La chica de al lado

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Capítulo 8

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Advertencias:

- Universo Alterno

- Contenido sexual explícito

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Anteriormente…

¿Eso es lo que quieres?

La voz de Ichigo sonó totalmente inexpresiva y seria, con lo que Rukia sintió como su corazón daba un vuelco. Se sintió la peor mujer del mundo, pero se mantuvo fuerte aguantando la situación. Lo hacía por el bien del chico, ella sólo le iba a dar problemas y no se sentía lista para afrontar sus sentimientos. Porque era más que obvio que sentía cosas por aquel muchacho.

Sí…– afirmó con un hilo de voz y sin aún atreverse a mirarlo a los ojos.

Ahora también se sintió cobarde.

Está bien. – contestó con frialdad el muchacho tras un breve silencio.

Rukia notó como el muchacho se daba la vuelta dispuesto a irse, y ella alzó la mirada preocupada y desesperada. ¿Estaba haciendo lo correcto? Dudó en aquel momento y no supo que debía hacer. Estaba enojado, y no como las otras veces cuando ella lo molestaba, sino enojado de verdad. Más bien dolido.

Ichigo…– lo llamó cuando se levantó de la cama para ir tras él, pero él no la dejó hablar más.

Nos vemos el lunes. – finalizó sin darse la vuelta.

Y se fue.

Rukia se quedó varios minutos observando la puerta de su apartamento, pensando en si acababa de hacer o no lo correcto.

Finalmente, se resignó y se auto convenció de que aquello era lo mejor, aunque su corazón gritase todo lo contrario.

Aquella noche no se dieron golpes en la pared, ni tampoco las buenas noches…

Desde aquel momento, todo había cambiado…

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El domingo pasó lento y tortuoso para Ichigo después de lo ocurrido el día anterior. Llamó a su padre para decirle que no podría ir a almorzar con ellos fingiendo estar enfermo. Y aunque físicamente no lo estaba, mentalmente sentía que todo se estaba yendo al carajo. Al final acabó arruinando la relación que mantenía con Rukia, pero no podía evitar los sentimientos que sentía por ella y ya se había acabado declarando. No podía seguir con una relación de ese tipo, pues a la larga sólo lo lastimaría más…así que en cierto modo, lo de ayer fue algo bueno.

Aunque no lo sentía bueno en absoluto.

Ahora cada vez que se veían, su pecho dolía. Rukia no lo molestaba como de costumbre y las idas al colegio eran más silenciosas y distantes. Ichigo incluso había comenzado a demorarse más a propósito a la salida de clases y el entrenamiento sólo para evitar más esos silencios que se volvieron incómodos para volver a casa.

Extrañaba su tacto, sus bromas, su risa y su sensualidad…pero sobre todo extrañaba sus besos y la tranquilidad que sentía cuando estaba con ella. En más de una ocasión se descubrió a sí mismo oliendo la camiseta que siempre le prestaba para dormir, embriagándose con su aroma, hasta que se daba cuenta de lo patético que se veía y la lanzaba lejos de él.

Ella se había vuelto más silenciosa, ya apenas la escuchaba al otro lado de la pared. A veces escuchaba a Renji entrar en su apartamento, y atemorizado de que hiciesen algo trataba de escuchar, aunque después se regañase a sí mismo por hacer algo así. Sin embargo sólo escuchaba murmullos, ambos hablaban durante horas y de nuevo sintió envidia. ¿Por qué con él no podía abrirse igual?

Un día en el que no tenían entrenamiento después, al final de las clases, ella se acercó a él con cuidado y amablemente trató de entablar conversación con él, pidiéndole ayuda con matemáticas. Sin embargo, no se sintió capaz de estar cerca suya por lo que se inventó una excusa cualquiera y huyó de ella. Lo que no supo, es que aquello a Rukia le había dolido más de lo que creía… pero aquel leve contacto que hizo la muchacha con su mano sobre su antebrazo le provocó una corriente eléctrica por todo su cuerpo que no pudo soportar. Llevaban semanas así y no llevaba bien en absoluto no poder tocarla, besarla, sentirla…

Todos en el grupo habían notado el distanciamiento brusco que hubo entre ambos, más nadie se atrevió a decir nada, ni siquiera Keigo. Sin embargo, Orihime pareció ver una buena oportunidad para acercarse más a Ichigo, intentando conquistarlo de mil maneras que no parecían funcionar. Lo que nadie sabía es que Rukia estaba empezando a sentir celos de ver a Inoue tan cerca de él.

