Hola, que tal?

Por si no se enteraron, tanto este como "Loch Lomond" son dos partes de un mismo songfic de la canción "Bonny bancks o' Loch Lomond".

No tuve tiempo de revisarlo, sepan dispensar cualquier error cometido.

Dedicado a Sakura Yellow por su constante apoyo desde el día uno.

Disclaimer: Los personajes y demás cosas relacionadas con Httyd no me pertenecen, son propiedad intelectual de C. Cowell y DreamWorks.

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Reto del día 28: One-shot con final trágico.

"El camino bajo"

Ambos habían sido arrastrados por los anglosajones durante tres días de marcha hacia el sur, pero no hacia el suroeste donde esperaban reunirse con el resto del ejercito escoces. Los soldados del ejército de Wessex los trasladaban hacia el sureste, cada vez más lejos de su destino, cada vez más cerca de Inglaterra.

Sus manos, de las cuales habían sido arrebatadas las armas al haber caído prisioneros, se encontraban fuertemente atadas en todo momento. Eran obligados a dormir sobre el áspero suelo del páramo en aquella parte de los Lowlands en la fría carpa de prisioneros, donde ellos eran los únicos. Eran molestados constantemente a causa de su ascendencia vikinga por parte de los sajones, debido a los conflictos con los normandos en Inglaterra. Y por si no fuera poco, tanto Hiccup como Astrid tenían molestas heridas producidas durante la batalla que no habían podido lavar ni atender de ningún modo, por lo cual la sangre seca les picaba y endurecía sus ropas.

Su cansancio era únicamente superado por su enfado.

¿Cómo había ocurrido aquello? Ella era una vikinga, una highlander. Ella era una guerrera hábil y entrenada. ¿Cómo era posible que hubiera sido vencida? Y lo que más le molestaba era que Hiccup hubiera caído con ella. Exactamente lo mismo que le preocupaba a él.

Se sentía feliz de que mínimamente estuvieran juntos, pero daría cualquier cosa para que Astrid estuviera a salvo. Incluso si eso significaba no volver a verla.

Al atardecer del tercer día llegaron a un asentamiento Anglosajón, donde hondeaba el estandarte del rey Athelstan de Wessex en uno de los rústicos edificios principales. Fueron obligados a entrar en él a punta de lanza para espectáculo de los pobladores que los observaban de manera curiosa. Algunos los abucheaban y otros murmuraban en lenguas desconocidas para ellos mientras avanzaban por el camino principal.

Los llevaron hasta los calabozos, que no eran más que un tosco edificio de madera con columnas externas de piedras, pero no los hicieron entrar. Los mantuvieron de pie mientras el líder del destacamento hablaba con el encargado del lugar. No pudieron comprender mucho de la conversación donde predominaba un dialecto anglo mesclado con algunas palabras en sajón, pero entre ambos lograron entender que en el intercambio se informaba que los prisioneros eran líderes de un regimiento exterminado y servirían de ejemplo, tanto para disuadir a los rebeldes de la región, partidarios del reino de Alba y el rey Constantín mac Áeda (descendiente del famoso y legendario Cináed mac Ailpín, rey de los pictos); como para alentar la moral de aquellos leales a Wessex.

Ellos llegaron a un acuerdo y estrecharon las manos. Pocos minutos más tarde los dos eran empujados sin muchos miramientos dentro de un carro para trasladar prisioneros que partió custodiado por un nuevo grupo de guardias, pero estos a caballo para avanzar más rápido. Nuevamente eran los únicos, y si bien continuaban atados y se veían sacudidos constantemente en el incómodo transporte, estaban agradecidos de mínimamente poder descansar.

La primera parte de la jornada fue muy molesta, ya que los guardias constantemente golpeaban los barrotes de metal con sus armas o palos y les gritaban cosas en distintos idiomas para molestarlos, incluso en gaélico para asegurarse que los desagradables y poco amistosos mensajes fueran comprendidos por los prisioneros. Pero al ir cayendo la noche se volvieron más cautelosos y comenzaron estar más pendientes de su entorno que de ellos.

-Astrid.- Murmuró el castaño al ver que ya nadie les prestaba atención.- Lo lamento.

-No lo hagas.- Respondió ella moviéndose hacia el costado para estar más cerca de él.

Era la primera vez en mucho tiempo que podían tener un momento relativamente tranquilo desde que fueron capturados, y no lo paneaban desperdiciar. Se removieron hasta ser capaces de entrelazar algunos dedos para luego juntar sus cabezas.

-Me alegra que al menos podamos seguir juntos.- Susurró ella mirando el frondoso bosque que se alzaba alrededor de ellos desde hacía algún tiempo.

-Sí. Ser capaz de pasar tiempo contigo es algo que me hace sentir afortunado. No importa en qué circunstancia sea.- Alcanzó a contestar para recibir una sonrisa en respuesta antes de que ambos quedaran dormidos.

Hiccup despertó al golpearse la cabeza con la pared de madera en una sacudida de la carreta. Reprimió un gemido para no detonar las burlas de los guardias y parpadeó para despabilarse. Astrid dormía con la cabeza recargada en su hombro, lo cual alegró su mañana. Se encontraba completamente entumecido y le dolían todas las articulaciones, pero aquel peso y la calidez de esa enmarañada cabellera dorada lo reconfortaban.

