La chica de al lado
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Capítulo 3
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Advertencias:
- Universo Alterno
- Contenido sexual explícito
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Anteriormente…
– ¿Nunca has hecho nada de nada con una mujer? – preguntó sugerente, acercándose cada vez más a él.
– ¿Qué parte de virgen no comprendes? – gruñó mirándola de nuevo.
– ¿Y no te da curiosidad?
Observó fijamente sus ojos violáceos y sus labios entreabiertos, no supo que decir. Lo único a lo que le incitaban sus hormonas era a besarla y ella se estaba acercando demasiado. Sólo pudo contestar asintiendo con la cabeza, provocando que ella sonriese de medio lado provocativamente. Después de aquella afirmativa de Ichigo, Rukia ágilmente se sentó a horcajadas sobre el pelinaranjo, notando su dura erección bajo ella.
– Eso se puede arreglar…
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Ichigo tragó duro al sentir como Rukia se montaba encima de él, y tragó más aún cuando esta se sentó sobre su erección. Se le paró el corazón y sintió que le faltaba el aire, la presión que estaba ejerciendo contra el bulto de sus pantalones se sentía demasiado bueno. Estaba nervioso y avergonzado, esto era lo más cerca que había estado de una mujer en este sentido. Se sintió demasiado inocente.
– R-Rukia, ¿qué haces? – consiguió preguntar con voz temblorosa.
– ¿Alguna vez te han besado o no?
Lo ignoró mientras apoyaba sus manos en el pecho del chico, acariciándolo concentrada. Estaba más musculado de lo que creyó en un principio. Sin embargo, las manos de Ichigo estaban clavadas al suelo, sin saber qué hacer. Rukia no podía evitar moverse suavemente sobre aquel bulto, el roce era bastante placentero para ella también. Ichigo, sin poder contestar con palabras, respondió a la pregunta asintiendo con la cabeza.
– Hm, bien. – pareció conforme con la respuesta, ya que esbozó una sonrisa y miró a Ichigo a la cara, acercándose a su rostro.
– E-eh, Rukia…n-no es buena ide…
– ¿Alguna vez le has tocado los pechos a una chica? – preguntó con naturalidad, mirándolo fijamente.
Ichigo se sonrojó más si era posible y desvió la mirada hacia otro lado, apretando las manos en busca de autocontrol. Respondió a esa pregunta de igual manera que la anterior, con un movimiento de cabeza, pero esta vez lo hizo negativamente. Rukia volvió a sonreír de medio lado, subiendo sus manos a los hombros del chico y apretándose contra su, cada vez más dura, erección. Consiguió sacar un suspiro del pelinaranjo, se sintió satisfecha.
– ¿Te gustaría tocarlos? – preguntó directamente, mirándose sus propios senos y luego observando fijamente los ojos ambarinos de Ichigo, quien sorprendido la miraba sin entender que estaba ocurriendo.
– ¿Q-qué? Y-yo…Rukia, deja de brom-
No pudo terminar de hablar cuando las manos que Rukia tenía posadas en sus hombros bajaron con rapidez por sus brazos, hasta que agarró sus muñecas y las dirigió hacia los pechos que estaba mencionando. Los ojos de Ichigo se abrieron de par en par al sentir los redondos y firmes senos de la morena bajo sus manos. Pestañeó incrédulo ante lo que estaba pasando y tragó duro, clavando sus ojos en los violáceos orbes de Rukia.
– ¿Y bien? – lo sacó de su ensoñación. – ¿Te gustan?
– E-eh…eh…uhm…– no sabía que decir, estaba totalmente perplejo y su cerebro dejó de funcionar coherentemente, pues toda la sangre se bajó a cierto punto que estaba siendo presionado por la cálida intimidad de esa degenerada que tenía por vecina.
Antes de que pudiese decir nada, Rukia obligó con sus manos a que Ichigo apretase sus pechos, provocándole a ella misma un suspiro de placer.
– No tengo la talla más grande, pero a mí me gustan – se hizo un cumplido a sí misma, instando a que Ichigo los tocase y moviese por su cuenta, pero el chico parecía en shock mirándolos embobado sin saber que estaba ocurriendo. – ¿Qué pasa? ¿No te gustan?
Fingió una voz de tristeza, a lo que Ichigo reaccionó de nuevo, mirándola con cara de bobo sonrojado y asintiendo rápidamente una y otra vez. Rukia solo pudo reírse, avergonzando al muchacho por su propia inocencia. Quitó sus manos de encima de las de Ichigo, dejándole libre de hacer lo que quisiera, pero estaba cohibido y no se movió de cómo estaba hasta que Rukia se acercó a su cuello. Pasó la punta de la nariz por esa zona, haciéndole cosquillas con el roce y la calidez de su respiración. Ichigo cerró los ojos ante aquella sensación, apretando inconscientemente los pechos de la muchacha con suavidad.