Por las noches, ella se regañaba por sentirse así, pero no podía evitarlo. ¿Sería cierto aquello que dijo Renji? ¿De verdad ella también estaba sintiendo cosas por Ichigo? Gruñía y se hundía entre sus sábanas, sintiendo frio al no tener a Ichigo cerca. Sintiendo mucho frio…y preguntándose si había hecho bien en la decisión que tomó, ahora dudaba. ¿Qué demonios había hecho ese desgraciado con ella? Volvía a sentirse vulnerable.

Llegó un jueves en el que ambos estaban entrenando en sus respectivos clubes. Ichigo jugaba al fútbol, jadeando agotado, apoyándose en sus rodillas mientras recuperaba el aire, con gotas de sudor corriendo por su frente…cosa que no pasó desapercibida para Rukia. Se quedó observándolo embelesada, sintiendo unas terribles ganas de lanzarse contra él y hacérselo ahí mismo. Sin embargo, salió de su ensoñación al ver como una de sus compañeras pasaba corriendo por delante suya y olvidándose de darle al cronómetro para apuntar la marca.

– ¿Qué tiempo hice, Kuchiki? – preguntó la chica tratando de recobrar el aliento.

– E-eh…disculpa no lo paré a tiempo. – se disculpó apenada. – Estaba distraída.

La chica hizo un gesto de molestia mientras suspiraba y la morena volvía a mirar a Ichigo, el cual apartó rápido la mirada al ver que la chica lo estaba observando también. Sonrió ante aquello, notando de nuevo lo vergonzoso que se ponía cómo antes. Consiguió finalmente concentrarse en su trabajo, echando fugaces miradas al pelinaranjo de vez en cuando. Pasado un tiempo, el entrenamiento finalizó y ambos se dispusieron a recogerlo todo, sin embargo, vio que Orihime se quedaba con ella ayudándola.

– Inoue, ¿qué haces aún acá? – preguntó sorprendida. – Ve a las duchas si quieres, puedo hacer esto sola.

– Tranquila, Kuchiki. – respondió amable y sonriente. – Hoy tengo que esperar a Kurosaki.

La chica se sonrojó y Rukia sólo pudo imaginarse lo peor. Tras tragar duro, trató de contenerse y tranquilizarse para preguntar con fingida indiferencia.

– ¿Y eso? – indagó.

– Le pedí ayuda con matemáticas. – contestó alegre. – Iremos a su casa a estudiar.

– Oh…– miró de reojo a Ichigo. – Ya veo…

– ¿Ocurre algo? – preguntó preocupada.

– No, tranquila. – terminó de guardar las cosas en el gimnasio. – Iré a bañarme ya.

Trató de huir de ella, pero la chica la siguió a las duchas para bañarse igual. No entabló mucha conversación con Orihime, tan sólo la escuchaba hablar mientras se desvestían y se metían en las duchas. Se limitaba a asentir o contestar con monosílabos, observándola de reojo y viendo su voluptuoso cuerpo desnudo. Se preguntó si a Ichigo aquel cuerpo le gustaría más que él suyo…

Por primera vez en mucho tiempo volvió a sentirse insegura.

Cerró los ojos y trató de disipar aquellos pensamientos, saliendo de la ducha dispuesta a vestirse y largarse de una vez. No quería torturarse más, pero de nuevo la muchacha de cabellos naranjas la paró.

– ¿Ya te vas, Kuchiki? – preguntó apenada. – ¿No vienes con nosotros?

– No, tranquila, Inoue. – miró la puerta cerrada del vestuario masculino, sabiendo que Ichigo se encontraba dentro. – Tengo cosas que hacer, será mejor que vaya ya.

– De acuerdo, yo esperaré a Kurosaki aquí. – anunció ilusionada.

– Espera sentada, es muy lento. – comentó divertida y con nostalgia.

Caminó sola de nuevo hasta su casa, aún no se acostumbraba a no tener a Ichigo caminando a su lado. Se sentía extraño, sobre todo al recordar que Orihime estaría a solas en casa de él. ¿Esto eran celos? Eran horribles. Al llegar a su apartamento, todo lo que hizo fue dejarse caer contra su cama, escondiendo el rostro en la almohada y suspirando. ¿Acaso ahora Inoue se declararía? Si así fuese y el aceptase, lo habría perdido para siempre…aunque en realidad nunca fue suyo.

Dio vueltas a su cabeza, pensando en todo lo ocurrido durante estos meses. Todas las noches que compartieron, y no sólo las noches… Pensó en la ternura del chico, de lo tranquila y en paz que la hacía sentir y también recordó lo protector que siempre era con ella. Extrañó su calidez…sus grandes manos recorriendo su pequeño cuerpo, sus labios sobre su piel, su lengua batallando contra la suya, su miembro llenándola por completo…

Un agradable escalofrío recorrió la columna de la morena.

