La chica de al lado
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Capítulo 9
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Advertencias:
- Universo Alterno
- Contenido sexual explícito
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Anteriormente…
– Lo intento…de verdad. – desvió nerviosa la mirada. – Pero…no es sencillo…
– Inténtalo. – pidió con decisión, volviendo a recuperar el contacto visual.
– Ichigo...
– Si de verdad dices que me quieres, inténtalo. – habló tajante.
La morena guardó silencio unos segundos, mirando al suelo y cavilando si sería buena idea hablar de aquello. Alzó la mirada y contempló a Ichigo, con su mirada penetrante y sincera, su ceño fruncido que denotaba decisión…lo quería de verdad. Y él la quería a ella. Quizá fuese buena idea dar un paso adelante y hablar de aquello que ocurrió en su pasado. Quizá de esa manera pudiese decir adiós a aquello y dar la bienvenida a un futuro mejor junto a Ichigo.
– Está bien, Ichigo…– habló con decisión. – Te contaré todo…
El corazón de Rukia Kuchiki se había abierto y esperaba no tener que arrepentirse…
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Los comienzos de Rukia los recordaba junto a su hermana, una mujer muy parecida a ella de cabellos negros y piel blanca. Se llamaba Hisana, y ambas siempre fueron huérfanas tras la muerte de sus padres en un fatídico accidente de coche. La diferencia de edad entre ambas era de casi dieciocho años, pues la hermana más mayor fue concebida tras un error adolescente a los dieciséis. Sin embargo, sus padres siempre se quisieron y también la adoraban a ella. Fueron una familia feliz de tres hasta que la madre de ambas quedó embarazada de Rukia a los treinta y cuatro, cuando todos tenían estabilidad y se sintieron preparados para un segundo hijo.
La pequeña Rukia tan sólo tenía un año cuando perdió a sus padres, nunca los llegó a conocer conscientemente y no tuvo más madre y padre que su hermana Hisana. Siempre fue su única familia y la que la tuvo que criar con apenas los diecinueve años cumplidos. Trabajó en varios empleos para salir adelante, en un pequeño apartamento como en el que vivía Rukia actualmente y con la suerte de tener una anciana vecina que se hacía cargo de la pequeña cuando Hisana tenía que salir a trabajar.
A los veinte y con una Rukia de dos añitos, Hisana encontró un trabajo como mesera en un buen restaurante, dónde se rodeaba de gente de clase alta. Allí conoció al primogénito de los Kuchiki tras un accidente dónde la muchacha derramó el vino en la camisa del joven. Tras disculparse mil veces y ayudarle a limpiar su camisa, el hombre llamado Byakuya se enamoró de su sencillez y su amabilidad. Con el tiempo comenzaron a salir, y un año después cuando Rukia alcanzó los tres años, se vieron viviendo en la ostentosa casa del muchacho.
La rica familia de Byakuya nunca aprobó aquella relación, pero puesto que era su único primogénito varón no se opusieron a su posterior enlace en el que además se convirtió en el tutor legal de Rukia junto a Hisana. Durante toda su infancia a Rukia jamás le faltó nada, y siempre estuvo rodeada del amor que no pudo tener de sus padres. Sin embargo, creció como una niña feliz y fuerte, pero con una gran dificultad para hacer amigos. Era bastante brusca en comparación a las otras niñas que preferían jugar con muñecas y ser princesas, ella buscaba más trepar árboles y jugar con el balón. Por eso y desde que tenía cinco años, fue amiga inseparable de Renji. Ambos eran muy parecidos, y acabaron siendo como hermanos. Se defendían de los demás y siempre se contaban absolutamente todo.
Cuando tenía unos diez años, una familia de alta alcurnia se mudó a la gran casa de al lado. Era una extraña familia con tres hermanos que se dedicaban a los negocios al igual que su hermano adoptivo. De hecho eran amigos de la familia, ya que fue el propio Byakuya quien les comunicó acerca de la casa que estaba en venta en su barrio. Invitaron a los Kuchiki a una cena para celebrar la mudanza, y allí fue cuando todo empezó.
– Rukia, vamos, deja de moverte. – pidió amablemente su hermana mientras cepillaba su cabello para recogerlo elegantemente.
– Ay, pero es que no me gusta así. – se cruzó de brazos mirándose al espejo.
– ¿Por qué? Si te ves muy linda. – miró sonriente por el espejo admirando a su hermana. – Así se te ve bien tu bonita cara.
– Tsk. – desvió sonrojada la mirada ante aquel alago.
– Vamos, o llegaremos tarde.
Su hermana tenía una voz dulce y suave, nunca gritaba ni se exaltaba. Rukia la admiraba muchísimo, pues ella era todo lo contrario.
– ¿Por qué tengo que ir? – siguió a su hermana. – Las cenas de adultos son muy aburridas.
– Tienes que ir, nos esperan a todos. – explicó con tranquilidad.
Aquello no pareció convencer demasiado a Rukia, pero tenía diez años y nadie le iba a hacer caso aunque replicase. Bajaron las escaleras, encontrándose con Byakuya esperando en la entrada. Se le iluminaba el rostro cada vez que veía a su esposa, se notaba que la amaba con todo el corazón. La pequeña morena también admiraba mucho a aquel hombre, siempre la trató con mucho respeto y la enseñó muchas cosas cuando tenía tiempo libre.
Salieron como una familia de la casa, dispuestos a ir a la de sus vecinos. No estaba en absoluto interesada en aquello, pero todo cambió minutos después. Llamaron a la puerta, y de ella salió una atractiva mujer de cabello castaño y llamativos ojos azules. Se veía muy elegante y amable, como su hermana. Todos se saludaron y después llegó el que parecía ser el padre, un hombre de pelo negro y ojos castaños. Aquella casa era similar a la suya, pero con una decoración más tradicional. Los llevaron a la sala, en la que tenían unos entremeses para abrir el apetito…la verdad que no se veían nada apetecibles para Rukia.
– Iré a llamar a mis hijos para que los conozcan. – habló la mujer.
