La chica de al lado

.

Epílogo

.

.


.

Anteriormente…

El pelinaranjo la estrechó entre sus brazos con cariño, y la morena tan sólo se hundió en su calidez, abrazando y acariciando su amplia espalda. Ichigo era tan diferente, tan sincero, tan transparente…se sentía tan feliz cada vez que estaba cerca suyo, se arrepintió de no haberle contado todo aquello antes. Ahora todo aquel peso que cargaba sobre sus hombros se había desvanecido.

Gracias por confiar en mí…– susurró el pelinaranjo con cariño.

Gracias a ti, idiota…

Ambos se miraron con una sincera sonrisa de felicidad y se fundieron en un suave beso.

¡Oh, bendito viento!

.

.

Sus labios de los muchachos se despegaron despacio, pero sus rostros continuaban cercanos, respirando el mismo aire. La morena soltó un suspiro cansado tras haberse quitado todo aquel peso de encima y se hizo hacia atrás, subiéndose de nuevo en la mesa y observando a Ichigo. Pensó en todo lo que le había dicho, además de su pasado, también le confesó que lo quería. No se paró a pensar en el momento en el que dijo aquello, se le escapó completamente y ahora se sonrojó levemente al sentirse expuesta.

Ichigo tan sólo observó, sabiendo todo lo que estaba pasando por la cabeza de Rukia, y se atrevió a preguntar más aprovechando que se había abierto a él.

– Rukia…– la chica salió de su ensoñación y le devolvió la mirada instándole a hablar.

– ¿Hm?

– ¿Lo volviste a ver después de aquello…? – la morena hizo un gesto confuso sin llegar a entender a qué se refería. – ¿A él…a Kaien…? – aclaró desviando la mirada.

– Oh. – captó a lo que se refería y habló con tranquilidad. – Sí, pero a lo lejos en su jardín cuando iba los domingos a visitar a mi hermano. No hemos vuelto a hablar más…

Se mantuvieron en silencio unos segundos mientras Ichigo procesaba la respuesta, tranquilizándose al saber aquello. Se sintió intimidado al escuchar la relación que Rukia tuvo con aquel hombre, y si bien estuvieron un leve periodo de tiempo juntos, se conocieron desde hacía varios años atrás. Se armó de valor para formular su siguiente pregunta.

– Aún…– notó como la mirada violácea de Rukia se mantenía clavada en él. – ¿Aún lo quieres…?

Los ojos de Rukia se abrieron levemente sorprendidos ante aquella pregunta, pero luego se tornaron tiernos. Ella ya no sentía nada por él, lo único que quedó de aquella relación fue una desconfianza generalizada y un miedo a abrirse sentimentalmente a alguien, pero con Ichigo todo aquello desapareció. Sonrió con dulzura al ver como el chico desviaba apenado la mirada al suelo, tratando de ocultar su nerviosismo y sus propios miedos. Estiró su brazo, agarrando la camisa de Ichigo y tirando de él hacia su lado. Quedó así, frente a ella y entre sus piernas, fundiendo sus miradas con anhelo.

– No, idiota…–susurró con cariño acariciando su pecho hasta llegar al cuello de su camisa para dar un tirón y dejar su rostro a su altura. – Yo sólo te quiero a ti…

Confesó con sus mejillas levemente sonrojadas. De verdad que se sentía muy expuesta, pero no se arrepentía de que fuese con él. Sabía bien que Ichigo no haría nada que pudiese lastimarla. El pelinaranjo se relajó y sus labios esbozaron una sonrisa mientras se acercaban a los de Rukia. Quería besarla, quería besarla en ese mismísimo instante y le daba igual si alguien llegaba a entrar. Se sentía realmente feliz y eufórico al escuchar aquello, al saberse correspondido por aquella mujer.

Se unieron en un demandado beso y las manos de Rukia se enredaron en los anaranjados cabellos del chico, profundizando más aquel contacto. Sus labios se movieron cada vez más ansiosos y sus lenguas salieron en busca de la otra con avidez. Los fuertes brazos del pelinaranjo estrecharon más a la morena contra él, buscando un contacto más directo, y es que no veía el momento de repetir lo de la noche pasada de nuevo.

Pero esta vez con un sentimiento mucho más feliz.

