La chica de al lado

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Capítulo 5

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Advertencias:

- Universo Alterno

- Contenido sexual explícito

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Anteriormente…

Ichigo…– lo llamó una vez tumbada, viendo como el chico se tumbaba a su lado dispuesto a dormir.

¿Hm? – la miró tranquilo.

Gracias…– inesperadamente, la chica se abrazó al pecho del pelinaranjo, quedándose dormida en pocos minutos así. Ichigo tan sólo la miró extrañado por la postura que adoptó pero no le desagradó en absoluto.

El chico se acomodó también y miró al techo después de echar un vistazo el rostro dormido de Rukia, se veía tan inocente así. La verdad que era una sensación agradable estar así con ella, por lo que sus ojos se fueron cerrando poco a poco.

De nada, Rukia…

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El día llegó, despertando primero a Ichigo con un bostezo. Miró la hora en el despertador, eran las doce del mediodía. Giró la cabeza hacia el otro lado de la cama y vio a Rukia, la cual ya no estaba abrazada a él, sino a la almohada. Su cara estaba hundida en ella, seguramente protegiéndose de los rayos de luz. Tenía una postura muy extraña, boca abajo y con la camiseta subida dejando ver su trasero por culpa de haber alzado demasiado una de sus piernas.

Ichigo decidió no molestarla y dejarla dormir, levantándose con cuidado a la cocina en busca de algo para beber. Por suerte encontró un bote de jugo de naranja en la nevera, del que se sirvió un vaso y se lo llevó a la habitación. Se apoyó en el marco de la puerta corrediza que separaba la cocina del cuarto, y miró a la morena mientras bebía de su zumo. Tremenda cruda tendría cuando despertase, no quería ni imaginarlo.

Algo en el exterior llamó su atención, y es que alguien estaba llamando a la puerta del apartamento de la morena, gritando su nombre al ver que nadie abría. Ichigo decidió ir a ver quién era, asomándose desde la puerta de su apartamento. Al salir, se encontró con un hombre alto y fuerte, tatuado y de cabello rojizo, era extraño. Con su ceño fruncido se enfrentó a él creyendo que era alguien peligroso que buscaba a Rukia.

– Hola, ¿algún problema? – habló serio Ichigo.

– Oh, ¿sabes si se encuentra en casa la chica de este apartamento? – sacó de su bolsillo un teléfono móvil, mostrándoselo. – Soy amigo suyo y anoche se lo olvidó en la fiesta, vine a devolvérselo.

– Oh…– Ichigo se tranquilizó al ver que no era nadie peligroso. – Está en mi casa, voy a llamarla.

– Sí… – el pelirrojo pareció extrañado y se acercó a la puerta de Ichigo, sin llegar a entrar pero tratando de ver más allá del pasillo.

Ichigo entró en su habitación, y movió a Rukia suavemente para despertarla. La chica dio un gemido molesto y se abrazó más a la almohada, ignorando al pelinaranjo. Este puso los ojos en blanco y suspiró, para moverla más fuerte esta vez y llamarla un par de veces, pero seguía igual.

– Rukia, vamos, despierta. Hay un hombre buscándote. – tiró de la almohada, quitándosela a la muchacha.

– Ahhhgg….– Rukia se hizo un ovillo, apretándose la cabeza por la resaca. – ¿Quién es…?

– ¿Cómo voy a saberlo? Vamos, levanta. – la movió de nuevo.

– Mi cabeza…. – lloriqueó incorporándose con cuidado y con los ojos entrecerrados para evitar la luz. – Espera, ¿qué hago en tu cama?

– No recuerdas nada de anoche, ¿verdad?

– Nop…– se sentó en el borde de la cama, sobándose las sienes para luego mirar a Ichigo al darse cuenta que llevaba su camiseta. – ¿Acaso te aprovechaste de mi? – bromeó.

– Más bien tú te quisiste aprovechar de mí. – contraatacó.

– ¿Hicimos algo? – preguntó con tranquilidad.

– Lo intentaste. Luego vomitaste y te dormiste.

– Eso explica este horrible sabor de boca. – hizo una mueca de desagrado. – Qué gran noche, ¿ah?

Ichigo rodó los ojos mientras veía al pelirrojo en la puerta tratando de encontrar a Rukia. Esta al ver que el pelinaranjo miraba hacia la puerta, se asomó, viendo a su amigo. El hombre tatuado, al ver a Rukia con tan sólo una camiseta ancha, frunció el ceño sorprendido.