Rukia se estaba aburriendo mucho, no entendía nada de lo que hablaban los adultos y en aquella casa no había nada que le interesase. O al menos eso creía hasta que por la gran puerta aparecieron tres personas. La primera fue una atractiva mujer de unos veinticinco años, voluptuosa, de cabello negro y ojos grisáceos, seguida de un feucho adolescente de quince. Pero quien captó su atención por completo fue el muchacho de diecinueve años.
Era alto y apuesto, con un cabello negro y ojos de un color azul celeste brillante. Se quedó mirándolo fijamente sin darse cuenta, hasta que el chico se dio cuenta y le dedicó una hermosa sonrisa. La pequeña Rukia tan sólo desvió la mirada al suelo sonrojada.
– Estos son mis hijos. – se acercó a la chica. – Esta es mi hija Kuukaku, acaba de volver de estudiar en el extranjero.
– Encantada. – dijo sin muchas ganas.
– Mi hijo pequeño, Ganju. – el chico tan sólo respondió con un monosílabo.
¿Cómo podía ser la genética tan cruel? Aquel tipo era horrendo en comparación con sus otros dos hermanos. Se habían robado toda la belleza.
– Y él es mi hijo Kaien.
Kaien… así que se llamaba Kaien. La morena volvió a quedarse embelesada mirándolo, con su corazón latiendo rápido.
– Un placer. – habló amablemente haciendo una reverencia y sonriendo. – ¿Cómo se llama la pequeña?
El ceño de Rukia se frunció al instante. ¿A quién estaba llamando pequeña aquel tipo? Tenía diez años, no era tan pequeña…o al menos eso creía ella. Se cruzó de brazos y miró hacia otro lado, obligando a su hermana Hisana a presentarla.
– Su nombre es Rukia. – contestó con amabilidad posando sus manos en los hombros.
El muchacho se acercó a ella, encorvándose hasta quedar a su altura y quedando su rostro frente al suyo. La pequeña morena se sonrojó de nuevo, pero su ceño fruncido no desapareció en absoluto.
– ¿Qué pasa? ¿Te comió la lengua el gato? – la niña iba a replicar cuando él le revolvió el pelo, despeinando el recogido que tanto le había costado hacer a su hermana.
Ese tipo ya no le gustaba tanto.
Aunque con el tiempo volvió a caer rendida a él. Hisana entabló una buena relación con su madre, por lo que ella la acompañaba sólo para poder verlo a él. Siempre bromeaba con ella y la molestaba, pero a veces era agradable. Aquello sólo hizo que la muchachita acabase enamorándose locamente de él, su primer amor, aunque siempre supo que sería imposible. Ella era una niña y el no la veía como nada más que eso.
Sin embargo, Rukia nunca se dio por vencida, y Kaien permaneció como su amor platónico por muchos años. Él comenzó a darle clases particulares, pues nunca fue buena en matemáticas, pero cuando cumplió los doce se llevó la peor desilusión de su corta vida. En una de sus sesiones, el chico le anunció que esa sería la última. Tenía veintiún años y se marchó a estudiar fuera del país, por lo que pasarían años hasta que se volvieran a ver.
Aquel día lloró como una niña a la que le quitaban su dulce, pero sintió mucha pena pues a pesar de sus sentimientos, se había convertido en un buen amigo. Pero el tiempo siguió pasando y Rukia continuó su vida con tranquilidad. Sus notas se resintieron un poco en matemáticas, pero pudo dar gracias a Renji que como pudo la ayudó. La secundaria no fue lo mejor para la morena, pues no encajaba con las mujeres y cuando antes si lo hacía con los hombres, ahora ellos estaban interesados en la clase de chica que ella no era. Sin embargo, jamás pudo dejar de contar con su amigo pelirrojo.
Pero todo cambió un poco al llegar a los dieciséis. La morena había empezado a desarrollar, y si bien no fue algo exagerado, su cuerpo se apreció más adulto. Se veía más mujer y ya casi no quedaba rastro de la niña que fue, ahora incluso tenía varios pretendientes pero ninguno la interesaban en absoluto. Su corazón, aunque no quisiera admitirlo, seguía ocupado por el recuerdo de Kaien.
Su vida era tranquila, pero monótona. Todo se basaba en ir de casa a la escuela y viceversa. La mayor parte del tiempo la pasaba con Renji, pero entendía que él quisiera hacer amistad con otras personas, por lo que no lo acaparaba siempre. Pero todo esto se acabó cuando volvía de la escuela y antes de entrar a su casa alguien con una voz conocida la llamó.
– ¿Rukia?
La muchacha se giró sorprendida hacia dónde procedía esa voz y sus ojos se abrieron de par en par cuando vio quien fue. Su corazón dio un vuelco y una sonrisa se esbozó en su rostro sin poder controlarla.
– ¿Kaien? – no podía reaccionar ni moverse, todo eso era tan irreal…
El joven de ahora veinticinco años se acercó a ella con aquella hermosa sonrisa con la que tantas noches había soñado la morena.
– Dios mio, Rukia, ¡cuánto has crecido! – apuntó realmente sorprendido. – Ya eres toda una mujer.
– G-gracias…– no pudo evitar mirar hacia abajo sonrojada, a lo que él se rió.
– Oh, vamos, no te sonrojes. – volvió a revolverle el cabello. – ¡Te ves bien!
– T-tu también. – respondió volviendo a mirarlo, de verdad que se veía más maduro. – ¿Qué haces aquí?
– Volví hace unos días al país y vine a recoger algunas de mis cosas para llevarlas a mi nueva casa.
– ¿Dónde vives ahora, Kaien? – preguntó interesada
– Más cerca del centro, en un apartamento. – el chico contempló a Rukia unos instantes. – Cuando quieras estás invitada y te lo enseño.
– ¿De verdad? – preguntó ilusionada.
– Claro, puedo recogerte cuando salgas de clase si quieres– ofreció con sinceridad.
– ¡Seria genial!
– ¿Mañana te viene bien?
– Mañana tengo entrenamiento con el club de atletismo. – expuso apenada. – Pero el día siguiente me viene perfecto.
– Entonces será. – una vez más volvió a revolverle el cabello. – ¡Nos vemos pronto!
