La chica de al lado

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Capítulo 6

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Advertencias:

- Universo Alterno

- Contenido sexual explícito

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Anteriormente…

Tienes un minuto para vestirte y salir por esa puerta. – amenazó ansiosa mordiendo el labio inferior de Ichigo. – Quiero que vayamos a casa…– frotó con más delicadeza el pene del chico y lo miró fijamente. –…y me lo hagas de una vez.

P-pero Rukia…– iba a replicarle explicándole que tenían que hacer la tarea, pero la morena volvió a apretar su agarre.

Pero nada. – acalló. – ¿Entendiste?

Ichigo asintió rápido, mirándola con los ojos abiertos como platos.

Perfecto. – soltó el agarre y tras darle un ansioso pero rápido beso, se marchó. – Un minuto, no me hagas volver o te lo haré aquí mismo.

Dijo sin girar la mirada y saliendo del vestuario. Ichigo solo se quedó encorvado contra la taquilla, contemplándola marchar y con una gran erección tras aquella húmeda toalla.

¿Qué demonios acababa de pasar?

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Obedeció al instante, tardando menos de un minuto en vestirse. Cuando salió encontró a Rukia esperando apoyada en la pared de enfrente, con sus brazos cruzados y un gesto desesperado en su rostro. En cuanto lo vio salir, comenzó a caminar rápido, obligando a Ichigo a seguir su paso. La morena no dijo nada en todo el trayecto de vuelta a casa, sólo caminaba veloz por delante de un apurado pelinaranjo.

Finalmente llegaron a su edificio, subieron las escaleras y en esa ocasión agradeció que Rukia estuviese por delante suyo. Así pudo ver ligeramente por debajo de la falda y además notar que ya estaba mojada. No pudo evitar excitarse al notar aquello, y tan sólo la siguió con más rapidez. Creyendo que iban a ir a su apartamento, el pelinaranjo pasó de largo a Rukia, hasta que vio que ella abría la puerta del suyo.

Entró tras ella, y cuando iba a girarse a cerrar la puerta tras de sí, la pequeña morena lo acorraló con fuerza contra la puerta, cerrándola así con su espalda. Debido a su baja estatura, tuvo que tirar del cuello de la camisa de Ichigo para alcanzarlo y comenzar a besarlo con ímpetu. El chico correspondió con las mismas ganas, pasando sus brazos alrededor de su cintura para apretarla más contra él. Sus lenguas batallaban ansiosas y la postura en la que Ichigo se encontraba comenzaba a ser incómoda, por lo que decidió cambiar. Sorprendiendo a Rukia, el muchacho bajó las manos de su cintura a su trasero, agarrándolo y alzándola, obligando así a la morena a enroscar sus piernas en él.

Sus sexos se rozaron, sacándoles un suave gemido que se escapó entre beso y beso. Con cuidado de no caer, Ichigo caminó con Rukia cargada hasta la cama de la muchacha, dispuesto a tumbarla en ella y subirse encima. Sin embargo, cuando la morena posó los pies en el suelo, hábilmente cambió las tornas, tirando a Ichigo contra la cama y subiéndose encima. El pelinaranjo sonrió ante las ansias de la chica, que sin esperarlo comenzó a desabrocharse a sí misma la camisa.

– Si que tienes ganas…– dijo divertido mientras la chica quedaba en sostén y se lanzaba a atacar su cuello, frotándose contra su erección.

– Es tu culpa…– gruñó entre jadeos. – ¿Cómo se te ocurre tenerme así casi dos semanas…?

– ¿Acaso no te has tocado? – preguntó acariciando y apretando el trasero de la chica, colando sus manos por debajo de la falda.

– ¿Crees que estaría así si lo hubiese hecho, idiota…? – volvió a gruñir, incorporándose para desabrochar la camisa del chico.

– ¿Por qué no lo hiciste? – preguntó suavemente subiendo sus manos hasta su cintura y posteriormente sus pechos.

– Me apetecía algo más…grande. – esbozó una sonrisa pícara mientras se movía más sobre el aludido pene.

El ego de Ichigo se hinchó considerablemente.

Con su confianza recién aumentada, giró inesperadamente dejando a Rukia debajo. Los ojos violáceos de la chica se clavaron en los del Ichigo, sorprendidos y brillantes por la lujuria. Finalmente esbozó una sonrisa de medio lado y lo besó profundamente, aprovechando para sacarle la camisa de una vez. Apoyándose en su antebrazo para no aplastar a Rukia, con su otra mano apretó uno de sus pechos, bajando los besos por su cuello y clavículas. La morena disfrutó entre jadeos las atenciones del muchacho, notando como el puberto había mejorado considerablemente.

Ichigo enterró su rostro entre los pechos de la morena, besándolos y lamiéndolos en la parte que aquel sostén blanco dejaba al descubierto, amasándolos con ganas. Sintió la necesidad de probar más, así que coló las manos por la espalda de la chica en busca del endemoniado broche, sin encontrarlo. Comenzó a gruñir al no saber dónde estaba y miró a Rukia, la cual agitada lo observaba divertida.