Rukia sonrió contra su cuello, haciendo movimientos circulares sobre su erección y pasando después sus labios de arriba hacia abajo, rozando con suavidad hasta la parte de detrás de su oreja. Lo estaba volviendo loco, sobre todo cuando ella decidió dar un leve mordisquito en su cuello. Ante aquello, sólo pudo suspirar y apretar más los pechos de ella, sacándole suspiros que esta vez no estaba escuchando al otro lado de la pared. La verdad que ahora que los tocaba parecían más grandes de lo que se veían.
Se preguntaba cómo se sentirían por debajo de la tela, y ante la fricción que ella estaba provocando y los besos, mordiscos y lamidas que estaba recibiendo su cuello, tuvo la confianza de quitar las manos de sus pechos, bajando por las curvas de su silueta. Rukia sorprendida ante eso, se separó de su cuello y lo miró agitada, mordiéndose suavemente su labio inferior. Aquella imagen sólo tentó a Ichigo, quien mientras colaba despacio las manos por debajo de su suéter, se acercaba a los labios de ella. Rukia dio un respingo al sentir el tacto de las manos del pelinaranjo sobre la piel de su cintura, era mejor de lo que se había imaginado.
Ella también se animó, y cerró el espacio que había entre sus labios con un ansioso beso. Ichigo lo correspondió, desinhibiéndose por completo de su cordura. Una de sus manos por fin se animó a subir por debajo del suéter hasta agarrar uno de sus pechos cubiertos por un sostén que, por cuya textura, parecía ser de encaje.
– Hm…– un suave gemido salió de los labios de Rukia cuando sintió ese contacto.
Ese sonido se le hacía familiar, pero ahora lo estaba escuchando en primera persona y sólo lo excitó más. La mano que se quedó en su cintura, la asió más contra él, incrementando el roce de sus intimidades. La morena coló lentamente su lengua en el beso, tomando desprevenido a Ichigo quien la verdad, no tenía mucha experiencia en ese tipo de besos tan fogosos. Pero rápido le tomó el ritmo.
Estaba decidido a dar otro paso y bajar con su mano el sostén de la morena para poder sentir el tacto de su pecho desnudo. Cuando iba a tirar de la copa del sostén hacia abajo, los Dioses se pusieron de acuerdo para hacerle la vida imposible. Antes de que pudiera bajarlo, alguien tocó con fuerza la puerta varias veces. Rukia e Ichigo se separaron, mirándose agitados y sin comprender que pasaba.
– ¡Hijooooo! ¿Estás ahí? – volvieron a aporrear la puerta.
Los ojos de Ichigo se pusieron en blanco mientras Rukia tan sólo pudo soltar una carcajada mientras, con mucha fuerza de voluntad, se levantaba de encima de Ichigo. Al ver como la muchacha se retiraba, el pelinaranjo tan sólo pudo mirar hacia arriba enojado por culpa de su padre, pero desde aquella perspectiva se pudo fijar en algo. Sus bragas estaban mojadas, y él lo había provocado. Se sonrojó levemente, pero por dentro se sintió orgulloso.
– ¿Hijoooo? – otra vez lo llamó.
– Veo que tienes visita. – comentó Rukia en voz baja y divertida acomodándose bien la ropa.
– Tsk…este pesado…– gruñó Ichigo levantándose también del suelo y rascándose la nuca.
– Me voy a casa. – la mirada de Rukia se fijó en la abultada entrepierna del chico. – Será mejor que arregles eso antes de abrir.
Ichigo no entendió a que se refería hasta que siguió la trayectoria de su mirada, y ahí sí pudo ver que era. Su pantalón se había convertido en una tienda de campaña, y lo único que pudo alcanzar a hacer avergonzado, fue tirar de su camisa hacia abajo para taparlo. Rukia rió al verlo tan sonrojado, momentos atrás no parecía darle ninguna clase de vergüenza. Yendo hacia la terraza de nuevo, Ichigo la miró.
– Nos vemos el lunes, Ichigo. – le guiñó el ojo antes de subir a la barandilla y saltar a su terraza.
Ichigo se quedó boquiabierto y tratando de procesar todo lo que había acabado de pasar. Se miró las manos que antes habían estado amasando sus pechos y se sonrojó. Pero una vez más, los golpes de su padre en la puerta lo despertaron de su ensoñación.
– ¡Grrr! ¡Ya voy! – gritó enojado y revolviéndose el cabello. Llegó a zancadas hasta la puerta y abrió de par en par, con cara de perro furioso.
– ¿Qué pasa, Ichigo? ¿Por qué esa cara? ¿No te alegras de ver a tu querido padre? – gritó canturreando y tratando de abrazarlo.
– En absoluto. – se apartó haciendo que el hombre cayese al suelo.