Se despidió con su característica sonrisa y agitando la mano, a lo que Rukia tan sólo pudo imitarlo con una sonrisa tonta en el rostro. Qué había sido aquello, ¿Kaien viéndola como una mujer? Se sonrojó al momento, tapándose el rostro con ambas manos para luego entrar en casa. Aquellas noches hasta que llegase el día en el que quedaría con Kaien serían demasiado largas, pues le iba a costar dormir por la ilusión y el nerviosismo…
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La última clase iba a finalizar, y durante todas las anteriores había estado en otro mundo, cosa que Renji pudo notar. Sonó el timbre y todos recogieron sus cosas, la morena con más rapidez que de costumbre, por lo que su amigo no pudo evitar preguntar por su arranque de felicidad así de golpe.
– ¿Qué te pasa? – llamó la atención de una sonrojada Rukia. – Has estado rara estos días.
– Oh, no es nada. – contestó desviando la mirada y con una sonrisa estúpida.
– Vamos, Rukia. – ambos salieron juntos por la puerta del aula. – Cuéntame.
– ¿Recuerdas a Kaien? – el chico asintió. –Ha vuelto.
– ¿Y qué más? – sabía que algo más pasaba.
– Hoy viene a buscarme para enseñarme su nuevo apartamento.
– Rukia…– la miró preocupado.
– Ah, vamos, no pasa nada. – le restó importancia al saber lo que insinuaba. – Nos conocemos desde hace años.
– No me refiero a eso…
– ¿Entonces? – lo miró curiosa mientras bajaban las escaleras.
– Él te gusta, no puedes negarlo. – Rukia se sonrojó dándole la razón. – Si intenta algo, no vas a apartarte.
– ¿Y qué tiene de malo? – gruñó molesta.
– Tiene veinticinco años, Rukia. – advirtió.
– Y yo dieciséis, no es tanto. – aceleró el paso.
– Sólo digo…– la paró antes de que se fuese sin él. –…que tengas cuidado, ¿sí?
Rukia miró a su amigo y vio que tan sólo se preocupaba por ella, por lo que se relajó. Le dedicó una mirada tranquilizadora con sus ojos violetas y frotó con su mano el brazo de su buen amigo. El chico suspiró derrotado, no podía ganar a Rukia cuando se ponía terca.
– Estaré bien, de verdad…– tranquilizó con una suave sonrisa.
Renji indicó con la cabeza que se marchase ya, y ella fue corriendo. Sólo pudo ver desde allí como saludaba a un hombre alto y guapo de cabello oscuro y se subía a su coche. Sólo esperaba que su amiga supiese cuidarse bien, porque había algo que no le daba buena espina en esta situación.
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No sabía cuándo ni cómo había ocurrido aquello, pero lo que estaba sucediendo en ese mismísimo momento era lo que había deseado durante toda su corta adolescencia. Acababa de darse su primer beso con quien siempre soñó y ahora no podía parar. Todo ocurrió tan rápido, que tampoco supo en qué momento Kaien se comenzó a sentir atraído por ella, pero aquello le encantaba.
El contacto de sus labios se profundizó sobre aquel sofá de falso cuero mientras las manos de Kaien la atraían más hacia él. El beso era algo torpe, pues ella no tenía apenas práctica, pero cada vez se supo desenvolver mejor. La lengua del chico se coló entre los labios de la morena, buscando la de Rukia y jugueteando con lentitud. Aprovechaban cuando paraban para recobrar la respiración, pero pronto volvían a unirse con fiereza.
Notó como una de las manos de Kaien bajaba por sus caderas hasta sus muslos, tocando su piel por debajo de la falda, recostándola poco a poco hacia atrás en el sofá y haciendo que el corazón de Rukia comenzase a palpitar desbocado. Estaba nerviosa y no sabía si debía parar ahora o continuar. Cuando los labios del moreno la dejaron respirar para bajar a su cuello, pudo hablar.
– K-Kaien…– lo llamó entre suspiros.
– ¿Ocurre algo? – preguntó suavemente sin dejar de besar su cuello.
– Y-yo…no estoy segura…
El chico paró y la miró recostada en el sofá, agitada. Le regaló una sonrisa tranquilizadora, y se quitó de encima.
– Está bien, discúlpame. – le tendió la mano para ayudarla a incorporarse. – Me dejé llevar.
– N-no pasa nada…– susurró acomodándose la ropa. – Yo también quise…
El chico la miró sorprendido y sonrió ampliamente, revolviendo su cabello de nuevo como hacía siempre. Cada vez que hacía eso, la morena se sentía una niña de nuevo. No perdería jamás aquella costumbre. Ambos se levantaron y salieron del apartamento, Kaien hablando con tranquilidad mientras ella no dejaba de pensar en lo que acababa de suceder. Montó en el coche del chico y la llevó a su casa, dejándola unas calles más abajo, no era buena idea que la vieran con él. Harían preguntas y no pensarían nada bueno.
– Kaien… – lo interrumpió mientras hablaba de quien sabe qué.
– ¿Sí? – miró el asiento del copiloto en el que estaba sentada.
– Y-yo…no es que no quisiera hacerlo contigo. – confesó mirando hacia sus manos que jugaban nerviosas. – Sólo…necesito un poco de tiempo…
El chico se mantuvo callado unos segundos observándola y luego sonrió mientras acariciaba su mejilla con cariño.
– Está bien. – la morena lo miró sorprendida y sonrojada. – No tengo ninguna prisa.
La chica sonrió tímidamente, sin esperarse el beso de despedida que le dio aquel hombre. Su sueño se estaba haciendo realidad, y su corazón se le iba a salir del pecho de la emoción. Aquella noche no pudo dormir de pensar en aquellos besos y sus caricias, de su calidez y su aroma, de la manera en la que había mojado su ropa interior. Jamás le había ocurrido algo así. Ella era una inexperta, al contrario que él.
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Tuvieron varios encuentros así antes de dar el siguiente paso. Él la buscaba a la salida de la escuela, levantando rumores entre sus compañeros sobre lo mayor que era aquel hombre para Rukia, pero nunca les prestó atención. A veces iban a alguna cafetería del centro, pero siempre acababan en su apartamento, llevando aquella relación un paso más adelante poco a poco. Lo que al principio empezaba como algo inocente, desembocaba en besos y caricias desenfrenadas.