Las piernas de Rukia hicieron de enganche en las caderas de Ichigo, juntando sus intimidades sobre aquel pupitre. No era el lugar indicado para lo que buscaban en ese momento, pero no prestaban demasiada atención a aquel factor. Las manos de la morena vagaron por el torso del muchacho hasta el borde de su pantalón, acariciando por encima el bulto que se había creado recientemente. Ichigo dio un respingo al darse cuenta de lo que estaban haciendo y se separó.

– Oe, Rukia…aquí no…– murmuró mientras la aludida atacaba su cuello.

– No hay nadie…– susurró mientras con sus manos buscaba desabrochar el pantalón de Ichigo. – Todos están en sus clubes… y los profesores en su sala…

Aquello pareció convencer a Ichigo durante unos instantes.

Sólo durante unos instantes, ya que la morena se equivocó por completo en lo que dijo.

La puerta del aula se abrió y ambos giraron sus cabezas hacia el causante, siendo pillados con las manos en la masa…nunca mejor dicho. Quién rompió su momento de magia eran los dos menos indicados para guardar un secreto, Keigo y Mizuiro. El rostro de los amantes era totalmente inexpresivo, pero con un fuerte tono rojo se apoderaba de toda su cara. Y mientras que Mizuiro sonreía con arrogancia al saber que sus sospechas siempre fueron ciertas, Keigo tan sólo mantenía su mandíbula desencajada.

– ¡V-vostros dos…! – señaló el escandaloso castaño.

La pareja rápidamente se separó acomodándose, ambos avergonzados y tensos.

– ¿Q-qué demonios hacen aquí? –preguntó Ichigo rascándose la nuca y mirando hacia otro lado. – Creí que fueron dónde Inoue.

– Oh, sí. – Mizuiro caminó hacia su pupitre, buscando algo en la cajonera. – Pero me olvidé el teléfono y volvimos a por ello.

El moreno caminaba con tranquilidad y una sonrisa altanera, mientras miraba a una Rukia algo más relajada.

– Ya veo…– susurró Ichigo.

– ¿Y entonces? – inquirió Mizuiro llamando la atención de ambos. – ¿Qué se supone que hay entre los dos?

Ichigo se mantuvo en silencio sin saber que contestar, mirando de reojo a la morena. Iba a contestar con la relación que Rukia propuso desde que ambos empezaron, resignándose. Sin embargo, la pequeña muchacha se adelantó, pegándose más a él y sonriendo con suavidad.

– Estamos juntos.

¿Ah, sí?

Ichigo miró incrédulo a la morena, notando como su corazón palpitaba con fuerza y una extraña sensación de euforia se apoderaba de su cuerpo. Pero estaba algo shockeado como para decir nada.

– ¿S-son novios?! – gritó Keigo desde la puerta, casi tan shokeado como Ichigo.

– ¿Pues no escuchaste a Rukia? – comentó Mizuiro volviendo a la puerta y dispuesto a marcharse. – Ahora vámonos, ¿no ves que están "ocupados"?

Él y su maldito doble sentido.

Desaparecieron ante la mirada de ambos, mientras el cerebro de Ichigo trataba de procesar todo lo que estaba ocurriendo. Agitó la cabeza al notar como la morena se movía con tranquilidad hacia el pupitre en el que estaban sus cosas. ¿Entonces ahora eran una pareja? ¿O acaso lo había dicho para librarse de la situación?

– Oe, Rukia. – la chica se dio la vuelta cuando tuvo su maletín en las manos.

– ¿Sí? – caminó hacia él.

– ¿Eso que le dijiste Mizuiro….? – notó como la morena sonreía con suavidad. – ¿Es cierto…?

– Lo es si tú también quieres. –apoyó su cabeza en el pecho del chico, sintiendo de nuevo su calidez.

Caviló aquella respuesta durante unos segundos y luego esbozó una sonrisa, enroscando sus brazos alrededor de Rukia y acariciando su oscuro cabello. Aquel debía ser uno de los mejores días de su vida.

– Claro que quiero…

.

.