– ¡Renji! ¿Qué haces aquí? – preguntó tranquilamente, levantándose con cuidado de la cama. El chico tan sólo mostró el teléfono a lo lejos. – ¡Ah! ¿Lo tenías tú? Creí que lo perdí.

La morena recogió su ropa y caminó hacia la entrada, agarrando sus tacones y el bolso. Renji la miró de pies a cabeza y alzó una ceja. Rukia tan sólo dijo "luego te explico" y miró a Ichigo a lo lejos, quien había estado observando las acciones de la muchacha.

– Te devuelvo luego la camiseta, ¿sí? – Ichigo asintió con la cabeza y un monosílabo, mientras la chica cerraba poco a poco la puerta. – Gracias por todo…

Y antes de cerrar le dedicó una sonrisa.

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– ¿Qué se supone que hacías ahí? – preguntó el llamado Renji sentado en la cama de Rukia.

– Me equivoqué de apartamento. – gritó Rukia desde el baño con la boca llena. Se estaba lavando los dientes.

– ¿Qué clase de mentira barata es esa?

Se escuchó a la morena escupir y salió del baño con el cabello mojado de la reciente ducha, envuelta además en una toalla. Renji no se sorprendió en absoluto por eso, estaba más que acostumbrado. Eran amigos de la infancia y conocía de sobra a Rukia. La muchacha se puso a buscar algo de ropa en los cajones.

– No es ninguna mentira. – dijo con seriedad sacando la ropa interior que se pondría y abriendo otro de los cajones. – Estaba muy ebria y por lo visto intenté abrir el apartamento de mi vecino.

– ¿Y tanta confianza tienes con tu vecino que te quedaste a "dormir"? – interrogó curioso y escéptico.

– Resulta que vamos a la misma clase. – sacó unos pantalones y una blusa, girándose entonces con todo lo necesario para cambiarse y mirar a Renji. – Y sí, sólo dormí…o eso creo.

– ¿Eso crees? – el pelirrojo se carcajeó irónico.

– Según él, acabé vomitando y me dormí.

– ¿Y te lo crees?

– Sí. – se puso las bragas sin quitarse la toalla. – De todos modos, si hubiésemos hecho algo no habría sido la primera vez.

Renji abrió los ojos sorprendido ante la confesión de su amiga.

– ¿En serio?

– ¿Por qué mentiría? – habló dándose la vuelta y quitándose la toalla para ponerse el sostén sin que Renji viese nada.

– ¿Estás saliendo con él? – continuó su interrogatorio.

– No, para nada. – cuando el sostén estuvo puesto se giró, mirando divertida a su shockeado amigo y poniéndose los pantalones. – Sólo es sexo sin compromiso.

– ¿Estás segura de eso? – el pelirrojo era la voz de su conciencia.

– Sí. – dio un saltito para subirse del todo los ajustados pantalones, abrochándoselos después. – No sé, me gusta, a él le parece bien el trato, ¿qué problema hay?

– No, ninguno…– miró a su amiga ponerse la camisa y abotonársela. – Espera, ¿dijiste que te gusta?

– Sí, claro. Me atrae mucho física y sexualmente. – confesó con naturalidad.

– ¿Y al margen de eso? – indagó con curiosidad.

– Pues no sé, es un buen chico, me gusta estar con él. – terminó de vestirse y miró a su amigo con los brazos cruzados, estaba empezando a interrogarla demasiado y no le gustaba mucho. – Pero no me apetece entablar nada serio con nadie.

– Venga, Rukia. Deja las excusas para otro, nos conocemos bien. – habló serio Renji, levantándose de la cama con sus brazos igualmente cruzados. Rukia desvió la mirada. – Ya han pasado dos años…

Hubo mutismo entre los dos durante unos segundos.

– ¿Quieres que vayamos a comer fuera? No tengo ganas de cocinar con esta resaca.– cambió el tema radical y descaradamente yendo hacia la entrada a ponerse los zapatos. Renji entendió que tenía que parar de hablar.

– Está bien, pero invitas tú. – bromeó siguiéndola y pasando su brazo por encima de su hombro cariñosamente.

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La familia de Ichigo llegó en la tarde a visitarle, esta vez avisando antes. Sus hermanas iban a quedarse a dormir con él hasta el domingo, e Isshin las recogería entonces. Eran una familia muy unida, aunque en ocasiones pareciese que padre e hijo iban a matarse, pero era parte del encanto. Pasaron una agradable tarde en la que salieron a pasear por los alrededores, charlando y jugando con sus hermanas. Antes de la hora de cenar, su padre decidió marcharse, dejando a sus dos pequeñas con su hermano.