Pero… ¿ahora todo aquello podría ser de Orihime? Ahora ella podría disfrutar de todas esas sensaciones. Ahora comprendía lo que pudo llegar a sentir Ichigo en algún momento, porque ahora ella también supo que quería demasiado a ese idiota. Pero el miedo la superaba en ocasiones, y temía estar exponiéndose demasiado de nuevo. Se frotó el rostro en busca de paz, estaba confusa, cuando entonces escuchó la puerta de Ichigo abrirse.

Se sentó rápidamente en la cama, y se pegó a la pared que daba a su apartamento casi sin darse cuenta de que lo estaba haciendo. Pudo escuchar a Orihime no parar de hablar como de costumbre, y a él respondiendo con gruñidos o monosílabos. No sabía por qué, pero su corazón comenzó a latir con rapidez por el nerviosismo de acabar escuchando algo que no quería oír.

– Eres muy bueno jugando al fútbol, Kurosaki. – escuchó como la pelinaranja adulaba nerviosa al chico.

– Gracias. – contestó en un tono seco. – Abre tu cuaderno, quiero ver cómo tienes los apuntes.

– S-si…

Durante unos segundos no escuchó nada al otro lado, parecía que Ichigo estaba revisando sus notas y comparándolas con las suyas para ver que todo estaba en orden. Era lo que antes hacía con ella, ya que a veces copiaba mal las formulas y se ganaba unas buenas regañinas por su parte. Sonrió nostálgica al recordar aquello.

– Bien. – habló Ichigo. – ¿Qué es lo que no entiendes?

– Eh…esto…– la voz de Orihime se tornó suave y sugerentemente nerviosa. ¿Se estaría acercando a él?

– ¿El qué? – insistió el pelinaranjo tratando de ocultar su cansancio.

– K-Kurosaki…– llamó avergonzada, Rukia sintió como se formaba un nudo en su garganta. – Yo… tengo que decirte algo.

Tenía que hacer algo, no podía dejar que Inoue se declarase. Se levantó rápida de la cama y miró a su alrededor buscando un plan, pero nada se le ocurrió. Pudo escuchar la grave voz de Ichigo instándola a hablar, así que sin más salió de su apartamento corriendo y tocó la puerta de Ichigo. Respiró profundo tratando de tranquilizarse y fingir indiferencia, acomodándose los pechos para que resaltasen un poco más y pensando qué podría decir. Escuchó los fuertes pasos del pelinaranjo acercándose y unos segundos después, la puerta se abrió.

– ¿Rukia? – estaba sorprendido y se notó en su rostro.

– Hey, Ichigo. – trató de controlar el nerviosismo de su voz. – ¿Tienes algún sobre de curry? No tengo nada para cenar salvo arroz.

Mintió.

– Oh…sí. – pareció desilusionado por aquella petición. – Espera, voy por ello.

¿Qué estupidez había dicho? Esto no iba a servir de nada, en cuanto se marchase con un paquete de curry que no necesitaba, volverían a quedar solos y ella se declararía…y quien sabe que podría pasar después de aquello. Orihime se asomó sonrojada viendo a la morena en la puerta y sonrió saludándola con la mano. Rukia hizo igual, aunque sólo quería sacarla de aquella casa de una vez.

– ¿Así te vale o necesitas más? – apareció Ichigo con un par de sobres.

– Oh, tengo de sobra con esto, gracias Ichigo. – los aceptó con tranquilidad. – ¿Estudiando?

– Sí, Orihime no entiende algo de matemáticas…– vio como desviaba incómodo la mirada y se rascaba la nuca. Le costaba muchísimo estar cerca de Rukia.

– Oh…– y de repente una lucecita se encendió en la cabeza de ella. – ¿Les importa si me uno? Yo también tengo dudas con unas cuestiones de matemáticas.

Y en el fondo no era mentira…del todo.

– Claro, adelante…– dejó pasar a la muchacha.

Los ojos de Ichigo se clavaron en Rukia mientras caminaba tras ella hasta la habitación y se sentaron ante una decepcionada Orihime. La atracción que sentía hacia esa mujer no era algo normal, en ese momento sólo quería abrazarla por detrás y besarla el cuello para derretirla como hacía antes. Quería escuchar sus suspiros y gemidos, sentir sus labios y sus pequeñas manos recorriendo su espalda para arañarla cuando la penetraba. Sus ojos no podían evitar desviarse y mirar de reojo las piernas descubiertas gracias a la falda del uniforme.