Los meses restantes de clase pasaron rápido y con mucho esfuerzo puesto en las matemáticas, Rukia consiguió aprobar todo. Ichigo y ella se graduaron junto con sus compañeros, y gracias a Keigo, su relación era un secreto a voces. Al principio Orihime se vio desanimada y se separó ligeramente del grupo mientras conseguía asimilar aquella relación. La morena trataba de no ser demasiado cariñosa con Ichigo frente a ella, pues lo último que quería era lastimarla más. Sin embargo, con el tiempo, la pelinaranja pareció encontrar un nuevo amor que si fue correspondido: Ishida Uryuu.

Todos entendieron entonces el por qué del desprecio que sentía el muchacho de lentes hacia Ichigo. Es decir, la chica de la que estaba enamorado completamente estaba enamorada de alguien más. Pero desde que consiguió salir con Inoue, la relación con el gruñón pelinaranjo había mejorado bastante.

Ahora, Ichigo y Rukia estaban empacando todas sus pertenencias, pues después de pasar más tiempo en el apartamento del chico que en el suyo propio, decidieron buscar otro para ambos. Así compartirían los gastos, y serían más llevaderos. Aunque dieron el paso final al saber que el nuevo apartamento constaba de paredes más gruesas, lo que les daría mucha más…privacidad. Ambos eran demasiado activos, y los vecinos no parecían estar muy contentos con su ruidosa fogosidad.

– ¿Dónde meto las cosas del baño? – preguntó Ichigo colocando la caja en la que había metido todos sus libros, mangas y cuadernos.

– En la caja de allí. – señaló con la cabeza sin dejar de doblar la ropa que sacaba de la cómoda de Ichigo.

– ¿Te queda mucho? – preguntó mientras agarraba la caja de cartón.

– Apenas un cajón más. – guardaba la ropa del muchacho en una de las maletas.

– Termino con lo del baño y te ayudo.

Rukia asintió y continuó con su trabajo.

Se sentía realmente feliz con Ichigo, y aunque como toda pareja discutían, siempre lo arreglaban. Y cuando lo arreglaban, era más que obvio que había sexo de por medio. Pero el sexo de reconciliación se daba pocas veces, la verdad es que ambos se entendían y complementaban muy bien.

Ichigo ya la presentó a su familia como su novia, aunque para Karin era algo demasiado obvio desde hacía tiempo. Pero su ahora suegro la recibió con una gran efusividad y rápido la trató como si fuese una tercera hija. Además, como no, de preguntar por su vida sexual y cuanto se tardarían en darle nietos. Aquello le pareció gracioso a Rukia, pero a su malhumorado novio no le resultó tan divertido, y pudo notarlo cada vez que estrellaba su puño contra el rostro de su padre.

Rió al recordar aquello mientras se levantaba para sacar la ropa del último cajón. Más cuál fue su sorpresa al encontrarse con algo que creía desaparecido desde hacía tiempo atrás. Sonrió de medio lado mientras sacaba sus braguitas de Chappy y las miraba divertida. Se le olvidó por completo que las tenía Ichigo, y es que después de conocerle, le interesó más estar con él que recuperar su ropa interior.

Una idea rondó su mente y rápidamente la llevó a cabo.

Se bajó sus pantalones y su ropa interior, y se puso sus queridas – aunque olvidadas – braguitas de Chappy. Se miró divertida en el espejo y corrió al baño, apoyándose en el marco de la puerta con pose sexy y observando la espalda de Ichigo guardando cosas en la caja. Lo llamó y…

– Ichigo.

El muchacho giró su rostro lentamente y se paró en seco al ver a Rukia. Sus ojos se abrieron de par en par con gesto sorprendido, y la miró de arriba a abajo varias veces para finalmente centrarse en aquellas ridículas bragas. Unas irremediables ganas de reírse se apoderaron de él, pero sabía que reírse de Rukia Kuchiki le podía salir caro. Las carcajadas se atragantaban en su sus cachetes, que se inflaron aguantándose la risa, provocando que tuviese que taparse la boca para no romper a reír. Sus ojos comenzaron a aguarse y cada vez se le hacía más difícil contenerse.

– ¿Me veo sexy? – movió su cadera divertida viendo como su novio trataba de aguantarse la risa.

Pero después de aquello, el pelinaranjo rompió a reír, revolcándose en el suelo del pequeño baño y carcajeándose sonoramente. Rukia lo observó desde arriba divertida, dándole patadas indignada a modo de juego. Sin embargo, cuando Ichigo no paraba de reír y se carcajeaba con más fuerza cada vez que miraba las bragas, empezó a provocar una pequeña molestia real en Rukia.