– Volveré en la mañana por vosotras. – besó la frente de ambas y miró a Ichigo. –Cuídalas bien, hijo.

– Lo haré.

– No las dejes solas en casa para irte con tu vecina. – insinuó moviendo sus cejas arriba y abajo.

– ¡Lárgate ya! – farfulló molesto empujándolo fuera del apartamento.

Volvió dentro junto a sus hermanas, y habló tranquilo con Yuzu mientras Karin leía uno de los mangas del pelinaranjo. Pronto llegó la hora de la cena, por lo que los tres fueron a la estrecha cocina en busca de algo que preparar. Por suerte tenía a Yuzu y aunque hubiese poca cosa, la chica conseguiría hacer una cena exquisita. Era maravillosamente buena cocinando, y es que la joven quería estudiar para ser chef. Ichigo la apoyaba en su decisión y se ofrecía como conejillo de indias para probar sus experimentos culinarios encantado.

Estaban lavando unas verduras cuando llamaron a la puerta. Ichigo supuso quien podría ser y se puso nervioso. Sus hermanas la verían y seguramente Karin lo molestaría después. Era igual de molestosa que su padre, pero ella era más sarcástica y mordaz. La temía a pesar de que fuese menor que él.

– V-voy a abrir. – sus hermanas asintieron y cuando el chico se fue a abrir, ambas espiaron.

Adivinó bien, pues quien estaba en el otro lado de la puerta era Rukia con lo que parecía su camiseta en las manos.

– Hey, Ichigo. – entró con confianza como si nada, sin saber que había gente. – Te traigo tu camiset…a.

Paró al entrar en la habitación y ver a sus dos hermanas fingiendo no haber estado cotilleando. Ichigo entró detrás, sobándose las sienes al no haber podido advertir a Rukia primero de que tenía visita. Karin y Yuzu observaron fijamente a la morena, analizándola por completo y preguntándose qué hacía esa mujer con la camiseta de su hermano. Pero la muchacha consiguió reaccionar a tiempo antes de que Ichigo dijese alguna estupidez.

– ¡Oh, tienes visita! Disculpen. – fingió una voz que nunca había escuchado de niña buena y se reverenció frente a sus hermanas, sonriente. – Sólo venía a devolverle la camiseta a Ichigo, se le voló ayer con el viento.

Mintió. La hermana rubia se lo creyó por completo, pero Karin entrecerró los ojos escéptica.

– El viento vuelta muchas cosas por acá…– masculló casi inaudiblemente.

– Encantada de conocerte, esto…– habló Yuzu.

– Rukia, Rukia Kuchiki. – se presentó amablemente. – Soy la vecina de Ichigo.

– ¡Encantada Rukia! Yo soy Yuzu, y esta es mi gemela Karin. – la hermana morena alzó la mano. – Somos las hermanas de Ichigo.

– Oh, así que ustedes son las hermanas de Ichigo. – el pelinaranjo se estaba poniendo nervioso con el tono de voz que estaba fingiendo Rukia. – Tenía ganas de conocerlas, Ichigo me habló mucho de vosotras.

– ¿Sí? – la rubia parecía emocionada. – Espero que haya hablado cosas buenas.

– Por supuesto. – ambas rieron, mientras Karin miraba fijamente a Ichigo de forma acusadora. El mayor de los hermanos desvió la mirada enojado. – Bueno, no molesto más, volveré a mi casa.

Hizo una reverencia y se dispuso a irse, cuando la hermana más amable de Ichigo habló.

– ¡Hey, Rukia! – la chica paró y se giró. – ¿Te gustaría cenar con nosotros?

– ¡Yuzu! Rukia debe estar ocupada, no la entretengas. – interrumpió un nervioso Ichigo, agarrando por los hombros a Rukia y arrastrándola hacia atrás. La morena sin embargo se deshizo del agarre y volvió hacia donde estaba.

– ¡Me encantaría! – accedió sin hacerse rogar, haciendo que Ichigo empalideciese.

Mientras casi arrastraban a Rukia a la cocina con ellas para seguir hablando, la morena miró a Ichigo maliciosa. Sólo aceptó porque sabía que el chico estaba pasando vergüenza y que luego sus hermanas lo molestarían. Era pura maldad concentrada y eso, el pelinaranjo lo sabía de sobra.

Cocinaron y cenaron juntos, charlando y sobre todo, molestando a Ichigo. Había congeniado bien con las gemelas, y ellas rápidamente se encariñaron de la morena. Estas le habían estado contando anécdotas graciosas y embarazosas de Ichigo, haciendo que este gruñera molesto y se la pasara amargado durante toda la velada.

