La chica de al lado
.
Capítulo 4
.
Advertencias:
- Universo Alterno
- Contenido sexual explícito
.
.
Anteriormente…
– ¿Qué es lo que tanto dudas? – preguntó curiosa.
– No sé por dónde empezar…– confesó mirando hacia otro lado avergonzado.
– ¿Qué te parece… si yo te voy explicando la teoría sobre la práctica?
Preguntó acercándose a él seductoramente, echándole hacia atrás hasta dejarlo recostado y así poder subirse encima. Ichigo se sentía muy tenso, pero con muchas ganas de besarla y seguir sus instrucciones, por lo que se animó a posar sus temblorosas manos en las caderas de ella para apretarla más contra su dureza. Rukia sonrió complacida ante ese arranque de valentía.
– Me parece bien…
.
.
Las manos de Rukia masajearon el pecho de Ichigo con lentitud, sintiendo bajo las yemas de sus dedos los músculos que había podido ver en las duchas. Lo acarició al compás de los roces que provocaban sus intimidades, sin dejar de mirar al mojigato adolescente a los ojos. Se veía nervioso pero decidido.
– Desabróchame la camisa…– ordenó la morena.
Ichigo asintió obediente, incorporándose lo suficiente para alcanzar la camisa de la chica. Le desabrochó primero el lazo rojo que tenía en el cuello, tirando de él y echándolo al suelo con cuidado. Rukia sonrió ante la delicadeza del pelinaranjo y no paró de moverse sobre su erección. La camisa poco a poco fue quedando abierta, dejando al descubierto un sostén rosado. La propia Rukia se sacó la camisa, tirándola en el mismo lugar que el lazo. Agarró una de las manos de Ichigo y la llevó a sus pechos.
– Tócalos…– susurró tras un suspiro provocado por el tacto de sus grandes manos.
– ¿Así…? – preguntó inseguro de cómo lo estaba haciendo.
La morena dio un suave gemido de aprobación ante las caricias que el pelinaranjo le estaba propinando. El chico pareció animarse, ya que apretó y masajeó ambos pechos con más vehemencia que al principio. Las respiraciones agitadas de ambos cada vez que hacían más presentes en la habitación.
– Bésalos…– rogó Rukia
El pelinaranjo aceptó encantado y comenzó a besar la parte expuesta de piel que dejaba al descubierto su sostén. Con la cabeza enterrada entre sus pechos, pudo apreciar aún más el embriagador aroma de Rukia. Mientras, pasaba una mano por su espalda, acercándola más a él en lo que besaba su pecho y subía por sus clavículas, y con la otra, amasaba uno de sus senos. Las manos de Rukia se dedicaban a acariciar el anaranjado cabello del muchacho entre suaves gemidos por sus atenciones. Aquellos ruiditos solo aumentaban la confianza de Ichigo y el tamaño de su pene, por lo que se atrevió a dar un paso más por sí mismo. La mano que estaba en su espalda subió hasta el broche de su sostén, intentando desabrocharlo con dificultad.
– ¿Necesitas ayuda…? – preguntó Rukia divertida.
– No, puedo solo…– gruñó para después dar un suave mordisco al cuello de la chica, y ya de paso, ojear detrás de su espalda.
– Hm…bueno…– suspiró al sentir la mordida del cuello.
Tras forcejear un poco más, consiguió deshacer ese enganche del demonio. Se hizo hacia atrás para poder observarla bien y la miró esperando su aprobación. La morena se acercó a sus labios, besándolo y jugueteando con su lengua. Después de mantenerse así un rato, se separó de él tras un mordisco en su labio inferior.
– Quítamelo…– susurró mientras terminaba de desabrochar la camisa de él pelinaranjo.
Tragó duro mientras observaba el sostén y se dispuso a quitarlo. Se mordió instintivamente los labios por el nerviosismo y la blanquecina piel de Rukia fue quedando al descubierto. Pudo ver como sus pechos estaban coronados por unos rosados pezones que se marcaban excitados, y sintió como su pene se endurecía más si era posible.
– Lam-…ah…
No le dio tiempo a ordenarle nada, pues Ichigo se adelantó y sin pedir permiso, no pudo evitar llevarse uno a la boca. Lo saboreó con ímpetu, amasando el otro pecho desatendido con su mano. Aquello pilló de improvisto a Rukia, y le sorprendió más aún la maestría con la que el muchacho se estaba empezando a desenvolver. Aquellas atenciones que le estaba proporcionando, animó a la morena a moverse más violentamente contra su erección. Buscaba más contacto con él, así que lo separó con delicadeza de sus pechos entre jadeos agitados.
– ¿Ocurre algo…? – preguntó el pelinaranjo.
– No…– sonrió mientras se bajaba de encima. – Sólo quiero quitarte los pantalones…parece que te aprietan un poco.
