyasha.
El hanyou no permitió sin embargo que eso se hiciese posible pegándose a su espalda.
¿Que está haciendo? El puede defenderse.
Un vistazo le hizo desmentir esa afirmación. Las garras de Inuyasha estaban también preparadas para destazar a cualquier enemigo, pero eran claramente insuficientes. Y ambos lo sabían.
—Permanece cerca de mí.—Acertó a decir. Aunque terminó sonando como una orden.
De repente era bastante claro. Sin duda, varias personas les observaban.
—Si son tus soldados ¿por qué se ocultan de nosotros?—Murmuró Inuyasha.
Sesshomaru no contestó y en su lugar elevó su barbilla en una pose claramente dominante.
—Si tienen dignidad, muestrense.—Dijo con tono simple, sin molestarse en apartar su mirada del frente.
Inuyasha, desde la espalda, casi se sintió como golpear a su hermano por hacer semejante pregunta estúpida. No esperó que diese resultado. Sesshomaru no esperó que diese 'ese' resultado.
A peso muerto, un cuerpo cayó justo frente a ellos, desfigurado y con la carne machacada a golpes, el cadáver dejó ver las dos alas de hermosos tonos marrones.
Una voz de horrible pronunciación habló desde ninguna parte.
—¿Vienes a reforzar el lugar soldadito? Creo que estas un poco lejos de los demás…
Deslizamiento de pies, tierra resbalando desde los bordes, una carcajada jocosa desde algún lugar.
Ambos peli-plata no hicieron ni un solo gesto.
Ambos, hasta que el gruñido bestial empezó a resonar a modo de coro sobre sus cabezas e Inuyasha sintió la adrenalina ascender por sus venas para congelarle en el lugar.
Es muy pronto para esto.
'Pero ellos ya están aquí'
Sus pupilas se dilataron cuando desde las sombras empezaron a aparecer los rostros y gruñidos amenazantes. Los ojos inteligentes de unas bestias que no eran tales riendo de él…Su posición de combate tembló, su espalda chocó con la de Sesshomaru y permaneció, absorbiendo toda posibilidad de calor.
—¿No dices nada?—Preguntó una voz distinta, casi enfadada por la falta de interacción.
Sesshomaru observó a los lobos de lomo blanco acercarse hacia él y casi bufó de la irónica situación. ¿Se suponía que debía estar amedrentado por este espectáculo?
Y entonces hubo un cambio de víctima.
—¡Ah!¡Pero si es el hanyou!—La voz sonrió. Sesshomaru notó la tensión ascender en el cuerpo situado en su espalda.—Estaba allí cuando te follaron duro contra la nieve, aunque no me reconocerías ya que ahora soy más guapo.
De algún lugar del cielo, dos personajes se dejaron caer cubriendo el camino a cada una de las salidas y rodeando a ambos hermanos junto con los lobos blancos.
Rostros angulares y similares dotados de la fealdad de los lobos comunes y cabellos albinos desparramados sobre sus cabezas al igual que un arbusto de hojas anchas. Los dos personajes, de baja estatura, mostraron sus fauces al reír.
—El señor Ukyo será feliz de volver a verte.
—Sí..él se quedó con las ganas de probarte hanyou Inuyasha, ahora que mi señor vuelve a ser igual de poderoso él seguro vendrá a por ti. Has de ser feliz como la puta que eres ¿verdad?
—A lo mejor cuando se canse nos deja follarte a nosotros también.—Dijo con lujuria sobre los ojos.
Sesshomaru recabó información en silencio, preguntándose por qué motivo Inuyasha guardaba silencio en lugar de soltar su habitual ordinariez.
Indagó sobre los olores que emanaban de su hermano y su nariz se arrugó con disgusto al captar el rancio del sudor frío.
Basta.
Alzó una de sus manos con brillo verde sobre ellos.
El enemigo frente a él chasqueó los ojos por fin hacia donde él estaba.