– Se abrocha por delante…–rió mientras dirigía su mirada a sus pechos, Ichigo lo imitó.

Al divisar el enganche en la parte de en frente, comenzó su batalla para abrirlo. Si el broche de atrás era difícil, el de adelante era mil veces peor. Rukia observaba divertida como Ichigo gruñía intentando quitárselo con su ceño fruncido, era realmente torpe.

– ¿Cómo demonios se abre esta cosa? – desesperado se dio por vencido, alborotándose el cabello.

– Trae acá, idiota. – entre risas, la morena se lo desabrochó en menos de un segundo.

– Brujería…– susurró Ichigo divertido mientras se acercaba de nuevo a sus pechos.

Rukia no pudo evitar carcajearse, hasta que sus risas fueron sustituidas por un gemido al sentir los labios de Ichigo sobre uno de sus pezones. Lo lamía con fervor, apretando el otro seno con su mano, pellizcando suavemente el otro pezón desatendido. Si que estaba mejorando rápido, y mucho. Ya no tenía que darle órdenes ni explicarle nada, el propio chico llevaba un buen ritmo que le agradaba.

Sobre todo cuando con la mano libre que masajeaba sus pechos, bajaron solas por dentro de su falda y sus bragas. Dio un agradable respingo al sentir sus dedos en ella y pudo notar como Ichigo paró de lamer sus pechos para mirarla sorprendido. Estaba realmente húmeda y los dedos del pelinaranjo resbalaban con facilidad entre sus labios. Rukia comenzó a gemir más agitada al notar cómo tras jugar en su exterior, el chico introdujo dos de sus dedos en su interior. Ichigo recordaba bien el punto que le gustaba a la chica, estimulándola mientras no dejaba de atacar sus pechos y cuello, subiendo finalmente hasta sus labios.

El pelinaranjo encontró un ritmo que pareció gustar a Rukia, ya que podía notar como sus dedos cada vez estaban más aprisionados y quiso hacerla venir con ellos. Sería otro aliciente para alimentar su ego y confianza. Pero la morena no se lo permitió. Cortó el beso con un suave mordisco y empujó a Ichigo quedando de nuevo ella arriba, con sus bragas totalmente mojadas y su pecho respirando agitado.

– Eres una mandona…– se quejó de broma Ichigo, mirándola de nuevo desde abajo.

– Acostúmbrate. – contestó altanera desabrochando el pantalón del muchacho.

– ¿Y si no quiero? – rodó de nuevo cambiando las tornas.

Rukia sonrió con perplejidad ante el cambio de actitud de Ichigo. Aquello le agradaba bastante, así que le dejó hacer. Volvieron a besarse suavemente, con más lentitud que las anteriores veces, sintiéndose con más tranquilidad. Sus lenguas batallaban tranquilas mientras las manos de Ichigo vagaban por la cintura de Rukia hasta sus caderas. Sin cortar el beso, desabrochó la falda de la chica, bajándola a medida que también bajaba sus besos por el cuello, clavícula y pechos…

La morena gimió complacida cuando los besos del chico llegaron al borde de sus bragas. Lo miró expectante, notando como se debatía entre bajar las bragas o no, hasta que sus ojos ambarinos se encontraron con los de ella. Rukia asintió mordiéndose instintivamente el labio inferior, e Ichigo se decidió a bajarlas con lentitud. El sexo de Rukia fue quedando levemente al descubierto, y fue la primera vez que veía una vagina tan de cerca. Quedó fascinado al ver lo mojada que se encontraba y lo rosada que se veía su piel en ese punto.

Rukia sonrió ante su curiosidad, pero su gesto se vio opacado por uno de placer al sentir de nuevo sus dedos en su clítoris. Se mantenía entre sus piernas, atento a sus reacciones y al trabajo que hacía en su entrepierna. Sus dedos resbalaban entre los labios vaginales de la morena, la cual se retorcía y arqueaba entre suaves gemidos. Introdujo de nuevo dos de sus dedos, observándolos entrar lentamente en su interior y pudo ver como mojaba aún más. Sintió unas irremediables ganas de probar a que sabría aquello, así que miró a Rukia la cual estaba bastante agitada.

– ¿Puedo…? – preguntó tímidamente. La morena abrió la boca incrédula ante lo que estaba escuchando, ¿acaso estaba pidiéndole permiso para hacerle un oral?

Rukia asintió varias veces con rapidez, esperando que el chico hiciese su trabajo para averiguar si era apto o no. La lengua de Ichigo se acercó a su calidez, pasando la lengua por el camino que creaban sus labios, probándola con ansias. El sabor agradó a Ichigo, quien totalmente embelesado utilizó sus labios al llegar al clítoris de la chica. La morena se arqueó espasmódicamente al sentir aquello, gimiendo sonoramente, haciendo que el pelinaranjo se alzase para ver el resultado de su trabajo.