Ambos miraron la abultada erección de Ichigo y sonrieron.
– Sí…un poco.
La morena, desnuda de torso para arriba, se acomodó entre las piernas de Ichigo y comenzó a desabrochar el pantalón con lentitud, rozando intencionalmente su erección. Ichigo sólo se hizo hacia atrás, disfrutando la sensación del tacto de otras manos sobre su pene. La muchacha por fin pudo liberar la erección del pelinaranjo de la cárcel de sus pantalones, dejando ver los bóxers grises abultados, los cuales bajó de igual manera. Su erección se irguió ante los ojos de la morena, totalmente dura y rígida. Rukia se mordió el labio inferior involuntariamente al ver bien de cerca el tamaño del pene de Ichigo. Si bien no era la primera vez que lo veía, en esa ocasión no pudo fijarse bien del todo, y ahora se llevó una agradable sorpresa
– ¿Te gusta esto…? – preguntó sugerentemente Rukia mientras acariciaba con sus dos manos la erección de Ichigo, comenzando a masturbarlo despacio y fuerte. La pequeña mano de la morena rápidamente comenzó a estar húmeda por los fluidos de Ichigo. El chico jadeó y cerró los ojos ante lo que Rukia estaba haciendo, asintiendo lentamente. – Quiero que ahora me lo hagas tú a mí…
Se puso de pie en la cama, ante la atenta mirada de Ichigo, y se quitó la falda quedando únicamente en las bragas que conjuntaban con el sostén. Con una suave sonrisa se volvió a echar al lado de Ichigo, esperando que reaccionase y se acercase a él. Este se recostó agitado sobre su propio costado y la observó de arriba abajo, deleitándose con su cuerpo semidesnudo. Rukia lo incitó, mordiendo su labio inferior con suavidad y esperando que la besase. Así lo hizo, la besó profundamente y se trató de pegar lo máximo posible a ella, volviendo a darle atención suficiente a sus pechos antes de bajar. Y para que mentir, se había encariñado con aquel par.
La mano de Ichigo vagó despacio por el medio del estómago de Rukia, bajando hasta su vientre y llegando al borde de sus bragas. Temeroso pero con ganas, acercó sus dedos a la fuente de calor y humedad que desprendía la intimidad e la muchacha, acariciándola despacio por encima de la tela. El tacto le resultó agradable y, aún con la tela de por medio, pudo sentir lo mojada que estaba. La tocó así durante unos momentos, siguiendo el ritmo que marcaban los gemidos de la morena.
No podía creer que aquella mujer a la que había escuchado gemir a través de la pared, ahora estuviese escuchándola en directo, viéndola retorcerse de placer y además, siendo él el que estaba provocando esos gemidos.
– Hazlo por dentro…– pidió con voz suave y agitada.
– S-sí…– algo cohibido, hizo caso e introdujo sus dedos dentro de las bragas y se sorprendió al ver lo mojada que estaba. Nunca había experimentado nada así. Lo movió igual que lo hizo cuando estaba por fuera, sin saber muy bien qué hacer. Tocaba y acariciaba sus húmedos labios vaginales, repitiendo el movimiento de fricción.
– Toca acá un poco…– Rukia agarró la mano del chico con delicadeza y la subió un poco hasta que posicionó los dedos de Ichigo en su clítoris. – No lo toques directamente mucho rato, con delicadeza…juega con él, altérnalo con los labios…– explicó entre suspiros.
Ichigo asintió y concentrado en su trabajo hizo lo que ella explicó lo mejor que pudo. Al parecer y por la manera en la que Rukia se arqueaba y gemía, lo estaba haciendo bien. Además que parecía que estaba empezando a mojar más, lo que lo hizo sentir orgulloso.
– Mételos…– pidió mirándolo.
Este tomó aire e hizo lo que le pidió. Siguió el recorrido que marcaban sus labios vaginales hasta su centro, y pudo sentir que el hueco donde tenía que introducir sus dedos estaba lo suficientemente dilatado y húmedo como para albergar algo más que eso. Introdujo dos de sus dedos en la cavidad, sintiendo su calidez y como sus paredes se amoldaban a sus dedos. Rukia gimió más sonoramente, cuando el chico encontró un punto en concreto él solo. Trató de recordar para ocasiones futuras, que la pared anterior que está al entrar en la vagina, era dónde la morena se volvía más sensible.
Rukia interrumpió al chico, quien había estado tocándola y mirando hacia la zona de las bragas sin hacer nada, besándolo con fuerza. Un beso profundo en el que sus lenguas batallaron ansiosas, sin parar de estimular a la muchacha. La morena quiso más, y con fuerza de voluntad, retiró el brazo de Ichigo de su vagina, bajándose ella misma las bragas y tirándolas lejos de la cama. Por fin pudo verla completamente desnuda y fue un espectáculo maravilloso.