Pero aquel día llegó más allá, y se encontró semidesnuda, recibiendo candentes besos por todo su cuerpo. Las manos de Kaien se volvieron más exploradoras, alcanzando su mojada intimidad por encima de la única prenda que llevaba puesta. Se sentía nerviosa, pero quería más, lo estaba disfrutando demasiado y sus gemidos lo demostraban. Su primera vez le dolió más de lo que esperaba, no consiguió venirse, pero él sí. Lo hizo fuera de ella, haciendo peligrosamente la marcha atrás. Cuando terminaron, el se tumbó a su lado estirándose con tranquilidad y posteriormente mirando a Rukia.
– ¿Estás bien?
– S-sí. – contestó sonrojándose.
– No me imaginé que fueses virgen. – confesó con tranquilidad. – Disculpa si te hice mucho daño.
– N-no, está bien. – mintió. – No fue para tanto.
El chico rió al ver como se hizo la fuerte y se acercó a ella, revolviéndole el cabello para luego darle un beso en la coronilla.
– Eres muy tierna, Rukia. –la abrazó contra él. – Siempre lo fuiste.
– Tú siempre me gustaste…– confesó avergonzada.
– ¿Ah, sí? – preguntó con sorpresa y carcajeándose.
– Sí…– asintió. – Fuiste mi amor platónico.
– Aw, qué linda. – la abrazó con más fuerza para después separarla y mirarla. – ¿Por eso quisiste hacerlo conmigo?
– Más o menos, sí. – admitió. – ¿Y tú…? ¿Por qué quisiste hacerlo conmigo…?
– Hmm…– guardó silencio unos segundos, pensativo. – No sé, siempre vi algo en ti, pero eras muy pequeña para mí. – volvió a mirarla con ternura. – Pero ahora la diferencia de edad no se nota tanto, ¿o sí?
– No. – negó ella abrazándose más a él.
Se quedaron así durante varios minutos, con una pensativa Rukia cavilando todo lo que acababa de decir. ¿Significaba eso que ahora ellos eran algo? ¿O sólo quería estar con ella para el sexo? Le dio un poco de miedo que fuese lo segundo, le había entregado su virginidad y le gustaría poder ser algo suyo. Además, lo quería demasiado para ser sólo algo pasajero.
– Kaien…– el chico contestó con un monosílabo. – ¿Qué…qué se supone que hay entre nosotros?
– ¿Qué te gustaría que hubiese? – le devolvió la pregunta, mirándola con tranquilidad.
– N-no lo sé…– respondió. – Nunca he estado en una situación así…
– ¿Querrías ser mi novia? – preguntó divertido, a lo que Rukia asintió con timidez. – Pues que así sea.
La volvió a estrechar entre sus brazos y la morena nunca se había sentido tan feliz.
Por fin, Kaien Shiba era su novio…
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Los encuentros entre ambos se hicieron más continuos, Kaien enseñó prácticamente todo lo que sabía sobre el sexo a Rukia, quien poco a poco dejó de ser una inocente virgen que ni sabía masturbarse. La ayudó a conocer su cuerpo y a darle placer, pero nunca cambiaría a su querido novio por una mano. Al menos no mientras no fuese estrictamente necesario. Seguían viéndose a escondidas, pues estaba seguro que ni su hermana ni Byakuya aceptarían que estuviese saliendo con alguien nueve años mayor. Además, que era el hijo del socio de su cuñado, aquello podía traerle problemas.
Tuvo que empezar a mentir sobre sus llegadas tarde a casa, usando a Renji para aquello, por lo que su familia comenzó a pensar que ambos estaban saliendo. Pero no le importaba, su amigo siempre la cubría, por lo que podía seguir disfrutando de su secreta relación con Kaien. O al menos, eso creía, pues poco a poco notó al muchacho más distante que de costumbre. Y todo ocurrió a raíz de una discusión en la que el moreno acabó exponiendo todos sus miedos y prejuicios.
– L-lo siento…– se disculpó la chica aguantando las lágrimas.
– Rukia, ¿no lo entiendes? No puede ser. – contestó exasperado, dando vueltas por el apartamento. – ¿De verdad no te bajó aún?
– No…– contestó con un hilillo de voz, asustada.
– Rukia, no puedes estar embarazada. – habló tajante. – ¿No entiendes el problema que eso sería?
– Q-quizá sólo…quizá solo se esté retrasando…– trató de tranquilizarlo, mirando a aquel hombre que parecía alguien distinto.
– ¿Y si no? – se pasó una mano por el cabello. – Tienes dieciséis años, Rukia. Y yo veinticinco, ¿sabes en el problema en el que podrían meterme tu familia?
– ¡Pero yo quise hacerlo! – replicó desesperada.
– ¡Pero eso da igual, eres una menor! – contestó rápido y sin ninguna delicadeza, haciendo que el rostro de la muchacha entristeciese cada vez más. –Eres sólo una adolescente…
Aquellas últimas palabras fueron un susurro, pero Rukia alcanzó a escuchar. Se sintió como una puñalada en el corazón, seguía siendo una niña para él y aquello dolía. Trató de aguantarse las lágrimas lo más que pudo, apretando los ojos y respirando hondo, reemplazando la tristeza por el enojo. ¿Por qué ahora la hablaba así? Cuando lo estaban haciendo no pensó ni en su edad ni en si era buena idea.
– ¿Entonces por qué te acostaste conmigo? – el chico miró a Rukia sorprendido por su arranque de valentía y aquel tono de voz serio. – Poco te importó que fuese menor cuando lo hacíamos.
– Rukia, tu también quisiste.
– Pero yo no te estoy recriminando nada…
Kaien se quedó callado, mirándola serio y frunciendo el ceño. Terminó suspirando y cerrando los ojos en busca de paciencia, aquello no le gustaba en absoluto.
– No entiendes que puedo acabar en la cárcel como estés embarazada, ¿verdad? – habló con tranquilidad pero con frialdad en su voz.