Tan embelesado estaba que no estaba escuchando nada de lo que estaban diciendo.

– ¿Kurosaki? – la voz de Inoue lo despertó.

– E-eh, ¿sí? – la miró nervioso.

– Preguntábamos por este ejercicio. – indicó con su dedo en el cuaderno.

– Oh, claro.

Lo revisó y trató de concentrarse en explicarlo lo mejor que pudo. Pero la cercanía de la morena al pegarse a él para mirar lo que escribía lo ponía nervioso. Su corazón latía fuerte al sentir su cercanía, podía oler su aroma y notaba su calor. Apretó su propio pantalón con la mano que tenía libre en busca de autocontrol y Rukia pudo ver aquello. Sonrió satisfecha al saber que seguía poniendo nervioso al pelinaranjo como antes.

La tarde pasó rápido y ya iba a empezar a oscurecer, por lo que decidieron parar. Orihime estaba algo alicaída ya que no pudo ser capaz de declararse a Ichigo, ni siquiera pudieron estar a solas. No quiso culpar a Rukia, pero en aquel momento se sentía molesta por ella y por la cercanía que mantuvo con él. Cómo le gustaría poder ser ella y ser capaz de seguir siendo tan cercana a Ichigo a pesar de que las últimas semanas permanecieron distantes.

– Iré a casa antes de que oscurezca. – anunció fingiendo una sonrisa triste. – Gracias por la ayuda, Kurosaki.

– Oh, de nada Inoue. – contestó y luego se dio cuenta que se quedaría a solas con Rukia.

Hacía tiempo no permanecían solos.

– Nos vemos mañana, Kurosaki. – lo miró a él y luego miró a Rukia. – Kuchiki.

– Adiós Inoue. –se despidió Rukia apenada al sentir la tristeza de su amiga. Se sintió terriblemente egoísta.

Observó sentada en el suelo como Ichigo, educadamente, acompañaba a su compañera a la salida, despidiéndose allí de ella. Trataba de mirar por si acaso ella decía algo, pero tan sólo se despidió con gesto triste y se marchó cuando el pelinaranjo cerró la puerta. Notó como el chico volvía a la sala sin ser capaz de mirar más de dos segundos a Rukia a los ojos. Volvía a ser el vergonzoso muchacho que conoció al principio, sonrió.

– ¿Entendiste todo? – preguntó Ichigo tratando de romper el silencio.

– Bueno…hay algo que no entendí bien. – contestó con voz ligeramente sugerente, mirando fijo al chico.

– ¿El qué? – se sentó algo más alejado de ella, esperando a que le indicara el problema.

– Hmmm, esto de acá…– señaló el cuaderno el problema, acercándose disimuladamente a él.

– Esto ya lo expliqué. – gruñó molesto.

– Pero ya te dije…no entendí bien. – repitió con una suave sonrisa y mirándolo de reojo.

Pudo notar lo nervioso que estaba a pesar de que su ceño estuviese fruncido.

– Eres muy lenta. – la morena sólo rió levemente y empezó a escuchar de nuevo las explicaciones.

No estaba prestando atención en absoluto, aquello tan sólo fue una excusa para quedarse más tiempo con él. Apoyó su codo en la mesita, posando así su cabeza en la mano y lo miró directamente. Contempló cómo sus labios se movían con lentitud mientras hablaban y su mirada fija en el cuaderno, nervioso. Sabía que la chica lo estaba observando, obligándolo a tragar duro y notando como toda la sangre comenzaba a bullir.

– ¿Te estás enterando? – preguntó con molestia al ver que no estaba prestando atención.

– Sí…– contestó con voz suave y provocativa, sonriendo suavemente de medio lado.

Ichigo se quedó mirándola fijo, volviendo a ver su rostro de cerca. Sus ojos felinos eran totalmente cautivadores y aquellos labios… cuantísimo los extrañaba. Su corazón comenzó a palpitar rápido, así que desvió la mirada antes de que cometiese alguna tontería.

– No parece que estés muy atenta. – masculló.

– Lo siento…sabes que me distraigo fácil…

Se acercó lo máximo posible a él, provocando que los ojos ambarinos de Ichigo mirasen de reojo las piernas de Rukia. Su piel se veía tan suave y tersa…sintió unas irremediables ganas de apretarlas y acariciarlas, de tenerlas enroscadas en su cuerpo. La sangre ahora bombeó rápida hacia cierto punto que en cualquier momento comenzaría a abultarse, y sintió un sudor frio en su frente. Respiró profundo y cerró los ojos, pero la morena estuvo atenta a todas sus acciones.