– Por Dios, no se te ocurra parar…– amenazó Rukia mirándolo al no sentir más su lengua.

Ichigo sonrió altanero y se dejó guiar de nuevo por las manos de la morena enredándose en su cabello, instándolo a continuar su trabajo ahí abajo. No se hizo rogar y continuó dándole atenciones a su vagina, saboreándola y sacando más gemidos de placer. Acarició sus muslos, abriéndolos más para lamer más cómodamente y finalmente posó sus manos en su torneado trasero. Era como un dulce que no quería dejar de comer, cada vez la devoraba con más ímpetu, insistiendo levemente en aquellos puntos en los que la muchacha se retorcía entre gemidos.

Las manos de Rukia apretaron su cabello tratando de aguantar el ritmo, pero necesitaba más. Aquella maestría con la que el mojigato muchacho estaba moviendo su lengua era algo que no esperaba y para lo que no estaba preparada. Echó un vistazo hacia abajo, observando lo erótico que se veía el pelinaranjo lamiendo su intimidad con ansias y totalmente concentrado, lo quiso dentro en ese momento.

– Por favor…– bajó sus manos a las mejillas del chico, obligándolo a mirarla. – Házmelo ya…

La voz con la que le rogó que la tomase fue demasiado para él, y no podía negarse a sus caprichos. Liberó su erección de aquella cárcel que suponían sus pantalones, y también sus bóxers, quedando su pene totalmente expuesto y dispuesto a adentrarse en ella. Se colocó ente sus bien formadas piernas, algo nervioso al ser la primera vez que llevaría las riendas de la situación. Rukia notó aquello, así que lo ayudó, agarrando con delicadeza su duro sexo y acariciándolo lentamente mientras lo guiaba a su cavidad.

El chico, una vez bien ubicado, miró a la morena esperando su aprobación. Rukia asintió mientras apretó sus labios, preparándose para el tamaño de Ichigo. La primera vez fue muy confiada y la envergadura del pelinaranjo fue más de lo que se esperaba, por lo que ahora estaba más preparada para recibirlo gracias a las atenciones que le acababa de dar el muchacho con su lengua. Pudo notar como Ichigo observaba la unión de sus sexos y de vez en cuando alternaba mirando la reacción que tenía la morena, en busca de un indicio que le indicase que estaba haciéndolo bien.

Finalmente, Rukia se llenó por completo, gimiendo a la vez junto a Ichigo. El ceño del chico se frunció mientras cerraba los ojos tratando de aguantar su propio placer, se veía terriblemente sensual así. La morena envolvió las caderas del muchacho con sus piernas, profundizando más aún la penetración y acariciando la espalda del chico. Comenzaron a mecerse lentamente, disfrutando cada roce y cada gemido que se escapaba de sus labios. Al aumentar la velocidad, Ichigo apoyó sus antebrazos a los lados de la cabeza de Rukia, quedando así sus rostros casi pegados y aprovechando para besarse.

Las manos de Rukia apretaban cada vez más la espalda de Ichigo, arañándolo levemente con las embestidas cada vez más fuertes del muchacho. Los gemidos de ambos se mezclaban, sus cuerpos se perlaban por el sudor y sus movimientos cada vez se tornaban más rápidos. Se escuchaban el choque de sus cuerpos y las manos de Rukia bajaron traviesas hasta el trasero de Ichigo, haciéndole dar un respingo y mirarse divertidos. Él no sería el único que tocaría traseros. Tras un profundo y ansioso beso, Rukia pudo sentir como sus paredes cada vez se contraían más, anunciando su inminente orgasmo.

– Ichigo…voy a…– no pudo terminar, pues un gemido brotó de sus labios.

– Hazlo…– esta vez fue él quien ordeno aquello, gruñendo ante la presión a la que estaba sometido.

Y momentos después, el interior de Rukia convulsionó, aprisionando el pene de Ichigo que tampoco pudo aguantar más, viniéndose por completo dentro de ella. Rukia cayó rendida contra el colchón, jadeando y tratando de recobrar la respiración. El desnudo cuerpo de Ichigo se pegó al de la morena, escondiendo su rostro en el cuello de la chica y tratando de recuperarse. Así, la oji-violeta podía oler el aroma de Ichigo por primera vez, y era totalmente masculino y embriagador.

– Cada vez lo haces mejor…–suspiró mientras Ichigo salía finalmente de ella.

– Me alegro…– susurró haciéndose a un lado para poder tomar algo de aire.

– No me esperaba eso. – comentó divertida y cansada mientras se recostaba de costado, mirando a Ichigo.

– ¿El qué? – miró cansado a Rukia.

– Que fueses tan bueno con tu lengua. – el rostro de Ichigo se sonrojó. – ¿Cómo es posible?