– ¡Oe! ¿Qué demonios te pasa? – le pateó de nuevo, haciendo que Ichigo agarrase su tobillo para que parase, pero continuando con sus risas. – No me quedan tan feas… ¿verdad?

– Por Dios, Rukia…– tomó aire y trató de ponerse serio. Pero no lo consiguió y volvió a reír. – ¡Son ridículas!

– ¡Chappy no es ridículo! – y se tiró encima de él para aporrearle con las manos, contagiándose con su risa.

– ¡Vale, vale! ¡Para, por favor! – rogó entre risas al no ser capaz de parar los golpes de la morena.

– ¡Discúlpate con Chappy! – ordenó con fingido despotismo, cruzándose de brazos sentada encima suya.

– Está bien, está bien…– se relajó un poco tras respirar hondo y miró las bragas de la morena. – Perdón, Chappy, por reírme de lo ridículo que eres.

– ¡Oe! – gritó mientras volvía a golpearlo, moviéndose encima de una zona muy sensible del pelinaranjo.

Rápidamente, la morena pudo notar una ligera dureza en su trasero, dejando que Ichigo parase sus puños agarrándola por las muñecas. Miró a su novio con sonrisa de medio lado, y él pareció tranquilizarse un poco al verse descubierto por su maldita anatomía con autonomía propia.

– Vaya, pues para ser tan ridículas parece que algo se despertó aquí abajo. – indicó prepotente mientras se movía sobre él.

– Obvio. – se incorporó lentamente para besarla suavemente, agarrando el trasero de la morena. – Es porque las llevas puestas tú.

– ¿Ah, sí?

Correspondió el beso, buscando algo más y enroscando sus brazos en el cuello de Ichigo. Se movía sobre su erección con lentitud, y sus lenguas se encontraron con rapidez, aumentando la calentura de ambos. La morena se concentró en aquellos movimientos, buscando con más ganas un contacto más directo. Pero salió de aquel estado al notar como de repente era alzada del suelo, con un Ichigo que de golpe también la cargó al hombro cual saco de patatas.

– ¿A qué hora tenemos que ir a casa de tu hermano? – preguntó caminando así con ella hacia la cama.

– En un par de horas. – contestó mirando su reloj.

Soltó al la morena en la cama y la miró con una traviesa sonrisa de medio lado, subiéndose encima de ella. Ambos sabían lo que venía a continuación, y sabían que no llegarían a tiempo a aquella cita.

– Perfecto…

.

.

– Te dije que no llegaríamos a tiempo si lo volvíamos a hacer…

Gruñó la morena mirando su reloj apurada y entrando en el jardín frontal de la enorme casa de su hermano. Ichigo tan sólo caminaba tras de ella con las manos en los bolsillos, sin darle demasiada importancia a aquello…estaba demasiado relajado por el reciente sexo que mantuvieron.

– Poco te quejaste cuando estaba haciéndotelo por segunda vez…– murmuró orgulloso.

Pero se ganó un puñetazo.

Seguía sintiéndose orgulloso de todos modos.

Volvieron a su misión principal y cuando se acercaron a llamar a la puerta, esta se abrió antes de poder llamar a nadie. De ella salió un par de personas muy conocidas para Rukia, empujando un carrito doble de bebés, en el cual estaban recostados un par de niños gemelos de cabello oscuro y ojos azules. Un auténtico calco de su padre.

– ¡Oh, Rukia! – habló Miyako sorprendida al encontrarse con la morena. – ¡Que gusto verte!

– Miyako, ¿cómo estás? – saludó estrechando sinceramente su mano y dirigiendo una mirada al carrito. – ¡Vaya! ¡Pero qué grande están!

La morena se acercó para verlos de cerca y sonrió con dulzura. A pesar de que fuesen sus hijos, ellos no tenían culpa de nada, y en el fondo, Miyako le parecía una buena mujer. Sin embargo, Kaien mantenía su mirada fija en Ichigo, quien estaba distraído mirando desde atrás de Rukia a los bebés. A pesar de su ceño siempre fruncido, al pelinaranjo le agradaban bastante los niños. Además, él no sabía cómo era Kaien y aún no lo habían mencionado.