– ¿Te ocurre algo? – preguntó con voz tranquila pero sensual, posando una de sus manos en la frente del chico. – Te ves mal…

Ichigo agarró la mano de Rukia por la muñeca, apartándola levemente de su frente y mirando sus violáceos y brillantes ojos fijamente. Su respiración era entrecortada, quería besarla pero no era adecuado. No después de lo que pasó. Pero llevaban demasiado tiempo sin sentirse, y para que mentir…la quería y también la deseaba.

– Para…por favor…– suplicó con voz suave, notando como sus labios se atraían lentamente, juntando poco a poco sus rostros.

– No puedo…– susurró la morena cuando sus respiraciones se entremezclaron.

Finalmente se fundieron en un beso que comenzó lento, saboreándose de nuevo, y que poco a poco se fue tornando ansioso. Ichigo soltó la mano de Rukia que tenía aprisionada, sólo para posar la suya en la tersa mejilla de ella, acercando su rostro más hacia él, profundizando más aquel beso. La morena sintió que se derretía por momentos, como había extrañado todo aquello…

Sus besos, sus caricias…pero sobre todo, su ternura.

Aquel contacto se volvió más intenso y necesitado, sus lenguas se encontraron de nuevo y se mezclaron entre suspiros. La morena posó sus manos en el pecho del chico, palpando sus pectorales y subiendo hacia la piel expuesta de su cuello. Un cosquilleo recorrió el cuerpo de Ichigo al sentir el tacto de la morena, y otro de nuevo al notar como lentamente se incorporaba para sentarse encima.

Se acomodó hacia atrás en el suelo, dejando más espacio para que ella pudiese subirse. Su ya notable erección se apretó contra el sexo de Rukia cubierto por sus húmedas bragas. Aquella mujer lo volvía realmente loco, la necesitaba demasiado, tocarla, sentirla, besarla…todo. Bajó la mano de su mejilla hacia sus caderas, junto con la desocupada, sin parar ni un solo segundo de besarla. La apretó ansioso contra él, necesitando sentirla más cerca aún y aumentando el roce de sus cuerpos.

Un suspiro se escapó de entre los labios de Rukia al notar su erección contra ella, deleitando los oídos de Ichigo. Aquello fue demasiado para él, por lo que sus manos bajaron de las caderas a los glúteos de la morena, apretándolos con fiereza. Ella se separó levemente para tomar aire y lo miró sorprendida ante aquella reacción. No tardó en volver a atacar sus labios con más ganas y además, comenzar a desabrochar la camisa del muchacho con torpeza.

Al ver que pasaban al siguiente nivel, el pelinaranjo se levantó con cuidado del suelo, cargándola con sus piernas enroscadas en su cintura y sosteniéndola del trasero. La llevó con torpeza hasta la cama, dejándose caer con ella debajo y con su camisa finalmente abierta. Abandonó sus labios para atacar con ansias su níveo cuello, desabrochando de igual forma su camisa y sintiendo de nuevo las suaves manos de Rukia vagando por su espalda.

Los besos fueron bajando a medida que desabrochaba la camisa, empezando por sus clavículas, el medio de sus pechos, estómago y finalizando en su vientre dónde el borde de la falda le impedía seguir su camino. Los suspiros de Rukia ante aquellas caricias se hacían cada vez más sonoros, ella también lo necesitaba con urgencia. Una vez su camisa fue desabrochada, la morena se incorporó levemente para que el chico pudiese sacársela, haciendo ella lo mismo con él después.

En cuanto se vieron desprovistos de sus prendas superiores, se miraron unos segundos fijamente y volvieron a fundirse en un intenso beso. Jamás había visto a Ichigo tan desatado y ansioso, sus besos eran fuertes y sus manos apretaban cada rincón de su cuerpo con desespero, como si se fuese a escapar en cualquier momento. Se sintió culpable de aquello, pues ella provocó todo esto.

Pero la culpabilidad se vio opacada cuando el joven cortó el beso para vagar hasta su cuello y morderlo. Él sabía lo mucho que aquello le gustaba a Rukia. Un leve gemido surgió de los labios de ella, seguido de otro un poco más sonoro al sentir la mano de Ichigo apretar uno de sus pechos. Lo movió, amasó y pellizcó por encima de la tela, besando su escote y lamiéndolo eróticamente. Pronto notó como al muchacho se le hacía molesto el sostén cuando, con mucha más práctica, coló la mano por su espalda y lo desabrochó.

