Al inicio iban a ser solo dos semanas entre capítulo y capítulo, pero por problemas técnicos de Sanae (aquí yo, lavándome las manos descaradamente) ha sido un poco más… un mes tal vez.

Capítulo 3

—¿Estás seguro de no querer acompañarme?

—… —El joven solo asintió sin apartar la vista del grueso libro.

La mujer agachó un poco la cabeza, triste por la respuesta tan fría que recibía por parte del menor.

—Nos vemos. —Persephone se despidió luego de unos minutos de espera en que él cambiara de opinión.

Cuando la sintió alejarse por completo de la habitación se dio la libertad de suspirar aliviado, cada vez se volvía más insistente. Esto estaba comenzando a ser un problema.

—Así que el pequeño Shun no quiere ir a la superficie, vaya sorpresa —a su malestar se le sumaba esa burlona voz.

—¿Qué haces aquí, Chan? —no se molestó en ocultar su desprecio al mencionar su nombre, su presencia siempre le había parecido innecesaria e inoportuna. Justo como ahora.

—Solo vengo a visitar a mi protegido durante la ausencia del rey de las tinieblas. Un pequeño derecho luego de tantos años de servicio. —Entró sin más profanando con su simple presencia la oficina de su padre.

—Fuera de aquí —nuevamente se ocultó tras su máscara imperturbable mientras centraba su atención en el libro de hechicería que tenía entre las manos.

—Esa no es forma de tratar a tus mayores —se burló nuevamente—. ¿O es que estás molesto por no poder salir junto a tu padre? ¿Es porque aún no puedes volar? ¿O porque no se te permite salir del infierno sin una niñera? —apuntó directamente hacia su orgullo—. Anímate, al menos ya puedes salir de la mansión.

—No me interesa.

Era verdad. En el momento en que fue capaz de ver algo más allá del infierno se dio cuenta de lo deprimente del lugar en el que vivía. Todos peleando unos con otros, traicionándose por la espalda y odiándose mutuamente. No le interesaba ver un lugar así.

—Oh, claro. Porque como a ti solo te interesa la nieve ¿o me equivoco?

Su silencio fue como una afirmación de lo inevitable.

—Realmente solo eres un niño, madura de una vez. Tú eres el único que se está reprimiendo.

Él siguió ignorándola, eso solo la enfureció aún más.

—Deja de ser tan idiota —rugió mientras lo tomaba del cuello—. Muchos de nosotros daríamos lo que fuera por salir de este basurero y tú teniendo la oportunidad la dejas escapar. Eres patético. No mereces ser hijo de Lucifer.

Esto último fue suficiente para que toda su paciencia se agotara. Fácilmente se libró del agarre de la mujer y logró contrarrestar la situación. Ahora él era el atacante. No debía tomar tan a la ligera a un demonio entrenado por el señor de las tinieblas.

—Cierra la boca. Hoy no estoy de humor para escucharte —él hizo uso de su altura para demostrarle como habían cambiado los papeles. Él había crecido y aunque ella seguía siendo más alta, él era más hábil y la igualaba en fuerza.

—Niño mimado —Chan amaba jugar con fuego.

Miró fijamente el cielo carmesí y repasó las palabras que la joven mujer le había dicho hace solo unas horas. ¿Realmente estaba desperdiciando una oportunidad tan valiosa? Salir del infierno era difícil, eso lo tenía claro, pero ¿era tan importante para los demás? Para él lo era, lo aceptaba. Su principal razón era para ver ese bello paisaje plagado de la fría nieve reemplazando la tierra y ceniza del inframundo, pero aún sabiendo eso no podía simplemente cumplir su deseo. Algo se lo impedía.

No era capaz de recordar muy bien sus primeras visitas a la superficie. Hacía mucho tiempo de ellas y la mayoría se habían vuelto borrosas. Aun así, lo que mejor recordaba era la nieve. Se recordaba rodeado de esta, y también recordaba… una cabellera de fuego. No sabía que significaba.

Muchas veces intentó recordar a la portadora de los cabellos anaranjados. Intentó con muchos métodos, incluso la autosugestión y otros métodos que aprendió mediante estudio, pero lo único que recordaba con respecto a ella era una discusión. Aun así solo eran fragmentos, así que todo era muy confuso.

Ella parecía que fuese a llorar en cualquier momento, él intentó calmarla confundido ante su estado de ánimo.

Le pregunta por alguien a quien no puede recordar, ella se enoja y le grita.

Él se confunde aún más.

¿Es que acaso no es normal la muerte? —recuerda que le pregunta esto.

No lo entendía, ¿por qué se exaltó de esa forma? ¿Las niñas humanas eran todas tan escandalosas? ¿Solo por la muerte de…? ¿De quién fue…?

—¿Quién era esa chica y a quien fue que perdió? —se repitió nuevamente intentando encontrar una respuesta.

—Alice, ven a cenar —escuchó tras la puerta de su habitación el llamado de su abuelo.

—Ya voy —contestó mientras dejaba en su lugar la fotografía que con tanta nostalgia había estado observando hace solo unos segundos.

En esta se podía ver a un grupo de niños, todos con unas grandes sonrisas demostrando lo felices que eran. En el centro se podía ver a un castaño con la sonrisa más amplia de todas mientras con una mano abrazaba a una pequeña pelirroja y con la otra saludaba a la cámara.

Luego de tantos años aun sentía ganas de llorar cuando recordaba lo que sucedió. A veces los cielos eran crueles al llevarse la vida de alguien tan joven. Muchas veces deseó volver a ver a su amigo, pero sabía que eso era imposible.

Volvió a mirar la fotografía unos instantes antes de salir, la sensación de nostalgia seguía ahí, pero también venia acompañada con una de incertidumbre. Cada vez que miraba esa fotografía no podía evitar pensar que estaba olvidando algo, algo importante. Quizás relacionado con esos ojos ámbar que de vez en cuando aparecían en su mente en el momento menos esperado.

Posiblemente el siguiente este el próximo año. No, en serio y esto va para la morenaza, ¿Has escrito algo de lo que te tocaba? ¿Si quiera nos pusimos de acuerdo en algo? xD