– Sí, los dos son unos comelones. – sonrió para luego fijarse en el llamativo pelinaranjo. – ¡Oh! Disculpa la mala educación, tú debes ser el novio de Rukia, ¿cierto?

– Sí, Ichigo Kurosaki. – se presentó amablemente estrechando la mano de la mujer. – Encantado.

– Igualmente. – sonrió sincera la joven madre.

– Ichigo, ella es Miyako y sus hijos. – presentó con tranquilidad y luego miró al hombre de ojos azules, cuyo semblante era amenazadoramente serio. – Él es Kaien, ya te hablé de él...es un amigo de la infancia– disimuló la morena por el bien de Miyako, pero el rostro de Ichigo se volvió desafiante.

– Hola. – habló secamente Kaien estrechando con fuerza la mano de Ichigo.

El chico tan sólo contestó con un monosílabo desganado, devolviendo el apretón sin achantarse. Rukia pudo ver la tensión entre ambos, y decidió esquivar la situación antes de que se volviese más incómoda. Parecían un par de perros marcando territorio, ese ego masculino era algo que no podría entender nunca.

– Bueno, ha sido un gusto, Miyako. – habló la morena. – Los pequeños son muy lindos.

– Igualmente, Rukia. – sonrió con cariño. – Ustedes dos se ven muy bien juntos, hacen buena pareja, ¿verdad, cariño? – buscó la aprobación de su esposo.

– Sí, vayamos ya. – habló serio y tajante, adelantándose y marchándose de allí ante la atónita mirada de Miyako.

La mujer se disculpó y fue detrás de él.

Ichigo miró a Rukia curioso, a lo que ella respondió sonriendo irónica y poniendo los ojos en blanco. El pelinaranjo suspiró cansado, pero se relajó sólo cuando sintió la pequeña mano de Rukia agarrar la suya, sonriéndose con dulzura y entrando de una vez por todas en la casa. Entraron con toda la confianza del mundo, esperando a su hermano en el salón mientras hablaban.

– Vaya, sí que tienen dinero. – notó Ichigo mientras miraba la ostentosa decoración.

– Los Kuchiki siempre han sabido administrar sus bienes. – rió la morena.

– Ya lo veo…– susurró agarrando una de las fotos en las que salía Rukia de pequeña junto a una mujer muy parecida a ella.

– Es mi hermana…– dijo con cariño apoyando su cabeza en el brazo de su novio.

– Se parece mucho a ti…– confesó pasando su brazo por el hombro de ella, apretándola más contra él.

– Sí, nos parecemos mucho. – habló con nostalgia y una sincera sonrisa. – Aunque ella tenía mejor carácter que yo.

– No sé por qué, pero no me lo creo. – molestó divertido ganándose un golpe.

– Idiota…– rió con suavidad abrazándose más a él.

Por primera vez se sentía reconfortada en aquella casa desde que murió su hermana.

– Llegan tarde.

Una grave y seria voz sonó a espaldas de ambos, y aunque a Rukia no le sorprendió por la costumbre, a Ichigo le recorrió un escalofrío por toda la espalda. Se giraron para encarar al primogénito de los Kuchiki, y se sintió terriblemente intimidado. La mirada que Byakuya le estaba dedicando era realmente penetrante.

– Hermano, te presento a Ichigo. – lo introdujo con tranquilidad, notando su nerviosismo instantáneo.

– E-encantado. – nervioso ofreció su mano para estrecharla, pero el alto moreno tan sólo se quedo mirándolo inexpresivo.

Notó como el hermano de Rukia lo observaba analizándolo, haciéndole sentir poca cosa. Tragó duro al ver qué pasaba el tiempo y no recibía un apretón de manos. La retiró cuando definitivamente supo que no iba a ser correspondido, ya que el hombre se dio la vuelta tras un monosílabo y caminó fuera del salón.

– Vayamos a comer antes de que se haga más tarde.

Rukia rió por dentro al ver la situación, sobre todo al saber lo incómodo y tenso que estaba Ichigo. La visita fue realmente avasalladora para el chico, pues sólo recibía preguntas cual entrevista de trabajo, y no parecía que fuese apto para ocupar el puesto de novio de su hermana. Aunque para ser sincero, Byakuya jamás vería a nadie apto para estar con su casi hija adoptiva. Se comportaba como un padre.