Al sacárselo, sus pechos rápidamente quedaron expuestos y fueron contemplados unos instantes por Ichigo. Los miró atento, como un niño mirando un dulce, mientras los acariciaba con lentitud. Rukia tan sólo pudo observar la parsimonia con la que el chico la tocaba y sintió que su corazón se le salía del pecho. Sus largos dedos rodaban por sus senos, centrándose en los rosados pezones que se erguían erectos ante sus caricias. No pudo reprimir un gemido y aquello enloqueció a Ichigo.

Como un depredador a su presa, el pelinaranjo atacó aquel pecho con sus labios, lamiendo con su lengua el pezón y succionándolo para sacar más jadeos y gemidos de la morena. Lo consiguió, así que apretó con sus manos ambos pechos, turnándose con sus labios cada uno para besarlos. Necesitó más de ella, quiso profundizar más, por lo que desabrochó con rapidez y torpeza la falda de Rukia, sacándola a tirones y dejándola únicamente en bragas.

Se miraron de nuevo, recuperando la respiración, con los ojos brillantes y el desnudo pecho de Rukia subiendo y bajando agitado. No tardó en cortar la mirada únicamente para atacar la vagina de Rukia por sobre la tela. Besó y lamió su humedad que calaba las bragas, moviendo el rostro para que la punta de su nariz estimulase su clítoris. Quiso probarla de nuevo, adoraba el sabor de su sexo y adoraba aún más los gemidos que aquello provocaba en ella. Bajó las bragas de la muchacha dejándola totalmente expuesta y sin darle tiempo a decir nada, se hundió en ella.

Comenzó a gemir incontroladamente cuando la lengua de Ichigo se movió con maestría por todo su sexo, al igual que sus dedos. Cuando fue a taparse la boca para no hacer ruido, el pelinaranjo no se lo permitió. Agarró su antebrazo y la apartó de sus labios, quería escucharla gemir para él. Rukia se excitó de sobremanera ante aquel acto y no se cohibió más. Se estremecía con cada lamida y caricia, con cada penetración que hacía con sus dedos, y sintió que se podría correr en cualquier momento.

– Ichigo…– llamó la atención del chico entre suspiros.

No necesitaron más palabras para entenderse.

Subió de nuevo hasta quedar frente a Rukia, juntando sus frentes y volviendo a mirarse de cerca mientras las manos de la morena desabrochaban hábilmente el pantalón del chico. Sus dedos rozaban su erección, sacando suspiros esta vez de Ichigo. Se besaron más sosegados mientras la morena conseguía liberar el pene del pelinaranjo, mirándose con ternura y a la vez algo de temor.

No sabían bien si lo que estaban haciendo era correcto después de lo que hablaron, pero lo qué sí sabían era que se necesitaban.

La mano de Rukia acarició el erecto pene de Ichigo, guiándolo con delicadeza a su cálida y húmeda cavidad. Sus ojos se fundieron mientras, lentamente, la erección del pelinaranjo llenaba a la chica, la cual no podía reprimir sus eróticos gemidos. El muchacho no pudo evitar contemplar el rostro de Rukia compungido por el placer, sus labios abiertos y jadeantes, sus ojos entrecerrados y sus mejillas encendidas. Era hermosa…

No pudo seguir observando, ya que su propio placer le hizo apretar los ojos y fruncir el ceño para aguantarlo y no venirse en el momento. Llevaban semanas sin hacerlo, y sentía que iba a explotar, pero quiso alargarlo lo máximo posible. Tras mantenerse quieto en su interior unos segundos, se concentró y se empezó a mover lentamente. Ante la fricción de sus sexos, la morena se abrazó a la espalda del muchacho, arañándola con suavidad y escondiendo su rostro en su cuello. Lo besó con suavidad, gimió contra él y aspiró su aroma para nunca olvidarlo. Aquel hombre estaba colándose en su corazón, muy dentro, y aunque le asustaba…en ese momento no quería que saliese.

Gimieron más sonoramente ante las cada vez más rápidas y certeras embestidas del muchacho. Sus cuerpos sudaban y temblaban de placer, el orgasmo se sentía realmente cercano. Rukia salió de su escondite y volvió a mirar a Ichigo, pasando sus manos de su espalda a las mejillas de él, guiándolo hacia ella. Sus labios se volvieron a unir una vez más justo en el momento en el que las paredes de Rukia aprisionaron con fuerza el pene de Ichigo. Los espasmos se repitieron irregulares, apretando la dureza del pelinaranjo más de lo que podía soportar. Llegó él segundos después de aquello, llenando plenamente a Rukia y dando un ronco gemido.