Detrás de él estaban sus hermanas pequeñas, lo que le hizo ponerse de mejor humor. Dio gracias a que los gritos de su padre le habían bajado toda la libido y también cierta erección provocada por Rukia. No quería que sus hermanas lo viesen con eso así. Dio un abrazo a sus hermanitas y les dio también permiso para entrar, siguiéndolas él detrás.
– ¿No se supone que ibas a avisar antes de venir, viejo? – preguntó molesto.
– ¿Qué pasa? ¿Acaso te interrumpí con alguien? – insinuó divertido. – ¿O acaso va a venir una chica y molestamos?
– No. – negó sentándose en la cama y suspirando. – Pero sería bueno que avisaran antes de venir, no tengo suficiente comida para los cuatro.
– No te preocupes, hermanito. – habló Yuzu mostrándole una bolsa de plástico con unos recipientes dentro. – Te traigo comida que hice para ti.
Los ojos de Ichigo brillaron de felicidad. Por fin podría comer en condiciones y no como un triste vagabundo. Mentira, hasta un vagabundo comería mejor que él. Agarró la bolsa y echó un vistazo a todo lo que había, Yuzu era una maravilla de hermana y de cocinera. Su padre estaba inspeccionando el apartamento, en busca de quien sabe qué, mientras que su hermana Karin ojeaba los mangas que tenía en la estantería.
– ¿Qué demonios haces, viejo? – preguntó enojado dejando la bolsa de comida en la cocina.
No obtuvo respuesta, cosa que lo inquietó. Volvió a la habitación y lo encontró sacando algo de una de las cómodas que tenía junto a la televisión. Su rostro empalideció al momento.
– ¿Qué es esto Ichigo? – preguntó sorprendido y divertido mientras sacaba unas bragas rosadas de Chappy.
– ¡Suelta eso, degenerado! – a zancadas lo alcanzó y se las quitó de golpe, guardándolas de nuevo.
– ¿No llevas apenas dos semanas acá y ya traes chicas a casa? – insinuó abrazándolo por el cuello. – ¡Estoy orgulloso de ti, hijo!
– ¡No es lo que piensas! – se defendió quitándose a su padre de encima. – ¡Son de mi vecina!
– ¿Estás liado con tu vecina? – preguntó Karin impasible mientras sacaba un manga que pareció interesarle.
– ¡No! – se sonrojó. La verdad que hacía escasos minutos sí que estaba algo más que liado con ella. – Se le voló la ropa interior ayer a mi terraza, debo devolvérsela.
Mintió en cierto modo.
– Hmmm. – su padre lo miró desconfiado con los ojos entrecerrados. – Karin, ¿tu crees que dice la verdad?
La morena observó a su hermano a lo lejos, analizándolo al igual que su padre. Ichigo se puso nervioso ante tal escrutinio, por lo que suspiró cansado, sentándose en la cama molesto.
– Hermanito. – llamó Yuzu desde la cocina. – ¿Por qué hay tantos platos en el fregadero? – Ichigo se alertó. Eran todos los platos de la comida con Rukia.
– O-oh, anoche no pude lavarlos y se me acumularon con los de hoy. – mintió lo mejor que pudo.
Todos lo observaron acusadoramente, Yuzu uniéndose a su padre y su hermana al análisis del pelinaranjo. Esa maldita familia suya lo estaba poniendo muy nervioso, y todo por culpa de Rukia y sus horribles bragas de conejos. Sería una visita larga y tediosa, en la que tendría que lidiar con las insinuaciones de todos, sobre todo de su padre. Durante aquel día no pudo dejar de pensar en lo que acababa de pasar con Rukia, haciendo que se le erizaran los vellos al recordar el tacto suave de su piel. La única que notó aquel estado de embriaguez mental que tenía el pelinaranjo fue su hermana Karin, era bastante perspicaz. Sin embargo, no dijo nada, cosa que agradeció en sobremanera
Llegó la noche y su familia se fue tras una agradable cena en la que pudo comer de la comida que Yuzu había preparado. No había comido mejor nunca desde que empezó su independencia, por lo que acabó lleno de tanto comer. Cuando finalmente quedó solo, todo quedó en silencio. Si se sentaba en su cama y se esforzaba, podía escuchar la televisión del piso de Rukia. Era un milagro que no estuviese viendo porno o algo similar. Rió ante ese pensamiento.
Se tumbó en la cama, totalmente estirado y con los ojos cerrados. Aún sentía el aroma de Rukia en el ambiente y su tacto en sus labios. Todo aquello ocurrió de manera muy inesperada, y la verdad que no supo cómo reaccionar, pero cuando se besaron su cuerpo comenzó a funcionar por cuenta propia. Nunca pensó que la primera vez que tocase los pechos de una mujer sería de esa forma. De todos modos, fue una buena e interesante experiencia.
Tres golpecitos se escucharon en la pared.