– ¿De verdad se tiró un pedo en medio de tanta gente? – preguntó Rukia casi llorando de la risa.

– ¡Sí! Se agachó a recoger unas cajas que estaban en el recibidor de la clínica y cuando hizo esfuerzo para subirla…–Yuzu no continuar ya que comenzó a reír también.

– Se pasó con el esfuerzo. – acotó Karin riendo y burlándose también.

– ¡Oe! ¡Ya paren, desgraciadas! – Ichigo estaba totalmente avergonzado y con el ceño tan fruncido que parecía que se fuese a romper.

– Aw, no te enfades, gaseosito. – la morena acarició su cabeza como si fuese un perro, burlándose más aún de él y tratando de aguantarse la risa.

– ¡Quita! – apartó la mano de Rukia humillado. – ¡Y vosotras dos, a dormir!

Las gemelas se levantaron divertidas, mirando a su alrededor y preguntándose dónde dormirían.

– ¿Dónde se supone que dormiremos? – preguntó Karin al ver que tan sólo había una cama.

– La cama es grande, vosotras dos podéis dormir juntas ahí. – indicó más tranquilo.

– ¿Y tú, hermanito? – inquirió la más tierna.

– Sacaré un futón y dormiré en el suelo, no te preocupes. Sólo hay que mover la mesita.

Conformes con la predisposición de las camas para dormir, las hermanas se subieron a la suya mientras Ichigo apartaba la mesita de café para hacerse sitio. Rukia entonces se dio cuenta de que sobraba allí, por lo que se levantó dispuesta a irse.

– Bueno, chicas, descansen y pásenlo bien. Yo me voy a casa. – se despidió amablemente de las niñas.

– No, Rukia, no te vayas. – pidió Yuzu. – ¡Quédate a dormir con nosotras! Hermanito, ¿puede?

– No tengo problema. – dijo con sinceridad y tranquilo extendiendo el futón.

– No quiero molestar, muchachas. – expresó con apuro. – Además, no tengo donde dormir, no se preocupen. Vivo acá al lado.

Las gemelas pusieron una expresión triste y resignada.

– Puedo sacar otro futón si no te importa dormir en el suelo. – explicó Ichigo haciendo que los rostros de sus hermanas se iluminasen de felicidad. – No habrá mucho espacio, pero no hay otra opción.

– No sé…– dudó la morena mirando los ojos de cachorrito que estaban poniendo las pequeñas. – Está bien, no puedo resistirme, ¡son tan tiernas!

Rukia las abrazó como si fueran peluches, recibiendo el mismo afecto por parte de ellas. Ichigo las observó con una cálida sonrisa al verlas, era lindo ver lo bien que se habían llevado. Y es que cuando Rukia no era una molestona pervertida era muy fácil congeniar con ella y tomarla cariño. Aunque él le tomó cariño a pesar de lo molestosa y degenerada.

Extendió el futón en el que dormiría Rukia, la cual volvió a usar la camiseta de Ichigo como pijama. Mientras el leía un manga tumbado en su futón, escuchaba la conversación que mantenía la morena con sus hermanas atento.

– Oe, Rukia. – llamó Yuzu desde arriba de la cama.

– ¿Hm? – Rukia se sentó en su futón, apoyándose en el borde de la cama con la cabeza.

– ¿Tienes novio?

Rukia rió suavemente y con cariño antes de contestar.

– No, no tengo. – contestó con tranquilidad.

– ¿Por qué? ¡Eres muy bonita! – Yuzu hizo un gesto incrédulo, haciendo sonreír con ternura a Rukia.

– No me gustan los novios. – bromeó, llamando más la atención de Ichigo, quien disimuladamente escuchaba la conversación mientras fingía leer.

– ¿Alguna vez tuviste novio, Rukia? – preguntó esta vez Karin.

– De pequeña tuve muchos. – se hizo la tonta, pero la hermana morena de Ichigo era más astuta.

– ¡Esos no cuentan! Novios de verdad. – reprochó divertida.

– Hm. – la oji-violeta guardó silencio unos segundos con una leve sonrisa, pensando en algo. – Sí, tuve uno. Bueno, dos, pero el segundo no cuenta.

– ¿Por qué no cuenta? – preguntó Yuzu interesada, al igual que Ichigo aunque fingiese estar atento a otras cosas.

– Porque duramos menos de una semana. – rió nostálgica.

– ¿Qué pasó? – Esta vez fue Karin la que preguntó con interés.