– No sé…simplemente me dieron ganas y lo hice. – contestó evitando la mirada de una divertida Rukia.

– Espero que a partir de ahora te den ganas siempre. – rieron ambos.

– ¿Tan bien lo hice? – preguntó escéptico, girándose de igual manera que la morena.

– Con un poquito más de práctica lo harás perfecto…– confesó. – Pero lo haces mejor que los otros que intentaron.

– Hm…

Ichigo desvió la mirada ante aquel comentario que hizo Rukia sin pensar. Era totalmente inofensivo para ella, pero de alguna manera aquello hizo que el pelinaranjo sintiese como una cachetada imaginaria. No quería sentir celos, pero el hecho de no conocer nada sobre el pasado sentimental de Rukia lo hacía sentir extraño. La morena pudo ver aquella batalla mental que estaba teniendo el joven muchacho, por lo que con la claridad que la caracterizaba, no dudó en preguntar.

– ¿Dije algo malo? – preguntó interesada. – Lo de la práctica era una sugerencia, de verdad que me gustó mucho como lo hiciste.

– No, no es eso, tranquila. – volvió a mirarla.

– ¿Entonces? – inquirió acercándose a él.

– Nada. – se giró quedando de nuevo mirando al techo.

Rukia lo miró extrañada ante su comportamiento, por lo que se acercó más a él. Pudo notar como su ceño estaba más fruncido de lo normal, y su mirada fija en el techo, evitándola. La morena torció la boca haciendo una mueca y apoyó sus antebrazos en su pecho, llamando su atención.

– Estás raro. – comentó interesada. – ¿qué ocurre?

– Nada…– repitió.

– Vamos, no seas idiota, dime. – comenzó a hacerle cosquillas.

– Para, Rukia…–trataba de parar sus manos, pues lo estaban haciendo reír en un momento en el que no le apetecía nada.

– No pararé hasta que me digas. – y haciendo caso a su palabra se subió encima, moviendo sus manos por sus costados haciendo cosquillas, sonriendo.

– Basta, está bien. – consiguió parar sus manos, agarrándola por las muñecas y dejándola quieta.

La observó bien, desnuda con los brazos abiertos por su culpa y sus pechos turgentes ante sus narices. Era hermosa, y su entrepierna también lo pensaba...sobre todo cuando empezó a endurecerse inconscientemente. Rukia sonrió de medio lado al darse cuenta de la dureza que apretaba contra su trasero.

– Vaya, qué rápido te recuperaste. – animada se frotó despacio contra su reciente erección.

– Hm…– suspiró ante el roce de la chica.

– ¿Me vas a decir ahora? – chantajeó mientras apoyaba sus manos ya liberada en su pecho, moviéndose lentamente.

– ¿Qué quieres que te diga? – susurró tratando de mantener la compostura.

– Qué te ocurría hace un momento. – insistió más seria.

– Me da vergüenza contarte…–miró hacia otro lado como un niño pequeño, haciendo reír a Rukia.

– Oh, vamos, no seas tonto…– tranquilizó con voz suave. – Puedes decirme, no me voy a enojar, ¿qué fue? – hizo una pausa esperando que respondiese, pero Ichigo no articuló palabra. – ¿Fue por lo de los otros hombres?

El rostro de Ichigo se tensó al sentirse cazado.

– ¿Es por eso? – inquirió divertida, a lo que Ichigo asintió levemente. – ¡Es por eso!

– ¡Cállate! – regañó avergonzado, mirando hacia otro lado.

– Ah, vamos, ¿Ichigo se puso celoso? – preguntó divertida volviendo a moverse.

– No me puse celoso. – negó enfurruñado como un niño.

– Venga, ya sabías que no era ninguna virgen, Ichigo. – suspiró por el roce de sus intimidades.

– Ya…– cediendo ante Rukia, posó sus manos en las caderas de la chica. – Disculpa, es sólo que no sé apenas nada de ti…

– No hay nada interesante que saber, la verdad. – comentó con tranquilidad.

Ichigo decidió no insistir, no quería presionarla. Cuando ella se sintiese preparada para hablar de ello, él estaría dispuesto a escuchar. Rukia pareció relajarse después de que el pelinaranjo desistiese, pero se sintió mal por él en cierto modo. Si bien no quería que pensase que entre ellos había algo más que amistad, tampoco quería hacerlo sentir mal. Se había encariñado con él después de todo.

– Algún día te contaré, ¿sí? – Ichigo la miró sorprendido con sus ambarinos ojos abiertos. – Pero hoy mejor dediquémonos a algo más interesante…

Su tono de voz se tornó sugerente, y su rostro se volvió a acercar al de Ichigo, quien parecía conforme con el anuncio de Rukia. Parecía ser que esa noche se mantendrían ocupados…

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– ¡Otra vez!