– No eres al único al que se le va a truncar la vida aquí como así sea. – replicó enojada.
– Pero tú no acabarás entre rejas. – contestó de igual manera. – Nunca debimos haber sido nada, esto fue un error…
Los ojos violetas de Rukia se abrieron de golpe, dolidos por las palabras de Kaien. Una lágrima se escapó de sus ojos sin poder evitarlo, y el moreno se sintió terriblemente mal. Rápidamente la chica se limpió aquello, intentando parecer fuerte, pero Kaien se acercó a ella y la abrazó fuerte. Se sentía protegida cuando la abrazaba así, pero sabía que algo había cambiado dentro de la cabeza de su novio, ahora en su relación había miedo.
– Perdóname…– susurró Kaien mientras ella escondía más su rostro en su pecho. – No quise decir eso…
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Pero lo dijo.
Y en realidad, lo pensaba muy a menudo. Cada día se arrepentía más de haber comenzado una relación con Rukia, pues se dejó llevar por su crecida apariencia. Aquella noticia del embarazo fue una falsa alarma, la morena tenía una menstruación muy irregular, pero aquel susto les costó caro. Tenían muchas razones para pensar que un embarazo podía ocurrir entre ellos, mantenían muchas relaciones sexuales a la semana, y todas ellas sin ninguna clase de protección. La marcha atrás no era ningún método seguro, ni mucho menos.
Pasaron varias semanas desde aquella discusión, pero se veían mucho menos y Kaien evitaba a toda costa mantener relaciones. Notaba que usaba más su teléfono y era menos cariñoso con ella. Todo había cambiado demasiado, y Rukia empezaba a sospechar que algo estaba ocurriendo a sus espaldas…y sabía que no era nada bueno.
A la salida de clases, el moreno estaba a la puerta de la escuela como siempre, sentado en su coche con una expresión seria. Rukia lo vio a lo lejos mientras se despedía de Renji, pero su amigo pelirrojo sabía que había algo raro en el rostro de aquel hombre. Se quedó allí, observando cómo su buena amiga iba hacia el coche, ya sin correr como hacía antes y se montaba en él. Sin embargo, no arrancó y parecieron estar hablando.
– Hey, ¿qué tal tu día? – preguntó con voz tranquila el hombre.
– Bien, aburrido…– contestó de igual manera.
Miró a su novio, el cual mantenía sus ojos clavados al frente, con las manos en el volante moviéndose nerviosas. Estaba más raro que de costumbre, ni siquiera se había acercado a besarla como hacía siempre. Desde hacía días estaba menos cariñoso de lo que siempre era, y aquello era extraño. Con valor, la morena respiró profundo y lo miró.
– Kaien, ¿ocurre algo? – preguntó. – ¿Por qué no arrancas?
– Tengo…–suspiró y la miró fijo. – Tengo que decirte algo.
La morena guardó silencio temiéndose lo peor. Trató de mantenerse fuerte y tragó duro, para mirarle decidida, con su ceño fruncido pero sin evitar que sus manos temblasen sobre su regazo.
– ¿Qué es…?
Y de nuevo otro silencio.
Kaien desvió la mirada cual cobarde.
– Te he engañado... – el corazón de Rukia se paró y sus ojos se abrieron sorprendidos, comenzando a sentir como las lágrimas empezaban a agolparse tras sus violáceos orbes. – He…he estado con otra mujer…
La morena miró al frente, tratando de controlar sus ganas de llorar y con gesto frio. Sintió como su corazón se hacía pedacitos dentro de ella ante aquella traición. Jamás pensó que pudiese experimentar un dolor tan grande que no fuese físico. Cerró los ojos con fuerza, no se permitiría llorar, no delante de él. El chico, desesperado al no recibir respuesta la miró preocupado y estiró su mano para acariciar su mejilla, pero Rukia, sin moverse de la posición en la que estaba, la apartó de un manotazo.
– ¿Con quién? – preguntó tajante y seria.
– Miyako…
Aquel nombre le sonaba de algo, de haber sido mencionada en alguna conversación, pero en ese momento no le ponía cara. Quiso saber más, sobre todo un detalle que le interesaba de sobremanera. Abrió los ojos y miró con frialdad a Kaien.
– ¿Qué edad tiene? – volvió a preguntar de igual manera, con enojo en su mirada.
– Rukia, eso no es necesario…
– Dime. – exigió al momento con voz decidida pero ligeramente temblorosa.
Kaien miró hacia abajo acobardado y contestó.
– Veinticuatro…
– Entiendo…– la morena desvió la mirada y cerró de nuevo los ojos unos segundos.
Finalmente no pudo soportar más estar cerca de él. Suspiró y abrió la puerta dispuesta a marcharse, cerrándola de nuevo con fuerza y rabia. Renji vio todo aquello, y aunque no pudo escuchar, sabía que algo iba mal cuando vio a su amiga caminar en otra dirección con gesto dolido y a Kaien salir del coche preocupado.
– Rukia, déjame llevarte a casa.
La mano de Renji se posó en el hombro de Kaien, provocando que el chico mirase al pelirrojo con confusión. El viejo amigo de Rukia tan sólo lo miró con enojo y negó con la cabeza, indicándole que lo mejor era que se mantuviese alejado. Cuando el moreno se dio por vencido, Renji corrió tras su amiga, la cual iba a paso rápido sin mirar atrás. Sabía que algo grave acababa de pasar.
– Rukia…– la llamó cuando estaba a unos pasos detrás suya, pero no hizo caso. – Rukia, espera.
La paró agarrándola por el hombro, pero ella se deshizo con un brusco movimiento.
– Déjame, Renji. – espetó alzando la voz. – Quiero estar sola.
Pudo notar como su voz era temblorosa, iba a llorar en cualquier momento. Respiraba agitada, con sus ojos enrojecidos y una expresión entre triste y enojada. Su amiga, a la que nunca había visto llorar, iba a explotar en cualquier momento. Lo único que pudo hacer fue abrazarla con fuerza, a pesar de que ella pataleaba y trataba de empujarlo entre reproches, pero no la soltó ni un solo momento.