– Quiero hacerlo ya…– confesó subiéndose encima de él y frotando sus sexos desnudos con ansias. Debido a lo mojada que se encontraba, el pene de Ichigo se deslizaba con facilidad por fuera, haciéndolo gemir igual que ella. – ¿Estás listo?
– Sí…– asintió mientras posaba sus manos en las caderas de ella, ayudándola a subir su trasero para acomodarse.
– ¿Tienes alguna clase de enfermedad, ya sabes…?– Ichigo negó con la cabeza convencido. – Bien, yo tampoco…
Agarró con fuerza el duro y mojado pene del pelinaranjo y lo guió hasta la entrada de su cavidad. Una vez con la punta bien ubicada, se dejó caer con lentitud observando la reacción del adolescente. Este cerró los ojos y compungió el rostro por el placer, gimiendo roncamente y apretando sus caderas. Rukia gimió también satisfecha, juntando sus nalgas con los muslos de Ichigo, llenándose por completo y quedándose así unos segundos. La verdad que era más grande que la media y eso, la morena pudo notarlo agradablemente.
– ¿Te gusta…? – preguntó sonriente y agitada.
– Me encanta…– admitió a duras penas entre jadeos. Aquella presión que ejercían las paredes de Rukia era demasiado buena.
– Ahora te va a encantar más…
Tras dedicarle una sonrisa de medio lado, la morena comenzó a moverse sobre él, sacando y metiendo su pene de su interior, creando una placentera fricción. La escena para Ichigo era una que quería grabar a fuego en su memoria, y es que ver a Rukia desnuda, moviéndose sobre él, era algo que echaría de menos en sus solitarias noches. Los pechos de la chica se movían al compás de los movimientos que hacía sobre él, arriba y abajo, cabalgándole hacia la locura.
Las manos de Ichigo se aventuraron hasta el trasero de ella, amasándolo con fuerza y ayudándola a moverse. Aquello sorprendió gratamente a Rukia, quien tan solo se movió con más ímpetu sobre él. El pelinaranjo empezó a intentar llevar las riendas, moviéndose debajo de ella y profundizando las embestidas por su cuenta. Pudo notar en el rostro de la morena que era algo que no esperaba, ya que sus gemidos se hicieron más fuertes, y sus ojos se cerraron con fuerza.
– Aprendes…rá…pido…– comentó Rukia a duras penas entre jadeos.
– Rukia…v-voy a…– un gemido ronco se escapó de sus labios, apretando su trasero.
– Hazlo…– incitó al muchacho moviéndose más profundo y rápido.
– P-pero… no traigo puesto…– trataba de referirse al preservativo, pero la morena lo cortó.
– Hazlo. – ordenó tras un gemido, arañando con suavidad el pecho de Ichigo.
Como un buen alumno, el muchacho obedeció, moviéndose violentamente dentro de ella hasta culminar. Pudo notar como la estrechez de Rukia lo apretaba cada vez más, y no pudo aguantar más. Si bien había entrenado con su mano y duraba bastante, ahora estaba dentro de algo mucho más placentero. Tras un gemido, el muchacho se corrió en su interior, provocando que Rukia arquease su espalda hacia atrás, al igual que su cabeza, sintiendo la calidez de Ichigo dentro de ella.
Aprovechó los minutos posteriores en los que el pelinaranjo continuaba duro y se movió lentamente, alcanzando el orgasmo momentos después ante la atenta mirada de Ichigo, quien pudo sentir los espasmos de la morena. La chica sacó su miembro de ella, levantándose a regañadientes y se echó al lado del chico, tratando de recobrar la respiración. Ichigo no daba crédito a lo que acababa de suceder, así que miró hacia ella, observándola agitada, con los ojos cerrados y totalmente desnuda.
– ¿Qué tal tu primera vez? – preguntó sin abrir los ojos con tono divertido y cansado.
– Mejor de lo que esperaba… – confesó mientras la chica lo miraba finalmente con media sonrisa. – ¿Qué te pareció a ti?
Rukia rió.
– Mejor de lo que esperaba. – se recostó sobre su costado para verlo mejor, apoyando su cabeza en la mano. – Tienes potencial, Ichigo.
– ¿Acaso es una entrevista de trabajo? – alzó la ceja divertido.
– ¿Quieres trabajar para mí? – insinuó divertida, haciendo reír al pelinaranjo. – Porque tendré que enseñarte más, entonces.
– Ah, ¿hay algo más que no me enseñaste? – preguntó siguiendo el juego.