—Y además el señor del Oeste está aquí. Una grata sorpresa…¿Es el hanyou de su propiedad señor? Creo haber escuchado que le compró por una cantidad considerable…—Sus ojos refulgieron. Inuyasha observó atentamente a aquel que se hallaba en silencio mirando hacia él, sus labios dibujando insultos descorazonados y sus manos realizaron gestos obscenos. Inuyasha clavó las garras sobre el pantalón blanco impoluto que había a su espalda. Sesshomaru lo notó.—¿Qué tal si le ofrezco un trato? Nos vende al hanyou y a cambio nosotros dejamos de causar problemas en su territorio…¿Qué me dice? Tendría oro y…
Un chasquido y sangre salpicó el suelo con crudeza silenciando las malas palabras. Inuyasha observó al demonio frente a él caer en dos mitades como si fuesen mantequilla y su eco se escuchó desde el otro lado.
Los lobos gruñeron de inmediato a la pérdida de sus líderes y saltaron en su dirección. Inuyasha vivía los momentos a cámara lenta. Una mano empujó su cabeza hacia el suelo antes de liberarla. Inuyasha contempló el suelo ensuciarse cada vez con mayor cantidad de sangre mientras el silbido del látigo estallaba sobre sus orejas. Cuando alzó su rostro las fauces de un lobo se hallaban a centímetros de su cara.
Desde lejos, un silbido agudo.
—¡Sesshomaru sama!
Una flecha se hundió sobre el pecho del lobo al tiempo que un centenar similares se clavaban sobre la nieve. Dos lobos más cayeron antes de que el grupo decidió retirarse del lugar. Cómo si la magia fluyera por sus venas, los cuerpos animalísticos se camuflaron sobre la nieve hasta desaparecer en una bruma blanca.
Sintiéndose mareado mientras la tensión iba desapareciendo, cerró los ojos y se dejó caer arrodillado sobre el suelo. Sesshomaru le observó atentamente hasta que su atención fue reclamada.
—¡Sesshomaru - sama!—Un youkai alado descendió hasta localizarse frente a su señor y se arrodilló de inmediato sin importarle la sangre espesa que sobre el suelo, comenzaba a derretir la nieve.—Le ruego que perdone las circunstancias, estábamos siendo atacados.
Otros tres youkais descendieron en ese instante y se inclinaron rápidamente antes de comenzar a inspeccionar la zona. El primero de ellos rebusco sobre el cadáver del lobo humanoide más cercano a Sesshomaru. Entre los otros dos, trataron de cargar con el cuerpo muerto de su compañero. Otros tantos de seres alados comenzaron a volar por el desfiladero y gritar ordenes y consejos. Entradas se revelaron en las paredes de los riscos. Nadie pareció prestar atención al hanyou situado tras su señor.
Sesshomaru observó el trasiego en silencio, con su mente en otro lugar.
—Explique.—Ordenó con suavidad.
El soldado tragó saliva y negó con el rostro.
—Mi cargo no me otorga esa posibilidad mi señor, no obstante le invito a que me acompañe hacia una zona más segura. Mi líder seguro estará encantado de explicar a mi señor de qué trata todo esto.
Sesshomaru le miró descontento y el hombre se echó a temblar.
Inútiles.
Sólo entonces, acabadas las formalidades, Sesshomaru regresó su mirada hacia el hanyou arrodillado sobre la nieve.
Alargó una mano hasta su hombro.
—Inuyasha.
Colmillos y garras rasguñaron su brazo ligeramente a la velocidad de la luz cuando el menor al fin se volteó a mirarle. Sesshomaru sólo necesitó esa milésima de segundos para captar la mirada desesperada y la absoluta tensión que apretaba el cuerpo maltratado antes de que el hanyou saltara lejos de él en posición defensiva. La respiración errática. La mirada perdida y acelerada buscando una salida que no aparecía.