Pero a pesar de aquella fachada fria, supo que era el indicado para ella al ver la manera en la que Rukia sonreía cuando estaba con él. Era feliz, y aquello le bastaba para no entrometerse en la relación. Tuvo su completa bendición, aunque nunca se la dio delante del pelinaranjo. Tenía que mantener un papel, que aquel chico tuviese miedo de cagarla, porque ahí estaría él para hacérselo pagar.

.

.

La convivencia fue llevadera y sin demasiados problemas durante su estancia en la universidad. Ambos estudiaron una carrera que les apasionaba y se graduaron con unas buenas notas que les dieron paso a encontrar un buen trabajo. La relación se afianzó y permaneció fuerte durante los años. Ambos cada vez parecían quererse más, y aunque las discusiones eran algo inevitable de vez en cuando, se arreglaba rápido.

Y como ya se mencionaba atrás, esas peleas de enamorados se arreglaban con sexo de reconciliación. Aquello dio paso a un acontecimiento en la vida de ambos que no esperaban. Unas semanas después de la última reconciliación, la morena empezó a sospechar que algo no funcionaba con normalidad. Y se decidió a averiguar qué ocurría de una vez por todas, tomando cartas en el asunto para finalmente obtener una respuesta.

Sus ojos se abrieron con sorpresa, pero también con nerviosismo. Su mano tapó la boca en busca de tranquilidad y comenzó a caminar de un lado a otro pensando en lo que se le venía encima. No sabía que debía hacer tras descubrir aquello, se sentía perturbada y confusa, no entendía como pudo haber pasado. La puerta de la entrada del apartamento se abrió, sacándola de sus pensamientos y dejando ver a Ichigo. Con rapidez escondió tras su espalda el aparato que había estado mirando recientemente, pero su novio pudo notar ese gesto.

– Hola. – saludó dejando su maletín en la entrada y caminando hacia Rukia para besarla como de costumbre.

– H-hola, Ichigo. – lo besó rápidamente y se hizo hacia atrás, lo que resultó muy sospechoso para el chico.

– Hmm… ¿te pasa algo? – inquirió analizándola y entrecerrando los ojos. – Te ves rara…

– ¿E-eh? No. Para nada. – dio un paso atrás al ver como Ichigo intentaba ver que escondía tras la espalda.

– ¿Qué escondes ahí? – la acorraló hasta que dio contra la pared y la chica no pudo retroceder más.

– ¿Eh? N-nada, ¿ves? – mostró sus manos vacías, pero Ichigo sabía que tenía truco.

En un ágil movimiento, agarró las finas muñecas de su novia con una de sus grandes manos y la giró, dejando ver lo que escondía guardado en el bolsillo de atrás de su pantalón. Ante los pataleos de Rukia para zafarse, consiguió sacar aquello y alzarlo lo suficientemente alto para que la pequeña morena no pudiese alcanzarlo ni saltando.

– ¡Oe! ¡Devuélveme eso, Ichigo! – gritó nerviosa mientras daba saltos, pero el muchacho no prestó atención.

– ¿Qué es est…?

Y sus ojos ocres se abrieron de par en par sorprendidos.

La morena cesó de saltar, dándose por vencida al ser descubierta, y tan sólo clavó su mirada nerviosa en el suelo, rascándose el brazo en busca de tranquilidad. La boca de Ichigo se abrió suavemente, tratando de dar crédito a lo que acababa de ver. Era un test de embarazo, y no sabía si era positivo o negativo, pero por la reacción de Rukia pareció ser lo primero…

– ¿Estás embarazada…? – susurró incrédulo, bajando los brazos y mirando a su novia.

– El test dice que sí…– contestó apenada sin poder mantener la mirada a Ichigo.

– ¿Estás segura? – inquirió volviendo a mirar el palito. – ¿Cómo es posible?

– Creo que…la semana antes de la discusión estaba tan agobiada con el trabajo…que se me olvidó tomar la píldora…y no me di cuenta hasta que lo revisé hace unos días cuando vi que no me bajaba la regla…– explicó levemente asustada.

– Oh, ya veo…– no daba crédito a lo que estaba escuchando, ¿iba a ser padre?