– Hay muchas cosas que no te he enseñado. – agarró la mano de Ichigo, dirigiendo uno de sus dedos a sus labios y lamiéndolos lentamente, mirando fijo al muchacho. Este quedó boquiabierto observándola. – Esto te lo enseñaré en la siguiente lección, quizá.
Ichigo se sonrojó, mirando de nuevo hacia el techo y cayendo en cuenta de algo importante que había ocurrido minutos antes.
– Oe, ¿no es peligroso que me haya venido así…? – la miró serio.
– Tranquilo, tomo las anticonceptivas. – contestó con tranquilidad, tumbándose boca abajo.
– ¿Acaso haces esto con frecuencia…? – había un toque de desilusión en su tono de voz.
– De hecho no, llevaba mucho tiempo de sequía. – suspiró con fingida tristeza. – Mi menstruación siempre fue muy irregular, por eso mi ginecólogo me recomendó las anticonceptivas. Y bueno, ya que las tomo, les daré algo de provecho. – rió
– ¿Por qué hiciste esto conmigo…? – preguntó Ichigo curioso, tumbándose igual que Rukia.
– Me atraes sexualmente más de lo que crees. – confesó sonriendo tranquila. – Además, eres muy tierno cuando te pones pudoroso.
– ¿Te acostaste conmigo porque te parecí tierno? – Ichigo rió cansado.
– Fue una de las razones.
– ¿Cuáles fueron las demás?
– ¿Cuáles fueron las tuyas? – contraatacó rápida.
– Bueno, fuiste tú quien se me subió encima, no pude razonar mucho.
– Ah, no te hagas el inocente ahora. – le dio un empujón.
– Pues, a estas alturas es más que obvio que me atraes. – confesó sonrojándose levemente.
– ¿Ves? Eres tan tierno e inocente. – comentó divertida. – Siento que me aproveché de ti.
– ¡De eso nada! – gruñó con su orgullo herido mientras Rukia se reía.
Se quedaron en silencio unos minutos, la morena estaba empezando a quedarse dormida por la relajación, pero Ichigo no paraba de pensar en una cuestión. Habían tenido sexo, ¿qué significaba eso ahora? Es decir, ¿qué clase de relación tenían? La morena no parecía muy interesada en ese punto, pero a él le gustaría tener las cosas claras para no hacerse falsas ideas. Giró la cabeza y se encontró a una Rukia medio dormida.
– Oe, Rukia. – llamó con suavidad.
– ¿Hm…? – contestó somnolienta abriendo un ojo.
– ¿Qué pasará ahora? – su voz era seria y tranquila, por lo que Rukia se incorporó ligeramente sobre sus antebrazos, tras dar un bostezo.
– ¿Sobre qué?
– Esto, lo hicimos, ¿y ahora qué? – insistió.
– Lo haremos cuando nos apetezca, ¿no te parece bien? – propuso con naturalidad la chica, mirando curiosa a Ichigo. – Sin compromisos.
Así que se trataba de eso. No fue más que sexo sin compromiso. Ichigo caviló la opción, y si bien no la conocía de hace tanto tiempo como para tener algo serio, tampoco sabía si quería una relación de ese tipo. Rukia notó esa guerra mental que Ichigo tenía por dentro, así que trató de ayudar.
– No tiene nada de malo hacer esto. – llamó la atención del pelinarajo. – Me gustas, te gusto, la pasamos bien. Eres libre de irte cuando quieras si encuentras a alguien mejor.
– Entiendo. – contestó Ichigo tumbándose de nuevo boca abajo.
– ¿Entonces? – preguntó ella dándose la vuelta y mirando al techo tranquila.
Ichigo guardó silencio unos segundos mientras pensaba y lo convenció. Sería interesante y una forma de ganar experiencia para dejar de ser un mojigato, además…con el tiempo conocería mejor a Rukia y quien sabe que podría pasar. Aunque la forma de hablar de ella no denotaba que tuviese intenciones de entablar una relación seria de ningún tipo.
– Está bien. – aceptó con tono suave y cansado.
Él también estaba empezando a sentir sueño, y sus ojos se fueron quedando cerrados por momentos. Después de correrse y toda la actividad que precisó para ello, había quedado muy relajado, y el estar desnudo al lado de Rukia también era una sensación agradable. Podía oler su aroma, y también la calidez que desprendía su cuerpo. Así, sin darse cuenta, cayó en los brazos de Morfeo.
Pero Rukia permanecía despierta, mirando el techo en la oscuridad. Le sorprendió que Ichigo insistiese en ese tema, pues creyó que era algo bastante claro. Pero al cavilar algo serio con él, sintió un escalofrío por la espalda. No era que ese chico no le gustase, pero no estaba preparada para una relación de verdad, menos aún con un chico que no conocía bien del todo. Sin embargo, sentía tranquilidad junto a él, y confianza. Podía apostar que aquel muchacho era una buena persona y prudente.