Se aseguró que no hubiera ningún soldado cerca y le besó tiernamente la frente. Ella entreabrió los ojos y le dedicó una cansada sonrisa.

-Buenos días.- Murmuró con voz rasposa.

-Buenos días mi lady.

-Esta vez tú te has despertado primero.- Bromeó mirándolo a los ojos.

No se dijeron mucho más. Únicamente disfrutaron de la compañía del otro mientras los primeros rayos del sol se alzaban por la izquierda.

Un par de horas más tarde se vieron obligados a volverá a endurecer sus expresiones para hacer frente al trato de sus escoltas. Durante ese día no les dieron nada de comer, tal como tampoco les habían dado nada para cenar la noche anterior. Cuando el sol se encontraba a la mitad de su descenso, un guardia se les acercó y con un relativamente claro gaélico les dijo:

-Ya no se encuentran en sus tierras, escotos.

Tras lo cual señaló hacia adelante, donde se alzaba una ciudad rodeando un sólido castillo, y continuó:

-Una vez que entren, solo habrá dos formas de salir. El camino alto,- Explicó gesticulando hacia el sendero que recorrían.- por el cual se van aquellos "perdonados".- Agregó haciendo sarcástico hincapié en la última palabra.- O el camino bajo.- Finalizó señalando un camino que discurría por un valle, antes de alejarse riendo.

Los dos viraron en aquella dirección intentando comprender a lo que se refería. Debieron forzar la vista un poco, pero consiguieron ver a algunos soldados trasladando algo. Fruncieron el ceño en el mismo momento al darse cuenta. Lo que cargaban eran cuerpos. El camino bajo llevaba al cementerio.

Fueron separados al poco tiempo de traspasar las murallas del castillo. Cada uno fue llevado a un calabozo en distintas torres y encerrados allí.

Hiccup fue empujado escaleras arriba luego de ser despojado de su capa y cualquier otra cosa valiosa, y casi estrellado contra una masisa puerta de madera con bisagras de hierro que contaba con una pequeña rejilla a la altura de los ojos y una abertura al ras del suelo para pasar la comida. Un carcelero hizo tintinear las llaves al abrir la cerradura y luego de cortarle las ligaduras da las muñecas fue introducido violentamente en la celda.

Al cabo de algún tiempo fue alimentado finalmente. Luego de haber sido encerrado, lo primero que hizo fue frotarse las doloridas muñecas para luego sentarse en un rincón a esperar que le dieran algo de comer, aunque todo siempre relegado a medias por el deseo de que a Astrid no le estuviera ocurriendo nada.

Pasaron dos semanas en las que únicamente se podía entretener con sus pensamientos y el movimiento de las sombras generado por el sol que se colaba a través de una alta y diminuta ventana. La preocupación lo consumía, pero nunca cedía ante ella. Preocupación no por él ni por lo que le fuera a ocurrir, sino preocupación por su prometida y cuál sería su destino.

Cuando sentía que ya no podía con el encierro, cerraba los ojos y viajaba con sus pensamientos hasta Loch Lomond. Escuchaba el murmullo de las aguas, sentía sobre su piel el frío contacto de la niebla, sentía el débil perfume de las flores que crecían, y lo más importante, se sentía en compañía de Astrid. Pensaba en aquél lago que los vio convertirse en amigos y luego madurar para transformarse en sincero y puro amor. Pensaba en todas las historias contenidas en esas aguas y como la de ellos se les había sumado aunque nadie la conociera más que las profundidades del extenso espejo.

Recordaba con todo detalle el último momento juntos en la costa del Lomond. Cada sensación, cada instante de su última noche en ese lugar. Cada detalle de su compromiso.

Eso era lo que le permitía mantenerse entero y no perder completamente la esperanza.

De golpe la puerta se abrió y Astrid fue empujada dentro haciéndola caer sobre sus manos tras trastabillar un par de paso.

-Astrid.- Exclamó acercándose a ella y arrodillándose a su lado.

-Les tenemos buenas noticias.- Informó con un entendible gaélico uno de los dos carceleros que los observaban desde la puerta.- Hemos decidido que uno podrá irse por el camino alto.

-Ustedes decidirán quién será.- Agregó el otro con una pronunciación más tosca y una cruel sonrisa.- El que se quede será ejecutado por la mañana.- Finalizó cerrando la puerta.

-¡Avísenos cuando hayan elegido!- Exclamó el primero antes de soltar una carcajada.

Cruzaron una mirada y se abrazaron fuertemente.

-Te he extrañado.- Confesó Hiccup destilando cariño en cada palabra.

-Y yo a ti.- Respondió ella de la misma manera aferrándose con fuerza a su espalda.

Luego se pusieron de pie tomándose las manos.

-Vete tú.- Dijo Astrid sin rodeos.

-Ni loco.- Reclamó con seriedad.

-Pues no seré yo quien se vaya dejándote aquí.