Ichigo volvió a despertar la mañana siguiente de golpe al ver que volvían a llegar tarde, levantándose de nuevo desnudo mientras buscaba rápido su ropa. Rukia, quien tranquilamente se frotaba los ojos en el borde de la cama mientras bostezaba no parecía darle demasiada importancia a ese hecho.

– ¿Cómo estás tan tranquila? – gruñó poniéndose los pantalones. – ¡Vístete! ¡Llegamos tarde!

– Ya vamos a llegar tarde de todos modos. – rió mientras se levantaba y se vestía.

– La profesora Unohana va a matarnos. – dijo asustado Ichigo abrochándose la camisa.

– Lo sé. – Rukia comenzó a ponerse nerviosa sólo de pensarlo y aceleró la marcha.

Tras correr de nuevo hasta la escuela, llegaron tarde como la anterior vez. Pelearon de nuevo por ver quien se atrevía a tocar la puerta de clase y despertar el demonio que yacía en el interior de Unohana. Finalmente le tocó a Ichigo, ya que la anterior vez fue Rukia quien tuvo que inventarse una excusa. De nuevo, tras dar una excusa barata, la profesora amenazó que a la tercera falta serían castigados y algunos de sus compañeros volvieron a cuchichear sobre ellos.

Orihime observó apenada a Ichigo, sabiendo lo cercano que se había vuelto con Rukia y sintiendo celos de su compañera. Sin embargo Keigo miró al pelinaranjo con gesto pervertido, insinuando sin palabras que algo había entre ellos dos. A la hora del recreo, mientras todos subieron a la azotea a comer, fue Mizuiro quien comenzó a preguntar cosas a ambos.

– Siempre llegan tarde a la vez. – indicó refiriéndose a Ichigo y Rukia. – ¿Qué demonios hacen?

El pelinaranjo miró a la aludida, la cual estaba concentrada en abrir su brick de jugo. ¿Cómo podía ser tan torpe que ni eso podía abrir?

– Ya saben que vivimos al lado y venimos juntos a clase. – quitó el brick a Rukia desesperado al ver que no conseguía abrirlo. – Es culpa suya, siempre se queda dormida.

Acusó tratando de disimular y devolviéndole en jugo a la morena, quien felizmente comenzó a bebérselo sin prestar atención a la conversación.

– ¿Seguro? –inquirió acusador Keigo, sin terminar de creérselo e insinuando con su mirada algo más sucio.

– Claro que sí. –contestó lo más seguro de sí mismo que pudo, observando de reojo a Rukia, la cual parecía de lo más tranquila comiendo su almuerzo.

– ¿No están saliendo o algo? – volvió a preguntar Mizuiro, notando las miradas de soslayo que Ichigo lanzaba a la morena. – Harían buena pareja.

Orihime clavó sus ojos en el suelo, sintiéndose cada vez peor y aquello, Rukia, pudo notarlo. Se sintió mal por como su amiga lo estaba pasando y decidió poner fin al interrogatorio antes de que la chica de cabellos naranjas se sintiese peor.

– ¿Cómo saldría yo con un malhumorado como Ichigo? – contestó la morena al instante, notando como la mirada de Inoue se tranquilizaba ilusionada.

– ¡Oe! – ofendido el chico miró a la oji-violeta. – ¿A quién llamas malhumorado, enana?

Rukia no se esperó aquel contraataque contra su pequeña altura y consiguió dar en el ego de la morena, quien instintivamente le dio un puñetazo. Todos observaron divertidos la escena, Ichigo se sobó el golpe mirando a la chica asustado y ella volvió a comer su almuerzo como si nada hubiese pasado.

– Kuchiki, ¿vendrás hoy con nosotros después clase? – preguntó amablemente la enamorada de Ichigo.

– Oh…lo lamento tanto. – de verdad estaba apenada. – Hoy vienen unos amigos a casa.

Ichigo miró de reojo a la morena.

– Aunque si quieren…– la morena pareció estar cavilando una opción. – Pueden venir con nosotros, estaremos en mi casa y seguro se llevan bien.

– ¿De verdad?

– Claro. Son mis antiguos compañeros de clase, ahora son universitarios pero si no les molesta, pueden unirse.

– ¿Tienes amigas lindas? – preguntó Keigo emocionado.

– Claro…lo que no sé es si seguirán solteras. – rió divertida.

Todos miraron a Ichigo esperando su aprobación. Keigo rogó por que aceptase, y tras unos segundos de acoso, asintió con la cabeza. Sería interesante conocer a los amigos de Rukia, quizá así sabría más de ella. Tras continuar hablando de temas triviales, el fin del recreo sonó y todos se levantaron para marcharse a sus clases. Ichigo iba último, por detrás de Rukia, y de golpe sintió como la morena, sin girarse, agarraba violentamente su entrepierna. Esta vez sin ninguna connotación sexual.

– Qué sea la última vez que me llamas enana. – susurró para que nadie escuchase y esbozando media sonrisa.