Lo miró y lo vio durmiendo como un bebé. Sonrió ante la escena y con cuidado de no despertarle, se levantó y echó una manta cubriendo su desnudez, no sin antes echar un vistazo a su espalda y bajando hasta su trasero. Una vez dejó al muchacho cubierto, miró toda la ropa que había esparcida por el suelo, agarrando la camisa de Ichigo y poniéndosela cual vestido. Iba a volver a la cama a dormir, pero se fijó en la cartera del chico.
Sobresalía el cuaderno de matemáticas. Miró de nuevo al pelinaranjo para comprobar que estaba dormido, y una vez cerciorada, tomó prestado su cuaderno, copiando los ejercicios que no había terminado. Lo tomaría como pago por el sexo, no podría quejarse. Y de todas formas, no se iba a enterar.
.
.
El sonido de un despertador que no era el suyo lo despertó, abriendo los ojos poco a poco acomodándose a la luz, cuando cayó en cuenta que esa no era su habitación. Al abrir los ojos y girar la cabeza, se encontró con la espalda de Rukia. Estaba sentada en el borde de la cama, alcanzando el despertador para apagarlo. Se incorporó y notó un leve zumbido en la cabeza, quizá por las cervezas de la cena. Era un flojo que no aguantaba nada. La morena notó que el chico se había incorporado y se giró somnolienta pero con una leve sonrisa.
–Buenos días – dijo mientras bostezaba con su cabello despeinado.
– ¿Qué hora es? – preguntó estirándose.
– Tarde. Esta era la tercera alarma. – contestó con tranquilidad. – Como no nos demos prisa, llegaremos tarde.
– ¿Qué?! ¿Y por qué estás tan tranquila?! – se levantó de golpe sin recordar que estaba desnudo.
Rukia se quedó mirando su entrepierna con media sonrisa.
– Que agradable mañana, ¿cierto? – bromeó, haciendo que Ichigo se diese cuenta y se tapase con las manos. – Ah, venga, anoche hice algo más que vértela, no la tapes, ¡déjala libre!
– ¡Cállate! – masculló buscando sus bóxers y poniéndoselos.
Rukia lo imitó, poniéndose sus bragas y buscando la falda. Ichigo con los pantalones ya colocados, buscó su camisa sin éxito. Empezó a exasperarse al ver la falta de tiempo y que no encontraba la prenda que le faltaba.
– Oe, ¿y mi camisa? – preguntó mientras buscaba debajo de la cama.
– Toma, idiota. – la chica, con todas las prendas de abajo ya puestas, se desabrochó lentamente la camisa de Ichigo que tenía puesta. Ichigo observó cómo sus pechos quedaron al descubierto y se quedó embobado. –¡Pero agárrala! – entre risas Rukia agitó la camisa que le estaba tendiendo.
– S-si. – sonrojado por su reacción, recibió la camisa y se la puso.
Olía a ella…
Terminaron de vestirse por completo, y agarraron algo de comida para desayunar por el camino. Si se quedaban a desayunar en casa no llegarían. Ni siquiera así llegarían a tiempo, pero al menos no tardarían tanto. Iban corriendo por la calle, comiendo a la vez el desayuno. Rukia iba por delante, y a Ichigo le estaba costando seguirle el ritmo. Ella sin embargo, iba como si nada, sin esfuerzo. Aunque el pelinaranjo estaba en muy buena forma física gracias al fútbol, la pequeña morena lo superaba en velocidad.
– ¿Qué? ¿Ya estás cansado? – preguntó mirando hacia atrás con superioridad.
– Para nada. ¿No conoces el dicho de las damas primero? – puso como excusa.
– ¿El dicho de las damas primero? ¿Ese de dejar pasar primero a una mujer para verle el trasero? – comentó divertida sin dejar de correr. – Que sucio, Ichigo. ¿Acaso me quieres ver el trasero?
Se burló del pelinaranjo creyendo que se sonrojaría y gruñiría molesto como hacía siempre, pero para su sorpresa, el chico contestó altanero.
– Ahora ya no necesito excusas para verte el trasero, ¿o sí?
Rukia se sorprendió, aminorando la marcha y con una sonrisa incrédula en el rostro ante la respuesta del chico. Ichigo aprovechó que ralentizó la marcha para adelantarla con una media sonrisa de superioridad. La chica le gritó al darse cuenta de que ahora él iba primero y volvió a acelerar. Así, entre juegos llegaron al centro diez minutos tarde. No había nadie en el exterior, ya habían entrado en clases, por lo que rezaron que la profesora Unohana tuviese piedad con ellos. Al fin llegaron a la puerta y pelearon por decidir quién tocaba la puerta, pues ninguno de los dos se atrevía a interrumpir a la maestra. Finalmente, Rukia llamó.