– Buenas noches… – se escuchó levemente a Rukia al otro lado.
Ichigo devolvió los tres golpes, pero no dijo nada. Habían tomado esa costumbre durante la semana, y aunque al principio Rukia lo hacía para molestar, ahora se había vuelto una especie de rutina. El pelinaranjo pensó en todo lo ocurrido una y otra vez, pensó en Rukia y en lo atraído que se estaba sintiendo por ella. Cuando se quiso dar cuenta, ya se había quedado profundamente dormido.
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El domingo pasó como si nada, Rukia pareció haber estado fuera todo el día hasta que en la noche le dio los tres toquecitos antes de dormir. Aburrido, ese día se dedico básicamente a hacer el vago, por lo que el día se pasó de volado. El lunes despertó con ganas de asistir a clases, y aunque no lo quisiera admitir quería ver a Rukia. Se aseó como de costumbre, preparó su desayuno y su ropa, y se dispuso a salir. A su cartera tuvo que añadir el uniforme del equipo de fútbol, pues esa semana empezaba con los entrenamientos.
Salió y esperó en la puerta a que la morena saliese también. Se estaba retrasando, normalmente ella lo esperaba a él. Tras cinco minutos esperándola, tocó su puerta, escuchando un "ya voy" desde dentro. Al momento, apareció ella apurada, con un panecillo en la boca y un brick de jugo en la mano.
– Fuenof fíaf, Ifigo. – saludó con la boca llena, terminando de cerrar su puerta con llave.
– Buenos días. – contestó y la miró extrañado. – ¿Todo bien?
– Fi. – se quito el panecillo de la boca y cuando tragó, consiguió hablar bien. – Me quedé dormida, lo siento.
– Pero si te fuiste a dormir temprano.
– Ya, pero no paré de dar vueltas en la cama. – confesó bostezando. – ¿Quieres? Está buenísimo.
Le ofreció de su panecillo relleno de crema.
– No, gracias. Ya desayuné. – rechazó su invitación amablemente y echaron a andar hacia la escuela.
– Como quieras, tú te lo pierdes. – continuó devorándolo.
Esa mujer era terrible. Se rió por dentro al verla comer con tanto ímpetu cual niña pequeña. Y pensar que esa mujer con bragas de conejo y que ahora mismo se veía tan infantil en realidad era una pervertida de primera.
– Tu familia es muy graciosa. – sacó tema de conversación como todas las mañanas mientras intentaba abrir el brick de jugo sin éxito.
– Trae acá. – le quitó el dichoso brick y lo abrió a la primera, devolviéndoselo entonces. – Los escuchaste, ¿verdad?
– Era difícil no oírlos. – sorbió el jugo. – Sobre todo a tu papá, no se parece nada a ti.
– Lo sé, es muy escandaloso.
– Un poco. – le dio la razón y lo miró de reojo. – Aunque deberías devolverme las bragas como les dijiste.
– ¿Acaso estuviste escuchando todo el día? – gruñó mirándola. – Cotilla.
– Me aburría mucho. – bromeó entre risas. – Mentira, estuve intentando salvar la olla que se me quemó y limpiando la casa.
– ¿Conseguiste arreglar el desastre?
– En absoluto. Tengo que comprarme una olla nueva.
Ichigo se rió y momentos después llegaron al centro. Todo transcurrió como siempre, habían entablado amistad con algunas personas del salón, y se juntaban a la hora del recreo para comer. Conoció a Keigo, Mizuiro y Chad, tres compañeros del club de fútbol. Keigo no era muy bueno, pero era gracioso lo obsesionado que estaba con las mujeres aunque estas no le daban bola. Muy diferente el caso de ese tal Mizuiro, quien sin entender por qué, conseguía salir con casi cualquier chica. Con el que mejor se llevó fue con Chad, un estudiante de intercambio mexicano que jugaba como portero, era un chico muy tranquilo y prudente.
Además de ellos, conoció a Orihime gracias a Rukia, ya que ambas resultaron ir al mismo club de atletismo. Era una muchacha agradable, bastante alegre y tierna, le recordaba muchísimo a su hermana Yuzu, pero los artes culinarios de la joven no le llegaban ni a los talones de los de su hermana. Junto a Orihime se unieron al grupo Tatsuki, que era su amiga de la infancia, e Ishida, un chico que parecía no soportar a Ichigo.
Las clases terminaron y tras ellas, cada uno fue a su club correspondiente. En los vestuarios se cambió como de costumbre, y al salir pudo ver al grupo de atletismo salir de sus vestuarios femeninos. Los del club de futbol las dejaron pasar con la excusa de "las damas primero", pero en realidad querían ver esos pantalones cortos que usaban para correr. Ichigo rodó los ojos ante lo baboso que fueron sus compañeros, en especial Keigo, pero no pudo hacerse el digno mucho tiempo.