Tras la amenaza lo soltó e Ichigo volvió a ser capaz de respirar.

Sería pequeña, pero intimidaba más de lo que aparentaba…

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Al terminar de clases todos llegaron a casa de la morena como acordaron, pidiendo disculpas por el desorden. Y es que con las prisas la cama seguía sin hacer y toda revuelta. La acomodó con rapidez y esperaron a que los amigos de Rukia llegasen, lo cual no tardaron en hacer. Se presentaron con normalidad y charlaron entre ellos, congeniando rápidamente.

– ¿Quieren algo de tomar? – ofreció Rukia levantándose del suelo.

– ¿Tienes cerveza? – preguntó el pelirrojo llamado Renji al que Ichigo ya había visto antes.

– Siempre tengo. – contestó altanera y sonriente.

– Kuchiki, ¿bebes cerveza? – preguntó inocentemente la muchacha de cabellos naranjas.

– Tiene dieciocho años, Orihime. – acotó Tatsuki.

– ¡Oh, cierto! – se dio unos golpecitos a sí misma en la cabeza. – Se me olvidó.

– ¿Quieres probarla, Inoue? – preguntó la morena, trayendo la cerveza de Renji, Hisagi y Hinamori.

– N-no lo sé…– miró a Arisawa esperando su aprobación.

– ¡Yo si tomaré una! – habló Tatsuki.

– ¡Yo también quiero probar!

Keigo se animó también, seguido de Chad y un ya experimentado Mizuiro. Quizá fue por la presión de grupo, pero Orihime también cedió. Todos se sorprendieron al ver a Ichigo bebiendo, ya que pensaban que también sería su primera vez, pero resultó ser más experimentado. Los amigos de la morena habían congeniado bien con los más jóvenes, y sorprendentemente, el siempre malhumorado pelinaranjo, se llevó bastante bien con Hisagi.

Renji no perdía de vista a Ichigo, cosa que no pasó desapercibida para Rukia, la cual tan sólo sonrió ante la sobreprotección de su amigo. El pelirrojo era consciente de lo que había entre ambos, y la verdad que siempre fue consciente de todo lo que le ocurría a la morena. Eran amigos desde pequeños, muy cercanos, y se tenían un gran cariño. Eran como hermanos.

Las horas fueron pasando rápidamente hasta que entraron de lleno en la noche. Casi todos estaban algo embriagados, sobre todo los más novatos, pero sorprendentemente la morena apenas se bebió una cerveza. Ichigo la imitó, prefería no estar ebrio cerca de pesados como Keigo. Mizuiro, con intenciones más que clara, propuso jugar a algo…

– ¿Qué les parece si jugamos a algo?

– ¿A qué? – el pelinaranjo lo miró desconfiado.

– Verdad o reto. – expuso divertido.

– ¡Está bien! – Orihime aceptó ilusionada, quizá por las cervezas de más que se había tomado.

Todos aceptaron el juego, incluida la dueña del apartamento, pero Ichigo seguía reticente. Sabía que todo esto era una estratagema de Mizuiro para obligarle a hacer algo vergonzoso o para sonsacarle algo. Sin embargo, al ver que Renji aceptaba también se vio forzado a hacerlo. ¿Y si le pedían que besara a Rukia? Espera… ¿se estaba sintiendo celoso de nuevo? ¿Qué demonios le pasaba?

– Bien, ¿alguien quiere empezar o tendremos que girar la botella?

Nadie pareció animarse, pero cuando Mizuiro iba a darle vueltas a la botella vacía de cerveza, Orihime achispada se ofreció.

– ¡Yo! – todos miraron a la valiente muchacha, sonrojada por los efectos del alcohol.

– ¡Bien, Orihime! – Mizuiro se preparó. – ¿Verdad o reto?

– Creo que empezaré con verdad.

El experto muchacho caviló por un momento y pareció encontrar la pregunta perfecta.

– ¿Te gusta Ichigo?

El aludido escupió el trago de cerveza que acababa de tomar, mientras todos se reían de él.

– Eh…eh…– la chica comenzó a reír nerviosa. – Prefiero reto, mejor.

El pelinaranjo desvió la mirada incómodo, mientras todos intentaban pensar un reto que mandar a la chica. Con esa contestación ya había respondido a la pregunta indirectamente. Las palabras de Rukia cuando estaba ebria eran ciertas, le gustaba a su compañera Inoue. La verdad es que era linda y tenía un cuerpo que cumpliría las fantasías de la mayoría de los hombres, pero él no se sentía mínimamente atraído a ella. Inconscientemente miró a Rukia hablando con Renji, y se fijó en su menudo cuerpo. Si bien no era desproporcionado, sus curvas lo volvían un ser irracional cuando estaban en la cama.

Tan embelesado estaba en sus pensamientos y mirando a Rukia que no escuchó el reto que tenía que hacer la pelinaranja hasta que vio a la morena reírse sorprendida.