– ¡Suéltame, Renji! ¡Para…! ¡D-déjame sola…! – su voz se quebró y sus ataques se hacían cada vez más débiles, Renji tan sólo apretó más el abrazo.
– Ya está…– susurró tranquilizadoramente, sintiendo como el rostro de su amiga se escondía en su pecho.
Notó como correspondió el abrazo, apretando con fuerza la camisa de Renji y temblando. Él sólo pudo acariciar su cabeza con una mano, cerrando los ojos mientras escuchaba como empezaba a sollozar. Las lágrimas no se hicieron tardar y pudo notar cómo se filtraban por su camisa. Sintió el dolor que su amiga estaba padeciendo, compadeciéndose de ella a pesar de no saber qué había ocurrido…pero podía imaginárselo.
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Cuándo todo se calmó, Rukia explicó a Renji todo lo ocurrido, y desde entonces la morena se había vuelto más fria con respecto a sus sentimientos. Él trataba de presentarle a amigos, porque pensó que el dicho "un clavo saca a otro clavo" servía de algo, pero no funcionó con ella. Conoció a un muchacho meses después, un buen chico llamado Ashido con el que mantuvo una buena amistad a final de curso y con quien comenzó a salir a menudo en las vacaciones de verano.
Renji se sintió esperanzado al ver que la chica comenzaba a rehacer su vida y no se quedaba estancada. En algún momento ambos comenzaron a salir, o al menos eso parecía. Rukia le contó que había estado con él y llegaron a la segunda base, por lo que de alguna manera eran pareja. Pero no duró mucho…la morena decidió cortar con la relación pocas semanas después. Apreciaba mucho a aquel chico, pero no sentía nada por él. No sentía nada con sus caricias, ni con sus besos…todo se le hacía vacío.
Y lo peor de todo, en su mente seguía estando Kaien.
Se sintió una pésima persona cuando cortó con Ashido, él era un buen chico de su edad, que la quería y se esforzaba por hacerla feliz, pero su corazón continuaba roto. Él merecía a alguien que pudiese amarle de la misma manera, y ella aquello no podía dárselo. Quedaron bien, como amigos, pero el muchacho poco a poco se fue alejando de ella. Le dolía estar cerca de Rukia, pues seguía amándola.
Tras aquello, Rukia no volvió a tener pareja y si alguna vez mantuvo relaciones sexuales con alguien, fueron muy pocas y esporádicas. Renji siempre se preocupaba de ella, pues sabía que era la forma que tenía de protegerse de todo aquello. Todo parecía ir mejorando poco a poco, nunca volvió a ver a Kaien hasta un fatídico día…
Con el último curso apenas empezado un par de meses, Rukia dejó de asistir a clases.
Su hermana Hisana murió.
Fue víctima de un cáncer que no se trató a tiempo y se la llevó de forma prematura. Aquello fue devastador para la morena, pues ahora estaba completamente sola. Byakuya seguía siendo su tutor legal, pero él tampoco se encontraba en condiciones de apoyar a nadie, pues también necesitaba ser apoyado… había perdido a su gran amor. El día del entierro, Kaien asistió a presentar sus respetos, pero la morena no le prestó atención. Su cuerpo estaba en aquel funeral, pero su mente voló lejos de allí y parecía una muerta en vida. Creyó que no podía sufrir más después de lo de Kaien, pero era un craso error. Siempre hay algo peor para golpearte.
No volvió a clases, pues su salud mental era pésima. Se la pasaba encerrada en su habitación, sin apenas dormir y tan sólo comía cuando Renji iba a su casa y la obligaba a hacerlo. No podía soportar vivir en aquella casa, todo le recordaba a su hermana y ahora se sentía sola. No encajaba en aquella familia sin Hisana, nunca la aceptaron salvo Byakuya y ahora nada le unía a ellos salvo aquel papel legal que firmó el primogénito. Cuando la morena, gracias a Renji, comenzó a sentirse mejor mentalmente varios meses después, decidió abandonar la casa.
Byakuya no se opuso y aceptó con la condición de que él correría con los gastos y que ella volvería a estudiar en el curso siguiente. Y además, que lo visitaría todos los domingos. Aunque aquel hombre no fuese alguien cariñoso, la crió como si fuese su hija y el hecho de que su mujer hubiese fallecido, no borraba todo aquel amor y cariño paternal que sentía hacia Rukia. Ella aceptó y desde entonces lo hizo, aunque cada vez que fuese allí los recuerdos la atormentasen.
Recientemente, cuando ella ya conoció a Ichigo, se llevó una sorpresa en una de sus visitas a casa de su hermano. Llegaba con tranquilidad a aquella lujosa casa como de costumbre, siempre observando de reojo la casa de sus vecinos, aquella en la que conoció a su primer amor, sentía tristeza y nostalgia al recordar todo lo que sucedió. A veces deseaba que nunca se hubiesen mudado allí.
Llamó a la puerta y la atendió Byakuya personalmente. Su semblante se volvió más serio y frio tras la muerte de su hermana, pero con ella parecía relajarse más.
– Hola, Rukia. – saludó con tranquilidad.
– Hola, hermano. – se adentró en la casa, frotando el brazo de su pariente adoptivo con cariño. – ¿Cómo estás?
– Bien. – contestó. – Hoy tenemos visitas para almorzar, seguro te alegras de volver a verlo.
Anunció haciendo extrañar a Rukia. ¿Quién podría ser? Dejó su chaqueta en el perchero y entró con curiosidad al comedor en el que los invitados parecían estar esperando. Jamás pudo esperarse encontrárselo allí, y su rostro denotó sorpresa al ver quién era. Aquel hombre que la traicionó estaba allí, con sus veintisiete años y junto a una mujer embarazada. Pero no se desmoronó, tenía demasiado orgullo como para hacerlo.
– Rukia, ¿recuerdas a Kaien? – pobre de su hermano, él no sabía absolutamente nada de lo que pasó entre ellos.
– Por supuesto. – contestó irónica con media sonrisa y acercándose a la mesa mientras ambos se levantaban.
El rostro de Kaien era un poema, estaba pálido y nervioso. Disfrutó viéndolo así.