Detrás de ellas apareció Rukia corriendo, con el mismo uniforme, su cabello corto recogido y portando el cronometro y bloc de notas para apuntar las marcas. El sex appeal que tenía esa mujer para él era demasiado, y aquellos pantaloncitos de deporte dejaban ver una muy buena figura de su trasero. Movió la cabeza para centrarse y se fue hacia el campo de fútbol. Por desgracia, la pista de atletismo rodeaba el campo de fútbol, así que no pudo librarse de aquellas vistas.
Intentó concentrarse mientras calentaban, pero las del club de atletismo también lo hacían, por lo que el tener que controlar a todos los adolescentes babosos se le ponía difícil. Demonios, incluso a él se le hacía difícil no mirar cuando estas se agachaban para tocarse la punta de los pies. Ichigo también tenía hormonas. Cuando terminaron el calentamiento, pudo concentrarse mejor en su trabajo, dejando a un lado lo que hacían las demás. Podía escuchar los gritos de Rukia dando la orden de salida, tenía mucho carácter.
En una ocasión que fue a beber agua, observó que a quien le tocaba correr era a ella, así que prestó atención. Se la veía concentrada, y cuando le dieron el pistoletazo de salida, se sorprendió al ver la gran velocidad que alcanzó. Con razón se mantenía tan delgada comiendo todo lo que comía, era una gran deportista. Tan ensimismado estaba mirando aquello, que no vio cuando un balonazo le dio en la cara por parte del torpe de Keigo.
– ¡Lo siento, Ichigo! – rogó piedad.
– ¡Ten más cuidado, torpe! – gritó volviendo al campo de fútbol.
Los entrenamientos terminaron a la vez, y todos se fueron a las duchas, menos los capitanes de ambos clubes. A ambos les tocaba recoger lo que habían utilizado, por lo que siempre se tenían que quedar un poco más. Entraba dentro del pequeño sueldo que percibían. Ichigo terminó antes, ya que apenas tenía que recoger unos cuantos balones, pero a lo lejos vio como a Rukia se le dificultaba llevar las vallas de atletismo, por lo que se acercó a ayudarla.
– No tienes por qué ayudarme. – dijo amablemente la morena.
– Tranquila, ya he terminado de recoger lo mío. – cargó la mitad de las vallas y siguió a Rukia para dejarlas.
– Bueno, si te empeñas.
– Eres muy rápida, no me lo esperaba. – confesó descargándolas con cuidado.
– Soy una caja de sorpresas, ¿verdad? – bromeó
– Algo así.
Ambos emprendieron la marcha hasta los vestuarios, hablando de cosas triviales, más no habían sacado el tema del sábado. Ninguno había hablado de lo que pasó y extrañamente, ella no había bromeado o molestado con eso. Llegaron a los vestuarios del gimnasio donde cada uno se separó al suyo correspondiente después de despedirse.
– Nos vemos luego.
– Sí
Dijo mientras Rukia se iba a lo lejos. No pudo evitar echar un vistazo, y su piel perlada por el sudor sólo la hacía ver más apetecible. Agitó la cabeza para quitarse esos pensamientos, no quería entrar en los vestuarios masculinos con una erección y que lo tachasen de homosexual lo que restaba de curso. Cuando entró, vio que casi todos los del equipo se estaban vistiendo para irse, por lo que las duchas quedarían para él sólo. Fue algo bueno, no porque Ichigo tuviese algún complejo con su amiguito, para nada, sino porque ducharse en compañía de otros hombres no era algo que desease especialmente.
Los compañeros se fueron despidiendo poco a poco mientras él se desvestía, y mientras agarraba el champú y el gel para ir a bañarse, se quedó solo. Le restó importancia y se fue a las duchas, que constaban de un muro a media altura para dar algo de privacidad. Colgó su toalla en el muro y se metió debajo de la regadera. El agua caliente se sentía agradable después de una tanda de deporte, por lo que dejó que el agua cayera durante un rato sobre él, relajándose. Pasados unos minutos decidió darse prisa, Rukia lo esperaba para volver a casa. Hizo espuma en su cabello con el champú y se lo enjuago para seguir el mismo proceso por el cuerpo.
– Es para hoy, señorita. – habló una voz a sus espaldas que ya reconocía…
– ¡Ah! – …pero igualmente se asustó.
Al mirar hacia atrás se encontró con Rukia apoyada al otro lado del muro, con la cabeza reposando sobre la palma de su mano y observándolo…o más bien, analizándolo. Casi patina y se cae, pero consiguió taparse sus partes, no tan privadas, totalmente sonrojado. Rukia tan sólo pudo reír ante esa reacción.
– ¿Por qué te tapas? – preguntó sin quitarle ojo al cuerpo mojado y desnudo de Ichigo. – Ya te la he visto. Y en una situación más comprometedora, te recuerdo…
– ¡Me da igual! – gritó molesto. – ¿Es que acaso no tienes pudor?