– Yo no era buena para él. – el tono de Rukia se llenó de nostalgia y un toque de tristeza. – No fui una buena novia.

– ¡No me lo creo! – acusó Yuzu. – Estoy segura de que eres una novia perfecta.

– Eres una ternura, Yuzu. – pellizcó con cariño su cachete, sonriendo. – Pero con él no lo fui.

– ¿Por qué dices eso, Rukia? – interrogó la gemela morena.

– No lo pude querer como se merecía.

Ichigo miró de reojo a Rukia, fijándose en que su rostro se veía apenado a pesar de la leve sonrisa que trataba de esbozar. Quiso preguntar él algo, pero no lo hizo. Ya habían quedado que entre ellos no había nada más que sexo sin compromiso y una amistad, interesarse por el pasado romántico de ella podría inducir a que Rukia lo malinterpretase.

– Aw, que pena. – la rubia hizo un puchero. – ¿Y tu primer novio? ¿Qué pasó?

– Es una larga historia, Yuzu. – evitó hablar de eso. Su voz se notó levemente temblorosa, e Ichigo lo pudo notar.

– ¿Y a él si lo quisiste? – insistió Karin.

Rukia se quedó en silencio durante unos largos segundos, mirando al suelo y recordando. Las hermanas la miraron preocupadas, Ichigo incluido. Tenía una suave sonrisa en el rostro, pero sus ojos decían todo lo contrario. Sin embargo, tras tomar aire, volvió a mirarlas con su mejor sonrisa y contestó.

– Sí, lo quise mucho. – contestó con sinceridad.

– ¿Y qué pasó? – continuó interrogando, pero Ichigo la paró al notar que la morena estaba empezando a pasarlo mal, a pesar de que trataba de hacerse la fuerte.

Ichigo pudo ver a través de su máscara por unos segundos.

– Yuzu, Karin, ya paren de acosar a Rukia. – habló con seriedad mientras cerraba su manga. – Es tarde, ya es hora de dormir.

Rukia observó en silencio al pelinaranjo, comprendiendo lo que trataba de hacer.

– Aw, está bien. – dijo la rubia desilusionada. – ¡Buenas noches, Rukia!

– ¡Buenas noches, Rukia! –se despidió Karin igualmente, tumbándose en la cama y arropándose.

– Buenas noches, chicas…– dijo con cariño, tumbándose en su futón.

Ichigo se levantó para apagar la luz, tumbándose en el futón que estaba al lado de Rukia. Estaban prácticamente pegados, pues era la única forma de que entrasen en tan poco espacio. Miró a la morena, quien tenía sus ojos clavados en el techo, con una expresión seria y sin ninguna intención de dormir. Quiso decirle algo para reconfortarla, pero no sintió que fuese el mejor momento para ello.

Pasó una hora y a diferencia de las gemelas, que roncaban débilmente, ella seguía con la mirada fija en el oscuro techo. Aquellas pequeñajas le habían revuelto el pasado sin apenas darse cuenta y ahora el sueño la había abandonado. Miró hacia el lado de Ichigo, el cual parecía dormir tranquilo dándole la espalda. Tuvo unas inevitables ganas de abrazarlo y sentir algo de calidez en ese momento, por lo que aprovechó que el muchacho estaba en los brazos de Morfeo y lo hizo. Total, sería un momento y él no se daría cuenta de nada.

No le costó acercarse a él, pues sus futones estaban muy pegados. Lo abrazó con cuidado de no despertarlo, reposando su cuerpo contra el suyo, pasando su brazo por su amplio y musculado pecho. Pero no tuvo que tener cuidado de despertarlo, pues el desgraciado ya lo estaba.

– ¿Rukia…? – preguntó entre susurros que sólo Rukia alcanzaba a escuchar.

Al verse descubierta y acorralada, optó por disimular de la mejor forma que sabía. Ronroneó y se pegó más a Ichigo, bajando despacio su mano hasta el borde de su pantalón. El pelinaranjo dio un respingo al sentir la mano de la morena en una zona tan peligrosa, por lo que la agarró y miró de soslayo a Rukia.

– Oe, ¿qué haces? – regañó hablando bajito. – Mis hermanas están acá…

– Hm…– la morena besó con lentitud la nuca del pelinaranjo, provocándole un notorio escalofrío. – ¿No te apetece…?

– Ese no es el problema…–bajó la guardia ante los besos de la morena, soltando la mano de Rukia que rápidamente llegó al destino que buscaba. –Rukia…para…

– Aquí hay algo que no parece que quiera que pare…– susurró contra su oído palpando la erección de Ichigo.