– Ella es su esposa, Miyako. – presentó Byakuya.
– Encantada, Miyako. – dijo con voz fingida y sonrisa falsa mientras estrechaba su mano.
– Igualmente, Rukia. – la mujer parecía amable, y por lo visto Kaien no le dijo nada sobre ella.
– Cuánto tiempo, Kaien. – bromeó Rukia con ironía y estrechando su mano igual.
– Sí…– contestó desconfiado.
– Bien, ¿comemos ya? – preguntó ignorando al muchacho y yendo a su sitio para sentarse.
La comida fue bastante incómoda para el Shiba y se podía notar con facilidad ante los ojos de Rukia. La morena pensó en que sería buena idea hacerle sufrir como venganza, por lo que perspicaz observó a Miyako, fijándose en su abultada panza de embarazada.
– ¿De cuánto estás, Miyako? – preguntó interesada.
– Siete meses. – contestó feliz y sonriente mientras se palpaba la barriga.
– ¡Qué lindo! De seguro que Kaien se debió llevar una gran sorpresa. – lo miró con mirada maliciosa y sonrisa sarcástica. – ¿Verdad?
El moreno no contestó y tan sólo dio un sorbo a su copa mientras su mujer reía.
– La verdad qué la cara que puso fue de pánico total al principio. – apuntó divertida sin entender las puyas que Rukia le estaba lanzando. – Pero ahora estamos terminando de asentarnos como corresponde.
– ¿Ah, sí? – preguntó interesada la morena dando un bocado de su comida.
– Sí, nos acabamos de mudar a la casa de sus padres ya que el apartamento se nos quedaría muy pequeño para los niños. – espera, ¿había hablado en plural?
– ¿Niños? – inquirió Rukia casi atragantándose con el trozo de carne por soltar una carcajada.
– Sí, vienen gemelos. – anunció ilusionada.
Rukia tuvo que morderse la lengua para no empezar a reírse como desquiciada. Oh, dulce karma…
– ¿Debes estar muy feliz, eh, Kaien? – lo molestó divertida mientras bebía agua.
El sólo contestó con un monosílabo y todos continuaron comiendo con tranquilidad, mientras su mujer y su hermano charlaban de cosas que no le interesaban. Podía sentir la mirada penetrante del oji-azul clavada en ella, más no le prestó atención y continuó comiendo con fingida tranquilidad.
– Rukia. – llamó la embarazada. – ¿Qué edad tienes?
– Dieciocho. – respondió con tranquilidad y posteriormente mirando a Kaien. – Por fin soy mayor de edad, eso de ser menor era un dolor de cabeza.
– ¿Sí? – no entendió a que se refería con eso. – ¿Por qué?
– Oh, nada, Miyako. – tranquilizó con una sonrisa mientras bebía agua. – Cosas mías.
La velada continuó siendo incómoda, con indirectas sangrantes y comentarios crueles camuflados bajo un doble sentido. Rukia se estaba desquitando por todo aquello, pero extrañamente no se sintió mucho mejor. Llegó el atardecer y la morena supo que era la hora de marcharse de allí, no quería estar más tiempo cerca de él, por lo que decidió despedirse de todos.
– Bueno, volveré a casa ya, hermano. – miró a todos. – Un placer conocerte, Miyako.
– Igualmente, Rukia. – sonrió con amabilidad.
Iba a girarse para marcharse, cuando finalmente Kaien habló refiriéndose a ella. Se dio la vuelta extrañada, con una ceja alzada y mirada desconfiada.
– ¿Te llevo a casa?
– No, gracias. – negó tajante.
– Rukia, será bueno que te lleve. Está anocheciendo y no quiero que vayas sola. – vio el gesto de preocupación de su hermano y se ablandó un poco.
– No quiero molestar, hermano…– puso como excusa, reticente.
– No me molesta. – contestó con seriedad caminando hacia Rukia. – Vamos.
Aquello sonó casi como una orden, y se vio arrastrada a ir con él. Una vez salieron por la puerta, la morena no tuvo que fingir más y aquello se notaba en su rostro, que se volvió serio y hasta enojado. No dijo nada hasta que entraron en el auto y arrancaron.
– ¿Dónde vives?
– En los apartamentos nuevos que están al lado de la Urahara Shop.
El conocía dónde quedaba aquello y arrancó sin decir nada. El camino fue incómodo y la morena tan sólo miraba por la ventana sin dirigirle la palabra. Pudo notar como en los trayectos rectos, el chico la miraba de reojo con gesto serio y molesto. Odiaba tener que estar tan cerca de él, se sentía terriblemente vulnerable, pero no le dejaría saberlo jamás.
– El jueguecito del almuerzo fue totalmente innecesario. – se quejó.
– ¿Qué jueguecito? – se hizo la tonta a propósito para molestarlo.
– Ya para, Rukia.
Estaba enojado y lo pudo ver cuando dirigió su mirada hacia él. Su ceño estaba fruncido a pesar de que su mirada estuviese clavada en la carretera. Apretaba con fuerza el volante y tenía gesto molesto, pero no le daba ninguna lástima. Se cruzó de brazos y miró al frente en silencio durante varios minutos.
– ¿Por qué me odias tanto…?
– ¿De verdad lo preguntas? – Rukia lo miró con una ceja alzada.
El chico pareció dolido, ya que su ceño se desfrunció y su mirada se tornó apenada. Quizá estaba siendo demasiado dura con él, pero la infidelidad era algo que Rukia no podía perdonar ni olvidar. La morena suspiró, era demasiado débil como para estar eternamente enojada. Miró de nuevo al frente y habló con tranquilidad.
– No te odio…
Kaien la miró sorprendido mientras paraba frente a los apartamentos de Rukia.
– ¿Aún…–no sabía si preguntarlo. –…aún me quieres?
– Qué no te odie no significa que te quiera, Kaien. – lo miró con seriedad, observando aquellos brillantes ojos azules.
– ¿Qué significa entonces…? – preguntó con suavidad.
– No significa nada. – contestó tajante. – Ya no siento nada.
Una vez más se hizo el silencio.
– Rukia, yo te quise de verdad…– confesó.