– Yo…lo sient-

Iba a disculparse, pero no pudo terminar de hacerlo cuando sintió como unos fuertes brazos la abrazaban casi levantándola del suelo. Con sus violáceos ojos abiertos de par en par, su corazón dio un vuelco al ver el rostro de su pareja. Ichigo sonreía con felicidad y sus ojos brillaban alegres. Rápidamente se relajó y sonrió de igual manera.

– ¿Por qué te disculpas? – la besó con fuerza y volvió a mirarla con cariño. – No sabes lo feliz que me hace esta noticia.

– ¿De verdad? – preguntó ilusionada tratando de cerciorarse.

– ¡Por supuesto! – se pasó una mano por el cabello suspirando y tratando de creerse lo que acababa de suceder. – Voy a ser padre…

– Sí…

La morena sonrió al ver aquella reacción tan inesperada. Tenía miedo de ser rechazada por aquello, a pesar de tener una relación y trabajo estable, además de una edad apropiada para tener hijos. Pero una vez más Ichigo demostró no ser esa clase de persona. Lo quería más aún si era posible. Otro peso desapareció de sus hombros y se sintió realmente feliz. Posó sus manos en su, aún plana, panza y no vio el momento en el que aquel ser que se estaba formando dentro de ella naciese.

– No puedo creérmelo…– expresó con felicidad mientras volvía a mirar el test positivo de embarazo. – Voy a tener un hijo…

– Ichigo. – llamó Rukia divertida.

– ¿Sí?

– Estás agarrando el test por la parte meada…

– ¡Ah!

– Idiota.

Casi instintivamente soltó el test dejándolo caer al suelo y se limpió la mano en su camiseta, provocando que la morena no pudiese parar de reír. De verdad que ese hombre era encantadoramente bobo. Sus familias estarían realmente felices con la noticia, sobre todo Isshin, quien insistía cada vez más en darle nietos. Y él…sería un gran padre, de eso estaba segura.

.

.

Los nueve meses pasaron rápido, y entre medias sucedieron algunas cosas en el entorno de ambos. Una de las más relevantes fue el divorcio de Kaien con Miyako. No supieron del todo cuales fueron los motivos, pero todo surgió a raíz de que Rukia diese la noticia de su embarazo a su hermano, y él se lo comunicase inconscientemente a sus vecinos. Por lo visto, la relación entre ambos se resintió, y Kaien decidió terminar con su matrimonio.

Él y Miyako no se amaban, pero el Shiba decidió madurar. Se dedicó a lo que más amaba, sus hijos, y decidió no lastimar más a la madre de los gemelos. No podía corresponder su amor, y se dio cuenta de aquello cuando tiempo después de conocer la noticia, vio a Rukia a lo lejos con una panza abultada de seis meses. Supo entonces lo que era amar a alguien cuando vio también las miradas cómplices que ella e Ichigo se dedicaban, el cariño que se profesaban y la felicidad que irradiaban cuando estaban juntos.

Y todo aquello se lo merecía Miyako, pero él no se lo podía ofrecer.

Pero todo aquello fue una noticia sin relevancia para la morena, pues estaba con una gran felicidad esperando la llegada de su bebé. Ambos decidieron mudarse a una casa más grande ahora que serían una familia, en aquel apartamento de una sola habitación no podrían tener demasiada intimidad. Todo pareció ir sobre ruedas, Rukia tuvo un embarazo sin riesgos y el bebé decidió nacer un agradable día de primavera.

Fue una niña de ojos violetas y un brillante cabello anaranjado como su padre a la que ambos decidieron llamarla Hikari. Fue como un rayo de luz en sus vidas, y la pequeña creció fuerte y rodeada de cariño. Fue una chica fuerte como su madre, divertida y molestona, pero en ocasiones fruncía el ceño y se volvía malhumorada como su padre. Tenía un poco de ambos, pero había que admitir que era muy parecida a Rukia cuando era pequeña.

Era una niña con carácter, desde luego.

En ese momento, la joven Hikari alcanzó los ocho años y su cabello era largo, al igual que el de su madre, la cual también decidió dejárselo crecer. Ichigo permanecía igual, pero con una sensual y madura barba que lo hacía ver más varonil. Ambos se conservaban muy bien físicamente, para que mentir.

Los tres terminaban de cenar con tranquilidad, pero la pequeña parecía estar cavilando algo mientras daba vueltas a su comida con su cuchara. Finalmente, paró y se dispuso a preguntar aquello que había estado cavilando desde que esa misma tarde vio un pequeño fragmento en la televisión de la serie "How I meet your mother".