– Basta…mis hermanas…– el autocontrol se estaba yendo al garete, sobre todo cuando Rukia coló su mano por dentro de los bóxers.

– Venga…te he tenido muchas ganas esta semana…– intentó convencer mientras mordía su cuello.

El chico instantáneamente se giró, quedando frente a frente con Rukia, mirando los felinos y violáceos ojos de la morena. La respiración del chico era agitada, tratando de tener un poco de autocontrol…pero la muchacha rápido se la robaba. Al tenerle de frente, aprovechó para encaramarse a él y juntar su cuerpo lo máximo posible, rozando así su intimidad contra su muy abultado pantalón.

– Y yo, Rukia…pero mis herm…– no pudo terminar de hablar cuando Rukia selló sus labios con un candente beso.

Ichigo correspondió al principio, asiandola hacia él por las caderas, pero la cordura volvió por unos segundos a su cabeza, haciéndole parar el beso. Rukia sin embargo insistió, besando con fervor su cuello y frotándose más contra él. El pelinaranjo trató de ver a sus hermanas en su cama, estaban dormidas, o al menos Yuzu lo estaba. No alcanzaba a ver a Karin.

– Rukia…– susurró, o más bien suspiró. – Hagámoslo mañana cuando se vayan, ¿sí…?

– Mañana no estaré en casa…– susurró en su oído, mordiendo su lóbulo.

Otro domingo que Rukia no iba a estar en casa. El anterior recordó que pasó igual, ¿a dónde se supone que iba esa enana? No pudo seguir cavilando opciones ya que la morena volvió a atacar sus labios, rindiéndose ante aquello. Correspondió con vehemencia, juntando sus lenguas en una ardiente batalla y colando sus manos por debajo de aquella gigantesca camiseta.

Sus manos rodaron por el redondeado trasero de la morena, amasándolo cuando los besos se volvían más candentes. Rukia decidió pasar la pierna por encima de la cadera de Ichigo, profundizando el roce de sus sexos y tratando de evitar hacer cualquier clase de ruido…cosa que se estaba complicando, sobre todo cuando la mano del pelinaranjo abandonó el trasero de la chica para subir hasta su pecho desnudo bajo la camisa.

Rukia cortó el beso, mirándolo sorprendida con media sonrisa ante lo rápido que Ichigo tomó confianza. El chico aprovechó para apretar su seno, observando así bien de cerca el rostro compungido por el placer de la morena. Se sintió satisfecho al provocarle aquello, y su pene apretó más de lo que ya apretaba, por lo que volvió a unir sus labios.

Sin embargo, una de las hermanas se movió haciendo un extraño ruido que asustó a ambos, separándose veloces como el viento. Ambos se incorporaron lentamente, echando un vistazo a las gemelas quienes parecían seguir durmiendo y después se miraron agitados.

– Será mejor que paremos…– la coherencia volvió a Ichigo.

– ¿Estás seguro…? – susurró mirando hacia el bulto que se marcaba por encima de la sábana en la zona de la entrepierna del pelinaranjo.

Este miró hacia su erección y se frotó los ojos con los dedos en busca de paciencia para no sucumbir.

– Sí, será mejor que lo dejemos por ahora…– con fuerza de voluntad y sigilo se levantó del futón.

– ¿A dónde vas? – susurró divertida mientras se volvía a tumbar.

– Al baño…– se sonrojó levemente.

– ¿Por qué? – la morena andaba algo lenta en esos momentos.

Pero entendió en el momento en el que Ichigo se miró el bulto de sus pantalones arqueando una ceja. Rukia entonces entendió a qué se refería y rió suavemente.

– ¿Te ayudo? – bromeó

– Cállate y duérmete, maldita. – gruñó marchándose al dichoso baño para aliviarse.

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Llegó la mañana después de una noche agitada, rezó por que sus hermanas no hubiesen visto nada. La luz se coló en el apartamento, despertando a Ichigo primero. Tras un largo bostezo, abrió poco a poco los ojos, mirando hacia dónde debería estar Rukia…pero no estaba. De hecho a su lado tan sólo se encontraba el futón, la camiseta del chico y las sábanas dobladas, coronadas con la almohada y una nota.

"Tengo que marcharme y no quise despertarlos, lo siento. Espero que nos veamos pronto de nuevo chicas.

Con cariño.

Rukia."

Al lado del escueto mensaje había dibujado uno de esos conejos que llevaban sus bragas, y tan sólo pudo rodar los ojos. Se frotó los ojos cansado y miró a sus hermanas, quienes parecían empezar a despertar también, la primera en saludar fue Yuzu.