Las defensas de la morena se querían rendir ante sus palabras, pero su cerebro le decía que no lo hiciese. El corazón palpitó rápido al desenterrar el pasado, pero ella se había hecho fuerte y no iba a permitir más dolor.
– No pareció que me quisieras tanto cuando me engañaste. – rebatió sin pelos en la lengua.
– Y no sabes cuánto me arrepiento.
Lo miró a los ojos, ¿de verdad había arrepentimiento en ellos? Dudó por unos segundos de si decía la verdad. Quiso creerlo, pero de nada servía que fuese cierto o no. El daño estaba hecho y no había vuelta atrás, no podía pasar por alto una traición, por mucho que lo hubiese llegado a amar.
– Ya para de mentir…– reprochó molesta agarrando el manillar de la puerta y dispuesta a seguir.
– Espera…– la paró agarrándola por la muñeca.
Rukia suspiró agotada al sentir el tacto de aquel hombre una vez más. Era una tortura, no quería seguir cerca de él, lastimaba más de lo que quería admitir. Sin embargo, esperó como el dijo y volvió a acomodarse en el asiento de copiloto.
– De verdad, lo siento…– se disculpó. – Estaba muy confundido, sabes que lo nuestro no fue fácil. Teníamos que mantenernos a escondidas por la diferencia de edad, Rukia, ¿qué clase de relación sería esa?
– Ese no es el problema, Kaien. – lo miró dolida. – Eso no te daba derecho a engañarme así.
– Lo sé…– admitió. – Y lo siento…no debí hacerlo, pero simplemente pasó…
Simplemente pasó y no había más que hacer. ¿De qué servía seguir pensando en el pasado? Sólo conseguía amargarla más y entristecerla. No tenía sentido seguir reprochando nada a alguien que ya había desaparecido de su vida. Sin embargo, no pudo evitar preguntar por algo que se preguntó desde que los vio.
– ¿La quieres? – la miró sorprendido y desvió sus ojos hacia el suelo.
– Es la futura madre de mis hijos…
– Esa no es una respuesta. – regañó con suavidad. – ¿La quieres?
– No lo sé. – miró profundamente a los ojos violáceos de Rukia.
Se mantuvieron mirándose en silencio así, y notó como el moreno se acercó a ella con lentitud, más no se movió ni un ápice. Lo observaba con lástima, viendo lo triste que debía ser su vida ahora y cerró los ojos. Cuando lo sintió más cerca, sonrió de medio lado y habló.
– Adiós, Kaien.
El chico paró en seco y se hizo hacia atrás poco a poco, avergonzado. Esta vez la morena si pudo abrir la puerta y salir de aquel sitio. El mediano de los Shiba tan sólo se frotó los ojos y suspiró.
– Rukia…– llamó
Ella se dio la vuelta para saber qué quería ahora. Su rostro era serio y cansado, aquella situación estaba siendo realmente dura de soportar después de todo.
– Me alegro de volver a verte. – susurró. – Te ves bien…
– Ojalá seas un buen padre, Kaien. – espetó con suavidad. – Cuídate.
No dijo nada más y dio media vuelta dispuesta a irse a su apartamento. Ya no podía jugar con ella, ya no era una niña idiota. Ahora era toda una mujer fuerte y capaz.
Y lo demás, como dicen, es historia….
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La morena miraba por la ventana apoyada en el pupitre, observando el atardecer y siendo bañada por su luz. Ichigo escuchó hasta la última palabra de su relato, sintiendo una presión en el pecho al comprender la endereza y fuerza que la morena tuvo que tener a tan corta edad. Supo que en aquel momento la quiso más aún, sabiendo lo fuerte que siempre se mantuvo a pesar de todo.
– Eso es todo, Ichigo…– le devolvió la mirada con una amarga sonrisa.
– ¿Por qué pensaste que no entendería?
– No lo sé, sólo no es algo fácil de contar para mi, Ichigo.
El pelinaranjo la estrechó entre sus brazos con cariño, y la morena tan sólo se hundió en su calidez, abrazando y acariciando su amplia espalda. Ichigo era tan diferente, tan sincero, tan transparente…se sentía tan feliz cada vez que estaba cerca suyo, se arrepintió de no haberle contado todo aquello antes. Ahora todo aquel peso que cargaba sobre sus hombros se había desvanecido.
– Gracias por confiar en mí…– susurró el pelinaranjo con cariño.
– Gracias a ti, idiota…
Ambos se miraron con una sincera sonrisa de felicidad y se fundieron en un suave beso.
¡Oh, bendito viento!
¿FIN?
¿Acabó ya esto? Quizá sí...quizá no... Jajajajaja Mentiras, se puede dar por zanjado el asunto, pero tengo preparado un pequeño epílogo con una rápida mirada al futuro de esos dos. Ojalá les haya gustado este final, he intentado cerrarlo lo más normal posible. No quería nada dramático, ya les dije, sino algo cotidiano (hasta cierto punto, claro)
Ahora saben todo el pasado de Rukia, sobre Kaien y su relación. Hay algo que transmití al personaje de Rukia, y fue mi rechazo a aceptar o perdonar una infidelidad, por lo cual...ella no volvería con alguien que había traicionado su confianza así. Por mucho que Kaien la siga queriendo y se arrepintiese. Quizá sea demasiado orgullo, pero merece a alguien mejor, y ese alguien fue Ichigo.
Espero que les haya gustado, de verdad espero vuestros reviews con las opiniones de todo en general y si les gustaría leer algo nuevo. Qué temática les interesa y demás, yo me encargo de pensar en ello y escribirlo. Pero ahora me toca el chantaje de la semana: Reviews si quieren el epílogo. C:
Mil gracias por todo el apoyo a lo largo del fic. Fue mi primer Universo Alterno y he visto que ha tenido una buena acogida entre el público, me ha hecho muy feliz ver todo eso. Que sepan que todos vuestros apoyos son los que han hecho que actualizara tan rápido, los reviews son una auténtica motivación. En el epílogo intentaré dar agradecimientos a todos los que me han seguido ^_^
Con muchísisisimo cariño.
Atte: HanaBerry