Su cuerpo se desplomó agotado encima de Rukia, con cuidado de no aplastarla. Ambos respiraban agitados, recobrando poco a poco el aire con sus ojos cerrados y sus mejillas enrojecidas. Las manos de la morena acariciaron su ancha espalda hasta que el pelinaranjo salió de ella con lentitud y se hizo a un lado. No dijeron nada, se mantuvieron en silencio, más esta vez no era incómodo en absoluto.

Sin decir nada, Rukia se pegó a Ichigo con necesidad, apoyando su cabeza en uno de sus pectorales y pasando su brazo por encima de él. No le importaba lo que pudiese pensar, lo necesitaba con todo su cuerpo, quería sentir su calor para compensar todas las noches de frio que había pasado sin él. Ichigo, tan sólo la miró, viéndola con los ojos cerrados y respiración acompasada, por lo que decidió imitarla.

No se dieron cuenta en qué momento ambos se quedaron dormidos, pero no fue complicado caer en los brazos de Morfeo. Ambos llevaban días durmiendo poco, y el hecho de que aquel día hubiesen madrugado, entrenado y además tenido sexo, había drenado toda la energía que les quedaba.

Sin embargo, aquel día dormirían mejor que nunca…

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La mañana del viernes llegó, despertándolos un despertador que no le era familiar a la morena. Abrió los ojos, encontrándose con la mirada ocre de Ichigo bastante despierto. La morena mantuvo aquel encuentro, fundiéndose en el reflejo que proyectaban sus ojos. La expresión del chico estaba llena de sentimientos diferentes, podía ver confusión, miedo y tristeza, pero también cariño, ternura y… ¿amor? Hacía tiempo que nadie la miraba de esa forma.

– Vamos a llegar tarde a clase…– susurró la morena con tranquilidad.

– Ya vamos tarde…– contestó con tranquilidad repitiendo las palabras que una vez ella hizo.

La chica esbozó una suave sonrisa al recordar aquello y vio como Ichigo se levantaba con tranquilidad. Ella se incorporó en la cama, abrazando sus rodillas y observando el desnudo cuerpo de Ichigo recogiendo su ropa. Tenía un cuerpo increíble, unos músculos perfectamente definidos y una piel tentadora. Cuando se puso la ropa interior, se giró y se encontró con Rukia totalmente concentrada en él.

– Oe, vístete. – llamó con tranquilidad. – Si bien ya vamos tarde, tampoco es buena idea tentar a la Profesora Unohana.

La morena rió.

– Tienes razón…

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El camino hacia la escuela fue tranquilo y callado. No hablaron como las otras veces, pero el silencio no se sentía tan incómodo como entonces. No mencionaron nada de lo que había pasado y la actitud de Ichigo era extraña. Permanecía serio y pensativo, pero no respondía con frialdad o enojo. Le habría gustado tanto que tras lo ocurrido aquella noche todo hubiese vuelto a la normalidad…pero sabía que no sería tan sencillo como eso.

Llegaron a su clase y como se esperaban, la maestra con su sádica sonrisa de siempre les advirtió que ya acumulaban su tercera falta, por lo cual fueron castigados. Al final de las clases tendrían que quedarse a recoger y limpiar el aula a fondo. No podrían salir con su grupo de amigos aquel día. Como era de esperar, los cuchicheos volvieron a hacerse presentes entre ellos y sus amigos volvieron a preguntar a la hora del almuerzo si por fin se habían reconciliado, obviamente insinuando algo más. Orihime, que el día anterior estuvo con ellos, supo que algo pasó pues quedaron solos. Su rostro entristeció al instante.

Tras comprar el almuerzo en la cafetería, ambos comieron hambrientos hasta repetir plato, la noche anterior ni siquiera cenaron. Fue un espectáculo extraño ver a ambos comer con tanta ansia, fueron el centro de atención en la cafetería de la escuela. Las clases pasaron rápidas y pronto llegaron al final de la última, sabiendo que les tocaría estar castigados. Todos se despidieron de ellos, comunicándoles que se reunirían en casa de Inoue esta vez por si querían ir cuando terminasen.

Comenzaron a limpiar la clase por separado para terminar antes, sin poder evitar darse miradas de reojo de vez en cuando. Ichigo no habló en absoluto y Rukia por primera vez se sintió cohibida de abrir la boca. Quería arreglarlo todo con él, quería volver a estar bien con Ichigo…y no estaba segura, pero sentía ganas también de intentarlo. Aunque se le dificultaba un poco dejar sus miedos a un lado.

– Ichigo…– lo llamó suavemente.

El chico se giró tras colocar uno de los pupitres, mirando fijo a Rukia, quien estaba a unos pasos de él.