– ¿Cómo voy a hacer algo así? – Orihime se tapaba el rostro totalmente sonrojada. – Además, Kuchiki no querrá. Qué vergüenza.

Espera, ¿qué? ¿de qué se estaba perdiendo? ¡Paren un segundo! ¿Qué tenía que ver Rukia en esto?

– ¡Vamos Inoue! ¡Ven acá! – entre risas la morena se acercó gateando a la chica que tenía en frente.

– ¡Vamos, vamos, vamos! – corearon los demás.

Ichigo miraba a Rukia y Orihime como si un partido de tenis se tratase sin comprender que estaba pasando. Finalmente, cuando ambas estaban con los rostros muy pegados, empezó a comprender lo que ocurría y se sonrojó al igual que la pelinaranja. Las muchachas se dieron un casto beso aguantando la risa mientras los demás vitoreaban la hazaña y aplaudían.

Finalmente se separaron y Orihime se tapó el rostro apenada para ocultar su sonrojo mientras Rukia volvía a su lugar con tranquilidad, dando un sorbo a su bebida.

– ¿Quién va ahora? – nadie se ofreció esta vez por lo que tocó girar la botella.

Dio vueltas y vueltas ante la nerviosa mirada de Ichigo. Realmente lo estaba pasando mal con ese juego. Aunque por suerte, ahora a quien le tocaba preguntar era a la última que había sufrido el castigo, Orihime, así que se relajó un poco al caer en cuenta de eso. Finalmente, la botella se paró apuntando al amigo pelirrojo de Rukia.

– ¿Verdad o reto, Abarai? – preguntó amablemente la chica.

– Viendo los retos que hacen, prefiero verdad…no me gustaría tener que besarme con Hisagi. –bromeó haciendo reír a todos.

– Bien, hmmm. – Inoue miró hacia el techo mientras pensaba. – ¿Qué relación hay entre Kuchiki y tú?

La morena reprimió una carcajada, pero Ichigo escuchaba atento esperando la respuesta de Renji.

– ¿Entre Rukia y yo? – el joven estaba bastante achispado por el alcohol, así que miró divertido a la morena antes de contestar. – Es mi ex novia. – comentó mientras pasaba un brazo por sus hombros.

Ichigo se quedó perplejo, mirando a ambos con los ojos abiertos y el ceño fruncido. Se estaba sintiendo bastante molesto con la situación y no entendía por qué. Todos se sorprendieron ante la declaración del pelirrojo, menos Rukia, la cual tan sólo rodó los ojos poniéndolos en blanco.

– ¿De verdad? – preguntó incrédula Orihime.

– Sí. – habló Rukia. – Fui su novia cuando teníamos cinco años, no hagas caso a este imbécil.

Todos rieron también, pero Ichigo sintió un gran alivio ante aquello, esbozando una ligera sonrisa. La morena se dio cuenta de todos los cambios de actitud de Ichigo, por eso aclaró el tema antes de que se hiciese más ideas equivocadas…aunque no sabía por qué lo hacía. Entre ellos se suponía que no había nada serio.

– Sólo somos viejos amigos, Inoue. – terminó de aclarar el chico.

El juego continuó, pasando por los amigos de Rukia y después por los de Ichigo, alternándose varias veces. El último en tener que hacer un reto fue Keigo, bailando danza del vientre…fue un espectáculo grotesco, pero el muchacho no tuvo pudor en hacerlo. Debían ser las cervezas. Pero ahora era a aquel elemento a quien le tocaba preguntar, y desgraciadamente la botella acabó apuntando a Rukia.

– ¿Verdad o reto, Kuchiki?

– Verdad.

– ¿Es cierto el rumor que hubo hace unos años en la escuela? – preguntó

Ichigo no sabía a qué se refería, pues él era nuevo en aquel lugar, pero los demás habían estado allí desde hacía más tiempo. Miró a Rukia quien tan sólo sonreía de medio lado, tranquila y sosegada.

– Vaya, si que fui famosa. – comentó divertida. – ¿Cuál de todos los rumores?

– ¿Es cierto que estuviste saliendo con un chico mayor que tú?

Todos menos Renji la miraban atentos y aquello captó la atención de Ichigo. Era más que obvio que aquel pelirrojo era un buen amigo de la morena, así que ya sabría todo de ella. Lo envidió en cierto modo por aquello. Pero ahora estaba intrigado por saber cuál sería la respuesta que daría la chica.

– Sí, es cierto. – admitió con tranquilidad. – Pero tampoco era tan mayor, ¿o sí? – caviló mirando a Renji que tan sólo movió los hombros en gesto de no saber qué decir.

– Algunos decían que tenía más de treinta años. – comentó Mizuiro.

– Exageraban, no tenía más de treinta años. – rió Rukia al escuchar semejante barbaridad y dando un sorbo a su cerveza. –Bueno, me toca, ¿cierto?

– Sí, Kuchiki. – confirmó Orihime.