– Disculpe, profesora Unohana. –abrió la puerta después de escuchar un adelante. – ¿Podemos pasar?
– Kuchiki, llega tarde. – no se había percatado de que Ichigo estaba con ella hasta que este dio un paso adelante. – Vaya, Kurosaki, tú también.
– Disculpe, profesora Unohana. – se disculpó también el pelinaranjo con una reverencia.
– Qué casualidad que los dos hayan llegado tarde a la vez. – insinuó tranquila analizándolos.
Pudo escuchar como los cuchicheos entre sus compañeros se hacían presentes.
– Fue mi culpa, profesora. – asumió Rukia. – Kurosaki y yo vivimos cerca, y siempre me acompaña a clase, pero hoy me dormí y él me estuvo esperando.
– Pueden sentarse, pero ambos tienen falta por su impuntualidad. – sonrió la mujer a pesar de lo que estaba diciendo.
Los chicos asintieron y fueron a sus asientos al final de la clase. Pudo notar las miradas de sus compañeros en ellos, tratando de averiguar algo para tener el cotilleo de la semana. Y lo más probable es que se tratase sobre si ellos eran pareja. De hecho hasta sus propios amigos le preguntaron directamente, a lo que Rukia, con toda la tranquilidad del mundo, lo negó. Al parecer todos la creyeron, porque no volvieron a preguntarle nada.
La semana pasó rápido entre entrenamientos y demás. Ichigo y Rukia solían hacer la tarea en la casa del otro, alternándose, y de vez en cuando comenzaban a calentarse, pero Ichigo siempre lo cortaba. No porque no quisiera, sino porque la morena usaba esa táctica para librarse de hacer la tarea de matemáticas. Además, después de la última vez, no era buena idea volver a hacerlo entre semana, o seguirían acumulando faltas por impuntualidad.
El viernes llegó lento, o al menos eso le pareció a Ichigo. El grupito de amigos de clase habían decidido quedar a la salida de clase para ir a casa de Ichigo, enterándose así que Rukia era su vecina. Sin embargo, Rukia tuvo que declinar la oferta alegando que había quedado y tenía que prepararse para salir. El pelinaranjo no hizo más preguntas, pero una vez llegaron a su casa, sus amigos lo acribillaron.
– ¿Cómo no nos dijiste que vives justo al lado de Kuchiki, Ichigo suertudo desgraciado? – lloriqueó Keigo.
– No lo vi relevante. – contestó dando un trago a su refresco.
– ¿Cómo no? – insistió el joven.
– Pues no. Es mi vecina y ya, ¿es que acaso no tenéis vecinos?
– Viviendo tan cerca seguro pasan tiempo juntos. – insinuó Mizuiro.
– Solemos hacer la tarea juntos, sí. – contestó fingiendo tranquilidad y normalidad.
– ¿Sólo la tarea? – Keigo comenzó a propinarle codazos acusadores, ganándose un empujón.
– Sí. –mintió lo mejor que pudo. – ¿Es que acaso no saben hablar de otra cosa?
Cambiaron el tema y pasaron parte de la noche charlando de todo un poco. Fueron varias las insinuaciones que se hicieron aquella noche, sobre todo entre Ichigo y Rukia, pero aunque el pelinaranjo no se dio cuenta, también insinuaron otras cosas con Orihime allí presente. Él, siendo tan lento, no entendió nada, pero todos los allí presentes estaban conscientes de que a Inoue le estaba empezando a gustar el joven Kurosaki.
Sobre todo se notaba en la cara de la chica cuando alguien insinuaba algo entre la Kuchiki y el pelinaranjo. Su rostro se tornaba triste. Además, siempre estaba atenta a lo que Ichigo decía y le reía todo, aunque no tuviese gracia. Pero las mujeres eran un tema que Ichigo apenas estaba aprendiendo a dominar. Así llegaron hasta que el reloj marcó las tres y los chicos decidieron que era hora de marcharse. Ichigo se levantó y los acompañó a la salida.
– Nos vemos el lunes, Ichigo. – habló Mizuiro.
– Gracias por invitarnos, Kurosaki. – agradeció Orihime algo sonrojada.
– No fue nada, nos vemos el lunes. – contestó sin percatarse de nada, como siempre.
Todos se despidieron agitando la mano e Ichigo cerró la puerta tras de sí. Miró la hora y bostezó cansado. Estuvo pendiente de Rukia, y no escuchó la puerta de la entrada abrirse en todo el rato que estuvo con sus amigos. Supuso que seguiría en aquella fiesta hasta tarde. No podía evitar pensar en si en aquel lugar se acostaría también con alguien más sin compromiso, como hizo con él, y no pudo reprimir un sentimiento de celos. Se rascó la nuca molesto por esos pensamientos y decidió que lo mejor sería irse a dormir.