Sesshomaru apretó los dientes con ira. Lucía igual que al principio, todo por meras palabras.
'El orgullo es muy preciado por nuestra raza, se le ha arrebatado…'
Sesshomaru no lo criticaba. Pero ya no había ningún enemigo al que temer. ¿Por qué seguía actuando como si se hallase en peligro inminente?
Yo no voy a hacerle nada.
Inuyasha miró hacia arriba, sus oídos parpadeando incesantes. Y entonces Sesshomaru prestó atención a los murmullos.
—Ese es el hanyou que traspaso la frontera la última vez.
—Sí, oí que fue capturado por el grupo de traficantes…
—Lástima me da, esos salvajes interesados debieron dejarle afectado mentalmente.
—¿Por qué?
—¿No lo has oído? Ellos se dedican a entrenar a sus víctimas para convertirles en esclavos sexuales…—Sonido de desagrado.—Incluso huele un poco como una hembra.
—Asqueroso. ¿Cómo puede estar ese hanyou junto a nuestro señor? ¿No sería más misericordioso matarle?
—Es un hanyou, sólo causan problemas, seguro se lo merece…
Sesshomaru se sintió disgustado por el cotilleo incesante, pero fue peor darse cuenta del efecto inmediato que tenía sobre su hermano.
Inuyasha enfocó finalmente sobre su hermano y observó su mirada disgustada. Bajó su posición de ataque poco a poco terriblemente avergonzado. Escuchó con claridad los comentarios y sólo pudo sentirse especialmente pequeño en estos segundos.
Tratando de calmarse y recuperar la compostura agarró los brazos bajo su haori y agachó el rostro. Se esforzaba por mirar al vacío y parecer indiferente. Sus oídos plegados sobre su cabello tratando de callar los murmullos demasiado cercanos a la verdad.
'El esta esforzándose, al menos.'
Sesshomaru hizo un segundo intento y se acercó a paso lento hasta estar frente a él.
—Inuyasha.—El susodicho alzó la mirada con trabajo. Lucía mortalmente avergonzado, antes de alejarla de nuevo.
—Estoy débil.—Murmuró con una voz tan suave que parecía la de un fantasma, trayendo de regreso las palabras que recién había pronunciado él mismo.
Sesshomaru cerró los ojos por un momento.
—Sí.—Confirmó con cansancio, haciendo que el hanyou se removiera incómodo.—Ya lo sabía.—Murmuró quitando importancia a lo que acababa de suceder al entenderlo como algo obvio.
Inuyasha alzó la mirada desde su flequillo y ambos se miraron directamente a los ojos. Fue como si un peso fuera eliminado de sus hombros al ver en el reflejo indiferencia, en lugar del disgusto que esperaba encontrar.
Los ojos le preguntaron si se encontraba bien y en condiciones de continuar.
Los suyos contestaron inseguros que no lo tenían claro.
Sesshomaru se sintió tentado de agarrar su rostro para obligarle a mirar directo hacia él, pero al final terminó desviándose hasta apoyarse de nuevo sobre el hombro derecho. El gesto trajo la atención del menor.
—Estás bien.—Afirmó con fuerza y firmeza sin ningún margen de duda. No le estaba preguntando, no le estaba convenciendo. Era una afirmación rotunda basada en la realidad, y no estaba dándole ninguna opción para rechazarla.
Inuyasha respiró profundamente. Recuperó una mirada decidida; y asintió.
Sesshomaru asintió de vuelta y enfrentó de nuevo al guardia con quien habló, que había observado con los labios entreabiertos y expresión de sorpresa todo el intercambio.
—Indícanos el camino.—Ordenó, haciendo que el mencionado se sobresaltara.
—¡De inmediato mi Lord!—Casi gritó. Pero antes de que avanzasen Sesshomaru le detuvo colocando una mortal y delicada garra sobre la nuca del individuo y tirando hacia atrás.
