Disclaimer: Los personajes que aparecen en este relato le pertenecen a Naoko Takeuchi.

Remolino

No podía creer lo que escuchaba, pues bien a lo mejor ese es mi castigo al haber deseado una mujer teniendo yo a la mía, pero juro que no era mi intensión, juro que creía que Raye era la mujer de mi vida, que con ella formaría una familia y solo viviría por ella; pero esta rubia entro a mi vida, no hizo nada, ¡nada! Y la ame así sin más; no fue el deseo, no fueron las ganas, no fue nada, pero al final fue todo. Con ella comencé a creer en el destino, pero que este me había jugado mal, trate de olvidarla, de ser feliz a Raye, pero ella si tuvo valor y espero que Nicholas sea su verdadero amor.

-No Serena, ¿qué te paso? – Trate de tomarle el rostro, pero no me lo permitió.

-Por favor deja de molestarme y ve con tu esposa e hija.- Me respondió furiosa, señalándome la calle

-¿y tú?.

-Mira si te fuiste con ellas fue por una razón y yo la respeté, nunca te busque, desparecí de tu vida como si jamás hubiese pasado algo. Pues yo hice lo mismo, sigo con mi vida y en ella no tienes cabida.

- ¿Qué paso con nues…él bebe?

- Eso no te incumbe, que te quede claro, no era tuyo, era mío. Tú tienes una hija por la que te deberías de preocupar.- y comenzó a avanzar, pero no pude evitar seguirla y tomarla por la cintura; instintivamente la atraje hacia mí.

-Estoy aquí por ti. Nunca me fui, solo fui un cobarde; perdóname.- le susurre al oído tratando de que ella me perdonara.

-Ya te dije que la mujer a quien buscas ya no existe más.- y sentí en mis manos caer una lágrima.

-¿qué te paso?, dímelo.- le pedí conteniendo mi deseo de besarle el cuello.

Aún en mis brazos se giró hacía mí; su cara estaba llena de furia, pero al mismo tiempo de lágrimas.

-¿Qué pasó?, ¿Quieres saber que paso?, los matamos, por nuestra estupidez de vivir esa fantasía, ¡los matamos! – Me golpeo el pecho llena de ira, mientras yo trataba de asimilar lo que me decía. Aún con lo dicho no lo entendía, no lo comprendía y no lo creía.

-Serena… -

-¡Qué estúpido fuiste! Yo nunca hice nada para que alguien supiera algo, para que tuvieras problemas con tu esposa, lo único que deseaba era que fueras feliz. Pero ¡tú!, ¡maldita sea!, ¿Quién te dio derecho a meterte entre mis cosas?- volvió a golpearme. Y aún atónito no hice nada para evitar que lo hiciera- Cuando me autorizaron mi cambio, Seiya fue por mí al guardar mis cosas, encontró una carta tuya!; ¡que estúpido y cobarde! ¿Por qué no me la diste?¡. Todo el camino fuimos discutiendo, hasta que en una curva nos salimos del camino y ¡se fueron!, ¡Por nuestra culpa!; nunca conocí a mi bebe, nunca lo pude cargar.- Parecía haberse hecho tan pequeña y yo solo pude dejar que siguiera golpeándome, trataba de imaginarme que ella estaba feliz, que en las noches cobijaba a su pequeño cantándole, que despertaba a lado del hombre más afortunado del mundo por tenerla, que lo besaba y acariciaba olvidándose de mí; pero aun así guardaba un poco de amor por mí. Pues la verdad no era así, la deje más que sola. La mujer risueña que conocía, se había convertido en un ser que vivía a duras penas por su amor al trabajo, que era lo que le quedaba.

La metí en mi coche como pude, pues se negaba a estar en presencia mía, supongo que pensaba en la letalidad de la conjunción nuestra. ¿Qué podía decirle? ¿Qué me perdonara y siguiéramos?, A lo mejor si hubiesen sido otras circunstancias la suerte nos sonreiría y viviríamos el amor que aún creo que existe; pero el destino ha sido cruel, o a lo mejor nosotros mismos pensamos que el sentir y hacer lo que el corazón manda es lo correcto, pero por algo está el raciocinio, los valores y la lealtad que debió imperar en nosotros mismo, no dejar que ese sentimiento que surgió de la nada, creciera como una ola y se llevara todo y al final, cuando se fuera nos diéramos cuenta que estamos sin nada.

No hablamos durante el camino, ella paso del llanto al enojo nuevamente, pero trato de entenderla, todo este tiempo viviendo culpándose, culpándonos de que dos seres dejaran de existir. Solo le pregunte si quería que la llevará a su casa, pero se negó. Supongo que no quería que su familia la viera así. La verdad no sabía que decir para consolarla, para que regresara a mí, pero lo más importante es que regresara a ser ella misma.

-¿por qué estás aquí?- Rompió el silencio que estaba a punto de matarme. Ella a mi lado pero ausente; solo su cuerpo.

-Por ti.

-¿Tú hija, tú esposa?.

-Hotaru esta con su madre, me divorcié. – Quería saber que expresión hacia al decirle eso, pero nada, seguí mirando el camino.

-¿Por qué te divorciaste?- Se cruzó de brazos, a mirar por la ventana, supongo que en su cabeza se estaba adjudicando el hecho de separar a una familia.

-Por qué no éramos el uno para el otro.- Ciertamente ella no era feliz, por más que trate de que lo fuera.

-Entonces no estás aquí por mí; soy tu segunda opción.- Bueno irremediablemente sabe cómo hacer sentir lo egoísta que soy por buscar a quien creo que es quien amo más que a nadie.

-Serena. No soy el primero en equivocarme al pensar que con quién se casa es realmente la persona correcta.- Dije en mi defensa; aun así ella no dejaba de sollozar en silencio, solo agarraba valor para preguntarme, supongo que busca una razón para odiarme más de lo que ya lo hace.- Siento mucho lo que paso, de verdad.- Y otro mar de lágrimas que trata de disimular llevándose las manos al rostro.

-Seiya no merecía ese final… por mi culpa….- No soporto verla así, odiándose a ella misma más que a mí; no puedo evitar golpear el volante lleno de impotencia. Llora por la culpa o porque ¿realmente lo amaba? – También pensaba que era la persona correcta; qué vida tan cruel que te presenta a quien no es; pero no por eso tenía que terminar así. – Ella misma trataba de recomponerse, de armarse.- y mi bebe, Darien ¿qué culpa tenía él?- Detuve el auto, no podía seguir manejando con las lágrimas nublándome la vista.

-Ninguna.- susurre para mí mismo. Pero ¿culpa? Aquí el único culpable es el ¡maldito destino!

-Él era inocente, no tenía culpa de nuestras malas decisiones, de que nosotros no supiéramos contenernos; la vida me cobro muy caro el intentar tener algo de los dos, que estúpida fui.

-¿Qué estás diciendo? – No estoy sordo, no soy tonto, pero no quisiera equivocarme. La tome fuertemente de los brazos obligándola a mirarme.- Serena ¿qué estás diciendo?

-Eso, ¿cambia algo?, ¡como quiera te hubieras ido!, ¡como quiera era solo mío!.

-Pero tu dijiste que…

-Recuerdo exactamente lo que te dije, lo que dijiste, lo que dijimos…

-¿Por qué Serena, por qué?...

-¡Odiame!, odiame .- Se soltó de mí para ser ella quien me obligue a mirarla.- pero eso no cambiara nada, no cambia que te fuiste, que yo me invente una historia para ser feliz, que lo mate, que lo mataste y que al final de todo lo perdí…


Gracias por leerme y por sus ánimos, espero sus reviews