– No mucho, la verdad…– contestó distraída mirando el trasero del muchacho.
– ¡Deja de mirarme así! – trató de alcanzar la toalla con la otra mano para ponérsela. – ¿Qué demonios haces aquí?
– Tardabas mucho y me aburría de esperar. – caminó hacia la zona de las taquillas. – ¿Es que en los vestuarios masculinos siempre huele a pis?
– Supongo. Yo ya no lo noto. – contestó más tranquilo abriendo su taquilla. – Tú no deberías entrar aquí.
– Y tú no deberías tener mis bragas. Como ves, nada es como debería ser. – contestó divertida, sentándose en uno de los bancos y observando cómo sacaba su ropa limpia.
– ¿No te vas a olvidar de eso nunca o qué? – preguntó poniéndose la camisa.
– No hasta que me las des. – contestó cruzando sus piernas. – Puedo ser tu peor pesadilla.
– Ya lo eres…– murmuró molesto.
Iba a quitarse la toalla para ponerse la ropa interior y los pantalones, pero se dio cuenta que alguien más lo estaba observando. Se giró y la miró con el ceño fruncido, a lo que ella se hizo la desentendida, sonriendo inocentemente. Era una desgraciada.
– ¿Te importa…? – hizo un gesto con el dedo para que se diese la vuelta.
– Ah, que pudoroso que eres, Ichigo. – suspiró divertida y se dio la vuelta.
– Alguien aquí tiene que serlo. – gruñó quitándose la toalla una vez se cercioró que ella no miraba.
– Oe, Ichigo. – lo llamó, a lo que él contestó con un monosílabo. – ¿Te gustaría cenar conmigo hoy?
– ¿Es alguna clase de trampa para envenenarme? – bromeó subiéndose los bóxers.
– ¿Por qué haría algo así, idiota? – contestó divertida y mirando de reojo.
– ¡Eh! ¡Aún no!
– Quería invitarte a cenar como agradecimiento por haberme invitado a comer el sábado. – comentó tranquila.
– ¿Cenaremos carbón a la plancha?
– Jódete. – se cruzó de brazos fingiendo haberse ofendido.
– Está bien, está bien. – accedió mientras terminaba de abrocharse los pantalones. – Vamos, ya terminé.
La morena se giró contenta y se levantó dispuesta a marcharse con su compañero.
– Se te va a escapar el pajarito. – comentó mientras pasaba por su lado y apuntaba a su entrepierna.
Ichigo se miró y su cremallera estaba bajada. La subió al instante, sonrojado y apuro el paso para alcanzar a Rukia. Desde luego que era directa y sin recato ninguno.
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Llegaron al apartamento, y al final decidieron quedarse en el piso de Rukia a hacer la tarea en lo que llegaba la hora de la cena. El piso de la morena era similar al suyo en cuanto espacio, pero la decoración que ella tenía era distinta. Además…no era la mujer más ordenada del mundo, pero era un sitio acogedor. En el momento en el que entró en la habitación, no pudo evitar fijarse en la cama, recordando las dos veces que se tocó ahí, una de ella consciente de que él la estaba escuchando.
Ambos se sentaron alrededor de la mesita de café, sacando los cuadernos para comenzar. Se había dado cuenta lo mal que se le daban las matemáticas a Rukia cuando tuvo que ejercer como profesor particular. Le explicó mil veces el problema, pero la morena sólo se exasperaba más, apoyando su cabeza en la mesa frustrada por no entenderlo.
– Dios, Rukia. – suspiró desesperado. – No puedes ser tan lenta, vamos, piensa un poco.
– Que le den a las matemáticas, seré stripper…– lloriqueó contra la mesa.
– Vamos, no eres tonta, fíjate bien en lo que te expliqué. – le levantó la cabeza con el bolígrafo, tenía una mueca de desagrado.
– ¡Aahhggg! Eres muy terrrco. – gruñó cansada y mirándolo. – ¿Por qué no me dejas copiar y asunto arreglado?
– Esto no funciona así, ¿acaso quieres repetir de nuevo?
La morena se calló al momento, poniendo una expresión seria que preocupó a Ichigo. Quizá dijo algo que no debía, se sintió mal. Trató de arreglarlo, así que cerró los cuadernos ante la atónita mirada de Rukia, y este esbozó una sonrisa tranquilizadora para ella.
– Dejémoslo por ahora. Si te agobias no lo vas a entender nunca. – explicó echándose hacia atrás. – ¿Cenamos ya?
La morena observó algo sorprendida al pelinaranjo y sonrió al entender que era su manera de pedir disculpas. Así ambos se levantaron, y aunque Rukia insistió en que podía cocinar sola, Ichigo era más terco que ella. Prepararon un poco de Tonkatsu con verduras y arroz, ninguno de los dos eran unos excelentes chefs, pero hicieron lo que pudieron. Llevaron todo lo necesario a la mesa y Rukia preguntó desde la nevera sobre la bebida.