– Está siendo tarde y a Ichigo aún no le tocó. – miró maliciosa al pelinaranjo. – No se va a librar de irse de acá sin jugar, ¿verdad?

– ¡Cierto! – apoyó Keigo. – Le toca a Ichigo.

– ¡O-oe! Eso no vale. – gruñó haciéndose hacia atrás.

– Vamos, Ichigo. No seas aguafiestas. – sonrió perversamente la morena. – Ya es hora de marcharse y tú no jugaste.

– E-Está bien…– se rindió ante aquella sonrisa y miró hacia un lado.

– ¿Verdad o reto?

El chico tragó duro ante aquellas dos opciones. No se fiaba de ninguna, ya que sería la morena quien lo elegiría y sabía que no tramaba nada bueno. Sentía la mirada de todos clavados en él y tenía que elegir qué hacer.

– Verdad…– eligió atemorizado.

– ¿Alguna vez te pillaron masturbándote? – preguntó divertida aún sabiendo la respuesta.

Todos soltaron una carcajada menos Ichigo, quien lanzó una mirada asesina a Rukia. Pensó en echarse atrás y pedir reto, pero sabía que eso sería peor…podía verlo en los malvados ojos violetas de la morena. Tras dar un largo sorbo a su cerveza, terminándosela por completo, suspiró y sin mirar a nadie contestó.

– Sí, una vez. – gruñó molesto.

Todos, sobre todo Keigo, rieron ante aquello.

– ¿Qué? No puede ser posible. – Keigo le dio de codazos en el costado, acabando con su paciencia. – ¿Cómo fue eso?

– ¡Ya se acabó el juego! – se negó a contestar. – ¡Es hora de irse!

El pelinaranjo estaba totalmente sonrojado, su reputación se fue al garete en cuestión de segundos. Sin embargo, tenía razón, ya era demasiado tarde y no eran horas de andar haciendo ruido o molestarían a los demás vecinos. Todos comenzaron a levantarse dispuestos a irse, excepto Renji que parecía estar hablando con Rukia.

– ¿Trajiste el coche? – averiguó la morena.

– Sí. – se pasó la mano por el cabello, cerrando los ojos.

– Bebiste bastante como para mover el coche. – advirtió. – Quédate acá a dormir si quieres hasta que se te pase.

– Será lo mejor. – contestó levantándose con esfuerzo y tumbándose en la cama de la morena ignorando a los demás.

Todos observaron la confianza que había entre ambos y algunos sospecharon que algo había entre ambos aunque lo hubiesen negado. Una de ellas fue Orihime, lo cual la tranquilizó con respecto a Ichigo. La morena acompañó a todos a la puerta, despidiéndose con la mano mientras se alejaban y después girando el rostro hacia la puerta en la que se encontraba el pelinaranjo abriendo su apartamento.

– ¿Ya te vas a dormir? – preguntó sugerente.

– Claro. – contestó sin conseguir entender las intenciones de Rukia.

– ¿No te apetece quedarte un poco más? – siguió insinuándose.

– Tienes visita…– contestó con tranquilidad refiriéndose a Renji.

La morena miró al interior de su apartamento y pudo ver a su amigo totalmente dormido y ocupando toda su cama.

– Mi visita acaba de morir en mi cama. – bromeó divertida.

– ¿Acaso lo vas a dejar ahí sólo?

– ¿Acaso prefieres que te deje solo a ti? – susurró provocativa y mordiéndose el labio inferior casi instintivamente.

El chico sonrió levemente ante la manera en la que lo rebatió y tras abrir la puerta de su apartamento, se hizo a un lado dejando espacio para que Rukia pasara.

– Adelante…

Sonriendo pícaramente, la morena cerró su puerta tras de sí y se acercó a Ichigo, fundiéndose en un beso candente y entrando en su apartamento sin separar sus labios. Aquella noche no dormirían demasiado…

Continuará...


¿Habrá lemon en el siguiente capítulo? Oh, por supuesto, queridas. Estos dos van a tener más sepso. Pero en el próximo capítulo ocurrirá algo importante, ya lo tengo escrito. Estamos entrando en la recta final, no creo que este fic dure más de 10 capítulos y ya se van a empezar a descubrir ciertas cosas. Como ven, Renji no es uno de los novios de Rukia...al menos no de los recientes, los novios de cinco años no cuentan jajajajajaja

En fin, ¿les gustó? Me encantaría saberlo con un review. Me gustaría saber también si el fic va por buen camino o si me estoy desviando demasiado. :)

Mandenme más reviews para ponerme feliz, así escribiré más y cuando termine el capítulo ocho, les subo el siete. Sí, escribo con antelación para no dejarles colgados si me surge algo que me mantenga ocupada. Ámenme por eso y déjenme reviews C': Jajajajajaja Bueno, ya.

Nos vemos en la próxima actualización.

¡Con cariño!

HanaBerry