—Me gustaría que el resto de sus compañeros se centraran en sus tareas apropiadamente y dejaran de distraerse observando a mi acompañante. ¿Cree que tiene la suficiente autoridad para evitarme esta molestia?—Su tono claramente disgustado hizo que el soldado casi se desmayara en ese instante.
Inuyasha abrió los ojos con sorpresa al escuchar las palabras procedentes de Sesshomaru. En el momento en que había visto de nuevo a los lobos se había sentido terriblemente enfermo, ansias por esparcir sobre el suelo el contenido de su estómago y limitarse a hacerse un pequeño ovillo sobre el suelo de la fuerza de sus recuerdos. El hecho de que Sesshomaru estuviese allí para observar su debilidad sólo empeoraba la situación. Pero el comportamiento que estaba teniendo hacia él…¿Era esto lo que significaba estar a su "cuidado"?
'No es tan horrible ¿cierto?'
Contempló como el guía improvisado casi se meaba encima y asentía una y otra vez disculpándose, de inmediato llamando a otro compañero para indicar, mascullando en el terror, que los soldados cerraran sus picos de inmediato.
Inuyasha se permitió sonreír ligeramente, su cuerpo calmándose poco a poco.
No…no es tan horrible…
Agradecimientos a:
Kahlan C y SEENAE: Bienvenidas! Espero saber vuestra opinión sobre el cap o la historia en general ;)
Alba marina: ¡Bienvenida Alba! No se si seguirás por ahí, pero en todo caso me alegro de ver gente nueva por aquí. Supongo que fue un chasco ver que falte a mi promesa. Me he decidido no hacer más esa clase de anuncios o fechas fijas debido a que los próximos capítulos nunca suelen estar preparados y bueno. Ha pasado un año desde que empece a publicar, creo que está claro que por H o por B, al final mis aprox. siempre se tuercen. Espero que el capitulo al menos halla merecido la pena.
SangoaomeOO: Bueno, la musa me bendijo al fin XD Espero con ansias saber que te pareció.
Marshmallow: Hija mia, tu último comentario salió directo de la inspiración teoría de Buda jajaja siempre me das muchos ánimos, muchas gracias, mi materia salió suficientemente digna…creo . Al fin puedo retomar la historia con calma. Este capitulo se me estaba haciendo una tortura china, y me he dado cuenta de que en el momento en que dejé de disfrutar escribiéndolo las cosas se habían torcido, así que decidí rehacerlo entero, y ahora estoy mucho más satisfecha con él. Espero que lo disfrutes mucho! Y no dejaré que pasen muchos años para que podas comentar de nuevo.
Kotorimon: Bienvenida a esta historia Kotorimon-san, no sabía de tu existencia . Lamento mucho el chasco, pero al fin todo esta listo para retomar la continuidad (y esta vez lo digo muy en serio, que ya tengo vacaciones XD) Espero que aún sigas por aquí y me digas que te pareció. El siguiente quizá sea más interesante ;)
Shiro, satin, Yelitza ,Miyu-chaan , Guest1, Guest 2,Guest 3, Guest 4, Yuric09, bittersweet, Yoseff, Kind Yuuki, Frozen-Winter-Heart, alei91 y Shandy-shan.
PRÓXIMO CAPÍTULO!:Como ya he dicho en algunos comentarios, voy a dejar de hacer promesas con fechas especificas por que está claro que no soy capaz de mantenerlas el 80% de las veces. Ya ha pasado un año entero, y jamás se me paso por la cabeza que recibiría tanto apoyo por vuestra parte, mis lectores, mucho menos que no me rendiría a mitad de camino. Dentro de todas mis frustraciones y problemas, esto es una verdadera liberación, y estoy muy feliz de poder continuar intercambiando esta historia con ustedes. Como sabéis tengo proyectos para escribir de aquí hasta que envejezca así que hay Escha para rato ;)
Ui que me enrollo , bueno, dentro de un par de semanas el segundo cap. Nos leemos!