– ¿Quieres cerveza?
– Soy un menor, ¿recuerdas? – la morena no pareció escucharlo, porque apareció con dos botellines.
– Oh, vamos, déjame corromperte un poco. – bromeó con doble sentido mientras se sentaba a comer.
– Tsk. – Ichigo no replicó, ya que había entendido a lo que se refería la morena y se sintió avergonzado.
Abrieron los botellines y brindaron, para después ponerse a cenar.
– ¿Y bien? ¿Qué te parece la cerveza? – preguntó curiosa.
– No es la gran cosa… – contestó algo desilusionado.
– Supongo que es hasta que te acostumbres. – se llevó un trozo de comida a la boca. – Si quieres te traigo otra cosa de beber.
– No, está bien así. – dio otro sorbo para que la morena no se preocupase. – ¿Desde cuándo bebes cerveza tú?
– Oh, bebo de vez en cuando, no siempre…pero la primera vez que la probé tendría unos dieciséis años. – confesó.
– Hmmm… – Ichigo no era bueno para sacar temas de conversación, definitivamente.
Sin embargo, durante la cena, tomaron un par de cervezas más, lo que hizo que la lengua se soltase más a la hora de hablar. Empezaron a contarse anécdotas y cosas sobre ellos, conociéndose así más y tomando confianza. Ichigo estaba más relajado, y es que alguien que no estaba habituado a beber nada, la cerveza le hizo soltarse más.
– No deberíamos haber bebido hoy, mañana tenemos que ir a clase. – dijo Ichigo divertido.
– La verdad es que ha sido una pésima idea. – Rukia rió igualmente mientras se terminaba la cerveza. – Juguemos a algo, venga.
– ¿A qué? – preguntó desconfiado.
– Mira, yo doy vueltas a la botella, y si apunta más hacia tu lado, yo te pregunto algo. Y si apunta más hacia el mío, yo respondo. – explicó tumbando el botellín vacío de cerveza. – ¿Te parece bien?
– Bueno…– accedió temeroso pero interesado.
– Bien, ahí va. – la botella giró y ambos la miraron atentos. Finalmente se paró frente a Ichigo.
– Bueno, lo tienes amañado. – se quejó bromeando. – Pregunta.
– Hmmm. – pensó unos instantes. – ¿Por qué si llegaste a besar a una chica no llegaste a más?
– Sabía que preguntarías algo así.
– De eso se trata. – se rió. – Ahora contesta.
– Bien… era una chica que me gustaba, pero como era muy tímido nunca me atreví a decirle. – dio un sorbo a su cerveza y continuó. – Al final resultó que se mudaba de ciudad y no nos veríamos más, así que ese día la besé así sin más. Actué por impulso. Y bueno, como comprenderás, no tuvimos mucho tiempo de hacer nada más. Ni siquiera fuimos novios.
– ¿Qué edad tenías?
– Ah, ah, ah, ah. – negó. – Gira la botella.
La morena hizo un puchero y giró el botellín. Esta vez apunto hacia ella.
– Bien, me toca. – sonrió conforme. – ¿Eres virgen?
– ¡Vaya! El pudoroso Ichigo se desmelena con tres cervezas. – bromeó riendo. – Tendré que apuntarme eso para un futuro.
– Responde. – ignoró la burla.
– No, no lo soy. – confesó con tranquilidad.
Esta vez fue Ichigo quien giró la botella sin que ella pudiese decir nada más. Volvió a apuntar a la muchacha.
– ¿Qué edad tenías?
– Dieciséis.
Volvió a girarla ansioso de preguntarle más cosas a la morena, pero esta vez le apuntó a él.
– ¿Qué edad tenías tu cuando la besaste?
– Dieciséis…– contestó avergonzado y mirando hacia otro lado.
– Oh, no te avergüences, yo también mi primer beso a los dieciséis. – lo tranquilizó dándole unas palmaditas en la espalda.
– ¿Con la misma persona con la que la perdiste?
– La botella. – canturreó divertida.
Se giró una vez más, le apuntó a él.
– ¿Te enamoraste de esa chica?
– No creo…es decir, no sé. – no supo explicarlo. – Me gustaba mucho, pero dos casi dos años después sin vernos no es que haya sufrido mucho por ello.
Giró de nuevo y le tocó responder a Rukia.
– ¿Tu primera vez y tu primer beso fue con el mismo hombre? – preguntó curioso.
– Sí…– contestó algo desanimada.
– ¿Qué edad tenía él?
– Shh. Conoces las reglas. –apuntó con su dedo a la botella y rezó por que no le tocase a ella de nuevo.