– Oe, papá. – llamó clavando sus grandes y violáceos ojos en su progenitor.

– ¿Sí? – dio paso a que hablase mientras daba un sorbo de agua.

– Tú… ¿cómo conociste a mamá?

El agua que acababa de beber el pelinaranjo salió disparada de igual manera al escuchar esa pregunta, mientras daba palmadas a la espalda de su mujer que comenzó a toser al casi atragantarse con la comida que estaba masticando. Los ojos de ambos se abrieron de par en par, nerviosos ante aquella pregunta. La pareja se miró asustada, sin saber qué contestar, y devolvieron la mirada a su hija, quien los acechaba con su ceño fruncido y brazos cruzados esperando una respuesta.

– Ehm… ¿por qué no se lo cuentas tú, Rukia? – intentó cargarle el muerto a la chica.

– ¿Qué?! ¡Te lo preguntó a ti! – gruñó.

– ¡P-pero tú lo explicas mejor!

– ¡Tengo que….! – se levantó de la mesa rauda y veloz, mirando a su alrededor buscado una excusa. – ¡Tengo que sacar la basura!

– ¡Oe! – gritó al ver como huía despavorida de la situación dejándolo solo ante su hija. – ¡Vuelve aquí!

– ¿Y bien? –preguntó de nuevo la chica, perdiendo la paciencia. – ¿Cómo conociste a mamá?

¿Cómo le explicaba aquello? No conoció a su madre en condiciones normales como cualquier otra persona decente. La historia no era apta para una niña de ocho años, ni tampoco era apropiado contarle a su hija que conoció a su madre mientras ella lo pillaba masturbándose, daba igual la edad que tuviese. Miró a su alrededor nervioso, tratando también de buscar una salida de escape.

– Eh…yo…– y se levantó de la mesa de igual manera. – ¡Debo ir a recoger la cocina! ¡Sí, eso!

Y huyó de su hija, quien enojada persiguió a su padre en busca de respuestas.

– ¡Oe, papá! ¡Dime! ¿Qué pasa? ¿Por qué no me quieren contar?

Maldita hija preguntona.

Maldita Rukia que lo abandonaba en una situación así.

Pero por sobre todo…

¡Maldito viento!

FIN.


Y ahora sí, fin.

Perdón si en el anterior pareció quedar todo inconcluso, pero es que lo estaba reservando para el epílogo. Espero que se hayan quedado conformes ahora con este final. :c

Tardé en actualizarlo porque quise retocar ciertas cosas, espero que quede bien. Y disculpenme si no hubo lemon, de verdad soy lo peor, pero no quise añadirlo al epílogo o quedaría muy largo. ¡Pero si me dan sugerencias de lo que quieren ver entre estos dos , haré un one-shot +18! C:

Ojalá les haya gustado este epílogo, dejenme la opinión en un review. Y sobre todo, mil gracias a todos por seguirme a través de este fic con tanto cariño y apoyo, de verdad que es lo que me ha motivado a escribir y actualizar tan rápido. Son geniales, así que como prometí, dejaré acá los agradecimientos a:

- Kimi Deathberry

- Saya-x

- Sum Sum R.L

- ShiroKujaku

- Dar Yii Kuchiki

- aracheli281

- IchigoandRukiaKurosaki

- Natsumivat

- Alexa sm

- ladyMmurphy

- Fer

- yabudi96

- Suiren15

- yocel

- Gene15

- SSofiXX

- Dexter31

- Doncella de la luna

- Analfabeta

- Inverse L. Reena

- Anon01

- angy

- Aqua

- kleinegirl87

- XkanakoX

- Tomatitoo

- Murphi

- .1

- Angel-Truesdale

Y a los "Guest" que no sé si sean la misma persona, también gracias. Algunos comentaron al principio, otros comentaron siempre, pero les doy lasgracias a TODOS, porque TODOS vuestros reviews me animaron muchísimo cuando abría el correo y los leía. No sé si los que dejaron de escribir reviews continuaron leyendo la historia o no, pero estoy muy agradecida igualmente.

Espero que nos veamos en la próxima :D

Con muchísisisisisisisiiiiisimo cariño.

Atte: HanaBerry.