Disclaimer: El universo de Crepúsculo no me pertenece, ya que es propiedad de Sthepanie Meyer. La trama es mía al igual que algunos personajes creados por mi. Y el fic es sin ánimo de lucro, sólo para entretener a los lectores.

Cap.9 REGALO SORPRESA

A partir de ese día las cosas cambiaron radicalmente en el Rancho Cullen, Edward me había cedido su habitación y se quedaba en otro cuarto. A los dos días de lo sucedido, regresó casi de noche mientras yo lo esperaba para cenar. Era tarde y ya tenia mucha hambre pero decidí esperarlo porque no se me hacia justo adelantarme mientras él no estuviera, mientras me dediqué a ayudar en lo que podía, ya que Esme su madre, no me permitía trabajos pesados.

Sin embargo en cuanto me escabullía corría al establo para ayudar al señor Carter, un señor algo entrado en años pero muy amable, él me enseñó como ordeñar las vacas sin que reparen, a preparar queso y mantequilla y muchas otras cosas que yo maravillada realizaba a escondidas de la familia, haciéndoles creer que salía a pasear a los linderos del rancho.

Cuando llegó, los perros comenzaron a ladrar alegremente: chester y toti, eran perros cazadores pero muy juguetones. Lo vi desde la recamara y me alisté para bajar, salí y me dirigí a las escaleras, él traía muchos paquetes, al igual que Emmet y Rosalie. Jasper y Alice no estaban, habían ido a comprar ropita para su bebe. La familia ya estaba enterada y jubilosa de la noticia.

Les sonreí de manera franca mientras Edward pasaba a mi lado y se quedaba frente a la puerta.

-Esto es para usted. Espero le quede.-fue todo lo que dijo, pero sus penetrantes ojos verdes decían otra cosa. Me estremecí. Corrí a abrir la puerta y entraron para dejar los paquetes. Al entrar Rosalie me miró y sonrió. Salieron primero Rosalie, Emmet y cuando ya salía Edward.

-Un momento… por favor-él se detuvo justo en el marco de la puerta, su barba de días, le hacia verse muy bien, era muy guapo, sus facciones y movimientos eran elegantes, desbordaba autoridad y su mirada buscó la mía, haciéndome que me faltara el aire. Sus ojos miraban de una manera que no sabia como describirlo, pero empezaban a temblarme las piernas y mis manos comenzaban a sudar. Nunca como hasta ahora me había dado cuenta de lo guapo que era Edward Cullen. Tuve que obligarme a pensar en otra cosa.

Me dirigí a los paquetes y abrí uno al azar. Era un hermoso vestido azul, realmente precioso y me quedé muda de la impresión. Los demás paquetes eran ropa variada, capas, vestidos, zapatos y un sinfín de prendas varias. Con la boca abierta me dirigí hacia él que me miraba esperando una respuesta.

-¡Todo es muy hermoso! ¡Muchas gracias! No debió gastar en mi, de verdad… yo tenia un poco de ropa… y creo que…-por fin escuché mas palabras de él que en ocasiones anteriores.

-Que bueno que le gustó. Era poca ropa la que… tenia.- Abrí otro paquete y me sonrojé al instante al igual que Edward. Era ropa interior y algo atrevida, le miré sorprendida y roja como un tomate, mientras él se le quedaba viendo y luego reaccionó apenado.

-Eso fue cosa de Rosalie… yo no sabia… la talla y las… cosas que… necesitan las… mujeres.-me pareció al mismo tiempo tierno y muy gracioso, pero evité reírme por no abochornarnos más. Simplemente le agradecí.

-Mil gracias de todos modos, gracias por pensar en mi.-pero él ya se estaba marchando. Corrí hacia las escaleras mientras él parecía tener prisa por desaparecer.

-¡Edward! ¿Quiere cenar… conmigo?-él me miró un segundo y luego asintió y se fue hacia la cocina. Regresé rápidamente hacia la recamara y me tropecé con todas las cosas, hice un ruido de los mil demonios y al momento Rosalie y Emmett estaban ahí, parados en la puerta.

-¡Oh vaya!-dijo Emmett algo decepcionado y sonriendo mientras Rosalie buscaba algo con la mirada, barrió con la vista toda la recamara.

-¿Se fue?-le afirmé con un gesto de la cabeza

-Mm…, esperaba otra cosa, pero en fin, es Edward, que podía esperar- y salieron riéndose de mi recamara.

Incluso alcancé a oír a Emmett que le comentó en voz baja, no lo suficiente para que no lo escuchara.

-Si hubiera sido yo, al ver esa prendas hubiera saltado sobre ti amor y no te hubiera dejado salir mínimo en tres días-Les miré irse hacia el salón y entonces dejé mis cosas y bajé apresurada a la cocina, donde Edward me esperaba.

Serví y nos sentamos a comer, al sentarme, él acercó la silla hacia mi, al parecer ahora si parecía reparar en mi, ya que en días anteriores parecía que yo no existía. Comenzamos a comer y cuando él creyó que habíamos terminado se levantaba.

-Un momento por favor… aún no se acaba la cena-me miró con curiosidad y volvió a sentarse mientras yo traía un bowl con el postre.

Le serví en un plato y luego me serví yo, sobraba bastante. Esperé a que él empezara para ver si le gustaba.

-mmm…, esto es delicioso ¿Qué es?-me ruboricé muy contenta de que le pareciera rico.

-Pudín de chocolate-afirmé contenta.

De eso podía estar orgullosa, me encantaba preparar postres. Fueron dos raciones las que se comió y tuvo que contenerse pues parecía chiquillo con dulce, vi que se saboreó la cuchara mientras yo llevaba los trastes al fregadero, el cristal de la vitrina me mostró a un Edward diferente y eso me gustó.

Me iba a decir algo cuando:

-Mmm, ¿Qué es eso? ¡Dios, huele riquísimo! No me importa que sea ¡quiero de eso!-era Alice que llegaba de la mano de Jasper y de inmediato le serví su ración al igual que a Jasper. Alice devoró en segundos su porción y pidió más.

Después de un rato, toda la familia había probado el pudín de chocolate y todos habían acordado que era delicioso, por lo que me nombraron repostera oficial entre risas y suplicas de los Cullen, sólo Edward permanecía silencioso a todo. Nunca me di cuenta cuando se fue, todos estaban comentado diferentes cosas y cuando me fije, él se había ido. Sentí una punzada dolorosa en mi corazón, comencé a limpiar la cocina pero Esme lo impidió, subí a mi recamara algo deprimida, y comencé a ordenas los paquetes, abrí uno por uno y acomodar la ropa, cuando faltaban cinco paquetes me di cuenta que en la almohada de mi cama estaba una rosa y una nota:

"Gracias por la cena"

Eso bastó para hacerme sentir alegre. Y terminé de acomodar mi ropa. En la cama una vez dispuesta a dormirme, tenia la rosa en un pequeño florero que olí antes de cerrar los ojos.

-Gracias a ti… Edward-minutos después estaba dormida.


Mil besos a todas ustedes, cuídense mucho y mil gracias por comentar.

Bella Cullen H.

bueno agradezco a cada una de ustedes que me han dejado comentario y las que no , tambien gracias.