Tuvo suerte pues le tocó a él, pudiendo así librarse de contestar esas preguntas. Se había cansado de hablar de ella, y más aún de ese tema, así que supo por donde escaparse. Esbozó una sonrisa de medio lado y se apoyó en la mesita para acercarse a Ichigo. Este se puso algo nervioso pero mantuvo la mirada.
– ¿Te gustó lo del sábado?
Ichigo se tensó al recordarlo y sus mejillas se encendieron ligeramente. Terminó de un trago lo poquito que quedaba de su cerveza, se recostó en la cama como respaldo y se dispuso a contestar.
– Sí. –admitió con valor. – ¿Y a ti?
– Claro…– salieron del juego. – Para haber besado solo una vez, lo haces bastante bien.
– G-gracias…
Como la vez anterior, la morena gateó hasta el lado en el que se encontraba Ichigo. Sin pedir permiso, se sentó de igual manera sobre él, mirándolo fijamente y rodeando su cuello con sus brazos.
– ¿Qué te parece si acabamos lo del sábado? – susurró contra su oído.
– Y-yo…– la calidez de la respiración de Rukia contra su cuello no se lo ponía fácil. – n-no sé…
– ¿No sabes? – preguntó divertida encarándole.
– ¿Tú quieres…? – preguntó con voz temblorosa.
– ¿Tú qué crees? – rebatió divertida mientras se movía suavemente encima de él.
Algo estaba empezando a crecer en los pantalones del muchacho, pero a Rukia no parecía importarle en absoluto. De hecho, parecía que le agradaba ya que se frotaba con más ímpetu con su erección. La verdad es que falta de ganas hacerlo no tenía, al contrario, pero tenía los nervios de la primera vez. Él nunca había hecho nada de eso más que con su mano, y temía no poder dar la talla.
– Sí…es sólo que, bueno…– Rukia lo miraba atenta esperando a que dijese algo. – Ya sabes que nunca…he hecho…eso.
– Así que se trata de eso…– la morena se levantó de encima suyo con una sonrisa tranquilizadora, dejando una vez más una ligera imagen de su ropa interior húmeda. – Ven.
Ichigo obedeció y se levantó, esperando indicaciones de Rukia. La morena hizo que se subiese en su cama, haciendo ella después igual y mirándolo fijamente. El la observó ahí en frente de él, con esa sonrisa pícara y las intenciones muy claras. De verdad que no sabía cómo hacer, no era alguien que abusara del porno o de los mangas hentai como para saber demasiado cómo actuar ante algo así. Pero Rukia sí.
– ¿Qué es lo que tanto dudas? – preguntó curiosa.
– No sé por dónde empezar…– confesó mirando hacia otro lado avergonzado.
– ¿Qué te parece… si yo te voy explicando la teoría mediante la práctica?
Preguntó acercándose a él seductoramente, echándole hacia atrás hasta dejarlo recostado y así poder subirse encima. Ichigo se sentía muy tenso, pero con muchas ganas de besarla y seguir sus instrucciones, por lo que se animó a posar sus temblorosas manos en las caderas de ella para apretarla más contra su dureza. Rukia sonrió complacida ante ese arranque de valentía.
– Me parece bien…
¡Bendito el viento que aquel día decidió volar la ropa interior de esa mujer a su terraza!
Continuará…
¡Lo sé! ¡Soy muy malvada! Por favor, no me maten. Tuve que obligarme a cortar acá el capítulo, porque sino no iba a poder parar de escribir y quiero que los capítulos tengan más o menos la misma duración (excepto el primero, que era una introducción) Pero les prometo que actualizaré rápido como he estado haciendo con estos tres capítulos, así que por favor, no me odien mucho.
Tengo pensado, aunque no sé como se me de, dibujar esta historia como un manga. Todavía no sé si con Ichigo y Rukia, o adaptándola a personajes propios. No sé si en alguno de ambos casos les interese, pero lo dejo caer. :)
Debo avisar que no sé por qué, pero Fanfiction me anda fallando. No sé si sólo a mi, pero como les dije en el cap anterior, a parte de que en algunos sitios desaparezcan palabras de mi historia, ahora no me aparecen los reviews. Es decir, el número es correcto, porque los leo por el correo, pero no me aparecen cuando entro, por lo cual no los puedo responder. Si a alguien le pasa igual, díganmelo, porque esto es muy raro y ya no sé si sea cosa mia o que tengo algo mal en la configuración.
En fin, eso es todo por ahora, me pusieron muy feliz todos vuestros reviews. Me asombra la aceptación que esta teniendo mi fic, y me hace tener más ganas de escribir, por lo que ya saben. No olviden la formula: Más reviews = Más felicidad = Actualizar más rápido
Nos vemos muy pronto, lo prometo. Y espero sus reviews con vuestra opinión sobre este capítulo :D
Con cariño
Atte: HanaBerry