– Hmm… buenos días hermanito. – masculló bostezando hasta que se dio cuenta de que la morena no estaba. – ¿Y Rukia?

– Tuvo que marcharse, tenía cosas que hacer hoy. – explicó levantándose.

– Qué lástima, quería despedirme de ella. – su tono se tornó triste mientras bajaba de la cama.

– Buenos días…–detrás apareció Karin, mirando acusadoramente a Ichigo.

– B-buenos días…– el hermano la miró desconfiado. O se había despertado con el pie izquierdo o Karin sabía algo que no debía saber. Intentó escaparse de aquella mirada penetrante de cualquier manera. – ¿Queréis desayunar? Papá no tardará en venir.

Durante el desayuno tan sólo escuchó a Yuzu hablar de mil cosas que no prestaba demasiada atención. Estaba más concentrado en Karin, cuyo silencio lo inquietaba de sobremanera. No pudo conseguir averiguar nada excepto miradas altaneras y sonrisas maliciosas. Cada vez estaba más convencido de que aquella enana sabía algo. Maldita Rukia y sus malditas manos degeneradas. Finalmente y cuando su padre vino a recoger a sus hermanas, pudo saber qué le ocurría a Karin.

– Os vi besaros. – susurró a su oído cuando estaba por irse. Ichigo empalideció al momento. – A la próxima búsquense un hotel.

Finalmente se marchó, sonriendo de medio lado y con un Ichigo boquiabierto y sonrojado a más no poder. Ahora por lo único que rezaba era por que no dijese absolutamente nada a su escandaloso padre o sería el fin de su tranquilidad.

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El atardecer llegó pero Rukia aún no volvía a casa. El pelinaranjo estaba en su terraza, observando la puesta de sol y pensando en todas las cosas que la morena parecía ocultar. Recordó la conversación que tuvo con sus hermanas, y el tono que puso su voz al hablar de aquel primer novio. Asoció toda la información que tenía al respecto, y comenzó a atar cabos.

Si lo que dijo era verdad, Rukia sólo había tenido dos novios…y uno de ellos no duró mucho. Su primer beso y su primera vez fue también con la misma persona según lo que respondió en el juego de hacía días. Recordó la expresión de nostalgia y tristeza que puso al hablar de su primer novio, nunca la vio tan vulnerable. ¿Qué había ocurrido entre ellos? Le encantaría saberlo, pero temía que la morena lo evitase y se alejase de él por pensar que estaba celoso.

No negaría que un poco lo estaba, pero el 99% era preocupación. Podía ver a través de esa máscara de indiferencia que tenía. Sabía que se refugiaba en esa actitud despreocupada para evitar sus propios demonios. Un coche negro paró en frente de sus apartamentos, sacándolo de sus pensamientos y fijándose en el auto. Era de gama alta, bastante caro por lo que era llamativo.

De él bajó la dueña de aquellos pensamientos, con una actitud seria y cansada, despidiéndose con la mano de la persona que conducía y cerrando la puerta. El coche no pareció arrancar para marcharse hasta que Rukia no cruzo el umbral de la puerta del edificio. Esperó ansioso hasta que escuchó como la puerta de su apartamento sonaba minutos después, y miró hacia su balcón. Al momento de eso, la puerta de la terraza de la morena se abrió, dejando salir a una despistada Rukia de ella.

Ni cuenta se dio de la presencia de Ichigo, tan solo se apoyó en la barandilla con los codos y se frotó la cara cansada. Ichigo no supo si hacerse notar o esperar a que ella se diese cuenta, pero decidió hablarla.

– Hey, Rukia…– llamó preocupado, ella dio un respingo sorprendida.

– Ichigo, no te había visto…–trató de fingir una sonrisa tranquilizadora, pero sus ojos decían lo contrario.

– ¿Estás bien? – indagó.

– Sí…sí. – asintió con la cabeza. – Sólo estoy algo cansada, es todo.

A Ichigo le costó creerse aquello, pero lo dejó pasar.

– ¿Te apetece cenar acá? Tengo curry. – dijo para animarla, pero no resultó.

– Disculpa, Ichigo. Otro día mejor, ¿sí? – negó con intención de entrar en su apartamento de nuevo. – Hoy me duele la cabeza y sólo me apetece dormir.

– Oh, claro…–tranquilizó. – No pasa nada.

– Nos vemos mañana. – le dio una leve sonrisa forzada y entró en casa antes de que Ichigo pudiese responder.