Apagó las luces de la habitación y se vistió cómodo con unos pantalones cortos de deporte y una camiseta ancha que usaba como pijama. Se dejó caer contra el colchón, dándole vueltas al tema de Rukia. Si bien aceptó que entre ellos no habría más amistad y placentero sexo, no podía evitar enojarse al imaginarla con alguien más. Se sintió estúpido por ser tan inocente, revolviéndose el cabello y tratando de centrarse en dormir de una maldita vez. Pero un sonido al otro lado de su puerta lo mantuvo alerta.
Alguien al otro lado estaba intentando entrar, se escuchaba el tintineo de unas llaves queriendo entrar en la cerradura de su apartamento varias veces. Con el ceño fruncido se levantó sigiloso de la cama y caminó despacio hacia la puerta, cuando escuchó las llaves caer al suelo y a alguien farfullar. Se relajó.
– Mierda… ¿qué le pasa a esto...? ¡Ábrete! – se escuchó una voz femenina fuera y por la pronunciación, parecía algo ebria.
El pelinaranjo puso los ojos en blanco al saber quién era, y más tranquilo fue a la puerta y la abrió. Se encontró con una Rukia levantándose del suelo, probablemente tras haber recogido las llaves, como un cervatillo que trataba de mantener el equilibrio. Y no era para menos, calzaba unos altos tacones negros a juego con su corto y ajustado vestido. Cuando la puerta se abrió, la morena miró hacia arriba encontrándose con Ichigo con un gesto de no entender nada.
– Ichigo… ¿qué haces en mi apartamento? – preguntó entrando dentro como si nada.
– Este es mi apartamento, idiota. – contestó mirándola.
Estaba dando suaves patadas para sacarse los tacones sin agacharse, quedando al momento descalza y a su pequeña altura normal. Caminó directa a la habitación, tirando el bolso por el camino y seguida de Ichigo, quien la miraba divertido. Se tambaleaba un poco y el recogido que se hizo en su cabello estaba descolocado, era una curiosa imagen.
– Ups…cierto. Este no es mi apartamento. – llegó a la conclusión después de entrar en la habitación y observar que no era como la suya.
Ichigo llegó tras ella.
– Te lo dije. – se adelantó y se sentó en la cama.
– ¿Te desperté…? – preguntó bostezando y pasando a la cocina a robarle algo de comida.
– No, los chicos recién se fueron hace un momento. – se asomó para ver que hacía en la cocina. – Oe, ¿qué haces?
– Tengo hambre…– apareció de nuevo en la habitación con una cajita de galletas, comiéndoselas a puñados y por lo tanto, hablando con la boca llena.
– Podrías pedir permiso, ¿no crees? – siguió los pasos de la morena con la mirada.
– ¿Quieres? – le acercó la caja de galletas mientras se recostaba en la cama del chico.
– ¿Me ofreces de mi propia comida? – arqueó una ceja divertido.
– Estoy intentando ser educada, pero si no quieres mejor para mí. – volvió a comer de las galletitas, reposando los pies en las piernas de Ichigo.
– ¿Estás ebria?
– Un poquitito…– hizo el gesto con sus dedos y rió. – ¿Te lo hiciste con Orihime?
Ichigo la miró extrañado, lo preguntó directamente y tranquila como si no hubiese dicho nada raro. Lo miraba atenta, terminándose la caja de galletitas, esperando una respuesta. Lo preguntó en serio.
– ¿Qué estúpida pregunta es esa? – frunció el ceño, mirándola. – Estuvimos todos acá, ¿dónde te crees que podría hacerlo? Sólo tengo una habitación.
– ¿Así que si hubieses tenido dónde hacerlo, te la habrías tirado? – preguntó divertida, tirando al suelo la caja vacía.
– ¡Claro que no! – negó enojado. – Es mi amiga, no me gusta, ¿qué te pasa?
– Que idiota, se nota que a ella si le gustas. – dijo entre risas. – Seguro que si le dices, ella lo haría contigo.
– Tsk. Tampoco es que quiera hacerlo con ella. – masculló pasándose la mano por el cabello en busca de paciencia.
Pero el pie de la morena moviéndose sobre su entrepierna le hizo dar un respingo y mirar hacia abajo.
– ¿Y conmigo si quieres hacerlo? – preguntó sugerentemente sin dejar de mover su pie y mordiéndose el labio inferior mientras miraba fijo a Ichigo.
– Estás ebria, Rukia…– dijo con toda la fuerza de voluntad que pudo tras un suspiro y apretando el pie de Rukia para hacerla parar.
– ¿Y qué? – restó importancia sustituyendo el pie por ella misma, frotándose contra la erección que había provocado en Ichigo. – ¿Acaso no quieres?
