-Vamos, siéntate- me invita con la mano y me muestra una sonrisa que hasta el gato Cheshire envidiaría.
-Sabes, la verdad es que no recuerdo haber "salido" contigo alguna vez.
-Ah- finge que le he herido el corazón-¿tan poco signifique para ti, que ni me recuerdas?
-mmm, mejor, por qué no me ayudas a recordarte cariño, ¿Qué te parece?
-Está bien, nosotros nos conocimos hace unos días- dice con una sonrisa macabra
-¿Hace unos días? Yo no recuerdo haberte conocido.
-¿Estás seguro?- me mira con la ceja levantada- yo recuerdo unos gritos, luego tú- me señala- gritando por tu hermanito, el cual agonizaba mientras tú no sabías que hacer… ¿me recuerdas ahora?- dice en sorna
-Así que fuiste tú- digo, empuñando mi pistola, tratando de mantener la calma.
-Ah, ah, ah- me reprocha moviendo ese asqueroso dedo con esas uñas negras- Cariño, pero si nos estamos llevando tan bien, no veo porque necesites un arma- en ese instante mi arma es arrancada de mi mano por una fuerza invisible.
-Así que dime Alejandra, si es que ese es tu nombre, ¿Qué eres?
-Um, eso es fácil, soy un ángel.
- Eso no es posible, yo conozco los poderes de los ángeles y ellos no pueden hacer eso.
-Déjame terminar, honey,- comenta con tono sulfurado- soy un ángel que aprendió varios trucos acá en la tierra, como la brujería y debo decir que con el pasar de los siglos me volví muy buena… por ejemplo mira a tu alrededor.
Ahora me percato que nadie en el café se mueve, ni los autos, no los transeúntes, todos están inmóviles.
-Bueno brujita- trato de pensar como escapar-¿qué tienes en contra de mí y de mi hermano?
-Que buena pregunta, tal vez después de todo si tengas cerebro y no solo seas una cara bonita- siempre el sarcasmo, acaso no hay un villano más original- no tenía nada contra ninguno de los dos, solo estaba aburrida y pensé porque no jugar un rato, debo admitir que tú no fuiste mi primera opción pero con Castiel a tu lado era simplemente tentador.
Mi mano encuentra un cuchillo, no será de mucha ayuda pero de algo ha de servir, eso hasta que recupere mi pistola; mi cuerpo se mueve por inercia mientras le clavó el cuchillo en el cuello, ella por la sorpresa más que por el dolor retrocede lo suficiente para darme la oportunidad de coger mi arma que esta tirada unas cuantas mesas al lado.
-¡Maldito! ¿Qué es lo que intentas?- una fuerza me sujeta del cuello dificultando mi respiración- ¿A caso eres tan imbécil? Esto solo me molesta- se saca el cuchillo y su piel sana al instante con un destello azul, su mano como la de Darth vader se comienza a cerrar poco a poco, mientras mi respiración es cada vez más tortuosa, luego con un movimiento rápido me avienta contra una pared.
-Yo solo quería jugar un poco contigo, pero creo que tú no quieres así que no me queda de otra que dejarte ir- una sonrisa se dibuja en su rostro- pero muerto.
-No cariño, la muerta serás tú, - le apunto en la cabeza y vacío el cartucho en ella, su cuerpo cae al suelo, si es un ángel al menos su recipiente está dañado y se demorara un poco en repararse. Me levanto y camino hasta el impala, esa perra me golpeo duro, creo que tengo el tobillo fracturado por el dolor al caminar. Antes de poder abrir la cajuela y sacar cualquier arma escucho esa risa que hace que mis bellos se ericen y me dé un escalofrió, luego soy arrojado contra una ventana. Los vidrios se incrustan en mi espalda.
-¿Por qué no puedes comportarte como un niño bueno? Ah, ¡Ahhh!- los vidrios de todas partes se rompen con ese último grito.
-¡porque no soy tu puto juguete!- escupo
-Si tan solo fueses alguien que valorase mejor su vida, no estarías jugando tan torpemente- ella se acerca hasta mí, me toma del cuello de mi chaqueta, yo sin esperar le zampo un golpe en la cara, que la hace retroceder, cuando tengo el espacio suficiente la pateo en el abdomen, sé que esto solo le hace cosquillas pero no tengo otra alternativa.
-Ahora si principito, ya me canse de ti-
-No eres la primera que me dice eso.
-Y supongo que tampoco soy la primera en hacer esto, pero seré la ultima- su mano estrangula mi cuello con tal fuerza que no puedo respirar, a cada momento identificar las cosas a mi alrededor se hace más difícil y justo cuando voy a desvanecerme escucho esa voz, nunca pensé que me alegrase de escuchar esa odiosa voz de ángel.
-¡Detente!- grita Gabriel, el agarre amaino un poco, y por fin puedo rellenar mis pulmones con el preciado oxigeno- Hazael, he dicho que te detengas.
-Si es el angelito-
-Arcángel para ti, y si no te molesta me llevare a mi cuñado lejos de acá.
-Pues si me molesta, estoy jugando con mi lindo muñeco Ken.
-Que lastima, ya me lo pienso llevar- chasquea sus dedos, aparezco a su lado y luego desaparecemos.
-¡Serás estúpido!- aparecemos en la casa de Bobby, luego me cura las heridas- ¿Qué te dije acerca de hacer idioteces? ¡Tienes mucha suerte de que la haya estado buscando, si no ahora estarías muerto! ¿Eres consciente de lo que me haría Cass si dejo que algo te suceda?
-Tenemos que irnos, ella sabe en donde estamos, y puede venir en cualquier momento…- un estruendo arriba,- ¡Cass!- trato de correr pero la mano de Gabriel me detiene. Al instante aparece Castiel.
-Dean, ¡corre!, Gabriel, por favor cuídalo.- Hazael aparece detrás de él y antes de saber que le pasa Gabriel nos tele transporta.
Definitivamente la felicidad no es para mí.