Había algo raro en Rukia y le dolía no poder ayudarla, protegerla…

Pasó toda la cena pensativo, no acostumbraba a ver a Rukia así, tan seria. Ella solía ser divertida, descarada, molestona. Desde luego que era una caja de sorpresas, y no sabías que ocultaba en realidad, era extraña. Tras lavar los trastes se cambió y se tumbó en la cama dispuesto a dormir. Miró la pared que daba al apartamento de la morena con tristeza, pensando en que podía ocurrirle.

– Buenas noches, Rukia…– esta vez fue él quien se despidió, dando los tres típicos toquecitos en la pared.

Espero unos segundos en silencio sin recibir respuesta, hasta que cuando estaba a punto de darse por vencido, otros tres golpes se escucharon al otro lado.

Sonrió…

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La semana empezó con normalidad, Rukia volvió a ser lo que era, molestona y siempre bromeando. En cierto modo dio gracias a volverla a ver como siempre, pero por otro lado sabía que había algo que se estaba guardando dentro. Pero no quiso presionarla ni agobiarla, no era el momento. Las clases pasaron como siempre, con una profesora Unohana imponente y unos entrenamientos intensos.

La morena estaba especialmente caliente en las tardes que estaban juntos para hacer la tarea, cosa que le dificultaba a Ichigo pararla. Sin embargo, tras mucho forcejeo lo conseguía. Así llegaron a jueves, día de entrenamiento después de las clases. Todo transcurrió como siempre, Rukia hacía atletismo e Ichigo fútbol, y siempre se quedaban los últimos a recoger. El día transcurría como de costumbre, Ichigo estaba en las duchas sólo, aseándose bajo el agua caliente con tranquilidad. Salió minutos después dispuesto a cambiarse, con la toalla enroscada a su cintura.

Todo iba con normalidad, hasta que alguien entró en el vestuario y cerró la puerta con rapidez. Al mirar, se dio cuenta de que era la morena.

– ¿Cuántas veces te digo que me esperes fuera? La gente puede pensar algo raro si te ven aquí a solas conmigo. – comentó tranquilo y sacando la ropa de su taquilla.

– Me importa una mierda. – dijo con decisión acercándose rápidamente a Ichigo y agarrando su paquete por encima de la toalla. – No aguanto más, me tienes muriendo de ganas…

– ¿R-Rukia? – el chico abrió los ojos de par en par, quedando acorralado contra las taquillas, encorvado con su rostro a la altura de Rukia y mirando el violento agarre al que la morena lo tenía sometido.

Extrañamente, se sintió excitado.

– Tienes un minuto para vestirte y salir por esa puerta. – amenazó ansiosa mordiendo el labio inferior de Ichigo. – Quiero que vayamos a casa…– frotó con más delicadeza el pene del chico y lo miró fijamente. – …y me lo hagas de una vez.

– P-pero Rukia…– iba a replicarle explicándole que tenían que hacer la tarea, pero la morena volvió a apretar su agarre.

– Pero nada. – acalló. – ¿Entendiste?

Ichigo asintió rápido, mirándola con los ojos abiertos como platos.

– Perfecto. – soltó el agarre y tras darle un ansioso pero rápido beso, se marchó. – Un minuto, no me hagas volver o te lo haré aquí mismo.

Dijo sin girar la mirada y saliendo del vestuario. Ichigo solo se quedó encorvado contra la taquilla, contemplándola marchar y con una gran erección tras aquella húmeda toalla.

¿Qué demonios acababa de pasar?

Continuará…


El lemon se viene de nuevo en el siguiente capítulo~

Poco a poco se desvelarán cuestiones sobre el pasado de Rukia que les ayudará mucho a entender mejor sus acciones, comportamientos y personalidad en ciertas ocasiones. Es una chica fuerte, pero tiene sus momentos de debilidad...y espero que se haya podido ver cuando en un principio sólo quería abrazarse a Ichigo sin ninguna connotación sexual. Pero el idiota estaba despierto y de alguna manera había que disimular... C':

En fin, creo que Fanfiction vuelve a fallar con los reviews, así que en cuanto pueda trataré de contestarlos. Me ponen muy felices leerlos, de verdad. Son un amor todos y todas, así que trataré de seguir actualizando pronto como recompensa (?

Espero sus reviews y opiniones de este capítulo, además de críticas mientras sean constructivas. Y les repito la formula una vez más...

Más reviews + Más feliz + Actualizo más rápido

¡Con muchisísisisimo cariño!

Atte: HanaBerry