– Claro que quiero. – admitió agarrando a Rukia por el trasero para levantarse con ella a cuestas, girarse y, con toda la fuerza de voluntad del mundo, soltarla en la cama. – Pero no estás en condiciones.
– Hm, anda…– rogó como niña pequeña, tocando con sus manos la erección de Ichigo para llegar al cordón que sujetaba sus pantalones, desabrochándolo.
– Rukia, para…– suspiró sucumbiendo poco a poco a las caricias de ella. No era de piedra, ni mucho menos.
Y paró. Pero no porque quisiera. Una de sus manos se fue a su boca, tapándosela tras sentir una arcada. Y al sentir la segunda, más fuerte que la primera, se llevó la otra también, levantándose de la cama. Ichigo puso los ojos en blanco mientras ella corría al baño a vomitar. Pudo escucharla echar hasta el primer puré y cuando pareció acabar, se acercó a la puerta del baño, viéndola abrazada al retrete.
– Tienes razón, no estoy en condiciones…–lloriqueó apoyando la cabeza en la taza, rendida.
Ichigo tan sólo rodó los ojos tras un suspiro y se acercó a ella para cargarla.
– Ven aquí, idiota. Agárrate. – como un bebé, la muchacha obedeció, escondiendo el rostro en el cuello de Ichigo.
La llevo cargada cual princesa hasta la cama, dejándola sentada, pero no tardó en caer hacia el lado, tumbándose. Fue a buscar una camiseta lo suficientemente grande que le sirviese de vestido y cuando la encontró, fue a llevársela. Con cuidado la volvió a sentar, dándole indicaciones de que alzase los brazos. La chica, medio moribunda por el alcohol, obedeció, y el pelinaranjo consiguió sacar el vestido. Cuando iba a ponerle la camiseta, la chica habló.
– Quítame el sostén…no me gusta dormir con él… – pidió en tono cansado, echándose hacia adelante para facilitarle el trabajo.
Ichigo lo desabrochó con un poco de dificultad, y se lo sacó. No pudo evitar mirarlos, eran demasiado hermosos, pero no era el momento. Volvió a hacer que alzase las manos y le terminó de poner la camiseta. Le quedaba terriblemente ancha, parecía una niña pequeña, no pudo evitar reír por dentro.
– Ichigo, tengo hambre…– masculló bostezando.
– Será mejor que no comas nada hasta mañana. Recuéstate. – ayudó a que se tumbase con cuidado.
– Ichigo…– lo llamó una vez tumbada, viendo como el chico se tumbaba a su lado dispuesto a dormir.
– ¿Hm? – la miró tranquilo.
– Gracias…– inesperadamente, la chica se abrazó al pecho del pelinaranjo, quedándose dormida en pocos minutos así. Ichigo tan sólo la miró extrañado por la postura que adoptó pero no le desagradó en absoluto.
El chico se acomodó también y miró al techo después de echar un vistazo el rostro dormido de Rukia, se veía tan inocente así. La verdad que era una sensación agradable estar así con ella, por lo que sus ojos se fueron cerrando poco a poco.
– De nada, Rukia…
Continuará...
¡Les prometí lemon y acá lo tienen! Por hoy me salvé de los tomatazos por ser mala y dejarlo en todo lo más intenso. Espero que les haya gustado el capitulo de hoy, Ichigo al fin perdió su pureza y Rukia ebria es un desmadre c':
Me gustaría explicarles el por qué Rukia tiene la personalidad que tiene. No quiero ofender absolutamente a nadie, pero yo personalmente me cansé de ver a Rukia (o cualquier otra mujer) con una personalidad de mojigata. Es decir, que siempre sean las mujeres las inexpertas, las avergonzadas del sexo o su cuerpo, las que no tienen iniciativa... así que esta vez, eso le tocó a Ichigo en cierto modo. Quise hacer a una Rukia decidida, descarada, experimentada y que le vale verga todo. Además, quiero evitar lo máximo posible que mi amada Ruki sea una llorona que hace drama de todo...quiero que sea fuerte, con sus debilidades como todo el mundo, pero fuerte. Espero les guste esta personalidad, porque no la pienso cambiar xD
Con los reviews, de verdad, gracias. No me esperaba tantos reviews y tan lindos. Me gustaría mucho contestarlos a todos, no sé si les pasará a ustedes tambiés, pero no me aparecen los reviews en su sección. Me llegan al correo y por suerte los puedo leer, pero no los puedo responder...lo siento mucho. Pero que sepan que mil gracias, me hacen MUY feliz ^_^
Así que eso es todo, espero todos vuestros reviews con ansia y ya saben, más reviews, más feliz, actualizo más rápido. :D
¡Hasta pronto!
Con cariño.
Atte: HanaBerry.