-¿Entonces me pides a mí que lo haga? No Astrid. No puedo hacerlo.- Declaró mirándola fijo a los ojos y sacudiendo la cabeza.- Hay una posibilidad de que uno de nosotros sea libre. Y yo elijo que seas tú.

-No.- Murmuró seria con las lágrimas amenazando a caer, pero fue interrumpida.

-Regresa a casa.- Le pidió.- Regresa por los dos. Yo moriré mañana e iré a Alba para estarte esperando en Loch Lomond. Ve allí y te prometo que nunca te abandonaré hasta el día en que nos volvamos a reunir.

-Hiccup.- Musitó quedando sin palabras por primera vez en su vida.

Él posó la mano en su mejilla para secar la lagrima que caía por ella.

-Toma el camino alto. Yo tomaré el bajo, pero regresaré a Alba antes que tú y me aseguraré de que tu viaje sea seguro. Cuando sientas en tu rostro el viento que agita las aguas del Loch, cuando veas la luz de la luna iluminar la bruma, cuando las escarpadas laderas del Ben Lomond te cubran con su sombra, ten la certeza de que yo estoy contigo y lo estaré para siempre.- Prometió con una lagrima propia deslizándose por su mejilla.

-De acuerdo.- Susurró resignada sintiendo como su corazón se desgarraba.

Colocó sus brazos alrededor del cuello del castaño y lo atrajo para besarlo. Dejaron juntas sus frentes un momento sintiendo la mutua cercanía antes de separarse definitivamente.

-Guardia.- Llamó Astrid con voz firme y expresión endurecída.

-¿Decidieron?- Preguntó uno burlonamente abriendo la puerta

-Sí.- Afirmó Hiccup.- Ella se irá.

La hicieron salir cerrando ruidosamente la puerta tras de ella. Por más que algo en su interior se lo pedía a gritos, no volteó a ver el lugar donde se quedaba Hiccup. No les daría lo que querían.

Prontamente se encontró fuera de la ciudad parada donde comenzaba el camino alto. Sin armas, sin nada de lo que le habían quitado, y sin Hiccup.

Los guardias la abandonaron y ella comenzó a avanzar con pasos firmes hasta que llegó a inicio del bosque. Se detuvo y se sentó contra un árbol al borde del sendero.

Sentía que no podía avanzar más.

-Yo y mi amor verdadero ya no nos veremos más en las bellas costas del Loch Lomon.- Suspiró recordando las estrofas de una vieja canción.

Nunca llegaría al frente de batalla caminando sola y sin suministros. Tardaría semanas en regresar al Ben Lomond en las condiciones en que se encontraba. Pero tardaría una vida en sanar su corazón ahora que la mitad de él se encontraba encerrado en una celda esperando morir.

Cerró los ojos fuertemente y los abrió poniéndose de pie para retomar el camino con determinación renovada.

Hiccup vio como la puerta se cerraba con estrepito y se mantuvo parado hasta que los pasos de su amada Astrid desaparecieron en la distancia. Se dejó caer contra la pared con el corazón ligero a causa de saber que ella ahora era libre. Solo le quedaba prepararse para enfrentar al verdugo la mañana siguiente.

Pasaron las horas haciendo que con cada una se sintiera más tranquilo respecto a su inminente final. De golpe se volvió a abrir la puerta, pero ni siquiera había caído la noche, por lo cual no comprendía que pudiera significar. El guardia se apartó haciendo una reverencia burlona para permitir que Astrid entrara con paso decidido y porte noble.

Hiccup miró atónito como ella ingresaba y la puerta volvía a cerrarse nuevamente tras ella.

-¡Astrid!

-Hiccup.- Suspiró con alegría dejando caer los hombros y relajando su postura.

-¿Qué estás haciendo aquí?- Preguntó con gran desconcierto.

-No te dejaré. No puedo. Prefiero que ambos recorramos juntos el camino bajo. Prometí que me casaría contigo cuando regresáramos a casa. Permíteme que me quede contigo y vallamos por ese sendero como si fuera nuestro camino de toda la vida juntos que no podremos tener.

-De acuerdo.- Respondió dejando escapar una sincera sonrisa antes de que se besaran.

Pasaron toda la noche sentados uno junto al otro sin necesidad de palabras para comprender todo lo que querían transmitirse. Y cuando el sol salió anunciando que el momento llegaba a su fin, la puerta se abrió una última vez. Ellos se pusieron de pie tomados de la mano y caminaron su último recorrido juntos antes de transitar el camino bajo.

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Este es el momento oportuno para darle play a "Loch Lomond" cantado por Peter Hollens.

Lamentablemente me quedé sin tiempo y no puedo compartirles la investigación que hice. Lo tendré que hacer mañana.

Solamente les voy a decir que la famosa canción en la que me inspiré para ese párrafo es la segunda estrofa de "Touch the sky" cantado por Julie Fowlis (una genia, tienen que escucharla cantar en gaélico) de, adivinen, Brave.

Recuerden buscarme en face, link en el bio de mi perfil.

Gracias por leer, se despide…

Jaguar Negro: Heart of Writer, Soul of Fighter…

Bdcs

Suerte;)