– ¿Hm?

– Lo siento…– se disculpó realmente arrepentida.

– No importa, hiciste bien. – rápidamente desvió la mirada y se giró para seguir con su tarea.

Rukia se sorprendió ante lo tajante que fue y en cierto modo, se enojó, pero consiguió calmarse. Entendía su actitud y se lo tenía bien merecido. Se acercó más a él, haciéndose notar y el chico se volvió a girar para enfrentarla. La morena iba a hablar, pero rápidamente el chico la cortó para hablar él.

– Ya no digas nada más, Rukia. – cortó. – Ya entendí qué es lo que quieres y lo que no.

– Ichigo, no es e…

– No. Ya está. – la mirada de Ichigo se desvió, sus ojos brillaban y su ceño estaba fruncido. – Tú sólo quieres lo que hicimos anoche, te lo di, pero por favor no me busques más para eso.

– Déjame habl…– pero lo cortó una vez más.

– Respeto que no quieras nada más que sexo. – recriminó dolido. – Pero sabes que te quiero, no me busques sólo para eso, porque me vas a hacer daño. – Rukia estaba perdiendo la paciencia. – Puedes buscarte a cualquiera para e-

– ¡Qué me dejes hablar, carajo! – gritó la morena desesperada tras darle un golpe.

Ichigo la miró con los ojos abiertos en par en par, pestañeando rápido sin saber que acababa de pasar y sobándose el golpe que le acababa de propinar en la cabeza. Rukia lo observó con el ceño fruncido y respirando agitada, de verdad que la había sacado de sus casillas. Pero no pudo expresar de mejor forma lo que quería decirle más que con un beso. Inesperadamente para el pelinaranjo, la morena lo agarró del cuello de su camisa y tirando de él para tenerlo a su altura, lo besó con fuerza, siendo correspondida momentos después. Finalmente lo empujó hacia atrás, y lo miró decidida. Ichigo estaba perplejo.

– Rukia…

– Yo…– respiró hondo para controlar sus nervios y miró fijo los orbes ambarinos de Ichigo. – Ichigo… yo no sé confiar en la gente…– confesó. – Es difícil para mí….pero eso no significa que no te quiera…

Ichigo la miró apenado.

– Se bien que es difícil para ti. – habló con tranquilidad. – Pero necesito que confíes en mí…

– Lo intento…de verdad. – desvió nerviosa la mirada. – Pero…no es sencillo…

– Inténtalo. – pidió con decisión, volviendo a recuperar el contacto visual.

– Ichigo...

– Si de verdad dices que me quieres, inténtalo. – habló tajante.

La morena guardó silencio unos segundos, mirando al suelo y cavilando si sería buena idea hablar de aquello. Alzó la mirada y contempló a Ichigo, con su mirada penetrante y sincera, su ceño fruncido que denotaba decisión…lo quería de verdad. Y él la quería a ella. Quizá fuese buena idea dar un paso adelante y hablar de aquello que ocurrió en su pasado. Quizá de esa manera pudiese decir adiós a aquello y dar la bienvenida a un futuro mejor junto a Ichigo.

– Está bien, Ichigo…– habló con decisión. – Te contaré todo…

El corazón de Rukia Kuchiki se había abierto y esperaba no tener que arrepentirse…

Continuará…


¡Ya estamos terminando! El próximo capítulo será el "final", pero el décimo será un epilogo para matizar cuestiones que quedaron en el aire, pero será cortito. En el próximo cap se verá todo sobre Rukia y por fin podrán comprender ciertas actitudes, ojalá les guste...será algo más largo que lo habitual. Qué triste estoy de que se acabe mi primer Universo Alterno :c

En este capítulo, Rukia por fin se da cuenta de sus sentimientos hacia Ichigo y siente miedo de perderlo por culpa de sus demonios. Siente celos al imaginar a Orihime con él, sintiendo todas las cosas que en un principio sentía ella y ahí decide dar el paso. Esos dos se atraen demasiado como para estar separados :)

Muchas gracias por haber seguido conmigo este fic, de verdad que me ha puesto muy feliz ver tantísimo apoyo. Estoy barajando otro Universo Alterno, pero esta vez algo más dramático y no tan cómico como este, pero bueno...a ver que sale.

Espero vuestros reviews con ansias, de verdad que me gusta mucho leer sus opiniones y sugerencias. ^_^ Me gustaría que me contestaran a esta pregunta en un review a parte de vuestra opinión:

"¿Qué creen que le pasó a Rukia en su pasado para que ahora sea tan desconfiada?"

¡Con mucho cariño!

Atte:HanaBerry